Precios e información – por Esteban Thomsen

El “problema del conocimiento”

El debate sobre las ventajas e inconvenientes de distintas formas de organización económica entre la economía de mercado y la planificación central tiene siempre como trasfondo, implícita o explícitamente, una noción acerca de qué “problema” necesita ser resuelto por un sistema económico. Sobre esa base es posible discutir qué forma de organización es capaz de resolver dicho problema de manera más satisfactoria.

Hasta el día de hoy, la mayoría de los economistas ha considerado el “problema económico” exclusivamente en los términos propuestos por Lionel Robbins: el problema es la escasez de los recursos necesarios para la satisfacción de una variedad de fines. El argumento es entonces que el mercado, a través de un sistema de precios, alcanza “automáticamente” una asignación razonable de esos recursos escasos. La versión más extrema de este argumento hace uso del modelo de la llamada “competencia perfecta” y postula que una economía con las características del modelo es capaz de alcanzar una situación óptima (más específicamente, un óptimo de Pareto). Como para la mayoría de los economistas es obvio que ninguna economía real satisface los supuestos del modelo, el debate se orienta entonces hacia la determinación de si existen intervenciones gubernamentales en el mercado o sistemas económicos radicalmente distintos capaces de lograr una asignación más eficiente de los recursos. El problema es que quienes adoptan esta línea de análisis frecuentemente parecen ignorar o no haber comprendido algunas conclusiones que se derivan del debate sobre los méritos relativos del mercado y la planificación central, confrontación que se desarrolló en la década del treinta.

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