TRAS EL PODER – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLNo me refiero a la capacidad de hacer algo sino al dominio sobre otros. En primer lugar, como ha señalado Erick Fromm, quien ejerce el poder o quienes lo desean tienen una personalidad siempre débil puesto que es del todo insuficiente por lo que necesitan del sujeto dominado para completar su vacío existencial ya que no se sienten alimentados con su ser en verdad escuálido.

Desde que James Buchanan y Gordon Tullock explicaron el public choice ya no cabe la sandez de sostener la teoría del “servidor público” en abstracto de los intereses personales ya que se trata de sujetos que persiguen los suyos igual que cualquier mortal, es decir, no hay acciones desinteresadas (en verdad una perogrullada ya que se actúa porque está en interés del sujeto actuante). Es cierto sin embargo que en algunos casos puede estar en interés del político hacer el bien a otros pero, como es de público conocimiento, la situación más frecuente es que se trata de individuos que buscan la foto, los favores non sanctos, cuando no los dineros malhabidos.

Hay pigmeos mentales que toda su vida sueñan con ser ministros y equivalentes solo para satisfacer sus inclinaciones, aunque comprenden que no podrán hacer bien las cosas puesto que no se han tomado el trabajo de abrir caminos con ideas liberales de fondo. Muchos son los que describen incendios pero muy pocos son los que se detienen a explicar el foco del fuego y el modo de eliminarlo.

Este panorama ocurre ya se trate del “derecho divino de los reyes” o del “derecho ilimitado de las mayorías” en sistemas de democracia pervertida tal como apunta Bernard de Jouvenel en su monumental On Power. Its Nature and the History of its Growth. El poder en este sentido se opone al amor tal como lo explica magníficamente Tolstoi en The Law of Love and the Law of Violence y también Ronald V. Sampson en su The Psichology of Power donde ilustra su idea contraponiendo en los extremos la figura de Jesús a la de Hitler.

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¿ERA MISES ANARCO-CAPITALISTA?

Punto 4 de la parte 3 de mi art. “La filosofía política de Ludwig von Mises”, en Procesos de Mercado, Vol. VII, Nro. 2, Otoño 2010.

Para Mises el estado es el aparato social de fuerza y compulsión cuyo fin es proteger los derechos individuales, mientras que el gobierno es el conjunto de personas encargadas de cumplir la función de estado[1]. Esas dos definiciones, aparentemente sencillas, esconden algunas cuestiones que ahora pasamos a considerar.

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Un reaccionario radical: El pensamiento político de Murray N. Rothbard

RothbardCompartimos una columna de Miguel Anxo Bastos Boubeta acerca del pensamiento político de Murray N. Rothbard. Invitamos a los lectores a compartir reflexiones acerca de su pensamiento.

So what should we call ourselves? I haven’t got an easy answer, but perhaps we could call ourselves “radical reactionaries”, or “radical rightists “, the label that was given to us for our enemies in the 1950s. Or , if there is too much objection to the dread term “radical” , we an follow the suggestion of some of our group to call ourselves “ the Hard Right”. Any of these terms is preferible to “conservative”, and it also serves to the function of separating ourselves out from the official conservative movement which, as I shall note in a minute, has been largerly taken over by our enemies. – Murray N. Rothbard. “A Strategy for the Right!”

1. INTRODUCCIÓN

El pensamiento político de Murray N. Rothbard ya comienza a ser bien conocido entre nosotros gracias al resurgir reciente de la escuela austríaca de economía (Huerta de Soto, 2000), de la que Rothbard fue uno de sus más destacados miembros, y a la traducción al español de algunas de sus obras principales, como su monumental obra póstuma Historia del pensamiento económico (Rothbard,1999a)[2]. No así su pensamiento político y social, injustamente relegado entre nosotros a notas a pie de página en los manuales de teoría política [3] a pesar de que contribuye a inaugurar una de las tradiciones más fértiles de la derecha norteamericana el anarcocapitalismo o libertarianismo radical (Zoll, 1971; Gottfried, 1993), sintetizando en una obra de profunda originalidad elementos extraídos de la economía austríaca, la teoría política lockeana y la filosofía iusnaturalista (Barry, 1983; 1986). Rothbard fue un científico social interdisciplinar que abordó de forma interrelacionada el estudio de la economía, la política, la historia y la filosofía de las ciencias sociales como ciencias de la acción humana rechazando por sistema en todo momento la pretensión de estudiarlas desde paradigmas metodológicos formales provenientes de las ciencias naturales (Rothbard 1997a; 1997b; 1997c). Su pensamiento político es de una gran coherencia a lo largo del tiempo, centrado siempre su crítica en la naturaleza esencialmente predatoria y coercitiva del estado, su aislacionismo en política exterior, su visión elitista de las relaciones entre estado y sociedad y su libertarianismo radical, que lo llevó a idear un orden político libertario. No así su práctica política, que osciló de derecha a izquierda, pasando por su decisiva participación en la fundación del Libertarian Party norteamericano, volviendo a apoyar al fin de su vida plataformas de derecha dura, pero siempre defendiendo las mismas ideas y siendo, en sus propias palabras, más radical cada día en su defensa (Raimondo, 2000).

En este trabajo pretendemos realizar una aproximación a los aspectos más originales de su pensamiento político, sin pretender abordar aquí, por las características de este trabajo, el estudio ni de sus aportaciones a la ciencia económica ni de las raíces filosóficas de su pensamiento, que ya fueron tratadas, con matizada animosidad [4] en la obra de Sciabarra (Sciabarra, 2000) o con más simpatía en el trabajo de Powell y Stringham (Powell and Stingham , 2004). Rothbard no precisa de introducciones para ser leído (él mismo dijo en una entrevista, que ahora no logro localizar, que la diferencia entre Mises y Keynes era que el segundo precisa de libros introductorios para ser entendido mientras que Mises puede ser leido direc- tamente por una persona culta lo que probaría su superior claridad de ideas) pues su prosa es asombrosamente clara, incluso para un lego en estas materias , por lo que este trabajo lo único que pretende es llamar la atención sobre uno de los pensadores políticos, a mi entender, más importantes del siglo XX y procurar que sus ideas entren en el debate académico hispano.

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La filosofía política de Jorge Luis Borges

BorgesBorges y la política han dado mucho que hablar, pero la atención que sus opiniones en tal sentido generaran se han referido generalmente a la anécdota de aquél personaje que poca atención prestaba a las noticias diarias y que basaba buena parte de las mismas en criterios estéticos, y particularmente épicos: desde su admiración por los militares patrios y su lucha por la independencia y libertad argentinas hasta su afiliación al Partido Conservador porque sólo los caballeros se suman a las causas perdidas.

Sin embargo, y pese a que pueden encontrarse en su historia decisiones y opiniones políticas diversas, y hasta contrapuestas, es opinión de quien escribe que existe una clara filosofía política en Borges, la que se mantuvo durante el trascurso de su larga vida sin modificaciones y es intención de este artículo presentarla.

Libre albedrío e individualismo

Sorprendía a muchos el escepticismo de Borges sobre el libre albedrío, pero esto nunca significó que cayera por eso en las redes del determinismo. Su posición podría sintetizarse de la siguiente forma: el ser humano no existe fuera de las relaciones causa-efecto; está determinado pero le resulta imposible saber qué es lo que lo determina entre las innumerables causas existentes. En sus palabras: “Uno siente que el Universo responde a un dibujo. Las cosas no son absolutamente arbitrarias: hay cuatro estaciones, nuestra vida va pasando por etapas: nacimiento, niñez, juventud… Podrían ser indicios de que hay una trama, de que este mundo no es caótico sino laberíntico. Es como el libre albedrío. Posiblemente no exista, pero uno no puede pensar que en este momento no es libre ¿no?”[1]

Y también: “…si me dicen que todo mi pasado ha sido fatal, ha sido obligatorio, no me importa; pero si me dicen que yo, en este momento, no puedo obrar con libertad, me desespero.”[2]

Esta capacidad de accionar libremente lleva a Borges a lo que en las ciencias sociales se denomina individualismo metodológico, el cual descarta de plano la “hipóstasis” de ciertos conceptos, es decir hacer sujetos de existencia real a ideas tales como “la sociedad”, “el pueblo”, “la nación”, “la clase obrera” y otros: “… la muchedumbre es una entidad ficticia, lo que realmente existe es cada individuo.”[4] , “yo creo que sólo existen los individuos: todo lo demás, las nacionalidades y las clases sociales son meras comodidades intelectuales.”[4] , “Las masas son una entidad abstracta y posiblemente irreal. Suponer la existencia de la masa es como suponer que todas las personas cuyo nombre empieza con la letra “b” forman una sociedad.”[5]

Inclusive tiene una página literaria específica sobre el tema, “Tú”[6], que comienza “Un solo hombre ha nacido, un solo hombre ha muerto en la tierra. Afirmar lo contrario es mera estadística, es una adición imposible. No menos imposible que sumar el olor de la lluvia y el sueño que anoche soñaste”.

Este enfoque se extiende a su idea de “patria”, más venerada por Borges por la epopeya histórica que como concepto social. Así en la “Elegía de la Patria”[7] culmina:

Cifras rojas de los aniversarios,
Pompas de mármol, arduos monumentos,
Pompas de la palabra, parlamentos,
Centenarios y sesquicentenarios,
Son la ceniza apenas, la soflama
De los vestigios de esa antigua llama

Patria, País, Estado

Borges tuvo muchas patrias, si bien nunca pensó en desprenderse de ésta, llevando la concepción individualista también a este campo. Le preguntan, “¿cuántas Argentinas hay? ¿Más de una?”, y contesta “Muchas, tantas como individuos. Los países son falsos, los individuos quizás no lo sean -si es que el individuo es el mismo al cabo de muchos años.” [8]

Gustaba de “coleccionar” patrias (Argentina, Uruguay, Suiza, Inglaterra, entre otras) y descreía de las fronteras y los países: “Desdichadamente para los hombres, el planeta ha sido parcelado en países, cada uno provisto de lealtades, de queridas memorias, de una mitología particular, de derechos, de agravios, de fronteras, de banderas, de escudos y de mapas. Mientras dure este arbitrario estado de cosas, serán inevitables las guerras.”[9] “Soy un cosmopolita que atraviesa fronteras porque no le gustan” [10]

El libre albedrío y el individualismo le permitían desplegar una preocupación ética, individualista, como no puede ser de otra forma, “…creo que si cada uno de nosotros pensara en ser un hombre ético, y tratara de serlo, ya habríamos hecho mucho; ya que al fin de todo, la suma de las conductas depende de cada individuo.” [11]

Y al pretender buscar lo máximo de individuo y el mínimo de Estado, descreía profundamente de éste:

“El más urgente de los problemas de nuestra época (ya denunciado con profética lucidez por el casi olvidado Spencer) es la gradual intromisión del Estado en los actos del individuo; en la lucha contra ese mal, cuyos nombres son comunismo y nazismo, el individualismo argentino, acaso inútil o perjudicial hasta ahora, encontrará justificación y deberes.” [12]

“…se empieza por la idea de que el Estado debe dirigir todo; que es mejor que haya una corporación que dirija las cosas, y no que todo ‘quede abandonado al caos, o a circunstancias individuales’; y se llega al nazismo o al comunismo, claro. Toda idea empieza siendo una hermosa posibilidad, y luego, bueno, cuando envejece es usada para la tiranía, para la opresión.” [13]

Sin dejar de ser optimista pensando que algún día ya no existirían más. Pregunta el personaje Eudoro Acevedo:

“¿Qué sucedió con los gobiernos? Según la tradición fueron cayendo gradualmente en desuso. Llamaban a elecciones, declaraban guerras, imponían tarifas, confiscaban fortunas, ordenaban arrestos y pretendían imponer la censura y nadie en el planeta los acataba. La prensa dejó de publicar sus colaboraciones y sus efigies. Los políticos tuvieron que buscar oficios honestos; algunos fueron buenos cómicos o buenos curanderos. La realidad sin duda habrá sido más completa que este resumen.” [14]

Y dice Borges “… para mí el Estado es el enemigo común ahora; yo querría -eso lo he dicho muchas veces- un mínimo de Estado y un máximo de individuo. Pero, quizá sea preciso esperar… no sé si algunos decenios o algunos siglos -lo cual históricamente no es nada-, aunque yo, ciertamente no llegaré a ese mundo sin Estados. Para eso se necesitaría una humanidad ética, y además, una humanidad intelectualmente más fuerte de lo que es ahora, de lo que somos nosotros; ya que, sin duda, somos muy inmorales y muy poco inteligentes comparados con esos hombres del porvenir, por eso estoy de acuerdo con la frase: “Yo creo dogmáticamente en el progreso”. [15]

“Creo que con el tiempo mereceremos que no haya gobiernos.” [16]

Política y democracia

El descreimiento del Estado no podía sino estar acompañando por una baja consideración de la política, algo que, tal vez no entonces, comparten muchos de los argentinos de hoy. Le dicen que no tiene una buena opinión de los políticos, contesta:

– “No. En primer lugar no son hombres éticos; son hombres que han contraído el hábito de mentir, el hábito de sobornar, el hábito de sonreír todo el tiempo, el hábito de quedar bien con todo el mundo, el hábito de la popularidad….

La profesión de los políticos es mentir. El caso de un rey es distinto; un rey es alguien que recibe ese destino, y luego debe cumplirlo. Un político no; un político debe fingir todo el tiempo, debe sonreír, simular cortesía, debe someterse melancólicamente a los cócteles, a los actos oficiales, a las fechas patrias.” [17]

“Creo que ningún político puede ser una persona totalmente sincera. Un político está buscando siempre electores y dice lo que esperan que diga. En el caso de un discurso político los que opinan son los oyentes, más que el orador. El orador es una especie de espejo o eco de lo que los demás piensan. Si no es así, fracasa.” [18]

“…yo diría que los políticos vendrían a ser los últimos plagiarios, los últimos discípulos de los escritores. Pero, generalmente con un siglo de atraso, o un poco más también, sí. Porque todo lo que se llama actualidad es realmente…. y, es un museo, usualmente arcaico. Ahora estamos todos embelesados con la democracia; bueno, todo eso nos lleva a Paine, a Jefferson, a aquello que pudo ser una pasión cuando Walt Whitman escribió sus Hojas de Hierba. Año de 1855. Todo eso es la actualidad; de modo que los políticos serían lectores atrasados, ¿no?, lectores anticuados, lectores de viejas bibliotecas…” [19]

Su acendrado individualismo lo llevaba hasta dudar de la posibilidad de la representación, y de la misma democracia, pero no por promover las dictaduras o las monarquías siendo que pensaba que lo importante no eran los sistemas políticos sino los individuos y sus valores. Dice en El Libro de Arena

“Twirl, cuya inteligencia era lúcida, observó que el Congreso presuponía un problema de índole filosófica. Planear una asamblea que representara a todos los hombres era como fijar el número exacto de los arquetipos platónicos, enigma que ha atareado durante siglos la perplejidad de los pensadores. Sugirió que, sin ir más lejos, don Alejandro Glencoe podía representar a los hacendados, pero también a los orientales y también a los grandes precursores y también a los hombres de barba roja y a los que están sentados en un sillón. Nora Erfjord era noruega. ¿Representaría a las secretarias, a las noruegas o simplemente a todas las mujeres hermosas? ¿Bastaba un ingeniero para representar a todos los ingenieros, incluso los de Nueva Zelanda?” [20]

Y su opinión sobre la democracia es bien conocida: Me sé del todo indigno de opinar en materia política, pero tal vez me sea perdonado añadir que descreo de la democracia, ese curioso abuso de la estadística.” [21]

Volviendo a creer más en los individuos que en los gobiernos “Tengo la sospecha de que la forma de gobierno es muy poco importante, de que lo importante es el país. Vamos a suponer que hubiera una república en Inglaterra o que hubiera una monarquía en Suiza: no sé si cambiarían mucho las cosas; posiblemente no cambiarían nada. Porque la gente seguiría siendo la misma. De modo que no creo que una forma de gobierno determinada sea una especie de panacea. Quizá les demos demasiada importancia ahora a las formas de gobierno, y quizá sean más importantes los individuos” [22]

Borges libertario

En sus propias palabras, Borges se consideraba un anarquista, si bien pacífico: “actualmente yo me definiría como un inofensivo anarquista; es decir, un hombre que quiere un mínimo de gobierno y un máximo de individuo.” [23]

“Soy anarquista. Siempre ha creído fervorosamente en el anarquismo. Y en esto sigo las ideas de mi padre. Es decir, estoy en contra de los gobiernos, más aún cuando son dictaduras, y de los estados”. [24]

Pero esa definición de “anarquista pacífico” era presentada para diferenciarse del anarquismo violento de fines del siglo XIX y principios del XX. En la actualidad su posición sería clasificada como de “libertario”, ya que el ideal de su admirado Spencer ha sido recreado en este siglo por Popper, Hayek, Nozick o Mises.

El diccionario define la anarquía como “falta de todo gobierno en un estado”, o “desorden, confusión, por ausencia o flaqueza de la autoridad pública”. Teniendo en cuenta esto, Borges no sería estrictamente “anarquista” si lo interpretamos como la falta completa de normas y orden, sino un “libertario” , palabra que define actualmente a un rango amplio de posiciones que se extienden desde la preferencia por un estado mínimo hasta pequeñas agencias en competencia.

Dicha filosofía política pondría a Borges a contrapelo de la sociedad argentina, la que ante la bancarrota del Estado espera aun salvarse a través del mismo y de los políticos que lo manejan o de otros que puedan llegar. Sin embargo, Borges pensaba que el argentino es esencialmente individualista:

“El argentino hallaría su símbolo en el gaucho y no en el militar, porque el valor cifrado en aquel por las tradiciones orales no esta al servicio de una causa y es puro. El gaucho y el compadre son imaginados como rebeldes; el argentino a diferencia de los americanos del Norte y de casi todos los europeos, no se identifica con el Estado. Ello puede atribuirse al hecho general de que el Estado es una inconcebible abstracción; lo cierto es que el argentino es un individuo, no un ciudadano.” [25]

 


[1]Pilar Bravo & Mario Paoletti, Borges Verbal, (Buenos Aires: Emecé Editores, 1999), p. 179.

[2]Pilar Bravo & Mario Paoletti, Borges Verbal, (Buenos Aires: Emecé Editores, 1999), p. 152.

[3]Jorge Luis Borges & Osvaldo Ferrari, En Diálogo I (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1985, p. 36.

[4]Revista Siete Días. Buenos Aires, 23 de Abril de 1973, año VI, nº 310, págs. 55 a 59; en Mateo, Fernando, El Otro Borges (Buenos Aires: Editorial Equis, 1997).

[5]Pilar Bravo & Mario Paoletti, Borges Verbal, (Buenos Aires: Emecé Editores, 1999), p. 126.

[6]El Oro de los Tigres, Obras Completas, Tomo II (Buenos Aires, Emecé Editores), p. 489.

[7]La Moneda de Hierro, Obras Completas, Tomo II (Buenos Aires, Emecé Editores), p. 129.

[8]Revista Ambiente, Buenos Aires, Febrero de 1984. Espacio Editora, págs. 27 a 32; en Mateo, Fernando, El Otro Borges (Buenos Aires: Editorial Equis, 1997)

[9]Pilar Bravo & Mario Paoletti, Borges Verbal, (Buenos Aires: Emecé Editores, 1999), p. 147.

[10]La Gaceta del Fondo de Cultura Económica, México, D.F., nº 8, Agosto de 19856, pág. 92; en Mateo, Fernando, El Otro Borges (Buenos Aires: Editorial Equis, 1997)

[11]Jorge Luis Borges & Osvaldo Ferrari, Reencuentro: Diálogos Inéditos (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1999, p. 157.

[12]Jorge Luis Borges, Nuestro pobre individualismo, Obras Completas II (Emecé Editores; Barcelona, 1996), p. 37.

[13]Jorge Luis Borges & Osvaldo Ferrari, En Diálogo II (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1998, p. 207.

[14]Jorge Luis Borges, El libro de Arena, Obras Completas, Tomo III, (Barcelona: Emecé Editores, 1996), p. 55.

[15]Jorge Luis Borges & Osvaldo Ferrari, En Diálogo I (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1998, p. 220.

[16]Jorge Luis Borges, El Informe de Brodie, Obras Completas II (Barcelona: Emecé Editores, 1996), p. 399.

[17]Roberto Alifano, El humor de Borges, (Buenos Aires: Ediciones Proa, 1995), p. 132-133.

[18]Diálogos Borges-Sábato, compaginados por Orlando Barone (Buenos Aires: Emecé, 1976), p. 75.

[19]Jorge Luis Borges & Osvaldo Ferrari, En Diálogo II (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1998, p. 129.

[20]Jorge Luis Borges, El libro de Arena, Obras Completas, Tomo III, (Barcelona: Emecé Editores, 1996), p. 24.

[21]Jorge Luis Borges, La moneda de hierro:, Obras Completas III (Barcelona, Emecé Editores, 1996), p.121.

[22]Sorrentino, Fernando, Siete conversaciones con Jorge Luis Borges (Buenos Aires: El Ateneo, 1996), p. 119.

[23]Jorge Luis Borges & Osvaldo Ferrari, En Diálogo I (Buenos Aires: Editorial Sudamericana, 1985, p. 59.

[24]Entrevista con Vicente Zito Lima, Revista Semana Gráfica, Buenos Aires, Editorial Abril 12 de Marzo de 1971, págs. 42 a 45; en Mateo, Fernando, El Otro Borges (Buenos Aires: Editorial Equis, 1997).

[25]Jorge Luis Borges, Evaristo Carriego, Obras Completas I (Emecé Editores; Barcelona, 1996)

Publicado originalmente en La Ilustración Liberal No. 12.

El Liberalismo Político de Karl Popper

Popper1. Introducción
 
Es habitual que la visión del liberalismo político de Karl Popper se considere bajo la siguiente interpretación, a la cual llamaremos “interpretación habitual” (IH). Según la IH, el liberalismo político en Popper consiste en:
 
a) la afirmación de la tolerancia y la libertad de expresión basada en la negación de la posibilidad de certeza por parte del ser humano;
 
b) la tolerancia como una especie de sedimentación de su filosofía de las ciencias, donde el método de conocimiento está basado en las conjeturas y refutaciones pero nunca en certezas;
 
c) una especie de última afirmación del optimismo iluminista de la razón. Popper sería el último de los racionalistas frente a cierto post-modernismo típico de los 60 para adelante.
 
Es nuestra intención demostrar que esta IH de Popper no responde a una evaluación global y matizada de su pensamiento. Al contrario, nosotros pensamos que:
 
a) la filosofía política de Popper no se basa en su filosofía de las ciencias, sino que tanto unas como la otra son dos derivados de un presupuesto previo: la actitud racional, el diálogo socrático como presupuesto básico de todo lo que se considera bueno y civilizado, que se expresa en forma de un imperativo categórico que tiene plena certeza;
 
b) la filosofía política de Popper no tiene su mejor expresión en “La Sociedad abierta y sus enemigos” , sino en ciertos ensayos y conferencias de “Conjeturas y refutaciones”, donde su liberalismo se ubica dentro del contexto de un liberalismo inglés no-racionalista fuertemente relacionado con el de F. A. von Hayek.
 

Estado y Utopía en la Escuela Austriaca [Video de Martín Krause]

Hace unos días, Gabriel, Nicolás y yo venimos posteando comentarios acerca del debate entre anarcocapitalismo y el liberalismo clásico, que hoy divide a la Escuela Austriaca. Al respecto, me interesa postear una conferencia que Martín Krause ofreció hace algunos años acerca de la relación que existe entre la teoría económica y la filosofía política.

La misma tuvo lugar en el II Congreso Internacional “La Escuela Austriaca en el Siglo XXI”, organizado por la Fundación Bases en 2010, y se tituló “Estado y Utopía en la Escuela Austriaca”.

Me parece que estos comentarios de Martín son muy relevantes para las discusiones que tenemos hoy.

¿Es Hayek un mito? – Parte II

Rothbard_HayekHace unos días, subimos al blog un post con el debate abierto por H. H. Hoppe acerca de si Hayek es o no un mito. Decía entre los comentarios, que falta una sistematización de la filosofía política de Hayek para comprender mejor su obra, tal como la que Gabriel Zanotti hizo con Mises. Pero el mismo Gabriel se ocupó de mostrarme distintos pasajes en los que trabajó la filosofía política de Hayek, con lo cual se puede concluir que este trabajo está hecho. Se que es largo, pero el comentario de Gabriel vale la pena, y esclarece muchas de las cosas que estamos discutiendo.

Por mi parte, sólo quiero agregar dos comentarios:

1) Hayek y Rothbard tienen dos formas distintas de trabajar. Mi impresión -y se que esto va a dar lugar a otro enorme debate- es que Rothbard es constructivista (algo que debatimos hace un tiempo en otro post). Planifica un ideal de sociedad anarcocapitalista, y luego trabaja en desmantelar al Estado para alcanzar ese ideal. Esto queda claro también en la defensa anarcocapitalista de Jesús Huerta de Soto, que Nicolás Cachanosky critica en un artículo publicado en este post. Este no es el modo de trabajar de Hayek. La obra de Hayek, enfatizando el estudio del cosmos y el taxis, y también de los ordenes espontáneos, sirve para ver cómo llegamos a donde estamos. Por eso mientras Hayek considera central el estudio de la tradición del orden espontáneo, Rothbard prácticamente no le da lugar. A Rothbard le incomoda el orden espontáneo. Hayek analiza el proceso que nos trajo a donde estamos, y sólo a partir de esa comprensión, piensa que se puede analizar la posibilidad real del anarcocapitalismo. Hayek no puede en su modo de ver y entender el mundo, sugerir que el anarcocapitalismo es el ideal. Más bien, analiza hacia dónde irán los órdenes espontáneos, y deja la puerta abierta a que el estado final sea ese anarcocapitalismo que Rothbard promueve.

2) Dicho esto, me parece que a este debate hay que agregarle el condimento de Buchanan. El punto que merece discusión es si el anarcocapitalismo es posible, o si más bien, encuentra un límite. Al respecto, Buchanan publicó en 1975 “The Limits of Liberty: Between Anarchy and Leviathan”, que también está traducido al español bajo el título “Los límites de la libertad” (Tapa, prólogo y prefacio aquí: http://www.katzeditores.com/images/fragmentos/Buchanan.pdf).

Al comienzo de este libro, Buchanan cita un pasaje de F. Knight que debería estar en el corazón de este debate:

Y el problema principal, más serio, del orden social y el progreso es […] el problema de hacer que se obedezcan las reglas, o de evitar que se haga trampa. Hasta donde puedo ver, no hay una solución intelectual a ese problema. Ninguna maquinaria social de “sanciones” evitará que el juego se desintegre y se convierta en una discusión, o en una pelea (¡el juego de ser una sociedad rara vez puede tan sólo disolverse!), a menos que los participantes tengan una preferencia irracional por que siga, incluso cuando, a nivel individual, parecen llevarse la peor parte de él. De lo contrario, se deberá mantener la sociedad por la fuerza, desde fuera (porque un dictador no es miembro de la sociedad en la que manda) y entonces será cuestionable que se la pueda llamar sociedad en el sentido moral.”

Frank H. Knight – “Intellectual confusion on morals and economics

¿Es Hayek un mito?

HoppeHans Hermann Hoppe ofreció una conferencia bajo el título “El mito de Hayek” que sometemos a discusión con los lectores del blog. ¿Es Hayek un mito? ¿Representa su pensamiento a la izquierda? ¿Es Hayek un redistribucionista? ¿Es Hayek un socialista?

Abajo la traducción al español de su conferencia. Más abajo el video de su presentación (en dos partes).

El Mito de Hayek – H. H. Hoppe

Como la mayoría de ustedes sabe, yo era de la izquierda durante los últimos años de secundaria y los primeros años en la universidad; y cuando gradualmente fui descubriendo los errores de la izquierda, fui buscando alternativas. Y encontré, por su frecuente presencia en la prensa, a Milton Friedman y Friedrich Hayek, como los antagonistas de principios y alternativas a todo lo socialista. Y de hecho encontré muchos buenos argumentos en sus escritos para combatir la izquierda predominante en ese tiempo. Sigue leyendo

Escuela Austriaca y el pensamiento del Dr. Don Jesús Huerta de Soto

En noviembre de 2008 tuve la oportunidad de ofrecer un seminario sobre Escuela Austriaca y en particular, sobre el pensamiento del Dr. Don Jesús Huerta de Soto para los profesores del Centro Hazlitt de la UFM. El seminario se dividió en tres sesiones que englobaron sus aportes microeconómicos, macroeconómicos y de filosofía política. Los tres videos acaban de ser subidos a Youtube y por ello me parece oportuno compartirlos aquí.

¿Cuán cerca o lejos estaba Mises de la posición Anarco-capitalista?

HHHoppeCopio a continuación un extracto de la entrevista a Hans Hermann Hoppe publicada en el Austrian Economic Newsletter del Mises Institute (primavera de 1998).

ENTREVISTA A HANS HERMANN HOPPE

[…]

AEN: ¿Fue Mises mejor que los liberales clásicos en la pregunta sobre el estado?

Hoppe: Mises creía que era necesario tener una institución que suprimiese a esas personas que no podían comportarse de manera apropiada en la sociedad, personas que fuesen un peligro porque robasen y matasen. Llamaba a esta institución gobierno.

Pero tenía una idea particular de cómo el gobierno debía funcionar. Para chequear su poder, cada grupo y cada individuo, de ser posible, debe tener el derecho de secesión del territorio del estado. Llama a esto el derecho a la autodeterminación, no de las naciones como en la Liga de las Naciones decía, pero de villas, distritos y grupos de cualquier tamaño. En Liberalism [Liberalismo] y Nation, State, and Economy [Nación, Estado y Economía], eleva la secesión a un principio central del liberalismo clásico. Si fuera posible dar este derecho de autodeterminación a cada individuo o persona, dice, debería ser realizado. Entonces, el estado democrático se convierte, para Mises, en una organización voluntaria.

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