Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

La sociedad libre y el tema central de la salud – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Uno de los temas que podemos denominar de frontera en los debates liberales es la salud. Para ello proponemos medidas de fondo que naturalmente deben considerarse pausadamente y, desde luego, no en momentos de una pandemia como la que ahora acecha por todos lados. que obliga a otras prioridades y medidas drásticas por parte de gobiernos al efecto de preservar derechos, en este caso nada menos que a la vida, lo cual, como también hemos puntualizado en una columna anterior sobre el tema, no autoriza al Gobierno a esa estafa monumental denominada “inflación” ni que se entrometa con el sistema de precios y equivalentes, ya que de ese modo agravará notablemente el problema creando escaseces y desajustes en los productos necesarios para atender y prevenir enfermedades.

De más está decir que las medidas drásticas aludidas deben sopesar el costo-beneficio de cada una de ellas. Como concluye el premio Nobel en economía James Buchanan, “no hay acción sin costo”, y estos deben ser siempre evaluados para contrastarlos con las respectivas ventajas puesto que sin pan también hay muertes y, por otro lado, en un extremo brutal, si todos nos morimos por coronavirus no hay economía que valga. Entonces, no se trata de elegir en toda ocasión entre la salud y la economía, sino de un balance equilibrado en el contexto de la eliminación de funciones gubernamentales inútiles para dar respiro a la gente (no podar que, como hemos dicho, igual que con la jardinería crece con mayor vigor).

En esta situación global debe estarse muy prevenido de no convertir un monitoreo provisorio de los ciudadanos en una pesadilla orwelliana, pues como ha advertido Ronald Reagan “nada hay más permanente que una medida transitoria de gobierno”. Nuestras deliberaciones entonces apuntan a preparar el terreno para el futuro, por lo que nos adelantamos en el tiempo para cuando pase esta situación de extrema peligrosidad que, como queda dicho, siempre y en cualquier caso demandará acciones también extremas para evitar la aceleración de contagios, sin desmerecer para nada la economía cuyo descuido puede transformarse en una bomba de tiempo social.

Tenía esta nota periodística “en la gatera” sin darla por el momento ya que, como digo, apunta a considerar estos temas para eventualmente ejecutarlos más adelante cuando se calmen las aguas del muy desafortunado suceso que a todos nos envuelve y compromete, pero decido entregarla a los editores ahora con el preámbulo con que abrí este texto debido a sugerencias de algunos alumnos al efecto de debatir con suficiente tiempo este asunto crucial para mirarlo y escrutarlo con la debida tranquilidad desde diversos ángulos y perspectivas.

Antes de pensar en el mantenimiento de la salud, para existir hay que estar alimentado. Pero a nadie en su sano juicio se le ocurriría dejar la alimentación en manos de los aparatos estatales, pues si se politizara algo tan delicado inmediatamente se caería en lo que en ciencias políticas se conoce como “la tragedia de los comunes”, es decir, lo que es de todos no es de nadie y los incentivos son así completamente distintos por lo que las hambrunas serían seguras, además de las ineficiencias colosales que caracterizan a los emprendimientos estatales fuera de su órbita específica de la protección de derechos vía la Justicia y la correspondiente seguridad.

A pesar de lo dicho, el tema de la salud en jurisdicción estatal en nuestra época se mantiene como una vaca sagrada. Uno de los aspectos clave para el pensamiento riguroso es la capacidad de cuestionar el statu quo en el contexto de criterios independientes y del denominado “pensamiento lateral” que invita a mirar las cosas desde perspectivas diferentes a las habituales y rutinarias. No se trata de levantar la voz ni de exasperarse frente a ideas novedosas, sino de argumentar civilizadamente puesto que, como ha escrito John Stuart Mill, “toda buena idea si es nueva generalmente pasa por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción”. No hay que dejar que las telarañas mentales obstaculicen el razonamiento y el análisis detenido.

No es necesario detenerse a detallar ejemplos diarios de reiterados sucesos en órbitas estatales en cuanto a las colas, los aplazos, las demoras, los turnos extenuantes, los faltantes de insumos básicos y camas disponibles para no decir nada de las huelgas, tropiezos sindicales y las permanentes demandas por recursos debido a los déficit crónicos, a pesar de los denodados esfuerzos y dedicación ejemplar de muchísimas médicas y médicos, enfermeras y enfermeros y personal auxiliar en los centros de salud estatales. No se trata de buena voluntad, sino de un sistema que es indispensable revisar.

Es de gran interés adentrarse en los múltiples ejemplos de servicios de salud de gran excelencia antes del avance gubernamental, entre los que se cuenta el decimonónico caso argentino con los preponderantes y notables sistemas de mutuales, socorros mutuos, cofradías y servicios hospitalarios de comunidades como la italiana, la alemana, la española y la británica.

Entre muchos otros trabajos de orden más general y abarcativo, en el ensayo de John Chamberlin titulado muy precisamente “La enfermedad de la medicina socializada” este autor no solo pasa cuidadosa revista de los graves problemas de la salud en manos estatales y los costos astronómicos con que debe cargar la comunidad y la mala calidad de los servicios en comparación con la atención privada, sino que comenta varios de los libros que suscriben su tesis escritos por profesionales de gran relevancia.

Esto opera a contramano de lo que sucede en cuanto a la muy eficiente atención por los seguros privados de salud y como se ha apuntado en los centros asistenciales también privados, sean institutos para controles médicos, sanatorios o asociaciones sanitarias varias. Esto de ninguna manera significa que en los entes privados de salud hay mejor calidad de profesionales que en los estatales, se trata de incentivos diametralmente opuestos que producen resultados también diferentes.

Lamentablemente en estas lides se ha desfigurado y degradado la noción de solidaridad y caridad puesto que de modo inaudito se la asimila al uso de la fuerza cuando en verdad remite al uso de lo propio de modo voluntario.

Por otra parte, se ha objetado el servicio privado alegando la “asimetría de la información”, es decir, se sigue diciendo que no es posible que la gente tenga que ponerse en manos de servicios privados de medicina puesto que se encuentran desguarnecidos e indefensos ya que no saben si lo que recomiendan y dicen los facultativos es cierto por lo que necesitan que agentes gubernamentales los protejan en sus intereses. Esto está mal planteado por donde se lo mire. En primer lugar, en toda transacción hay asimetría en las informaciones pues por eso se lleva a cabo el intercambio ya sea cuando vamos a mecánico con nuestro automóvil, cuando instalamos un sistema de calefacción, cuando adquirimos un celular, cuando compramos accionas en la bolsa o cuando nos cepillamos los dientes. En segundo lugar, lo menos que se requiere es que se politicen las transacciones legítimas donde se agrega la voracidad fiscal junto a posibles corrupciones y además esto no cambia aquello de la asimetría de la información. La competencia entre médicos, mutuales y centros de salud privados hace de auditorias cruzadas.

Es de gran interés estudiar los trabajos actualizados sobre los calamitosos resultados de la medicina socializada en muy diversos países, por ejemplo en los muy documentados ensayos de Thomas DiLorenzo, de Avic Roy y de Hans Sennholz, el primero en The Future of Freedom Foundation titulado “How Socialized Medicine Kills the Patient and Robs the Taxpayers” (octubre 21, 2019), el segundo en The National Review titulado “Socialist Medicine is Bad for Your Health” (mayo 16, 2019) y el tercero, anterior, en The Freeman titulado “Freedom is Indivisible” (vol. 27, No.12, diciembre de 1977) . También es del caso recordar que los países nórdicos han debido reemplazar en gran medida sus sistemas socialistas de medicina donde se anunciaban servicios “gratuitos” pero, por ejemplo, cuando le tocaba el turno a una persona con grave deficiencia en la visión ya estaba ciega, por lo que los que podían viajaban a otros países para atenderse, tal como ha expuesto Eric Brodin y como se ha explayado en su texto titulado “Sweden´s Welfare State: A Paradise Lost” publicado en el portal de The Foundation for Economic Education, diciembre 1 de 1980 (además de las hipocresías como las del principal ejecutor de las ideas de Gunnar y Alva Myrdal respecto a la medicina socializada en Suecia, Olaf Palme, que se hacía atender en sanatorios privados, también es el caso de subrayar que los presidentes argentinos populistas siempre se han atendido en sanatorios privados de primerísimo nivel).

Frente a los sistemas imperantes es de gran importancia, por una parte, dejar sin efecto todo aporte compulsivo a sindicatos y equivalentes para mantener las así denominadas “obras sociales” como si las personas fueran incapaces de elegir las prestaciones que más les convienen. Lo consignado respecto al sindicalismo sea de representación o de aportes coactivos debe distinguirse claramente de los sindicatos como asociaciones libres y voluntarias que ejemplificamos a través de innumerables entidades en un libro en coautoría al que me refiero más abajo (en el caso argentino antes de imponer el sistema fascista copiado de la Carta de Lavoro de asociaciones profesionales y convenios colectivos). También detallamos el establecimiento de asociaciones no sindicales que se conformaron con personas de toda condición social que apuntaban a asegurar su salud por medio de aportes regulares libre y voluntariamente escogidos, instituciones que se multiplicaron a un ritmo notable de crecimiento.

Ahora vamos a la medida más de fondo: resulta crucial la venta de todos los hospitales estatales sean nacionales, provinciales o municipales eventualmente al propio equipo médico de la institución con el apoyo administrativo del caso y con todas las facilidades excepcionalísimas que requiera la situación y simultáneamente en una primera instancia y como medida de transición establecer el sistema de vouchers para que las personas que no cuenten con los ingresos suficientes puedan atenderse en el sanatorio o centro de salud privados de su preferencia. Esta medida significa que los que se ven obligados a financiar con sus impuestos al contraer inversiones hacen que los salarios de los marginales se contraigan, pero este fenómeno será de una magnitud mucho menor que los desembolsos tributarios que debe hacerse en el sistema actual. Además, la situación económica mejorará debido a lo que dejamos dicho, a lo cual es de desear se acoplen otras de igual envergadura y dirección que al mejorar más aun la situación económica y social permitirá ir disminuyendo los antes referidos vouchers y, por tanto, se irán atenuando los mencionados efectos adversos de esta política de transición. Incluso resultan sumamente ilustrativos y ejemplificadores la solidaridad en comunidades indias muy primitivas en cuanto a ayudas voluntarias recíprocas tal como las describe en detalle Charles A. Estman en Indian Boyhood. También y en otro orden de cosas es sobresaliente la proverbial generosidad de muchísimas médicas y médicos que intercalan atenciones sin cargo para personas de bajos ingresos desde tiempo inmemorial y en todas las latitudes.

La antedicha propuesta sobre la venta de hospitales estatales con el agregado que ahora he introducido respecto a los eventuales destinatarios de esas ventas, ya la había formulado hace más de treinta años en Proyectos para una sociedad abierta publicado en dos tomos con Martín Krause junto a la muy eficaz colaboración de Gustavo Lázzari, la cual aparece en el sexto capítulo del referido libro. En este trabajo también detallamos las suculentas reflexiones de Emilo Coni en su obra Higiene, asistencia y previsión. Buenos Aires caritativo y previsor, publicada en 1918. Allí Coni, después de referirse extensamente a todos los beneficios para la población de los sistemas privados de salud, concluye: “La República Argentina, por el hecho de haber desarrollado y arraigado profundamente en sus habitantes el espíritu y la conciencia mutualista puede ser considerada en éste como en tantos otros aspectos, una nación grande y moderna […] Pueden clasificarse las sociedades de socorros mutuos como sociedades de seguro contra enfermedades”. Y más adelante señala que también constituían cajas de ahorros para casos de accidentes, viudez y orfandad.

Como se ha hecho notar, estos sistemas privados convirtieron a los servicios de salud argentinos en uno de los más avanzados del orbe al cumplirse el centenario de la independencia, lo cual comenzó a revertirse con la creciente participación del gobierno a partir de mediados de la década del cuarenta, sistema que ha ido en declive. Esta declinación se ha mantenido inalterada hasta nuestros días. En todos lados ocurre lo mismo puesto a idénticas causas idénticos efectos. Por ejemplo, Milton Friedman, otro premio Nobel en economía, escribe refiriéndose a la degradación de la salud en Estados Unidos, otrora un baluarte de la extendida atención privada: “No hay duda de que la medicina en todos sus aspectos ha quedado sujeta cada vez más a una compleja estructura burocrática […] Las estructuras burocráticas producen alto costo, baja calidad y distribución inequitativa […] la medicina no es un caso distinto”.

Finalmente, una voz de alarma en nuestro caso: por más que por el momento ha quedado sin efecto la iniciativa, si en alguna circunstancia se confirmara aquello que se ha filtrado como posible en cuanto a que se firmaría un decreto por el que se declararía “de interés público todos los recursos sanitarios de la Argentina” -en exacta oposición a lo que presentamos en esta columna- se asentaría una puñalada final a la supervivencia en este país al autorizar a los aparatos estatales inmiscuirse en estos territorios privados, ya que se provocaría una catástrofe en cadena de proporciones nunca vistas al derrumbarse la sólida estructura sanitaria que queda en pie.

Publicado originalmente en Infobae, 4 de abril de 2020.

El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Prólogo del Dr. Alberto Benegas Lynch (h) al libro El Rostro Humano del Capitalismo Global

*Este libro, y también el prólogo que se comparte abajo, fue publicado en 2018 por Unión Editorial.

Se cuenta que en un desfile militar con gran despliegue de tanques, misiles y otros instrumentos de destrucción, uno de los espectadores inquirió que significaba la incorporación a la marcha de un grupo de hombres en traje gris, a lo que le respondieron “son economistas, no sabe el daño de que son capaces”.

Como ha dicho Hayek en oportunidad de recibir el premio Nobel de economía “Tenemos en verdad pocas razones para estar satisfechos: como profesión, hemos embrollado las cosas”. Es desafortunado que hasta el momento la enorme mayoría de nuestros colegas se han plegado a tradiciones de pensamiento que distan mucho de recoger las contribuciones científicas de mayor profundidad, lo cual, de hecho, se encamina al estrangulamiento de las libertades individuales y, consecuentemente, a una mayor pobreza moral y material.

Adrián Ravier se destaca nítidamente por su rigor académico y su adhesión a los grandes maestros de la economía con una pluma  muy bien lograda, una prosa pausada y masticada con detenimiento, sin recurrir a adjetivos calificativos innecesarios pero con argumentos contundentes. Un estudioso siempre atento a nuevos aportes al efecto de filtrarlos y digerirlos con atención puesto que el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad abierto a posibles refutaciones (para recurrir a la enseñanza medular popperiana).

Hemos participado juntos en seminarios y otras actividades académicas y todos los que escucharon sus palabras pudieron apreciar sus dotes de un orador medido y cuidadoso en busca de la excelencia, cualidades que no quitan su severidad en los juicios y conclusiones que estima responden a lo que entiende son proposiciones verdaderas hasta que no se pruebe lo contrario. La frondosa bibliografía de la que dispone hace de invalorable apoyo logístico a sus audiencias, compartan o no lo que se está manifestando.

En lo personal, debo subrayar su don de gentes y su calidad humana, en todos los casos dispuesto a escuchar y a practicar la gimnasia de ponerse en la posición del interlocutor. A pesar de sus notables conocimientos adquiridos con perseverancia y trabajo intelectual metódico es, como los grandes, modesto y detesta la arrogancia y la soberbia.

También como ha consignado Hayek, el economista que solo se queda en la economía será un estorbo cuando no un peligro público. Ludwig von Mises también destacaba la necesidad de que el economista complete su formación con estudios sobre el derecho, la historia y la epistemología. Es eso precisamente lo que ha llevado a cabo Ravier y una prueba de ello son sus formidables ensayos que a continuación se exponen en el libro que ahora tengo la satisfacción de prologar.

Como es sabido, prólogo proviene del prefijo griego pro (antes) y de logos que en esa lengua significa discurso, esto es, antes del discurso pero no es cuestión de adelantar lo que se dirá en el discurso propiamente dicho puesto que se desnaturalizaría el prólogo. En cambio, me referiré brevemente a algunas observaciones complementarias que pueden resultar de interés.

Tres son los ensayos que componen esta obra: un estudio sobre el libro más difundido de Eduardo Galeano, reflexiones sobre la historia constitucional desde Hobbes a Buchanan y consideraciones varias sobre la pobreza y la desigualdad de resultados.

En relación al primer ensayo, me adelanto a declarar mi admiración por la forma en que escribía Galeano. Como he consignado en otra oportunidad, su manejo de la lengua es magistral, es como si estuviera redactando una poesía permanentemente con una cadencia que conmueve al lector más desprevenido. Ahora bien, su incomprensión de lo que significa una sociedad abierta es manifiesta y superlativa como también he puesto de manifiesto en otro de mis escritos.

Me detengo en un punto que se describe en el epígrafe con que abre su trabajo Ravier y es lo que podría bautizar como “el síndrome Tolstói” y es el pensar que el sistema de la propiedad privada puede asimilarse a los bienes poseídos por la nobleza como consecuencia de privilegios de todo tipo. Si uno lee los ensayos de Tolstói después de publicadas sus novelas más conocidas, uno se percata que era un gran liberal ya que constantemente demuestra su aversión por el poder político y su comprensión del valor de las autonomías individuales, pero henos aquí que era comunista puesto que, como queda dicho, creía que la propiedad procedía del privilegio y no de la capacidad de cada cual para servir a su prójimo. En todo caso, podemos asimilar la idea de Tolstói a los empresarios prebendarios que con su alianza con el poder de turno explotan a la gente a través de precios más elevados, calidad inferior o las dos cosas al unísono. (Al margen decimos que Dostoievski -nacido siete años después que Tolstói- tenía una comprensión bastante acabada de la economía lo cual se conjetura fue como consecuencia de su lectura de dos rusos becados por Catalina la Grande a la cátedra de Adam Smith en Glasgow en 1761 cuando el escocés había completado su primera obra y estaba trabajando en la segunda).

Ravier cita el ejemplo sugerido por Leonard Read en cuanto al problema del conocimiento que está fraccionado y disperso entre millones de personas que al actuar en su interés personal generan resultados más allá de sus capacidades (a veces conocimiento tácito como diría Michael Polanyi, es decir, habilidades que no pueden articularse por el propio conocedor de la faena en cuestión). Y este proceso se coordina a través del sistema de precios que cuando es adulterado por intervenciones gubernamentales, se producen faltantes y desajustes de diversa naturaleza que, como sabemos, si se decide abolir la propiedad privada, el sistema colapsa puesto que no hay contabilidad ni posibilidad de evaluación de proyectos.

También Ravier se detiene en este meduloso escudriñar en la obra más difundida de Galeano en el modelo de competencia perfecta en el que uno de los supuestos consiste en el conocimiento perfecto de los factores relevantes, con lo que, como se ha puesto de manifiesto en repetidas ocasiones, desaparece la figura del empresario, desaparece la misma competencia, el arbitraje y la existencia del dinero puesto que en este supuesto no habría imprevistos con lo cual toda la estructura económica se derrumbaría.

Hacia el final de sus días, Galeano manifestó que no estaba conforme con lo escrito en Las venas abiertas de América Latina a lo que agregó varias observaciones personales como que en vista de ello se “cayó del mundo” y no sabe “por qué puerta entrarle”. A raíz de ello volví a escribir sobre ese autor en una de mis columnas semanales hace un par de años, esta vez en mi “Carta abierta a Eduardo Galeano” en base a lo cual amigos comunes se comunicaron con él para sugerir un debate conmigo en Montevideo, invitación a la que respondió que prefería dejarlo para más adelante puesto que no estaba bien de salud. Pensamos que se trataba de un amable pretexto… pero al poco tiempo, murió.

El segundo ensayo de este libro para el que hago este introito telegráfico, alude principal aunque no exclusivamente al delicado asunto de la democracia o, mejor dicho, al desbarranque de lo que los Giovanni Sartori de nuestra época han entendido por democracia para en gran medida convertirla en mera cleptocracia, es decir, gobiernos de ladrones de libertades, propiedades y sueños de vida.

Actualmente hay varios trabajos en los que al percatarse los autores del antedicho problema, han propuesto medidas concretas para limitar a ambas Cámaras en el Legislativo, medidas para facilitar al máximo los procesos de arbitraje privado en el contexto de la justicia, y la lectura de un pasaje de la obra más conocida de Montesquieu aplicada al Ejecutivo apunta que “El sufragio por sorteo está en la índole de la democracia” lo cual incentivaría a la gente a ocuparse de resguardar sus vidas y haciendas que es precisamente lo que se necesita para fortalecer las instituciones y no estar pendiente de nombres propios que son del todo irrelevantes para preservar sus libertades.

También han surgido propuestas para limitar el gasto público, prohibir el déficit presupuestario y el endeudamiento estatal refutando las ideas de supuestas ventajas intergeneracionales en el contexto de aquella contradicción en términos denominada “inversión pública”, la eliminación de la banca central, la implantación de un genuino federalismo fiscal y eliminar los impuestos directos al efecto de beneficiar especialmente a los más pobres, dado que sus salarios dependen exclusivamente de las tasas de capitalización, tal como lo sugería Juan Bautista Alberdi entre los argentinos y los Padres Fundadores en Estados Unidos. Por último, en su momento he propuesto acoplar a lo dicho la reconsideración de la idea del Triunvirato discutido en base a muy fértiles argumentaciones en la Asamblea Constituyente estadounidense para evitar caudillismos y otras conductas que se parecen más a una monarquía.

Puede discreparse con las políticas aquí mencionadas, pero lo que no puede es quedarse con los brazos cruzados esperando un milagro cuando a ojos vista en todos lados el Leviatán está carcomiendo los derechos de las personas que obstaculiza la realización de sus proyectos de vida que no lesionan iguales derechos de otros en una precipitada barranca abajo y, paradójicamente, “en nombre de la democracia”.

El denominado “constitucionalismo popular” se ha transformado en un listado de pseudo derechos a contracorriente de la tradición que comenzó a esbozarse con los Fueros de León de 1188 y con la Carta Magna de 1215, cuyos objetos estribaban en el establecimiento de vallas al poder.

Por último, en este segundo ensayo, el autor considera la trascendencia de la libertad de prensa. Como es sabido, constituye un aspecto central no solo para denunciar abusos de poder sino que la plena libertad para expresar el pensamiento resulta básica para insertarse en el proceso evolutivo del conocimiento. A esto debiéramos agregar la necesidad de asignar derechos de propiedad al espectro electromagnético para evitar la peligrosa figura de las “concesiones”, al tiempo que debieran liquidarse todas las “agencias oficiales de noticias” para despolitizar ese campo tan sensible.

El tercer ensayo de Ravier, también aleccionador igual que los anteriores, apunta a varios temas pero estimo el que sobresale con mayor fuerza es la manía de la guillotina horizontal. En esta línea debe señalarse que en una sociedad abierta cada persona al votar en el supermercado y afines pone de manifiesto sus preferencias y, de ese modo, va estableciendo desigualdades que al ser dirigidas a quienes mejor atienden esas demandas se maximiza la antes referida capitalización. Por supuesto que estas no son posiciones patrimoniales irrevocables, se modifican según sean los cambiantes deseos de la gente. Las ganancias indican que se dio en la tecla y los quebrantos muestran el yerro. El delta de las desigualdades solo significa que esas son las diferencias de ingresos y patrimonios que las personas al momento han votado en el plebiscito diario del mercado.

Las ensoñaciones de la redistribución de ingresos no hacen más que volver a distribuir por la fuerza lo que libre y voluntariamente distribuyó el mercado con el consiguiente derroche de capital. Anthony de Jasay pone de manifiesto que la metáfora del deporte en cuando al correlato de los ingresos con una carrera de cien metros llanos es autodestructiva, puesto que a poco andar se percibe que el que llegó primero e hizo el esfuerzo adecuado verá su éxito diluirse puesto que “en la próxima largada en la carrera de la vida”, para ser consistente con esta postura igualitaria, habrá que aplicar nuevamente la guillotina horizontal en otra redistribución.

El autor desmenuza las elucubraciones de autores como Piketty quien, como se ha marcado varias veces, incurre en gruesos errores estadísticos y conceptuales al tiempo que se subrayan equívocos de envergadura al tomar la riqueza como algo estático y sujeto a la suma cero. La envidia es sin duda un factor que está presente en los embates a favor del igualitarismo, en ese sentido cierro estas líneas con un cuento que reitera Thomas Sowell. Se dice que en un pueblo había dos campesinos extremadamente pobres: Iván y Boris. Lo único que los diferenciaba era que Boris tenía una cabra. En un momento dado, Iván se topa con una lámpara de Aladino que al frotarla aparece el sujeto que le dice a Iván que puede elegir que se realice cualquier deseo en cualquier sentido. Después de alguna cavilación, Iván declara su deseo y dice: “que se muera la cabra de Boris”.

                                                          Alberto Benegas Lynch (h)

                                      Presidente de la Sección Ciencias Económicas

                                                     Academia Nacional de Ciencias

                                                           Buenos Aires, Argentina

LIQUIDEZ GLOBAL PARA COMBATIR LA CONTRACCIÓN SECUNDARIA DE DINERO

El debate de política monetaria que se observó en los años 1930 y 2008, emerge nuevamente en el marco de la crisis del coronavirus.

En su famoso estudio sobre la Historia Monetaria de los Estados Unidos, Milton Friedman y Anna Schwartz sostuvieron que la Gran Depresión de los años 1930 obedecía a errores de la Reserva Federal. El problema no fue la expansión monetaria y crediticia de los años veinte, decían, sino más bien la contracción secundaria de la oferta monetaria producida entre 1929 y 1933, lo que provocó una gran deflación de precios que destruyó una gran parte del sistema bancario (de los 25.000 bancos que operaban en 1929, sólo quedaron 12.000 en 1933).

¿Qué queremos decir con “contracción secundaria”? Como explicara Roger W. Garrison “una espiral descendente de la actividad económica que se realimenta y que provoca que la recesión sea más profunda y/o que dure más de lo que era necesario por la necesitada liquidación de las malas inversiones”.

Ahora mismo podemos ver una situación similar. En primer lugar, tal como ocurrió entre 1924-28, y también entre 2001-05 la Reserva Federal mantuvo entre 2008-16 una política monetaria demasiado laxa por demasiado tiempo (con tasas de interés reales negativas), con el objetivo de sacar a la economía americana de las recesiones previas de 1921 y 2008; en segundo lugar, en ambos casos esta expansión crediticia alimentó una burbuja bursátil que tarde o temprano tendría que ser corregida; en tercer lugar, el pánico de 1929 y 2008 se asemeja al que observamos hoy en 2020, aunque aquí el factor desencadenante es otro.

El pánico actual se desata por un profundo temor de la sociedad global por los efectos del coronavirus, los que han provocado cuarentenas obligatorias en casi todos los países del mundo, limitando la circulación de la gente, reduciendo con ello el consumo, provocando un fuerte atesoramiento que significa una mayor demanda de dinero y, en definitiva, una fuerte caída en la velocidad de circulación del dinero.

En su estudio sobre la crisis del treinta, Friedman y Schwartz recomendaban que ante una situación semejante la Reserva Federal debía evitar la crisis consecuente reinflando la oferta monetaria.

Muchos dirán que esta es una política keynesiana, por el rol activo que el gobierno y la Reserva Federal asumen ante la crisis. Sin embargo, hemos de notar que expandir la base monetaria cuando la oferta monetaria se contrae es una operación con cierto consenso en la academia.

¿Incluye este consenso a los liberales austríacos? En cierto sentido, sí. Y es que Friedrich Hayek, en su famoso libro Precios y Producción (1931) afirma que la Reserva Federal debe expandir la base monetaria para evitar esta “contracción secundaria”. En términos de la ecuación cuantitativa (MV=PY), Hayek propone mantener MV constante. Ya metidos en problemas (por el exceso de liquidez inyectado entre 2008 y 2016 que generó una burbuja bursátil), Hayek proponía (como ideal) que la Reserva Federal permita la necesaria liquidación de mercado mientras la autoridad monetaria evita la contracción secundaria (el pánico) mediante el mantenimiento de un flujo constante de gasto.

Vale la pena aclarar que el aumento de la oferta monetaria (M) que proponía Hayek no sería de la magnitud, ni de la calidad, de la que Bernanke ofreció tras la crisis de 2008. Por un lado, en esa etapa se observó que la Fed duplicaba y triplicaba la base monetaria, en un monto que está bastante por encima de lo que el mercado habría necesitado para evitar la “contracción secundaria”. Por otro lado, en lugar de los rescates arbitrarios y discrecionales, Hayek habría preferido una expansión de la oferta monetaria a través de operaciones de mercado abierto, esto es, comprando bonos y sin favorecer el “riesgo moral”. De este modo, algunas de las grandes empresas que fueron rescatadas habrían caído y otras habrían sido fusionadas o reestructuradas, dando lugar al ajuste de mercado.

En los próximos meses podremos ver si aprendimos la lección. Si bien la profesión de economistas (incluyendo keynesianos, monetaristas y austriacos) justifica una inyección de liquidez global para hacer frente a la contracción secundaria que provocará el coronavirus, la calidad de la intervención debería ser diferente, dejando que se corrija la burbuja bursátil creada y evitando el riesgo moral con un rescate selectivo de empresas que generalmente son demasiado grandes para caer.

El autor es Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

Publicada originalmente en El Cronista, miércoles 1 de abril de 2020.

El virus estatista – por Alberto Benegas Lynch (h)

Como es del público conocimiento, en el mundo estamos en una situación desafortunada como consecuencia del esparcimiento de coronavirus. Hacen muy bien los gobiernos en adoptar todas las medidas necesarias al efecto de cumplir con sus misiones específicas de proteger vidas. Pero observamos que los hay que no solo se exceden en las antedichas funciones sino que agravan grandemente la situación, por ejemplo, al imponer controles de precios a productos como el alcohol en gel, barbijos e incluso a medicamentos y alimentos.

El cornavirus ha influido en el derrumbe de las economías pues si la gente no puede desempeñar bien sus faenas laborales debido a precauciones y cuarentenas, naturalmente las producciones se resienten. Es una tautología. Pero el problema de fondo en las economías globales no es el coronavirus sino el endeudamiento colosal de los gobiernos que pretenden vivir al día de mañana engrosando sus gastos financiados con deudas astronómicas, impuestos insoportables y manipulaciones monetarias siempre perjudiciales para financiar aparatos estatales elefantiásicos.

Es realmente increíble que aun no se hayan comprendido lecciones elementales de economía. A igualdad de cantidades ofrecidas, cuanto más se necesita un producto mayor será el precio lo cual es indispensable a los efectos de atraer la atención de quienes pueden incrementar la oferta.

Para recurrir a una ilustración extrema, en un terremoto que destruye muchas viviendas los precios de las casas y departamentos se elevarán para hacer iguales oferta y demanda. Si algún político trasnochado decide congelar los precios a la situación pre-terremoto inexorablemente provocará escasez pues, dada la nueva situación, la demanda excederá a lo que queda en pie. Esto con el agravante que no se trasmite la necesaria señal de lo que está ocurriendo en el mercado inmobiliario y no aumentará el atractivo de invertir en ese sector. Esto intensifica la crisis en el mercado de viviendas.

Es interesante ejemplificar lo dicho con los sucesos hace un tiempo ocurridos en Nicaragua. En su momento, sufrió un terremoto devastador. El gobierno decidió liberar los precios para las viviendas de lujo y dejarlos fijos para las de condición humilde “para proteger a los pobres”. El resultado fue que se normalizó la situación para las viviendas que apuntan a un mayor poder adquisitivo puesto que al subir los precios se incrementó la oferta, mientras que en el segundo caso se condenó a perpetuar la crisis para los más pobres puesto que la antes mencionada escasez se mantuvo inalterada.

Es que al instante del terremoto, se liberen o no los precios la cantidad de viviendas en pie será inexorablemente menor a la demanda. Pero la diferencia sustancial entre una y otra política respecto a la libertad de mercado es, como queda dicho, que en el caso del congelamiento se mantiene la situación mientras que en el caso de permitir que los precios jueguen el rol de equilibrar el mercado se atraen inversiones al sector lo cual normaliza la situación.

Esto se repite con los medicamentos: cuando hay una crisis en la salud de la población los distraídos sostienen que los laboratorios farmacéuticos se aprovechan de la situación sin percatarse que más que nunca se hace necesario que los precios se eleven, de lo contrario se condena a la gente a sufrir las consecuencias de la enfermedad. Mismo fenómeno ocurre con los alimentos. No se trata de los deseos de uno o de otro, se trata de un proceso que precisamente apunta a resolver problemas.

Cualquier bien al que se imponga un precio inferior al de mercado hace que oferta y demanda se desequilibren y aparece la escasez del producto en cuestión. Para recurrir al lenguaje común, por supuesto que el verdulero “se aprovecha” del deseo de sus clientes de alimentarse, o el que vende bicicletas “se aprovecha” del deseo de pedalear de sus compradores y así con todo. En un mercado libre, los comerciantes están obligados a atender las necesidades de su prójimo para poder prosperar y los precios no son el resultado del capricho de nadie sino de la situación imperante que hacen de indicador de lo que está sucediendo, no lo que a algún político le gustaría que suceda.

En resumen, los precios son señales indispensables para la marcha de la economía, pero cuanto más delicada sea la situación mayor es la necesidad que operen en libertad. El virus del estatismo empeora cualquier otro virus propiamente dicho pues condena a que se dificulte aun más el combate a la enfermedad al arruinar los procesos económicos. Estos procesos se agravan exponencialmente si se persiste en los anuncios disparatados de “estímulos monetarios” lo cual significa expansión de la base por parte de la llamada autoridad monetaria que en un contexto de retracción por la antedicha menor actividad hará que los estragos inflacionarios resulten más contundentes.

Entonces, una cosa es el cumplimiento de las funciones gubernamentales y otra bien distinta es la enfermedad letal del virus estatista .Recordemos una de las sabias lecciones de Mafalda: “lo único que no tiene garantía cuando se rompe, es la confianza”.

Publicado en el diario El País de Uruguay, 29 de marzo de 2020.

La historia del liberalismo en diez capítulos – Por Alberto Benegas Lynch (h)

A raíz de la Constitución de Cádiz de 1812 es que se usó por primera vez como sustantivo la expresión “liberal” y a los que se opusieron les endilgaron el epíteto de “serviles”, una carta constitucional que sirvió de antecedente para algunas que incorporaron igual tradición de pensamiento, entre otras, la argentina de 1853. Hasta ese momento el término liberal era utilizado en general como adjetivo, esto es, para referirse a un acto generoso y desprendido. Adam Smith empleó el vocablo en 1776 pero, como se ha observado, no en carácter de bautismo oficial como el referido sino como algo accidental de la pluma y al pasar aludiendo muy al margen a un “sistema liberal”.

Alberto Benegas Lynch (h)

Aquel documento, a contracorriente de todo lo ocurrido en la España de entonces, proponía severas limitaciones al poder y protegía derechos clave como la propiedad privada. En lo único que se apartaba radicalmente del espíritu liberal era en materia religiosa puesto que en su doceavo artículo se pronunciaba por la religión católica como “única verdadera” y con la prohibición de “el ejercicio de cualquier otra”, con lo cual proseguía con el autoritarismo español en esta materia desde que fueron expulsados y perseguidos los musulmanes de ese territorio que tanto bien habían realizado durante ocho siglos en materia de tolerancia religiosa, filosofía, arquitectura, medicina, música, agricultura, economía y derecho.

De cualquier manera la mencionada sustantivación del adjetivo abrió las puertas a una perspectiva diferente en línea con la iniciada por la anterior revolución estadounidense que dicho sea de paso afirmaba lo que se denominó “la doctrina de la muralla”, es decir, la separación tajante entre la las Iglesias y el poder político. Aquella perspectiva liberal española estuvo alimentada por pensadores que constituyeron la segunda versión de la Escuela de Salamanca (más adelante nos referiremos a la primera, conocida como la Escolástica Tardía). Jovellanos -si bien murió poco antes de promulgada la Constitución del 12- tuvo una influencia decisiva: fundó en Madrid la Sociedad Económica y tradujo textos del antes mencionado Adam Smith, Ferguson, Paine y Locke.

Decimos que esta reseña se fabrica como decálogo porque estimamos que la historia del liberalismo puede dividirse en diez capítulos aunque no todos signifiquen tiempos distintos ya que hay procesos intelectuales que ocurren en paralelo.

Pero antes de esta reseña telegráfica a vuelo de pájaro, es de interés subrayar una triada que conforma aspectos muy relevantes a nuestro propósito. En primer lugar, un sabio consejo de Henry Hazlitt en su primer libro publicado cuando el autor tenía 21 años, en 1916, reeditado en 1969 con un epílogo y algunos retoques de forma, titulado Thinking as a Science en el que subraya los métodos y la importancia de ejercitarse en pensar con rigor y espíritu crítico en lo que se estudia al efecto de arribar a conclusiones con criterio independiente.

En segundo término, es del caso recordar que el liberalismo está siempre en ebullición, no admite la posibilidad de llegar a metas definitivas sino de comprender que el conocimiento está compuesto de corroboraciones provisorias sujetas a refutaciones para, en un contexto evolutivo, captar algo de tierra fértil en el mar de ignorancia en el que estamos envueltos.

Por último, es necesario subrayar que los liberales no somos una manada por lo que detestamos el pensamiento único y, por ende, en su seno hay variantes y debates muy fértiles puesto que no hay tal cosa como popes que dictaminan que debe y que no debe exponerse o con quien relacionarse.

Hecha esta introducción veamos los diez capítulos principales de la tradición de pensamiento liberal, de más está decir sin la pretensión absurda de mencionar a todos quienes han contribuido a esta rica corriente intelectual lo cual demandaría una enciclopedia y no una nota periodística.

Primero Sócrates, quien remarcó la idea de la libertad y las consecuentes autonomías individuales. Hijo de un escultor y una partera por eso decía que su inclinación siempre fue la de “parir ideas” y de “esculpir en el alma de las personas en lugar de hacerlo en el mármol”. Su muerte constituyó una muestra cabal de la degradación de la idea de la democracia: las votaciones para su exterminación fueron de 281 contra 275: por una mayoría de 6 votos se condenó a muerte a un filósofo de setenta años por defender valores universales de justicia.

En sus diálogos insistía en la importancia de sabernos ignorantes y de someter los problemas a la duda y a la confrontación de teorías rivales, en que un buen maestro induce y estimula las potencialidades de cada uno en busca de la excelencia (areté), crear curiosidades, fomentar el debate abierto y mostrar el camino para el cultivo del pensamiento a través de preguntas (la mayéutica) que abren las puertas al descubrimiento de órdenes preexistentes. En este contexto, el relativismo epistemológico es severamente condenado como un grave obstáculo al conocimiento de la verdad. También que el alma (psyké) como la facultad de adquirir conocimiento y la virtud como salud del intelecto (“la virtud es el conocimiento” era su fórmula preferida) y la desconfianza al poder y la prelación del espíritu libre.

Segundo, el derecho romano y el common law inglés como un proceso de descubrimiento y no de ingeniería social o diseño en el contexto de puntos de referencia o mojones extramuros de la norma positiva.

Tercero, la antes mencionada Escolástica Tardía del siglo XVI que se desarrolló principalmente en la Universidad de Salamanca, precursores agraciados de los valores y principios de la libertad económica y jurídica. Sus expositores más eminentes fueron Juan de Mariana, Luis de Molina, Domingo de Soto, Francisco de Vitoria, Tomás de Marcado, Luis Saravia de la Calle y Diego Covarrubias.

Cuarto, Algernon Sidney y John Locke en lo que respecta al origen de los derechos, especialmente el de propiedad, el derecho a la resistencia a la opresión y la consecuente limitación al poder político, temas complementados en el siglo siguiente con una mayor precisión sobre la división de poderes expuesta por Montesquieu al tiempo que vuelve sobre aquello de “Decir que no hay nada justo ni injusto fuera de lo que ordenan o prohíben las leyes positivas, es tanto como decir que los radios de un círculo no eran iguales antes de trazarse la circunferencia”.

Adam Smith

Quinto, la Escuela Escocesa integrada por Adam Smith, David Hume y Adam Ferguson y sus predecesores Carmichael y Hutcheson que contribuyeron en la edificación sustancial de los cimientos del orden espontáneo de la sociedad libre, en sucesivos alumbramientos de un proceso que no cabe en la mente de ningún planificador puesto que el conocimiento está fraccionado y disperso, por lo que al intentar dirigir vidas y haciendas ajenas se concentra ignorancia.

Sexto, los textos de Acton y Tocqueville y más contemporáneamente Wilhelm Röpke que también la emprendieron contra los abusos del poder con énfasis en las manías del igualitarismo y la trascendencia de los valores morales. En esta etapa deben agregarse los nombres de los decimonónicos Burke, Spencer, Bentham, Mill padre e hijo, Constant, Jevons y Say en el nivel académico y Bastiat como un distiguido personaje en la difusión de las ideas liberales.

Ludwig von Mises

Séptimo, la Escuela Austríaca iniciada por la teoría subjetiva desarrollada por Carl Menger y continuada por Eugen Böhm-Bawerk aplicada a la teoría del capital y el interés. Retomó esta tradición Ludwig von Mises quien le dio un giro copernicano a la economía abarcando todos los aspectos de la acción humana en contraste con los enfoques neoclásicos y marxistas, al tiempo que demostró la imposibilidad de evaluación de proyectos y cálculo en una sociedad socialista. Un destacado discípulo de Mises fue Friedrich Hayek cuya obra, de modo sobresimplificado y al solo efecto de ilustrar, puede dividirse en tres segmentos. El primero referido a su opinión en cuanto a que la administración del dinero es una función indelegable del gobierno, en el segundo propone la privatización del dinero y en el tercero confiesa haber tenido otro shock como cuando estudió bajo la dirección Mises (que lo apartó de sus simpatías por la Sociedad Fabiana) al leer y comentar uno de los libros de Walter Block. En esta misma escuela sobresalen los trabajos de Israel Kirzner en los que señala los errores del llamado modelo de competencia perfecta que opera a contramano de la explicación del mercado como proceso y no uno de equilibrio, también los de Machlup en cuanto a la metodología de las ciencias sociales, de Haberler que resumió la teoría del ciclo, Dietze, Jouvenel y Leoni en el campo jurídico e incluso en el ámbito de las ciencias médicas y afines Roger J. Williams y Thomas Szasz.

Milton Friedman

Octavo, las escuelas de Law & Economics y de Chicago lideradas respectivamente por Aaron Director (quien convenció a los editores que publicaran Camino de servidumbre de Hayek) y Simons, Knight, Milton Friedman, Stigler y Becker, junto al Public Choice de Buchanan y Tullock. En paralelo, el importantísimo rol de los incentivos desarrollados por Robbins, Plant, Hutt, Demsetz, North y Coase.

Noveno, dentro de sus muchos aportes cabe resaltar el de autores como Karl Popper, John Eccles y Max Planck sobre los estados de conciencia, mente o psique en el ser humano distinto a su cerebro y a los otros kilos de protoplasma. Solo en base a esta concepción es posible la argumentación, las proposiciones verdaderas y falsas, las ideas autogeneradas, la responsabilidad individual y el sentido moral, a diferencia de lo que Popper definió como determinismo físico.

Murray N. Rothbard

Y décimo, el cuestionamiento al monopolio de la fuerza desarrollado por Murray Rothbard, otro de los discípulos de Mises aunque este autor no coincidió con estos cuestionamientos del mismo modo que objetaron en una generación más joven Nozick y Richard Epstein. Entre otros, también participan de esta crítica al referido monopolio Benson, David Friedman, Hoppe y el antes mencionado Block, pero de un modo particularmente original y prolífico lo hizo Anthony de Jasay en gran medida en base a la teoría de los juegos. Respecto a este último autor es del caso tener presente que James M. Buchanan comentó su libro titulado Against Politics del siguiente modo: “Aquí nos encontramos con la filosofía política como debiera ser, temas serios discutidos con verba, ingenio, coraje y genuino entendimiento. La visión convencional será superada a menos que sus defensores puedan elevarse al desafío que presenta de Jasay”. En esta línea argumental, los temas fundamentales considerados por esta nueva perspectiva son los bienes públicos, las externalidades, los free-riders, el dilema del prisionero, la asimetría de la información, el teorema Kaldor/Hicks y el “equilibro Nash”. Un debate en proceso.

Aunque pertenece a una tradición opuesta a la que venimos comentando, es de interés considerar una fórmula que pretendía una revalorización dicha por Arthur C. Pigou por más que él mismo no haya entendido su propio mensaje en cuanto a que los economistas necesitan incluir “preferentemente más calor que luz” (more heat rather than light) en su disciplina en el sentido de que sin ceder un ápice en el rigor también trasmitir perspectivas estéticas y éticas inherentes a la libertad que dan cobijo a los receptores y completan el panorama. Es para tomar nota ya que en no pocas oportunidades las presentaciones liberales carecen de calor humano tal como marcó el antes citado Röpke quien en su libro traducido al castellano con el sugestivo título de Más allá de la oferta y la demanda nos dice: “Cuando uno trata de leer un journal de economía, frecuentemente uno se pregunta si uno no ha tomado inadvertidamente un journal de química o hidráulica”. Con razón el fecundo Thomas Sowell alude a la manía de presentar trabajos con ecuaciones innecesarias y lenguaje sibilino que decimos a veces se extiende a través de consejos a doctorandos que consideran que así impresionarán al tribunal, lo cual contradice lo escrito por el antes mencionado Popper: “La búsqueda de la verdad sólo es posible si hablamos sencilla y claramente evitando complicaciones y tecnicismos innecesarios. Para mí, buscar la sencillez y lucidez es un deber moral de todos los intelectuales, la falta de claridad es un pecado y la presunción un crimen”.

Esta es entonces en una píldora los ejes centralísimos de la larga y fructífera tradición de pensamiento liberal con sus exponentes más sobresalientes en la rama genealógica directa, pero debe enfatizarse que las etiquetas y las clasificaciones algunas veces encerrados en “escuelas” no siempre son de especial agrado de intelectuales de peso pues cada uno de ellos -así como también muchos otros no mencionados en el presente resumen- merecen no solo artículos aparte sino ensayos y libros debido a la riqueza de sus elucubraciones, lo cual he procurado consignar en escritos anteriores de mi autoría sobre buena parte de los autores mencionados. Antes la he citado a Mafalda, ahora lo vuelvo a hacer pero con otra de sus inquietudes que cubren las preocupaciones y ocupaciones de los autores a que hemos aludido en esta nota: “La vida es como un río, lástima que hayan tantos ingenieros hidráulicos”.

El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Publicado originalmente en Infobae, 28 de marzo de 2020.

NECESITAMOS UNA ESTRATEGIA MÁS SUSTENTABLE

Estamos sufriendo pánico, al que se puede definir en una de sus acepciones como un “miedo muy intenso y manifiesto, especialmente el que sobrecoge repentinamente a un colectivo en situación de peligro.” Se lo observa en el vacío de las calles de todo el mundo, en el tráfico de información en las redes, en las bajas en los mercados bursátiles, en las proyecciones de las caídas que tendrá la producción en este 2020, y en particular en el segundo trimestre.

Los gobiernos han elaborado estrategias que atienden el corto plazo. Escuchan a los expertos en sanidad y reclaman un toque de queda. En algunos lugares se apunta a un cambio cultural pero voluntario; en otros se empiezan a practicar penas económicas y de prisión; en algunos países surge violencia ante la falta de solidaridad por no comprender los riesgos del contexto.

El aislamiento tiene consecuencias directas e inmediatas. Si bien reduce el número de contagios en el corto plazo (enfoque sanitario), también es cierto que reduce las libertades individuales (enfoque político y social) y complica los negocios de quienes buscan su sustento (enfoque económico).

La estrategia actual pondera el enfoque sanitario muy por encima del enfoque político, social y económico, y esto abre o debería abrir una serie de preguntas: ¿Es correcto hacer esto? ¿Es correcto moralmente? ¿Podemos desde el gobierno o cualquier colectivo imponerle a los individuos valores propios que atentan contra sus libertades y sus negocios? ¿Estamos al menos seguros que la estrategia será exitosa en reducir el número de contagios y muertes? Y no me refiero aquí a las mediciones comparadas de las primeras semanas, sino una vez que conozcamos el desenlace de la historia.

Desde el enfoque sanitario la respuesta es que sí, que si “aplanamos la curva” de infectados, el sistema nacional de sanidad podrá estar más cerca de atender al total de necesitados. Incluso en otras experiencias similares, ha quedado claro que la cuarentena ayudó a reducir el número de muertes. Esto justifica quizás el parate hasta el 31 de marzo. Incluso puede extenderse la medida hacia mediados de abril. Pero la pregunta que necesitamos hacernos es cómo seguirá el proceso. De poco habrá servido esta estrategia si el 1 de abril la abandonamos y volvemos a las calles. El éxito de esta estrategia radica en sostenerla al menos durante 40 días, y quizás, ya en el extremo del enfoque “sanitario”, hasta el 21 de septiembre, cuando ya la primavera eleve las temperaturas y quede atrás el clima frío que es un excelente complemento para un virus que se expande.

¿Cuál es el efecto político, social y económico de interrumpir las libertades individuales y parar la economía hasta la primavera? ¿Es viable, es posible? Claro que puede parar el fútbol, los teatros, los cines y los espectáculos artísticos de toda clase. Claro que muchos podemos trabajar desde casa en un cambio estructural que lleva décadas, pero que ahora se acelera. Por supuesto que el tele-trabajo y la educación en línea ganarán espacio en estos tiempos. Ese es un cambio cultural que ocurrirá de todos modos, y que incluso puede incrementar la productividad y ayudar a la economía. Pero una cosa es un cambio espontáneo, productos de decisiones individuales, y otra es un cambio impuesto y coactivo. ¿Hemos pensado en la posibilidad de que el sostenimiento en el tiempo de esta estrategia genera un daño mayor que el propio virus? Incluso el lema de los médicos dicta que “lo primero es no hacer daño”. ¿Han evaluado los costos y beneficios de mantener por meses la estrategia en curso?¿No podemos ver que el beneficio es dudoso, mientras que el daño es manifiesto?

Mi respeto por las libertades individuales y la economía de cada persona me impiden imponer el toque de queda a todas las personas. Quizás la situación amerite esta política extrema por un plazo corto de tiempo para que cada uno se tome el tiempo de reflexionar cuán posible es continuar trabajando o estudiando desde su casa, ahorrando a la sociedad un costo externo elevado. Pero el foco en lo sanitario parece olvidar por completo el foco económico. Parecen olvidar que la economía son personas, somos nosotros, somos todos, y detenerla puede generar costos más elevados aun que el coronavirus.

El gobierno no puede ir apagando incendios. Necesitamos un estadista que vea un poco más allá de lo que está ocurriendo, planificando la estrategia que sigue tras el 31 de marzo.  En Estados Unidos se ha proyectado para el segundo trimestre una caída del PIB del 50 % y un desempleo del 30 %. ¿Qué proyecciones podemos construir para Argentina? ¿Podemos ponderar este efecto “económico” como menos nocivo que el efecto “sanitario” del virus?
Mi opinión es que la cuarentena no puede extenderse de forma obligada tras 30 ó 40 días, y que a partir de ahí debemos apuntar a un cambio cultural, donde sea cada individuo el que elija qué hacer con su vida, evaluando los costos y beneficios de sus acciones. No sólo eso. Es importante también hacer un llamado a cada individuo para que haga un esfuerzo por preservar su libertad individual, su libertad de expresión, sus libertades políticas, porque es en estos momentos de caos y emergencia donde los gobiernos reducen la libertad de las personas, y avanzan con medidas que en otros escenarios serían inaceptables.

Quizás es tiempo que recordemos las palabras de un clásico como Frédéric Bastiat en un escrito de 1850 titulado “Lo que se ve y lo que no se ve”. Allí escribía:

“Yo, lo confieso, soy de los que piensan que la capacidad de elección y el impulso deben venir de abajo, no de arriba, y de los ciudadanos, no del legislador. La doctrina contraria me parece que conduce al aniquilamiento de la libertad y de la dignidad humanas.”

Aprovecha el contexto e inscribite en la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE

El Coronavirus va a cambiar muchas costumbres, incluido el trabajo y el estudio. El teletrabajo viene ganando lugar desde hace años, pero esta situación acelerará el cambio. A quienes estaban aferrados a sus oficinas, ahora verán que adaptarse a trabajar desde casa puede ser posible y agradable. En el mundo educativo pasa algo similar. Los padres estamos recibiendo accesos a plataformas y material por whatsapp, y los chicos pueden responder a sus tareas por correo electrónico.

En ESEADE hace algún tiempo implementamos la educación virtual como parte de la formación a profesionales. En nuestra Maestría en Economía y Ciencias Políticas aprovechamos la habilitación que nos ofrece el Ministerio de Educación para dictar un 30 % de nuestro programa de forma virtual, con la plataforma zoom, en tiempo real. De este modo pudimos llegar a alumnos de países limítrofes, y también de diversas provincias, que luego pueden acceder a los cursos presenciales con visitas intensivas a Buenos Aires.

El coronavirus parece acelerar aun más el cambio, y al menos en este primer semestre tendremos que ofrecer todo los programas bajo esta modalidad, que casualmente es una modalidad en la que ya veníamos trabajando. Tenemos la tecnología, la experiencia y podemos ofrecerte capacitación. Te invitamos entonces a nuestro programa de Maestría en Economía y Ciencias Políticas para que puedas aprovechar el contexto, y seguir aprendiendo.

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Sarjanovic y la “Doble Nelson” que sufren los productores. ¿Qué ve el ex Cargill en el mercado?

Según el economista rosarino, la baja en el precio de los commodities y la suba de retenciones forman un cóctel ruinoso.

De visita en la ciudad para presentar su último libro “En desequilibrio”, Ivo Sarjanovic*, el economista rosarino que supo desempeñarse -entre varias otras actividades- como  vicepresidente de Cargill Ginebra y Gerente Mundial de Oleaginosas de Global Sugar, dialogó con ON24 no solo de la realidad del campo argentino, sino también del contexto mundial atravesado por la crisis desatada por el Coronavirus, su impacto en el precio de los commodities y la principales tendencias que marcan el pulso en las empresas del agro. 

Tu libro – en parte-  habla del rol de los empresarios en el surgimiento de los precios. Un tema que en Argentina tiene plena vigencia dado que el gobierno los señala como culpables de la inflación. ¿Hay algún paralelo entre lo que plantea tu libro y la coyuntura local?

El libro (En desequilibrio) es una análisis sobre los procesos de mercado, en los cuales, los empresarios forman precios. Este hecho no tiene nada de malo porque los precios vienen de algún lado, no son como las mareas que suben y bajan. Es un proceso que quizás está despersonalizado a nivel agregado pero no es malo si es competitivo. Lo que sí es malo es hacerlo de forma monopólica o con privilegios del gobierno. 

El tema de a inflación -desde el punto de vista teórico- está cerrado, cuando hay un exceso de oferta monetaria suben los precios. No hay relación entre el rol de los empresarios y la inflación, dado que el problema surge de un desequilibrio monetario que se origina en déficits fiscales que no pueden financiarse de forma legítima, sea a través de impuestos, endeudamiento interno o externo. La no existencia de inflación en el mundo no se da porque los empresarios son más buenos, sino porque las políticas monetarias son prudentes. 

¿Cómo caracterizarías los primeros meses del gobierno de Alberto Fernández? 

Hay dos características claves. Una es el foco en la renegociación de la deuda  cuyo desenlace puede generar escenarios macroeconómicos muy diferentes. Hay que ver cuánta receptividad tiene la propuesta, pero eso depende del plan que presente el gobierno, del cual no se sabe nada. La segunda característica es que no hizo nada original. Subió impuestos y el resto pasa por un simple congelamiento de precios y acuerdos que se sostienen- supongo- hasta que el gobierno renegocie la deuda y anuncie algún plan. 

La discusión a dar es cómo bajar el gasto público, de ahí bajar los impuestos y ver cómo se puede crecer de nuevo. 

Yendo a un tema más general, ¿hacia dónde crees que van la empresas del sector agrícola en la actualidad?

Una de las grandes tendencias es que se ha democratizado el acceso a la información  y eso hace que haya menos volatilidad de precios, con la consecuencia de menores oportunidades de ganancia. Entonces, las empresas que se conocen como ABCD (Archer Daniels Midland (ADM), Bunge, Cargill y Louis Dreyfus) tienen menos posibilidad de generar beneficios haciendo trading y eso deprime la rentabilidad, las lleva hacer ajustes de costos importantes y se tienen que reinventar. 

Hay que tener en cuenta el cambio de las preferencias de los consumidores, que apuntan a más trazabilidad, quieren saber de dónde viene lo que están comiendo, tienen gustos diferentes (por ejemplo, se ponen de moda la carne de proteína vegetal, que viene a disputar una porción del mercado). La gente tiene valores más verdes. Probablemente veremos bancos reticentes a financiar compañías con impacto ambiental, otras empresas se dedicarán a juntar crédito de carbono para poder venderlo en el mercado secundario (…) Esto va a provocar que la cadena de valor en el futuro sea muy diferente. 

¿Hay alguna posibilidad -aunque sea mínima- de mensurar el impacto de la crisis del Coronavirus en el mercado de commodities?

No hay evidencia empírica anterior que ayude a mensurar un impacto de semejante magnitud. Esto es un cisne negro que hace que el factor trabajo haya perdido movilidad en pos de que la gente no se contagie, esa retracción de oferta hace que se caiga la demanda. 

Por otra parte, el derrumbe de los precios del petróleo le pega a los commodities agrícolas porque hay varios, como el maíz o  el aceite de soja, que se destinan a biocombustibles que compiten con el petróleo, y al abaratarse el petróleo precisan mayores subsidios o menores precios para entrar en las fórmulas. Esto es una noticia nefasta para la Argentina y mucho más para el productor que tiene retenciones más altas y precios más bajos. 

Pasado el Coronavirus las cosas se irán recuperando gradualmente, el tema es saber desde qué nivel partimos y cuán rápida será la recuperación, y eso es difícil saberlo hoy. 

¿Cómo crees que va a afectar  la Argentina esta situación, que se suma problemas de arrastre como la fiebre porcina africana, entre otros?

Argentina es un exportador de commodities y va a sufrir las consecuencias del contexto. Hay que tener en cuenta que el mercado agrícola fue afectado en los últimos 18 meses por tres eventos serios. El primero es la crisis entre EE.UU y China. El segundo es la Gripe Porcina Africana, que redujo el  stock chino de cerdos, los cuales, consumen maíz y harina de soja, provocando una baja en la demanda. Eso estaba en tren de recuperarse pero está condicionado por el Coronavirus, que es el tercero de los ingredientes de un cóctel que combina factores y externos nada buenos para el país.

*Sobre Ivo Sarjanovic

Master en Economía, Universidad Francisco Marroquín. Contador Público Nacional por la Universidad Nacional de Rosario. Executive studies en IMD-Lausanne, Oxford University- Said Business School y Harvard Business School.

Trabajó en Cargill durante 25 años como trader del mercado de granos y oleaginosos en Rosario, Buenos Aires, San Pablo y Ginebra. Fue vicepresidente de Cargill Ginebra desde el 2000 hasta el 2014 donde se desempeñó en distintas etapas de su carrera como Gerente Mundial de Oleaginosas, Business Unit Leader para África y Middle East y Business Unit Leader de Global Sugar. Entre 2014 y 2017 fue el CEO de Alvean (un joint venture entre Cargill y Copersucar), la mayor empresa de trading de azúcar del mundo. Actualmente ocupa roles de director no ejecutivo en diferentes empresas de la industria agrícola y es profesor part-time de “Commodities Agrícolas” en el Master de Trading de la Universidad de Ginebra, Suiza.

Publicado originalmente en REDACCIÓN ON24

Por Mariano Fortuna / m.fortuna@on24.com.ar