Compatibilizando Austriacos con Post-keynesianos

En 2012 no pude pariticipar de la XLVIII reunión anual de la AAEP que tuvo lugar en la Universidad Nacional de la Patagonia, con sede en Trelew, Chubut, pero repasar los artículos allí presentados es algo que debemos recomendar a los lectores. Al respecto, quiero hacer una referencia sobre uno de ellos.

En marzo pasado, nos preguntábamos en el blog si es posible una reconciliación entre el enfoque austriaco y el post-keynesiano.

En este artículo de Marina Tortul presentado en la reunión anual de la AAEP, la autora justamente intenta ofrecer una respuesta a nuestra pregunta. Más específicamente, su objetivo es compatibilizar el enfoque posk-keynesiano y «financiero» de Minsky sobre la crisis financiera internacional, con aquel enfoque «real» de los austriacos, representado en este caso con artículos de White y Garrison, entre otros.

Animo a los lectores a leer críticamente el artículo y opinar sobre esta interesante cuestión.

Resumen
En busca de un cuerpo teórico válido para estudiar la crisis financiera internacional 2008-2009 este trabajo establece una comparación entre la teoría post-keynesiana y austríaca del ciclo económico. Luego intenta interpretar el suceso a la luz de una y otra teoría. Plantea que la corriente post-keynesiana se centra en los aspectos financieros que originaron la crisis, en tanto que la escuela austríaca enfatiza las incompatibilidades reales. Finalmente, evalúa la posibilidad de combinar estos enfoques con la intención de cubrir ambos frentes de la gestación de la crisis.

Acceda aquí al artículo.

Resumen 2012 No. 1: La Historia del Pensamiento Económico

Cerramos nuestro segundo año de trabajo en este blog, y nos gratifica haber triplicado el número de visitas de un primer año asombroso! Este resultado puede tener distintas causas, pero sin duda debemos destacar el número de posts publicado durante el año, el que resultó en alguncas críticas constructivas respecto a la alta rotación -o frecuencia casi diaria- de posts que evitaron discusiones más profundas en algunos de los temas planteados. La rotación quizás se reduzca en 2013, pero pensamos que en esta primera etapa del proyecto, el trabajo realizado nos ayuda a recibir una mayor atención de parte de un público que crece tanto en número como en calidad.

Es por eso que en los próximos días subiremos una serie de posts resumiendo el trabajo realizado en este 2012, distinguiendo en temas que no siempre son fáciles de separar: Historia del pensamiento, Escuela Austriaca, Metodología, Microeconomía, Finanzas Públicas, Derecho y Economía, Dinero y Banca, Macroeconomía, Filosofía Política, Políticas Públicas, la coyuntura de Estados Unidos, Europa, Asia, América Latina y Argentina, la actualización de publicaciones en Libros o Journals, los eventos destacados en distintas partes del mundo, los Premios y las entrevistas.

Después de todo, pretendemos que el 2013 de continuidad a muchos de los interrogantes planteados, esperando también que los lectores propongan nuevos temas que sumar al blog.

En la bienvenida al blog, el lector recordará que:

Punto de Vista Económico intenta radicar su énfasis en las ideas y en los pensadores, y en menor medida en datos y estadísticas. El nombre del blog se inspira en The Economic Point of View (1960) de Israel Kirzner, justamente por la relevancia que encontramos en el estudio de las ideas e historia del pensamiento económico.

Es por eso que quisieramos comenzar esta serie de posts con este último tema, recordando la entrevista que hace unos pocos meses Luis Figueroa me hizo acerca del libro «LECTURAS de Historia del Pensamiento Económico, el que presenta la evolución de las ideas desde la Antigua Grecia hasta la actualidad, presentando a aquellas Escuelas de Pensamiento Económico que hoy predominan en el ámbito económico.

Somos conscientes, sin embargo, que este concepto de «Escuela» no está exento de crítica, y es por ello que hemos planteado muy temprano, la pregunta acerca de la actitud que los economistas debiéramos tener ante ellas. Después de todo, ¿Qué distingue una Escuela de Pensamiento de una Secta?

El libro comentado recibió una reseña crítica de Marco Antonio del Río, publicada en la revista Laissez Faire de la UFM, discutiendo el énfasis del libro hacia la obra de Cantillon y el menor espacio relativo recibido por Adam Smith, un punto que desde luego queda abierto: ¿Quién es el padre de la economía? ¿Es Adam Smith? ¿Es Richard Cantillon? ¿o podrían ser alguno de los escolásticos o incluso algún filósofo griego?

Sabemos que las causas de la  gran depresión de los años 1930 sigue siendo un debate abierto, lo mismo que el éxito o fracaso de las políticas económicas aplicadas para salir de la crisis.  Muchos lectores sabrán discernir entre las posiciones de Keynes, Robbins, Anderson, Friedman, Hayek o Rothbard por ejemplo, pero cuántos conocen la posición de Gustav Cassel.

Quienes contribuimos en este blog somos, en general, críticos de la obra de John Maynard Keynes. Pero también hemos intentado profundizar en las diferencias que separan a los propios keynesianos, e incluso hemos intentado una reconciliación con algunas de las ideas de los poskeynesianos.

También hemos abierto el panorama para tratar de actualizar a los lectores con las nuevas corrientes de pensamiento económico, y hemos recordado el centenario del nacimiento de Milton Friedman, un autor que ha contribuido enormemente a la difusión de las ideas de la libertad, pero que es contrario a muchas de las ideas austriacas.

Desde luego la Escuela Austriaca recibió un lugar destacado en el blog, pero para comentar todo ese material, debemos destinar un segundo post.

El debate europeo para el corto plazo: Buscar la «austeridad» o el «crecimiento»

Muchos nos han consultado por el tema de Europa y España en el que observamos dos claras posiciones: unos «en favor de la austeridad», otros «en favor del crecimiento». El interés por este tema surge incluso en posts donde tratamos otros temas.

Qué mejor entonces que referenciar a los lectores al informe de coyuntura económica preparado por nuestro colega y amigo Angel Martín Oro titulado «Del espejismo de los estímulos a la falsa austeridad pública: la política fiscal ante la Gran Recesión«.

38 páginas que ofrecen un análisis teórico y empírico, comparando la posición keynesiana de «crecimiento» y la posición austriaca de «austeridad».

Aquí el informe completo.

Aquí un artículo de Angel Martín Oro que nos recuerda los planes de estímulo de 2008-2009.

Efectivamente, con la retórica de la austeridad que ha imperado desde mitad de 2010, parece que ya se ha olvidado que en 2008 y 2009 España implementó sustanciales paquetes de aumento del gasto público.

Escuchemos a los lectores sobre las políticas a aplicar en el corto plazo para abandonar la crisis.

Nuevo Libro de Paul Krugman: ¡Acaben ya con esta depresión!

En su último libro, titulado «¡Acaben ya con esta depresión!», Krugman sostiene que los recortes no hacen más que profundizar los problemas de naciones como Grecia, Portugal y España, y defiende que, a falta de inversión privada, deben ser los gobiernos los que adopten políticas expansivas y de creación de empleo.

Por si a alguien le quedaban dudas, ¡Krugman es keynesiano!

A continuación copio extractos de una entrevista imperdible.

Tras su lectura, abramos el debate…

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¿Es posible una reconciliación con los poskeynesianos?

Gerald O´Driscoll y Mario Rizzo explican que el término “economía del tiempo y la ignorancia”, con el que titularon su libro de 1985, se deriva de las “fuerzas oscuras del tiempo y la ignorancia” de Keynes. Explican los autores que esto no significa que la economía austríaca se haya convertido en la economía de Keynes, pero que encuentran en el enfoque de este último -y aquí nos referimos estrictamente a Keynes y no a sus seguidores-, algunos elementos subjetivistas y “profundamente penetrantes y compatibles con nuestra forma de pensar.”

Elegimos la expresión de Keynes porque él entendía, al menos durante bastante tiempo, la importancia de los problemas básicos que afrontan los actores individuales respecto del tiempo real. Decir que la economía austríaca es la economía del tiempo y la ignorancia es decir que es la economía que se ocupa de los problemas que plantean el tiempo real y la ignorancia radical. (Rizzo, 1996, p. 19)

Rizzo sigue a Lawson (1994b, pp. 534.535) al extender esta perspectiva filosófica común entre Keynes y los austríacos, también al institucionalismo y el poskeynesianismo, señalando que ya es “hora de que haya alguna reconciliación más completa entre [estas] tradiciones.” (Rizzo, 1996, p. 22)

Tomemos por caso la síntesis en tres proposiciones que Paul Davidson (1981, pp. 158-161) hace de la perspectiva postkeynesiana: 1) La economía es un proceso en tiempo histórico (real); 2) En un mundo donde la incertidumbre y las sorpresas son inevitables, las expectativas tienen un efecto inevitable y significativo en los resultados económicos; 3) Las instituciones económicas y políticas no son despreciables y, de hecho, desempeñan un papel extremadamente importante para determinar los resultados económicos del mundo real.

Me parece que hay dos aspectos diferentes donde podemos trabajar esta reconciliación. La primera tiene que ver con el marco analítico, y la referencia de Paul Davidson muestra cierta sintonía común a los austriacos y contraria al enfoque neoclásico. La segunda tiene que ver con el proceso de mercado en sí mismo. Mientras los austriacos en su mayoría hablaron de un proceso de mercado que tiende al equilibrio, los poskeynesianos desconfían de este proceso, y hasta lo describen como desestabilizador.

Sin embargo, desde las contribuciones de Shackle y Lachmann, hoy hay bastante consenso que en el proceso de mercado coexisten tanto fuerzas equlibrantes como desequilibrantes, lo cual puede crear un punto de contacto entre las dos tradiciones.

La pregunta que sigue es: ¿Es posible una reconciliación entre austriacos y poskeynesianos?

 

La familia keynesiana…

Algunos comentarios menores:

Me cuesta ver a la Nueva Macroeconomía Clásica de las expectativas racionales integrando la familia keynesiana. ¿Son Robert Lucas, Edward Prescott y Robert Barro keynesianos en algún sentido?

En la síntesis neoclásica (neo-keynesianos) me parece que Hicks  y Samuelson resultan centrales. Pero quizás Stiglitz poco a poco va abandonando el barco de la síntesis neoclásica. Algunos de sus últimos artículos son lo suficientemente críticos de la macroeconomía moderna como para continuar perteneciendo a este grupo mainstream.

Entre los keynesianos ortodoxos (post-keynesianos), no podía faltar Joan Robinson, pero me parece que Minsky debiera recibir hoy la mayor atención.

Me ha sorprendido la ausencia de figuras centrales del keynesianismo del siglo XX, especialmente John Galbraith y Axel Leijonhufvud.

¿Qué diferencias existe entre una Escuela de Pensamiento y una Secta?

Varios historiadores del pensamiento económico describen a los fisiócratas como una secta. Murray Rothbard, por ejemplo, señala que:

Los fisiócratas contaron con un auténtico líder —el creador del paradigma fisiocrático—, un propagandista principal y diversos discípulos bien situados, y editores de publicaciones periódicas. Los fisiócratas se promovían unos a otros, revisaban sus prolíficos trabajos entre sí en términos encendidos, se reunían con frecuencia y periódicamente en salons para hacer disertaciones y confrontar los ensayos de unos y otros, y por lo general se comportaron como un movimiento consciente. Contaron con un núcleo duro de fisiócratas y una penumbra de influyentes compañeros de viaje y simpatizantes. Por desgracia, los fisiócratas adoptaron las dimensiones de culto y de escuela, acumulando alabanzas serviles y acríticas sobre su líder, el cual, además de creador de un importante paradigma en el pensamiento económico, se convirtió en un gurú.

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¿Qué estamos haciendo los modernos con Mises?

Axel Leijonhufvud se ha preguntado, ¿qué han hecho los modernos con Keynes? Ha reclamado que los economistas modernos interesados en la síntesis neoclásica keynesiana, han abandonado al Keynes original, un autor que descreía de la matemática y de los gráficos para expresar las ideas en economía, y que poco se había interesado por los estados de equilibrio. Me pregunto: ¿Estamos haciendo hoy lo mismo con Mises?

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¿Somos hoy todos keynesianos?

Las ideas de John Maynard Keynes surgieron en el marco de la gran depresión de los años treinta. Entre los años 50 y 60 muchos economistas coincidían en afirmar «ahora somos todos keynesianos». Incluso Milton Friedman llegó a decirlo en 1965.

La nueva crisis revitalizó el pensamiento de Keynes y The Economist colocó a dos prestigiosos economistas a responder la gran pregunta: ¿Somos hoy todos keynesianos?

De un lado Brad De Long, del otro Luigi Zingales. ¿Qué respondieron?

Se suponía que Brad De Long iba a defender la postura, pero pidió disculpas y afirmó que ya no, «hoy no somos todos keynesianos.»

Por ejemplo, leyendo The New York Times encuentra que William Poole, ex presidente de la Reserva Federal de St Louis, considerando  que: «El gasto del gobierno no puede liderar el camino hacia una recuperación sostenida, debido a que su efecto de estímulo se verá compensado por anticipado con impuestos más altos y con la necesidad de financiar el déficit.»

En 1970 William Poole fue un keynesiano que daba por sentado que la política de déficit y el gasto fiscal tenían un papel adecuado y eficaz en la lucha contra las recesiones. Pero Poole no está solo.

Robert Barro, de Harvard University, dijo sobre la propuesta de estímulo fiscal de Obama:… «Este es probablemente el peor proyecto de ley que se ha presentado desde la década de 1930. No sé qué decir. Quiero decir que está perdiendo una enorme cantidad de dinero, que tiene una teoría simplista que no creo que funcione … No creo que vaya a expandir la economía … Va más en la línea con tirar el dinero a la gente … Creo que es basura. »

John Cochrane, de la Universidad de Chicago, agrega: «Nadie ha enseñado esto a estudiantes de postgrado desde 1960 … Son los cuentos de hadas que se han demostrado falsos. Es muy reconfortante en tiempos de crisis volver a los cuentos de hadas que escuchábamos cuando eramos niños, pero esto no los hace menos falsos. » Cochrane agrega que «el gobierno emitirá bonos para pedir prestado, lo que significa que los inversores al comprar bonos del Tesoro de EE.UU. dejarán de invertir en acciones o productos, anulando el efecto de estímulo.»

Edward Prescott, de la Arizona State University, quien ganó un premio Nobel de Economía en 2004 por su estudio sobre los ciclos económicos, hizo esta contribución: «Los economistas en el campo están profundamente divididos sobre la cuestión del estímulo federal … No sé por qué Obama dijo que todos los economistas están de acuerdo en esto. Ellos no lo están.»

Eugene Fama, de la Universidad de Chicago, declaró: «los rescates y planes de estímulo son financiados mediante la emisión de más deuda pública (¡el dinero debe venir de alguna parte!). La deuda, agregó, absorbe los ahorros que de otro modo irían a inversión privada,.. a pesar de la existencia de recursos ociosos, los rescates y planes de estímulo no agregan nada a los recursos actuales en uso. Acaban de mover recursos de un uso a otro. »

De Long concluye que «el argumento que los señores Fama, Prescott, Cochrane, Barro, Poole y compañía están haciendo es lo que los economistas llaman la Ley de Say. Es la afirmación de que las decisiones de aumentar el gasto, ya sea que vengan del gobierno o de cualquier otra persona, no pueden estimular la economía y aumentar el empleo y la producción porque la demanda debe ser creada por la oferta. Si el gobierno gasta, alguien más debe recortar sus gastos.»

[…] «Así que ahora, no puedo decir que somos todos keynesianos. Lo más que puedo decir es que deberíamos serlo.»

Y qué podemos tomar de lo dicho por Luigi Zingales, quien se suponía defendería una posición opuesta a la de De Long:

Se pregunta: «¿Qué significa ‘ser keynesiano’? Simplemente creer en el papel de los componentes de la demanda en la determinación de la producción total es una caracterización insuficiente. Un verdadero keynesiano difiere, en tanto que él también cree que: 1) La política monetaria no es la herramienta más eficaz para estabilizar la economía y puede ser completamente ineficaz en algunas circunstancias (trampa de liquidez), 2) la política fiscal es eficaz y el gasto del gobierno es la herramienta preferida, 3) la intervención del gobierno funciona y las consecuencias a corto plazo son más importantes que las de largo plazo.»

«Con esta definición en mente, hay cuatro formas en las cuales la afirmación ‘todos somos keynesianos’ puede ser interpretada. Propongo que la declaración es falsa en tres de cuatro de estas interpretaciones.»

«La primera interpretación es que la profesión económica ha llegado a un consenso sobre las posiciones keynesianas. Esta declaración es definitivamente falsa. Si usted navega a través de los artículos publicados en la revista líder de la American Economic Association en 2008, verá que sólo uno de los 12 artículos que se ocupan de las cuestiones macroeconómicas (Código JEL E) soporta (aunque muy indirectamente) la idea de una política fiscal de expansión como una herramienta política. Un desequilibrio aún mayor está en el pináculo de nuestra profesión. Entre los 37 ganadores del premio Nobel de Economía en los últimos 20 años, cuatro recibieron el premio por sus contribuciones a la macroeconomía. Ninguno de ellos podría ser considerado keynesiano. De hecho, es difícil encontrar trabajos académicos que apoyan la idea de un estímulo fiscal.»

«La segunda interpretación posible es que existe un consenso entre los economistas en que las causas de la crisis actual es keynesiana. Incluso en esta interpretación la declaración es falsa. No creo que ningún economista se atrevería a decir que la actual crisis económica de EE.UU. ha sido causada por subconsumo. Con cero de ahorro personal y un gran déficit presupuestario del gobierno de Bush hemos tenido una de las políticas keynesianas más agresivas en la historia.»

«La adhesión a los principios de Keynes no sólo no evitaron el desastre económico actual, sino que incluso han contribuido enormemente a la causa. El deseo keynesiano de gestionar la demanda agregada, haciendo caso omiso de los costos a largo plazo, impulsado por Alan Greenspan y Ben Bernanke a mantener las tasas de interés extremadamente bajas en 2002, impulsaron el consumo excesivo de las familias y la asunción de riesgos excesivos por parte del sector financiero. Más importante aún, ha sido la formación keynesiana de nuestros responsables políticos lo que les ha llevado a ignorar el papel que desempeñan los incentivos en las decisiones económicas. La principal diferencia entre Keynes y la economía moderna es el énfasis en los incentivos. Keynes estudió la relación entre los agregados macroeconómicos, sin ninguna consideración por los incentivos subyacentes que conducen a la formación de estos agregados. Por el contrario, la economía moderna basa todos sus análisis sobre los incentivos. En 1998, cuando el co-Fed coordinó el rescate de Long Term Capital Management, no se preocuparon por el impacto que esta decisión tendría sobre los incentivos para asumir riesgos y la liquidez adecuada de precios. Cuando el señor Bernanke diseñó el rescate de Bear Stearns, no se preocuparon por el impacto que esta decisión tendría sobre los incentivos de los otros bancos de inversión para aumentar el capital social a precios bajísimos. Cuando cambió de posición dos veces en el espacio de dos días, dejando que Lehman caer, pero rescatando a AIG, no se preocuparon por el impacto que tendría en la confianza de los inversores y los incentivos para invertir. Este es el comportamiento errático que ha asustado al mercado y ha creado la actual crisis económica: en una encuesta reciente el 80% de los estadounidenses declaran que tienen menos confianza de invertir en el mercado como consecuencia de la forma en que el gobierno ha intervenido.”

“Si los principios keynesianos y la educación son la causa de la depresión actual, es difícil imaginar cuál puede ser la solución. Por lo tanto, incluso la tercera interpretación que deben seguir las recetas keynesianas para combatir la actual crisis económica-es falsa. No discuto la idea de que algún tipo de intervención del gobierno puede aliviar las condiciones económicas actuales, y que una política económica keynesiana puede hacerlo. Con un déficit de cuenta corriente que en 2008 fue de 614 mil millones dólares, un déficit presupuestario que fue 455 mil millones dólares y los gastos militares de 731 mil millones dólares, es difícil argumentar que el gobierno no está estimulando la demanda lo suficiente. La crisis actual no es una crisis de demanda, es una crisis de confianza. El mal gobierno corporativo, junto con las políticas del mal gobierno ha destruido al sector financiero, asustando a los inversores y congelando los préstamos. Es como si una bomba nuclear hubiera destruido todas las carreteras de Estados Unidos, y afirmaran que para mitigar el impacto económico de un evento semejante, debería invertir en los bancos. Es posible que con el tiempo haya un efecto goteo. Pero si el problema es de los caminos, lo que necesitamos es reconstruir los caminos, no subsidiar al sector financiero. Y si el problema es el sector financiero, se deseará solucionar este problema y no la construcción de carreteras.”

“La única interpretación en virtud de la cual la declaración en cuestión es cierta es que ‘nosotros’ el pueblo estadounidense y sus representantes electivos sean todos keynesianos. El keynesianismo ha conquistado los corazones y las mentes de los políticos y las personas comunes y corrientes, ya que proporcionan una justificación teórica para el comportamiento irresponsable. La ciencia médica ha establecido que uno o dos vasos de vino al día son buenos para su salud a largo plazo, pero ningún médico recomienda a un alcohólico en recuperación seguir esta receta. Lamentablemente, los economistas keynesianos hacen exactamente esto. Le dicen a los políticos, que son adictos a gastar nuestro dinero, que los gastos del gobierno son buenos. Y qué decir a los consumidores, que se ven afectados por problemas graves de gasto, que el consumo es bueno, mientras que el ahorro es malo. En la medicina, tal comportamiento tendría que ser expulsado de la profesión médica; en economía, le ofrece un trabajo en Washington.”

Un 37 % de los lectores de The Economist que votaron en la encuesta afirmaron que SÍ, que «hoy somos todos keynesianos». Un 63 % dijo que NO, que esta afirmación carece de sentido.

Angel Martín y la recesión americana

Angel Martín Oro ha publicado un artículo en The Freeman que merece atención. Dadas las dificultades que la economía americana encuentra para abandonar la crisis, ofrece un estudio de economía comparada sobre las causas de esta prolongada recesión. Dado que el artículo está en inglés intentaré resumir lo que considero más relevante.

La respuesta keynesiana, es resumida en la posición de Krugman, aclarando que por supuesto hay keynesianos que no defienden la misma línea de pensamiento. Krugman siempre ha dicho que la gran depresión fue profunda porque el gobierno americano se quedó demasiado corto con el estímulo a la demanda agregada. Hoy insiste con la misma respuesta. Obama estaría siendo demasiado cauteloso al escuchar a los economistas conservadores que piden que no se exceda con el gasto.

La respuesta monetarista es crítica de esta política fiscal y se concentra en la política monetaria. Como representante de la Reserva Federal, Bernanke ha reconocido la responsabilidad de la Fed durante la gran depresión, aludiendo a la tesis de Friedman-Schwartz que identifica a la gran contracción de 1929-1933 como la principal causa de la crisis. Pero prometió no volver a repetir el error. De ahí que Chicago aprueba en gran medida lo que hace Bernanke, esto es, expandir la oferta monetaria para evitar la contracción y una gran deflación de precios.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El gráfico que adjuntamos, de hecho, muestra cómo la Reserva Federal duplicó la base monetaria entre septiembre de 2008 y enero de 2009. ¿Fue esto excesivo? Muchos economsitas dirán que sí, pero no todos. Angel Martín cita a Scott Summer afirmando que de hecho, desde 2008 el mercado necesitó más dinero que el inyectado por Bernanke, por lo que debiera ser aun más agresivo.

Las dos respuestas, según Angel, sufren del mismo problema: demasiado agregacionismo. El PBI o el nivel general de precios no permiten observar la distorsión de precios relativos, ni la mala inversión generada en los años previos.

La respuesta austriaca va por otro lado. Apunta a que debió generarse un ajuste de mercado que liquide al menos las malas inversiones desarrolladas durante el período 2001-2007. Cita algunos estudios que muestran que el sector privado sigue estando demasiado endeudado, y menciona al economista Juan Ramón Rallo, señalando que la política de mantener la tasa de interés en niveles cercanos a cero, incentiva a los agentes a mantenerse endeudados.

Finalmente, Angel menciona la tesis del “Regime Uncertainty”, formulada por Robert Higgs, estudio cuyo origen estuvo también en el análisis de  la gran depresión. Higgs apunta que Roosevelt generó desconfianza en el sector privado con sucesivos ataques (retóricos y a través de políticas) que dañaron las instituciones y privaron a la economía americana de una rápida recuperación. Lo que sigue es simplemente señalar un paralelismo entre Roosevelt y Obama.

Un nuevo debate comienza, similar a aquel entre Hayek y Keynes, entre mercado versus estado, que dará lugar a una profunda literatura que será central para el siglo XXI.