Cosmos + Taxis, Vo. 7, No. 5-6, 2020

Symposium on Peter Boettke’s F. A. Hayek: Economics, Political Economy and Social Philosophy

Introduction
Mikayla Novak

A Galbraithian Perspective on Epistemic Institutionalism and True Liberalism
Ted Burczak

Hayek’s Appreciative Theory and Social Justice
Nick Cowen

Before Kahneman and Tversky, There Was Friedrich Hayek
Roger Frantz

A Branch on the Mainline: Hayek’s Analysis of Complex Adaptive Systems
Gerald Gaus

F. A. Hayek, Gemeinschaft and Gesellschaft, Globalization and Digitalization
Stefan Kolev

Epistemic Institutionalism: Rules and Order, Complexity, and Liberalism
Paul Lewis

You Can Take Hayek Out of Vienna . . . 
Adam Martin

Two Contrasting Views of People and Institutions in the Philosophical Anthropologies of Hayek and Marx
David L. Prychitko

A Problem of Knowledge for Hayek
Jeremy Shearmur

Response
Peter Boettke

Acceda aquí al ejemplar completo.

OLIVER EATON WILLIAMSON (1932 – 2020) – por Juan Carlos de Pablo

CONTEXTO; Entrega N° 1.607; Mayo 25, 2020

Nació en Superior, Wisconsin, Estados Unidos. “Mis padres eran maestros, pero mi papá dejó la enseñanza cuando se casó y se puso a trabajar con su suegro, en una inmobiliaria… Estudiar en la escuela pública de Superior fue una experiencia muy igualitaria” (Williamson, 2009).

Estudió ingeniería en el MIT y economía en las universidades de Stanford y Carnegie Mellon, doctorándose en esta última en 1963. “Pensé en estudiar abogacía, luego me atrajo la ingeniería, por lo cual cursé el college en el MIT. Cuando estudié en Stanford mi entrenamiento en ingeniería me aventajó con respecto a quienes había estudiado ciencias sociales… Con el tiempo me di cuenta que existe una gran diferencia entre ingeniería y economía: en la primera los supuestos de ausencia de fricción ayudan a entender; en economía complican el entendimiento” (Williamson, 2009).

            “Mi paso de administración de empresas a economía derivó de 4 eventos: el curso que dictó James Howell; que éste me recomendara tomar un curso dictado por Kenneth Joseph Arrow; el consejo que me dio Charles Bonini, que tomara el curso interdisciplinario que se dictaba en Carnegie; y una beca por 3 años que me otorgó la Fundación Ford… Arrow me recuerda como un alumno que formulaba buenas preguntas. Siempre tuve curiosidad por entender cómo funcionan las cosas” (Williamson, 2009). “En Carnegie Mellon uno aprendía a ser disciplinado, interdisciplinario y tener una mente activa” (Williamson, 2010). “A comienzos de la década de 1960, junto con Richard Michael Cyert y James Gardner March (entre otros), se dedicó al estudio de las verdaderas motivaciones que generan las decisiones en las grandes corporaciones” (Shepherd, 2007).

“Lo atrajeron las cuestiones analizadas por los economistas del comportamiento, como Herbert Alexander Simon, Richard Michael Cyert y James Gardner March, pero prefería los métodos desarrollados por economistas como John Fraser Muth, Merton Howard Miller y Allan H. Meltzer” (Masten, 2010).

            Enseñó en las universidades de California (Berkeley), Pensilvania y Yale, retornando en 1988 a la de Berkeley.

            Presidió la Asociación americana de derecho y economía.

            “Mi experiencia como asistente económico especial del titular de la División Antitrust del departamento de Justicia, fue un hecho definitorio para mí” (Williamson, 2009).

“Sus principales contribuciones pertenecen al plano de la teoría… Constituyen un contraejemplo del `principio´ de [Paul Robin] Krugman, según el cual las ideas que no son modeladas, pronto decaen” (Gibbons, 2010). “Por su estilo no matemático, sus trabajos son conocidos entre abogados, cientistas políticos, sociólogos y analistas de empresas… Su presentación `preformal´ de su teoría la hacía aparecer algo vaga… Hasta la publicación de Mercados y jerarquías, ocurrida en 1975, su labor no fue apreciada” (Masten, 1996). “A menudo acuñó términos inusuales, como `preferencias por los gastos´, `racionalidad acotada´, `amenazas creibles´, para ideas que ya existían en la literatura” (Shepherd, 2007).

            En 2009 compartió el premio Nobel en economía con Elinor Claire Ostrom. Según el Comité Nobel, mereció el galardón “por su análisis de la gobernanza económica, especialmente qué tareas se realizan dentro y cuáles fuera de cada empresa… Argumentó que los mercados y las organizaciones jerárquicas, como las empresas, representan organizaciones de gobernanza alternativas, que enfocan de manera diferente la resolución de los conflictos. El problema de los mercados es que alientan el regateo y el desacuerdo, el problema con las empresas es que sus directivos abusan de su poder” (Nobel foundation. Press release)

            “Enseñó que mercados, empresas, asociaciones, agencias y hasta familias, deben ser analizadas desde el punto de vista de la resolución de los conflictos… A comienzos de la década de 1970 argumentó que a veces las organizaciones jerárquicas dominan los mercados porque constituyen una manera más eficaz para solucionar los conflictos… Cuando la tendencia al regateo es sustancial, no hay garantía que el acuerdo final sea inmediato o eficiente… Su idea principal se basa en 2 factores: no hay necesidad de formar empresas cuando no hay limitaciones en los contratos, y tampoco la hay cuando compradores y vendedores pueden fácilmente encontrar a sus contrapartes. Las empresas emergen cuando las transacciones son complejas y no estandardizadas, y cuando las partes que realizan la transacción son mutuamente dependientes. Por ejemplo, cuando las partes tienen activos que sólo son valiosos dentro de cierta relación (por eso, cuando están distantes, hay integración vertical entre una mina de carbón y una generadora de electricidad que lo utiliza como insumo)… Según él, las grandes corporaciones existen principalmente porque son eficientes, al aprovechar las economías de escala” (Nobel foundation. Information for the public).

            “En una monografía básica, publicada en 1971, sostuvo que las empresas existen cuando las transacciones son complejas y los activos tanto humanos como físicos tienen fuertes relaciones específicas. Como tanto la complejidad como la especificidad pueden ser medidas, la teoría tiene implicancias empíricas y puede estar sujeta a verificación… Su argumentación se basa en 4 elementos: los mercados funcionan, a menos que haya obstáculos para redactar y hacer cumplir contratos detallados; una vez que un agente ubicado en el costado largo del mercado se involucro en una relación específica de inversión física o humana, la transacción que comenzó en un mercado `grueso´ se transforma en un mercado `delgado´; las pérdidas asociadas con las negociaciones ex post están positivamente relacionadas con las cuasi rentas; y se pueden reducir las perdidas integrando las transacciones dentro de la empresa” (Nobel foundation. Scientific backgroud).

“El enfoque de los costos de transacción reformula a la empresa como una estructura de gobernanza… La decisión de fabricar, en vez de comprar, tiene grandes implicancias: los conflictos cuando se compra se dirimen en los tribunales, cuando se fabrica cada organización es su propio tribunal… Recomendó de manera sistemática analizar a las organizaciones utilizando `lentes de contacto´, mientras la ortodoxia sugiere verlos utilizando `lentes de elección´… Entender la gobernanza implica utilizar un análisis interdisciplinario, que combina economía, derecho y teoría organizacional. Su carrera es un testimonio de la productividad que genera este enfoque” (Masten, 2010).

“Distinguía entre las negociaciones caso por caso, de las relaciones de largo plazo que se plasman en contratos… Desarrolló el concepto de `information impactedness’, aplicable a situaciones en las cuales resulta difícil estimar los costos de transacción” (Wikipedia).

“Es conocido por su juicio agudo y su consejo generoso” (Masten, 1996). Además de Arrow, “reconoce una gran deuda con Alfred Chandler por enfatizar la importancia de las innovaciones institucionales; con Ronald Coase por su enfoque de costos de transacción y con Herbert Alexander Simon por introducir un conjunto de supuestos de comportamiento en el análisis económico” (Beaud y Dostaler, 1995).

            ¿Por qué los economistas nos acordamos de Williamson? Porque “es el fundador y principal desarrollador de la economía de los costos de transacción (TCE)”; “es uno de los padres fundadores de la nueva economía institucional. Creó la economía basada en los costos de transacción. Durante las 4 ultimas décadas generó el contexto en el cual los economistas piensan sobre las empresas, los contratos y la economía de las organizaciones” (AER, 2008).

            Es autor de Economía del comportamiento discrecional, publicado en 1964; Control corporativo y comportamiento de las empresas, publicado en 1970; Mercados y jerarquías, que viera la luz en 1975; Las instituciones económicas del capitalismo, publicado en 1985; Organización económica, publicado en 1986; Los mecanismos de la gobernanza, publicado en 1995; y Las instituciones económicas del capitalismo, publicado en 1998. “En Economía…, basado en su tesis doctoral, cuestionó uno de los supuestos fundamentales de la teoría de la firma surgida de las cajas negras: que los gerentes maximizan las utilidades de las empresas. Por el contrario, sostuvo que los gerentes pueden gastar recursos en ítems que aumentan sus propios beneficios, a expensas de los de las empresas donde trabajan” (AER, 2008). “Economía… introdujo el primer modelo consistente y económicamente sano del funcionamiento de la empresa basado en la maximización de la utilidad, no de las ganancias, abriendo la caja negra de la teoría económica de la empresa a las herramientas del análisis económico moderno” (Masten, 1996). “Hasta la aparición de Mercados y jerarquías la importancia de su enfoque no fue apreciado por completo” (Masten, 2010).

“El principal objetivo del enfoque neoclásico es el de entender cómo el sistema de precios coordina el uso de los recursos, no el funcionamiento interno de las empresas que operan en la práctica” (Williamson, 2010). “A diferencia del análisis neoclásico, Williamson supone que los seres humanos no son muy competentes como optimizadores, y por el otro lado son mejores mentirosos, tramposos y remolones” (Masten, 1996).

            TCE. “Mi labor se inspiró en el enigma planteado por Coase (1937): ¿qué consideraciones de eficiencia llevan a una empresa a fabricar por sí misma algo que necesita, en vez de comprárselo a un tercero?.. Fui el primero que planteó la cuestión de los costos de transacción, sugiriendo que la frontera operatoria de las empresas no era algo dado sino algo que tenía que ser derivada… Reformulé la pregunta inicial de Coase en los siguientes términos: ¿bajo qué condiciones una empresa decidiría comprar un componente tecnológicamente separable del proceso de producción, en vez de producirlo ella misma?” (Williamson, 2010). “Coase fue pionero, pero Williamson descubrió sus implicancias… Este elevó la idea original de aquel, de una tautología a la categoría de teoría que genera predicciones, un logro que el propio Coase reconoció” (Masten, 1996).

            “Comenzó sus investigaciones observando que todas las formas organizacionales tienen sus problemas y por consiguiente las decisiones referidas al ámbito organizacional son del tipo problema contra problema” (Masten, 1996). “En su etapa rudimentaria, la teoría de los costos de transacción enfrentó problemas conceptuales, operativos y de aplicación; mientras que en su etapa de madurez planteó cuestiones de intervención selectiva, remediabilidad, compromisos creíbles y posibles variación de los resultados vía operación repetitiva de los modelos” (Williamson, 2010).

“Williamson sostiene que una combinación de 2 factores obstaculiza las habilidades de las empresas para realizar transacciones a través del mercado: por una parte, los contratos incompletos plantean la necesidad de la adaptación; y por la otra la especificidad de la relación implica una `transformación fundamental´ en la cual esas adaptaciones serán negociadas en condiciones de monopolio bilateral. Esta falla de mercado lleva a la integración vertical de los procesos productivos” (AER, 2008).

            Integración vertical. “Analicé la cuestión combinando las perspectivas que surgen de la económica y la de la organización” (Williamson, 2010). “En 1971 mostré que la producción no integrada de bienes intermedios funciona adecuadamente vía contratos simples cuando los activos son genéricos; mientras que la ventaja se vuelca a favor de la organización jerárquica y la dependencia bilateral, en presencia de activos específicos y perturbaciones aisladas” (Williamson, 2010). “En Williamson (1971) cuestionó la visión implícita en la política antitrust, según la cual los fusiones son malas porque aumentan el poder monopólico, planteando las bases de Mercados y… y Las instituciones… En estas obras Williamson une la idea de Coase de costos de transacción, con el funcionamiento práctico de las empresas” (AER, 2008).

            “En otro trabajo publicado en 1976 refutó el punto de vista de la escuela de Chicago, demostrando que en contextos complejos, donde los contratos completos no se pueden formular, la regulación -aunque problemática- resulta superior a la subasta rígida de franquicias” (AER, 2008).

            “En 1968 sugirió que las posibles economías de escala resultantes de las fusiones, podrían más que compensar los correspondientes efectos monopólicos, por lo que ambos factores deberían ser tenidos en cuenta en las políticas públicas” (Shepherd, 2007).

            “Como para Hayek, para Williamson el cambio es el elemento clave en el contexto económico y la adaptación a eventos inesperados el problema central de la organización económica” (Masten, 1996).

            “Una vez que la inversión física o humana adoptó un carácter específico, la continuidad en la relación de intercambio se vuelve importante” (Masten, 1996).

AER (2008): “Oliver E. Williamson. Distinguished fellow 2007”, American economic review, 98, 5, diciembre.

Beaud, M. y Dostaler, G. (1995): “Williamson, Oliver E.”, Economic thought  since Keynes, Routlegde.

Blaug, M. (1999): Who´s who in economics, Edward Elgar.

Coase, R. H. (1937): “The nature of the firm”, Economica, 4, noviembre.

Gibbons, R. (2010): “Transaction-costs economics: past, present and future?”, Scandinavian journal of economics, 112, 2.

Masten, S. E. (1996): “Oliver E. Williamson”, en Samuels, W. J.: American economists of the late twentieth century, Edward Elgar.

Masten, S. E. (2010): “Williamson, Oliver E.”, New palgrave dictionary of economics, Online edition.

Shepherd, W. G. (2007): “Oliver E. Williamson”, en de Jong, H. W. y Shepherd, W. G.: Pioneers of industrial organization, Edward Elgar.

Williamson, O. E. (1971): “The vertical integration of production: market failures considerations”, American economic review, 61, 2, mayo.

Williamson, O. E. (2009): “Autobiografía”, Nobelprize.org.

Williamson, O. E. (2010): “Transaction cost economics: the natural progression”, American economic review, 100, 3, junio.

Desde su primera impresión el billete de $1.000 perdió 85% de su valor (Fundación Libertad y Progreso)

El billete de $1.000, dejaría de ser el de mayor denominación. Desde su primera impresión en diciembre del 2017, pasó de valer US$57,37, a tener un valor de apenas US$8,44 a Mayo del 2020 tomando el Contado con liquidación.
La nueva incorporación en la familia de billetes de la moneda argentina, en este caso de $5.000,  refleja la constante depreciación de peso. El billete que circuló en medios de comunicación la semana pasada con la imagen de Cecilia Grierson y Ramón Carrillo, nacería con un valor de US$42,21.

Por otra parte, si se analizan los billetes de mayor denominación en países de la región, suelen mantenerse estables con pocos nuevos lanzamientos. En el gráfico 2 se observa que (excluyendo a Venezuela) el nuevo billete estaría tercero entre aquellos de más valor en dólares y de mayor denominación nominal. En primer lugar se ubica el billete de S/.200 nuevos soles de Perú que entró en circulación en el año 1991. En último lugar, aparece nuestro billete de $1.000, aunque dejaría de competir en este ranking.

Los beneficios de tener una moneda sana pueden parecernos lejanos a los argentinos dado que convivimos con una alta inflación la mayoría de nuestras vidas. Sin embargo, para encauzar un crecimiento sostenido que nos saque de la constante decadencia que padecemos es condición necesaria tener una moneda que cumpla con las tres funciones de todo dinero: Unidad de cuenta, medio de circulación y reserva de valor.

Los números que explican los beneficios del libre comercio

Hay frases que dicen muchas cosas. El canciller Felipe Solá dijo una de esas: “Los que piden tratados de libre comercio del Mercosur con otros países no pueden destacar un solo beneficio para el trabajo argentino. Su posición es ideológica: el libre comercio siempre será mejor por definición”.

Vamos por partes. Al demandar que se presente, aunque sea, un beneficio del libre comercio el canciller manifiesta que evalúa el tema en relación a sus consecuencias, al resultado. El libre comercio puede defenderse desde otra perspectiva: que se trata de un derecho. Tomemos a esos trabajadores argentinos que menciona en la frase. ¿Tienen derecho a disponer de su ingreso como les parezca apropiado? ¿Pueden decidir si lo van a gastar comprando a alguien del barrio, o de otra provincia, o del Uruguay, o de México, o de Noruega y Finlandia, que tanto le gustan al Presidente?

No es esa la visión del canciller, pero es la que defienden en otros ámbitos. ¿Acaso no plantean también que las personas tienen “derecho” a un cierto ingreso sin tomar en cuenta las consecuencias? Que tienen un derecho a la ayuda del Estado aunque este no tenga recursos, aunque emita para pagarlos, aunque genere más inflación que deteriora esos mismos recursos, aunque desafíe la hiperinflación. Esas parecen ser cuestiones de “derechos”, y no de consecuencias. Entonces, ¿cuándo tomamos en cuenta derechos y cuándo resultados?

Respecto a si el libre comercio siempre será mejor por definición, eso es correcto, pero no es una posición “ideológica”, que implica “sesgada”, sino una posición “científica”. Es lo que señala la ciencia económica desde que David Ricardo desarrollara la teoría de las ventajas comparativas en su famoso texto de 1817. No es una teoría que se haya mantenido inalterada, sin embargo. La “revolución” que implicó considerar al valor como algo subjetivo llevó a la reformulación de esta teoría en base al costo de oportunidad por Gottfried Haberler en 1930 y en las décadas recientes ha avanzado desde analizar las ventajas comparativas de países, a las de industrias y a las de empresas, con aportes, entre otros, de Paul Krugman, que le valieran el premio Nobel, no sus artículos en el New York Times.

Es que esa “ley” económica no es más que parte de la llamada Ley de Asociación, según la cual a cada uno de nosotros nos conviene dedicarnos a algo y luego comprar lo que necesitemos de los demás. Ya Adam Smith señalaba que no nos parecería lógico que un padre de familia intentara producir desde el alimento que le va a dar a sus hijos, pasando por su ropa, sus libros y cuadernos para el colegio hasta sus vacunas o tratamiento dental. Y lo que es razonable para una familia no deja de serlo para un “reino”.

Supongo que el Canciller querrá seguir a quienes han desafiado estas teorías, aceptadas por el 95% de los economistas según encuestas entre ellos. No hace mucho, George Mankiw, director del Departamento de Economía de Harvard, volvía a hacer referencia a esto señalando que “pocas proposiciones logran tanto consenso entre los economistas profesionales como que el comercio global abierto incrementa el crecimiento económico y los estándares de vida”.

Los países que se han abierto al comercio internacional han mejorado consistentemente su nivel de ingresos y diversificado su comercio internacional. Así, por ejemplo, los dos países con menores barreras al comercio son Singapur y Hong Kong. En el primer caso el ingreso per cápita era de 3.503 dólares en 1960, según el Banco Mundial, y ahora es $ 58.247; para Hong Kong de $3.380 a $38.781 en el mismo lapso.

Son muy distintos a Argentina, se dirá. Veamos uno un poco más parecido en cuanto a recursos, Nueva Zelanda, que está en el tercer lugar como economía más abierta. Pasó de $20.973 en 1970, cuando decidió abrir su economía, a $37.797 ahora. Australia es mucho más parecido a nosotros en cuanto a recursos disponibles, se encuentra en el puesto 17° y su ingreso per cápita pasó de $19.378 en 1960 a $ 56.842 ahora. Canadá también tiene recursos parecidos, y está en el puesto 10° de apertura comercial y con un cambio de $16.449 en 1960 a $51.391 ahora. Mientras tanto Argentina está en el puesto 71° de apertura comercial y nuestro ingreso ha crecido de $5.642 en 1960 a $10.043 en 2018.

Nótese que en el caso del país más abierto, Singapur, el ingreso per cápita se multiplicó 16,6 veces; en Hong Kong 11,4 veces; en Australia 2,93 veces; en Canadá 3,12 veces, mientras que en Argentina creció 1,78 veces en el mismo período.

Si queremos tomar algunos ejemplos más cercanos, Chile pasó de un ingreso per cápita de $4.465 en 1983 cuando comenzó a abrir su economía, a $15.130 en 2018, unas 3,38 veces. Como siempre se dirá que fue una dictadura aunque el proceso continuó y se aceleró en gobiernos posteriores. Si no es ese podemos ver el caso de Perú, que inició sus reformas en los 90s, es el primero en la región en cuanto a apertura comercial y vio crecer su ingreso de $2.589 en 1992 a $6.453 en 2018, 2,49 veces en 25 años.

¿Podrán destacarse estos resultados como los “beneficios” que el Canciller dice nadie puede mostrar? No hay ninguna ideología acá, lo que hay es teoría confirmada por los hechos. Ideología puede ser la del Canciller, que le impide ver los resultados.

Martín Krause es Dr. en Administración, fué Rector y docente de ESEADE y dirigió el Centro de Investigaciones de Instituciones y Mercados (Ciima-Eseade). Síguelo en @martinkrause

Publicado en Infobae, 7 de mayo de 2020.

AIER: The Grim Future of Latin America After the Pandemic Outbreak

As hard as the economic restrictions are in the U.S. due to the pandemic outbreak, other countries are facing even more severe measures. While the U.S. has issued stay-at-home orders, for example, other countries have opted for more extreme quarantines. Want to go for a short walk to stretch your legs, get some vitamin D, and some fresh air? Better head to the grocery store. Otherwise, you may find yourself with a big fine–or, even worse, in jail. In some cities you need a special permit to walk the streets.

Continue reading at AIER.

Infobae: Crisis de deuda (volviendo a la realidad)

Una vez más Argentina se enfrenta a un potencial default de la deuda soberana. Joseph E. Stiglitz, Edmund S. Phelps y Carmen M. Reinhart hicieron un pedido público de “buena fe” a los acreedores internacionales. Su pedido fue acompañado por un grupo de reconocidos economistas a nivel internacional. El acto de buena fe consiste, por supuesto, en aceptar la oferta de Martín Guzmán. A diferencia de quienes piden “buena fe”, los tenedores de bonos no han perdido contacto con la realidad y son conscientes del tipo de deudor que tienen enfrente.

Es importante recordar que la crisis de deuda no se debe a la pandemia del Covid-19. El actual gobierno presentó al ministro Guzmán como un experto en deuda soberana con el objetivo principal de reestructurar la deuda Argentina. Modestia aparte, nos decían que Guzmán iba a dar una lección al mundo sobre cómo llevar adelante una reestructuración de deuda soberana. Es cierto que la actual pandemia ha complicado el escenario, lo que no es cierto es que la crisis de deuda se debe al coronavirus. Es importante ser realista con la situación de la economía del país para llegar a un buen acuerdo con los acreedores y dar una solución definitiva a los crónicos problemas de deuda que enfrenta el país.

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Las tres etapas de la política educativa según Luis J. Zanotti y su importancia para el mundo actual

Luis J. Zanotti distinguió 3 etapas en la política educativa: la escuela redentora del s. XIX, el movimiento de la “Escuela Nueva”, y las nuevas “tecnologías de la información”, ya en 1972. Es importante recordarlas para entender este singular presente y pensar sobre los retos del futuro.

Expositor

Gabriel J. Zanotti:Doctor en Filosofía por UCA y Licenciado en Filosofía por la UNSTA. Actualmente da clases en la Universidad Austral, en el Cema y en Eseade, y dirige su propio seminario de filosofía en la Parroquia San Rafael Arcángel. Es autor de libros y artículos en su especialidad y recientemente ha publicado “Libertad de enseñanza y pedagogía dialógica” en el Instituto Acton. Es profesor visitante de la Universidad Francisco Marroquín.

Inscripción en el sitio de UCEMA

¿Pronóstico reservado para nuestro país? – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Espero equivocarme de medio a medio pero veo un futuro sumamente complicado para nosotros los argentinos. Y no se trata de la pandemia en si que ya bastantes dolores de cabeza nos trae. Este es un tema en el que solo debieran opinar los entendidos en la materia, es decir,  inmunólogos, infectólogos y médicos de prestigio. En este sentido estimo de gran relevancia las consideraciones de los distinguidos médicos Pablo Bonvehí del CEMIC y Jorge Geffner de la UBA. En ambos casos sostienen la importancia del aislamiento para evitar contagios, aunque subrayan que todas las jurisdicciones de nuestro país no deben tener el mismo tratamiento por lo que sugieren aplicar el federalismo, es decir la descentralización, también en este plano.

Por su parte el doctor en medicina y parlamentario francés Claude Malhuert, después de fustigar con claridad y precisión a los detractores del liberalismo que sostuvo son consecuencia de prestarle más atención a Robespierre que a Tocqueville, propuso en esta instancia dejar de lado la cuarentena para el caso de Francia. En el  otro extremo de las recetas se encuentra el también doctor en medicina Anthony Fauci, asesor en temas de salud del actual gobierno estadounidense,  quien insiste en  mantener el aislamiento a contracorriente de lo que imprudentemente viene predicando el Presidente de ese país.

Entonces todo no se puede poner en la misma bolsa, depende de las circunstancias por las que se atraviesa pero, como queda dicho, siempre atendiendo a los entendidos y evitar el cotorreo por parte de quienes no conocen de medicina y mucho menos de pandemias.

Pero las preocupaciones de quien ahora escribe estas líneas van mucho más allá del problema de salud y se inscriben en la irresponsable y exponencial expansión monetaria, al tratamiento de nuevas cargas tributarias, al embate contra comerciantes, al tratamiento desaprensivo de la deuda, a las características de los nuevos nombramientos en el gobierno y el consiguiente incremento sideral en el gasto público, al pretendido manotazo a la Justicia, a la eliminación de la oficina correspondiente como querellante en causas de corrupción, a la idea antirepublicana de delegar el tratamiento del presupuesto en la jefatura de gabinete y a los siempre absurdos y contraproducentes controles de precios sobre lo cual me pronuncié en una  columna en este mismo medio.

En este contexto a pesar de mis inmensas simpatías por el liberalismo he sugerido en reiteradas oportunidades que estimo no es el momento de insistir en el establecimiento de un partido liberal puesto que estamos sumamente atrasados en la batalla cultural. Esto último lo ejemplifico con un sueco que desea  comunicarse en su idioma con una audiencia hispanoparlante para lo cual el primer requisito es que los receptores de su mensaje entiendan sueco, de lo contrario la parla será inútil. Eso ocurre desafortunadamente en nuestro medio, en general aun no se entiende de qué estamos hablando los liberales. Hay muchos deberes que debemos hacer proponiendo debates de fondo al efecto de correr el eje del debate que en su momento obligará a los políticos a modificar sus discursos.

No debe confundirse el plano político con el académico. Desde la tribuna el político debe hacer propuestas que la gente acepta y comprende. Hablarles en sueco no es conducente si la audiencia no entiende esa lengua. Nuestro país estaba a la vanguardia del mundo civilizado desde la promulgación de la Constitución liberal de 1853 hasta el derrumbe con la revolución fascista del 30 acentuado notablemente a partir del golpe militar del 43, una situación que mantenemos hasta nuestros días y que debemos revertir.

Considero que debe ofrecerse apoyo e iniciativas a la actual oposición que se ha constituido merced a la cantidad de personas que clamaron por mantener los principios republicanos esenciales y no como apoyo al fracaso estrepitoso del gobierno anterior. Fraccionar esa oposición no permitirá el espacio necesario y el tiempo que requiere la antes mencionada batalla cultural.

En resumen, espero equivocarme pero vislumbro revueltas de magnitud y esperpentos mayores a los que hemos vivido hasta el presente. Es imperioso apoyar a las fundaciones e instituciones actuales establecidas precisamente para dar esa batalla cultural. Hay que tener en cuenta el pensamiento del marxista Antonio Gramsci: “tomen la cultura y la educación, el resto se da por añadidura”.

Publicado originalmente en El Economista, lunes 18 de mayo de 2020.