Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

Una reflexión a propósito de los medios y los gustos de las audiencias – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Por respeto a la gente a veces se hace necesario desconocer las encuestas y el rating para concentrase en la trasmisión de temas que hacen pensar en lugar de divertir.

Entre tantos temas de interés se escurre uno que tiene mucho jugo vinculado a los medios periodísticos viejos y a los nuevos que asoman en el contexto de la medición de audiencias. Para algunos es un dilema que se presenta entre proceder de acuerdo a valores e inclinaciones de cada cual o ceder a lo que demandan terceros. Para otros en cambio no hay conflicto alguno: se debe proceder de acuerdo a lo que la gente reclama. Y para un tercer grupo tampoco hay motivo de congoja pues uno debe seguir la propia conciencia prestando debida atención a lo que otros dicen pero sin actuar como siervos de esas tendencias.

En torno a esto es lo que días pasados giraba una amena conversación en un conocido programa radial. Como suele suceder donde hay libertad de expresión se presentaron varias facetas interesantes que alimentaron el tema en cuestión. Sin duda que para dar rienda suelta a diversas perspectivas es indispensable la libertad de prensa no solo como un derecho fundamental de las personas sino para abrir las posibilidades de incorporar nuevos islotes de conocimiento en este mar de ignorancia en que nos desenvolvemos los humanos. En esta línea argumental recuerdo que el primer día de clase en el colegio al que atendía en Estados Unidos, de entrada el profesor dibujó dos círculos en el pizarrón de diámetros distintos. Acto seguido nos dijo que esas circunferencias representaban distintos grados de saber, y concluyó con su moraleja para apuntar con énfasis que el círculo mayor donde hay más conocimiento tiene una superficie más amplia expuesta a lo que se ignora representada por lo que entonces era la negrura del pizarrón, mientras que la circunferencia más reducida -el que cuenta con menores conocimientos- está menos expuesta por lo que el titular no se percata tanto de su ignorancia.

Lo que dejamos consignado es relevante para tener siempre presente la insistencia de Karl Popper en subrayar que el conocimiento conforma la característica de la provisionalidad sujeta a refutaciones, este enfoque permite el progreso de la ciencia en contraste con el dogmatismo que abunda en telarañas mentales que no permiten explorar otras avenidas y paradigmas. También en este mismo plano, es frecuente que se piense que para que algo se demuestre como verdad debe ser verificado empíricamente, que como bien escribe Morris Cohen esa misma aseveración no es verificable empíricamente y, por otro lado, nada en la ciencia es verificable solo corroborable provisoriamente como nos enseña el antes mencionado Popper.

Todo esto viene a cuento porque el intercambio del conductor radial y su equipo me remitió a lo que me sucedió una y otra vez cuando fui Rector de ESEADE durante veintitrés años, una casa de estudios que se constituyó como la primera argentina en ofrecer maestrías en el sector privado y la primera en introducir institucionalmente la tradición de pensamiento de la Escuela Austríaca junto a otras teorías complementarias y otras rivales para el debate. En todo caso, el tema alude a las difíciles elucubraciones a empresarios que financiaban la institución a través de becas y aportes para inversiones en el edificio, equipos, biblioteca, departamento de investigaciones, revista académica y similares. Estas elucubraciones se referían a la importancia de los procesos de mercado basados en derechos de propiedad, competencia y gobierno con poderes limitados a la protección de las autonomías individuales. Mercado que como es sabido no es un lugar ni una cosa sino un proceso que pone de manifiesto las preferencias de la gente que con sus compras y abstenciones de comprar van asignando los siempre escasos factores productivos a las áreas que reclaman los consumidores. De ese modo, en el supermercado y afines se establecen las diferencias de rentas y patrimonios según el mejor o peor servicio que presta el comerciante o el profesional del caso. Lo que en este contexto queda completamente de lado es el privilegio, los mercados cautivos, la dádiva y el subsidio a empresarios que así estrictamente dejan de serlo para convertirse en explotadores.

Habiendo dicho esto, retomo el hilo para trasmitir que el punto crítico con los empresarios de marras era presentarles una complicada situación paradojal: para defender y permitir que funcione el mercado es indispensable el respeto recíproco, es decir, la libertad pero lo que se observaba en nuestro medio con creces (y todavía ocurre) es que la gente pedía intervencionismo estatal, léase la aniquilación del mercado. En otros términos, para fortalecer la filosofía basada en principios éticos que permite la operación de mercado -o sea que la gente pueda decidir el destino del fruto de sus trabajos- había que ir contra las tendencias del momento del mismo mercado. En resumen evitar que el mercado se suicide.

El mercado remite a que la gente se exprese libremente pero si se produce un cortocircuito con la política que propone controles y bozales para la gente no hay manera de logar aquél objetivo. Si las mayorías votan para cercenar las libertades del vecino en la pueril esperanza de mantener las suyas se extingue el mercado que solo resucita si se lo respalda en el plano educativo, de ahí la indispensable contracorriente.

Como queda dicho, el referido suicidio colectivo naturalmente deriva de la ausencia de explicación y fundamentación del valor de las autonomías individuales. En lugar de anclarse en valores y principios de la sociedad libre se le oponen con el resultado del empobrecimiento moral y material de todos. Salvando las distancias, esto mismo ocurre en el mencionado debate sobre medios periodísticos modernos y antiguos respecto a la medición de audiencias. Por respeto a la gente a veces se hace necesario desconocer encuestas y mediciones que se dirigen a la pura frivolidad, no como un descanso y un recreo a las actividades diarias sino como un fin en sí mismo. De ahí es que afortunadamente algunos le dan la espalda a los ratings y optan por concentrase en la trasmisión de temas que hacen pensar en lugar de solo la diversión (di-vertir o separarse del camino principal).

En el caso de la aludida institución de posgrado de aquella época, la generosidad y la comprensión de los empresarios que financiaban el proyecto permitió trasmitir y debatir esas tradiciones de pensamiento entre jóvenes provenientes de distintas profesiones a nuevas búsquedas en una atmósfera de puertas y ventanas abiertas para que entrara el mayor oxígeno posible, en ese sentido no me cansaré de repetir el sabio lema de la Royal Society de Londres: nullius in verba, esto es, no hay palabras finales.

De más está decir que tanto en el caso de los medios tradicionales y no tradicionales vía la medición de audiencias como en el caso del mercado de las ideas a través de ensayos, libros y la cátedra, no es que no interesen las respuestas de la gente, muy por el contrario es muy relevante conocerlas y sopesarlas solo que desde la perspectiva de quienes mantienen ciertos principios -sea del lado que fuere- pueden (y deben) intentar la navegación a contracorriente si lo estiman necesario al efecto de correr el eje del debate y marcar agendas, sobre todo si el objetivo último es el respeto recíproco donde nunca es lícito recurrir al uso de la fuerza a menos que se lesionen derechos. En un caso los hay que se preocupan y ocupan de la farandulización de la vida y en otro de las embestidas del Leviatán.

Son dos planos de naturaleza distinta cada uno con sus bemoles y con opiniones muy disímiles que deben atenderse para extraer conclusiones acertadas, pero en todo caso se plantean temas que merecen ser atendidos y discutidos con un eje central que parece muy fértil para el pensamiento, especialmente cuando abunda tanta andanada brumosa.

Publicado originalmente en Infobae, 27 de febrero de 2021.

Peter Boettke & Virgil Storr on the Legacy of Don Lavoie, Pt. 2

In the second of a two-part series, Peter Boettke and Virgil Storr finish their conversation on the legacy of Don Lavoie as both a mentor and scholar. Virgil Storr first reflects on the untimely death of Don Lavoie, how his death influenced those close to him, and the impact he left on his colleagues and students. Later in the podcast, Boettke and Storr discuss the nature of scholarship and the process of exploring gaps in the social sciences before finishing their talk with some thoughts on the importance of interdisciplinary conversations.
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La gran paradoja de la igualdad – por Alberto Benegas Lynch (h)

El premio Nobel en economía Friedrich Hayek en su constante preocupación y  ocupación por la trascendencia de los marcos institucionales ha repetido que la única igualdad compatible con una sociedad libre es la igualdad ante la ley. En esta línea argumental subraya que ese concepto clave está indisolublemente atado a la idea de Justicia que según la definición clásica consiste en “dar a cada uno lo suyo” por lo que, a su vez, “lo suyo” remite a la propiedad privada.

Asimismo destaca que la pretendida igualdad de rentas y patrimonios no solo destruye incentivos para producir por partida doble pues desalienta a los que se ubican por encima de la marca igualatoria y paraliza a los que se encuentran por debajo para esforzase en subir debido al redistribucionismo, sino que inexorablemente apunta a tratar a las personas de modo desigual ante la ley, es decir, los gobernados tendrían derechos desiguales.

En nuestro tiempo irrumpe con toda fuerza la gran paradoja de la igualdad, esto es, al tiempo en que se insiste en el redistribucionismo se ataca la noción jurídica elemental de la igualdad de todos ante la ley. La demagogia quiere igualitarismo económico y desigualdad de derechos pues resulta imposible contar con las dos igualdades. Una u otra.

Pues bien, es necesario tener el claro que la desigualdad de ingresos y patrimonios la establece diariamente la gente en el supermercado y afines con sus compras y abstenciones de comprar. El delta depende entonces de la voluntad de la gente que pone de relieve cotidianamente sus inclinaciones. Esta votación diaria en el mercado es el resultado de los juicios del consumidor respecto a la capacidad o incapacidad de servir a sus necesidades. El comerciante o profesional que da en la tecla con los gustos y preferencias del prójimo obtiene ganancias y el que yerra incurre en quebrantos. Es la forma en que se le da el mejor uso a los siempre escasos factores productivos. Solo quiebran este principio los empresarios prebendarios aliados al poder de turno para explotar a sus semejantes con privilegios y mercados cautivos de distinta naturaleza.

Es en este contexto es que Adam Smith ya precisó en 1776 que el carnicero y el panadero obtienen ganancias solo si se concentran en el interés del consumidor, en la forma de satisfacerlo. Esa es la base de la competencia y los mercados abiertos que no quiere decir cuantos proveedores deben existir sino que la entrada y salida sea completamente libre de regulaciones.

Es necesario percatarse de la sandez de sostener que “frente a cada necesidad nace un derecho” lo cual demuestra no tener la menor idea del significado del derecho que es la facultad de usar y disponer de lo adquirido legítimamente vía el trabajo personal, la herencia, donaciones y equivalentes. A todo derecho corresponde una obligación. Si alguien obtiene cien en el mercado, hay la obligación universal de respetar ese ingreso, pero si esa misma persona demanda que el gobierno directa o indirectamente le entregue doscientos cuando gana cien y el aparato estatal procede en consecuencia quiere decir que otros se habrán visto forzados a entregar parte del fruto de su trabajo con lo cual estamos frente a un pseudoderecho.

Vivimos la era de los pseudoderchos: derecho a hidratos de carbono, derecho a la recreación, derecho al transporte, derecho a la salud adecuada y hasta derecho a la felicidad. Si de lo que se trata es que otros se vean compelidos a entregar sus ingresos para tales fines, estamos frente a la destrucción del derecho lo cual afecta a toda la comunidad pero muy especialmente a los más vulnerables debido a la consecuente disminución en las tasas de capitalización que son la únicas causas de salarios e ingresos en términos reales.

Desde la Carta Magna de 1215 en adelante las constituciones originalmente eran documentos para limitar el poder político, hoy en cambio son en gran medida cheques en blanco para que los aparatos estatales hagan lo que quieran con los derechos de la gente. Muchas son ahora declaraciones de deseos. Para poner un ejemplo extremo, en la Asamblea Constituyente convocada en su momento por Correa en Ecuador se propuso seriamente incluir en la Constitución el “derecho al orgasmo de la mujer”, lo cual afortunadamente no prosperó pero lo menciono al efecto de ilustrar la corriente que hoy embarga a buena parte del mundo basada en ideas atrabiliarias del derecho.

Entonces, por un lado la empobrecedora guillotina horizontal presente en la manía del igualitarismo de resultado y, por otro, el remate del derecho hacen de operación pinza para la liquidación de marcos institucionales civilizados. Como bien ha apuntado Anthony de Jasay, sostener que en la carrera de la vida todos deben partir de la misma situación es una metáfora deportiva autodestructiva puesto que a la llegada de la carrera los participantes se darán cuenta que los esfuerzos fueron completamente estériles puesto que para seguir con el mismo principio se iguala nuevamente en la carrera que le sigue a continuación.

La paradoja de las igualdades que dejamos consignada en esta nota periodística debe ser intelectualmente combatida si se desea el progreso moral y material de la sociedad.

Publicado originalmente en la edición impresa de El Economista, viernes 19 de febrero de 2021.

Richard Wagner’s book Macroeconomics as Systems Theory

“Macroeconomics as Systems Theory” Book Panel
Peter Boettke, Erwin Dekker, Abigail Devereaux, Will Luther, & Richard Wagner | February 24, 2021
On this episode of the Hayek Program Podcast, we host our first book panel of 2021 on Richard Wagner’s book Macroeconomics as Systems Theory.
This book examines macroeconomic theory from an analytical framework provided by theories of complex systems, in contrast to conventional theories founded on aggregation. In considering macro theory, Wagner contrasts the conventional approach of focusing on the national economy as a collection of aggregate variables with the social-theoretic approach of viewing macro variables as shaped through social institutions, conventions, and other processes.
The panel is moderated by Peter Boettke and features Abigail Devereaux, Assistant Professor of Economics at Wichita State University; Erwin Dekker, Assistant Professor of Cultural Economics at Erasmus University; and Will Luther, Assistant Professor of Economics at Florida Atlantic University.
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El caso clave de Estados Unidos para el mundo libre – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Desafortunadamente de un tiempo a esta parte es notoria la declinación estadounidense respecto a los notables valores y principios establecidos por los Padres Fundadores. Me ocupé en detalle de este declive en mi libro Estados Unidos contra Estados Unidos cuya primera edición fue del Fondo de Cultura Económica. Mi admiración por las tradiciones norteamericanas es muy grande, cursé parte de mi colegio en ese país y volví a estudiar allí cuando terminé la universidad. Tengo muchos buenos amigos en esa gran nación pero, como queda dicho, hay signos de decadencia moral que preocupan a  partidarios de la sociedad libre sean locales o extranjeros, los desvela el avance del Leviatán puesto que le va la vida al mundo libre.

Ciertas interpretaciones aseveran que Estados Unidos se ha estado latinoamerianizando en el peor sentido de la expresión. Ha aumentado sideralmente el gasto público, la deuda externa, el déficit fiscal, las regulaciones asfixiantes en el contexto de nacionalismos, proteccionismos y xenofobias.

Para circunscribirnos al pasado reciente, resulta triste el espectáculo de un ex Presidente que cuestiona resultados electorales aun cuando estos fueron debidamente certificados por los cincuenta estados de la unión, por los tribunales de Justicia en 61 casos entre federales y locales (incluyendo ocho jueces designados por Trump), por las Fuerzas Armadas y por el propio ex Vice-Presidente.

Se sometió a Donald Trump a un segundo juicio político donde se demostró de modo contundente su incitación a los inauditos desmanes ocurridos en el Parlamento y debido a las referidas certificaciones la defensa ni siquiera se atrevió a recurrir al argumento del fraude electoral que esgrime Trump y los escasos y apresurados datos que se exhibieron fueron inmediatamente refutados en el período de preguntas y respuestas. Cuando en ese período se preguntó si las elecciones las había ganado Trump la defensa respondió que la pregunta era irrelevante a la sustancia del proceso, cuando todo comenzó precisamente por alegar fraude. El juicio no prosperó debido a razones meramente electorales, una tentación originalmente condenada con severidad  por los Padres Fundadores y a pesar de la palmaria demostración de la constitucionalidad del proceso con apoyos de destacados académicos y antecedentes de ese juicio a funcionarios que no estaban en el cargo al momento del empeachment (fueron 57 votos condenatorios y 43 absolutorios: para condena firme se necesitan las tres cuartas partes). Este fracaso naturalmente opera a contramano de valores clave en la historia estadounidense, tal como lo ha puesto en evidencia una y otra vez, entre otros, quien había descollado en el Senado por sus intervenciones aleccionadoras: el republicano Jeff Flake quien publicó el conocido libro Conscience of a Conservative, el mismo título que lo había hecho el legendario Barry Goldwater. Como consecuencia de este pronóstico, el 5 de febrero se reunieron 120 referentes de peso del Partido Republicano convocados por Evan McMullin -ex Director Jefe de Políticas de la Conferencia Republicana- para insistir en la imperiosa necesidad de formar una potente línea interna en el partido “que se aparte del riesgo que presenta Trump” y retomar la tradición de su partido.

La republicana ex gobernadora del estado de South Carolina y ex embajadora ante las Naciones Unidas, Nikki Harley, acaba de declarar a Politico que “Trump nos decepcionó, incursionó en un camino que nunca debió recorrer, no debíamos haberlo seguido. No podemos permitir que eso ocurra nuevamente.”

Es cierto que el ex Presidente redujo algunos impuestos pero eso me recuerda al ofrecimiento de espejitos de colores a los aborígenes por parte de los conquistadores españoles al efecto de imponer las instituciones esclavistas de la mita y el yanaconazgo. También adoptó otras medidas consideradas acertadas pero en el balance neto incrementó el gasto, la deuda y el déficit junto con inaceptables manifestaciones iniciadas en el episodio de Charlottesville donde equiparó como “buenas personas” a los que marchaban bajo la insignia de la cruz svástica.

No es admisible pretender jugar por reglas compartidas sobre la democracia y cuando los resultados electorales son adversos resulta que se desconocen. Luego de la bochornosa conversación telefónica de Trump con el Secretario de Estado de Georgia -Brad Raffensperger- oportunidad en la que le sugirió modificar el resultado electoral y luego de los episodios violentos en el Congreso resulta que nada menos que el Presidente de Estados Unidos les dice a los sediciosos que son personas muy especiales y que les tiene gran aprecio. Tuvo que renunciar la Secretaria de Educación -Betsy DeVos- y la Secretaria de Transportes -Elaine Chao- afirmando que Trump fue responsable de instigar a los que irrumpieron por la fuerza en la sede del Parlamento causando enormes destrozos y su ex Jefe de Gabinete John Kelly y  Colin Powell ex Secretario de Estado de G. W. Bush -quien manifestó que los atropellos en el Congreso “nos asimilan a una república bananera”- propusieran que se lo destituya vía la Enmienda 25, recién entonces decimos es que Trump, tarde y a regañadientes por cierto, reconoció que había terminado su presidencia y manifestó que la transición de mando debía ser ordenada y pacífica. Luego renunció el Secretario de Interior Chad Wolf y el FBI estableció medidas de seguridad para evitar nuevos actos de vandalismo.

Peggy Nooman, la colaboradora del Wall Street Journal, de ABC y de NBC News y célebre speechwriter de Ronald Reagan ha escrito que “Al principal responsable, el Presidente de Estados Unidos, hay que desalojarlo del cargo a través de la Enmienda 25 o del juicio político, lo que resulte más rápido.” Debido al escaso tiempo disponible, no se completaron todos los pasos de estas decisiones pero las menciono a los efectos de comprobar el clima del momento. De todos modos, Senadores republicanos como Mitt Romney, Patrick Toomey y Lisa Murkoski y miembos de la Cámara Baja como el también republicano Adam Kinzinger en su momento pidieron la inmediata renuncia del entonces Presidente. Luego nada menos que el líder republicano en el Senado Mitch McConnell ha declarado desde su banca que “Trump mintió sobre las elecciones y es el responsable de los actos salvajes en el Congreso”.

Hasta el Vicepresidente Mike Pence tuvo que absorber el embate de Trump (que lo abandonó cuando estuvo seriamente amenazado en el antedicho episodio de vandalismo) para que anule el recuento formal y final ante ambas Cámaras en el Congreso lo cual rechazó de plano y procedió a la confirmación del Presidente electo Joe Biden luego de ser certificado su triunfo como marcan las normas vigentes.

William Webster -ex Juez Federal, ex director del FMI y de la CIA- declaró públicamente que está avergonzado de las actitudes de Trump. Y en el orden internacional las condenas no se hicieron esperar, por razones de espacio solo destacamos las declaraciones de Angela Merker quien enfatizó: “lamento profundamente que el Presidente Trump no haya admitido su derrota”.

Como bien ha apuntado reiteradamente su primer Secretario de Estado -Rex Tillerson, antes CEO de ExxonMobil, la tercer empresa de mayor facturación en el mundo- “Trump no tiene idea del significado del libre comercio y muchas de las cosas que afirma no se condicen con  la realidad”.

El Procurador General -William Barr- ha consignado que “el Presidente ha traicionado su cargo” y el ex presidente de la Cámara de Representantes y ex candidato a la Vicepresidencia en la elecciones de 2012 – el republicano Paul Rayan- ha declarado que “Es difícil concebir un acto más antidemocrático y anticonservador que una intervención para anular los resultados de las elecciones certificadas por el Estado y privar de sus derechos a millones de estadounidenses”.

En el cierre del juicio se demostró nuevamente la responsabilidad del ex Presidente en los ataques al Parlamento y conexos, todo en base al infundio del fraude electoral reiteradamente repetido por Trump. Es muy cierto que buena parte de los equipos del Partido Demócrata apuntan a intensificar el tamaño ya desbordado del Leviatán e insisten en la generalización del homicidio en el seno materno denominado “aborto”, pero esto en modo alguno justifica que se pretenda operar bajo ciertas normas para luego vulnerarlas cuando los resultados son adversos como ha sido a todas luces el caso que consideramos. No es cuestión de dejarse acuchillar por uno para no ser ametrallado por otros. No puede defenderse lo indefendible.

* Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, miembro de las Academias Nacionales argentinas de Ciencias Económicas y de Ciencias, autor de 27 libros y Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso en Buenos Aires.

Publicado originalmente en EL OBSERVADOR, miércoles 17 de febrero de 2021.

Giovanni Papini y la sed del conocimiento – por Alberto Benegas Lynch (h)

En la edad de la banalización y la superficialidad es del caso recordar a un personaje que se afanó por estudiar y aprender del mundo que lo rodeaba. Se trata de Giovanni Papini (1881-1956) sobre quien Jorge Luis Borges, en prólogo a una de sus obras, escribe: “Fue un lector hedonista, siempre lo movió la dicha de leer, no un apremio de exámenes. El primer objeto de su atención fue la filosofía”.

Papini escribió sobre casi todos los temas concebibles a veces de modo contradictorio en sus posiciones, pero en definitiva un canto a la libertad del individuo. Sostuvo que el problema central del hombre estriba en su soberbia (“la fatal arrogancia”, diría el premio Nobel en Economía Friedrich Hayek). En este sentido consigna que “el soberbio no tolera ser contrariado, el soberbio se siente ofendido por cualquier obstáculo y hasta por la reprensión más justificada, el soberbio siempre quiere vencer y superar a quien considera inferior a él […] El soberbio no concibe que cualquier otro hombre pueda tener cualidades o dotes de las que él carece; el soberbio no puede soportar, creyendo estar por encima de todos, que otros están en lugares más altos que él”.

Y en otro relato se refiere a un encuentro entre el primer hombre -Adán según la alegoría bíblica- que reconoce la culpa de haber comenzado con la cadena de soberbia por aquello de “seréis como dioses” que desembocó en la última manifestación de eso, es decir, un robot denominado WS347926, un aparato que había perdido la humanidad al renunciar al libre albedrío por haber sustituido la espiritualidad por la materia, en lugar de haber subido la vara y aprovechar las ventajas de la tecnología sin afectar la condición humana para no caer en la pesadilla descripta por autores como C. S. Lewis y A. Huxley.

Dejó tres autobiografías “Un hombre acabado” (1912), “Nuevo nacimiento” (1932) y “El pasado remoto” (1953), pero es en la primera donde queda clara su obsesión por el conocimiento. Allí cuenta que no tuvo niñez, siempre solitario y encerrado entre libros que al principio no entendía. Mintió en su edad para poder entrar a una biblioteca pública. “La vida se vive intensamente para ser tolerada”, sostenía. Mantuvo durante su etapa temprana que “los periódicos eran pierdetiempos”, pero más adelante fundó dos: “La Llama” y “El Iconoclasta”, y en el transcurso de su vida posterior lo primero que hacía era leer el diario de la mañana.

Giovanni Papini y la sed del conocimiento

Su obsesión lo llevó a intentar la redacción de una enciclopedia, pero no pudo pasar de la primera letra del abecedario pues quedó agotado, lo mismo le ocurrió con la historia que terminó al comenzar con los egipcios (“ahogado por los hechos”), idéntica experiencia con la literatura, la teología y aspectos de la ciencia hasta que calmó su apetito insaciable de “erudito desordenado” con la filosofía que fue “una orgía cerebral” que le permitió gozar de “nuevos hervores” pero concentrado en temas específicos pues declara que “necesito, para enderezarme, que mis raíces agarren en algún sitio”. En otros términos, escribe al final de esta primera referencia autobiográfica que “el título de este libro está equivocado: no estoy acabado”.

Al solo efecto ilustrativo de la notable producción de Papini que abarca seis gruesos tomos de sus obras completas en papel biblia, reproducimos su idea del poder que viene muy al caso en nuestros días de abusos inaceptables que destrozan derechos. Así subraya que “el cetro del rey, el báculo del obispo, el bastón del mariscal, el garrote de los revoltosos, tienen todos, por lo menos como sentido y finalidad, una misma misión: guiar, corregir, amenazar, golpear. Todos los representantes de la autoridad llevan en la mano algo que se parece a un bastón […] en todas partes hombres que quieren ser reverenciados y obedecidos […] Entre las previsiones ´científicas´ que han hecho famoso el nombre de Marx y que han contribuido al éxito de su doctrina, recordemos tres que son el código de su ‘Capital’”.

A continuación refuta las tres predicciones marxistas. La primera en la que se sostuvo que la revolución ocurriría en países capitalistas que “en los tiempos de Marx solo podían ser Inglaterra y Alemania, acaso, en segundo lugar, Norteamérica y Francia. Pero todo el mundo sabe lo que sucedió en 1917; la revolución estalló justamente en uno de los países más atrasados de Europa”.

“La segunda previsión de Marx atañe a los autores y creadores de esta transformación de la sociedad. Marx sostuvo siempre que la revolución sería obra de los mismos trabajadores […] Sucedió en cambio, como todos hemos sido testigos de ello, que esta revolución fue debida a la guía de intelectuales burgueses”. El tercer pronóstico marxista alude a lo que sería la concentración de riqueza en pocas manos pero resulta que “el sistema de las sociedades por acciones ha hecho, como lo vemos en Estados Unidos y en muchos países europeos, que la propiedad está dividida y repartida entre infinito número de ahorradores, entre los cuales no faltan los proletarios”.

En todo caso, en una sociedad libre las diferencias de rentas y patrimonios las decide la gente con sus compras y abstenciones de comprar en el supermercado y afines. Las concentraciones injustas son las que ocurren a manos de empresarios prebendarios que explotan a sus congéneres vía sus cópulas hediondas con el poder de turno y también gobernantes inescrupulosos que roban a manos llenas.

En resumen, Giovanni Papini constituye un ejemplo de perseverancia y de creatividad por lo que salió de la miseria en la que había nacido para ubicarse en el pedestal de los escritores de mayor calibre en el orbe.

Publicado originalmente en El Economista, 10 de febrero de 2021.

En Argentina no alcanza con equilibrio fiscal | CEA Perspectivas UCEMA

Columna Perspectivas del mes de febrero 2020. Esta sección del Centro de Economía Aplicada (CEA) de la UCEMA provee un análisis de destacados economistas con orientaciones y enfoques diferentes respecto de los problemas económicos de nuestro país y el mundo

Por Adrián Ravier

Doctor en Economía por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

Desde que el gasto público de la Nación y las Provincias se incrementó 20 puntos del PIB (desde el 25% al 45%), entre 2003 y 2015, los medios de financiamiento tan tenido que llegar a un límite peligroso. 

Los nuevos impuestos, y la consecuente presión tributaria récord en la región, ahogan a las empresas y les impiden tener retornos aceptables para invertir y generar producción y empleo. La deuda interna y externa se amplifica llevándonos a nuevos defaults, nuevas reestructuraciones de deuda o re-perfilamientos, lo que deja a las empresas sin crédito para apalancarse y crecer. La monetización del consecuente desequilibrio fiscal nos llevó a nuevos procesos inflacionarios y a una acumulación de pasivos en el Banco Central (Lebac primero y Leliq hoy) que ponen a la Argentina contra la pared, con nuevos riesgos hiperinflacionarios. Podríamos agregar otros desequilibrios indirectos (como el cepo cambiario) que, al dificultar o impedir la importación de insumos, traban el desarrollo de las empresas y anulan las posibilidades de crecimiento del país.

Es cierto, claro, que si en 2021 aprovecháramos el viento de cola y recuperáramos la actividad económica y la recaudación, podríamos reducir el déficit fiscal, variable que llegó en 2020 a 8,5 % del PBI. Pero aun alcanzando el equilibrio fiscal, algo que se ve lejano, Argentina estará impedida de enfrentar los nuevos compromisos de deuda que la reestructuración de Guzmán generó para 2023 en adelante. Se requiere un superávit fiscal primario récord para pagar esos vencimientos, y aun así será insuficiente.

Argentina debe avanzar en la corrección de un problema estructural mayor, que es el tamaño del gasto público, que el kirchnerismo dejó y el macrismo apenas pudo reducir en unos pocos puntos. Se requiere una reforma integral del estado que devuelva el gasto público a aquel 25% del PBI, pues este nivel es lo máximo que nuestra tan golpeada estructura económica podría financiar sin los desequilibrios ya conocidos y sus costos sociales consecuentes.

Sólo entonces podrá evaluarse y concretarse una reforma tributaria que reduzca a la mitad la mochila de impuestos que hoy hunde a las empresas, poniéndola en línea con nuestros vecinos latinoamericanos; sólo entonces podrá la Argentina resolver el problema de la deuda y recuperar líneas de crédito; sólo entonces dejará de monetizar desequilibrios monetarios y recuperaremos la estabilidad monetaria. En ese marco podrán plantearse caminos de apertura económica y será posible volver a atraer capitales, tanto de argentinos como de foráneos, que puedan darle al país el crecimiento ausente.

Quizás la licuación de gasto público que observamos en 2018, 2019 y sobre todo 2020 contribuya a corregir ese problema estructural. Pero se requiere un cambio de mentalidad en el gobierno para recuperar un crecimiento genuino que está ausente desde hace décadas.

El emprendedor es en la economía del siglo XXI, y lo ha sido siempre, el motor del crecimiento. El emprendedor argentino, y cualquiera que se atreva a la odisea de invertir en la Argentina, sabe que enfrentará los impuestos más altos de la región, que no tendrá acceso al crédito local, que convivirá con una de las tasas de inflación más altas del mundo, además de las restricciones que implica el cepo cambiario, la amenaza de un nuevo salto inflacionario y la consecuente inestabilidad cambiaria. Podríamos agregar un problema previsional mayúsculo, una legislación laboral sumamente negativa para los intereses del emprendedor y un aislamiento internacional propio de países bolivarianos.

En resumen, Argentina requiere un cambio urgente que devuelva sensatez a la economía. En concreto, se requieran reformas fiscal, previsional, tributaria y laboral, reformas de mercado en serio que sólo pueden ser parte de un plan económico integral hoy ausente.

Entretanto, sí, la Argentina podrá mostrar una tasa de crecimiento positiva algún año, como parte de la recuperación parcial de una anterior destrucción de capital, pero esto no implica crecer.

Lamentablemente, sólo cabe ser pesimista al analizar los desequilibrios macroeconómicos existentes y la ausencia de un plan económico para enfrentarlos. No alcanza el equilibrio fiscal, ni tampoco un acuerdo con el FMI o alguna reforma previsional o tributaria menor. Se requiere un cambio estructural e integral para que la Argentina pueda recuperar el crecimiento real.

Publicado originalmente en Perspectivas, CEA, UCEMA, febrero de 2021.

El capitalismo de amigos es anticapitalismo – por Alberto Benegas Lynch (h)

Estamos en plena trifulca respecto del mejor sistema para vivir que atienda de la manera más adecuada las necesidades de todos, muy especialmente la situación de los más vulnerables.

El capitalismo es el sistema que se basa en el respeto recíproco sustentado en la facultad de cada cual de usar y disponer de lo propio, es decir, la institución de la propiedad privada, los mercados abiertos y competitivos y aparatos estatales limitados a proteger y garantizar derechos que son anteriores y superiores a la existencia misma de los gobiernos. Este sistema ha permitido una mejora en el bienestar de las masas nunca antes visto ni soñado por la humanidad. Procesos para incrementar la provisión de alimentos, de medicamentos, de comunicaciones aéreas, terrestres y marítimas, de vivienda, vestimenta, acondicionamientos de todo orden, ofertas culturales y de confort.

Agdamus
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Esto es lo que se observa en la medida en que los países adoptan marcos institucionales civilizados de apertura de mentes y fronteras, puesto que la única razón de parcelar el globo terráqueo en naciones es para evitar el fenomenal riesgo de concentración de poder en un gobierno universal, pero de allí no se siguen culturas alambradas y siempre empobrecedoras.

Sin embargo, hoy en día observamos un marcado retroceso en el capitalismo hacia nacionalismos y consecuentes xenofobias ancladas en endeudamientos colosales, impuestos insoportables, gastos estatales astronómicos en un contexto de aplastamiento de las libertades con el consecuente empobrecimiento generalizado.

Hoy, la parla convencional alude al “capitalismo de amigos” para referirse a la hedionda cópula entre empresarios prebendarios y el poder de turno a efectos de explotar a sus congéneres vía privilegios y mercados cautivos. En verdad, por lo que dejamos consignado, se trata de un anticapitalismo manifiesto.

El capitalismo frente al anticapitalismo queda ilustrado por los contrastes entre Venezuela y Suiza, Singapur y Uganda, Alemania y Cuba, Corea del Sur y Corea del Norte, y así sucesivamente. No se trata de voluntarismos a través de políticas nefastas como la intromisión de gobernantes en los precios que inexorablemente generan faltantes, las fallidas empresas estatales como fábricas de consumir recursos de los más pobres, incrementos de salarios por decreto como si se pudiera decretar el enriquecimiento y demás sandeces que han probado una y otra vez su estrepitoso fracaso.

Tal vez no sea cuestión de detenerse demasiado en asuntos semánticos, pero en lo personal no me resulta especialmente atractiva la expresión capitalismo aun con el saludable significado que acarrea, por dos razones. Primero, porque fue Marx quien bautizó el sistema –que nunca entendió– con ese término, y en segundo lugar, porque transmite la equivocada noción que alude a lo material, a pesar de que hay autores que lo derivan de caput, a saber, de creatividad, de ingenio. Por eso prefiero el término liberalismo, que apunta a un territorio mucho más amplio que abarca aspectos éticos, filosóficos, jurídicos y no solo económicos.

Pero dejando de lado estas reflexiones de genealogía, es indispensable precisar que el eje central del marxismo consiste en lo que reza la sección 36 del Manifiesto comunista, de 1848, donde Marx y Engels escriben que “pueden sin duda los comunistas resumir toda su teoría en esta sola expresión: abolición de la propiedad privada”. Como bien se ha puntualizado, eliminar la propiedad se traduce en la eliminación de los precios, puesto que estos surgen como consecuencia de la transacción de derechos de propiedad. Como hemos ilustrado antes, en ese caso no se sabe si conviene construir caminos con oro o con asfalto, y si alguien sostiene que con el metal aurífero resulta un derroche es porque recordó los precios relativos antes de la abolición de la propiedad. En este contexto, no resultan posibles la contabilidad, la evaluación de proyectos ni el cálculo económico en general. Por eso acertadamente se ha dicho que no hay tal cosa como economía socialista allí donde no puede economizarse.

Sin llegar al extremo de la referida abolición, en la medida en que la estructura política interfiere con los precios los está desdibujando, con lo que se disminuye la posibilidad de operar cuando las únicas señales con que cuenta el mercado están distorsionadas con los siempre presentes desabastecimientos y demás desajustes.

Se asignan derechos de propiedad porque los recursos son limitados frente a necesidades ilimitadas. Es indispensable para darles el mejor uso a los factores de producción disponibles. En esta línea argumental, en un proceso abierto quienes sirven mejor al prójimo obtienen ganancias y quienes no aciertan con las demandas de los demás incurren en quebrantos. Las desigualdades de rentas y patrimonios las establece la gente diariamente con sus compras y abstenciones de comprar en el supermercado y afines. Las denominadas redistribuciones de ingresos impuestas por los aparatos estatales van por la fuerza en dirección distinta a la mencionada asignación voluntaria. Los megalómanos no parecen comprender lo anterior y luego se sorprenden cuando aumenta la pobreza.

Afortunadamente, todos somos desiguales desde el punto de vista anatómico, bioquímico y, sobre todo, psicológico. Si fuéramos iguales se derrumbaría la división natural del trabajo y la consecuente cooperación social, ya que, por ejemplo, todos quisiéramos ser arquitectos y no habría médicos, a todos nos gustaría la misma mujer, etc. Además, la vida sería de un tedio insoportable, puesto que conversar con otro sería similar a conversar con el espejo. El aprendizaje vía el fraccionamiento y la dispersión del conocimiento estaría anulado y sustituido por concentración de ignorancia.

En el plano del denominado capitalismo de amigos se sostiene que el empresario debe contar con protección arancelaria para ponerse a tono con los progresos tecnológicos del exterior. Como es sabido, habitualmente en la mayor parte de los proyectos de inversión los primeros períodos arrojan pérdidas conjeturando ganancias en etapas posteriores para más que compensar los quebrantos anteriores. Pues bien, si el empresario no cuenta con los recursos suficientes para hacer frente a esas primeras pérdidas, deberá buscar socios para el financiamiento, pero no pasar compulsivamente el costo sobre los hombros del consumidor local. Y si nadie acepta financiarlo es porque el proyecto es un cuento chino (lo cual suele suceder).

El nacionalismo y el llamado capitalismo de amigos van de la mano. Es lo que hoy cunde en la mayor parte de los países, incluso en aquellos que otrora fueron los baluartes del mundo libre. La pobreza no se resuelve con magias demagógicas, no es un tema de recursos naturales (el continente africano los tiene en grado sumo, mientras que Japón es un cascote en el que es habitable el veinte por ciento). Es un tema de las cejas para arriba, en otras palabras de educación sobre valores y principios de la sociedad abierta.

Mario Vargas Llosa escribe que “en los países subdesarrollados el nacionalismo se predica con más estridencia y tiene más adeptos. Sus defensores parten de un supuesto falaz […] que tales muletillas sean tan huecas como cacofónicas, verdaderos galimatías conceptuales, no es obstáculo para que resulten seductoras a mucha gente, por el airecillo patriótico que parece envolverlas”.

El autor completó dos doctorados, es docente y miembro de dos academias nacionales.

Publicado originalmente en La Nación, 18 de febrero de 2021.