La Gran Depresión vs la Teoría General

La Gran Depresión de la década de 1930 es uno de los temas más complejos y controversiales en economía. No sólo este evento da origen al análisis macroeconómico, sino que también ve nacer al keynesianismo. Para el keynesianismo, fueron las políticas inspiradas en esta doctrina lo que finalmente permitieron a Estados Unidos poner fin a tan severa crisis. Fue esto así?

Una critica común a la lectura keynesiana es que las fechas no coinciden. La Teoría General de Keynes se publica en 1936. Sin embargo, la recuperación se inicia en 1933. No es posible por lo tanto, que la Teoría General sea el motivo de la recuperación de la Gran Depresión.

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ENTRE KEYNESIANOS Y MARXISTAS – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Las aplicaciones políticas siempre dependen de las ideas que prevalecen en la opinión pública. El político que desea mantenerse en funciones no tiene más remedio que adaptarse a lo que su audiencia reclama. Por ello es que resulta de tanta trascendencia la faena educativa, “inmortalizando la semilla” tal como nos dice Platón refiere Sócrates. Todo siempre comienza en cenáculos intelectuales que con el correr del tiempo, al igual que una piedra arrojada en un estanque, se van produciendo efectos multiplicadores en círculos concéntricos que poco a poco van abarcando cada vez circunferencias mayores hasta que el político incorpora ese discurso para obtener votos.

Lo que hoy puede denominarse “las izquierdas” son más perseverantes y consistentes que sus oponentes porque siempre reclaman más, son ambiciosos y no conformistas por ello es que son los que verdaderamente establecen la agenda y corren el eje del debate. En cambio los así llamados defensores de la sociedad abierta son en general timoratos y solo alegan “votar por el menos malo”. La secuencia puede ilustrarse del siguiente modo: primero dicen los timoratos de referencia que no es político proponer A y hay que conformarse con B, pero henos aquí que como no hacen nada por corren el eje del debate a poco andar renuncian a B y sugieren C y así sucesivamente, mientras que las izquierdas siempre apuntan alto según su vara.

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Filosofía de la Economía, Vol 6, No 1 (2017)

El Centro de Investigación en Epistemología de las Ciencias Económicas dependiente de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires ya ha colocado on line su revista anual FILOSOFÍA DE LA ECONOMÍA. A continuación colocamos su tabla de contenidos y el acceso a los artículos.

Tabla de contenidos

Editorial

Marqués, Gustavo Leonardo – Editorial . Pp. 3

Artículos académicos

Ravier, Adrián – Una posible clasificación de las leyes económicas . Pp. 5-21

 

Enríquez Pérez, Isaac – Variaciones en torno a la noción del concepto de desarrollo: notas introductorias para la definición de un constructo con implicaciones teóricas y políticas. Pp. 23-41

Daneloglu, Lucas; Dileo, Estefanía – Acerca de las interpretaciones de la transformación del Dinero en Capital: La cuestión del método en “El Capital” . Pp. 43-61

Marqués, Gustavo Leonardo – Elección racional, maximización y racionalidad instrumental . Pp. 63-78

Keifman, Saul – Reseña “Keynes, filósofo práctico” . Pp. 79-94

Crespo, Ricardo – La difícil tarea de interpretar a Keynes. Un breve comentario a una reseña de Saúl Keifman . Pp. 95-96

Misceláneas

Información sobre autores . Pp. 97-98

Acceda aquí a la revista completa.

Book Review: Beyond Mechanical Markets – Asset Price Swings, Risk and the Role of the State, by Roman Frydman and Michael D. Goldberg, Princeton, NJ, Princeton University Press, 2011.

Frydman and Goldberg’s book lays out important methodological contributions in regard to questioning the hypothesis of rational expectations, constructed on the basis of the writings of Knight, Keynes and Hayek in its opening section. But in the second part, it does not propose a convincing model that would help avoid the formation of new financial bubbles. While accepting to some extent that the government entity has no greater knowledge than economic agents, it ignores the perverse public-sector incentives that James M. Buchanan and the School of Public Choice have explored in recent decades. Furthermore, although repeated reference to Hayek is encouraging, the authors seem to have misunderstood the implications of his most important insight, namely the knowledge problem as it affects public sector decision making. Paradoxically, this oversight leads Frydman and Goldberg themselves to adopt a pretension of knowledge stance despite explicitly criticising traditional models for this very same error.

Leer el trabajo completo en el Journal of New Finance, Vol. 1, No. 1.

¿Era Keynes keynesiano?

Este post es simplemente para compartir dos posts acerca de esta visión de que Keynes no era keynesiano. Dice Ricardo Crespo:

El caso de Keynes es un ejemplo de construcción social de una realidad ficticia. “La palabra Keynes -dijo su discípulo y amigo Richard Kahn- se ha transformado en un término de abuso”, y ha quedado asociada, por la acción de malos políticos, a facilistas y falaces soluciones inflacionarias a los problemas de la desocupación y a una fuerte intervención del Estado en la economía. Keynes sólo con importantes restricciones y matices y en determinadas circunstancias hubiera estado de acuerdo con algo de esto. Por eso habría afirmado el año de su muerte (1946): “Yo no soy keynesiano”. En efecto, Terence Hutchison escribió un célebre artículo con el título de “Keynes vs. keynesianos”: allí muestra cómo estos tergiversaron las ideas del maestro y cómo, por lo tanto, se las ha usado ilegítimamente o acusado injustamente.

Ver el artículo completo aquí.

J. Jacks, por su parte agrega otros elementos:

Ahora bien, Keynes no dijo que el sector público debía intervenir continuamente en la economía. Keynes no fue partidario de la intervención pública per se. El Gobierno era responsable de las crisis por su connivencia con el sector financiero y no debía intervenir, salvo en las crisis para evitar tasas de desempleo superiores al 10%, ya que el descontento llevaría a huelgas, al fin del capitalismo, de la democracia y a la aparición del Socialismo.

Ver el artículo completo aquí.

 

Reflexión de domingo: MÁS SOBRE KEYNES – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLMucho se ha escrito sobre John Maynard Keynes a favor y en contra, pero es de interés intentar una vez más indagar en aspectos centrales de su tesis al efecto de comprender el cometido con la mayor claridad posible.

En el capítulo 22 de su Teoría general de la ocupación, el interés y el dinero Keynes resume su idea al escribir que “En conclusión, afirmo que el deber de ordenar el volumen actual de inversión no puede dejarse con garantías en manos de los particulares”.

En el capítulo 2 del segundo volumen de su Ensayos de persuasión afirma que “Estamos siendo castigados con una nueva enfermedad, cuyo nombre quizás aun no han oído algunos de los que me lean, pero de la que oirán mucho en los años venideros, es decir el paro tecnológico”. Este comentario sobre “la nueva enfermedad” pone de relieve la incomprensión de Keynes sobre el tema del desempleo.

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¿Era Keynes un liberal? – Por Ralph Raico

Mises-Keynes[Publicado originalmente en The Independent Review, vol. 13, nº 2, Otoño de 2008, pp. 165-188]

Keynes y el neomercantilismo

Es hoy práctica común clasificar a John Maynard Keynes como uno de los principales liberales de la historia moderna, tal vez el “grande” más reciente en la tradición de John Locke, Adam Smith y Thomas Jefferson.[1]

Como estos hombres, se sostiene por lo general, Keynes era un creyente sincero (de hecho, ejemplar) en la sociedad libre. Si difería de los liberales “clásicos” en unas pocas cosas evidentes e importantes, era simplemente porque trataba de actualizar la idea liberal esencial para ajustarla a las condiciones económicas de una nueva era.

No cabe duda de que a lo largo de su vida Keynes apoyó distintos valores culturales genéricos, como la tolerancia y la racionalidad, que a menudo se consideran como “liberales” y, por supuesto, siempre se calificó a sí mismo como liberal (así como liberal, en el sentido de simpatizante del Partido Liberal Británico). Pero nada de esto tiene mucho peso cuando se trata de clasificar el pensamiento político de Keynes.[2]

Prima facie, Keynes como liberal modelo es ya paradójico debido a su adopción de la doctrina mercantilista. Cuando apareció en 1936 La teoría general del empleo, el interés y el dinero (Keynes 1973b), W.H. Hutt estaba a punto de enviar a la imprenta su El economista y la política (1936). En años posteriores, Hutt sometería al sistema de Keynes a una crítica detallada y devastadora (Hutt 1963, 1979), pero en ese momento solo pudo insertar apresuradamente algunas observaciones iniciales. Lo que le chocó más fue que el renombrado economista “nos quiera hacer creer que los mercantilistas tenían razón y que sus críticos clásicos estaban equivocados” (una postura expuesta en el capítulo 23 de la Teoría General) (Hutt 1936, p. 245).

Hutt estaba escribiendo desde el punto de vista de la ciencia económica. Aquí nos estamos ocupando de la totalidad del liberalismo como filosofía social. Si, como he argumentos en otros lugares (Raico 1989, 1992, 1999, pp. 1–22), la doctrina liberal se caracteriza históricamente por un rechazo del paternalismo del estado absolutista del bienestar, se caracteriza aún más por su rechazo al componente mercantilista en el absolutismo del siglo XVIII. ¿Cómo es posible entonces que un escritor que trate de rehabilitar el mercantilismo puede contarse entre los grandes liberales?[3]

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