EL ESPECTACULAR CASO DEL CIUDADANO DE DOS MUNDOS – Por Alberto Benegas Lynch (h)

En esta nota me refiero a quien fuera conocido como el marqués de Lafayette (Marie-Joseph Roch Gilbert du Motier, 1757-1834) quien peleó como general designado por Washington en la revolución estadounidense contra el imperio británico y también como general en el origen de la revolución francesa. Su cercanía en las colonias norteamericanas a Thomas Jefferson y Benjamin Franklin y su amistad en Francia con Benjamin Constant y Madam de Staël ponen de manifiesto su espíritu liberal.

Lafayette participó activamente en la redacción de la Declaración de los Derechos del Hombre junto a personalidades como Mercier de la Rivere y a través del océano con la cooperación de Jefferson cuando Lafayette fue electo a la Asamblea de los tres estados generales, donde se establece claramente la trascendencia del derecho de propiedad privada y el respeto a la igualdad de derechos en los dos primeros artículos. La contrarrevolución copada por los jacobinos decretó su arresto, por lo que huyó a Bélgica. Más adelante en su correspondencia dirigida a Jefferson, el 14 de agosto de 1814, sostuvo que Napoleón reflejaba “la inmoralidad de su mente” y “el amor por el despotismo” (hoy diríamos en plena coincidencia con historiadores de la talla de Paul Johnson en su obra sobre aquél sujeto y las célebres consideraciones de Leo Tolstoy y que solo por un accidente puede ponerse en el lado del activo su código civil). En dos de sus discursos Lafayette resumió el eje central de sus desvelos: en Virginia colonial sostuvo que “Hay derechos naturales e imprescriptibles que ninguna nación tiene la facultad de violar” y en París afirmó que “La libertad consiste en todo lo que no lesione a otro”.

Nuestro personaje comenzó sus días bajo el reinado de Luis xvi pero a poco andar se adentró de los desmanes del árbol genealógico inmediatamente anterior del “Rey Sol” y su lema de “el Estado soy yo” y de su sucesor que operaba bajo la poco considerada y por cierto poco modesta consigna de aquello de que “después de mi el diluvio” con el entusiasta apoyo en los desmanes por parte de las amantes oficiales, primero Pompadour y luego du Barry pues el a veces alegado “derecho de pernada” (ius primae noctis) no era suficiente. Tal como consigna en sus memorias, desde muy joven se percató de las injusticias de las castas reinantes y su corte y de la consecuente situación de miseria y despojo de derechos de los habitantes de su país. En sus viajes por Francia quedaba “horrorizado con los rostros embrutecidos, contorsionados por el odio que asomaban a los costados de las ventanillas de su cupé” nos relata Andreas Latzko en su Lafayette, a Life.

Pero sus estudios no lo hicieron caer en las recetas fáciles y contraproducentes de sustituir un autoritarismo por otro por lo que decididamente se volcó al estado de derecho y a la libertad de mercados en oposición a los Colbert que lo precedieron con una inclinación más bien a la fisiocracia, tal como explican autores disímiles en sus apreciaciones pero de quienes se puede extraer jugo de interés como Lloyd Kramen en Lafayette in Two Worlds: Public Cultures and Personal Identities in an Age of Revolution, Charles W. Noth en Liberte, Egalite, Fraternite: the Amerian Revolution & the European Republic y de Laura Aurecchio The Marquis: Lafayette Reconsidered.

Ya a los quince años de edad llamó la atención de sus maestros en el Colegio de Plessis una composición que fabricó en latín titulada “La superioridad del espíritu del hombre sobre la fuerza bruta” en la que, como también apunta el antes mencionado Latzko, “con su rebeldía innata el muchacho hizo una apología del espíritu revolucionario de la libertad” y el mismo autor subraya que “El joven Lafayette, con su seriedad, su ardiente sed de destacarse y su amor por el saber, estaba completamente fuera de todo en ese círculo [el de la casta gobernante y sus acólitos] de febriles perseguidores del placer” y “como a los funcionarios del gobierno no se les pagaba o se pagaba con gran atraso, había que permitirles meter la mano en la rica caja [de los dineros públicos]”.

Debido a que son muy escasos sus testimonios escritos y muchas sus alabanzas públicas a las amistades como las señaladas y también frecuentes sus tertulias con los personajes mencionados, es de interés recordar telegráficamente qué ideas y valores sustentaban sus inspiradores más relevantes. Sus principales fuentes de consultas han sido George Buchanan, Algernon Sidney, John Locke, Montesquieu, Diderot, D´Alambert, Voltaire y de modo especial Turgot, por razones de espacio y debido a que en otras ocasiones nos hemos referido a los otros pensadores y debido a la antedicha importancia de este personaje para sus especulaciones intelectuales, en esta oportunidad centraremos nuestra atención en este último al efecto de mostrar la comprensión de Lafayette respecto a los fundamentos del mercado libre aun con ciertas disquisiciones algo técnicas pero no hay otra manera de ilustrar la profundidad y anchura de los intereses del personaje de marras pues “se decidió por zambullirse en los temas más intrincados para conocer el sustrato del valor de la libertad en lugar de quedarse flotando en la superficie”. En carta de Jefferson a Lafayette fechada en New York el 2 de abril de 1790 le reitera su amistad y admiración por su firmeza en los principios y cierra su misiva diciéndole que “usted es un cemento entre nuestras dos naciones” (The Life and Select Writings or Thomas Jefferson, NY, The Modern Library, 1790/1944, p.495).

A diferencia de Necker que fue tres veces requerido por el rey quien, entre otras medidas, por primera vez hizo públicos los estados financieros de la corona, Turgot participó en el gabinete gubernamental como ministro de finanzas solo en un brevísimo período, aunque había ocupado otros cargos burocráticos menores con anterioridad. Pero lo destacable de Jacques Turgot -Barón de l´Aulne- no es su paso por el aparato estatal, sino sus estudios y escritos de gran peso aunque muy breves en el tiempo que pudo dedicarse a esas investigaciones luego de sus estudios en la Sorbona.

Hasta donde mis elementos de juicio alcanzan, esta es la primera vez que se alude en el mundo hispanoparlante a los cuatro trabajos de Turgot que a continuación se citan que, como queda dicho, sirvieron de sofisticada instrucción al personaje de los dos mundos que aquí consideramos. Se han publicado otros en español que estimamos de menor significación, pero no los que ahora mencionamos. Estos textos se han traducido del francés en el mundo anglosajón en libros de historia económica pero hasta el momento no han aparecido en nuestra lengua.

Turgot en 1759 escribió Elogio a Gournay  que fue quien acuñó la frase “laissez faire” como un alarido a gobernantes que no intervinieran en actividades legítimas de comerciantes y de quien aprendió economía vía los trabajos de Cantillon y donde Turgot consigna que “las innumerables regulaciones dictadas por el espíritu monopolista cuyo propósito es eliminar la industria y concentrar el comercio en pocas manos”. En este trabajo también explica el absurdo de pretender vender a otras naciones y no comprar de ellas cuando el objeto del comercio es en verdad la compra pues la venta es el costo que hay que incurrir para lograr ese objetivo de adquirir lo que se necesita puesto que el comercio libre siempre produce beneficios recíprocos.

Es el caso de subrayar que Turgot fue en parte pionero respecto a los muy  incipientes estudios de miembros de la Escolástica Tardía del siglo xvi y la posterior decimonónica Escuela Austríaca en desarrollar la idea del conocimiento disperso en la sociedad que se aprovecha y coordina a través del sistema de precios, así escribe en el mencionado texto sobre Gournay que el comerciante “es el único que conoce los elementos particulares de su oficio que cualquier hombre iluminado  está ciego de reconocer”. También en ese texto se detiene a mostrar que el interés personal constituye el motor de toda acción humana y que siempre será en coincidencia con el interés general legítimo y concluye que “el gobierno debe siempre proteger la libertad natural del comprador a comprar y al vendedor a vender” antes de que indagara en este concepto la Escuela Escocesa.

En 1763 comenzó un Plan sobre impuestos en general que quedó inconcluso donde señala los prejuicios de la succión desmedida y creciente de los gravámenes, en esta línea argumental escribe que “parecería que las finanzas públicas como un monstruo codicioso que siempre espera adueñarse de toda la riqueza de la gente”, aunque desafortunadamente influido en esto por los fisiócratas sobrevaloraba el significado de la agricultura parcialmente en detrimento de otros sectores por lo que sugería un impuesto único a la tierra, lo cual fue más adelante expandido por Henry George bajo el argumento falaz de “la renta no producida” y las externalidades no merecidas sin ver que todos nuestros ingresos se deben a las tasas de capitalización que generan otros.

Otro de los escritos de Turgot también lamentablemente inconcluso en 1769 titulado Valor y moneda donde sorpresivamente retoma la idea iniciada por la antes mencionada Escolástica Tardía sobre la teoría subjetiva del valor, mucho antes de Carl Menger en 1871. Turgot no solo desarrolla una teoría monetaria de gran interés como la completaría tiempo después Ludwig von Mises, sino que en ese contexto explica como la economía no puede referirse a números cardinales, solo ordinales ya que “no es susceptible de mediciones” e insinúa la imposibilidad de comparaciones intersubjetivas  y da los pasos iniciales para el establecimiento del concepto de costos de oportunidad.

En 1766 Turgot publica un trabajo que adquirió fama inmediata: Reflexiones sobre la formación y distribución de la riqueza donde se detiene a considerar los procesos simultáneos de producción-distribución que contradicen concepciones modernas en cuanto a la pretendida posibilidad de tratar esa cara y contracara como si fueran independientes. Este trabajo de Turgot es una refutación anticipada a la concepción de John Stuart Mill en su texto tan difundido en distintas facultades de economía tan criticado en ese aspecto por Friedrich Hayek, entre otros. Es vinculado a este aspecto que Thomas Sowell insiste en que nosotros los economistas deberíamos dejar de hablar de “distiribución” puesto que por una parte “los ingresos se ganan, no se distribuyen” y por otra es un buen antídoto para no continuar con la denominada “redistribución de ingresos” que significa volver a distribuir por la fuerza lo que libre y voluntariamente se llevó a cabo en el mercado.

Si bien Lafayette dedicó principalmente sus energías al terreno militar, es de gran interés mostrar que lo hizo en pos de sus ideales de libertad guarnecido en estudios, lecturas y amistades todas dirigidas a proteger las autonomías individuales y cuando ocupó cargos legislativos los dedicó en la misma dirección, siempre con preocupaciones basadas en la triada tan cara al espíritu liberal: la vida, la propiedad y la libertad de todos los integrantes de la comunidad civilizada. Por eso fue considerado el ciudadano de dos mundos y por eso será recordado como uno de los bastiones de la sociedad abierta.

En las últimas líneas de la antes aludida biografía de Lafayette por Andreas Latzko se enfatiza que el poder de las armas es destructivo si no está cubierto por la fuerza de las ideas liberales del respeto recíproco. Estos son los conceptos de un general estudioso de la mejor tradición del mundo libre que, como queda consignado, tuvo participación descollante en el terreno militar e intelectual en dos de los acontecimientos más sobresalientes de lo que va de la historia de la humanidad. En Francia se frustraron los ideales originales de la revolución con los embates del jacobinismo y en Estados Unidos de un tiempo a esta parte se está frustrando la revolución por el asalto del estatismo. Los franceses en gran medida pudieron revertir aquella frustración, es de esperar que los estadounidenses puedan revertir su declinación para bien de todos los espíritus libres y en homenaje a Lafayette.

DIOS MÍO, ¿QUÉ HEMOS HECHO?

Todos años, en alguna clase, doy el siguiente ejemplo.

Hay una bomba en un estadio de futbol con 300.000 personas. Se encuentra al que la puso 10 minutos antes de la hora anunciada para la explosión. Sólo él sabe desactivarla y dónde está. ¿Se lo tortura o no?

Siempre dejo que los alumnos discutan. Al final expreso mi quijotesca e inútil opinión: no.

No, porque hay límites que no se deben cruzar nunca. Si se cruzan, no hay vuelta atrás.

Lo mismo que el tema de la tortura para casos de terrorismo. Que muchas personas la siguen justificando al mismo tiempo que despotrican contra el gobierno de Videla del 76.

Con el famoso coronavirus -un virus corona- ha sucedido lo mismo.

¿Tendremos vuelta atrás?

Han puesto en el gobierno a la barbarie del especialismo (Ortega) con poderes ilimitados, convirtiéndolos en dictadores absolutos.

Han borrado de un plumado todas las libertades individuales más inalienables e inviolables.

Han convertido al mundo entero en una nueva Unión Soviética.

Han condenado a millones de personas a la pobreza más extrema; han condenado a millones a cerrar sus fuentes de ingreso, han dicho -nuevamente- que el estado lo solucionará, produciendo con ello más inflación, deuda pública e impuestos.

Han condenado a muerte a millones de personas por la falta de atención médica y diagnóstico de otras enfermedades, muchas de ellas con una tasa de letalidad mucho más alta.

Han producido el pánico de la población, han manipulado y alienado a millones de personas que carecen de pensamiento crítico para defenderse.

Han eliminado toda libertad de tratamientos médicos y soluciones alternativas. 

Han endiosado a una falible ciencia.

Han negado la diferencia entre infectado, enfermo y muerto.

Han falsificado los datos de muertos por coronavirus y los casos.

Han utilizado testeos ineficientes que dan falsos positivos.

No han distinguido entre muertos con o por coronavirus.

Han equivocado el tratamiento.

Han silenciado y censurado a los médicos disidentes, que son cada vez más.

Han ridiculizado e insultado a todo el que pensaba diferente.

Siguen contando el número de casos como si ello fuera lo relevante.

Han condenado a los ancianos a morir en soledad sin la asistencia de sus familiares.

Han convertido a ciudades y estados enteros en estados policiales y totalitarios donde los más elementales derechos son ahora delitos punibles.

Han violado la libertad de enseñanza.

Han eliminado los servicios religiosos.

Han amenazado con una inhumana “nueva normalidad”.

Han….

Y todo esto, oh casualidad, con el apoyo de la izquierda más radical.

Y con la complicidad de gran parte de autoridades religiosas que, oh casualidad, coinciden con esa agenda.

Por qué lo han hecho, bueno, habría mucho para conjeturar.

Digamos que en la Chicago de los 20 no había que ser paranoico para sospechar que Al Capone era culpable.

¿Habrá vuelta atrás?

¿Cómo defenderse?

¿A dónde irse?

Dios mío, qué hemos hecho. 

Control Sintético de la Dolarización en Ecuador: Algunos Resultados Preliminares

Introducción: Contexto

Este año se cumplen 20 años de dolarización en Ecuador. El aniversario ha sido motivo de re-evaluar los resultados de esta reforma monetaria en Ecuador (aquí y aquí mis posts luego de mi visita al país en Enero). Larry White también ha escrito recientemente sobre este tema. Pareciera ser que hay algo de romantización del pasado; se sobrevalora la economía bajo el Sucre y se subvalora la economía dolarizada.

Si bien se pueden contar 100+ casos de dolarización, es difícil aplicar un típico análisis econométrico. Por lo tanto, la literatura sobre dolarización se divide en (1) análisis especulativos, (2) casos de estudio (análisis empírico sin econometría) y (3) narrativa analítica. El tema de dolarización fue relevante a fines de los 90 y principios de los 2000s (las compilaciones de Levi-Yeyati y Sturzenegger y de Salvatore, Dean y Willet son una buena muestra inicial de la diversidad de autores que han tocado el tema). Es una interesante perspectiva ver un número de autores que no consideran a la dolarización una idea “local”. Como es moneda corriente en economía, depende de como se valores los trade-offs.

John Ramseur, senior student en Metropolitan State University of Denver, aplicó un control sintético (SCA por sus siglas en inglés) sobre la dolarización de Ecuador. Junto a John estamos trabajando en darle forma a este paper. Por el momento, compartimos resultados preliminares. El objetivo principal es comparar la evolución del PBI per cápita real de Ecuador dolarizado con un hipotético Ecuador sin dolarización. Si la dolarización es tan mala idea, entonces deberíamos ver que un Ecuador sin dolarización tiene mayores ingresos (reales) que un Ecuador dolarizado (especialmente con un shock externo como el del 2008). El resultado muestra, sin embargo, que Ecuador dolarizado posee un ingreso per cápita de hasta casi un 20% mayor a Ecuador sin dolarización. Para estar a tono con la literatura de SCA, también estimamos resultados sintéticos deotras variables como la participación de las exportaciones sobre el PBI y al mortalidad infantil (x1000) como medida de salud y bienestar general.

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AIER: The Fiscal Fed

Economists often make a distinction between fiscal policy and monetary policy. Fiscal policy involves the use of taxing, spending, and borrowing power. It allocates resources across specific industries and economic actors. Fiscal policy has traditionally been the responsibility of Congress and the Treasury.

Monetary policy involves adjusting the money supply, setting administered interest rates, or exhibiting influence on money demand or non-administered interest rates. It intends to provide monetary stability for the economy and liquidity to financial markets. Monetary policy has traditionally been the responsibility of the Federal Reserve.

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¿A quiénes asisten los aparatos estatales? -por Alberto Benegas Lynch (h)

Vivimos una época de mucha hipocresía que se pone de manifiesto con claridad y contundencia cuando gobernantes repiten hasta el cansancio ideas tan esotéricas como que llevan a cabo “grandes esfuerzos” para entregar recursos a tales o cuales grupos. No parecen percatarse de que los esfuerzos los hacen los vecinos a quienes se les arranca el fruto de su trabajo para colocarlo en manos de otros destinatarios, que no son los titulares de esos fondos.

De entrada exponemos la tesis de esta nota: los políticos en funciones se asisten a sí mismos al cobrar emolumentos extraídos de la comunidad por la fuerza para jugar al hada madrina, como si ellos contribuyeran con su propio peculio, algo que jamás hacen. En lugar de dedicarse a proteger derechos y ofrecer seguridad y justicia, en gran medida se dedican a expoliar a unos en la esperanza de congraciarse con otros. Es necesario insistir en que, de este modo, la sociedad se transforma en una lucha descarnada de todos contra todos. Es como si la sociedad se hubiera convertido en un círculo infernal e insoportable donde todos tienen metidas las manos en los bolsillos del vecino. Esto así es insostenible y, por cierto, macabro.

Así, reclama airadamente el fabricante de tornillos que pretende un subsidio, los artistas que piden financiación para sus obras, los piqueteros que marchan para obtener prebendas, el productor que quiere ayudas monetarias, el sindicalista que pide que le otorguen más controles sobre obras sociales, el comerciante que espera que le otorguen un mercado cautivo, el profesional que insiste en asociaciones obligatorias, el banquero que apunta a mayor cobertura por parte de la banca central; el almacenero sugiere que se limite el radio de los supermercados, el empresario pide mayores aranceles, barrios populares reclaman viandas, médicos apuntan a que se les entreguen mejores equipos, estudiantes se manifiestan airadamente para obtener estudios sin cargo y así sucesivamente, todo a costa del prójimo.

Parece que a pocos se les ocurre que como primer principio civilizado debe respetarse la propiedad privada

Parece que a pocos se les ocurre que como primer principio civilizado debe respetarse la propiedad privada. Las demandas no pueden ser para dar un manotazo a lo que otros han obtenido legítimamente. En general se trata al lugar de trabajo o el lugar donde se abastece la gente como propio sin percatarse de que se trata de la propiedad privada de otro, del mismo modo que condenaríamos que alguien ajeno pretenda dirigir lo que ocurre en nuestro domicilio.

De esta concepción proviene la maldita idea de aplicar la guillotina horizontal al efecto de “redistribuir ingresos” sin comprender que la distribución original y pacífica se lleva a cabo en supermercados y afines cuando la gente compra o se abstiene de hacerlo según sean los diferentes rubros que necesita. Pero resulta que esa distribución es reemplazada por la referida redistribución que inexorablemente se lleva a cabo con el uso de la fuerza contradiciendo las previas votaciones de la gente, y como los recursos no crecen en los árboles, esta violencia implica despilfarro que repercute negativamente en los salarios e ingresos en términos reales.

Todos los quejosos y pedigüeños que les exigen a los aparatos estatales que les arranquen recursos a otros en lugar de esto deberían ellos mismos constituirse en oferentes de lo que demandan y hacerlo con el precio y la calidad que airada e injustificadamente reclaman que lo haga otro. Si esas personas alegan que no cuentan con el dinero suficiente para embarcarse en esos negocios, pues que ofrezcan su idea a terceros para recabar los fondos necesarios para operar. Pero si nadie les compra la idea es porque no se basa en un plan de negocios serio y por ende debe abandonarse.

En esta línea argumental, se suele proceder a través del impuesto progresivo tan apreciado y aconsejado por Marx y Engels en el Manifiesto comunista, de 1848. Ese gravamen se traduce en cuatro efectos. En primer lugar, es regresivo, puesto que el contribuyente de jure al contraer sus inversiones reduce los salarios de los marginales que se convierten en contribuyentes de facto. En segundo término, significa un bloqueo para la imprescindible movilidad social, puesto que se perjudica a los que trabajosamente vienen ascendiendo en la pirámide patrimonial vía tasas que progresan a medida que progresa el objeto imponible. Tercero, altera las posiciones patrimoniales relativas, ya que son necesariamente distintas de las que había establecido la gente revelando sus preferencias, lo cual acentúa el consumo de capital. Por último, con razón se sostiene que deben incrementarse la productividad y realizarse los esfuerzos correspondientes, pero nos encontramos con que la progresividad significa que cuanto más productivo el agente, se propinan mayores palos fiscales como castigo.

La siempre ponzoñosa envidia opaca la bendición de las desigualdades de las personas, puesto que de otra manera se derrumbarían la cooperación social y la consiguiente división del trabajo. Si todos tuviéramos las mismas inclinaciones y vocaciones, las relaciones sociales serían inviables. El delta de ingresos y patrimonios en una sociedad libre es consecuencia necesaria de los gustos de la gente; lo importante es que todos mejoren, pero no que sean iguales, puesto que, como queda dicho, la desigualdad de resultados surge del plebiscito diario del mercado, que a su turno es debida a las diferencias de talentos de cada cual para servir a su prójimo.

En este sentido, para comprobar cómo ha cambiado la opinión que hoy prevalece en el Vaticano, y sin perjuicio de otros eventuales errores que puedan señalarse, es de interés reproducir un pasaje de lo consignado por el papa León XIII en 1891: “Quede, pues, sentado que cuando se busca el modo de aliviar a los pueblos, lo que principalmente y como fundamento de todo se ha de tener es esto: que se ha de guardar intacta la propiedad privada. Sea, pues, el primer principio y como base de todo que no hay más remedio que acomodarse a la condición humana; que en la sociedad civil no pueden ser todos iguales, los altos y los bajos. Afánense en verdad los socialistas, pero vano es ese afán y contra la naturaleza misma de las cosas. Porque ha puesto en los hombres la naturaleza misma grandísimas y muchísimas desigualdades. No son iguales los talentos de todos, ni igual el ingenio ni la salud ni la fuerza, y a la necesaria desigualdad de estas cosas le sigue espontáneamente la desigualdad de la fortuna, lo cual es por cierto conveniente a la utilidad, así de particulares como de la comunidad, porque necesitan para su gobierno la vida común de facultades diversas y oficios diversos, y lo que a ejercitar esos oficios diversos principalmente mueve a los hombres es la diversidad de la fortuna de cada uno”.

Por último subrayo que, como si todo lo dicho fuera poco, hay gobernantes trasnochados que sostienen que la solución a los problemas es el aumento del consumo, sin entender que la clave para todo es el incremento de la producción. Si un grupo de náufragos llega a una isla deshabitada y uno de los sujetos proclama que lo que deben hacer es consumir para resolver sus problemas, seguramente los colegas no se molestarían en contestar semejante sugerencia, si es que no amenazan con ahogarlo en represalia por tamaña obscenidad.

El autor completó dos doctorados, es docente y miembro de dos Academias Nacionales

Publicado originalmente en La Nación como columna de opinión, 1 de agosto de 2020.

Laissez Faire, No. 52-53

Iberoamérica en La riqueza de las naciones de Adam Smith
Carlos Newland

John Richard Hicks: Un economista neoclásico, keynesiano y neoaustriaco
Marco Antonio Del Río R.

Acerca de la democracia contemporánea: División de poderes, régimen representativo y compromiso constitucional
Enrique Aguilar

Haiti: Strengths, Challenges and Paths to Development
David Chávez Salazar and Walter E. Block

Viviendo la economía: Ayer, hoy y mañana
Adrián O. Ravier

Acceda aquí al ejemplar completo.

El peligro inmenso de los empresarios prebendarios I Alberto Benegas Lynch (h)

Adam Smith en su obra cumbre de 1776 se refiere a las propuestas de comerciantes contrarios a la competencia y aliados al poder de turno de este modo: “Es preciso siempre escuchar con los mayores recelos cualquier proyecto de ley o de ordenanza nuevas que proponga esta clase de personas […] cuyo interés no coincide jamás con el del público, de una clase de personas que tiene generalmente interés en engañar e incluso en oprimir al público y que por ello han engañado y oprimido, efectivamente, en muchas ocasiones”.

Los problemas apuntados se redoblan para la comunidad cuando cámaras empresarias adhieren a las prebendas. Ya he escrito sobre el significado del peronismo en distintas ocasiones, lo cual no reiteraré en esta oportunidad pues nos desviaría del aspecto central que pretendo abordar en esta nota periodística, por lo que me limito a reproducir algunas de las declaraciones de cámaras empresarias durante el régimen que Roberto Aizcorbe transcribe en su libro titulado Revolución y decadencia. Así en 1946, la Bolsa de Comercio sostuvo respecto al primer Plan Quinquenal que “nadie podrá negarse a apoyar todo lo que se relaciona con los propósitos perseguidos”. En 1948 la Sociedad Rural afirmó que “la palabra del Primer Magistrado traduce todo un programa en la materia y merece el beneplácito de los productores agropecuarios”. En 1950 la Cámara de Industriales Metalúrgicos pontificó respecto a Eva Perón que “es dado advertir la bienhechora influencia de quien con verdadera veneración ha podido ser llamada la Dama de la Esperanza”. El primero de septiembre de 1955 un grupo empresario encabezado por Alfredo Fortabat insistió en que se “reclama la permanencia del general Perón en la presidencia de la república”.

Es que el empresario se caracteriza por desarrollar un sentido de oportunidad para detectar cuando los costos están subvaluados en términos de los precios finales y, por ende, sacar partida del arbitraje correspondiente. En un mercado libre cuando el comerciante da en la tecla con los gustos y preferencias de su prójimo obtiene ganancias y cuando yerra incurre en quebrantos. Pero el empresario como tal no está preparado en temas de filosofía política ni en los fundamentos de la economía por lo que si el monopolio de la fuerza que denominamos gobierno le ofrece prebendas en general las aceptará pues aparentemente resulta más cómodo y menos oneroso que esforzarse por competir en el mercado, aunque como veremos más abajo sus empresas quedan colonizadas por el poder político. Claro que además estos procedimientos tienen su contrapartida en el derroche de capital que implican cuando la gente se ve obligada a comprar más caro, de peor calidad o las dos cosas al mismo tiempo. Y, a su turno, el consecuente despilfarro inexorablemente conduce a la reducción de salarios e ingresos en términos reales puesto que estos dependen exclusivamente de las tasas de capitalización. Esto desde luego que no va para todos los empresarios, los hay que no solo comprenden los efectos negativos para la comunidad de las políticas de la prebenda sino que mantienen un sentido de la dignidad y de independencia.

Pero existe el riesgo de la tentación autoritaria y estatista, por lo que la actividad empresaria en una sociedad libre debe limitarse a operar en el mercado lejos de las redes políticas. Es común que los susodichos empresarios prebendarios argumenten que, por ejemplo, no debe abrirse la competencia internacional eliminando aranceles puesto que necesitan tiempo para ajustar sus actividades a la experiencia del exterior, sin percatarse de que no hay derecho a endosar sus costos sobre las espaldas de los consumidores. Si necesitan ese tiempo deben absorber los costos que demandan los primeros períodos con la idea de más que compensarse en las etapas subsiguientes y si mantienen que no tienen los recursos para afrontar semejante situación deben vender la idea a otros para lograr el objetivo. Y si nadie les compra la idea es porque el proyecto está mal evaluado, o estando bien presentado el negocio en cuestión si otros empresarios no aceptan el ofrecimiento es debido a que hay otros reglones que son aun más atractivos y como todo no puede llevarse a cabo al unísono puesto que los recursos son limitados, el proyecto de marras debe esperar a una mejor ocasión.

A veces el discurso se pone grandilocuente al referirse al comercio internacional, pero el concepto es exactamente el mismo si un vecino descubre un procedimiento más eficiente de producir un bien o prestar un servicio. Nadie en su sano juicio a esta altura del partido propondrá aduanas interiores para “protegerse” de la eficiencia. Los ríos, las montañas y los mares no modifican los nexos causales de las leyes económicas. Como hemos destacado antes, desde la perspectiva liberal la única razón por la que el globo terráqueo está dividido en naciones es para defenderse del riesgo fenomenal de la concentración de poder en un gobierno universal, pero tomarse en serio las fronteras constituye una sandez mayúscula. Las culturas alambradas son una muestra de regresión a la edad de piedra.

El empresario en una sociedad abierta es un benefactor de la comunidad, no porque haga las cosas por filantropía. Lleva a cabo sus operaciones con el fin de mejorar su propio patrimonio pero para lograr ese propósito en un mercado libre está obligado a servir a su prójimo. En este sentido, hay autores que han sostenido que debieran sustituirse en las plazas públicas los monumentos de militares y políticos y colocar monumentos a empresarios puesto que los primeros muchas veces ponen palos en la rueda mientras que los segundos son los que resuelven los problemas de los transportes, comunicaciones, alimentación, vestimenta, fármacos y todo cuanto se nos ocurra. Pero reiteramos que esto ocurre cuando el empresario opera en el terreno que le es propio sin politizarse y mucho menos combinarse en aquella cópula hedionda con el gobierno del momento para explotar miserablemente a la gente en cuyo contexto actúan como aplaudidores oficiales, es decir, agentes rastreros y serviles del aparato estatal.

El premio Nobel en economía George Stigler señala en Placeres y dolores del capitalismo que “han sido ellos, los empresarios, quienes han convencido a los gobiernos que iniciaran controles sobre las instituciones financieras, los sistemas de transportes, las comunicaciones, las industrias extractivas, etc.” y a continuación subraya que es ingenuo pensar que solo ellos serán los beneficiarios y no otros sectores pero “el Estado no es una concubina, sino una ramera”. Robert Nozick coincide en esta conclusión en su obra más divulgada: “Gran parte de la regulación gubernamental de la industria está originada y está dirigida a la protección contra la competencia que promueven las empresas establecidas”. Y Richard McKenzie en su libro que lleva el sugestivo título de Usando el poder gubernamental: los empresarios contra la libre empresa afirma que “cuando no hay límites en la acción gubernamental, los empresarios compiten por el uso del poder gubernamental. También el prominente empresario estadounidense Charles Koch declara: “¿Qué está pasando aquí? ¿Los dirigentes empresarios se han vuelto locos? ¿Por qué están autoaniquilándose debido a la voluntaria y sistemática entrega de ellos mismos y sus empresas a reglamentaciones gubernamentales? La contestación desde el luego es simple. No, los empresarios ejecutivos no comparten el deseo del suicidio colectivo. Ellos piensan que obtienen ventajas especiales para sus empresas, pero se están engañando. En realidad están vendiendo su futuro”.

Exactamente esta es la explicación: los empresarios prebendarios están rematando sus empresas, su familia y su futuro al entregar el sistema a las fauces del Leviatán. Como ha escrito el antes mencionado profesor McKenzie, “los empresarios necesitan la libre empresa porque es un sistema que los protege contra ellos mismos”, además de beneficiar a toda la comunidad, muy especialmente a los que menos tienen.

Dejando de lado las donaciones, solo hay dos formas de enriquecerse: sirviendo al prójimo o expoliándolo. En la sociedad libre, los arreglos contractuales voluntarios hacen posible obtener ventajas recíprocas, mientras que el robo al fruto del trabajo ajeno es característica medular del estatismo donde los gobiernos abandonan su misión de proteger las autonomías individuales y los consecuentes derechos de las personas que son anteriores y superiores a la existencia de los aparatos estatales. En la antigüedad, los reyes y emperadores otorgaban permisos y licencias para todas las actividades de sus súbitos, mientras que los mercados libres abolieron esos privilegios y barreras, una situación que los empresarios prebendarios apuntan a revertir al efecto de volver a las edades de las cavernas.

Resulta en verdad paradójico que muchos de los burócratas modernos la emprenden contra los genuinos empresarios mientras cobijan a los prebendarios, esto es, atacan a los benefactores de la humanidad y defienden a los explotadores. Esto es así en gran medida porque buena parte de los políticos nunca han tenido nada que ver con el trabajo honesto en una empresa y no tienen la más pálida idea de que significa. Esta es una razón adicional para adoptar sugerencias en cuanto a que, por ejemplo, los miembros del Poder Legislativo trabajen en ese campo tiempo parcial y de manera muy limitada para no solo poner coto al absurdo y contraproducente ímpetu legislativo sino para que los legisladores se ganen el sustento en el mercado y no vivan solamente a costa de los que trabajan en faenas legítimas y todavía se burlan de sus ocupaciones que consideran subalternas a sus designios imperiales.

El autor es Doctor en Economía y también Doctor en Ciencias de Dirección, preside la Sección Ciencias Económicas de la Academia Nacional de Ciencias de Buenos Aires y miembro de la Academia Nacional de Ciencias Económicas.

Publicado originalmente en Infobae, 1 de agosto de 2020.

Sobre ambientalismo – por Alberto Benegas Lynch (h)

Con gran ingenuidad y la mejor de las intenciones, es común incurrir en equívocos respecto al cuidado del planeta. Con la idea de proteger la propiedad de la Tierra se suele destruir la propiedad privada con lo cual se termina afectando al globo terráqueo. De un tiempo a esta parte los socialismos se han agazapado al ambientalismo como una manera más eficaz de liquidar la propiedad privada: en lugar de decretar su abolición al estilo marxista, la tragedia de los comunes se patrocina con mayor efectividad cuando se recurre a los llamados “derechos difusos” y la “subjetividad plural” a través de lo cual se abre camino para que cualquiera pueda demandar el uso considerado inadecuado de lo que al momento pertenece a otro.

Antes que nada, subrayamos que toda invasión a la propiedad debe ser castigada, ya se trate de un asalto o de la emisión de monóxido de carbono o del desparramo de ácidos, basura, contagio irresponsable de un virus o cualquier otra acción que lesione derechos de terceros. De más está decir que no se trata de eliminar toda polución, de lo contrario habría que dejar de respirar debido a la contaminación por la exhalación de dióxido de carbono.

Vamos entonces al denominado calentamiento global. El fundador y primer CEO de Weather Channel, John Coleman, el premio Nobel en física, Ivar Giaever y el ex presidente de Greenpeace de Canadá, Patrick Moore, sostienen que se trata de un fraude en el sentido de tergiversación de estadísticas puesto que, por una parte, el aumento en la temperatura en el planeta Tierra se ha elevado medio grado en el transcurso del último siglo y fue antes de que aparecieran los gases que fueron inyectados por los humanos en la atmósfera.

El efecto invernadero es controvertido. La opinión dominante es también refutada por  científicos de peso como Donald R. Leal, Fredrik Segerfeldt, Martin Wolf, Terry L. Anderson y Ronald Bailey. Según estas opiniones, en las últimas décadas hay zonas donde se ha engrosado la capa de ozono que envuelve el globo en la estratosfera. En otras se ha debilitado o perforado. En estos últimos casos, los rayos ultravioletas, al tocar la superficie marina, producen una mayor evaporación y, consecuentemente, nubes de altura, que dificultan la entrada de rayos solares. Esto conduce a que mediciones apropiadas en períodos de tiempo razonables revelen enfriamiento neto.

Muchas especies marítimas están en vías de extinción. Esto hoy no sucede con las vacas, aunque no siempre fue así: en la época de la colonia, en buena parte de América latina el ganado vacuno se estaba extinguiendo debido a que cualquiera que encontrara un animal podía matarlo, engullirlo en parte y dejar el resto en el campo. Lo mismo ocurría con los búfalos en Estados Unidos. Esto cambió cuando comenzó a utilizarse el descubrimiento tecnológico de la época: la marca, primero, y el alambrado, luego, clarificaron los derechos de propiedad. Lo mismo ocurrió con los elefantes en Zimbabwe, donde, a partir de asignar derechos de propiedad de la manada se dejó de ametrallarlos en busca de marfil.

Respecto al temor por la desaparición del agua, el premio Nobel en economía Vernon L. Smith escribe: “El agua se ha convertido en un bien cuya cantidad y calidad es demasiado importante como para dejarla en manos de las autoridades políticas”. El planeta está compuesto por agua en sus dos terceras partes, aunque la mayoría es salada o está bloqueada por los hielos. Sin embargo, hay una precipitación anual sobre tierra firme de 113.000 kilómetros cúbicos, de la que se evaporan 72.000. Eso deja un neto de 41.000, capaz de cubrir holgadamente las necesidades de toda la población mundial. Sin embargo, se producen millones de muertes por agua contaminada y escasez. Tal como ocurre en Camboya, Ruanda y Haití, eso se debe a la politización de la recolección, el procesamiento y la distribución del agua. En esos países, por ejemplo, la precipitación es varias veces superior a la de Australia, donde no tienen lugar esas políticas y en consecuencia no ocurren esas tragedias.

Julian Simon y Herman Kahn se detienen a considerar el tema de los recursos naturales referido a los conceptos de sustitución, reciclaje y la tecnología. Estos autores mantienen que hay dos métodos de calcular reservas de recursos naturales. Uno es el de los ingenieros y el otro es el de los economistas. El de los ingenieros se limita a extrapolar el precio y el ritmo de consumo en relación a las reservas físicas estimadas al momento. El método de los economistas, en cambio, consiste en no considerar la extrapolación de una situación estática sino comprender que cuando se considera más urgente un bien el precio se eleva y por ende las reservas se estiran.

Finalmente, la genética ha producido una llamativa revolución al posibilitar mejoras extraordinarias en la calidad de vida en muy diversos planos.  Nos estamos refiriendo a plantas resistentes a plagas y  pestes que, por ende, no requieren el uso de plaguicidas y pesticidas químicos, a la posibilidad de incrementar el valor nutriente, a la capacidad de incorporar ingredientes que fortalezcan la salud (incluyendo la disminución de alergias) y el enriquecimiento de los suelos, tal como ha explicado entro otros el biólogo molecular, premio Nobel en medicina, Richard Roberts. De más está decir que lo que aquí dejamos consignado no es incompatible con que simultáneamente se trabajen otros procedimientos como los alimentos orgánicos para lo que se recurre a fertilizantes producto de la composta o abono orgánico que son el resultado de residuos animales y vegetales.