HEMOS CRUZADO UNA LÍNEA QUE NUNCA DEBERÍAMOS HABER CRUZADO. PERO……

Como ya he dicho varias veces, la razón por la cual NUNCA hay que violar derechos personales en nombre de la seguridad (como lo creyeron Videla, Buch y Dick Cheney) es que una vez que violas el debido proceso, y secuestras, matas y torturas, todo en nombre del bien, entonces has desatado un infierno que tú pensabas que podías controlar.

Lo mismo en nombre del virus. Se ha cruzado una línea que jamás debía cruzarse. No importa qué tan virulento sea un virus. Los derechos individuales no deben nunca (nunca: NUNCA) quedar sujetos a la arbitrariedad de médicos y políticos. Ellos no son los dueños de otros seres humanos. No son dueños de una nueva granja de esclavos a los que cuidan “por su bien”.

Las inevitables consecuencias no intentadas ya se ven por doquier. La violencia y la arbitrariedad policial, el reglamentarismo bestial de diversos funcionarios, la banalidad del mal de sus respuestas, propias de toda dictadura, no son “excesos” a una regla buena en sí misma. Son consecuencias propias y necesarias de toda dictadura, de todo poder ilimitado, ahora y siempre.

Pero……… ¿Por qué el “pero”? Porque, lamentablemente, no deberíamos sorprendernos de nada. ¿Qué se puede esperar de sociedades -la nuestra es una más- que han perdido hace tiempo la mas mínima noción de lo que es la libertad? No importa que no fueran La Unión Soviética o Corea del Norte. La mayor parte de los estados occidentales se han organizado con una burocracia férrea de órdenes y mandatos, con una estructura militar, disfrazada de nobles ideales, tal cual Weber lo describió. Somos herederos de la fuerza ilimitada de los estados iluministas, donde el abuso de la razón, denunciado por Hayek, se ha cumplido estrictamente desde el inicio. Ministerios de educación con poderes ilimitados, e igualmente, ministerios, secretarías o como se llamen sóviets de salud pública, de comercio, de economía, de transporte, etc., etc., etc.,  etc., que han convertido a los derechos individuales (de expresión, de religión, de enseñanza, de asociación, de reunión) en letra muerta hace ya muchas décadas. Sumemos a ello los grupos de presión de lo políticamente correcto, y la complacencia, ignorancia e indolencia de la mayor parte de las personas convertidas en tristes ovejitas eficientes de la máquina del estado, muchas de ellas con 5 doctorados, 6 idiomas, 70000 sacos y corbatas, 80000 togas, premios y distinciones, con resplandor mágico de personas serias, de ser miembro del paradigma dominante, de ser los que saben ante los imbéciles disidentes. Quien tenga oídos, oiga.

Pero todo esto, hace décadas, MUCHAS décadas.

Por lo tanto, el terror al virus encontró a Occidente sencillamente casi muerto bajo el peso de su propia dialéctica del Iluminismo. Tal vez nunca se sepa cuánto hubo de planificación, de estupidez o de lo que fuere en todo esto que está pasando, pero sí puedo afirmar con seguridad que nunca hubiera sucedido si el horizonte cultural hubiera sido diferente. Ni siquiera, como en otros tiempos, esta nueva Unión Soviética encontró la firme oposición de un Wyszynski, un Wojtila, un Pacelli. Líderes religiosas de todo el mundo han eliminado el derecho a la libertad religiosa por el temor a un virus. Impensable.

Y pensar que a veces se discute la falta de corroboración empírica de la predicción de Hayek en Camino de Servidumbre. Durante mucho tiempo se creyó que Europa y EEUU estaban gozando de una socialdemocracia light y benévola mientras que las libertades estaban bien custodiadas, y cuán equivocado estaba Hayek en haber predicho el desastre. Miren ahora. Ojalá hubiera estado equivocado. El y unos pocos, desde la Mont Pelerin Society, los Liberty Funds, la pionera Foundation for Economic Education, la UFM en Guatemala y no mucho más, advirtieron contra corriente, todo el tiempo, todo ello, siendo objeto de burla y desprecio por parte de los señores serios, creyentes y agnósticos, que nos miraban y aún nos miran bajo la soberbia del funcionario, del experto, de la OMS, la ONU, los comités científicos oficiales y todos los conicetitos y coneaucitas del mundo. Son los partidarios de la cuarentena obligatoria. Son los ideólogos y ejecutores de los diagnósticos de Hayek, Feyerabend, Adorno y Horkheimer, sobre el abuso de la razón humana, la nueva ciencia, la nueva religión, donde sus sacerdotes e inquisidores han vuelto con la soberbia de creer que no lo son. La ausencia de la conciencia de pecado. Lo peor de lo peor.

Gabriel, danos algo de esperanza. Sí, gente, Dios existe. Y deja al hombre en manos de su propia decisión (SI, 15,14). 

CARTA ABIERTA A AXEL KICILLOF

Axel, nos conocimos en el 2005. Por intermedio de Adrián Ravier, quien fuera tu alumno, yo te invité al Departamento de Investigaciones del Eseade. Expusiste sobre Marx, Keynes y tus interpretaciones de la Escuela Austríaca. Nos quedamos todos con una excelente impresión. Eras todo un académico. Todo fue tranquilo, cordial, respetuoso, como debe ser. Cuando hablabas citabas tu bibliografía y te remitías a las fuentes. Fue una excelente exposición y luego un muy buen debate.

Han pasado los años. It´s been a while….

Hace muy poquito dijiste que estábamos todos muy angustiados por no poder ir a jugar al golf.

Me hizo acordar a De Vicenzo, que cuando jugaba hacía un golf.

Pero lo tuyo no fue precisamente un golazo.

Axel, ¿dónde se ha ido el que podía saltar de Marx, a Keynes, a Mises, bien estudiados todos, en sólo una línea?

Axel te voy a responder lo que muchos argentinos quisieran decirte.

La angustia no consiste en no poder ir a jugar al golf. Tal vez algunos, sí, pero reconoceme que no la mayoría de gente que te votó.

Axel, la angustia consiste en no poder salir a trabajar, en gente que vive al día, que no tiene departamentos en Puerto Madero ni dirige reuniones de directorio por zoom.

Axel, lejos del golf, el problema está en miles y miles de pymes que se están fundiendo y miles, tal vez millones, de cuentapropistas en negro que se están muriendo de hambre, ellos y su familia, a los cuales persigue tu policía.

Axel, el problema de salud consiste en las miles de personas con enfermedades graves (cáncer, corazón, diabetes, etc.) que ahora no pueden ser atendidas porque vos y muchos han colaborado en infundirles pánico y ni siquiera se atreven a estornudar en público.

Axel, el problema no consiste en el nro. de casos, sobre todo en gente sana que se contagia pero ni desarrolla síntomas o apenas un resfrío de unos días. El problema consiste, sí en los inmunodrepesivos, en los que tienen enfermedades pre-existentes, que mueren CON Covid y no por Covid, pero a esas personas hace años que el sistema de salud de la Provincia no llega; hace años que ya está colapsado.

Axel, por favor, dejá salir a trabajar a todos pero sobre todo a los que más lo necesitan, a los que trabajan en negro porque no les queda otra, a esos que antes no les mandabas la policía pero ahora sí, que si se contagian van a desarrollar inmunidad ante un virus que sabés bien que tiene una tasa de letalidad infinitamente más baja que el dengue, la tuberculosos, la neumonía bacterial y etc., enfermedades de las cuales no estás contando los casos y parece que para vos no existen.

Pero, Axel, lo peor es que todo esto lo sabés. Vamos, a mí no me mientas, en el fondo lo sabés, igual que te sabés de memoria todas las fuentes de lo que antes eran tus artículos académicos.

Como ves no te pido que dejes de ser marxista ni keynesiano. Ni soñando. Ese es tu paradigma y lo respeto. Pero sabés perfectamente que ese paradigma no te permite perseguir con la policía a los trabajadores o ignorar cómo funciona el sistema inmunológico.

No te atrevés, obviamente, a enfrentarte ni con Alberto y menos aún con Cristina.

Eso lo comprendo también pero, qué lástima.

El Axel Kiciloff que yo conocí, el académico, no había perdido su dignidad.

LIBERALES, ¿QUÉ HA PASADO?

Tengo 60 años y la primera vez que fui a comprar libros de Escuela Austríaca tenía 14 (en el Centro de Estudios Para la Libertad, allá por Leandro Alem a la altura de la Facultad de Ingeniería si mal no recuerdo). Digo esto porque creo que tengo derecho a hacer esta pregunta.

En el 84 y el 85 (y hasta el 91) viví la increíble experiencia de compartir el ambiente del Departamento de Investigaciones de Eseade, con el privilegio de investigar y estudiar con gente como los senior Ezequiel Gallo, Alberto Benegas Lynch (h), y en aquel entonces los juniors Roberto Cachanosky, Juan Carlos Cachanosky, Alejandro Chafuén, Alfredo Irigoin, Esteban Thomsen, y un poquito más adelante Ricardo Rojas y Enrique Aguilar.

Y a pesar de que no había internet, estábamos al tanto y comunicados con otros pensadores del liberalismo y la Escuela Austríaca de diversas partes del mundo.

Como corresponde, todos pensábamos diferente en muchos temas. Todo se debatía en buenos términos, tanto en reuniones formales académicas como en cafés, almuerzos, cenas y toda la vida. A veces el tema de debate era, precisamente, qué era lo que unificaba nuestra vida. El respeto sobraba y muchas amistades de esa época se mantienen hasta hoy.

¿Ignorábamos que había anarco-capitalistas, liberales clásicos, ateos, agnósticos y creyentes? Ja ja no…… Creo que el Eseade era el único lugar en Argentina donde se explicaba la tradición anti-federalista de los EEUU. ¿Ignorábamos las diferencias entre Mises, Hayek, Rothbard, Ayn Rand, Nozick y Buchanan? Ja ja tampoco, es más, todas sus posturas eran nuestros temas de estudio y debate y varios de nosotros los conocíamos personalmente (yo llegué a vislumbrar de lejos a Hayek y a conversar personalmente con Nozick, Buchanan y Kirzner).

Pero no había la guerra de insultos, excomuniones y liberalómetros que hay hoy.

¿Por qué no la había?

Me acuerdo que Alfedo Irigoin le decía a Alejandro Chefuén “otra vez con tus monjes”, y cuando llovía muy fuerte, Juan Carlos Cachanosky me decía, “Zanotti, rezá para que pare”. Y todo bien. Nadie se molestaba.

Que pensábamos diferente sobre el aborto, era obvio. Que de vez en cuando venía Armando Ribas y decía de todo contra la Iglesia, mientras que todos nos miraban a Alejandro y a mí, formaba parte de nuestros comentarios posteriores de café. Y ya está.

Y no pasaba nada.

Nadie se molestaba.

¿Por qué? ¿Alguien me quiere explicar qué pasa, qué pasó? Y no me digan que estábamos unidos ante el enemigo común. Porque ahora el enemigo común es peor que en los maravillosos 80.

Creyentes y no creyentes convivíamos sin problemas. Es más, si no era necesario, el tema no salía. Que cada uno hacía en su vida personal lo que mejor le pareciera se daba por descontado. Que había liberales creyentes, también.

De vez en cuando si algún tema teórico o práctico se ponía muy, muy denso, íbamos todos los pollitos a la oficina de Ezequiel Gallo y escuchábamos. Y eso era todo….

Ninguno de nosotros tenía que gastar mucho tiempo en autoclasificarse con lupa. Éramos liberales, ya está, y como mucho distinguíamos classical liberalism de liberalism porque estábamos totalmente al tanto de los usos terminológicos de los EEUU. Y no había más problema. Y si alguien se quería auto-clasificar de otro modo, ningún problema tampoco. Cosa de cada quién. No había nuevas iglesias, nuevos pontífices, ni excomuniones ni anatemas. Es más, creo que lo único que desentonaba era si alguien comenzaba con algo así. 

¿Qué pasó?

Si alguien me quiere explicar qué pasó, gracias. Estoy atrasado. Me quedé en mis 14, cuando comencé a leer a Mises y nunca más tuve mayores dudas de qué era defender la libertad. 

DIOS MÍO, ¿QUÉ HEMOS HECHO?

Todos años, en alguna clase, doy el siguiente ejemplo.

Hay una bomba en un estadio de futbol con 300.000 personas. Se encuentra al que la puso 10 minutos antes de la hora anunciada para la explosión. Sólo él sabe desactivarla y dónde está. ¿Se lo tortura o no?

Siempre dejo que los alumnos discutan. Al final expreso mi quijotesca e inútil opinión: no.

No, porque hay límites que no se deben cruzar nunca. Si se cruzan, no hay vuelta atrás.

Lo mismo que el tema de la tortura para casos de terrorismo. Que muchas personas la siguen justificando al mismo tiempo que despotrican contra el gobierno de Videla del 76.

Con el famoso coronavirus -un virus corona- ha sucedido lo mismo.

¿Tendremos vuelta atrás?

Han puesto en el gobierno a la barbarie del especialismo (Ortega) con poderes ilimitados, convirtiéndolos en dictadores absolutos.

Han borrado de un plumado todas las libertades individuales más inalienables e inviolables.

Han convertido al mundo entero en una nueva Unión Soviética.

Han condenado a millones de personas a la pobreza más extrema; han condenado a millones a cerrar sus fuentes de ingreso, han dicho -nuevamente- que el estado lo solucionará, produciendo con ello más inflación, deuda pública e impuestos.

Han condenado a muerte a millones de personas por la falta de atención médica y diagnóstico de otras enfermedades, muchas de ellas con una tasa de letalidad mucho más alta.

Han producido el pánico de la población, han manipulado y alienado a millones de personas que carecen de pensamiento crítico para defenderse.

Han eliminado toda libertad de tratamientos médicos y soluciones alternativas. 

Han endiosado a una falible ciencia.

Han negado la diferencia entre infectado, enfermo y muerto.

Han falsificado los datos de muertos por coronavirus y los casos.

Han utilizado testeos ineficientes que dan falsos positivos.

No han distinguido entre muertos con o por coronavirus.

Han equivocado el tratamiento.

Han silenciado y censurado a los médicos disidentes, que son cada vez más.

Han ridiculizado e insultado a todo el que pensaba diferente.

Siguen contando el número de casos como si ello fuera lo relevante.

Han condenado a los ancianos a morir en soledad sin la asistencia de sus familiares.

Han convertido a ciudades y estados enteros en estados policiales y totalitarios donde los más elementales derechos son ahora delitos punibles.

Han violado la libertad de enseñanza.

Han eliminado los servicios religiosos.

Han amenazado con una inhumana “nueva normalidad”.

Han….

Y todo esto, oh casualidad, con el apoyo de la izquierda más radical.

Y con la complicidad de gran parte de autoridades religiosas que, oh casualidad, coinciden con esa agenda.

Por qué lo han hecho, bueno, habría mucho para conjeturar.

Digamos que en la Chicago de los 20 no había que ser paranoico para sospechar que Al Capone era culpable.

¿Habrá vuelta atrás?

¿Cómo defenderse?

¿A dónde irse?

Dios mío, qué hemos hecho. 

CUARENTENA, PRISIÓN DOMICILIARIA, PERMISOS, ENCIERROS, LA RUINA TOTAL: ¿TERMINAREMOS ALGUNA VEZ CON ESTA LOCURA?

La verdad, todo me lleva a responder que no.

Algunos pocos, muy pocos, comenzamos a luchar contra toda esta locura más o menos desde Enero, bajo la burla de todos. Y no me estoy victimizando. Los insultos sólo ratificaron mi posición. Lo digo para que se advierta la locura general. Liberal dogmático, negacionista, conspiranoico, fueron los calificativos más frecuentes, a mí y a varios, además de pasar por alguien desaprensivo, ideologizado, economicista, que no le importa la vida de la gente, ojalá que te mueras del virus, etc etc etc, cosas que, vuelvo a decir, no me afectaron en absoluto, sólo las recuerdo para que sea vea el nivel de alienación colectiva, aún por parte de personas que “creían creer” en la libertad.

Hasta sucedió que, más o menos unos 5 o 6, hicimos en Facebook un grupo secreto, “La resistencia”, donde posteábamos toda las visiones alternativas. Parecíamos los primeros cristianos marcando el pez en el suelo ante la mirada vigilante del Emperador. Lo hicimos para no perjudicar a nuestras familias. Por suerte yo seguí insistiendo en mi blog e imposible fue que el Quijote demente que habita en mí no publicara directamente en mi muro.

Pero no sólo éramos algunos locos liberales. Muchos médicos y epidemiólogos comenzaron a sumarse a “la resistencia”. El primero, héroe total, desde el principio, fue Pablo Goldschmid. Y ahora puedo decir que, a esta altura, incontables más. En Marzo publiqué en mi blog, dos veces, todas esas voces alternativas. Cada vez eran más o menos unas 10. Hoy ya no me alcanza el tiempo para hacerlo de vuelta. Gracias a Dios.

Pero, por supuesto, todas esas voces han sido silenciadas y perseguidas. Han sido removidos de youtube, de Facebook, y sólo sobreviven porque los nuevos maquis los subimos de vuelta permanentemente. Son ignorados y perseguidos por los gobiernos. Y no estamos hablando de los que se tiran contra Bill Gates y etc. Hablamos de simples exposiciones elementales de cómo funciona el sistema inmunológico y basta. Ninguna teoría conspirativa es necesaria para denunciar esta locura.

Pero sospechar no es ser delirante. Ante la censura, ante la utilización política del virus por parte de todos (TODOS) los gobiernos intervencionistas del mundo, uno no puede evitar preguntarse qué está sucediendo realmente.

En toda América la situación no podría ser peor. Comencemos por América Latina. En un continente donde millones y millones de personas vivían al día, sin ahorros, sin viviendas dignas, los encerraron inmisericordemente, y luego los encerraban de vuelta en cárceles inmundas si salían de sus “casas”. Hay países que directamente impusieron toque de queda, estado de sitio, y cuantas cosas más pudieron hacer para convertirse en la nueva Unión Soviética. Si lo hubieran hecho con una enfermedad realmente grave, igual hubiera sido absolutamente inmoral (repito, para aumentar mi fama de extraterrestre: si lo hubieran hecho con una enfermedad realmente grave, igual hubiera sido absolutamente inmoral). Pero para colmo lo hacían no sólo cuando en Europa comenzaba a calmarse (by the way, las explicaciones alternativas de por qué lo sucedido en España e Italia también fueron censuradas) sino cuando más y más científicos se atrevían a salir del closet y jugarse su carrera y su fama por el non harm de su juramento hipocrático. Pero nada. Presidentes que incluso eran médicos parecían ignorar repentinamente lo más elemental de la inmunología. ¿Por qué?

En los EEUU fue aún peor. (1) TODOS, TODOS, sin excepción, los alcaldes y gobernadores demócratas convirtieron a sus ciudades y a sus estados en nuevas Coreas del Norte. Para Trump es más fácil hablar con Kim Yong-un que con las autoridades de Chicago. ¿Por qué?

Nunca, en la historia de Occidente, la filosofía fue tan evidente y, a su vez, tan negada. Miles y miles de textos explicando los límites de la ciencia, cientos de libros escritos por Popper, Kuhn, Lakatos y Feyerabend explicando los límites de la ciencia, miles y miles de artículos explicándolos, y para nada, excepto para llenar de manera aburrida a journals insoportables. Casi todos los científicos, no la ciencia, aparecieron con toda su soberbia y autoritarismo, exactamente como Feyerabend había explicado y predicho, diciéndonos qué hacer con lo más sagrado de nuestras vidas, ante una opinión pública mundial carente de pensamiento crítico, alienada y masificada.

Nunca en la historia de Occidente se vieron con toda su crudeza las explicaciones de Freud, Fromm y Ortega sobre la masificación y la alienación. Deben estarse preguntando, sin embargo, para qué se mataron tanto. Como si no hubieran escrito nada. Al menos cuando la alienación colectiva puso en el poder al psicópata Hitler, era claro, para polacos, franceses, ingleses y norteamericanos, quién era Hitler, al menos desde 1939. Ahora, sin disparar un solo tiro, sin desplegar tropas, el Hitler llamado OMS nos ha invadido totalmente y sus generales y lugartenientes, llamados expertos, ocupan puestos privilegiados en todas las Casas Blancas, Rosadas y casas variopintas del mundo.

Para qué eminentes filósofos como Gadamer, Wittgenstein, Ricoeur, Eco, y cientos que los entienden y los explican, se han matado explicando los límites del lenguaje humano y la importancia de las interpretacionesDe vuelta, parecen sólo existir para lucir curriculums pero no para tomarlos en serio. Como el post-moderno que perdió la paciencia cuando yo le estaba ganando la discusión, y reveló lo que realmente pensaba: “¡Gabriel, los hechos son los hechos!!!”. Nunca se ha hablado tanto de hechos, datos, cifras y números, incluso los científicos que están en contra de esta locura. Inútil parece explicar una vez más que no hay textos sin contextos. No. El mundo se ha convertido en el imperio más cruel del bruto positivismo, y los post modernos para los cuáles lo único importante era cómo te percibes, hoy son los adalides de “los hechos” que avalan las medidas totalitarias de sus amados gobiernos.

Nunca fue tan espantoso el doble standard ni nunca fue tan alevosa la hipocresía.TODOS, TODOS los demócratas norteamericanos, que no cesan de perseguir y denunciar a quienes pretendan ejercer su libre comercio y su libertad religiosa, callan sus imbéciles bocas cuando se trata de “salir” para destruir, amenazar, robar y saquear. Se acuerdan del “límite al poder” para señalarle a Trump que no debe enviar a federales hacia sus ciudades y sus estados, pero del real  limited government, ni hablar.

Y de las religiones mejor no hablar. En lo que a mí me toca, el Catolicismo, que debería haber sido un ejemplo para el mundo, que debería haber retomado la gloriosa tradición de los primeros cristianos, que daban su vida antes que no ir a Misa, ja ja, olvídense. A sus autoridades, rendidas ante el cientificismo mundial, rebosantes en su ignorancia o qué se yo, indolentes y acomodaticias, olvidadas de la sagrada libertad religiosa, no les ha temblado la mano de apoyar la prohibición lisa y llana de los más sagrados sacramentos. Como siempre, algunos han salvado el honor, pero bajo el silencio, e incluso la burla, de por suerte la no más alta autoridad de la Iglesia.

Y mientras tanto aquí seguimos, tramitando permisitos, esperando como esclavos ansiosos y sometidos que los esclavistas nos den autorizaciones para respirar y vivir.

¿Hasta cuándo seguirá esta locura?

No soy optimista, pero gracias a Dios mi pesimismo es irrelevante. Lo relevante es que creo que el mundo entero ha cruzado una línea después de la cual es muy difícil volver. Lo dije también bajo el rechazo de casi todos: en la lucha contra el terrorismo, Videla, Bush, etc., cruzaron una línea que NO se debía cruzar. Ahora todos lo niegan o se arrepienten. Veremos en este caso si en algunos años hay algún arrepentido, veremos si hay alguien pidiendo disculpas.

Y de las causas, tengo algo más de certeza. Se llama constructivismo (Hayek), razón instrumental (Adorno, Horkheimer). Que la izquierda intelectual odie al primero, ok, pero que se haya comportado igual que el monstruo predicho por la Escuela de Frankfurt, es otra muestra de lo poco que importan las ideas cuando el temor atávico a la muerte, el verdadero emperador, domina sus académicas vidas.

Termino estas, como siempre, quijotescas e inútiles reflexiones, preguntándome si esos autores no han sido sino excelentes médicos forenses que indicaron cómo hacer la autopsia de toda la humanidad.

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(1) http://gzanotti.blogspot.com/2020/07/alguien-que-advierte-la-terrible.html

MUERE OCCIDENTE

Hay momentos donde escribir sobre una cosa o la otra queda chico.
Podríamos escribir sobre la última resolución de la Corte de EEUU, sobre los salvajes saqueos en EEUU y sobre la destrucción de monumentos históricos, podríamos escribir sobre lo que pasó con FASTA, podríamos escribir una vez más contra los psicópatas como Berni que te muestran lo que significa el poder ilimitado del estado, podríamos advertir una vez más contra la alienación colectiva producida por el pánico causado a su vez por…. (Uy no, cuidado, no seamos “conspiranoides”); podríamos una vez más distinguir entre “caso” y “enfermedad” (uy no, cuidado, no seas negacionista); podríamos una vez más advertir contra la eliminación de las más elementales libertades individuales (uy cuidado, no seas “liberal dogmático”), etc etc etc……………………
Pero la verdad todo encaja en un solo diagnóstico: la caída de la Civilización Occidental. 
No digo que ya cayó o que todo está perdido. Esta vez no voy a escribir desde mi pesimismo. Sí, the future is open, mañana todo puede renacer pero….. El presente no es alagueño.
Y podríamos escribir desde el pasado. Un pasado marcado por el escepticismo post-moderno, una de las enfermedades más graves de Occidente, producto del rechazo, incomprensión e ignorancia de la más valiosa tradición metafísica Occidental, donde los extremos archi-enemigos, el positivismo cientificista y muchos intérpretes de Heidegger tienen mucho que ver, y mucha responsabilidad intelectual en lo que está sucediendo. Ambos extremos colaboraron en la creencia de que Occidente no es más que un relato al lado de otros, coherente como mucho, pero incapaz de defender la verdad de sus valores más preciados, entre los cuales está una sociedad libre donde ellos pudieron pensar y escribir. 
Esos “intelectuales” han educado durante décadas a millones de pobres jóvenes cerebros a los cuales les ha quedado más cerebro reptil que materia gris, que ahora como nuevos bárbaros destruyen y agreden todo lo que encuentran a su paso como termitas eficientes y mono-neuronales. A lo cual se suma el siglo y medio de prédica marxista, no precisamente post-moderna, ante la cual casi todos, excepto unos pocos liberales clásicos, han carecido totalmente de vacunas, ahora que se piensa que la muerte está en un virus, y no en ideas que impiden vivir pero que exhortan a sobrevivir indignamente en los Soviets que han sabido construir desde hace ya más de 150 vergonzosos años. 
Un marxismo que hace con el post-modernismo una alianza táctica espantosa con la cual logra convencer a todo el mundo que la defensa de los débiles, de los pobres, de las minorías y del medio ambiente implica la muerte de la única civilización, la Occidental, de la cual nace la única defensa que tuvieron los eternos siervos de la gleba:  el liberalismo clásico, magníficamente caracterizado por Mises: 
“…ese gran movimiento político y económico que desterró los métodos pre-capitalistas de producción, implantando la economía de mercado y de libre empresa; que barrió al absolutismo real y oligárquico, instaurando el gobierno representativo; que liberó a las masas, suprimiendo la esclavitud, las servidumbres personales y demás sistemas opresivos”
Pero no, ¿qué he dicho? ¿Mises? Ah no, pecado mortal, dicen muchos cristianos y sobre todo católicos, que no tienen problema en dialogar con Hegel, con Heidegger, con Marx, por supuesto, pero no vaya a ser que lean una línea de Escuela Austríaca de Economía porque se van al infierno. Pues bien, allí se fueron: crearon la liberación de la Teología, perdón, la Teología marxista de la liberación, pervirtieron a miles de obispos y millones de sacerdotes y laicos, que convirtieron a los firmes muros de la Iglesia en puertas abiertas para el horrible espectáculo de una iglesia humana, demasiado humana, colaborando con la destrucción. Sí, la Iglesia, con mayúsculas, el Cuerpo Místico de Cristo, es otra cosa, es indefectible, pero su último defensor, Benedicto XVI, difamado desde el principio por obispos marxistas en una diabólica venganza, tuvo que renunciar, y ahora más que nunca la barca de Pedro navega en aguas borrascosas pero Cristo no responde, Él sabrá por qué, a los gritos de sus discípulos asustados, lanzados desde el ostracismo, fuera de donde ya sabemos. 
Así las cosas, gente, asistimos a una circunstancia histórica desafiante. Occidente muere bajo la septicemia de una infección que él mismo engendró. Sus monumentos derribados son un símbolo terrible. Sí, puede renacer. Pero mientras tanto la Marabunta avanza, con todos en casa, porque está prohibido ir a trabajar, pero está permitido ir a destruir. 

ABAJO SAN FRANCISCO DE ASIS: ERA BLANCO Y CATÓLICO. Sobre la absoluta locura en los EEUU.

Que el mundo se ha vuelto más loco que nunca, no cabe duda. Estatuas dañadas o derribadas por doquier. Películas y libros auto-censurados. Peticiones a Trump para que “re-name” todas las bases militares con nombres confederados. Poco falta para que pidan eliminar la Declaración de Independencia porque fue escrita por Jefferson; poco falta para que pidan reemplazar el Inglés por el idioma Hopi. Poco falta en serio, porque saben perfectamente dónde van.
Pero dejemos a un lado, por ahora, a las masas alienadas, carentes de todo pensamiento crítico, con su pulsión de agresión desatada; dejemos por un lado a los ideólogos cuyas ideas son sólo racionalizaciones de su psicosis, dejemos por ahora el caso de los políticos cínicos e inmorales que aprovechan el río revuelto para acumular más poder. Todo eso forma parte de una lamentable realidad psíquica que no es nueva: fue diagnosticada por Freud, Fromm, Ortega, se renueva en todas las etapas de la Historia y este caso, aunque horrible, es uno más.
Este artículo está dirigido en cambio a la persona de buena voluntad que piense si no es correcto cambiar un nombre o remover (pacíficamente) una estatua como “enseñanza” para un tema grave y delicado.
Para responder esta cuestión debemos distinguir tres aspectos morales e históricos: lo totalmente inmaculado, lo más o menos y el mal cuasi-absoluto.
El ideólogo concibe una sociedad perfecta, inmaculada, ante la cual lo más o menos le resulta lo diabólico e intolerable. Por eso, sin paradojas, detrás de su pasión por la santidad social, está su violencia, porque una sociedad más o menos es una agresión intolerable ante la cual la resistencia armada está justificada. Por eso el ideólogo es siempre revolucionario, ya sea de izquierda o de derecha.
Por eso tampoco tolera la historia. Porque la historia de las civilizaciones no es santa ni diabólica. Es gris. Es una evolución.
EEUU, precisamente, es el caso. No nació en la santidad. Como dijo Maritain, tenía el drama de la esclavitud como una espina clavada en su historia. Pero era una situación gris: la Declaración de Independencia había dado las bases de una igualdad racial que coherentemente reclamará Martin Luther King muchos años después.Y esa peculiar nación evolucionó. Tuvo una guerra civil por ese tema, tuvo el movimiento de derechos civiles de los 60, tuvo su Martin Luther King, y pudo elegir finalmente como presidente a un afroamericano.
Pero los ideólogos neo-marxistas, ahora en los dirigentes del partido demócrata, en sus irresponsables e indolentes Biden y Pelosi, y en AOC, que sabe perfectamente dónde va, y en ANTIFA, que también sabe perfectamente dónde va…. Esos dirigentes, que en ANTIFA pasan de la idea al crimen, no pueden tolerar la historia. No pueden tolerar la evolución. Quieren que la historia sea una santidad absoluta creada a imagen y semejanza de su idea. Y como la historia nunca es eso, la borran. Exactamente como Stalin, como Mao. Ya estaba pasando. No es ahora que la guionista de Friends (Friends, justamente, como si hubiera sido guionada por Mons. Burke) se siente obligada a pedir perdón (porque cuando suba Biden irá presa): ya pasó casi lo mismo con el lobby LGBT, que son iguales pero hasta ahora no habían salido a incendiar todo EEUU de golpe.
Eso pasa siempre. Podemos remontarnos hasta el Big Bang. ¿Quién es perfecto? Para esta gente, ni siquiera San Francisco de Asís, que era blanco y católico. Borremos todo, comencemos de cero. Esa es la unión de Robespierre con el marxismo leninismo. Revolución cultural, Mao. Pero a falta de Mao buenas son Antifas.
Si no estamos atravesados por el pensamiento ideológico, que es una psicosis racionalizada, entonces el criterio de realidad nos hace ver la historia precisamente como lo que es: un más o menos. Todos los documentos, los héroes, las declaraciones, son siempre más o menos. Santos, casi nadie. Se convierten en santos o demonios si los miramos bajo la perspectiva de la ideología, que no admite la realidad humana, que siempre está en el medio.
Pero lo más importante: ese pasado, ese pasado lleno de personas más o menos, nos constituye. Ese pasado es el hoy. Algunas de esas personas permitieron evolucionar para más, otras para menos, y el diagnóstico implica salir del relativismo cultural. La Declaración de Independencia de los EEUU es moralmente buena. NO es perfecta, dijo “men” y no aclaró, pero es moralmente buena. No hay por qué tirarla a la basura. Y lo mismo con generales confederados que seguramente no lucharon por la esclavitud, sino contra lo que consideraban una indebida intromisión del norte. Pero eso no lo saben las masas ignorantes que saquean y destruyen. Sí lo sabe Joe Biden, sí lo sabe Obama, y por ello, Dios les pedirá más en el inevitable Juicio Final. Yo espero que los perdone, claro. Pero se pegarán un buen susto.
¿Es todo lo mismo? No, claro que no. En Stalin, en Hitler, en Mao, no hay ninguna, sencillamente ninguna, autoridad moral. Por ende si en Alemania no hubo, después del 45, estatuas de Hitler, ok. Pero Jefferson no es lo mismo que Hitler. El que lo diga o es un postmoderno escéptico o un ideólogo fanático. Que no sé si se relacionan.Mientras tanto, sigan, grandes genios del universo. Comiencen por las estatuas de los confederados, borren la serie Friends, borren toda película que no tenga un afro, eliminen la Constitución, la Declaración de Independencia, sigan para atrás, sigan con el Monumento a Napoleón, borren los libros de Historia, que no se hable más de Marco Aurelio o de Alejandro Magno. Borren todo Occidente. Es lo que quieren. Y lo están logrando, bajo la mirada indiferente, abúlica, pero también cínica e indolente, de casi todos.

EDUCADORES: EL ZOOM NO ES EL FUTURO

En este tiempo donde a todos los docentes nos tienen zoom-bando, debería hacerse una aclaración. Desde la década del 60, con los libros premonitorios de Giovanni Gozzer en Italia[1], y los de Luis J. Zanotti en Argentina[2], que se viene hablando de la transformación educativa sobre la base de las nuevas tecnologías de la información.
Desde ese entonces, mucho se ha hecho para la “educación on line”, y con la circunstancia tan peculiar del 2020, algunos piensan que dicha revolución se aceleró, o por fin se ha impuesto, etc. Pero cuidado: los escritos premonitorios de Gozzer y Zanotti NO significaban trasladar el aula tradicional a una sesión de Zoom. Al contrario, implicaban una severa advertencia sobre el aula como está planteada desde la primera etapa de la política educativa, esto es, la escuela redentora del positivismo del s. XIX[3].
Ambos pedagogos tenían en cuenta tres círculos concéntricos pero de radio menor. Lo primero en la educación de un ser humano es la educación informal, lo que Zanotti llamó ciudad educativa, que Ortega había llamado creencias, Gadamer horizonte, Husserl y Schutz, mundo de la vida. Esto es, el ámbito cultural básico que se aprende como la lengua materna.
El segundo ámbito es la “escolaridad” en sí misma, que puede ser muy diversa según las circunstancias históricas. Esto es, un método especial dirigido a un nivel de complejidad que supera lo que la educación informal puede hacer[4]. Esto es, la educación formal. Puede ser la Académica platónica o la Harvard University.
El tercer ámbito es el aula de la educación formal-estatal-positivista concebida a partir del Iluminismo del s. XVIII, la escuela redentora a cuyos límites aludían Gozzer y Zanotti.

Esa aula está basada en un método positivista de información: exposición, copia, repetición y nota: de allí el memorismo típico del sistema y su diseño físico. 
Por supuesto, ello fue sometido a todo tipo de críticas por grandes pedagogos desde la década del 20, más o menos, en adelante, o grandes pensadores como Unamuno[5]. Fue el movimiento de la Escuela Nueva[6].
Pero parte del problema de ese movimiento es que trata de incorporar esenciales reformas al aula concebida según el positivismo, y por ello esas reformas siempre fracasan.
La cuestión es la superación de esa aula y generar nuevas funciones profesionales docentes[7], en ámbitos donde la auto-educación del alumno a través de todas las plataformas actuales de internet sea guiada y consultada por el profesor. O sea, el aula se convierte en el espacio de consulta del profesor -donde se recomienda la presencia física- donde este último puede guiar, re-orientar y aconsejar todo lo que el alumno está incorporando desde internet.
Eso es MUY diferente a transportar al aula tradicional, sencillamente, con todas sus limitaciones y defectos, al zoom. Eso no sólo no es el futuro: es el pasado. Es el aula concebida en el positivismo del s. XIX. Trasladarlo tal cual al zoom implica las mismas o peores dificultades que la clase presencial tradicional.
Es como si quisiéramos andar en carreta por computadora. Un holograma perfecto nos traslada a una carreta holográfica con las mismas funciones y diseño. Muy lindo, pero sigue siendo una carreta tirada por caballos holográficos. Si quiero llegar a Nueva York tengo que subir a un avión. Si quiero llegar a la luna, en un nave espacial. Docentes: ¿dónde están? ¿En qué siglo? ¿Es qué concepción del conocimiento, de la inteligencia y del ser humano viven? ¿A dónde quieren llegar?
Zoom es la carreta holográfica.
Ahora, si el sistema se transforma totalmente, donde el docente es el docente-guía de la auto-educación del alumno, entonces todo sirve. Libro físico, zoom, audio-book, youtube, pizarrón con tiza, lo que quieras.
Mientras el sistema no se transforme, zoom NO es la transformación. Es lo que hay mientras no queda otra. Nada más.


[1] De Gozzer, ver Coloquios con Gozzer, IRICE, 1980; Religione e Rivoluzione In America Latina; Valentino, Milano, 1968; I Cattolici E La Scuola, Vallecchi, Firenze, 1964; Il Capitale Invisibile; Armando, Roma, 1973. [2]www.luiszanotti.com.ar[3]http://www.luiszanotti.com.ar/poled1.htm[4]http://www.luiszanotti.com.ar/misionpeda.htm[5] Unamuno, M de: Amor y pedagogía, Espasa-Calpe, 1946. [6]http://www.luiszanotti.com.ar/poled2.htm[7]http://www.luiszanotti.com.ar/artinvedu1.htm#1

LA IMPORTANCIA FUNDAMENTAL DE LA VALENTÍA Y LUCIDEZ DE TRES CARDENALES

El “Llamamiento para la Iglesia y para el mundo”[1], firmado este 8 de Mayo por los cardenales Gerhard Ludwig Mueller, Joseph Zen Ze-kiun y Janis Pujats, ha sido una de las mejores noticias de estos últimos tiempos tan oscuros. Lo que quiero destacar es la importancia que el documento da a las libertades individuales. Esa confluencia entre el pensamiento católico y el liberalismo clásico constitucional no debe ser pasada por alto. Es uno de los mejores frutos del Magisterio de Pío XII, Juan XXIII y Benedicto XVI. No porque ellos hayan confundido a la Fe con el liberalismo constitucional (como hacen los que confunden la Fe con el socialismo) sino porque han acompañado, sin afirmarlo como dogma, la importancia de las instituciones modernas como medios para la defensa de los derechos personales. Los cardenales firmantes no dicen de modo ambiguo “derechos humanos”, ni “derecho a las vacaciones pagas y etc.”, sino liberales individuales, comenzando por la libertad religiosa: “…Los hechos han demostrado que, bajo el pretexto de la epidemia de Covid-19 se ha llegado en muchos casos a vulnerar derechos inalienables de los ciudadanos, limitándose de forma desproporcionada e injustificada sus libertades fundamentales, entre ellas el ejercicio de las libertades de culto, de expresión y de movimiento”. La misma preocupación que ahora tenemos todos cuantos defendemos el liberalismo clásico contra todo tipo de dictaduras. De igual modo, como si hubieran leído a Feyerabend, afirman: “…La salud pública no debe ni puede convertirse en excusa para conculcar los derechos de millones de personas en todo el mundo”, estableciendo la inmoralidad de la coacción de estos tiempos por un tema de principios, no de utilidad. Pero luego, pasando a esta última, agregan: “…Esto es tanto más cierto cuanto más aumentan las dudas planteadas por muchos en torno a la verdadera capacidad de contagio, peligrosidad y resistencia del virus. Muchas voces autorizadas del mundo de la ciencia y de la medicina confirman que el alarmismo que han manifestado los medios informativos al Covid-19 no parece totalmente justificado”. Algunos están acusando al documento de ser partidario de las teorías conspirativas y que con ello pierde seriedad. La comparación es injusta. Los cardenales firmantes nada tienen que ver con las no muy cuerdas personas que andan diciendo que la llegada a la Luna fue filmada en Hollywood o que quien niegue que la Tierra es plana está pagado por los intereses de los marcianos. No los denigren de ese modo. Los cardenales se permiten dudar, preguntarse lo que nos preguntamos todos: por qué, ante las reiteradas dudas de ya muchos científicos sobre la efectividad de este encierro (inmoral, volvemos a decir, aunque sea efectivo), esas voces son silenciadas, no consideradas, acusadas de negacionismo, como su fueran psicópatas. Las dudas sobre las absolutas esperanzas puestas en una única vacuna, financiada por personas que claramente han manifestado su desprecio hacia todo lo cristiano (y por ende hacia la civilización Occidental) también son legítimas. Las dudas sobre la posible planificaciónque de todo tipo de medidas autoritarias y estatistas TAN convenientes a todo tipo de socialismos es también pertinente. Por eso este párrafo es totalmente pertinente: “…tenemos motivos para creer que hay fuerzas interesadas en generar pánico entre la población con el único fin de imponer de modo permanente formas inaceptables de restricción de las libertades, control de las personas y vigilancia de sus movimientos. Esta forma de imposiciones antidemocráticas preludian de manera inquietante un Gobierno Mundial que escapa a todo control”. Es importante también su clara conciencia de que las reuniones públicas de los fieles no deben ser impedidas por el estado bajo ninguna circunstancia. Muchos creyentes y no creyentes han confundido el tema del contagio con el tema legal y moral.  Todos los ciudadanos tienen pleno derecho a asistir a las iglesias, templos, sinagogas y mezquitas cuando quieran y como quieran. Ese es su derecho. Los riesgos que corren son cosa suya. Por lo demás, la decisión de “dispensar” el precepto dominical, en el Catolicismo, es muy opinable y riesgoso para la Fe. Cualquier fiel está ipso facto perdonado de no haber asistido a Misa si el motivo fue una enfermedad. Si hay dudas, se consulta con el confesor. Así fue siempre y las circunstancias actuales no lo modifican. Si un creyente piensa que no debe ir a misa por temor a contagiarse o contagiar (lo cual ya sucedía ANTES del 2020…) lo corrobora luego con su confesor y punto terminado. Esta dispensa general y la creencia de que la Gracia de Dios puede llegar por internet (1) ha confundido aún más a varias generaciones ya de católicos acostumbrados a que el precepto dominical es una cuestión de gustos o de sentimientos. Por ello “…los Pastores reivindicamos enérgicamente el derecho a decidir de forma autónoma en lo que se refiere a la celebración de la Santa Misa y los Sacramentos, como también exigimos plena autonomía en materias que están dentro de nuestra inmediata competencia y jurisdicción, como por ejemplo las normas litúrgicas y la manera de administrar la Comunión y otros Sacramentos. El Estado no tiene el menor derecho a interferir por motivo alguno en la soberanía de la Iglesia. La colaboración de las Autoridades Eclesiásticas, que jamás ha sido negada, no supone por parte de las civiles prohibiciones ni limitaciones al culto público o el ministerio sacerdotal. Los derechos de Dios y de los fieles son ley suprema de la Iglesia que ésta no quiere ni puede abrogar. Solicitamos que nos sean retiradas las limitaciones a la celebración del culto público”. Admiramos y miramos con esperanza a este documento, que suple lo que un magisterio, que todos extrañamos, debería haber dicho desde el principio. Esperemos que se difunda lo más posible y sea leído por millones de millones. En medio de la oscuridad de este totalitarismo global, es un signo de esperanza y de futuro renacimiento de al menos un sector del planeta donde Catolicismo y liberalismo trabajen juntos por la libertad. Elevo a Dios intensamente la oración de que se cumpla alguna vez la esperanza del gran L. von Mises: “Quizá se halle justificada la esperanza de que el cristianismo y el liberalismo puedan trabajar juntos en la reconstrucción de la obra de la civilización, que sus enemigos comunes han destruido” (Socialismo, 1922). Este documento va evidentemente en esa línea.

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(1) La Gracia de Dios viene por donde quiere. A lo que nos estamos refiriendo es a la real presencia del sacramento ex opere operato. 


[1]https://infovaticana.com/2020/05/07/sarah-y-otros-cardenales-y-obispos-firman-un-importante-documento-sobre-el-coronavirus/?utm_medium=social&utm_source=facebook&utm_campaign=shareweb&utm_content=footer&utm_origin=footer&fbclid=IwAR12LXfJ_kFdsSCVzcv-94hfEFUmULEA_asEbZNr7smDKVT_HS0-LsMoPEI