(No) hay que ponerle dinero en el bolsillo a la gente

Desde la victoria electoral de Alberto Fernández (AF) se viene sugiriendo con creciente énfasis que para aplacar los problemas económicos hay que “ponerle dinero en el bolsillo a la gente”.

Más allá de las buenas intenciones detrás de la propuesta (mejorar los ingresos de los consumidores, en especial aquellos de menores ingresos), la idea puede causar más daño que beneficios. El punto no es si las intenciones detrás de una propuesta son “buenas” o “malas”, sino si dicha propuesta genera los resultados esperados. Las buenas intenciones no garantizan los buenos resultados.

Algunos de los problemas detrás de la idea de “ponerle dinero en el bolsillo a la gente.”

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Sobre los orígenes no monetarios de la inflación

Es curioso que un país con un historial de inflación como el de Argentina, en lugar de haber consenso sobre el origen del problema existan, en cambio, teorías sobre origines no monetarios de la inflación (entiendo las teorías estructuralistas serian un ejemplo).

Veo dos problemas en las teoría no monetarias de la inflación. Uno es que, al final de cuentas, estas teorías sí hacen uso de una expansión monetaria para explicar la inflación. Uno esperaría, sin embargo, que una teoría no monetaria no debiera hacer uso de esta variable. El segundo problema es cuando se usa cambio en precios para explicar cambio en precios. Al usar cambios en el tipo de cambio o tarifas, por ejemplo, en definitiva se está partiendo de aquello que se quiere explicar. La pregunta (en este contexto) debiera ser por qué el tipo de cambio o el precio del petróleo suben en primer lugar.

Estos casos también tienen también un origen monetario. El de las tarifas es el más fácil de ver. En definitiva el aumento de tarifas es actualización de inflación atrasada (lags). El del tipo de cambio es un poco más complicado, dado que requiere considerar el caso de un tipo de cambio sobre-apreciado (atraso cambiario) vía una intervención indirecta en el mercado de cambios cuando se aumentan las tasas de interés (carry-trade). Esta misma situación, por cierto, es la que el BCRA reconoció ante el FMI al firmar el último acuerdo de asistencia financiera, luego de negar repetidamente el problema a la audiencia Argentina.

Ciertamente puede haber distintos mecanismos, o canales, por los cuales una expansión monetaria que se inicia en el banco central llega finalmente a los precios. Que haya distintos canales no quiere decir que la inflación no sea un fenómeno monetario.

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Inflación 2018

Se conocieron los datos de inflación del 2018 y, con este numero, cuál fue la inflación en los primeros tres años del gobierno de Cambiemos. A continuación dos gráficos. El primero con la inflación interanual de 1999 a la fecha. El segundo con la inflación mensual (en barras) y acumulada de los últimos 3 años. El 2018 cerró con la inflación más alta desde el final de la hiperinflación. En materia de inflación, Cambiemos tiene un triste record aún por revertir.

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Herencia, dólar, inflación y actividad: ¿hay luz al final del camino?

Por primera vez en mucho tiempo los funcionarios del Gobierno, sus críticos y opositores y los economistas en general parecemos haber alcanzado un consenso sobre la realidad que enfrentamos y enfrentaremos en los próximos meses. El diseño ahora se extiende al último trimestre de 2018 o quizás a lo que la economía puede mostrar en el año electoral.

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Está Argentina Cerca de una Hiperinflación?

El alto dato de inflación de Junio volvió a traer cierto temor de que Argentina pueda estar cerca de una hiperfinflación. Este temor se hace eco de otras dos cuestiones. Se ha dicho que Sturzenegger salvó a Argentina de una hiperinflación al momento de asumir la dirección del BCRA. Sturzenegger y su equipo ya no están más a cargo del BCRA. Por otro lado, aún persiste un alto monto de Lebacs que, de monetizarse, aumentaría la presión inflacionaria. Esta emisión de Lebacs, recordemos, fue la política elegida por Sturzenegger y su equipo argumentando que no iba a traer ningún tipo de problema.

Ciertamente las predicciones monetarias en Argentina no son sencillas. Pero hay dos motivos por los cuales el riesgo de hiperinflacion no es tan alto. Lo que sigue es en escenario con cálculos sencillos, como una primera aproximación.

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Inflación: Cambiemos vs Kirchnerismo

“De ninguna manera vamos a aceptar que hoy hay más inflación que en el kirchnerismo” sostuvo el Jefe de Gabinete Marcos Peña. Mi respuesta en Twitter fue que si miramos las tasas de inflación, la inflación anual promedio de Cambiemos (a Junio 2018) es superior tanto a la inflación bajo el gobierno Kirchnerista, como lo es también respecto a la inflación sólo bajo el mandato de CFK. Más aún, el límite de inflación acordado con el FMI (32) es también superior a la inflación promedio con CFK.

Estos son mis números:

  • Inflación promedio Kirchnerismo: 20.4%
  • Inflación promedio CFK: 28.5%
  • Inflación promedio Cambiemos: 33.7%

Esta es la serie histórica de datos donde también ubico la inflacion promedio (quienes me siguen en las redes estarán familiarizado con este gráfico, dado que lo actualizo regularmente):

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La Caída de las Metas de Inflación en Argentina

En un post anterior me explaye en lo que entendía era la política monetaria del BCRA. Hace pocos días la autoridades del BCRA fueron reemplazadas. A su ultimo día, Sturzenneger rankea como el decimoprimer presidente del BCRA (de un total de 60 presidencias) en términos de tiempo en el cargo (ver cuadro al final del post).

El reciente acuerdo con el FMI implico un nuevo cambio de metas de inflación. Si bien en su momento Sturzenneger sostuve que para el 2018 no había metas de inflación, el documento de intención presentado al FMI sí establece metas de inflación para el 2018. El limite superior que el gobierno no debería superar es una tasa del 32% (más del doble de la meta revisada en diciembre). La caída de las metas de inflación se ve en las repetidas, y muy significativas, revisiones de cuáles son las metas a cumplir. Dos datos en este post.

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“El Gobierno sabía que iba a incumplir la nueva meta de inflación”: Entrevista con Marcelo Duclos de PanamPost

A finales de 2017 el Gobierno argentino, mediante una cuestionada conferencia de prensa que reunió al presidente del Banco Central con los ministros de Economía y Finanzas y al jefe de Gabinete, reconoció que la meta de inflación anual pautada del 10 % no sería posible y establecieron una nueva del 15 %.

En la jornada de hoy el INDEC (Instituto Nacional de Estadísticas y Censos) comunicó que la inflación mensual de febrero fue del 2,4 %, lo que comienza a hacer presión sobre el nuevo objetivo anual del 15. Los principales factores detrás del incremento  mensual fueron los aumentos de tarifas de transporte y combustibles.

El gobierno movió la meta de inflación hasta los 15 puntos anuales, pero los datos de hoy parecen mostrar que ni siquiera podrá cumplir la nueva “meta laxa” que se propusieron. ¿Cuál es tu opinión?

Yo creo que desde el momento en que se planteó la nueva meta ya se sabía que se iba a incumplir. En ningún momento el Gobierno tuvo intención de cumplir la meta inflacionaria. Hay un juego de poner una meta por debajo de la inflación esperada con la idea de reducir el gasto público en términos reales.

Es decir, que si logra que el 15 % de meta se use como referencia en las paritarias y después la inflación real termina en 20 %, entonces el gasto público baja y estaríamos ante un nuevo ajuste, como ocurrió en toda la historia argentina.

Un ajuste en términos reales y no nominales, que la verdad es que es muy difícil. La inflación mensual en 2,4 % es preocupante, no sólo por la meta, que ya es imposible, sino para terminar el año por debajo del número de 2017. Los dos primeros meses acumulados ya son preocupantes. Yo considero que vamos a estar alrededor de un 20 % anual, con un primer semestre más alto que el segundo.

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La Curva de Phillips y la tasa de interés

La autoridad monetaria se debate desde hace meses si subir o bajar la tasa de interés. El debate está en el premio que le vamos a dar a los agentes por mantener sus activos pesificados. Subir la tasa, contribuye a pesificar la economía; Bajar la tasa, contribuye a dolarizarla. La demanda de dinero en pesos resultante es una de las claves para contener la inflación.

Otro modo de ver la cuestión es si privilegiar la lucha contra la inflación o la actividad económica, lo que nos conduce, en definitiva, a la lógica de la Curva de Phillips. Phillips planteó un trabajo empírico en 1958 donde mostraba la relación inversa que existe entre inflación y desempleo. En términos prácticos, si Argentina decide acelerar su lucha contra la inflación, por ejemplo subiendo las tasas, tendrá que aceptar en el corto plazo un nivel de actividad menor, con impacto negativo sobre el empleo. Si decide postergar esta lucha para otro momento bajando las tasas, entonces puede recalentar la economía, pero el costo será una mayor inflación.

Desde mi punto de vista la autoridad monetaria debería privilegiar el objetivo de tener una moneda sana, lo que sólo se puede conseguir limitando la asistencia que el BCRA le ofrece al Tesoro. Esto, a su vez, tiene dos soluciones, o se eleva la tasa de interés lo suficiente, o bien, se controla los agregados monetarios (una propuesta que viene ganando adherentes).

Probados hechos hay en la historia económica que sólo una moneda sana fomenta el ahorro, la inversión, la formación de capital, la generación de empleo, el aumento de productividad, los mejores salarios reales y el aumento en el bienestar. Sólo de ese modo se soluciona el problema de la inflación, y se fomenta actividad económica y empleo.

El gobierno, sin embargo, decide priorizar recurrentemente el nivel de actividad y empleo, poniendo el carro delante del caballo. Lo más grave es que el margen de acción se acorta porque las elecciones se acercan, y entonces ya no hay opción para bajar a tiempo la inflación y que en 2019 la actividad económica y el empleo despeguen fortalecidos. Son los costos del gradualismo, y nadie puede decir que los economistas no lo hemos advertido.

Publicado originalmente en La Gaceta, el 16 de febrero de 2018.