Reflexión de domingo: «El Papa Francisco y la economía libre en la Evengeli Gaudium»

Francisco1.  Introducción.

La exhortación apostólica Evangelii gaudium[1] (EG), de Francisco, no es un texto de economía: es una fina y rica reflexión magisterial sobre el tema de la evangelización en los tiempos actuales, tema muy vasto, cuyo análisis excede los humildes objetivos de este artículo y que queda en todo caso para otra oportunidad.

Sin embargo, en el diagnóstico que Francisco realiza de las actuales circunstancias hay algunas apreciaciones de cuestiones económicas que nuevamente han despertado la admiración y adhesión de aquellos que critican al libre mercado y la preocupación o vivo rechazo de quienes lo defienden. No es, claro, la primera vez que sucede. Sucedió con la Quadragesimo anno, 1931, con la Mater et magistra, 1961, la Populorum progressio, 1967, la Laborem excercens, 1981, y la Solicitudo rei socialis, 1988. Sobre el material contenido en esos documentos, hice siempre lo mismo: aclaré los matices semánticos y distinguí entre los principios generales de la Doctrina Social de la Iglesia y sus aplicaciones prudenciales[2]. En este caso agregaré además un intento de diálogo entre el horizonte de la Escuela Austríaca de Economía y el horizonte desde donde escribe Francisco.
2. El horizonte de precomprensión de la Escuela Austríaca de Economía. (EA)
Para entender de qué habla la EA cuando se refiere a “libre mercado” hay que analizar el núcleo central de la teoría del proceso de mercado, que se desarrollada fundamentalmente en un programa de investigación conformado por autores como Mises, Hayek, Israel Kirzner e incluso Rothbard.
Para ello, propongo analizar la estructura teorética del tratado de economía de Mises, La Acción Humana.[3] Allí Mises divide su análisis en tres grandes áreas: el análisis de la economía de mercado, el socialismo y la economía intervenida. Cuando Mises habla de la economía de mercado, se refiere a lo que en mis propios términos es un análisis fenomenológico del mercado en sí mismo, como un proceso dinámico que tiende a una situación de equilibrio sin alcanzarla nunca, bajo el supuesto institucional de propiedad privada, esto es, libre acceso al mercado y ausencia de controles estatales. El intervencionismo es, en cambio, el mercado intervenido, precisamente por esos controles cuya ausencia se supone en un mercado libre. Mises es muy claro, en la parte sexta de su tratado de economía (que es clave) en el análisis de dichas intervenciones: la intervención mediante impuestos progresivos a la renta; las restricciones a la producción por medio de tarifas arancelarias, la intervención monetaria por medio de la estatización de la moneda por medio de bancos centrales y controles en las tasas de interés; la confiscación de recursos naturales, las lesiones al derecho a la asociación por medio del sindicalismo corporativista, los controles de precios y salarios. La lista no es excluyente, pero lo interesante es que conforma lo esencial de la economía real tal cual Mises la miraba ya en 1949, cuando su tratado sale publicado. O sea que la economía intervenida, para Mises, no era la Unión Soviética: era Europa y EEUU ya desde 1949, y ni que hablar de otras regiones, por supuesto.
A esto hay que agregar los estudios de Hayek sobre el rechazo a la competencia perfecta como un mal planteo del problema económico, crítica que se da principalmente en seminales artículos publicados en 1936, 1945 y 1946[4]. Contrariamente a los modelos que presuponen conocimiento perfecto, Hayek sostiene que el problema económico consiste en cómo coordinar expectativas de oferta y demanda bajo el conocimiento disperso y limitado de oferente y demandantes. Y ello es posible sólo bajo tres condiciones: libre entrada al mercado, lo cual implica igualdad ante la ley y ausencia de monopolios legales en un mercado; dos, la capacidad de aprendizaje de los propios errores, como factor compensatorio del conocimiento disperso, y tres, los precios libres como sintetizadores de conocimiento disperso y por ende como señales de la escasez relativa de los bienes y servicios en el mercado. Ello implica que el mercado siempre es un proceso a la coordinación pero nunca una coordinación perfecta, y que las intervenciones del gobierno, al afectar a los precios, afectan a las señales necesarias para esta coordinación. Mises recoge todo esto en su tratado de economía y habla de la capacidad de aprendizaje ya como el factor empresarial. Rothbard agrega a todo eso, en 1962, su insuperable tratamiento del tema de los monopolios[5], donde enfatiza el rechazo al modelo de competencia perfecta por parte de la EA, e Israel Kirzner sistematiza todo esto en su teoría de mercado como proceso vs. mercado en equilibrio, a través del factor empresarial, en 1973[6]. No de casualidad, 1974 se considera el año del revival de la EA en todo el mundo.
Nada de todo esto fue escrito por gente aburrida y despreocupada de los demás. Su motivación era “emancipatoria”, esto es, un ideal preocupado por la eliminación de la pobreza y alcanzar el desarrollo de los pueblos. Eso se ve sobre todo en la vida de L. von Mises[7].
Pero la conclusión fundamental de este punto dos es que:
a)      El mercado libre no son “los mercados” ni el “capitalismo real” actual, que se podría llamar capitalismo prebendario, aunque yo prefiero llamarlo directamente economía intervenida.
b)      El mercado libre no tiene nada que ver con modelos de competencia perfecta que presuponen conocimiento perfecto, eficiencia perfecta “o bondad” de los agentes intervinientes.
c)      El mercado libre se da realmente cuando se dejan actuar a las tres condiciones referidas anteriormente por Hayek; el mayor o menor alejamiento de esas tres condiciones son la medida de un mayor o menor mercado libre.
3. Análisis de la crítica al “mercado libre” por parte de Francisco, a la luz de lo anterior.
Como dije en el punto uno, no es la primera vez que tenemos este problema. La encíclica Quadragesimo anno, de Pío XI, es de 1931, y tiene fuertes críticas al llamado capitalismo liberal y al “imperialismo internacional del dinero”. Pero, oh casualidad, esas críticas se dan precisamente después de la crisis de 1929, cuando se produce la crisis económica justamente descripta y al mismo tiempo predice por Mises en 1912[8], como el efecto básico de la intervención del estado en el mercado de capitales, la moneda y la tasa de interés.
Sucede ahora algo similar, aunque agravado. La economía intervenida, en EEUU y Europa, se ha profundizado. A la luz del horizonte de la EA, no estamos ante la crisis del mercado libre, sino ante una crisis, cada vez mayor, de la economía intervenida; mucho más después del 2008.
A la luz de lo anterior, veamos los principales párrafos de la Evangelii gaudium sobre temas económicos. Nuestro comentario estará en bastardilla.
3.1. “…Así como el mandamiento de «no matar» pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir «no a una economía de la exclusión y la inequidad». Esa economía mata. (Tiene razón: esa economía mata. Son millones y millones los seres humanos que mueren por desnutrición, hambre y condiciones infrahumanas de vida. Pero ello es el resultado del subdesarrollo, y el subdesarrollo es el resultado de la no inversión, que es producida por todas las medidas intervencionistas analizadas por Mises. Dice este último: “…Extensas áreas geográficas de nuestro planeta —el Oriente asiático, las Indias neerlandesas, la Europa meridional y suroriental, la América latina— sólo muy superficialmente han recibido hasta ahora la influencia del capitalismo. La situación en estos países no difiere mucho de la que prevalecía en Gran Bretaña al comenzar la Revolución Industrial. Millones y millones de seres carecen de empleo y de posible encaje dentro de los sistemas económicos tradicionales. Sólo la industrialización puede salvar a tan desgraciadas masas. Empresarios y capitalistas es lo que esos países necesitan con mayor urgencia. Puesto que sus descabelladas políticas les impiden contar con ulteriores aportaciones de capital extranjero, no tienen más remedio que proceder a la acumulación de capital nacional. Tienen que rehacer todas y cada una de las penosas etapas por las que pasó la industrialización de Occidente. De ahí que al principio tendrán que conformarse con salarios relativamente bajos y largas jornadas laborales. Pero, ofuscados por las ideas que hoy prevalecen en Europa y en Norteamérica, los gobernantes de esos países creen poder recurrir a otras soluciones. Promulgan una legislación social avanzada e incitan a los sindicatos a la “acción directa”. Su radical intervencionismo coarta y retrasa la implantación de nuevas industrias autóctonas. Su dogmatismo está perjudicando grave e inmisericordemente a los coolies chinos e indios, a los peones mejicanos y a millones de seres humanos que, al borde de la muerte por inanición, luchan por sobrevivir”[9]). No puede ser que no sea noticia que muere de frío un anciano en situación de calle y que sí lo sea una caída de dos puntos en la bolsa. Eso es exclusión. (Tiene razón. Pero la “exclusión” de los millones a los que se refiere Mises está causada por el subdesarrollo fruto, a su vez, de la falta de mercado libre tal como Mises lo entiende). No se puede tolerar más que se tire comida cuando hay gente que pasa hambre. Eso es inequidad. (Tiene razón. Pero en la economía se tira comida cuando los gobiernos interfieren en el mercado agropecuario con precios mínimos produciendo sobrantes en el mercado). Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad (competitividad como la EA la entiende, no, porque no hay actualmente libre entrada al mercado) y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. (Sí, eso es así cuando los grupos de presión más poderosos consiguen prebendas por parte del gobierno, como muy bien lo explica la escuela del Public Choice[10]. No es así en una economía libre, esto es, cuando no hay privilegios otorgados por el gobierno). Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida. Se considera al ser humano en sí mismo como un bien de consumo, que se puede usar y luego tirar. Hemos dado inicio a la cultura del «descarte» que, además, se promueve. (Tiene razón: el ser humano no es un bien de consumo. Pero es así cuando hay desocupación endémica, producida por los salarios mínimos y los privilegios sindicales fuertemente criticados por Mises en La Acción Humana y en El Socialismo (1922)[11]. Ya no se trata simplemente del fenómeno de la explotación y de la opresión, (hay que tener en cuenta que explotación, si ello implica  referencia a la plus valía marxista, debe ser reinterpretada, porque la teoría de la plus valía marxista, al basarse en la teoría del valor trabajo de Smith y en la del costo de producción de Ricardo, es falsa[12]) sino de algo nuevo: con la exclusión queda afectada en su misma raíz la pertenencia a la sociedad en la que se vive, pues ya no se está en ella abajo, en la periferia, o sin poder, sino que se está fuera. Los excluidos no son «explotados» sino desechos, «sobrantes». (Si, ese es el resultado del subdesarrollo por NO haber respetado al mercado libre. En última instancia, es comprensible que Francisco vea a la economía actual como un mercado libre; claro, EEUU, Europa y América Latina no son Corea del Norte. Si no se tiene en cuenta a la EA, es así. Pero ya vimos que la economía actual está lejos de ser un mercado libre como “proceso de mercado”: es una economía intervenida, y mucho más: es un juego perverso de grupos de presión que giran alrededor de los gobiernos centrales que reparten discrecionalmente una torta fija que no crece, por la falta de inversión y por el obvio límite del presupuesto público, como bien lo ha descripto J. Buchanan: una “rent seeking society”[13]).
3.2. “…En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del «derrame», que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. (Bien, no es el caso de la EA. Según sus economistas, el mercado libre no produce un enriquecimiento intrínseco de algunos a partir del cual cae de manera aleatoria riqueza sobre otros. La esencia de la cuestión es que el ahorro permite inversiones, nuevos capitales y nuevos proyectos, lo cual produce esencialmente un aumento de la demanda de trabajo y consiguientemente un aumento del salario real. O sea que el enriquecimiento general es una característica necesaria, no aleatoria ni “derramada” del mercado libre, excepto que se lo intervenga con impuestos confiscatorios, controles burocráticos, inflación y confiscación, como es lo habitual en América Latina. Es más: los empresarios, en un mercado libre, no necesariamente se enriquecen, a menos que tengan una protección del estado, lo cual ya no es mercado libre. Muchos de sus proyectos fracasan e incurren en pérdidas, y ello permite que el bien común se vea beneficiado sólo con los proyectos empresariales que aciertan en la demanda del consumidor) Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, (bueno, si la filosofía de Francisco me lo acepta, yo hablaría del análisis fenomenológico de la realidad social) expresa una confianza burda e ingenua en la bondad (si, esa confianza es la de aquellos que niegan el pecado original, pero no de los economistas de la EA que siempre han pensado en un mercado libre que funciona para personas normales bajo incentivos normales: el mercado libre no es para santos, es para todos) de quienes detentan el poder económico (bueno, en un mercado libre el “poder” lo tiene el consumidor, y en una economía intervenida, el “poder” lo tiene el estado) y en los mecanismos (bien, el mercado libre no es un mecanismo, sino un proceso humano) sacralizados del sistema económico imperante (yo diría que los economistas de la EA nunca han sacralizado nada y tampoco en mi caso que explícitamente he criticado el “clericalismo de mercado”[14]).
3.3. “….Una de las causas de esta situación se encuentra en la relación que hemos establecido con el dinero, ya que aceptamos pacíficamente su predominio sobre nosotros y nuestras sociedades. La crisis financiera que atravesamos nos hace olvidar que en su origen hay una profunda crisis antropológica: ¡la negación de la primacía del ser humano! Hemos creado nuevos ídolos. La adoración del antiguo becerro de oro (cf. Ex 32,1-35) ha encontrado una versión nueva y despiadada en el fetichismo del dinero y en la dictadura de la economía sin un rostro y sin un objetivo verdaderamente humano. La crisis mundial que afecta a las finanzas y a la economía pone de manifiesto sus desequilibrios y, sobre todo, la grave carencia de su orientación antropológica que reduce al ser humano a una sola de sus necesidades: el consumo.
(Este es uno de los puntos más importantes del malentendido que nos está afectando a todos. La crisis financiera internacional del 2008 fue un caso de lo que en la EA es la teoría del ciclo económico. Fue delineada principalmente por Mises en 1912[15] (lo cual le permitió predecir, en parte, la de 1929); Hayek le agregó importantes acotaciones sobre el capital en 1931[16] y forma parte principal de los trabajos actuales de coyuntura de los economistas de la EA en los EEUU. El eje central de la teoría es que si el gobierno expande la moneda en el mercado de capitales, por medio de la expansión monetaria, la tasa de interés tiende a la baja fomentando proyectos de inversión sin sustento real que, cuando la expansión cesa, caen, produciendo quiebras y desocupación generalizadas. Ello es fruto de la intervención del estado, y no del mercado libre. Siempre ha habido avaricia, apego por el dinero e idolatría de las riquezas, incompatibles con el cristianismo, pero no son esos defectos humanos las causas de las crisis financieras, sino la intervención del estado en el mercado de capitales.)
56. Mientras las ganancias de unos pocos crecen exponencialmente, las de la mayoría se quedan cada vez más lejos del bienestar de esa minoría feliz. (Como hemos visto, eso es fruto del subdesarrollo, que a su vez es causado por la intervención del estado). Este desequilibrio proviene de ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera. (Bien, como hemos visto, si por “autonomía absoluta” se entiende al mercado libre tal cual la EA lo entiende, entones esa autonomía implica simplemente que el estado no expande la oferta monetaria, bajando artificialmente las tasas de interés. No veo por qué llamarla “absoluta” dado que todo el sistema bancario es regido por las reglas básicas de respeto a los contratos). De ahí que nieguen el derecho de control de los Estados, encargados de velar por el bien común. (La EA no niega que el gobierno sea el agente encargado de custodiar el Estado de Derecho; lo que sí niega es que el aumento de oferta monetaria sea beneficioso. O sea, no veo por qué para ser católico hay que ser keynesiano).Se instaura una nueva tiranía invisible, a veces virtual, que impone, de forma unilateral e implacable, sus leyes y sus reglas. (Bueno, sí, esa es la tiranía de los gobiernos afectando a la oferta monetaria y produciendo pobreza y subdesarrollo, la economía que mata).Además, la deuda y sus intereses alejan a los países de las posibilidades viables de su economía y a los ciudadanos de su poder adquisitivo real. (El endeudamiento de los países pobres se debe a préstamos de gobierno a  gobierno, no al mercado libre. En un mercado libre no puede haber deuda pública porque los gobiernos no tienen emprendimientos empresariales. Mises criticó al Fondo Monetario ya en 1949[17] y P. Bauer[18] ha explicado claramente el origen estatista de la deuda internacional, que obviamente debe ser, por un lado, condonada, pero, por el otro lado, nunca comenzada de vuelta). A todo ello se añade una corrupción ramificada y una evasión fiscal egoísta, que han asumido dimensiones mundiales. (Si, la corrupción es un horror, pero es fruto, como hemos visto, de las mafias de los grupos de presión que dependen del gobierno, lo cual nada tiene que ver con el mercado libre; de las infinitas regulaciones gubernamentales, que fomentan la coima para ser evadidas, y de la multiplicación de organismos del estado donde los grupos de presión depositan sus sobornos). El afán de poder y de tener no conoce límites (Si, eso fue descripto así por Adam Smith en La Riqueza de las Naciones). En este sistema, que tiende a fagocitarlo todo en orden a acrecentar beneficios, cualquier cosa que sea frágil, como el medio ambiente, queda indefensa ante los intereses del mercado divinizado, convertidos en regla absoluta.(Bueno, de vuelta, más que el mercado divinizado, es el estado convertido en Dios la causa de esa situación).
3.4. «…Hoy en muchas partes se reclama mayor seguridad. Pero hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia. Se acusa de la violencia a los pobres y a los pueblos pobres pero, sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión. Cuando la sociedad –local, nacional o mundial– abandona en la periferia una parte de sí misma, no habrá programas políticos ni recursos policiales o de inteligencia que puedan asegurar indefinidamente la tranquilidad. Esto no sucede solamente porque la inequidad provoca la reacción violenta de los excluidos del sistema, sino porque el sistema social y económico es injusto en su raíz. (Tiene toda la razón. La inseguridad no tiene su solución de fondo en cárceles llenas de personas sin la más mínima oportunidad que desde su infancia han sido abusados, desnutridos, drogados, des-escolarizados, etc., y seguirán llenando esferas de marginación mientras el subdesarrollo siga. Simplemente, de vuelta: ese subdesarrollo, ese subdesarrollo asesino, es fruto del estatismo de los gobiernos y especialmente de los de América Latina. Una democracia constitucional estable, un Estado de Derecho respetado, una economía de mercado, en igualdad ante la ley y ausencia de privilegios, son la clave para salir de la pobreza). Así como el bien tiende a comunicarse, el mal consentido, que es la injusticia, tiende a expandir su potencia dañina y a socavar silenciosamente las bases de cualquier sistema político y social por más sólido que parezca. Si cada acción tiene consecuencias, un mal enquistado en las estructuras de una sociedad tiene siempre un potencial de disolución y de muerte. Es el mal cristalizado en estructuras sociales injustas, a partir del cual no puede esperarse un futuro mejor. Estamos lejos del llamado «fin de la historia», ya que las condiciones de un desarrollo sostenible y en paz todavía no están adecuadamente planteadas y realizadas.
60. Los mecanismos de la economía actual promueven una exacerbación del consumo, pero resulta que el consumismo desenfrenado unido a la inequidad es doblemente dañino del tejido social” (De vuelta, toda la razón, simplemente agreguemos que el fomento del consumo sólo puede producirse por políticas inflacionarias que a expandir la base monetaria, fomentan innecesariamente la demanda de bienes y servicios cuya oferta no aumenta por  controles que frenan la inversión y producen fuga de capitales).
3.4.“…La solidaridad es una reacción espontánea de quien reconoce la función social de la propiedad y el destino universal de los bienes como realidades anteriores a la propiedad privada. (Perfecto, ya hemos dicho muchas veces que la propiedad privada, en un mercado libre, es lo que hace que cumpla su función social[19]. Si el oferente NO cuenta con protecciones por parte del estado, u obtiene ganancia ante sus competidores, por sus mejores servicios, o se funde. La posibilidad de monopolios naturales es casi imposible si las tarifas arancelarias son cero y el productor tiene toda la competencia internacional por delante). La posesión privada de los bienes se justifica para cuidarlos y acrecentarlos de manera que sirvan mejor al bien común, (a eso nos referíamos: Mises mismo dice que esa es la función social de la propiedad[20]) por lo cual la solidaridad debe vivirse como la decisión de devolverle al pobre lo que le corresponde. (Si, cuando el gobierno deja de estafar con la inflación, cuando deja de gravar con impuestos confiscatorios, se le devuelve al pobre lo que la política estatista le sacó). Estas convicciones y hábitos de solidaridad, cuando se hacen carne, abren camino a otras transformaciones estructurales y las vuelven posibles. (Si: sólo una economía de mercado desarrollada deja márgenes de recursos disponibles para fundaciones sin fines de lucro y todo tipo de asociaciones solidarias que no tengan que ver con la rentabilidad). Un cambio en las estructuras sin generar nuevas convicciones y actitudes dará lugar a que esas mismas estructuras tarde o temprano se vuelvan corruptas, pesadas e ineficaces”. (Esto es muy importante. Las economías de mercado han sido fruto de la praxis y el pensamiento de las sociedades judeocristianas occidentales. Pueden expandirse a otras culturas pero el origen de sus virtudes principales (la laboriosidad, el cumplimiento de los contratos, el ahorro, la frugalidad, el respeto del estado de derecho) son judeocristianas).
3.5. “…La necesidad de resolver las causas estructurales de la pobreza no puede esperar, no sólo por una exigencia pragmática de obtener resultados y de ordenar la sociedad, sino para sanarla de una enfermedad que la vuelve frágil e indigna y que sólo podrá llevarla a nuevas crisis. Los planes asistenciales, que atienden ciertas urgencias, sólo deberían pensarse como respuestas pasajeras. (Toda la razón). Mientras no se resuelvan radicalmente los problemas de los pobres, renunciando a la autonomía absoluta de los mercados y de la especulación financiera (bien, he allí el eje central de este diálogo: como dijimos, Francisco ve en la economía intervenida por los gobiernos “la autonomía absoluta de los mercados”. Por ello le propongo interpretar la realidad social y económica desde otro ángulo, y especialmente considerar que el mercado financiero es un problema cuando el gobierno expande la base monetaria y afecta a las tasas de interés; y ello pasa tanto en EEUU como en Argentina) y atacando las causas estructurales de la inequidad, no se resolverán los problemas del mundo y en definitiva ningún problema. La inequidad es raíz de los males sociales”. (Inequidad es falta de distribución. Claro que es un deber que los presupuestos se distribuyan con equidad. Pero en una sociedad con escasez, donde, después del pecado original, hay que ganarse el pan con el sudor de la frente, el problema central es  la dispersión y des-coordinación de conocimiento para minimizarla. O sea, el problema principal es producir. Claro que Dios ha creado todo para todos los seres humanos pero luego del pecado original los bienes deben ser producidos con un trabajo que causa sudor. Una ética del trabajo y de la producción es por ende tan importante como una ética de la distribución).
3.6. “…Ya no podemos confiar en las fuerzas ciegas y en la mano invisible del mercado. (Entiendo que la analogía de la “mano invisible” sea invisible J. El asunto es interpretarle a la luz de lo anteriormente expresado por Hayek. No es un mecanismo automático, no es suponer que la gente va a ser mágicamente buena. Tiene que ver con que la “mano visible” del gobierno, interviniendo los precios como síntesis de información dispersa, borra las señales del mercado, que son los precios. Ello sí que hace “invisible” a lo que es escaso o no en términos de demanda del consumidor, como explicó Hayek en The Use of Knowledge in Society[21]. Por lo tanto la analogía de la “mano invisible” lo que quiere decir es que cuando el gobierno no interviene, la oferta se acerca a la demanda “aprendiendo” a leer los precios. El que no aprende se funde, y ello es esencial para el bien común. Por ende se puede confiar en una economía de mercado; no hay nada “invisible” excepto que las personas habitualmente no ven las consecuencias directas de sus acciones: Francisco “no ve” que cuando elogia a San Lorenzo los productores de camisetas de San Lorenzo tienen mayor demanda, pero es así, y nada de malo hay en ello excepto que el productor de camisetas lo haga con un arreglo con el gobierno argentino a expensas de todos). El crecimiento en equidad exige algo más que el crecimiento económico, aunque lo supone, requiere decisiones, programas, mecanismos y procesos específicamente orientados a una mejor distribución del ingreso, a una creación de fuentes de trabajo, a una promoción integral de los pobres que supere el mero asistencialismo. (Tiene razón: el mero asistencialismo no es suficiente. Es necesaria una reforma de las estructuras, y por ello estoy proponiendo con todo respeto y afecto a Francisco la consideración de que lo que él llama mercado son las estructuras estatistas que frenan al desarrollo Por lo demás, como ya he explicado otras veces[22], Hayek no niega la redistribución de ingresos a nivel municipal, siempre que no sea inflacionaria, confiscatoria o monopólica. Lo que los partidarios de la EA rechazan es el monopolio de los gobiernos nacionales, el “welfare state”, que está en crisis en EEUU y en Europa, no sólo por una cuestión de ineficiencia y pirámide de la población invertida, sino por una radical injusticia: atenta contra el ppio. de subsidiariedad. Esa distribución que Hayek admite, por lo demás, es totalmente compatible con un programa de investigación donde las funciones del gobierno municipal se transformen en las de un club good).  Estoy lejos de proponer un populismo irresponsable, pero la economía ya no puede recurrir a remedios que son un nuevo veneno, como cuando se pretende aumentar la rentabilidad reduciendo el mercado laboral y creando así nuevos excluidos” (Bien, como hemos dicho, ello sucede cuando no hay reglas claras en una economía de mercado. Cuando se busca rentabilidad, se promueven nuevas inversiones, y ello implica aumentar la demanda de trabajo (pues los bienes de capital provienen del trabajo, inteligencia y creatividad aplicados a los recursos naturales) lo cual implica aumentar la demanda de trabajo y disminuir la desocupación).
4.   Conclusión.
Espero que este diálogo sea fructífero. Un diálogo siempre implica una voluntad de empatía para acercar horizontes. ¿Por qué aquellos formados en Scannone o Dussel, por un lado, no pueden sentarse a dialogar con los que estamos formados en Mises y Hayek? ¿Tan infranqueable tiene que ser la incomunicabilidad de paradigmas? Creo que no. Mucho más cuando las intenciones son las mismas: acabar con la pobreza, el subdesarrollo, el hambre, la desnutrición y todas las condiciones infrahumanas de vida. Mucho más cuando no estamos debatiendo los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia; mucho más cuando nada de esto está dicho como una crítica a los teólogos que se han preocupado por las condiciones humanas de vida de los pueblos, mucho más cuando todo esto está dicho desde un laico que comparte los llamados de Francisco a vivir más auténticamente el Evangelio, a descentralizar el gobierno de la Iglesia, a ir hacia las periferias, a mirar con misericordia, a escuchar con el corazón. Espero que Francisco, un Papa abierto al diálogo, se abra a este diálogo, tan inusual, pero tan importante.
 


[2] Zanotti, G.J: Economía de Mercado y Doctrina Social de la Iglesia (Ed. de Belgrano, Buenos Aires, 1985). Segunda ediciòn: Ediciones Cooperativas, Buenos Aires, 2005.
[3] Sopec. Madrid, 1968.
[4] “Economics and Knowledge”; “The Use of Knowledge in Society”; “The Meaning of Competition”, respectivamente, todos en Individualism and Economic Order, Chigago University Press, Midway Reprint 1980.
[5] Man, Economy, and State, Nash Publishing 1970, cap. 10.
[6] Competencia y empresarialidad (1973) Unión Editorial, Madrid, 1998, y The Meaning of Market Process, Routledge, 1992.
[7] Zanotti, G.J.: “La filosofía política de Ludwig von Mises”, en Procesos de Mercado, Vol. VII, Nro. 2, Otoño 2010.
[8] The Thoery of Money and Credit, Liberty Fund, 1981.
[9] Op.cit., p. 756.
[10] Ver Buchanan, J,:  “Mi peregrinaje intelectual”, Tópicos de actualidad, CEES, Marzo 2001;  El cálculo del consenso, Espasa-Calpe, Madrid, 1980; The Limits of Liberty, University of Chicaco Press, 1975;  The Logical Foundations of Constitutional Liberty, Liberty Fund, 1999, Vol. I.
[11] Socialismo, Instituto de Publicaciones Navales, Buenos Aires, 1968.
[12] La refutación a la plus valía de Marx, en vida de Marx, fue en el cap. 8 del libro I de la monumental obra de E. von Bohm Bawerk, Capital and Interest (Liberty Press, 1959) de 1884. Esta obra es tan importante y extensa como El Capital de Marx y es su contracara, pero los marxistas la ignoran totalmente y los que se dicen no marxistas, también.
[13] Op.cit., The Logical Foundations of Constitutional Liberty.
[14] Zanotti, G.J.: “Economy and Culture in the Thought of John Paul II”, en Logos, A Journal of Catholic Thought and Culture; 1:2 1997.
[15] The Theory of Money and Credit, op.cit.
[16] Precios y Producción, Unión Editorial, 1996.
[17] La Acción Humana, op.cit. p. 591
[18] Crítica de la teoría del desarrollo, Orbis, 1983.
[19] Economía de mercado y Doctrina Social de la Iglesia, op.cit., cap. III.
[20] La Acción Humana, op.cit, p. 823.
[21] Op.cit.
[22] En “Igualdad y desigualdad según desiguales paradigmas”, en Empresa y Humanismo (2004), Vol. VII Nro. 2, pp. 259-254.

Janet Yellen, el “sueño rosa” y una inminente pesadilla económica

SalernoReproducimos a continuación, un artículo de Joseph Salerno acerca de Janet Yellen, la próxima Presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos. En línea con el análisis que presenté hace unos meses, Salerno afirma que Yellen niega las burbujas de activos que los analistas observan, y asume que sobrevendrán nuevas políticas de liquidez con nefastas consecuencias.

Janet Yellen, el “sueño rosa” y una inminente pesadilla económica

El lunes, el antiguo economista a cargo de la Fed, Andrew Huszar, pidió disculpas públicamente a los estadounidenses por su papel trascendental en la ejecución del programa de flexibilización cuantitativa (QE, por sus siglas en inglés), un programa que califica como “el mayor rescate por la puerta trasera de Wall Street de todos los tiempos” y “la mayor intervención en los mercados financieros por parte de cualquier gobierno en la historia mundial”. Aunque sea un reconocimiento muy importante por parte de alguien interno (Mr. Huszar es asimismo un antiguo banquero de Wall Street), quizá la declaración más reveladora de Mr. Huszar se refería a los resultados de “la incesante inyección de dinero [de la QE] en los mercados financieros durante los últimos cinco años”. Se refería a la espectacular subida en los mercados financieros y expresaba estar de acuerdo con la creciente creencia entre los observadores expertos de que las condiciones del mercado se habían convertido en “similares a una burbuja”.

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SEA/SDAE: Consequences of Central Banking, Intended and Unintended

El pasado fin de semana fue la conferencia anual de la Southern Economic Association (SEA). Entre las sesiones se encuentran las presentaciones organizadas por la Society for the Development of Austrian Economics (SDAE) así como la cena y reunión anual de esta organización.

Siendo ya una agradable costumbre, compartí uno de los paneles del SDAE con Thomas L. Hogan (Troy University), William J. Luther (Kenyon College), Alexander W. Salter (George Mason University) y Robert F. Mulligan (Western Carolina University). A continuación un resumen del panel y novedades del SDAE.

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Dolarización/convertibilidad inmediata a 15 pesos por dólar

Somos muchos los que sugerimos que evitar una nueva crisis en Argentina implica cambiar el rumbo. Pero no he visto aún propuestas concretas acerca de que cambio concreto se requiere. Aquí va mi propuesta, la que esperó sea criticada por los lectores para iniciar un debate necesario.

http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/11/26/dolarizacionconvertibilidad-inmediata-a-15-pesos-por-dolar/

Cuando Brasil devaluó en 1999, recuerdo que los periodistas entrevistaron a Carlos Saúl Menem -el entonces presidente de la Argentina-, y le consultaron por el abandono de la convertibilidad y la magnitud de la devaluación que llevaría adelante el gobierno argentino. Menem respondió que no habría devaluación. Que el paso que venía era la dolarización. Siempre tuve la sensación de que ésa era la salida que el país necesitaba para evitar volver a las políticas inflacionistas de los años 1980. Pero Menem no avanzó en esta política, y por el contrario, continuó incrementando el gasto público (aumentó 100% en dólares en una década), con su consecuente déficit fiscal. La acumulación de deudas le permitió mantener su estructura de poder y colocó los vencimientos pocos días después de su salida del cargo, dejando el campo minado a su sucesor.

Fernando De la Rúa prometió mantener la convertibilidad, pero no supo, no pudo o no quiso hacer el necesario ajuste para equilibrar las cuentas. La pérdida de reservas fue aumentando día a día. Ricardo López Murphy llegó al Ministerio de Economía en marzo de 2001 con la renuncia en el bolsillo, si no lo dejaban avanzar en el ajuste que el país necesitaba, y pocos días después abandonó el cargo, ante las manifestaciones sociales contrarias a esas intenciones. De la Rúa no soportó la presión que el plan de ajuste necesitaba. El retorno de Domingo Cavallosólo empeoró las cosas. Explicó que el problema no era el déficit, sino la competitividad, y dio señales claras de un gradual abandono de la convertibilidad, lo que aceleró la fuga de capitales y dejó al Banco Central de la República Argentina sin reservas, obligando a los gobiernos siguientes a abandonar la convertibilidad y pesificar. La dolarización pudo ser la alternativa, pero debió aplicársela antes de quedarse sin reservas.

Ya escribí hace unos pocos días acerca de la coyuntura actual, con serios problemas en el frente fiscal, monetario y cambiario. Sintetizando algunas magnitudes clave, el presupuesto 2014 prevé un gasto público total cercano al billón (1.000.000.000.000) de pesos, cuya ejecución promete exceder aún ese valor. La presión tributaria récordde nuestra historia -y una de las más altas del mundo- no alcanza para financiar dicho gasto, diferencia que será financiada con mayor emisión de dinero y el restringido acceso a deuda pública, que se elevó de US$ 144.000 millones en 2001 a US$ 237.500 millones, una vez que sean regularizados los saldos pendientes. En el frente cambiario, la fuga de capitales ya perforó el nivel de reservas del Banco Central de los US$ 33.000 millones, lo que promete seguir presionando el alza de precios.

El problema que enfrenta hoy el gobierno es cómo evitar que continúe esta pérdida de reservas, dado que esto atenta contra el modelo económico. Sugería en aquel artículo un cambio de rumbo o de modelo, pero eso no pasará si atendemos al discurso oficial. Las reformas económicas que se comentan, sea una profundización, ampliación o desdoblamiento del cepo cambiario, o bien medidas concretas contra aquellos que quieran salir del país en el verano que se avecina, son sólo un maquillaje que de ningún modo podrán resolver esta difícil situación.

¿Qué hacer entonces? En primer lugar, reconocer nuestros fallos. La Argentina es incapaz de gestionar su propio dinero, aspecto que queda claro al estudiar nuestra historia o revisando la situación inflacionaria actual. El cepo cambiario además ha fracasado, si atendemos que en un año y medio desde su implementación generó una fuga de capitales de 19.000 millones de dólares, apenas por debajo de los 20.000 millones de dólares que se fugaron entre enero de 2001 y mitad de 2002.

En segundo lugar, actuar en consecuencia, esto es, quitar el cepo cambiario. Preocupa una acelerada fuga de capitales que liquide las reservas, lo que sólo puede ser resuelto con medidas que transmitan credibilidad. En este contexto, no puedo pensar más que en dos alternativas. La dolarización o una nueva convertibilidad. En el primer caso, la medida podría implementarse en cuestión de días y con bajo costo relativo. Un cálculo de la base monetaria ampliada dividido por las reservas declaradas y auditadas por el Banco Central de la República Argentina nos deja con un dólar por cada 15 pesos. En este caso, el Banco Central de la República Argentina debe cerrar sus puertas e invitar a todas las personas a que se acerquen a los bancos a cambiar sus pesos a esta paridad. Los contratos de aquí en más deberán ser denominados en dólares, y se podría liberar al mercado, esto es a la gente, a que elija monedas alternativas como el euro, el yuan, o cualquier otra divisa para realizar sus contratos. Incluso se podría alentar una banca off shore, para atraer nuevos bancos internacionales, reducir el riesgo país y asegurar la atracción de inversiones. Además, los impuestos comenzarán a pagarse en dólares, que sería la moneda de curso legal, y los salarios públicos, incluyendo docentes y jubilados, también comenzarán a pagarse en esa moneda.

En el segundo caso, se podría implementar una nueva convertibilidad a $ 15 por dólar, bajo condiciones similares a la Ley 23.928 pero me temo que se pueda repetir la experiencia de 2001. El costo de salir de la convertibilidad siempre es menor que el de abandonar la dolarización. En cualquier caso, ambas propuestas tendrán una consecuencia lógica e inmediata en la estabilidad monetaria. Una medida u otra obligará al gobierno a buscar fuentes alternativas de financiamiento del gasto que la monetización del déficit fiscal. Quizás la deuda pública sea útil en la transición al equilibrio fiscal, pero habría que implementar un plan económico para alcanzar el equilibrio fiscal en menos de tres años. Un presupuesto base cero debería estar también en la agenda del gobierno, lo mismo que el abandono de los subsidios y un sinceramiento de la economía, en especial en lo que refiere a las tarifas de los servicios públicos y en los precios de bienes y servicios hoy regulados. La viabilidad del plan requiere que estas medidas sean inmediatas, puesto que una continua fuga de capitales y caída de reservas sólo conducirán a consecuencias muy graves en lo económico y especialmente en lo social.

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Expansión de la tecnología

Los capitalistas quieren venderle a todos. Primero son los ricos los que están dispuestos a pagar cara una nueva tecnología, y al hacerlo, financian el desarrollo de ese producto para que luego llegue masivamente a los consumidores. Este proceso ha ocurrido siempre, pero ahora se ha acelerado, cada vez tardan menos los pobres en acceder a los bienes tecnológicos que primero adquieren los ricos.

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Un reaccionario radical: El pensamiento político de Murray N. Rothbard

RothbardCompartimos una columna de Miguel Anxo Bastos Boubeta acerca del pensamiento político de Murray N. Rothbard. Invitamos a los lectores a compartir reflexiones acerca de su pensamiento.

So what should we call ourselves? I haven’t got an easy answer, but perhaps we could call ourselves “radical reactionaries”, or “radical rightists “, the label that was given to us for our enemies in the 1950s. Or , if there is too much objection to the dread term “radical” , we an follow the suggestion of some of our group to call ourselves “ the Hard Right”. Any of these terms is preferible to “conservative”, and it also serves to the function of separating ourselves out from the official conservative movement which, as I shall note in a minute, has been largerly taken over by our enemies. – Murray N. Rothbard. “A Strategy for the Right!”

1. INTRODUCCIÓN

El pensamiento político de Murray N. Rothbard ya comienza a ser bien conocido entre nosotros gracias al resurgir reciente de la escuela austríaca de economía (Huerta de Soto, 2000), de la que Rothbard fue uno de sus más destacados miembros, y a la traducción al español de algunas de sus obras principales, como su monumental obra póstuma Historia del pensamiento económico (Rothbard,1999a)[2]. No así su pensamiento político y social, injustamente relegado entre nosotros a notas a pie de página en los manuales de teoría política [3] a pesar de que contribuye a inaugurar una de las tradiciones más fértiles de la derecha norteamericana el anarcocapitalismo o libertarianismo radical (Zoll, 1971; Gottfried, 1993), sintetizando en una obra de profunda originalidad elementos extraídos de la economía austríaca, la teoría política lockeana y la filosofía iusnaturalista (Barry, 1983; 1986). Rothbard fue un científico social interdisciplinar que abordó de forma interrelacionada el estudio de la economía, la política, la historia y la filosofía de las ciencias sociales como ciencias de la acción humana rechazando por sistema en todo momento la pretensión de estudiarlas desde paradigmas metodológicos formales provenientes de las ciencias naturales (Rothbard 1997a; 1997b; 1997c). Su pensamiento político es de una gran coherencia a lo largo del tiempo, centrado siempre su crítica en la naturaleza esencialmente predatoria y coercitiva del estado, su aislacionismo en política exterior, su visión elitista de las relaciones entre estado y sociedad y su libertarianismo radical, que lo llevó a idear un orden político libertario. No así su práctica política, que osciló de derecha a izquierda, pasando por su decisiva participación en la fundación del Libertarian Party norteamericano, volviendo a apoyar al fin de su vida plataformas de derecha dura, pero siempre defendiendo las mismas ideas y siendo, en sus propias palabras, más radical cada día en su defensa (Raimondo, 2000).

En este trabajo pretendemos realizar una aproximación a los aspectos más originales de su pensamiento político, sin pretender abordar aquí, por las características de este trabajo, el estudio ni de sus aportaciones a la ciencia económica ni de las raíces filosóficas de su pensamiento, que ya fueron tratadas, con matizada animosidad [4] en la obra de Sciabarra (Sciabarra, 2000) o con más simpatía en el trabajo de Powell y Stringham (Powell and Stingham , 2004). Rothbard no precisa de introducciones para ser leído (él mismo dijo en una entrevista, que ahora no logro localizar, que la diferencia entre Mises y Keynes era que el segundo precisa de libros introductorios para ser entendido mientras que Mises puede ser leido direc- tamente por una persona culta lo que probaría su superior claridad de ideas) pues su prosa es asombrosamente clara, incluso para un lego en estas materias , por lo que este trabajo lo único que pretende es llamar la atención sobre uno de los pensadores políticos, a mi entender, más importantes del siglo XX y procurar que sus ideas entren en el debate académico hispano.

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Chris Coyne: The Fatal Conceit of Foreign Intervention

Hace unas semanas, Chris Coyne nos visito en MSU Denver para dar una charla sobre la «Fatal Arrogancia» de la intervención externa. Dejamos el video de la exposició de Coyne sobre este tema en la UFM en el 2011.

Parte de la charla está basada en su libro «After War: The Political Economy of Exporting Democracies» de lectura muy recomendada. Los trabajos de Coyne son un excelente ejemplo de como aplicar las ideas de Hayek a problemáticas contemporáneas de manera accesible.

UFM - Coyne 2011

Reflexión de domingo: «La reforma de pensiones en Latinoamérica»

Gabriela Calderón es editora de ElCato.org, investigadora del Cato Institute y columnista de El Universo (Ecuador).

Las principales economías del mundo desarrollado se esmeran en ilustrar el fracaso de los sistemas previsionales de reparto, aproximándose a su bancarrota. Un estudio publicado en 2009 estimaba que la deuda pública implícita promedio —esto es, la deuda pública más las obligaciones no financiadas de los sistemas de seguridad social— para 25 países de la Unión Europea era de 434% de su PIB1 y según un estudio de 2011 la deuda implícita de EE.UU. era de 412% del PIB (esta última cifra incluye también obligaciones no financiadas de programas como Medicare y Medicaid). De no realizarse una reforma integral de los sistemas de seguridad social, sus gobiernos tendrán que incumplir las promesas, ya sea recortando beneficios, prolongando forzosamente la vida laboral de sus trabajadores, o una combinación de estas y otras medidas.

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Axel Kicillof intentará ser el “Keynes argentino” [Infobae]

KicillofLa derrota en las elecciones legislativas, las diferencias surgidas en el equipo económico, el debilitamiento del oficialismo de cara a las elecciones de 2015 y una serie de problemas en el frente monetario y cambiario presionaron al gobierno para abrir una etapa de renovación dentro del gabinete nacional. Lo que se pretende con ello es atacar tanto los problemas en el frente político como aquellos del frente económico. En el primer caso, se intentará homogeneizar el discurso, fortalecer el modelo, recuperar credibilidad en el electorado y dar algunas señales positivas de cara a las elecciones de 2015; en el segundo caso, controlar la inflación, limitar la pérdida de reservas y menguar las presiones sobre el tipo de cambio.

Nótese que no mencioné que vayan a atacar el desequilibrio fiscal, ya que esto implicaría un “ajuste“, un cambio de modelo, que no creo que esté en la agenda del gobierno.

La reaparición de la Presidente tras su licencia por enfermedad vino acompañada precisamente de un anuncio que coloca a Jorge Capitanich como jefe de Gabinete y a Axel Kicillof como nuevo ministro de Economía. Será Capitanich el encargado de trabajar el frente político, buscando consensos y trabajando en construir una unidad de cara al futuro; mientras que Kicillof –y más aún con la reciente renuncia de Guillermo Moreno– deberá presentar propuestas concretas para paliar los problemas del frente económico, o concretamente en el frente monetario y cambiario.

Un fracaso de este último en alcanzar sus objetivos incrementará la sangría de reservas e intendentes, poniendo piedras en el camino del oficialismo en continuar el modelo en 2015, cualquiera sea el candidato elegido para la sucesión; pero al mismo tiempo, dos años más de inflación y pérdida de reservas limitarán las alternativas de política económica que el gobierno que suceda a Cristina Fernández de Kirchner desee implementar a partir de 2015. Resumiendo, si Kicillof fracasa, quizás ya sea tarde para evitar una nueva crisis económica con un plan alternativo posterior.

En otro artículo en este diario resumí mis breves contactos con el joven Kicillof, cuando era un académico, profesor e investigador de la Universidad Nacional de Buenos Aires. En aquellos tiempos Kicillof estudió en profundidad a los autores clásicos, en especial a Karl Marx, y más tarde, se doctoró en economía con un profundo estudio de los Fundamentos de la teoría general de John Maynard Keynes. El pensamiento de Kicillof se encuentra entonces entre Marx y Keynes, con un debate interno que no le debe ser fácil de resolver. Piensa en los términos que aprendió de Marx -aspecto que se nota cuando habla-, pero modera su discurso a través de Keynes, a quien conoce de memoria. El socialismo para él sería deseable, aunque entiende que una transición a ese sistema es inviable en el mundo moderno. El advenimiento del socialismo será quizás una etapa más avanzada del capitalismo, pero no es algo que a él le preocupe acelerar desde su nuevo cargo. De ahí que pienso que su acercamiento a Keynes explicará mejor sus propuestas de política económica.

Como buen historiador de las doctrinas económicas, Kicillof sabe que el pensamiento de un autor debe estudiarse bajo el contexto histórico en el cual vivió. Y es curioso que el contexto en el que Keynes construyó su pensamiento revolucionario sea tan similar al que hoy caracteriza a la economía mundial. En una entrevista desarrollada hace algunos meses, Kicillof explicaba que aquella gran depresión de los años 1930, junto con la crisis global actual, son las dos peores crisis de “la etapa capitalista”. Esto llevaba a Kicillof a rechazar la idea generalizada que tenemos otros economistas de que la Argentina se ha beneficiado en los últimos diez años de un contexto internacional favorable. Para Kicillof, sin embargo, no hubo, ni habrá vientos a favor, sino vientos en contra, que hundirían a la economía argentina, si no fuera por las exitosas políticas proteccionistas que se vienen aplicando. Lo cierto es que lo dicho por Kicillof ha sido engañoso, y si bien el mundo desarrollado muestra turbulencias, él sabe que es precisamente ese contexto el que empuja a la Reserva Federal americana y al Banco Central Europeo a inyectar liquidez y elevar el precio de los commodities -como el petróleo, el trigo y la soja-, lo que claramente beneficia a la región, y también a nuestro país.

Kicillof, sin embargo, comparte con Robert Skidelsky -uno de los máximos biógrafos de John Maynard Keynes- que éste es el momento del “retorno del maestro”. Justifica con ello una serie de medidas que corrijan el capitalismo, que lo regulen, ya que sin estas medidas, el mercado sólo puede conducirnos a sucesivas crisis capitalistas.

En su tesis doctoral muestra precisamente cómo la política anticíclica keynesiana debe enfrentar una situación como la de Estados Unidos, la Unión Europea, y aun la propia de Argentina, impulsando la demanda agregada con políticas monetarias y fiscales expansivas. Esto es, más gasto público –sin importar que sea deficitario- y más expansión del crédito con tasas de interés bajas e incluso negativas -en términos reales-, lo que impulsaría simultáneamente el consumo y la inversión. El mayor error que me imagino cometerá Kicillof, sin embargo, es desatender el desequilibrio fiscal, fuente de todos los problemas argentinos de las últimas décadas, y fuente del problema real que tiene hoy la Argentina al explicar las causas de la inflación.

Imagino entonces que Kicillof tomará medidas que potencien el rol del Estado con un papel más activo que el que ya tenía, con más planes sociales redistributivos, y posiblemente -esperemos me equivoque- con nuevas expropiaciones que financien esos proyectos. Recordemos que en varias oportunidades Kicillof exclamó su deseo de “revertir el noventismo”, lo que abre una incógnita acerca de nuevas estatizaciones y un más amplio control del Estado.

Si algo tenían en común Marx y Keynes era su desconfianza en el mercado y el desprecio por la función empresarial. Kicillof dejaba ver en cada clase -y hoy se repite en sus discursos y entrevistas- ese odio a los dueños del capital. Mira con recelo los beneficios contables que las empresas logran acumular, porque no puede dejar de ver en ellas a la indebida apropiación de plusvalía por parte del capitalista, entendida como la expresión monetaria del valor que el trabajador asalariado crea por encima del salario que recibe. Esa injusticia social justifica -en su visión- la “acción” del gobierno expropiando o tomando medidas para limitar lo que para él es básicamente un robo.

Kicillof entiende el comercio como un juego de suma cero, donde lo que unos (los empresarios) ganan, es lo que otros (los asalariados o consumidores) pierden, lo que hace que tenga una enorme satisfacción en tomar medidas que reduzcan estos beneficios empresariales. Quizás no seguirá los modos de Moreno, abiertamente criticados por toda la sociedad, pero no me sorprendería que defina estrategias de inversión, o que prohíba el envío de utilidades de empresas extranjeras a sus casas matrices. Tampoco espero que permita las importaciones libres de insumos y bienes de consumo. Su discurso en el marco de la expropiación de Repsol-YPF precisamente iba en ese sentido. Él decía comprender la lógica capitalista de que una empresa tome las ganancias y las invierta donde mejores negocios encuentre, pero esto afectaba los intereses de la nación, y hubo que intervenir. Más bien, señaló que primero se le pidió a la empresa amablemente que cambie su operatoria. Luego se insistió en que reinviertan el capital en el país. Finalmente, ya hubo que actuar con la expropiación. Kicillof entiende entonces que el capital es de la Argentina y que debe responder a los intereses de la Argentina. El problema con Repsol-YPF, por un lado, fue que las propias regulaciones a la empresa le redujeron el margen de ganancia y eso implicó reducir las inversiones y reinvertir en el exterior. El problema con Kicillof, por el otro lado, es que tiene la “fatal arrogancia” de creer que él sabe definir concretamente cuáles son esos intereses colectivos, mucho mejor que los millones de planificadores empresarios que tenemos en el país. En pocas palabras, para Kicillof los fines colectivos están por encima de los fines individuales, y si hay que sacrificar a una serie de empresas o a un grupo de empresarios para ayudar al sostenimiento del modelo, no le temblará el pulso en hacerlo.

Lo mismo se puede decir del tan mencionado desdoblamiento cambiario. Si debe encarecerse el turismo argentino en el exterior, no habrá problemas en hacerlo. Después de todo, que las divisas queden en el país respaldando el dinero local es una función social que está por encima de la libertad individual.

En los papeles Kicillof no puede más que profundizar el modelo. Sin embargo, hay que advertir que si bien cuenta con el respaldo de la Presidente para ejecutar políticas, el oficialismo hoy se encuentra debilitado. Recordemos que en la primera jornada post-nombramiento, el mercado respondió muy mal, con una fuerte baja en la Bolsa porteña. El oficialismo ha perdido mayoría en el Congreso y la sociedad está expectante de no sufrir una nueva crisis como aquella de 2001.

Kicillof será muy claro en sus próximos discursos, y empezará a delinear la política económica del gobierno para los próximos dos años. Pero la claridad que posee Kicillof al explicar sus ideas no evitará las consecuencias indeseadas de ellas.

Mi impresión es que la Presidente ha cometido quizás su mayor error en su “encandilamiento” con Kicillof. La expropiación a Repsol fue un error, pero la implementación de este proceso fue aun más grave que la propia expropiación. Hoy la Argentina aún debe resolver la disputa con la empresa, pero además debe gastar millones de dólares en la importación de gas y combustible que en otro contexto podía producirse en el país.

Cristina Fernández de Kirchner decidió desatender las expectativas del electorado y profundizar un modelo agotado. Todo lo dicho me lleva a confirmar lo mencionado al cierre de la nota anterior. Conjeturo que el desenlace de este modelo no será muy diferente del tan criticado noventismo.

Publicado originalmente en Infobae, miércoles 20 de noviembre de 2013.