Por qué el impuesto a las grandes fortunas aumentará la pobreza

Desde el premio Nobel en Economía Joseph Stiglitz, al francés Thomás Piketty, y en la Argentina Máximo Kirchner, los argumentos en favor de un gravamen a los ricos son variados y a la vez descabellados

La Cámara Baja aprobó la Ley de Aporte Solidario Extraordinario de las Grandes Fortunas. ¿En qué consiste este proyecto? El impuesto de “emergencia” -en teoría por única vez- busca que quienes tienen un patrimonio de más de $200 millones hagan un aporte especial, que arranca con una alícuota del 2% y llega a 3,5% para los patrimonios de más de $3.000 millones. Según cálculos oficiales, se recaudarían $300.000 millones.

Algunos sectores como la Unión Industrial Argentina reaccionaron para señalar correctamente que el proyecto “descapitaliza a empresas que invierten, producen y sostienen el empleo en un contexto de emergencia social, sanitaria y económica”, pero a la vez se equivocan en advertir que “fundamentalmente, esto se debe a que la norma no diferencia entre el patrimonio formado por capital productivo (empresas, máquinas y activos tecnológicos en el país), y aquél compuesto por activos financieros o inmuebles.” Lo cierto es que no se debería distinguir entre la economía real y financiera, pues son dos caras de la misma moneda. La referencia deja en claro que aun los empresarios “de la economía real”, no comprenden lo que está en juego.

Hay que elogiar la riqueza, o más bien a los empresarios que supieron generarla, distinguiéndolos -por supuesto- de aquellos que se la ganaron de forma indebida, sea a través del robo o a través de privilegios de esa histórica sociedad Estado-Empresario, que siempre se construye a expensas del consumidor. Es decir, se debiera destacar la riqueza generada por aquellos emprendedores que hacen la vida más fácil a la sociedad en su conjunto, arriesgando capital, y apoyados sobre su creatividad, innovación y buen servicio al consumidor, que los elige diariamente comprando sus productos, confrontando esto con la economía prebendaria.Se debiera destacar la riqueza generada por aquellos emprendedores que hacen la vida más fácil a la sociedad en su conjunto, arriesgando capital, y apoyados sobre su creatividad, innovación y buen servicio al consumidor

se debiera elogiar la función social de la riqueza que supieron construir, criticando a quienes creen que se estaría mejor si ese capital fuera socializado entre aquellos que lo necesitan.

Desaliento a la inversión y el empleo

Se puede recordar al efecto el libro de Joseph Stiglitz, El precio de la desigualdad, quien señaló en su subtítulo: “el 1% de la sociedad tiene lo que el otro 99% necesita”. La conclusión parece obvia: hay que quitar este capital a aquellos a quienes les sobra y repartirlo entre aquellos a quienes les falta.Joseph Stiglitz, escribió en su libro El precio de la desigualdad: “el 1% de la sociedad tiene lo que el otro 99% necesita”. La conclusión parece obvia: hay que quitar este capital a aquellos a quienes les sobra y repartirlo entre aquellos a quienes les falta (Bloomberg)Joseph Stiglitz, escribió en su libro El precio de la desigualdad: “el 1% de la sociedad tiene lo que el otro 99% necesita”. La conclusión parece obvia: hay que quitar este capital a aquellos a quienes les sobra y repartirlo entre aquellos a quienes les falta (Bloomberg)

Thomas Piketty, autor de El capital en el Siglo XXI lo dice con mayor claridad: “repensemos los límites del mercado y del capitalismo y reformemos sus instituciones. Abandonemos la austeridad fiscal y gravemos más la herencia y la riqueza, concretamente con una tasa (confiscatoria e inconstitucional) del 80% para rentas que superen el millón de euros”.

Este tipo de planteos son peligrosos porque pierden de vista la “función social” que cumple la riqueza que hoy está en poder del 1% más rico. Y es que muchos al pensar en los ricos tienen la imagen del egoísta Tío Rico Mac Pato, en su propia bodega, sentado sobre una gran montaña de oro, contando cada una de sus monedas. La riqueza de estos emprendedores, sin embargo, no está en ninguna bodega. Esa riqueza se encuentra siempre en acciones de muchas empresas, que a su vez convierten ese capital en factores de producción, en forma de grandes edificios, depósitos, campos, máquinas, medios de transporte y comunicación que se utilizan en la producción en masa de aquellas cosas que luego el consumidor demanda.

Tomar las recomendaciones de Stiglitz o Piketty y expropiar esta riqueza de las manos de ese 1% más rico, sería el fin de innumerables proyectos de inversión que hoy sostienen la producción, pero que además generan millones de puestos de trabajo.Tomar las recomendaciones de Stiglitz o Piketty y expropiar esta riqueza de las manos de ese 1% más rico, sería el fin de innumerables proyectos de inversión que hoy sostienen la producción y el empleo

Es cierto, asignar ese dinero a manos de los más necesitados les ayudará a sortear un mejor presente, pero simultáneamente se perderán millones de puestos de trabajo que generarán nuevos necesitados.

El análisis económico muestra que, en efecto, en el corto plazo, re-dirigir esos recursos tendrá como consecuencia un mayor consumo presente, pero instantáneamente colapsará la inversión, y al tiempo se expandirá la escasez de los bienes de consumo más básicos, lo que elevará sus precios, y con ello la pobreza y la indigencia. En el corto plazo, habrá cierto alivio, pero en el largo plazo, una vez redistribuido y consumido ese capital, habremos multiplicado el número de necesitados.

Pero hay más. Este tipo de normas ahuyentan el capital, que busca siempre el máximo retorno y el mínimo riesgo. Expropiar capital a quienes poseen grandes fortunas, les incentiva a abandonar el país y buscar otros destinos donde llevar su creatividad y su innovación, como ya ocurrió con el presidente de Mercado Libre, entre tantos emprendedores exitosos.

Claro que los marxistas se frotan las manos ante este tipo de medidas, porque harían colapsar al capitalismo y la economía de mercado, y con ello sobrevendrá el socialismo. Pero entonces lo único que se podrá repartir es la miseria, y la calidad de vida que conocemos en el siglo XXI habrá desaparecido, hasta que decidamos reconstruirla.

Nadie ignora que este sistema capitalista no es perfecto y que mucha gente sufre importantes carencias de bienes y servicios básicos, pero ha posibilitado reducir la pobreza y la indigencia en el mundo (Thomas Khazki)

Nadie ignora que este sistema capitalista no es perfecto y que mucha gente sufre importantes carencias de bienes y servicios básicos. Pero este sistema, que se viene expandiendo en los últimos 200 años, posibilitó el acceso a bienes y servicios, reduciendo la pobreza y la indigencia en el mundo, y contribuyendo a tener una mejor calidad de vida.

Esos beneficios -siempre parciales- se los debe a los hombres creativos, los emprendedores, quienes arriesgando capital piensan todos los días cómo satisfacer las necesidades del consumidor, lo cual es premiado con mayores beneficios y riqueza. Como dijo el famoso economista americano George Reisman en uno de sus últimos libros “este 1% provee el standard de vida del otro 99 por ciento”.

En torno al teletrabajo – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Se ha dicho que debido al teletrabajo que tanto se ha desarrollado en medio de la pandemia que a todos nos envuelve, cambiarán las características del voto. Esto pensamos es por varios factores posibles debido a que con el tiempo las urbes tenderán a desconcentrarse en alguna medida. En consecuencia, se descomprime la influencia de las masificaciones que presionan para disolver lo individual en aras del grupo. Aparecen allí los “líderes” que acentúan el problema concentrando poder, en lugar de cada uno liderar sus propias vidas.

En este contexto, por contraste, en las afueras de las grandes ciudades se facilita el pensamiento independiente al tiempo que hay mayor contención de las familias muchas veces ausentes en las urbes cuando la inmigración de las afueras a la urbe se debe llevar a cabo en soledad. También es del caso apuntar que la agricultura y equivalentes  asientan con mayor fuerza a los titulares que en las grandes ciudades donde habitualmente se rota de empleo y, por otra parte, el hecho de habitar una casa no es igual a vivir en un apartamento pues en el primer caso sobresale la particularidad, situación que en el segundo caso desaparece para subsumirse en el promedio.

Todo lo dicho tiende a hacer que el espíritu tradicionalista y conservador-liberal se fortalezca en pueblos y zonas rurales del interior y, por los antedichos motivos, tiende a multiplicarse el espíritu más bien estatista y centralizador en las urbes.

Desde luego que todo esto son influencias y no un “determinismo espacial” como bautiza este fenómeno Helena Béjar en El corazón de la república obra en la que cita a Jefferson que en carta a James Madison en 1787 advierte sobre el peligro de “apilarnos unos sobre los otros en grandes ciudades, como en Europa,  [así] nos corromperemos tanto como ellos.”

Y lo dicho no va solo para quienes poseen campos o chacras sino para quienes están directamente vinculados a empresas cuyos activos están grandemente constituidos por extensiones de tierras como las vitivinícolas o azucareras. Estas concepciones tradicionalistas se trasmiten a las descendencias por más que vivan en las urbes.

Como han puntualizado autores de la talla de Gustave Le Bon en La psicología de las multitudes “Es se observar que entre los caracteres especiales de las muchedumbres hay muchos, tales como la impulsividad, la irritabilidad, la incapacidad para razonar, la ausencia de sentimientos y de espíritu crítico”, “el sentimiento de responsabilidad que siempre retiene al hombre, desaparece enteramente”, “el contagio interviene igualmente”, “el individuo, sumergido por algún tiempo en el seno de la muchedumbre […] se encuentra bien pronto en un estado particular que se aproxima mucho al estado de fascinación en que se halla hipnotizado en manos del hipnotizador” porque “en las muchedumbres lo que se acumula no es el talento sino la estupidez.”

Alexis de Tocqueville también mostraba gran desconfianza por las masificaciones en La democracia en América donde subraya que “la mayoría posee un imperio tan absoluto e irresistible, que es necesario en cierto modo renunciar a sus derechos de ciudadano, y por decirlo así a su cualidad de hombre” puesto que “en los tiempos de igualdad, los hombres no tienen ninguna fe los unos en los otros a causa de su semejanza, pero esta misma semejanza les hace confiar de un modo casi ilimitado en el juicio del público, porque no puede concebir que, teniendo todos luces iguales, no se encuentre la verdad al lado del mayor número.”

Sin duda que el factor decisivo en todo esto reside en la educación, es decir en la trasmisión de valores consistentes con el respeto recíproco, lo cual sucederá en la medida de la independencia de las instituciones educativas y la abolición de reparticiones estatales que pretendan dictaminar acerca de estructuras curriculares en lugar de abrir cauce a la competencia entre entidades al efecto de lograr la mayor excelencia académica con auditorias cruzadas en un proceso cuya naturaleza estriba en la prueba y el error en un contexto evolutivo. De todos modos, lo señalado sobre el ámbito en el que se desenvuelve cada cual influye -no determina- las conductas que en nuestro caso pueden a su vez influir sobre el mapa electoral.

Claro que el teletrabajo no solo posiblemente influirá en los resultados del proceso electoral sino en multiplicidad de otras áreas, por ejemplo en la inmobiliaria puesto que ya no tendría sentido construir oficinas ampulosas cuando los empleados trabajan en sus domicilios.

Cierro con una referencia personal que hace a la ahora más extendida utilización del Zoom. Como tengo cierta alergia a las aduanas, migraciones, aviones, hoteles y demás parafernalia (los viajes serán solo por placer), este nuevo sistema me permite dictar clase por aulas virtuales y pronunciar conferencias desde mi biblioteca sin desplazamientos enojosos. Por otra parte, el sistema permite reunir una cantidad sustancialmente mayor de participantes ubicados en muy diversos países. Esto del teletrabajo y el Zoom puede colocarse en el lado del activo de esta desgracia de la pandemia que a todos nos afecta.

Publicado en la edición impresa del diario EL PAÍS, sábado 21 de noviembre de 2020.

Un balance resumido del Foro de San Pablo – por Alberto Benegas Lynch (h)

Luego del derrumbe del Muro de la Vergüenza y el consiguiente fracaso estrepitoso del socialismo, los movimientos de izquierda quedaron muy descolocados pues no solo desde el punto de vista humanitario las muertes por masacres y hambrunas poblaron todos los países que ensayaron el totalitarismo sino que quedó patente la imposibilidad de operar cuando se elimina la propiedad y consecuentemente los precios pues no hay modo de saber cuándo se consume capital en la evaluación de proyectos. Esto también quedó probado allí donde los aparatos estatales se entrometen con la propiedad privada aun sin abolirla como es el caso sobresaliente del fascismo que a diferencia de sus parientes comunistas permiten que se inscriba la propiedad a nombre de particulares pero usa y dispone el gobierno.

Frente a este páramo intelectual las izquierdas han resuelto pasar de la defensiva a la ofensiva, agruparse y volver a la carga. Esta decisión parte de dos usinas: por un lado los capitostes con ansia ilimitada de poder y dinero apuntan a conquistar espacios y, por otro, los ingenuos que estiman que puede fabricarse el dislate del “hombre nuevo” con el uso de la fuerza al efecto de endiosar lo colectivo en contraposición a lo individual que deriva en lo que en ciencias políticas se denomina “la tragedia de los comunes” que hace estragos, especialmente en perjuicio de los más vulnerables que siempre son los que más sufren cuando hay derroche de capital ya que de ello dependen los salarios e ingresos en términos reales.

En todo caso, puntualizamos que el Foro de San Pablo se creó en 1990 para insistir y volver a plantear las ideas socialistas. El primer órgano ejecutivo estuvo a cargo del Partido Comunista Cubano y luego se incorporaron muy diversos dirigentes, especialmente de América latina y el Caribe aunque con el tiempo también se incorporaron activistas de esa misma tendencia de Europa y Asia. Entre los dirigentes más destacados figuraron Evo Morales (Movimiento al Socialismo de Bolivia), Rafael Correa (Alianza PAIS de Ecuador), Daniel Ortega (Frente Sandinista de Liberación de Nicaragua), Fernando Lugo (Alianza Patriótica de Paraguay), José Mujica (Frente Amplio de Uruguay), Mauricio Funes (Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional de El Salvador), Dilma Russeff (Partido Nacional de los Trabajadores de Brasil), Ollanta Humala (Partido Nacionalista Peruano), Nicolás Maduro (Partido Socialista Unido de Venezuela) y Andrés López Obrador (MORENA de México) a lo que se agrega una lista de simpatizantes encabezados por el Frente de Todos de Argentina y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Hasta el momento ha habido veintiséis reuniones y los temas son los mismos del socialismo tradicional con algún aditamento pero en lugar de analizar toda la agenda es más productivo estudiar un buen texto de economía y derecho para percatarse de los errores de aquellas presentaciones reiterativas. En estas líneas mencionamos solo algunos de los puntos más relevantes con un comentario telegráfico que sigue a cada uno en forma de decálogo dado el espacio disponible en una nota periodística.

Primero, los documentos se pronuncian contra el “neoliberalismo”. Conviene en este sentido precisar que no existe tal cosa, ningún intelectual serio se identifica con semejante etiqueta. No parece que hubiera el suficiente coraje como para enfrentar al liberalismo que significa el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros.

Segundo, resulta inaudito que recomienden unificar los tres poderes, el Ejecutivo, Legislativo y Judicial al efecto de concentrar capacidad de decisión al tiempo que se sugieren reformas constitucionales para administrar discrecionalmente las partidas presupuestarias y permitir reelecciones indefinidas de gobernantes, todo lo cual va a contramano de los principios republicanos más elementales para preservar las autonomías de las personas sujetos de derechos, anteriores y superiores a gobernantes circunstanciales.

Tercero, se pone en evidencia la incomprensión del significado del derecho puesto que, por una parte, se patrocina el avasallamiento del fruto del trabajo ajeno y, por otra, se abandonan los mojones y puntos de referencia extramuros de la norma positiva en base a la Justicia que según su acepción clásica significa “dar a cada uno lo suyo” y lo suyo remite al derecho de propiedad desconocido por esta agrupación.

Cuarto, en la misma línea argumental se patrocinan las expropiaciones sin percatarse de la necesidad de respetar arreglos pacíficos y voluntarios en el proceso de mercado donde la gente vota en el plebiscito diario al poner de manifiesto sus preferencias, y los comerciantes que aciertan en la satisfacción de las demandas obtienen ganancias y los que yerran incurren en quebrantos, a diferencias del estado-empresario que inexorablemente opera sin asumir riesgo con recursos propios sino apropiándose de lo ajeno en base al pretexto de empresas hegemónicas que en verdad se establecen como fachada para los negocios de los megalómanos del momento.

Quinto, proponen aumentar gravámenes especialmente los de carácter progresivo que en verdad son regresivos ya que al disminuir las inversiones los contribuyentes de jure hacen que los salarios e ingresos en términos reales de los marginales se contraigan. También la progresividad vulnera la necesaria movilidad social ya que el ascenso y descenso en la pirámide patrimonial se ve bloqueada por estas barreras fiscales y, asimismo, las posiciones patrimoniales relativas se modifican de cuajo respecto a las que marcó el consumidor con sus compras y abstenciones de comparar.

Sexto, se pronuncian por el control de la prensa precisamente uno de los derechos más relevantes y fundamentales de la sociedad libre sin el cual no hay posibilidad de contrastar conocimiento alguno ni ejercer el contralor del aparato estatal que debe estar al servicio de la gente y no tratarla como súbdito de un poder ilimitado en el contexto de la supresión de la irremplazable libertad de expresión a la que tanto le temen los espíritus autoritarios.

Séptimo, el establecimiento de controles de cambios y restricciones al comercio internacional en sintonía con el veneno nacionalista que establece culturas alambradas y cortapisas para las transacciones de lo que pertenece a cada uno y el movimiento de personas a través de fronteras cuyo único propósito en una sociedad libre es evitar el peligro de concentración de poder en un gobierno universal.

Octavo, la regimentación de las relaciones laborales al efecto de contar con sindicatos convertidos en ejércitos de ocupación que no permiten a los trabajadores elegir el destino de sus ingresos y a través de legislaciones totalitarias que provocan daños irreparables a los más necesitados instaurando un sistema de dádivas para contar con apoyos condicionados.

Noveno, la concentración de la facultad de prostituir la moneda al efecto de financiar las operaciones de los burócratas en el poder con el resultado de la estafa al poder adquisitivo de la unidad dineraria.

Y décimo, ahora con la novedad respecto al socialismo tradicional al que se le adiciona la “ideología de género” que significa la obligación de terceros a contradecir la biología y la genética financiando caprichos de quienes se perciben de un modo distinto a lo que la naturaleza establece con agregados también de propuestas socialistas y la introducción del homicidio en el seno materno mal llamado aborto. Todo bajo el paraguas de un supuesto rechazo a la discriminación sin comprender que lo que no es aceptable es el trato desigual ante la ley por parte del gobierno pero cada uno en su ámbito privado naturalmente discrimina en cuanto a sus amistades, a sus lecturas, pasatiempos, compras, alimentaciones, vestimentas, músicas y todo lo que hace a la vida cotidiana. De más está decir que lo consignado en esta apartado no significa la pretensión de modificar lo que cada uno percibe de sí mismo, lo que se objeta es la obligación de otros de seguir pautas y definiciones no compartidas y mucho menos la obligación de financiar las inclinaciones de otros.

Me extiendo un poco en este último punto pues estimo necesario precisar aún más lo que trasmito en esta materia. Por ejemplo, una cosa es que pretenda obligar a quien escribe un trabajo académico la sandez de sostener que el sexo depende de la percepción de cada cual y no de la estructura genética (independientemente que alguien se castre y se implante pechos) y otra bien distinta son los modales y el trato que requiere consideración sin necesidad de articular expresiones que no le resultan al receptor. Una vez en una presentación reciente me referí a una situación un tanto pedestre y grotesca para ilustrar el tema: si en un almuerzo se está con uno de los invitados que tiene mal aliento no es necesario declararlo a viva voz, es mejor respirar en otra dirección. Recordemos que, como queda dicho, el liberalismo demanda el respeto irrestricto a los proyectos de vida de otros, lo cual para nada quiere decir compartir o adherir al proyecto del vecino, se trata de que cada uno pueda hacer lo que le plazca siempre y cuando no lesione derechos de terceros. En este contexto destaco uno de los casos más repugnantes en la historia del espanto de la intolerancia y el más brutal avasallamiento de espacios privados: Oscar Wilde fue encarcelado durante dos años por ser homosexual lo cual arruinó completamente su vida y en la práctica dejó de existir a partir de su liberación, una injusticia que no puede ser reparada a los ojos del más elemental sentido de la humanidad.

En otras palabras, en el Foro de San Pablo se reiteran lugares comunes fracasados y se improvisa malamente. Antes de pronunciarse es bueno consultar bibliotecas serias. Esteban Echeverría precisó la idea en su célebre primera lectura en el Salón Literario, en 1837, en pleno corazón del barrio de San Telmo, en Buenos Aires: “No nos basta el entusiasmo y la buena fe; necesitamos mucho estudio y reflexión, mucho trabajo y constancia”.

En resumen, las ideas patrocinadas por el Foro de San Pablo pretenden empujar a los seres humanos por los caminos de la esclavitud por lo cual vuelvo a citar una advertencia de Aldous Huxley en la esperanza de revertir su diagnóstico tremebundo: “En mayor o menor medida, entonces, todas las sociedades civilizadas del mundo moderno están constituidas por un número reducido de gobernantes corruptos por exceso de poder y por una extendida clase de personas corruptas por exceso de obediencia pasiva e irresponsable”.

El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y es miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Publicado originalmente en Infobae, 21 de noviembre de 2020.

Burbujas a la vista

La coyuntura de 2020 fue enfrentada a nivel global con una orquesta de emisión monetaria. La Reserva Federal de los Estados Unidos por caso, compró bonos de deuda cuya contrapartida implica una inyección de liquidez sin precedentes. ¿Está justificada esta política en este escenario tan complejo y único por la pandemia y la cuarentena universal?

El siguiente esquema puede ayudar a mostrar mi punto. Imaginemos que antes de la pandemia teníamos cierto equilibrio monetario, donde la oferta monetaria de dólares a nivel global provista por la Reserva Federal fuera equivalente a su demanda, explicada principalmente por la disposición de la gente de incrementar su atesoramiento de divisas. En tal situación, la economía tendría estabilidad monetaria, y no habría, al menos por factores monetarios, una creación de burbujas financieras.

Supongamos ahora que por causa de la pandemia y las medidas de cuarentena universal, la incertidumbre es tan grande que la demanda de dinero se incrementa. Si la Fed incrementa la oferta monetaria, estaría contribuyendo al equilibrio monetario. Para hacer esto, la Fed puede comprar bonos en el mercado abierto, inyectando liquidez como contrapartida.

Hoy esa demanda de divisas estaría en la meseta superior del dibujo, donde la incertidumbre persiste y la demanda de divisas se mantiene relativamente estable, a la espera de noticias como una vacuna salvadora, que despejen un poco las preocupaciones de la economía global.

Eventualmente, si Pfizer o cualquier laboratorio tiene éxito con el desarrollo de la vacuna, y la pandemia queda atrás, las medidas de cuarentena universal serán desmanteladas, y la economía rebotará con fuerza, contribuyendo a un rebote de actividad con generación de empleo y su consecuente mejora en la recaudación, lo que contribuye a sanear las cuentas públicas de varias economías hoy en rojo.

Lo cierto es que ese escenario haría que la demanda de dinero (línea azul) recupere su nivel normal, que podemos imaginar será similar al nivel anterior.

¿Qué hará la Fed en ese escenario? Técnicamente, podría vender esos bonos que adquirió cuando inyectó liquidez, y hacerlo al precio de mercado, absorbiendo esos excedentes de divisas y volviendo al equilibrio monetario. La contracción monetaria necesitará ser extrema para poder absorber la mayor creación de divisas de la historia. El escenario es técnicamente posible, pero difícil de llevar a la práctica.

Algún analista dirá que en el escenario de rebote global de las economías, también habrá mayor demanda de dinero para transacciones, pero si bien es cierto, ese incremento en la demanda no es suficiente para absorber todo el excedente.

Mi punto en esta nota es que hay un excedente de divisas que llegó para quedarse, y si bien las economías rebotarán, no podrán absorber esa nueva liquidez por completo. Por el contrario, el nivel de precios de la economía deberá subir para adaptarse a la nueva liquidez, lo que nos deja con un escenario de burbujas de acuerdo a la forma en que esta liquidez se canaliza en el mercado de créditos.

En 2001 el dinero se canalizó al Nasdaq, especialmente a las acciones de empresas punto com. En 2008 el dinero se canalizó al mercado inmobiliario. En 2020 habrá que analizar hacia donde se canaliza el dinero, pero posiblemente estemos viendo burbujas simultáneas en mercados bursátiles, mercado inmobiliario, mercado de bonos y también en commodities.

El escenario que estamos viendo es una oportunidad para los inversores de corto plazo, para la especulación, pues todo tenderá a subir, pero yo estaría atento a salir a tiempo, pues en algún momento la música va a parar, y será mejor no estar en el baile. Ese momento se dará cuando emerjan riesgos de inflación y la Fed enfrente la medida con suba de tasas de interés.

Publicado originalmente en El Cronista, martes 17 de noviembre de 2020.

Las conductas y los modales importan en Estados Unidos – por Alberto Benegas Lynch (h)

Comienzo por declarar mi más profunda admiración por la tradición estadounidense, además cursé parte de mi colegio secundario en ese país, también obtuve una beca para estudiar allí luego de haberme graduado en la universidad y donde tengo muchos buenos amigos. Entre otras manifestaciones, mi respeto por Norteamérica lo puse de relieve en mi libro titulado Estados Unidos contra Estados Unidos, publicado primero por el Fondo de Cultura Económica y luego por Unión Editorial de Madrid, una extensa investigación en la que marco el declive de esa nación respecto a los extraordinarios valores y principios de los Padres Fundadores.

Ese pueblo ha estado en una muy difícil encrucijada en las elecciones presidenciales en la que por una parte se encontraba Donald Trump que elevó sideralmente el gasto público, el déficit fiscal y la deuda externa lo cual ha alimentado notablemente al Leviatán y, por otra Joe Biden, que -como hemos destacado tantas veces- arrastra buena parte de las izquierdas radicalizadas que naturalmente abogan por más estatismo. Una vez más subrayamos que el electorado partidario de la sociedad abierta se encontraba en un callejón sin salida: entre aceptar ser ametrallado o ser acuchillado. Triste disyuntiva en la nación que ha sido el baluarte del mundo libre durante generaciones. Es de esperar que esta vez los demócratas en el gobierno apunten a la moderación, lo necesita con urgencia el mundo libre.

Cuando Trump ofreció un discurso desde la Casa Blanca denunciando fraude en las elecciones, las cadenas ABCCBS y NBC eligieron no trasmitirlo completo, pues lo consideraron infundado y alarmante (la BBC de Londres hizo lo mismo: “No solo lo interrumpimos sino que lo corregimos”, dijo el locutor). CNN Fox News lo trasmitieron completo, pero también advirtieron que las denuncias no se respaldaron en pruebas (especialmente John Roberts en esta última cadena informativa y Chris Wallace que dijo que con sus declaraciones de fraude Trump “encendió un fósforo”), lo cual también señalaron enfáticamente 16 abogados republicanos y miembros destacados de ese partido como el ex candidato presidencial y ex senador por Pennsylvania, Rick Santorum.

El congresista republicano Marco Rubio había dicho que “Trump es un payaso que hay de desenmascarar” y ahora subraya que “no puede denunciarse fraude sin pruebas” y lo mismo ha expresado el senador republicano Pat Toomey de Pennsylvania. Por su parte el gobernador -también republicano- de Maryland, Larry Hogan, ha dicho que “Trump está minando el sistema democrático” y el congresista republicano de Illinois Adam Kinzinger ha enfatizado que las denuncias de Trump “están desinformando y se están convirtiendo en algo insano”. Finalmente Chris Christie, ex gobernador republicano de New Jersey que aspira a la reelección, acusó a Trump de “inflamar sin informar” y lo instó a “mostrar la evidencia que respalde sus dichos” y William Cogswell de South Carolina concluyó que “como representante que acaba de ganar en un distrito azul, estoy avergonzado y avergonzado por lo que acabo de escuchar del mandatario”, en alusión a las antedichas denuncias por fraude.

Esta elección más que pro Biden ha sido en gran medida anti Trump. El Partido Demócrata se propone intervenir aun más en el área educativa, imponer sistemas de salud que se traducen en la enfermedad del socialismo, establecer nuevas cargas fiscales y regulaciones varias lo cual incluyen el llamado ambientalismo. Esperemos que esto se revea con la firme decisión especialmente de los republicanos en el Senado. En las líneas que siguen centramos la atención en Trump, pues es quien se ha apartado abiertamente de la tradición republicana en las formas y, sobre todo, en el fondo, una conducta opuesta que había señalado con firmeza Ronald Reagan en sus célebres discursos en la esperanza de volver a las fuentes puesto que “la solución no es el gobierno, el gobierno es el problema”.

Se han desengañado con esta administración desde encumbrados empresarios -que por esos motivos han renunciado al consejo asesor empresario-, historiadores y, como queda dicho, destacados integrantes de su propio partido, periodistas de muy diversos medios orales y escritos. Se han referido a sus modales del todo impropios para la presidencia, a sus berrinches con la prensa al pretender echar de la Casa Blanca a críticos como si el inmueble le perteneciera, sus exabruptos respecto a jueces que emiten fallos en su contra, sus ofensas y “guerras comerciales” con gobernantes de países tradicionalmente aliados de Estados Unidos, su xenofobia, sus maltratos y reemplazos intempestivos con funcionarios varios incluyendo al director del FBI, al secretario de Seguridad, dos de sus voceros y a su jefe de Gabinete, el despido del secretario de Interior y al secretario de Defensa, su abogado de mayor cercanía termina en la cárcel por mentir y concluye que “Trump no merece confianza” (el Presidente ahora lo llama “rata”, a lo cual el ex procurador federal y colaborador de Fox News Andrew McCarthy le recuerda que esa palabra es usada por la mafia para aludir a quienes confiesan la verdad a las autoridades).

Tony Schwartz, autor de su biografía best-seller, The Art of the Deal, ahora afirma que ha “llegado a la conclusión que Trump está desequilibrado y carece de las condiciones para mantenerse en el cargo”. Por su parte, David Stockman se detiene en sus múltiples libros, artículos y apariciones televisivas a mostrar el desmesurado y peligroso intervencionismo estatal de Trump.

Como queda consignado, afortunadamente hay algunas expresiones muy estimulantes en el propio Partido Republicano, por ejemplo, las declaraciones reiteradas y la publicación de un sustancioso libro por parte de Jeff Flake del riñón del republicanismo que lleva el mismo título del legendario Barry Goldwater: The Conscience of a Conservative. Flake, quien es conocido por sus notables discursos en el Senado, sostiene que “Trump no puede seguir en la presidencia puesto que no solo ofende la confianza del pueblo sino que ha dejado de lado lo mejor de la tradición del Partido Republicano”.

Aquellos que apoyan al inquilino de la Casa Blanca por el mero hecho de haber reducido impuestos sin importarles los avasallamientos a la división de poderes y las antedichas extralimitaciones me recuerdan a los indios sudamericanos en la época de la conquista española que por la entrega de espejitos de colores y otras chucherías se dejaban engañar vendiendo su libertad para someterse a instituciones esclavistas como la mita y el yanaconazgo.

En cualquier caso mencionamos aquí lo que fue la situación de Rex Tillerson, el primer secretario de Estado designado por actual mandatario (que más bien actúa como mandante), quien ha llevado a cabo una carrera descollante en el mundo de los negocios. Es ingeniero civil y antes de asumir esa cartera se desempeñaba como presidente del directorio y CEO de ExxonMobil, como es sabido la tercera empresa con mayor facturación del mundo. Pues bien, Tillerson luego de dejar ese cargo (cuarto en la línea sucesoria a la presidencia de Estados Unidos) al ser malamente despedido por Twitter (igual que acaba de hacer con el nuevo Secretario de Defensa Mark Esper), ha sostenido desde prestigiosas tribunas universitarias, militares y empresarias que Trump le ha insistido “en reiteradas oportunidades encarar actividades claramente ilegales”, que “no respeta los límites de su cargo”, que “permanentemente hace afirmaciones que no se condicen con los hechos” y que “no comprende las ventajas del comercio libre”.

En este último sentido, Trump impuso aranceles nuevos sobre cerca de $400.000 millones de importaciones, resultando en un aumento de $38.000 millones en impuestos a los importadores, lo que ha sido transmitido a través de las cadenas de suministro, levantando los costos de producción a lo largo del sector de manufacturas y los precios al consumidor en todo el país.

Ahora Maryanne Trump Barry, ex juez federal en EEUU y hermana mayor de Donald fue grabada por su sobrina Mary Trump (la autora de Too Much and Never Enough: How my Family Created the Wold´s most Dangerous Man), grabaciones que fueron reproducidas por el Washington Post el 22 de agosto de 2020 donde entre otras cosas dice que su hermano “no tiene principios”, “es cruel”, “miente” y “no se puede confiar en él”.

En determinado momento se llegó a la situación extrema en que la Cámara de Representantes le inició un pedido de juicio político a Trump por abuso de poder el cual fue frenado en la Cámara de Senadores pero con el apoyo al referido juicio del ex candidato presidencial, ex gobernador de Massachusetts, abogado por la Universidad de Harvard y actual senador republicano por Utha, Mitt Romney, quien ahora declara que “Trump recurre a un lenguaje desafortunado.”

El célebre periodista del sonado caso de Watergate (junto con Bernstein) Robert U. Woodward (Bob) publicó un extenso trabajo sobre los dislates de Trump en cuarenta y dos jugosos capítulos, una investigación titulada en su versión española El miedo. Trump en la Casa Blanca (Barcelona, Roca Editorial, 2019). El título de esta obra proviene de lo dicho por Trump en su campaña electoral el 31 de marzo de 2016 tal como lo consigna Woodward en el epígrafe: “El verdadero poder es -ni tan siquiera quiero utilizar la palabra- el miedo”. Recuerdo en este contexto otro pensamiento de Jefferson: “Cuando el pueblo teme al gobierno hay tiranía, cuando el gobierno teme al pueblo hay libertad”.

Hay otras manifestaciones realmente repulsivas de Trump como sus referencias peyorativas e insultantes dirigidas al entonces senador por Arizona John McCaine héroe de la Segunda Guerra y el episodio horroroso de Charlottesville, en el que nada menos que en Estados Unidos originalmente la tierra de la libertad, apareció la insignia de la cruz esvástica como si no fuera la señal de la muerte y el más horrendo oscurantismo totalitario. Pues eso ocurrió en una ciudad de Virginia, una manifestación que vociferaba sobre la “supremacía blanca” que luego se topó con otra de diferentes características. Y lo peor es que el presidente Trump dijo ese mismo día -escuchado directamente por quien escribe estas líneas- que “en los dos bandos había gente muy buena” (“very fine people on both sides”). ¡Como puede decirse que en un grupo que adhiere al nazismo puede haber gente buena, sino más bien monstruos!, cualquiera sea el motivo que se alegue para la marcha y cualquiera sean las circunstancias.

En medio de las trifulcas por las elecciones presidenciales Trump lo llamó a Rupert Murdoch (el principal accionista de Fox News) para que su canal se retractara de proyecciones que estaba trasmitiendo, a lo que Murdoch se negó. Las conductas y los modales importan. Desde luego que las irregularidades -sean o no intencionales- deben ser investigadas lo cual ha venido ocurriendo, pero hay que tener en claro que los votos por correo emitidos antes y durante el 3 de noviembre llegan a destino con posterioridad lo cual naturalmente pone de manifiesto el desfasar del caso.

Al margen anoto que, según proyecciones de analistas políticos, el Partido Libertario que comanda Jo Jorgensen en esta contienda electoral obtuvo un volumen de votos que hubiera permitido el triunfo de Trump en distritos clave debido a las posibles segundas opciones de sus simpatizantes, una lección que puede servir para otros países (Marshall Burt del PL venció al candidato demócrata Stam Blake para la Cámara por el distrito 39 de Wyoming).

Carlos Alberto Montaner en su columna titulada “Trump perdió las elecciones” escribe: “Trump, como se sabe, perdió las elecciones, pero quiere permanecer en la Casa Blanca a cualquier costo. Ha pedido que se detenga el conteo de la votación, pero, afortunadamente, ni republicanos ni demócratas le han hecho caso. Uno de los hijos de Trump ha advertido que ya hay ´traidores´ a su padre en las filas republicanas. Seguramente se refería a Mike Pence, el vicepresidente, quien se desmarcó de Trump desde la noche del 4 de noviembre”. Y concluye que al actual presidente “le importa un rábano” el Partido Republicano. El ex presidente G. W. Bush lo llamó a Biden por teléfono para felicitarlo y enfatizó que “el resultado electoral es claro y justo” (y como una nota al pie consigno que la asesora de la primera dama, Omarosa Manigauit Newman, afirma que “Melania está contando los minutos para que su marido esté fuera del cargo para divorciarse”).

Muchos mandatarios se han adelantado para felicitarlo a Biden por su triunfo electoral, pero es del caso destacar especialmente las emotivas palabras de Angela Merkel, quien subrayó lo que estima son las muy buenas condiciones personales del nuevo presidente y recordó que Estados Unidos es el principal aliado de Alemania y confía en un buen trabajo con el nuevo gobierno para el fortalecimiento del libre comercio y la seguridad.

En otras palabras, todos los interesados en preservar la sociedad libre deben preocuparse y ocuparse en fortalecer los valores tradicionales de Estados Unidos, la revolución más exitosa en lo que va de la historia de la humanidad. Por esto es que especialmente alarman manifestaciones como las del actual morador en la Casa Blanca. Por suerte, las reservas morales en ese gran país son inmensas y seguramente podrán revertir lo que viene ocurriendo, pero, como ha señalado Mitch McConnall, todas las dudas razonables deben disiparse haciendo las cosas como marca la ley y no como se alardea en algunos sermones.

El autor es doctor en Economía y también doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y es miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Publicado originalmente en Infobae, lunes 16 de noviembre de 2020.

¿Giro a la ortodoxia?

Definamos qué es la ortodoxia. Más allá de su vinculación a posiciones religiosas, el término “ortodoxia” para el caso que nos compete remite a la política económica que se ajusta a los principios de la ciencia económica o que cumple sus normas o prácticas tradicionales, generalizadas y aceptadas por la mayoría de los economistas que conforman la profesión. En pocos términos, la “ortodoxia” en economía se vincula con “equilibrios” fiscal, monetario y cambiario.

El gobierno que asume en diciembre de 2019 ha sido sumamente heterodoxo para enfrentar la crisis económica y sanitaria. En lo fiscal, si bien heredó una situación de relativo equilibrio fiscal primario, amplió el gasto con múltiples subsidios a diversos sectores de la economía, dejando una situación muy endeble de cara al 2021, con un desequilibrio fiscal primario de aproximadamente 10 puntos del PIB. Resulta difícil encontrar antecedentes a tamaño desequilibrio.

Sin acceso a deuda, el gobierno monetizó ese déficit dejándonos con un desequilibrio monetario que transitoriamente puede resolver absorbiendo esos excedentes de dinero con Leliqs, pero con riesgos de alta inflación y crisis cambiaria para el mediano plazo.

La cuestión cambiaria está ligada a la cuestión monetaria, y si bien el tipo de cambio al momento de asumir parecía de equilibrio (en palabras del propio Presidente), la crisis económica y sanitaria, más el desequilibrio fiscal y monetario, dejan una serie de problemas para los próximos meses que seguramente impactarán en el tipo de cambio nominal.

Resumiendo, la heterodoxia del gobierno se puede observar en un fuerte déficit fiscal, monetario y cambiario, más allá de que ciertos analistas lo justifiquen por la situación sanitaria, enfrentada con la polémica política de cuarentena universal, que recortó la actividad económica y el empleo, impactando negativamente en la recaudación.

El rumbo natural de los acontecimientos empieza a cambiar, no porque el gobierno haya hecho mucho, sino porque parecemos haber tocado fondo. El segundo trimestre mostró la mayor caída de actividad, impactando en un desempleo estimado en 29 % para mitad de año. Pero de ahí en adelante, en la medida que las medidas de cuarentena universal se empezaron a flexibilizar, la economía inició un rebote que se replicó prácticamente en todas las economías del mundo. De ese piso del segundo trimestre, sí, la Argentina está mejor; pero comparado con diciembre de 2019, o mejor aun contra marzo de 2018 que fue el último pico de actividad, Argentina aun tiene mucho espacio para recuperar.

Estas últimas jornadas recibieron algunas buenas noticias a nivel global. Algunos laboratorios empiezan a mostrar cierto éxito en el desarrollo de una vacuna que podría resolver en el mediano plazo la cuestión sanitaria. Los mercados bursátiles europeos mostraron cierto optimismo, por ejemplo, tras la noticia de Pfizer.

A su turno, la economía global también muestra un rebote acelerado con generación de empleo, en la medida que se van flexibilizando y en algunos casos desmantelando por completo las restricciones por cuarentena.

Los precios de los commodities empiezan a recuperar, y en algunos casos alcanzan picos superiores a los vistos en los últimos años, lo que puede contribuir a recuperar cierto optimismo en relación con las divisas que se pueden adquirir vía exportaciones.

Por el lado de Argentina, sí, hubo una buena señal (fundamental quizás) en detener las tomas de tierras. Un aspecto institucional clave que generó cierto optimismo en el mercado de que Argentina no será Venezuela, pero me pregunto: ¿Tan bajo hemos caído para pensar que esto es un giro a la ortodoxia?

Bien, no es solo eso. El gobierno ofreció un presupuesto 2021 que plantea reducir prácticamente a la mitad el desequilibrio fiscal basado en una mejora en la recaudación (natural por flexibilizar cuarentenas y recuperar actividad), y por recortar parcialmente el IFE pues ya no se justificaría con la nueva realidad. Pero aun si se cumpliera -lo que muchos dudan por el año electoral-, aun persiste un déficit fiscal de 4,5 % del PIB que será necesario monetizar.

Bueno, alguien dirá que no necesariamente habrá que monetizar, porque el gobierno ahora giró hacia el mercado de deuda, y coloca bonos -con atractivo rendimiento en dólares- que permite calmar al mercado cambiario. Bonos en dólares para formar reservas y bonos en pesos para absorber aquellos excedentes que podrían continuar demandando las divisas.

Al mismo tiempo, el gobierno cambió la fórmula jubilatoria, y sí, eso puede generar cierto ahorro fiscal en 2021 comparado con la fórmula anterior, pero también debemos señalar que la fórmula de actualización no parece ser muy ortodoxa, si tenemos en cuenta que ningún país del mundo administra las pensiones de ese modo.Por último, el FMI visitó la Argentina y presiona para que Argentina resuelva de una vez el desequilibrio fiscal, monetario y cambiario, avanzando en una serie de reformas laboral, previsional e impositiva, que además incluya una reforma integral del estado. Ese camino es el único que podría darle a la Argentina la posibilidad de evitar un nuevo default cuando el inicie el próximo gobierno en 2023. Pero esta es una agenda que Guzmán quiere evadir, y que dificultará el acuerdo.

Resumiendo, no hay un giro a la ortodoxia del gobierno. Tocamos fondo en el segundo trimestre, y rebotó la actividad a medida que la cuarentena universal se fue flexibilizando. Seguirá ese rebote en 2021, y seguramente habrá “recuperación”, pero no “crecimiento” por muchos años. La cuestión fiscal sigue siendo muy grave, aun con el cambio de la fórmula jubilatoria que deja en la misera a millones de pensionados. La cuestión monetaria es una bomba de tiempo, y será más grave aun con la monetización de 2021 cuya magnitud hoy no se puede precisar. La cuestión cambiaria, si bien muestra una calma transitoria por la conjunción de los factores señalados, será muy difícil de sostener con el correr de los meses, pues mantener los excedentes de pesos en Leliqs tiene un costo económico que el gobierno no puede pagar, y que irá agravándose por su propia fórmula de “bola de nieve”.

Un acuerdo con el FMI parece importante en esta Argentina. Pero eso sí requerirá, me parece, un giro a la ortodoxia que -por ahora- el gobierno no desea dar.

El autor es economista, profesor de ESEADE.

Publicado originalmente en Infobae, lunes 16 de noviembre de 2020.