Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

New book by Lorenzo Infantino: Infrasocial Power, Political Dimensions of Human Action

Building from the level of individual interaction, this book intends to shed light on what the author terms “infrasocial power” and the relation between this individual-actor oriented level and public power. In overviewing the origins of power, the author allows for the  disaggregation of the social fabric, thus making it possible to: 1) isolate the “sequence” in which the phenomenon of superordination and subordination materialises; 2) identify the institutional “instruments” which can be used to limit infrasocial power; 3) discriminate between a social position achieved through engagement with others (and what we are capable of doing for them) from one occupied by means of force and deception; 4) explain the birth and function of public power; and 5) analyze the consequences produced by different political regimes.

Lorenzo Infantino is Professor of Philosophy of the Social Sciences at LUISS-Guido Carli in Rome, Italy. He is the author of Individualism in Modern Thought (1998, 2014), reviewed by the late Kenneth Minogue on the first page of the Times Literary Supplement, and Ignorance and Liberty (2003). His research circulates around social and political theory, intellectual history, political philosophy, political economy and sociological theory. 

Table of contents (5 chapters)

Society and Power

Pages 1-56

The Reshaping of Man and the Birth of Totalitarian Power

Pages 57-113

The Conditions Enabling Individual Choice and the Limitation of Power

Pages 115-179

Pareto and Machiavellianism: The Problem and the Errors

Pages 181-221

Voluntary Cooperation and Unlimited Democracy

Pages 223-255

¿Por qué la Macroeconomía de Milton Friedman está equivocada? – Video de la presentación para Notoria, La Paz, Bolivia

Domingo Cavallo y Jorge Ávila – La convertibilidad en debate

Domingo Felipe Cavallo fue ministro de Economía de la Nación bajo la tutela de Carlos Menem durante el periodo 1991-1996. Reconocido por su plan económico de estabilidad cambiaria, que Cavallo impulsó en Argentina durante el gobierno de Menem basado en la Ley de Convertibilidad del Austral.1​ Este plan logró detener la inflación que en 1990 estuvo arriba de 2.000% anual. La inflación disminuyó hasta llegar a valores de entre 0%-2% anual y se mantuvo estable hasta la salida de la convertibilidad.

Jorge Ávila es Doctor en Economía por la Universidad de Chicago y Licenciado en Economía por la Universidad Nacional de La Plata. Profesor de Economía en la Universidad del CEMA. Director de la Maestría en Agronegocios (UCEMA). Profesor de Macroeconomía, Economía Monetaria y Teoría de los Precios I (UCEMA). Coautor de El Control de Cambios en la Argentina (FIEL, Manantial, 1989). Coautor y editor de Unión Europea y Mercosur (CARI y Fundación Popular Iberoamericana, 1996). Coautor y editor de Convertibilidad. Fundamentación y Funcionamiento (UCEMA, 1997). Autor de Riesgo-Argentino & Performance Macroeconómica (UCEMA, 2000). Autor de Propuesta de Federalismo Fiscal (Consejo Empresario Argentino, 2000). Autor de Antídotos contra el Riesgo-Argentino (jorgeavilaopina.com, 2010).

LIBERALISMO, HISTORIA Y REALIDAD – por Armando Ribas, abril 2020

Recién me entero de la lamentable noticia del fallecimiento de Armando Ribas, uno de los grandes liberales que tuvo la Argentina. Aquí compartimos lo que fue posiblemente su último artículo, de abril 2020, obtenido de su web personal. QEPD.

Hoy estoy de nuevo intentado una aclaración sobre un tema que considero de la mayor relevancia en la historia y que es fundamental para saber dónde estamos y a dónde vamos. Empecé por releer a mi amigo von Hayek. Recuerdo que en una oportunidad le dije que yo estaba de acuerdo con el empirismo y él me contestó que él estaba en desacuerdo. Le expliqué entonces de conformidad con Hume que el empirismo es la comprobación de la realidad por la razón. Entonces me dijo: si es eso, yo también estoy de acuerdo.

El libro al que me estoy refiriendo es NEW STUDIES que fue publicado en 1979. En el mismo tiene un capítulo dedicado al liberalismo que comienza por explicar el proceso que ha tenido el mismo en la historia. Y al respecto dice: “El término es una denominación con variedad de significados que tienen poco en común más allá describiendo una apertura a nuevas ideas, incluyendo algunas que son directamente opuestas a aquéllas que son originalmente designadas por él”.

En este principio fundamental encuentra la razón de ser de la diferencia entre el liberalismo inglés y el francés. Así determina que el liberalismo inglés comienza con la Revolución Gloriosa de 1688 instaurada por el partido inglés Whigs. Pero al mismo tiempo reconoce que en su inicio racionalista empezaba con Descartes, en Inglaterra con Thomas Hobbes y en Francia por Rousseau y Voltaire.

Decididamente esta consideración pone de manifiesto la confusión reinante en el mundo al respecto y por ello todavía en el Siglo XX me enseñaron la Revolución Francesa como el origen de la libertad y jamás me mencionaron la Glorious Revolution ni la americana. La Revolución Francesa de 1789 significó el inicio del totalitarismo que ha sido la racionalización del despotismo siguiendo a la Diosa Razón. Al respecto voy a tomar en cuenta el pensamiento de J. J. Rousseau que indudablemente fue el origen del totalitarismo y dijo: “Así como la naturaleza le da a cada hombre poder absoluto sobre las partes de su cuerpo, el pacto social le da al cuerpo político poder absoluto sobre sus miembros”. Soberanía. Con respecto a la propiedad diría fue el creador del socialismo y escribió: “No importa como está hecha esta adquisición, cada derecho individual sobre su propia pieza de tierra está siempre subordinada al derecho de la comunidad sobre toda la tierra”. Y por último me voy a referir a otra posición que determina la razón de ser del poder absoluto y escribir: “Cualquiera que se atreve a tomar la empresa de instituir una nación debe estimarse a sí mismo capaz de cambiar la naturaleza humana, transformando a cada individuo, quien por sí mismo es un completo y solitario todo, en una parte de un todo mayor, de quien en un sentido recibe su vida”.

Puede que los haya abrumado, pero volviendo a Séneca: “Para el que no sabe donde va no hay viento favorable” Y yo me atrevo a añadir a esta sabia propuesta. Y para el que no sabe donde está y porque está donde esta difícilmente pueda saber a dónde quiere ir. Y entonces permítanme reconocer otro contribuidor al advenimiento de Marx, Hegel: “El Estado es la divina idea tal como se manifiesta sobre la tierra”. Y siguió: “El individuo mismo sólo tiene objetividad, verdad y eticidad como miembro del Estado”.

Es evidente que en Inglaterra Locke superó a Hobbes, lo que permitió la iniciación del liberalismo que incluye las ideas que cambiaron al mundo. Creo que las citas anteriores muestran que si hubiesen sido las determinantes de la evolución del mundo, éste mundo no existiría. Hayek a su vez reconoce que en Inglaterra el liberalismo surgió de las ideas de Locke, Hume y Adam Smith. Esos pensamientos sintéticamente implican el reconocimiento de la naturaleza humana, la necesidad de limitar el poder político, la imposibilidad de cambiar nada en la naturaleza humana.

Por último, pero no menos importante, el reconocimiento factico por Adam Smith del principio de Locke del derecho del hombre a la búsqueda de la propia felicidad que reconoció como fundamento de la libertad. Cuando dije fáctico estaba reconocida la mano invisible de Adam acorde con la cual el individuo persiguiendo su propio interés hace más bien a la sociedad que los que pretenden actuar por el bien público.

Pasando a Alemania, Hayek dice que los liberales de Francia se transformaron por filósofos alemanes con Kant a la cabeza. Respecto a Kant dijo que había probado una teoría en líneas similares a las de David Hume. Si bien Kant en un momento había dicho que Hume lo había despertado de su memoria, me voy a permitir citar el pensamiento de Kant como prueba de su oposición a Locke, Hume y Adam Smith.

En primer término, en The Methaphysic of Moral escribe: “De aquí surge la proposición de que el soberano de un estado solo tiene derechos en relación con sus súbditos y no deberes coercibles. Aun la constitución actual no puede contener ningún artículo que pueda hacer posible a algún poder dentro del estado resistir o chequear al supremo ejecutivo en casos en que haya violado la constitución.” Creo que ante estos pensamientos nos encontramos ante la razón de ser del totalitarismo.

Ante esta realidad filosofía política, cada día estoy más convencido de la falacia de la Civilización Occidental, que implica que si hubiese sido por el pensamiento de Rousseau, Kant, Hegel y por supuesto Marx el mundo sería nazi y comunista. Y voy a insistir en que, cuando Hayek habla de Europa incluye a Inglaterra y yo me resisto a aceptar que la geografía es determinante y no políticamente determinada. Por ello Inglaterra además no forma parte del continente.

Pero siguiendo en el mundo de las ideas me voy a permitir otros pensamientos de Kant que decididamente contrastan con los de Hume. Desconoció el derecho a la búsqueda de la propia felicidad, debido a que consideraba que solo era honesto lo que se hacía por deber. Por tanto, todo el que actuaba por interés propio era deshonesto. En función de este criterio consideraba que el comercio era deshonesto Entonces lo honesto era la guerra y dijo: “El hombre quiere la concordia, pero la naturaleza que sabe mejor qué es lo bueno para la especie quiere la discordia”. Es decir, la guerra, y Hegel en ese sentido expreso que la guerra era el momento ético de la sociedad. No nos sorprende de que los musulmanes decían que los cristianos eran los que más se mataban entre ellos.

Llegamos entonces a Estados Unidos donde se llevaron a sus últimas consecuencia las ideas liberales de Inglaterra a través de la Constitución de 1787, el Bill Of Rights de 1791 y finalmente el Judicial Review de 1793. Ese proceso se denominó The Rule of Law que precisamente estaba en contra de la democracia mayoritaria. Pero los americanos reconocieron al sistema como conservadorismo y por el contrario fueron los que proponían acercase al socialismo los que se apropiaron del título de liberales. Así lo explica Hayek en el libro que he comentado sobre el liberalismo.

Me voy a permitir considerar que la concepción de esas ideas fue reconocida por los Founding Fathers en The Federalist Papers y entiendo que el pensamiento fundamental al respecto está en la Carta 51 de James Madison que expresa: “Al encuadrar un gobierno que es una administración de hombres sobre hombres, la gran dificultad yace en esto: Usted debe primero a controlar a los gobernados; y en segundo lugar, a obligarlo a controlarse a si mismo. La dependencia en el pueblo es sin duda el control primario sobre el gobierno, pero la experiencia nos ha enseñado a la humanidad la necesidad de precauciones auxiliares”.

Esa precaución auxiliar para limitar el poder político que definiera que Madison había aceptado el principio de Aristóteles de que la democracia era la destrucción de la república surgió del caso Marbury vs. Madison de 1793 en que el juez Marshall tomó la decisión siguiente: “Todos aquellos que han encuadrado constituciones escritas la contemplan como la ley fundamental y suprema de la nación. Y consecuentemente la teoría de todos esos gobiernos debe ser que una ley de la legislatura repugnante a la constitución es nula. Es enfáticamente, el ámbito y el deber del Poder Judicial el decir qué es la ley”.

Esa decisión fue la que determinó el llamado Judicial Review que es factor determinante de diferenciar el Rule of Law de la democracia. Y al respecto había escrito Alexander Hamilton: “Una peligrosa ambición subyace bajo la especiosa máscara del celo por los derechos del pueblo”. Y Madison en la Carta 10 escribió: “Hombres de temperamento faccioso, de prejuicios locales o de designios siniestros, pueden por intriga, por corrupción o por otros medios primero obtener los sufragios y luego traicionar los intereses del pueblo”.

En otras palabras, los derechos individuales que garantiza la Constitución Americana: El derecho a la vida, a la libertad, a la propiedad y el derecho a la búsqueda de la felicidad, no son lo mismo que los llamados derechos del pueblo. Cuando los derechos son del pueblo en la práctica ni Ud. ni yo tenemos derechos. Los derechos quedan en manos de los que tienen el poder político en nombre del pueblo.

Y en 1840 llegó Marx que determinó que la burguesía en solo cien años había creado más fuerzas productivas que todas las generaciones precedentes juntas. Y seguidamente la descalifica en los siguientes términos: “Como el brujo, que no es más capaz de controlar el poder del mundo inferior que él ha llamado por su medio, la burguesía, a través de gran magnitud del avance material que ella ha concluido, había adelantado las armas que le traen muerte ella misma”.

En estas palabras a mi juicio quiere justificar el hecho de destruir la propiedad privada y por supuesto entrega el poder político, diría en venganza a los trabajadores. Así llegó a Rusia la revolución comunista en 1917 de la mano de Lenin. A él lo siguió la dictadura de Stalin que a su llegada mató a todo el Polit Bureau con Lenin incluido.

Lenin a mi juicio fue el instaurador filosófico del Fascismo cuando escribió en su NEP: “Los capitalistas están portando entre nosotros. Están operando como ladrones; ellos tienen ganancia ellos saben como hacer las cosas”. En virtud de estos principios se instauró el fascismo en Italia por Mussolini y con el apoyo de la Iglesia vía el Concordato de Letrán. Dio un salto a Alemania con el nazismo que incorporó el antisemitismo y el Holocausto.

Al respecto de la evolución europea voy a citar un francés, Jean François Revel, que escribió un libro brillante La Obsesión Antiamericana donde dijo: “Son los europeos que yo sepa los que hicieron el siglo XX el más negro de la historia en las esferas política y moral se entiende. Ellos fueron los que provocaron los dos cataclismos sin precedentes que fueron las dos guerras mundiales. Ellos fueron los que inventaron los dos regímenes más criminales jamás infligidos a la especie humana”.

Bueno creo que he mostrado la realidad de la observación de Ayn Rand cuando dijo. “La filosofía política Angloamericana y la Franco-Germánica son tan diferentes como el día y la noche”: De la primera surgió la libertad y de la segunda el totalitarismo que como antes he dicho es la racionalización del despotismo vía la Diosa Razón.

Y no olvidemos tampoco el juicio de Peter Drucker: “No puede negarse que la Ilustración y al Revolución Francesa contribuyeron a la libertad en el digo XIX. Pero su contribución fue totalmente negativa…Hay una línea directa desde Rousseau a Hitler. Una línea que incluye a Robespierre a Max y a Stalin. Tan difundida y falaz como la creencia de que la Ilustración engendró la libertad en el siglo XIX es la creencia de que la Revolución Americana se basó en los mismos principios que la Revolución Francesa y que fue su precursora”.

Por último, seamos optimistas y esperemos que logremos superar el coronavirus y el virus pendiente del socialismo. Con respecto al primero solo tengo la ilusión de lo que ha hecho el hombre a través de la historia para que yo esté vivo hoy. Con mis anteriores palabras espero contribuir a liberarnos del virus del socialismo, y retornemos al liberalismo que nos permitió vivir en el mundo en que vivimos

La rule of law implica la limitación del poder político, que se hace imposible cuando el gobierno se apropia de la eticidad de la sociedad, al descalificar éticamente los intereses particulares como contrarios al interés general.

¡Somos comunistas! – Por Ricardo Manuel Rojas

En las últimas décadas, Argentina ha experimentado un declive económico notorio. Cada nuevo gobierno surgido tras una crisis, le ha echado la culpa del fracaso anterior al neoliberalismo, el capitalismo, la voracidad empresarial, y ha invocado la ayuda a los desprotegidos y una más justa distribución de la riqueza como ejes de su nueva política.

Sin embargo, todos los gobiernos, a grandes rasgos, han hecho lo mismo y con los mismos resultados. Dicen aplicar políticas socialistas y luego culpan al capitalismo por sus propios fracasos. Las bases de ese socialismo, aunque les cueste aceptarlo, fueron sentadas en 1848 en el Manifiesto Comunista por Marx y Engels, quienes elaboraron un plan de diez puntos que debían aplicarse en el mundo (luego admitirían que en forma gradual), para lograr las transformaciones que consideraban adecuadas.

Pues bien, en el último siglo Argentina ha avanzado sostenidamente en la dirección de esas diez propuestas, y podríamos concluir que salvo una (la eliminación del derecho hereditario, que por ahora no ha podido materializarse), las otras nueve han estado presentes en todas las políticas de gobierno de los últimos tiempos. Veamos:

1. La expropiación de la propiedad territorial y la aplicación de la renta a los gastos del Estado.

Los autores del Manifiesto soñaban con un Estado único propietario y administrador de la tierra (la principal fuente de riqueza de la época). Más tarde los estudios de análisis económico del derecho mostraron que no hace falta confiscar la tierra, apoderarse de ella y eliminar los títulos privados de propiedad. El derecho de propiedad no es simplemente el título, es la capacidad para ejercer actos de administración y disposición. Entonces, en la medida en que el Estado pueda apropiarse en cualquier momento de la tierra o de sus frutos, o imponerles altos tributos para mantener sus gastos, resulta mucho más eficiente conservar la propiedad privada formal y establecer la propiedad estatal real. Eso ocurre en Argentina.

Un ejemplo claro de ello es lo que se intentó con la recordada resolución 125: establecer un impuesto de exportación de granos tan alto, que prácticamente convertía a los productores en empleados del Estado.

2. Impuestos progresivos

Ha sido una constante invocar que cuanto mayor capacidad contributiva, mayores deberán ser las alícuotas de los impuestos. La propagación de la noción de igualdad económica como un modo de eliminar la pobreza –que en realidad ha incrementado la pobreza-, ha hecho que se considere razonable someter a altas cargas tributarias a quienes más riqueza poseen, lo que ha llevado a que se retraigan las inversiones y se fuguen los capitales, con el consecuente empobrecimiento general.

Frente a una nueva crisis que se vive actualmente, una de las propuestas del nuevo gobierno es crear un nuevo impuesto a los grandes capitales.

3. Confiscación de las propiedades de emigrados y rebeldes.

Sería muy antipático que los gobiernos abiertamente persiguieran hoy a sus enemigos y les confiscaran sus bienes, como hicieron en Rusia quienes aplicaron estas ideas a rajatabla (además de violar la prohibición expresa del artículo 17 de la Constitución Nacional). Sin embargo, las oleadas de personas que han debido emigrar de Argentina en cada crisis económica, buscando mejores perspectivas de vida, debieron abandonar sus bienes, o pagar altos costos para poder sacar del país parte de su propiedad.

Una empresa que cierra, prácticamente es abandonada. El proceso de ocupación de empresas por los empleados, creciente en los últimos tiempos, es una demostración de que legalmente sería muy difícil para sus dueños poder recuperar para sí una porción de esa propiedad, y simplemente la abandonan.

4. Creación de un Banco Nacional que concentre el crédito y el capital.

En este punto, Marx y Engels tuvieron una ayuda de los conservadores y nacionalistas, que crearon el Banco Central (como entidad mixta y temporal), en 1936, y lo nacionalizaron en 1946. A partir de entonces, la moneda y el crédito son manejados por el Estado con exclusividad. Ni en sus sueños húmedos los creadores del Manifiesto hubiesen pensado en contar con un instrumento tan poderoso para propender al control estatal del país.

5. Centralización estatal de los medios de transporte.

En Argentina, los medios de transporte que no están directamente en manos del Estado, están sometidos a tales regulaciones que en los hechos son controlados por él. Tal vez la fascinación con Marx y Engels sea la explicación de por qué los gobiernos han tenido la obstinada tendencia a estatizar ferrocarriles, aerolíneas, empresas navieras, a pesar de las enormes pérdidas económicas que significaron para los contribuyentes; y de regular e uniformar todo el transporte terrestre.

6. Multiplicación de empresas nacionales

En la época del Manifiesto, las principales actividades industriales estaban directamente vinculadas a la producción de la tierra. Pero con el devenir de los tiempos, el principio de la nacionalización y control de empresas de todo tipo ha sido parte de la política económica de todos los gobiernos argentinos.

Desde regímenes de promoción industrial, a regulación de las actividades y lisa y llana nacionalización, la fascinación de los políticos por convertirse en industriales ha sido también irrefrenable. En su Sistema Económico y Rentístico, Juan Bautista Alberdi ya alertaba en la misma época de publicación del Manifiesto, sobre los peligros de esta propensión.

7. La organización del trabajo.

El control de la tierra y la producción llevó a los difusores del comunismo a entender que se debía también controlar al trabajo, hacerlo obligatorio, con la creación de ejércitos industriales.

En Argentina, la actividad laboral es una de las más reguladas, supuestamente para beneficiar a los trabajadores, aunque en realidad los ha perjudicado notablemente al desalentar la inversión y la contratación. Los sindicatos son una fuerza política esencial (que impide que nadie que no tenga su bendición pueda efectivamente gobernar). Y esta combinación de sindicatos politizados y gobiernos interesados en los trabajadores, ha convertido a las personas en miembros de un ejército al que no se incorporaron voluntariamente, y que utiliza su fuerza laboral para sus propios fines estatales, y no para los fines particulares de cada trabajador.

8. Hacer desaparecer la distinción entre la ciudad y el campo.

La historia socioeconómica argentina del último siglo ha sido la historia de legiones de pobres alentados por los gobiernos a lanzarse a vivir de manera miserable en barriadas urbanas, y grupos de productores agropecuarios produciendo la riqueza que el Estado luego les quita para mantener a esos pobres.

El arquetipo del pobre que vive en las villas sin posibilidades, que necesita ser ayudado, y el rico productor agropecuario que tiene todo servido en bandeja, permitió mantener durante mucho tiempo ese esquema de productores expoliados y multitudes empobrecidas agradeciendo la ayuda del gobierno.

9. Educación pública gratuita.

La cooptación por parte del Estado de la educación es uno de los pilares de todas las políticas de gobierno. La intervención estatal en todos los niveles educativos, brindando educación directamente o controlando la forma en que la imparten los establecimientos privados, ha sido una constante de todos los gobiernos en el último siglo.

Bien, Marx y Engels deberían estar orgullosos de que sus ideas fueron aplicadas en Argentina por todos los gobiernos desde hace un siglo. Es más, en el prólogo a la edición de 1872, los autores admiten que el desarrollo del mundo desde la publicación original hasta entonces (un período en el que el capitalismo verdaderamente mejoró las condiciones de vida de la gente y comenzó la transformación del mundo) hacían que algunos puntos del Manifiesto pudieran quedar desactualizados.

En verdad, el peso que en la versión original se puso sobre la importancia de la tierra quedó opacado por el desarrollo industrial. Pero en Argentina eso se comprendió completamente, y, por lo tanto, el estatismo no sólo avanzó sobre la propiedad de la tierra, sino también sobre todo tipo de producción.

Por eso, hay dos noticias que podríamos dar en estos tiempos para quienes han considerado valioso invocar políticas socialistas, una buena y una mala.

La buena es que, finalmente, ese comunismo que es pregonado en todos los discursos políticos populistas, se está aplicando en Argentina de la manera gradual que Marx y Engels propusieron. La mala, es que no funciona.

El gradualismo en política ha sido muchas veces la admisión de que una propuesta no podrá prosperar. Cuanto más radicalmente se ha intentado aplicar los principios del Manifiesto, mayor miseria se ha producido como resultado. En la llamada Unión Soviética se intentó una versión ortodoxa que llevó a campos de prisioneros, matanzas y hambruna, hasta que hubo que desmantelarlo.

Fidel Castro en Cuba nacionalizó en 1961 la mayor parte de las empresas y tierras en la Isla. Casi de inmediato toda la fuerza productiva abandonó el país, que comenzó una etapa de empobrecimiento que ya lleva 60 años.

La aplicación explícita de las propuestas comunistas lleva a la miseria. Eso lo saben principalmente quienes las implementan. Marx y Engels eran dos típicos burgueses de vida acomodada, Marx mantenido por una esposa rica, Engels heredero de una próspera industria textil en Renania.

Ninguno de los dos trabajó, produjo, invirtió en una empresa, ninguno de ellos cobró ni pagó un salario corriendo riesgos empresarios. Simplemente disfrutaron de la vida burguesa y escribieron, probablemente influidos por el romanticismo germano, sobre un mundo irreal.

Los herederos argentinos de Marx y Engels (aun aquellos que detestan el comunismo y no aceptarían nunca que se los considere marxistas) aspiran en definitiva a obtener la misma vida burguesa y acomodada, pero esta vez mantenidos por las personas que producen para un Estado que ellos sueñan con dirigir.

Argentina viene avanzando en una dirección monocorde de estatismo, regulaciones, poder autoritario del gobierno con gastos ilimitados, altos impuestos, moneda sin valor, endeudamiento. Ante cada fracaso y cada crisis, se le ha echado la culpa al capitalismo y al “neoliberalismo” (lo que sea que eso signifique). Aunque en realidad aplican comunismo innominado.

Tal vez sería un buen cambio admitir que la política económica argentina del último siglo viene aplicando las recetas propuestas por Marx y Engels, aggiornadas al país y los tiempos, y que quizá sería la hora de probar con el verdadero capitalismo, como hicieron aquellos países que finalmente lograron prosperar y mejorar las condiciones de vida de sus habitantes.

Publicado originalmente en Infobae, 20 de junio de 2020.

Acerca del intercambio Cornejo-López Murphy – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Días pasados hubo una muy auspiciosa conversación pública entre dos personas de larga y fructífera trayectoria en la política argentina. Ambos de probada vocación de republicanismo, uno ex gobernador de Mendoza que dio un ejemplo en cuanto a la concreta reducción del gasto público que resulta ser el parámetro decisivo en cuanto a poner en brete a pretendidos avances del Leviatán y que en su momento apoyó a su colega en el intercambio a que nos referimos como candidato a la presidencia. El otro proveniente de la tradición de pensamiento liberal, ex ministro y conocido impulsor de proyectos que tienden a dar la batalla cultural pero preocupado y ocupado por el establecimiento de una fuerza política que ponga coto a los abusos de aparatos estatales ilimitados que en las instancias que corren revelan ansias por deglutir derechos individuales. En esto, estos dos personajes coinciden ampliamente.

Alfredo Cornejo y Ricardo López Murphy constituyen esperanzas para la ciudadanía alarmada con los permanentes intentos de avasallar la Justicia, establecer un grado superlativo de impunidad, al tiempo que apunta a avanzar contra la propiedad de empresas en este caso afortunadamente por el momento frenadas por oportunos fallos judiciales. En este contexto se constatan nuevas incorporaciones a la burocracia ya de por si desmedida con el consiguiente engrosamiento del gasto gubernamental en un cuadro de situación donde la presión tributaria se trona insoportable, la deuda es astronómica, la expansión monetaria de una envergadura colosal y regulaciones cada vez más asfixiantes, todo lo cual se hace imprescindible revertir si los argentinos no queremos repetir la tragedia venezolana.

Lamentablemente la gestión anterior desperdició la oportunidad de adoptar las medidas indispensables para abandonar siete décadas de populismo y encaminarse hacia los principios y valores alberdianos que hicieron de la Argentina uno de los países más prósperos del planeta. El inicio de aquella administración no fue nada auspicioso con un bailecito en la Casa Rosada con la banda presidencial y tampoco inaugurarse con el nada republicano intento de designar dos miembros de la Corte Suprema de Justicia por decreto y la expansión de nuevos ministerios. En todo caso se agregó volumen al ya de por si sobredimensionada estructura burocrática financiada con una deuda monumental y un pésimo manejo monetario y cambiario que condujo a lo que todos sabemos y es de público conocimiento.

Afortunadamente la población frente a una alternativa electoral que se presentaba como tenebrosa, en una desesperada defensa de valores esenciales como la libertad de prensa y lo que queda en pie de la Justicia votó en las últimas elecciones para preservar esos principios y en su gran mayoría no como una muestra de apoyo a gobernantes fracasados que pudieron tener buenas intenciones y muchos decentes pero incapaces de traducir esas condiciones a la gestión en cuyo contexto algunos hicieron lo que pudieron para encaminar el rumbo sin éxito en el balance neto que es el relevante porque por más que se haya pretendido abrirnos al mundo, para que tenga efecto es menester adoptar medidas conducentes a la competitividad lo cual no se logra con palos en la rueda ni con declaraciones altisonantes.

En todo caso, la antedicha oposición logró contar con una cantidad muy apreciable de representantes en ambas Cámaras del Congreso lo cual debe ser aprovechado para encauzarlos hacia preceptos republicanos que nos alejen de los estatismos trasnochados y empobrecedores. En este sentido, hay posibilidades que varios de los más encumbrados referentes del radicalismo afirmen sus inclinaciones a los fundamentos de la sociedad libre y el consiguiente federalismo, la división de poderes y la transparencia de los actos de gobierno e incluso se aparten de lo ocurrido a partir de la Declaración de Avellaneda de 1945 del radicalismo y se encaminen hacia las sólidas propuestas de Leandro Alem, uno de los más brillantes exponentes de la política argentina de todos los tiempos.

En esta línea argumental, aunque la batalla cultural por el momento no permite un discurso tan directo en el plano político, es del caso citar algunos pasajes que ilustran el pensamiento de Alem. En el debate sobre la Federalización de Buenos Aires, en 1880, expresó: “Más el poder es fuerte, más la corrupción es fácil. Para asegurar el poder legítimo, es necesario impedir a todo trance que él exagere sus facultades, y es indispensable buscarle el contrapeso que prevenga lo arbitrario” y “en economía como en política, estrechamente ligadas, porque no hay progreso económico si no hay buena política, una política liberal que deje el vuelo necesario a todas las fuerzas y a todas las actividades” y concluía al afirmar que “gobernad lo menos posible porque mientras menos gobierno extraño tenga el hombre, más avanza la libertad, más gobierno propio tiene y más fortalece su iniciativa y se desenvuelve su actividad”.

A contracorriente de la sandez de “vivir con lo nuestro”, Alem patrocinaba la completa apertura de las fronteras al comercio en “El Argentino”, en 1894, en un texto titulado “El proteccionismo y el pueblo” y en 1891 en el “Manifiesto Radical” se refiere a los peligros de la inflación monetaria que firma Alem como presidente y lo secundan Joaquín Castellanos, Carlos Estrada, Daniel Tedín y Abel Pardo. Allí se lee que “Es un axioma ante la conciencia argentina que el mal se ha producido por exceso de oficialismo y que los bancos oficiales han sido el agente activo de la ruina de la fortuna pública y privada y de la depresión del carácter nacional. El banco oficial constituye un peligro permanente porque siempre será un medio político sujeto a la influencia de las pasiones partidistas. Trabajar, entonces, contra este género de establecimientos es hacer obra de cordura y de patriotismo”.

Como he puesto de manifiesto públicamente en varias oportunidades, la situación argentina actual es de tal peligrosidad que estimo deben unirse las fuerzas opositoras a la que ya existe sin pretender dividirla y fraccionarla con nuevos emprendimientos para no hacerle el juego conciente inconcientemente a las fauces autoritarias que se revelan con ímpetu descomunal en nuestra tierra.

Desde nuestra perspectiva liberal es necesario comprender que lo primero viene primero, que no es posible saltearse etapas y poner la carreta delante de los caballos. Lamentablemente no es el momento de un partido de raigambre enteramente liberal puesto que, como queda dicho, estamos muy atrasados en la indispensable batalla cultural. Como he puesto de manifiesto antes es equivalente a que una persona que se expresa en idioma sueco pretenda dirigirse a una audiencia hispanoparlante en esa lengua. Si quiere lograr ese cometido, es inexorable que primero se asegure que sus destinatarios hayan aprendido sueco, de lo contrario el mensaje quedará flotando en la estratósfera. A muchos buenos amigos que se desempeñan con la mejor buena voluntad en estas lides les he trasmitido mi opinión.

Entre paréntesis y como una nota al pie digo que no estoy seguro ni siquiera que convenga recurrir a la expresión liberal para aplicar a un partido político. Recuerdo el consejo de mi querido Ezequiel Gallo cuando en una ocasión se pronunció en contra de esta etiqueta en ese plano pues concluyó que al muy poco tiempo dado que la política exige acuerdos y adaptar el mensaje a lo que es al momento digerible por la opinión pública se preguntará “¿usted es liberal del liberalismo o liberal del partido liberal?”, por lo que comienzan las confusiones exactamente igual que ocurre, por ejemplo, en Colombia con al Partido Liberal y en Corrientes en nuestro país. Otra cosa bien distinta desde luego es el deseo noble que el espíritu liberal flote en la mayor cantidad de partidos posible.

Para no decir nada del libertarianismo, una palabreja que se ha debido utilizar en Estados Unidos donde el liberalismo fue expropiado por las izquierdas pero que en nuestra región no es necesario mutar de palabra para identificarnos y hacerles el juego a los que pretenden dejarnos incomunicados pues el liberalismo en nuestra región conserva su acepción original en cuya tradición se incorporan todos los nuevos descubrimientos necesarios puesto que por definición el liberalismo está siempre en ebullición. Adhiero a la insistencia de los grandes maestros como Mises, Hayek y Friedman en la inexcusable necesidad de mantener el empleo de la expresión tan representativa de liberal, aun frente a posibles intentos de tergiversarla. En nuestro medio la cobardía moral que no se atreve a enfrentar al liberalismo recurre a una designación absurda y vacía de contenido con la que ningún intelectual serio de nuestra época se siente identificado: “Neoliberalismo”.

Lo dicho también va para otros proyectos en carpeta de crear un nuevo espacio político opositor. Es de esperar que ninguno de estos ensayos prospere y que la actual oposición tenga la inteligencia y la templanza para incorporar a personas como mi amigo López Murphy a sus filas con cargos expectantes y a otros amigos dispuestos a navegar en la política a diferencia del que esto escribe y otros colegas que estimamos indispensable dedicar todo nuestro tiempo disponible a trabajar en el terreno educativo, en el dictado de clases y la publicación de libros, ensayos y artículos lo cual marcará el discurso de los políticos como ha sucedido en todos lados y en todas las circunstancias históricas.

Felicitamos a las instituciones que patrocinaron el encuentro de marras, muy bien conducido por Alejandro Bongiovanni, y esperamos que en el futuro se intensifiquen para bien de la Argentina en un clima en el que las ideas de la libertad se están trabajando a través de ideas de fondo en fundaciones y entidades muy meritorias que reúnen grupos de jóvenes muy bien preparados. No estamos para jugar con fuego, el tiempo apremia y necesitamos de una oposición unida por la supervivencia de la República. El banderazo en varias ciudades en defensa de las instituciones republicanas refuerza la esperanza.

El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Publicado originalmente en Infobae, el 21 de junio de 2020.

Escenario económico post COVID-19 – Adrián Ravier – jueves 25/6, 12 hs

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📣 La Escuela de Posgrado de la Facultad de Agronomía comienza a dictar en modalidad online el Ciclo de Seminarios 2020.📍 El objetivo del ciclo es  generar un ámbito de participación y discusión de avances en temas de investigación propios y temas de actualidad e interés general. Va dirigido a estudiantes de la Escuela de la Posgrado, graduados, docentes, investigadores y público en general. 📍 En esta primera fecha disertará el Dr. Adrián RAVIER sobre “Escenario económico post COVID-19” el jueves 25 de junio de 12 a 13 horas.

INSCRIPCIONES: https://docs.google.com/forms/d/e/1FAIpQLSd0kkiAPaaFlaU0Okjpxz4gEJYsyt2ZBa5Dq8LhTMXRkWSOOg/viewform 

Consultas: secposgrados@agro.unlpam.edu.ar