Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

RAÍCES DEL PENSAMIENTO ECONÓMICO ARGENTINO: presentación del libro en UCEMA

Este libro del Dr. Adrián Ravier intenta rastrear las raíces del pensamiento económico argentino, ideas que en muchos casos surgen con revoluciones y contrarrevoluciones científicas originadas en Europa, luego importadas a nuestras tierras. Para la tarea fueron convocados historiadores y economistas de diversas universidades púbicas y privadas del país, conocedores de las distintas escuelas o tradiciones de pensamiento, quienes detallan la manera en que las ideas penetraron el Argentina, y luego se desarrollaron y evolucionaron. El lector podrá observar que el siglo XIX ha estado marcado por ideas liberales clásicas, provenientes del Laissez Faire y el pensamiento clásico e impactando en los primeros economistas como Belgrano y Vieytes, para luego llegar a la Generación del 37 y en concreto a las Bases constitucionales de Juan Bautista Alberdi; incluso en autores marxistas parece prevalecer una posición librecambista como se puede ver en los escritos de Juan B. Justo. Pero ya con la crisis de 1930, la revolución keynesiana tuvo su eco en nuestro país, alcanzando luego una dimensión local propia con el estructuralismo de Raúl Prebisch, Julio Olivera y Roberto Frenkel. A ese intervencionismo y proteccionismo creciente, han surgido esfuerzos múltiples para contenerlos y revertirlos, importando ideas de la Escuela Austríaca, la Escuela de Chicago, la Economía Social de Mercado, la Nueva Economía Institucional y la Escuela de la Elección Pública. Estos esfuerzos intelectuales, sin embargo, si bien han contribuido a formar economistas en algunas universidades privadas han tenido escaso impacto en la sociedad y en la política económica. Si en el siglo XIX prevalece un pensamiento liberal en el marco constitucional, en el siglo XX y lo que va del siglo XXI lo hace su antítesis lo que se ha traducido en reformas constitucionales y un cambio notable de aquellas reglas e instituciones.

RAÍCES DEL PENSAMIENTO ECONÓMICO ARGENTINO – PRESENTACIÓN EN UCEMA – 3 DE AGOSTO – 17 HS

UCEMA
Libertad EducativaPresentación de libro: Raíces del pensamiento económico argentino | Expone el  Dr. Adrián Ravier
   
Fecha: 3 agosto, 17.00 h.Modalidad | Online

Recibirás la invitación de Zoom el día antes del seminario

Inscripción: Libre, no arancelada, previa inscripción aquí

Este libro intenta rastrear las raíces del pensamiento económico argentino, ideas que en muchos casos surgen con revoluciones y contrarrevoluciones científicas originadas en Europa, luego importadas a nuestras tierras. Para la tarea fueron convocados historiadores y economistas de diversas universidades púbicas y privadas del país, conocedores de las distintas escuelas o tradiciones de pensamiento, quienes detallan la manera en que las ideas penetraron el Argentina, y luego se desarrollaron y evolucionaron. El lector podrá observar que el siglo XIX ha estado marcado por ideas liberales clásicas, provenientes del Laissez Faire y el pensamiento clásico e impactando en los primeros economistas como Belgrano y Vieytes, para luego llegar a la Generación del 37 y en concreto a las Bases constitucionales de Juan Bautista Alberdi; incluso en autores marxistas parece prevalecer una posición librecambista como se puede ver en los escritos de Juan B. Justo. Pero ya con la crisis de 1930, la revolución keynesiana tuvo su eco en nuestro país, alcanzando luego una dimensión local propia con el estructuralismo de Raúl Prebisch, Julio Olivera y Roberto Frenkel. A ese intervencionismo y proteccionismo creciente, han surgido esfuerzos múltiples para contenerlos y revertirlos, importando ideas de la Escuela Austríaca, la Escuela de Chicago, la Economía Social de Mercado, la Nueva Economía Institucional y la Escuela de la Elección Pública. Estos esfuerzos intelectuales, sin embargo, si bien han contribuido a formar economistas en algunas universidades privadas han tenido escaso impacto en la sociedad y en la política económica. Si en el siglo XIX prevalece un pensamiento liberal en el marco constitucional, en el siglo XX y lo que va del siglo XXI lo hace su antítesis lo que se ha traducido en reformas constitucionales y un cambio notable de aquellas reglas e instituciones.

EXPONE: Dr. Adrián Ravier
Economista, especializado en teoría monetaria, el estudio de los ciclos económicos, las finanzas públicas y la historia del pensamiento económico. Ha obtenido su título de Doctor en Economía Aplicada, en la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid (2009), bajo la dirección del profesor Jesús Huerta de Soto (Ver Memoria). Ha sido alumno de ESEADE donde obtuvo un Master en Economía y Administración de Empresas (2004). Y ha obtenido su Licenciatura en Economía de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Buenos Aires (2002). En un esfuerzo por expandir las ideas de la Escuela Clásica y Escocesa, la Escuela Austriaca, la Escuela de la Elección Pública y la Nueva Economía Institucional ha sido profesor en diversas universidades de la Argentina como la misma Universidad de Buenos Aires (UBA), la Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas (ESEADE), la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES), la Universidad del Salvador (USAL) y la Universidad Católica Argentina (UCA). Durante el segundo semestre de 2012 también fue profesor visitante de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Francisco Marroquín en Guatemala.

MODERA: Dr. Matías Ilivitsky
Es analista de cuestiones políticas y de relaciones internacionales. Licenciado y Profesor en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires. Doctor en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires, en donde ha sido docente e investigador. Responsable de relacionamiento estratégico de la Universidad del CEMA, en donde también es docente. Ha recibido dos becas del CONICET para realizar su doctorado. Ha obtenido becas de viajes a eventos académicos y ha sido investigador en la Universidad Nacional de Quilmes. Ha presentado trabajos en diversas reuniones científicas y es autor de diversas publicaciones sobre su especialidad. Autor de ‘Del “mal radical” a la “banalidad del mal”. Concepciones de lo maligno en la teoría política de Hannah Arendt'(2017).

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El problema no es Guzmán, el problema es el kirchnerismo – por Roberto Cachanosky

Queda por ver quién lo reemplazará en el ministerio de Economía. Tal vez asistamos a una sucesión de ministros de Economía como ocurrió luego del rodrigazo, cuando un ministro de Economía duraba una semana.

Francamente no debería sorprender o preocupar la renuncia de Martín Guzmán a su cargo de ministro de Economía, por la sencilla razón que la renuncia de Guzmán es irrelevante, finalmente es un ministro sin plan en un desgobierno. Dicho en otras palabras, el problema no es Guzmán, el problema es que los que están en el gobierno no saben para dónde ir. La preocupación principal fue, desde un inicio, solucionar los problemas jurídicos de la vicepresidente e inundar la economía con emisión monetaria para tratar de tener contenta a la gente.

Basta recordar que en la última semana de diciembre de 2019 apareció en el balance semanal del BCRA una utilidad que nadie sabe muy bien de dónde surgió. El plan platita que se implementó en el segundo semestre del año pasado, y del cual hoy estamos pagando las consecuencias por la inflación, ya estaba previsto desde el inicio. La idea era emitir moneda bajo el formato de Transferencia de Utilidades para financiar el gasto público.

Cabe recordar que de los $2 billones que emitió el BCRA para financiar al tesoro en 2020, el 80% fueron bajo el formato de Transferencia de Utilidades, así que, más allá de la pandemia y de la cuarentena eterna, la idea de emitir para estimular artificialmente el consumo ya estaba en la mente del gobierno. Hay que tener presente que en la campaña del 2019 el kirchnerismo insistía con que había que ponerle plata en el bolsillo a la gente y que hoy Cristina Fernández insiste una y otra vez con que el déficit fiscal no es causa de la inflación.

Este desgobierno no tiene la más mínima posibilidad de evitar la caída en que está Argentina

Lo concreto es que en el kirchnerismo parecen no entender que el problema económico es el emergente de un problema mucho más profundo: la ausencia de un gobierno que genere credibilidad, y la falta de credibilidad incluyen tanto a Alberto Fernández como a Cristina Fernández, como a Sergio MassaMáximo Kirchner y Axel Kicillof. Todos ellos con pésima imagen en la opinión pública. Por eso, un economista solo no puede solucionar el problema económico, sin tener un plan económico consistente, algo que Guzmán nunca tuvo, y sin tener el respaldo de un gobierno que genere confianza.

Qué puede venir ahora es la duda: ¿un rodrigazo para ajustar la distorsión de precios relativos o un festival de emisión monetaria que lance a la Argentina a una megainflación?

Si algún economista asume hoy creyendo que con Alberto Fernández como presidente y Cristina Fernández como vicepresidente puede evitar la caída libre de Argentina, está totalmente equivocado.

Este desgobierno no tiene la más mínima posibilidad de evitar la caída en que está Argentina. No se trata de sacar a Guzmán para poner a Pedro, José o Fernando, cualquiera va a ser tan malo o peor en su gestión que Guzmán porque este gobierno solo cree en redistribuir lo que no existe. Cree en la cultura de la dádiva y no en la cultura del trabajo. Y para seguir con la dádiva hacen falta recursos que este gobierno no va a conseguir.

En síntesis, el problema no es Guzmán, el problema son el presidente, la vicepresidente y La Cámpora

No tienen más capacidad de exprimir a la gente con impuestos, ni acceso al mercado financiero internacional. A duras penas pueden renovar los vencimientos de deuda en pesos con lo cual lo único que les queda es recurrir a la maquinita, lo cual puede llevar a un estallido inflacionario más grave.

En síntesis, el problema no es Guzmán, el problema son el presidente, la vicepresidente y La Cámpora. Mientras todos ellos sigan en el gobierno Argentina no va a detener su caída libre, con aumento de la pobreza y del nivel de actividad.

Queda por ver quién reemplaza a Guzmán en el ministerio de Economía. Tal vez asistamos a una sucesión de ministros de Economía como ocurrió luego del rodrigazo, cuando un ministro de Economía duraba una semana.

El problema actual, de crisis política y económica no se llama Martín Guzmán, se llama kirchnerismo. Nada bueno puede surgir del kirchnerismo.

Publicado originalmente en Infobae, 2 de julio de 2022.

Commodities and Inflation: Not Always The Perfect Fit – by Ivo Sarjanovic and Alan G. Futerman

Amid surging consumer and producer prices, inflation is making the headlines across economies in America, Europe and Asia. It is coming back with a vengeance because of continued supply chain disruptions for key commodities and heightened geopolitical risks since Russia’s invasion of Ukraine, among other drivers.
In this article, Ivo A. Sarjanovic, former Cargill trader and lecturer at the University of Geneva’s commodities programme, and Alan G. Futerman, adjunct professor of institutional economics at the UCEL university in Argentina, examine the different ways commodities can be used as a hedging tool by companies looking to protect their portfolio from inflation. In a podcast recorded in 
September 2021 with Paul Chapman, Managing Partner of HC Group, Sarjanovic had already explained the risks faced by commodity participants due to inflation. Here, in a glimpse of an upcoming book, the authors highlight the potential pitfalls of these strategies considering the specific characteristics of recent commodities price spikes.

Contango versus Backwardation

Before commodity prices hit record-breaking levels following the global coronavirus pandemic, the investment industry, the trading community, as well as finance departments in academia had arguably tagged inflation as a thing of the past. Professional economists have been confused about the phenomenon too, so much so that they didn’t expect inflation to reach current levels. This is fueling fears that the ongoing price increases are of a structural nature, rather than a temporary glitch.

One of the most common responses from the investment industry currently is to buy commodities. The idea that this asset class represents an optimal hedging tool against inflation stems back to the great inflationary decade in the seventies. However, according to our research, the correlation between commodities and inflation is not as linear as it seems.

Firstly, one can look at the futures market, a standard instrument used to build a position in commodities. Inflation expectations contribute to futures curves being in contango, a scenario where the future price of a commodity is higher than the spot price. This scenario is also referred to as ‘carry’, as the premium above the current spot price for a particular expiration date is usually associated with the cost of carrying any charges investors need to pay to hold the asset over a period.

The contango structure makes sense if the market believes that prices will rise in the future, as inflation remains on its upward trend too. But this is hardly a profitable strategy in the long term because the cost of rolling the position could entail continuous losses.

So, a successful approach requires the price curve to be in backwardation (or inverted) to be profitable. Backwardation refers to a situation where the spot or nearby price of an asset is higher than prices trading in deferred positions. However, the forward curve that is typical of inverted markets is not compatible with the sequence of forward prices gradually moving up month after month due to rising inflation. 

Moreover, backwardation is a consequence of real supply and demand imbalances. And production (or supply) eventually tends to increase while demand softens, allowing the market to return to a lower equilibrium price. Spot prices would be adjusted downward, and the futures curve would revert to a carry. In other words, for backwardation to persist for a long period of time under an inflationary scenario, real demand should continue to exceed supply. Crucially, that would be a fundamental phenomenon, not a monetary one.

But there is another challenge. If expectations of higher inflation keep up, the profitable trade strategy would be to go long on the back end of the curve to avoid exposure to a more expensive spot position. Sooner or later, this would most likely end up driving the forward curve back in contango, making it then costly to roll the position and affecting the full return of such a hedging tactic.

So, futures markets represent a complicated instrument to play with if one is to shape an efficient inflation hedging strategy. Of course, exchange-traded funds (ETFs) that follow commodity indices face these problems as well.

Nominal Versus Real Data

Data and indices are key. If taken from beginning to end, the period 1960-2022 shows that not every commodity yielded returns above the inflation rate for the US Consumer Price Index (CPI). Over the last five decades, only the 1970s and 2000s showed that commodities consistently generated higher returns than the CPI. Moreover, although inflation was undoubtedly a leading factor during the 1970s, fundamentals were a big reason behind higher commodities prices, especially during the 2000s.

Let’s now focus on nominal prices which are unadjusted rates that do not take inflation or other factors into account. In the event of commodities price spikes such as those seen a few months after the start of the COVID-19 pandemic, some analysts tend to overlook real prices which are adjusted for inflation and use historical nominal highs as a benchmark to measure the strength of the price rally. But this approach is inaccurate when considering commodities as an inflation hedging tool. Real prices should form the basis of any analysis and strategic move. They are often ignored, precisely because inflation has been low for so long that it is deemed irrelevant. But this is certainly not the case.

As an example, the highest price of gold in January 1980, $873 per ounce, would now be equivalent to almost $2,950 per ounce. But some analysts look at the recent price around $2,080 per ounce as an illustration of the market reaching new highs. Similarly, the Brent crude oil price reached a high of $147.50/bbl in July 2008, which today would be equivalent to around $195/bbl. Recently, it ‘only’ got to a level of $138/bbl. But not only that. In this case, this was mainly due to real reasons (mostly the war in Ukraine), not inflation per se.

Fundamentals

Yet, there are several reasons why commodities are still seen as an inflation hedging tool. Firstly, in some very specific periods, the profits made from some commodities (especially energy and precious metals) positively correlated with higher inflation rates. Secondly, any expectation of higher inflation would trigger a rush to buy commodities in anticipation of actual inflationary gains in a short-term reaction referred to as ‘overshooting’. Overshooting means that prices exaggerate the upward move and trade for a certain period above the long-term equilibrium value. However, this is unsustainable precisely because a trend of supply and demand elasticities is likely to be set in motion for prices to find this new long-term equilibrium.

Therefore, the key for commodities to be a good hedging tool under an inflationary scenario, is not only that inflation expectations rise, but more importantly, that real fundamentals support the rally. Only real factors can sustain a long-lasting bullish commodities market. In the last two years, there were indeed real reasons, like supply chain disruptions, an erratic energy transition, crop losses due to extreme weather, biofuels policies and now the war in Ukraine. Inflation certainly contributed but it wasn’t the main factor. Low inventories, inverses and strong premiums or basis are the evidence that this is more a fundamental than a nominal event.

In this context, timing is a fundamental criterion when taking a long position and exiting it. For instance, in 2008, many commodity traders took long positions for hedging purposes. The Standard & Poor’s Goldman Sachs Commodity Index fell from around 893 in July 2008 to 730 currently, while inflation rose by 30% over the same period. The index lost value in nominal terms and the strategy adopted by these traders yielded even worse results when considering the impact of inflation during this period. 

Different Correlations

At the same time, data shows that not all commodities react equally to a change in expected inflation and therefore not all indices built with different commodity baskets evolve in the same way. Metals and energy price correlations are stronger while correlations with agricultural products are weaker. On both an absolute and relative basis, agriculture prices tend to lag behind inflation. This is not surprising since the price-elasticity on the supply side of this sector is greater thanks to much larger rates of productivity growth compared with the other commodity sectors. This is another argument supporting the idea that it is real factors that drive commodity prices, not nominal ones.

But importantly, we are talking here about commodities as an inflation hedge in the context of a passive strategy. A passive strategy on a position implies that once the position is built, it remains unchanged for a long time, unlike an active strategy which is managed daily, weekly or monthly. Active strategies can be deployed effectively as a hedge against inflation. But regardless, inflation should be mostly treated as noise in the decision-making process of investing passively in commodities as a long-term strategy hedge.

However, given the expected role of industrial metals and biofuels during the energy transition, led by policy and not by markets, different correlations could emerge in the medium to longer term. Yet, such a premise is controversial and remains unpredictable, not least because of disruptions in energy markets like those triggered in Europe due to the war in Ukraine. Increased price volatility is likely to compromise the transition to a cleaner energy future.

Conclusion

As a matter of principle, one should consider buying commodities if there is a compelling fundamental bullish story to do so. Fundamentals remain a key factor to consider in a buy strategy designed as a purely long-term and passive hedging tactic against inflation. It is key to manage one’s entry point and the make-up of a commodity’s index because it could turn out to be flawed.

This view goes against the consensus amongst the investment and commodity community. Undeniably, there are reasons to buy some commodity families for hedging purposes. However, the general case for such a trading approach should be considered in the context of the fundamental drivers of this complex asset class and not just as a mere reaction to inflation.

First published here by HC Group.

Argentina: dos guerras frente a la inflación – por Alberto Benegas Lynch (h)

Como señaló el premio Nobel en Economía Friedrich Hayek, hemos demorado doscientos años en percatarnos del error y el horror de atar el poder político a la religión, no tardemos otro tanto en darnos cuenta del error y horror de atar el poder político a la moneda.

Afortunadamente hay bibliografía sobre el tema inflacionario que aclara el tema de la expansión exógena -es decir extraña a las decisiones del mercado- como causante de este mal que distorsiona los precios relativos. Tal vez no sea necesario repetir que los precios constituyen los únicos indicadores para saber cómo asignar los siempre escasos recursos frente a necesidades ilimitadas. La referida distorsión inexorablemente conduce al despilfarro lo cual, a su turno, consume capital que conduce a la contracción de salarios e ingresos en términos reales puesto que las tasas de capitalización son el único factor que permite mejoras en el nivel de vida.

Ahora bien, en una sociedad libre que permite que la gente elija el activo monetario de su agrado, este contexto no se traduce necesariamente en el mantenimiento de la cantidad de moneda. Si le otorga mayor valor a la unidad monetaria se transmitirá una señal para aumentar su producción. Por ejemplo, esto ocurría durante el patrón oro: otorgarle mayor precio al metal aurífero conducía a una extracción mayor lo cual es un fenómeno endógeno al mercado. Desde luego que esto no es inexorable ya que también la gente puede preferir una cantidad constante de dinero. En cualquier caso, resulta fundamental clarificar la diferencia analítica entre lo exógeno, es decir, lo político, lo ajeno al mercado, respecto de lo endógeno que alude a las preferencias de la gente.

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En este sentido es pertinente mostrar a título de ejemplo que si hay un terremoto devastador naturalmente habrá menor cantidad de bienes a disposición de la gente y con igual cantidad de moneda al momento del sismo los precios subirán que es lo mismo que decir que el poder adquisitivo o el valor de la unidad monetaria disminuyó. Pero este es un fenómeno endógeno, no tiene que ver con manipulaciones políticas o exógenas. Es natural y necesario que este ajuste ocurra para mostrar lo que en verdad está sucediendo. También ocurren modificaciones en los precios relativos cuando algo cambia de moda o cuando los gustos se modifican, son todos hechos endógenos que nada tiene que ver con decisiones políticas extrañas al mercado.

Lo contrario sería entrar en un galimatías de proporciones puesto que la parla seria respecto a una inflación buena o natural (cuando suben los precios debido a causas endógenas) y mala, antinatural o exógena (cuando los políticos se entrometen con la cantidad de dinero). Esta clasificación sería del todo inconveniente e improcedente puesto que los precios y la cantidad de dinero deben reflejar lo que está sucediendo.

Sin duda que si se está en un sistema del patrón plata y se descubren abundante cantidad de yacimientos, la utilidad marginal de ese metal descendería a niveles tales que la gente cambiaría de patrón monetario. Lo mismo podemos decir referente a cualquier otro dinero-mercancía, canasta de moneda fiat o lo que prefiera la gente sin que en ningún caso sean posiciones irrevocables, todo depende de las inclinaciones de la gente.

Todo este razonamiento desde luego supone que hemos dejado de lado la superchería de la llamada “autoridad monetaria” o banca central que como se ha señalado en muchas oportunidades solo tienen tres caminos a su disposición: expandir, contraer o dejar inalterada la base monetaria, con lo cual siempre se alteran los precios relativos, es decir, necesariamente serían distintos de lo que hubieran sido de no haberse entrometido el gobierno. Por otra parte, si se supone que los banqueros centrales hacen lo mismo que la gente hubiera preferido no tiene sentido la intervención con el consiguiente ahorro de honorarios, pero para saber que prefiere la gente el único modo es dejar que se manifieste libremente. Idéntico razonamiento cabe si la autoridad monetaria procede de modo independiente de otros brazos del poder político puesto que se equivocará independientemente. El problema es la banca central.

Como es de público conocimiento, en un ejemplo extremo que tiene sus bemoles, algunos historiadores han señalado “la inflación” producida antaño cuando llegaba a la metrópoli española oro de las colonias pero en rigor esto no es así por lo expresado con anterioridad (dejando de lado posibles manipulaciones de la corona y sus “adelantados” en las colonias). Si no hay manipulación monetaria por la “autoridad” en la materia, técnicamente no hay inflación. Para abundar en ejemplos, si se produce una sequía a gran escala los precios de los productos agropecuarios se elevarán pero por las razones apuntadas no se trata de inflación en el sentido del proceso señalado, a saber, los precios no se modifican debido a lo que tiene lugar en el mercado sino debido al capricho de la política. Claro que en no pocos casos como el señalado solo se elevan los precios de algunos productos lo cual necesariamente hará que disminuyan otros en ausencia de banca central que no convalide esa suba con expansión monetaria. Pero también es posible imaginar subas de todos los bienes disponibles como hemos mostrado más arriba en el caso del terremoto o equivalentes sin entrar en el susodicho galimatías de la “inflación buena, querida por el mercado o consecuencia de lo que sucede en la realidad” y la “mala debida a los entrometimientos de los gobiernos y sus representantes”.

Habiendo dicho esto mencionemos el caso de la guerra, en nuestro caso la invasión criminal de Putin a Ucrania. Como consecuencia de ello hay productos que suben su precio de modo súbito. Esto presenta tres escenarios posibles. Primero, en línea con lo dicho, que la gente quiera seguir consumiendo la misma cantidad de los productos en cuestión con lo que se verán forzados a disminuir el consumo de otros bienes que consecuentemente bajarán de precio. Segundo, que la gente decida reducir su consumo de los bienes que aumentaron sus precios al efecto de poder continuar consumiendo idéntica cantidad de los otros. Y tercero, que simultáneamente el gobierno expanda la moneda con lo cual los precios serán el resultado también de la consiguiente inflación que además de los problemas de la guerra se agrava la situación por este entrometimiento gubernamental en materia monetaria. En otros términos, la guerra como tal no produce inflación, lo que genera es una destrucción de bienes que se traduce en subas de precios, en este sentido igual que un terremoto pero analíticamente es importante diferenciar los fenómenos mencionados.

A diferencia de la adulteración de los precios debido a los tejes y manejes de los gobiernos con la moneda, la modificación de precios por un accidente climático o de otra naturaleza en la realidad son imprescindibles para mostrar lo que en realidad viene sucediendo.

En otros términos, un terremoto o para el caso un tsunami no son inflacionarios puesto que los precios están reflejando lo que sucede lo cual es absolutamente necesario, sin embargo la manipulación monetaria por medio de la banca central y similares no reflejan lo que sucede sino la voluntad de los burócratas, he aquí la desfiguración de la realidad. Hay una diferencia crucial de naturaleza.

También debe tenerse en cuenta que cambios en la demanda de dinero debido a razones endógenas no se traducen en deterioros monetarios, solo esto ocurre cuando esos cambios obedecen a intervenciones del signo dinerario ajenos al mercado, es decir, debidas a razones políticas. Tal vez convenga mencionar como una nota al margen que las criptomonedas presentan algunos interrogantes pues se dan de bruces con el teorema de la regresión monetaria.

La otra guerra en la que no vale la pena detenerse nuevamente pues se ha señalado su sandez ad nauseam, es la decretada por gobiernos contra sus propias políticas de expansión monetaria vía controles de precios y demás absurdos mayúsculos, una y otra vez fracasadas. Estas son las dos guerras distintas a que nos referimos en el título de esta nota telegráfica.

También apunto que dado el debate que se ha suscitado en torno a una eventual reforma monetaria y bancaria argentina, destaco los colegas de los que he aprendido distintas facetas del asunto, quienes han presentado distintas variantes, pero debo subrayar que lo que sigue no significa para nada comprometer sus opiniones (y tampoco lo dicho más arriba, todo es de mi exclusiva responsabilidad). Además, nuevamente apunto que son muy diversos los caminos para llegar a metas de disciplina monetaria. Estos economistas son Adrián Ravier, Federico Struzgenegger, Javier Milei, Emilio Ocampo, Jorge Ávila, Iván Carrino, Martín Krause, Julio Elías, Agustín Etchebarne, Bertie Benegas Lynch y Alfredo Romano. Mi sugerencia se resume en la siguiente cápsula en seis pasos: 1. entrega de dólares a los tenedores de pesos (base monetaria) que incluye la venta de oro lo cual resultará en la ratio que corresponda a esta relación, la cual podrá modificarse por ejemplo por la entrada de dólares en circulación de poseedores fuera del circuito o en el exterior 2. Sustituir títulos y pases por bonos con jurisdicción estadounidense en dólares a la tasa de mercado 3. Convertir todo el sistema bancario al off shore (Luxemburgo, Singapur etc) al efecto que las instituciones financieras operen de acuerdo a la conveniencia de sus clientes 4. Abrogar toda la legislación que se oponga a lo dicho (ley penal cambiaria et al) 5. Consecuente liquidación de la banca central y el curso forzoso; y 6. Elección por parte del gobierno de la moneda en la cual se pagarán impuestos y equivalentes.

A mi juicio si la situación política imposibilitara avanzar con la propuesta hayekiana aquí esbozada sumariamente que abre a un proceso de evolución hacia la solidez monetaria y bancaria, debería por lo menos eliminarse el curso forzoso del peso y concomitantes para permitir la competencia de monedas de facto aun con las debilidades y riesgos institucionales de volver a las andadas, en una primera instancia de una suerte de bimonetarismo con una mayor probabilidad de dolarización dadas las disponibilidades y familiaridad con esa divisa sujeta a las manipulaciones de la Reserva Federal, lo cual sin duda mejoraría la situación local en cuanto al grado del problema más no en su naturaleza. A ver si por un camino u otro podemos zafar de lo que los economistas denominamos elegantemente “inflación” pero que se trata del saqueo solapado más brutal.

Reitero lo consignado por el antes referido premio Nobel en economía Friedrich Hayek en cuanto a que hemos demorado doscientos años en percatarnos del error y el horror de atar el poder político a la religión, no tardemos otro tanto en darnos cuenta del error y horror de atar el poder político a la moneda.

Cierro esta nota con un par de reflexiones que exceden el flanco monetario para abordar telegráficamente aspectos más generales. En primer lugar es pertinente enfatizar que nada en la vida es gratis, toda acción tiene un costo por lo que una cosa es señalar que la adopción de medidas de fondo tendrán un costo y otra bien distinta es la necesidad de subrayar que ese costo será muchísimo menor al costo de no adoptar las políticas convenientes para salir del marasmo. En segundo término, es una verdad de Perogrullo insistir en lo que he repetido antes y es que el lenguaje en el plano académico es muy distinto del político. En el primero se apunta a lo mejor -a la excelencia- mientras que en el segundo se hace lo que resulta posible luego de acordar con las contrapartes, en eso consiste una de las aristas clave del proceso democrático pero es de gran relevancia comprender que el primer campo determina el segundo en cuanto a los corrimientos en el eje de los debates en la opinión pública, de ahí la trascendencia de la batalla cultural.

Publicado originalmente en Infobae, 21 de mayo de 2022.