Laissez Faire, No. 54-55 I Marzo-Septiembre 2021 I FCE, UFM

La Escuela de Chicago y el Premio Nobel de Economía
Iván Alonso
No. 54-55 (Marzo-Septiembre 2021)
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De los economistas comprometidos
Enrique Fernández García
No. 54-55 (Marzo-Septiembre 2021)
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Carl Menger y el liberalismo
Federico Salazar
No. 54-55 (Marzo-Septiembre 2021)
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The Benefits of Congestion Pricing
Isabel Emery and Walter E. Block
No. 54-55 (Marzo-Septiembre 2021)
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El Estado benefactor en América Latina: Un análisis de su evolución
José Tomás Esteves Arria
No. 54-55 (Marzo-Septiembre 2021)
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Construcciones imaginarias e hipótesis ad hoc en el proceso de formación de capital
Adrián Ravier
No. 54-55 (Marzo-Septiembre 2021)
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Bitcoin y “el fin justifica los medios”

En las últimas semanas El Salvador estuvo en las noticias por la decisión del presidente Bukele de obligar que se acepten bitcoin como medio de pago en dicho país. El Salvador dolarizó su economía en el 2001. La dolarización le permitió a El Salvador reducir sus tasas de interés (por ejemplo por menor prima de riesgo de devaluación) y lograr una mayor integración financiera con Estados Unidos.

El 5 de julio, Buekele anunció una lay que haría de Bitcoin no una moneda de curso legal, sino una moneda de curso forzoso. Una moneda de curso legal es aquella que no puede ser rechazada para cancelar deuda (por ejemplo, para que el acreedor no pueda tener de rehén al deudor y seguir acumulando intereses). Una moneda de curso legal no impide que las transacciones spot puedan ser en cualquier moneda (o incluso trueque). Distinta es una moneda de curso forzoso, donde dicha moneda no puede ser rechazada en un contrato spot (no hay deuda). Si bien las leyes de curso legal son comunes, ese no es el caso de las leyes de curso forzoso.

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Valor Subjetivo y Teorema de Coase

Una discusión en un post previo me motiva a escribir sobre este tema para presentar un análisis sobre la cuestión.

El llamado Teorema de Coase fue un notable aporte de quien tuviera la característica de escribir pocos artículos, pero uno más importante que el otro. En este caso “El problema del costo social”. Para empezar, a aquellos que sostienen el carácter subjetivo del valor les hará ruido lo del “costo social” y en tal caso cómo alguien puede conocerlo, pero dejemos eso de lado por el momento.

La enorme contribución de Coase se presenta, de entrada, como una discusión a la posición predominante, la de Pigou, respecto a la solución de problemas de externalidades negativas ya que éste planteaba el problema como una falla de mercado y proponía como solución un impuesto a la actividad que la generara. Coase señala que Pigou se equivoca en pensar que es la única, o mejor, solución ya que (y éste es el teorema), si los derechos de propiedad están claramente definidos y los costos de transacción son bajos, las partes llegarán a soluciones mutuamente satisfactorias, sin importar quién tenga el derecho.

Tomemos el caso Brigdmarn vs Sturgess que aparece en el artículo: una panadería se encuentra instalada y trabajando y un médico se muda al lado. Al tiempo, decide construir su consultorio justo al lado de pared medianera y descubre que los ruidos y vibraciones de una máquina amasadora le molestan o impiden realizar su tarea (no escucha bien con el estetoscopio). Según Pigou, el que produce la externalidad es la panadería por lo que habría que ponerle un impuesto, tan alto que lleve a su dueño a mover la máquina…, o la panadería. Según la visión de Coase, podría presentarse el asunto de esta forma: hay dos posibilidades en cuanto a la asignación del derecho de propiedad y, a su vez dos alternativas respecto a los costos:

Derecho al panaderoDerecho al médico
1) P: 100; ME: 703) P: 100; ME: 80
2) P: 60; ME: 804) P: 60; ME: 80

Así suele presentarse en muchos artículos.

En el primer caso el derecho es del panadero y como su valoración es de 100, y el médico no puede pagar más de 70, la máquina se queda y, en todo caso, el consultorio se muda. En el caso 2), por el contrario, la valoración del médico le permitiría ofrecer, digamos 70, por mover la máquina y ambos salen beneficiados (+10), la máquina se va. El caso 3) es similar al anterior pero aquí, como el derecho es del médico, el panadero puede pagar 90, la máquina se queda y con ello el médico mueve el consultorio. Por último, 4) es la reversa de 1) la valoración del panadero no le permite pagar lo suficiente por lo que, siendo el derecho del médico, la máquina se va.

Todo hasta ahí parece muy bien, pero cuando los costos de transacción son elevados y esto impide la transacción, entonces 2) y 3) ya no son posibles, quedan 1) y 4). En ese caso, Coase dice que el juez debe asignar el derecho de forma tal que se maximice el resultado positivo. En este caso debería inclinarse por 1) donde el surplus es 30 en lugar de 20 para 4); pero el problema es otro. Y es que esos números no están a la vista del juez ya que las valoraciones son subjetivas. Entonces pedirle al juez que haga eso es pedirle que ponga, en todo caso, sus valoraciones o las de la comunidad, o las de cualquier otro.

Con una teoría subjetiva del valor, el caso debería presentarse de esta forma:

Derecho al panaderoDerecho al médico
1) P > ME3) P > ME
2) P < ME4) P < ME

Ahora el juez está en problemas, porque no puede evaluar el resultado de cada alternativa y compararlas. ¿A quién le asigna el derecho entonces? ¿Cuál es la asignación eficiente?

Continuará

Hoppe contra Hayek

Aproveché el tiempo extra que me dieron las fuertes restricciones a la actividad económica del 2020 para releer un clásico de Hayek, Camino de Servidumbre. Hace unas semanas, por invitación de la fundación Libertad y Progreso, hicimos una charla en YouTube acerca de este importante libro de la tradición liberal, tanto en la política como en la economía.

La charla, donde analizo los principales puntos dle libro, puede verse en este link:

Leyendo el libro recordé un tema, tratado en este mismo blog, que tenía que ver con una crítica de Hans Hermann-Hoppe, representante de una de las ramas más “radicalmente intolerantes” (sic.) de la escuela austriaca de economía, a Hayek. En dicha crítica, Hoppe sostiene que Hayek, así como Milton Friedman, no son en realidad verdaderos liberales. 

En sus palabras: “Friedman y Hayek son en realidad parte de la izquierda, por supuesto, no de la versión fuerte tradicional marxista de la izquierda, sino de la versión suave, social-demócrata, redistribucionista del socialismo.”

Hoppe sostiene su punto abordando algunos párrafos de sus obras políticas (Fundamentos de la Libertad y Derecho, Legislación y Libertad), pero cuando uno lee Camino de Servidumbre también puede encontrar fragmentos que sostengan la crítica de Hoppe. 

En el capítulo IX, Seguridad y Libertad, el austriaco diferencia dos tipos de “seguridades”. La primera es “la seguridad contra una privación material grave, la certidumbre de un determinado sustento mínimo para todos”, mientras que la segunda es la “de un determinado nivel de vida o de la posición que una persona o grupo disfruta en comparación con otros”.

Desde el punto de vista de Hayek, la primera seguridad podía intentar ser garantizada por el estado sin que esto signifique un peligro para las libertades individuales:

“No hay motivo para que una sociedad que ha alcanzado un nivel general de riqueza como el de la nuestra, no pueda garantizar a todos esa primera clase de seguridad sin poner en peligro la libertad general.”

Indudablemente, este nivel mínimo (que el propio Hayek reconoce que será problemático de definir) estará financiado con impuestos, por lo que necesariamente está aceptando un grado de redistribución. Pero la pregunta, para ir al tema central, es si esto lo convierte en un miembro de la rama “suave” del socialismo.

Una respuesta pragmática -es decir, no de fondo- puede ser mirar el nivel del gasto público de Argentina dividido por rubros y ver cuánto más o cuánto menos estado implica la propuesta de Hayek. 

De acuerdo con datos oficiales, en 2017 el gasto público total de Argentina se ubicó en 46,7% del PBI. De ese total, solo 1,78% fue destinado a “promoción y asistencia social”, lo que podríamos equiparar a esta “primera clase de seguridad”, a este gasto destinado a evitar “privaciones materiales graves”. No está defendiendo Hayek el gasto en subsidios económicos, que se llevaba 4,9% del PBI, o la previsión social, responsable del 11,9%, ni tampoco el gasto público en educación o salud tal como los conocemos en nuestro país (y que sumados alcanzaban el 13%).

O sea que si dejáramos un estado que solo se ocupara de la seguridad ciudadana, la defensa, y la administración general, y además le sumáramos el 1,78% para promoción y asistencia social, tendríamos un estado con un tamaño de 7,2% del PBI.

Cuando Juan Ramón Rallo escribió “Una Revolución Liberal para España” proponía un estado que costara 5% del PBI. Así, la propuesta de Hayek estaría mucho más cerca de ser una Revolución Liberal que de ser una versión suave del socialismo. 

En cualquier caso, es un tema para seguir explorando, y no es el único punto en donde las visiones de Hoppe y de Hayek van a colisionar.

FILOSOFÍA: Entrevista a Gabriel Zanotti (con P. Francisco Delgado y Vicente Moreno)

Hoy tenemos la inmensa suerte de entrevistar al prof. Gabriel Zanotti, un gran erudito argentino que viene a hablarnos de libertad y religión. Autor de numerosos libros, acaba de publicar “Filosofía”, obra de la que nos hablará durante la entrevista. Nos acompañan también el teólogo y filósofo tomista P. Francisco Delgado y el economista austriaco y escritor Don Vicente Moreno para charlar sobre temas extremadamente interesantes. Desde aquí agradecemos a Zanotti su participación y aguardamos que vuelva en otra ocasión si se ha sentido cómodo.

Sobre un personaje mayor en la tradición liberal – por Alberto Benegas Lynch (h)

Algernon Sindney escribió en 1681 sobre algunos principios básicos que luego profundizaron Locke y Montesquieu.

Algernon SidneyAlgernon Sidney

A veces acontecimientos claves de la historia no son suficientemente ponderados. Como es sabido, el inicio del espíritu liberal puede situarse en el método socrático, pasando por las experiencias atenienses, romanas, los fueros españoles y sus “juicios de manifestación” antes del habeas corpus, la Carta Magna de 1215, el desarrollo del common law y la escolástica tardía. Si bien el salto cuantitativo original habitualmente se atribuye a John Locke con su tratado de 1689, resulta clave señalar que antes que eso y en la misma dirección y con argumentos de mayor peso Algernon Sindney escribió en 1681 su obra titulada Discourses Concerning Government que demoró en publicarse hasta 1698 debido a su criminal ejecución el 7 de noviembre de 1683 por orden de Carlos II.

El voluminoso trabajo de Sidney fue como respuesta muy extendida al libro de Robert Filmer en cuyo título se expone la tesis central, Patriarcha: A Defense of Natural Power of Kings Against the Unnatural Liberty of the People publicado en 1680. Era una defensa y ratificación de la noción muy generalizada de la época que los monarcas derivaban su poder de Dios y que, por tanto, no podía ser cuestionado independientemente del contenido de la respectiva resolución.

Sidney refutó esta absurda conclusión y se explayó en la naturaleza del gobierno y las limitaciones a su poder a los efectos de salvaguardar los derechos de las personas, a su juicio inherentes a la persona y más allá de la legislación del momento. Esto no solo como un fundamento moral sino para asegurar el mayor bienestar de la gente basado en que esos derechos son naturales al ser humano y anteriores y superiores a la constitución del monopolio de la fuerza. Estas disquisiciones se oponían no sólo al poder político sino también al poder de las religiones oficiales. La frase que resume su pensamiento es la ironía de comentar que en los sistemas entonces vigentes “algunos nacen con una corona sobre sus cabezas y todos los demás con monturas sobre sus espaldas.”

La referida obra de seiscientas páginas en la edición que tengo en mis manos, está dividida en tres grandes capítulos que contienen noventa y ocho secciones. Comienza diciendo que es perfectamente excusable el error cometido por ignorancia, pero personas leídas e informadas no tienen justificación de engañar a la gente con supuestos inauditos como que el poder de los reyes es un mandato divino al efecto de respaldar sus fechorías. Como queda dicho, en verdad el autor explica que los derechos individuales provienen de la naturaleza de la condición humana para poder desarrollar sus potencialidades y el gobierno está teóricamente constituido para proteger y garantizar esos derechos. Es lamentable -continúa Sidney- que muchas autoridades religiosas se hayan plegado a la idea de la infalibilidad de la corona cuando su misión es la de velar por la integridad de los miembros de la comunidad y no estos reverenciar y otorgar facultades ilimitadas a quienes están supuestos de proteger las autonomías de los gobernados, quienes deben tener la posibilidad de remover a quienes los asaltan.

A continuación subraya el desatino de insistir en que el pueblo no debe interferir en los misterios del poder solo reservados a los que lo detentan puesto que ese razonamiento constituye un insulto a la inteligencia. Los hombres que asumen el poder no son diferentes al resto de los mortales, solo que se le ha confiado la misión de proteger las condiciones para que cada uno pueda desarrollar sus facultades dignas de la condición humana.

Constituye una ofensa a Dios el endosarle la responsabilidad por los martirios que sufre la gente. Los que tienen las inclinaciones delictivas de Nerón deben ser tratados como tales. La prudencia y el acierto en las decisiones gubernamentales no surgen automáticamente “no crecen como los hongos” son fruto de meditaciones y asesoramientos calificados y serios. La gente no debe dejarse atropellar y eventualmente permitir que los decapiten en sentido figurado o en sentido literal en nombre de una alegada facultad inexistente. No tiene el menor sentido reclamar que se dé al César lo que pertenece al Cesar cuando lo que se pide es el poder absoluto como atributo indiscutible del Cesar lo cual desconoce la naturaleza del gobernante y los atributos de la gente, todo como un pretexto para atropellar los derechos de todos los que no gobiernan.

La sección quinta del primer capítulo lleva el muy sugestivo título de “Depender de la voluntad de un hombre es la esclavitud” donde alude a la esencia de la tiranía que consiste en que la gente se encuentre a merced del monarca ya que la libertad es la ausencia de coacción por parte de otros ya que “son esclavos quienes no puede disponer de su persona ni de sus bienes y todo depende de lo que resuelva su amo; no hay tal cosa como la naturaleza del esclavo” puesto que la esclavitud contradice la naturaleza de las cosas, en esta línea argumental los gobernantes deben ajustarse a la ley entendida como el resguardo de los derechos de todos y no simplemente una disposición emanada de la autoridad. Imputar a Dios la conducta de los Calígula es una falta de respeto mayúscula.

En la sección décima de ese mismo capítulo, se elabora detenidamente sobre el concepto de que “ninguna violencia o fraude puede crear un derecho” y “la diferencia entre un buen y un mal gobierno dependen del ejercicio del poder” pero “en esclavitud el conocimiento no brinda posibilidades ya que todo depende de la voluntad de los lords por más malvados, crueles y dementes que resulten”. Y más adelante en la sección siguiente y en las cuatro finales de ese capítulo explica detenidamente que un acto injusto no muta en justo por el hecho de ser adorado con boato, rituales, frases vacías y poder hereditario. La justicia de dar a cada uno lo suyo implica el respeto a la propiedad de lo que pertenece a cada cual.

En el segundo capítulo Sidney en el contexto de opiniones de diferentes autores, desarrolla las nociones de democracia referida al consenso de la administración de la cosa pública en beneficio de todos que hoy podemos resumir en el respeto recíproco, la aristocracia como el gobierno de algunos considerados virtuosos y la monarquía como el gobierno de uno, lo cual con el tiempo fue transformado en monarquía parlamentaria o constitucional con la idea de establecer límites al poder. Y en la sección cuarta del tercer capítulo subraya que ningún monarca debe contar con la facultad de vulnerar derechos del mismo modo que debe prevenir que otros lesionen derechos del prójimo.

En la sección onceava del último capítulo, el autor extiende su argumentación sobre el significado de la ley que debe ser compatible con el derecho y no fruto de una mera resolución gubernamental y que una ley injusta no debe ser obedecida en línea con la tradición escolástica (la sección se titula “La ley injusta no es ley y aquello que no es ley no debe obedecerse”). Enfatiza que la ley no deriva de la dignidad del legislador sino exclusivamente de su justicia que debe ser universal.

Esta deriva tan sustanciosa sobre lo que significa la igualdad ante la ley y su inseparable noción de la Justicia y la relevancia de los magistrados que imparten justicia es a contracorriente del llamado positivismo jurídico que no reconoce mojones y puntos de referencia extramuros de la norma positiva. En la sección catorce recuerda que los gobiernos fueron establecidos para hacer que se cumpla la justicia, un contrapoder de gran peso en las sociedades libres en cuyo contexto esboza que el derecho no es consecuencia del invento de jueces sino el resultado de procesos evolutivos de descubrimiento de valores preexistentes.

Luego de todas estas disquisiciones sumamente sustanciosas y muy pertinentes para la actualidad, este notable pensador en las dos últimas secciones se refiere a la importantísima misión del Parlamento o Poder Legislativo y apunta que “la Magna Charta que comprende nuestras leyes antiguas y las legislaciones subsecuentes no son fueron enviados de los cielos sino de acuerdo a la voluntad de los hombres” en dirección a la limitación al poder. En este sentido agrega que en una sociedad libre no puede otorgarse poder al Parlamento a los magistrados judiciales ni al rey que no sean para salvaguardar derechos y en el primer caso las deliberaciones deben dirigirse a poner orden, es decir, a lo que modernamente diríamos el Estado de Derecho donde ese Poder Legislativo “debe ser confiado solo en las manos de quienes son capaces de obedecer la Ley” en el sentido antes definido y vinculado a los escritos de Richard Hooker que Sidney cita en concordancia también con otros autores respecto al iusnaturalismo.

Estas notables contribuciones fueron desarrolladas primero por Locke y luego perfeccionadas por Montesquieu. En el primer caso, se muestra que “Cuando los legisladores quitan y destruyen la propiedad de la gente o los reducen a la esclavitud por medio del poder arbitrario, se colocan en un estado de guerra con el pueblo que queda eximido de seguir obedeciendo.” Y el segundo autor además de haber afinado la imprescindible división de poderes, escribe en su trabajo más conocido de 1748 que “nos ha enseñado la experiencia eterna que todo hombre investido de autoridad abusa de ella. No hay poder que no incite al abuso, a la extralimitación […] Para que no se abuse del poder, es necesario que se le ponga límites”. Calcado en la misma argumentación, contemporáneamente Bertrand de Jouvenel concluye en el poder que “es una experiencia eterna el que todo hombre que tenga poder se ve impulsado a abusar del mismo”.

Benjamin Constant en “Sobre el espíritu de conquista y de usurpación en sus relaciones con la civilización europea” consignó la célebre distinción entre “la libertad de los antiguos y la libertad de los modernos”, la primera “se componía más bien de la participación activa del poder colectivo que del disfrute pacífico de la independencia individual […] Muy otra cosa ocurre en los estados modernos, su extensión, mucho más vasta que las repúblicas de la antigüedad […] Los clásicos hallaban más deleite en su existencia pública y tenían menos en su existencia privada. Casi todos los deleites modernos se hayan en la existencia privada”. Hoy desafortunadamente pude decirse que en gran medida hay una reversión del tema: se pretende circunscribir la participación de la gente en el voto (con todas las artimañas del caso) pero excluirlo de lo relevante, cual es la protección y el consiguiente respeto a sus derechos individuales tan proclamados por el propio Constant.

Tal como he consignado antes, a mi juicio el cuarteto de obras de ficción que mejor desnudan el poder son La fiesta del chivo de Mario Vargas Llosa que se refiere a Trujillo, Yo el supremo de Roa Bastos que se refiere al doctor Francia, Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias que se refiere a Estrada Cabrera y La silla del águila de Carlos Fuentes que se refiere en general al poder en México donde se leen las siguientes confesiones imaginadas (¿imaginadas?) de políticos que ilustran sobre algunos pasillos de los aparatos estatales: “para mi todo es política, incluso el sexo”, “el poder es mi vocación”, “te lo digo a boca de jarro, todo político tiene que ser hipócrita. Para ascender, todo vale. Pero hay que ser no sólo falso, sino astuto” y “la fortuna política es un largo orgasmo”.

Publicado originalmente en Infobae, 14 de agosto de 2021.

Politica monetaria restrictiva vs politica fiscal restrictiva

Adrian y Nicolas han publicado y dado conferencias defendiendo la dolarizacion como una forma de restringir la autonomia monetaria del estado, en un contexto como la Argentina de hoy. El argumento, entre otras virtudes, sostiene que la imposibilidad de recurrir al impuesto inflacionario forzara de alguna manera un replanteo de la situacion fiscal, apuntando a numeros mas equilibrados. Sin embargo la experiencia argentina con la Convertibilidad (que fue muy imperfecta pero que en terminos relativos se acerca mas a la dolarizacion que el actual regimen monetario) no corrobora esa hipotesis. Mi diferencia con ellos es que cualquier propuesta monetaria que no sea precedida de un profundo debate fiscal, de politica comercial y desregulatorio (principalmente del mercado de trabajo) tiende a fracasar. Lo monetario maquilla por un tiempo el problema de fondo, generalmente gracias al endeudamiento externo, que tiene como contrapartida una sobrevaluacion de la moneda local lo que agudiza tensiones sociales/politicas. La experiencia de Ecuador no luce como muy atractiva tampoco. Ahora, si para que la dolarizacion funcione necesitamos cuentas fiscales mas ordenadas, un mercado de trabajo mas competitivo y una economia mas abierta, porque no concentrarnos en esa discusion en lugar de una batalla politica que seria super desgastante promoviendo el dolar, que entre parentesis, no parece un ejemplo de ortodoxia monetaria tampoco. Mi escepticismo acerca de la dolarizacion puede resumirse en: no creo que necesariamente conduzca a las reformas estructurales antes mencionadas, requiere energias politicas que podrian concentrarse en las reformas en si mismas y no en el regimen monetario y por ultimo el abandono de un corse monetario no acompañado de equilibrio fiscal es siempre muy traumatico a nivel politico y social. Alguien podria preguntar entonces por el patron oro. Para mi, para que funcione requiere un sistema internacional vs nacional pero lo mas importante, su estabilidad requiere de cierto “ethos fiscal” que se ha perdido por completo. Por eso insisto que el debate es lo fiscal. Recuperar ese “ethos”. Un chaleco de fuerza no es la solucion para problemas psiquiatricos. Y focalizarnos en lo monetario en lugar de los fiscal es analogo a privilegiar la discusion acerca de la calidad del chaleco.

“Lo de Guzmán es muy malo. No genera confianza. Esta desgastado y un cambio de ministro, sería muy importante”: Entrevista con Radio Libertad

En una charla con el Dr. Marcelo Otiñano en “La Mañana en Libertad”, se refirió a la situación económica actual del pais, donde no se guardó las críticas hacia el ministro de Economía y al modelo bolivariano copiado por el oficialismo. “El kirchnerismo es un gobierno bolivariano que asusta y preocupa”, sostuvo.

Acceda aquí a la entrevista completa.