LOS LIBERALES CLÁSICOS Y EL CORONAVIRUS.

Una nueva grieta ha surgido entre los liberales (clásicos) por este tema, con acusaciones muy fuertes de estupidez y maldad.
Me decidió a escribir esto un video de Juan Ramón Rallo donde aclara que Hayek no se oponía a la acción del estado en caso de las epidemias.
Así es. Por ende, la cuestión está mal planteada. La cuestión no es si el estado debe o no intervenir en estos casos. Ese es un debate entre los liberales clásicos y los anarcocapitalistas. Entre los liberales clásicos, que los estados, preferentemente municipales y excepcionalmente federales, tengan que intervenir cuando hay bienes públicos estatales que no puedan ser en lo inmediato privatizados, es algo en lo que hay bastante consenso.
Yo mismo (1) lo afirmé en 1989, en El humanismo del futuro (que ya quedó en el pasado…):

 “…Todas las reflexiones anteriores nos muestran lo inútil de la falsa dialéctica entre el “estado gendarme” y el “estado subsidiario”. El estado es subsidiario porque su misión específica es por definición, como hemos visto, subsidiaria, y basta la demostración, cada caso, de que tal o cual actividad no está relacionada necesariamente con dicha función específica –custodiar el derecho- para que, en principio, dicha actividad deba estar a cargo de los privados. Por supuesto, esto no excluye una gran zona que podríamos llamar “zona gris” que produce dificultades concretas a la hora de decidir si tal o cual actividad debe estar o no en manos del estado. Por supuesto, esto no implica negar que, como venimos diciendo, todas las actividades culturales –esto es: artísticas, científicas, deportivas, educativas, económicas, etc.- deben estar en principio dentro de la iniciativa privada pues ellas derivan del ejercicio de los derechos personales, y éste es ya un principio que brinda suficiente claridad. Pero hay casos, que analizaremos más adelante, que presentan dificultades: el caso de la subsidiariedad sociológica, ya aludida; los problemas de moral publica, los bienes públicos y las externalidades. Más adelante nos referiremos a esos casos. Por supuesto, son casos posibles de resolver, pero no nos parece sensato negar a priori la dificultad intrínseca que presentan, sea cual fuere la solución posterior que demos a la dificultad50b.”
En el caso de los bienes públicos y externalidades, una vez aclarado que la mayoría de ellas se puede internalizar y que gran parte de los bienes públicos pueden ser privatizados, dije:
“…Desde luego, cabe señalar que, en todos aquellos casos donde debido a las externalidades negativas y/o los bienes de públicos se produzcan problemas que afecten directamente al derecho a la vida y/o propiedad de las personas, y la acción del proceso de mercado no pueda, al menos a corto plazo, solucionar la cuestión, el estado, cumpliendo su misión específica de custodiar los derechos del hombre, debe intervenir. Por supuesto, cuanto más jurídicamente abierto sea el mercado, esos casos serán raros. Además la intervención del estado en esos casos no debe monopolizar el bien en cuestión, como tantas veces se ha señalado”.
Por lo tanto, NO es cuestión de decir que los estados no deben intervenir en una epidemia. El debate se concentra en si las medidas tomadas para ESTA pandemia son las convenientes o podía haber habido otras.
A su vez, es extraño que algunos liberales piensen de otros lo que los estatistas en general piensan de los liberales en muchos sentidos. Habitualmente se nos acusa de malvados porque somos reacios a la intervención del estado en temas de pobreza, medio ambiente, etc., como si fuéramos unos malvados totales indiferentes ante el prójimo, cuando en realidad nos interesa, como a muchos, el bienestar de todos, sólo que recurrimos a otros métodos. Aquí es lo mismo. Si alguien opina que ESTAS medidas no son las adecuadas, NO es porque no le importe el número de muertos, NO es porque tenga desprecio por la vida, sino porque considera que podría haber otros modos de tratar la cuestión.
Hay otros temas, además, que desde el liberalismo clásico se pueden aportar para pensar en esta cuestión.
Uno, el conocimiento disperso. El libre intercambio de puntos de vista favorece un mayor conocimiento, y de igual modo sucede con los bienes y servicios. Por ende, estar abiertos a escuchar los diversos pareceres de los epidemiólogos ayudaría mucho.
Dos, los beneficios del libre mercado para las situaciones de emergencia. En ese caso, medicamentos, servicios médicos, etc., son áreas donde no se debe, más que nunca, eliminar al mercado, sino dejarlo actuar para que se coordinen mejor las necesidades de la demanda frente a esos bienes.

      Tres, los beneficios de una sociedad libre, el libre mercado, la libre educación y la libre medicina para el descubrimiento de nuevas tecnologías. Así como el mercado libre acelera la producción de tecnologías limpias que ayudan al medio ambiente, así también ayuda al descrubrimiento de nuevos medicamentos y nuevas vacunas que además bajarán de precio en la medida que no se intervenga en la coordinación entre oferta y demanda. 
Cuatro, dejar actuar a los servicios privados de salud, con sus propias ofertas y decisiones, va en la misma línea.

     Cinco, los liberales sabemos qué es una corrida bancaria y qué la causa. El sistema bancario colapsa si todos los depositantes exigen sus fondos. La cuestión es por qué se comportan así. De igual modo colapsa cualquier sistema hospitalario, y mucho más si no se deja al mercado reaccionar. La cuestión es: ¿el conocimiento disperso, bajo un sistema abierto y libre de conocimiento, produce que la demanda (subjetiva) de un servicio suba de golpe? ¿Si?
Como ven no me he introducido en la discusión biológico o si la cuarentena es apropiada o no. Sólo quise mitigar los enojos en el debate y tratar -de modo quijotesco como siempre- de frenar la guerra de acusaciones de estupidez y-o maldad entre unos y otros. 
Pero chocaré una vez más contra los molinos de viento.
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(1) Perdón que me cite a mí mismo, es que ya se me ha “acusado” de negar TODA acción del estado, cuando hace 31 años que tengo fijada mi posición al respecto. 


50b Creemos que un análisis moderno del principio de subsidiariedad debería completarse con el tratamiento de las “fallas de la gestión del Estado” desarrollado por la escuela de “Public Choice” liderada por J. Buchanan. Sobre este y otros aportes de Buchanan, véase Romer, T.; “On James Buchanan’s Contributions to Public Economics”, en Journal of Economic Prospectives,Vol. 2, No4, otoño de 1988, pja. 163-179. (*11: A lo largo de estos años nos hemos convencido cada vez más de la importancia de los análisis de J. Buchanan sobre la rent seeking society para la comprensión de la crisis de la democracia constitucional y la relación con los grupos de presión. Lo aclararemos en una próxima nota, por ahora téngase en cuenta que ese mismo tema es importantísimo para el principio de subsidieriedad y el tema de los “privilegios” para tal grupo o sector. Por supuesto, sabemos que habitualmente partidarios del Public Choice y partidarios de la subsidieredad del estado se ignoran, pero si se conocieran es posible que tuvieran choques en algunas de sus premisas antropológicas y éticas últimas. Aunque no sea este el momento de tratarlo, creemos que los análisis específicos de Buchanan sobre la Constitución Federal, la economía y las finanzas son en sí independientes de esa cuestión. Al respecto, ver The Logical Foundations of Constitutional Liberty, vol. I de The Collected Works of James M. Buchanan, Liberty Fund, 1999.

Jorge Bergoglio tiene razón sobre el tema de la deuda

Jorge Bergoglio tiene razón. La deuda externa pública es un endeudamiento perverso. Los gobernantes gastan más de lo que pueden, luego toman deuda externa ante el FMI y el Banco Mundial, cuatro u ocho años más tarde se van, y el costo de la deuda queda para generaciones posteriores. Además, los fondos de esos préstamos son recibidos para pagar deuda, para financiar gasto público, y así sucesivamente, hasta entrar en crisis que tienen como principales víctimas a los más pobres. 

Ya en 1949, Ludwig von Mises denunció al FMI como un mecanismo perverso. Solo facilita la expansión monetaria y una visión constructivista de la economía para dirigirla e intervenirla siguiendo el cuerpo de ideas keynesianas. La deuda pública solo genera más inflación, más impuestos y más gasto. 

Es inmoral que esa deuda pública sea pagada por ciudadanos que no la pactaron. Debe ser pagada por los funcionarios gubernamentales que la realizaron. Si son insolventes, deben enfrentar las consecuencias civiles y penales correspondientes, desde el presidente hasta aquellos funcionarios de los ministerios de economía y bancos centrales que hayan participado en las negociaciones pertinentes

Jorge Bergoglio tiene razón: el FMI y la deuda internacional son un error en sí mismos, porque no se pueden utilizar «bien» y terminan generando resultados negativos no buscados. 

Ahora bien, ¿por qué decimos «Jorge Bergolio»? Desde Pío IX en adelante, se viene cumpliendo la predicción de Lord Acton y de Dollinger en relación con el tema de la infalibilidad pontificia y el uso del poder. Desde entonces, los pontífices se refieren a muchos temas temporales, lo cual, dado quien habla, afecta de algún modo la autonomía de los laicos para expresarse libremente sobre los mismos temas. En este sentido, hemos escrito al respecto, los artículos La devaluación del magisterio pontificio y La temporalización de la Fe. Entendemos que es conveniente que seamos los laicos quienes nos manifestemos con especial dedicación sobre todos estos temas opinables, para evitar el peso de la investidura papal al respecto. En ningún momento las Sagradas Escrituras, la Tradición y el Magisterio permiten desprender una consecuencia única y universal en un tema como la deuda externa, un tema singular, prudencial, técnico y concreto, que no debiera ser objeto de declaraciones cuasi dogmáticas de los pontífices por tratarse de un tema temporal totalmente opinable. En el siglo XX, uno de los pocos, poquísimos, que tuvo conciencia de esto fue San José María Escrivá de Balaguer. 

Nos parece importante señalar que, aunque estamos de acuerdo con la opinión emitida por Bergoglio con relación a ciertos temas planteados en su discurso, a la hora de leer este tipo de discursos, conviene recordar que Bergoglio no habla con autoridad magisterial, aunque toda palabra pronunciada por todo Santo Padre será siempre objeto de nuestra atenta y filial escucha. Por ser temas propios de la autonomía de los laicos, ello implica una legítima opinabilidad, que cada uno podrá ejercer a la hora de reflexionar sobre los temas planteados.

Esta nota fue publicada originalmente en el Instituto Acton, 6 de febrero de 2020.

ARGENTINA, INVADIDA POR CUBA. ESTA VEZ LO LOGRARÁN

Los argentinos piensan que ellos están más allá de todo. Que hagan lo que hagan, van a seguir encontrando cositas en el almacén de la esquina, que van a ir a la cancha los Domingos, que van a hacer un asadito con los amigos, que van a pasear por Corrientes a la noche, etc., etc., pase lo que pase, caiga quien caiga y suba quien suba. Son como el conductor que siempre, siempre, va a 180 por la ruta. Siempre estuvo “a punto  de” pero piensa: a mí no me va a pasar.
Montoneros y ERP fueron un proyecto de disolución nacional para que Cuba tomara el control. Casi lo logran, y no sin el apoyo popular que le permite a su brazo político, el Frejuli, ganar las elecciones en 1973. La famosa “La Cámpora” viene de allí.
Por poco no lo lograron, pero hoy son los jóvenes idealistas, y con todos sus asesinatos a cuesta anda sueltos con la frente alta. Son los buenos de la peli de la historia oficial. Es mucho.
En 1991 cae el Muro, y todos nos ilusionamos con que ellos también. Qué tontos que fuimos. Se re-organizan totalmente en el foro de San Pablo y el matrimonio Kirchner fue su firme ejecutor, pero muchos lo niegan y lo siguen negando. Vamos a 190. No va a pasar nada, Gabriel, no seas pesimista. Prendemos la radio y ponemos el aire acondicionado.
Cuba ya invadió Venezuela, pero el supuesto moderado dice que es un país democrático. Cuba tiene a su vez la protección de Rusia y China. China tiene una base en la Argentina. Pero no es nada, Gabriel, ves visionesy apoyás a Macri.
Milagrosamente el kirchnerismo perdió las elecciones en el 2015. Pero dos milagros ya es mucho, y Macri hizo todo para que volvieran. Inútil es tratar de explicar a todo el mundo que el tema no es Macri sino la República y la Constitución. Inútil. Vamos a 195. El auto anda bárbaro.
Alberto Fernández es el fin. Detrás de él están Cristina Kirchner, Máximo Kirchner, Hebe de Bonafini, D´Elía, Grabois, Zafarroni, Zannini, etc. En Cuba ya están preparando la fiesta, y la abogada exitosa está en este momento haciendo la torta. Pero no, todo bien, el auto no va a chocar, no va a volcar, todo bien, Alberto maneja. Evidentemente el peronismo siempre tuvo un gran conductor.
Cómo quisiera, dentro de algunos años, decir cuán equivocado estaba. Rezo por ello intensamente.
Pero, mientras tanto, no me consuela el último modelo. Mi cinturón de seguridad es magnífico, el asiento, muy cómodo, hay música, aire y cristales polarizados. Todo es magnífico. Cabeceo. Me duermo. 
Y no me despierto nunca más.

REFLEXIONES SOBRE EL FAMOSO MURO DE TRUMP

La situación de Trump y su famoso muro ha llegado a un punto límite que da lugar a reflexiones relevantes para el liberalismo clásico.
Consideremos primero la historia del problema. Para la tradición liberal clásica, especialmente el EEUU originario como el liberalismo clásico de Mises, los muros eran inexitentes o explícitamente rechazados. El derecho a la emigración siempre fue obvio, y el derecho a la inmigración estaba implíticamete admitido por las circunstancias históricias. EEUU fue precisamente un lugar único en la historia conformado esenciamente por inmigrantes. Dejemos de lado en esta entrada qué hubiera pasado si se hubieran encontrado con un muro levantado por los indígenas del lugar; por ahora destaquemos que ese grupo de inmigrantes fue en primer lugar los que traían consigo la tradición del common law británico tratando de huir de los problemas religiosos de la misma Inglaterra y sobre todo de Europa Continental. Pero conformadas ya las 13 colonias como una nación independiente de Jorge III, EEUU se llenó naturalmente de más protestantes, de católicos, judíos, agnósticos, y si contamos por regiones, de italianos, irlandeses, alemanes, polacos, y en menor medida chinos e hispanos. Todos ellos no necesitaban hacer un master para entender el pacto político originario de los EEUU. Todos ellos sólo pretendían trabajar y comerciar en paz, y vivir sus respectivas creencias religiosas sin ser molestados y sin molestar a nadie. Y punto. No esperaban nada del estado. Dependían de ellos y ya era demasiado que un shefiff, “la ley” lograra defenderlos de asesinos y ladrones, porque, por lo demás, estaban acostumbrados a defenderse solos. De allí la Segunda Enmienda. Por lo demás, los puertos y caminos ya eran en gran parte bienes públicos en los EEUU, y si bien entonces los votantes podrían haber plenteado el problema de quién entraba a lo que ellos pagaban, a nadie se le ocurrió el “issue”. En parte por lo que el Public Choice llama ignorancia racional, pero en parte también porque todos vivían la circunstancia cultural y política anteriormenente referida.
Ante esas circunstancias, el problema de la inmigración no existía. 
Pero pasaron las décadas, cambiaron las ideologías y la geo-política mundial, y entonces el problema comienza a aparecer, cada vez en mayor grado. Primero porque surge el New Deal, la provisión federal de seguridad social, y por ende los incentivos cambian. Ahora muchos saben que pueden llegar a vivir sin trabajar, cosa insólita tanto en San Pablo como en los EEUU originarios. Entonces sí, uno más es un gasto más del Estado Federal, mientras antes, el pérfido libre mercado y el estado limitado implicaban que uno más era uno más trabajando y produciendo. Cosa que comienza a dejar de ser así, también, con salarios mínimos y con sindicatos y regulaciones que producen desocupación.
Segundo porque ya no es tan obvio que todos van a trabajar en paz y a practicar libremente su Fe. No es así con los narcotraficantes, claro, aunque si no se persiguiera al comercio de drogas, sería una industria más, aunque no santa, como la de los cigarrillos y el alcohol. No es así con los traficantes de personas, pero eso es así, claro, porque ya existen los controles fronterizos y las visas. Y menos aún es así con los terroristas, para cuyos países las visas están obviamente jutificadas, situación impensable entre los siglos XVI al XIX.
Por lo tanto, EEUU se cierra relativamente: hay inmigración, pero legal: hay visas, controles, pasaportes, regulación. Y, para colmo, toda América Latina, desde México para abajo, es una miseria total de instituciones e inversiones. Aunque los latinoamericanos no entiendan nada de la historia de EEUU, siempre lo vieron como un lugar donde el que trabaja sale adelante y no expropiado, expoliado y encarcelado. EEUU sigue siendo la meca de todos, incluso la de los hipócritas que no paran de demonizarlo pero viven allí ganando sus buenos millones de dólares.
Lo tragicómico es que todos coinciden en que tiene que haber diferencia entre la inmigración legal e ilegal. En todo el mundo, claro, pero sobre todo en EEUU, donde los demócratas han apoyado siempre la inmigración legal y por ende, han estado en contra de la ilegal. Tal vez, antes de Trump, la diferencia entre demócratas y republicanos, al respecto, era la que había entre el diretor del aeropuerto de New York y su supervisor en la película La Terminal . El director era coherente y se tomaba su trabajo, legal, hasta sus últimas consecuencias. El supervisor era el incoherente compasivo que le decía que las normas tienen que existir “pero no tanto”. 
Trump y sus partidarios son como el director del aeropuerto. Se toman en serio las leyes que demócratas y conservadores apoyan. Los controles fronterizos existen especialmente desde fines de la segunda guerra en adelante, y ningun gobierno demóctata estuvo en contra. Obama siempre los defendió y la ley que establece separar a los menores de los padres que cruzan ilegalmente la frontera fue muy bien aplicada durante el gobierno de Obana pero, claro, con la CNN y el Partido Demócrata ambos muy calladitos, por supuesto.
Trump y sus partidarios, en cambio, se toman en serio la ley –cosa insólita para muchos-. Y además reconocen con franqueza la crisis de hace décadas en la frontera con México, crisis que ahora los demócratas llaman, todos como un coro, “manufacturada” por Trump. Hace décadas que los inmigrantes latinoamericanos, especialmente de centro-américa para arriba, mueren literalmente intentando llegar al maléfico EEUU (¡pero qué tonta que es la gente, no!?) y son esclavizados por los tratantes de personas pero no, eso no es una crisis. Es fruto de la mente enloquecida de Trump…
Pero que Trump se tome en serio la ley y vea realmente el problema no quiere decir que su diagnóstico y su solución sean los adecuados. Cabría preguntarse, por qué no, qué pasaría si no hubiera Welfare State. Qué sucedería si, de vuelta, todo el que camina un metro ya adentro de los EEUU sabe que va a tener que trabajar y punto terminado. Qué sucedería si no hubiera salarios mínimos y sindicatos con poder de coacción para impedir el ingreso de extranjeros a los puestos que ellos dejan con sus huelgas. ¿Qué sucedería? Que la inmigración sería una solución, no un problema. Y si abandonaran la inútil guerra contra las drogas, el narcotráfico se acabaría ipso facto. Simplemente habría que ver qué hacer con los que viene de regiones donde pulula el terrorismo: se les pide un visado. Más no se puede. Ser ciudadana norteamericana, hija de inmigrantes palestinos legales, no garantiza que no haya una bomba de tiempo que sea ya diputada demócrata, en el centro mismo de las instituciones legislativas norteamericanas. 

Trump no puede ver nada de esto –Ron Paul sí- y como es un tipo sin vueltas ha cerrado el gobierno. Y los demócratas no le van a dar el dinero para su famoso muro. Ceder, para cualquiera de los dos bandos, es una derrota política crucial. Puede ser que Trump abra el gobierno federal, pero el problema va a seguir. Puede ser que los demócratas cedan y le den los fondos para el bendito muro, pero las gentes seguirán muriendo para cruzarlo. Puede ser que Trump intente una executive order con apoyo de la corte para construirlo, pero el problema va a seguir igual.  El problema es el Welfare State, el acabamiento del pacto político originario y la falta de liderazgo para revivirlo, lo cual es una mayor responsabilidad del partido Republicano, más nacionalista que classcial liberal. O sea que el problema no tiene mucha solución por ahora, como el mundo entero, en última instancia, tampoco la tiene. Pero no porque sea posible un paraiso, sino porque un mundo de personas trabajando en paz y libremente ha sido ya elminado por todos los soviets mayores o menores que habitan nuestras mentes y, por ende, este por ahora solitario planeta.

DE VUELTA LOS LIBERALES O LO QUE FUERE EXCOMULGÁNDOSE ENTRE ELLOS

Nunca me voy a olvidar del Partido Liberal Republicano que se intentó formar allá por 1984/85 como opción ante la “intervencionista” UCEDE. Eran no más de 10 que se reunían en la inolvidable escuelita de Sánchez Sañudo. Se terminaron disolviendo porque se pelearon por el Patrón Oro. 
Las circunstancias mundiales, ahora, han cambiado, y han surgido temas y problemas que multiplican las divisiones.
Ya hablé varias veces de esto; en una de esas oportunidades distinguí entre tres grandes corrientes: la neo-kantiana (Mises, Hayek, Popper), la neo-aristotélica (Rothbard, Ayn Rand) la iusnaturalista clásica (escolásticos, liberales católicos del s. XIX, Novak, Sirico, Liggio, Chafuén, etc.), y en general la gente del Acton Institute
Las tres tienen diferencias filosóficas importantes y es utópico pensar que las van a superar, aunque obviamente durante mucho tiempo pudimos trabajar juntos en muchas cosas.
Ahora hay dos circunstancias que han cambiado esa paz transitoria. 
Primero el tema del lobby LGBT. Los más iusnaturalistas (y NO me refiero ahora al Acton Institute) insisten en el error conceptual de la ideología del género, que va contra la ley natural, etc., y se enfrentan por ende con el escepticismo de los neokantianos y los neoaristotélicos en esos ámbitos, que defienden a la homosexualidad, al transexualismo y etc. como opciones morales legítimas en tanto, por supuesto, no atenten contra derechos de terceros. Y se matan por eso.
Los dos grupos no se dan cuenta de la importancia de su coincidencia en “en tanto no atenten contra derechos de terceros”. Porque ninguno de ellos afirma que el estado deba imponer leyes que coactivamente obliguen a hablar de un modo determinado, a contratar de un modo determinado, a enseñar de un modo determinado. ESA coincidencia en la libertad individual es la clave en estos momentos. La defensa de las libertades de expresión, religiosa, de propiedad, de asociación. Suponer que nos vamos a poner de acuerdo en el tema de la ley natural es vano. Y por ende podemos trabajar juntos, porque el lobby LGBT se llama lobby precisamente porque sus pretensiones son totalitarias: que todos hablamos con lenguaje neutro so pena de ir presos, que nadie pueda hablar libremente de sus convicciones en materia sexual sin ir preso, que nadie dentro de su institución pueda hacer o decir cosas que NO coincidan con la ideología del género sin ir preso, etc. Y con ESE totalitarismo, ¿hay algún liberal clásico o libertario que coincida? Me resultaría extraño, por más que sus fuentes sean Santo Tomás, Kant, Ayn Rand o el Sr. Spock. 
Otro tema sobre el cual nos hemos peleado mucho últimamente, sobre todo en Argentina, es el aborto. Pero que casi ningún liberal clásico era abiertamente anti-abortista ya lo sabíamos hace milenios y no había problema. Todos los rothbards-boys estaban a favor y los Mises y Hayek-boys dudaban. Y la despenalización ya regía en Argentina, en dos casos, hace décadas. Y que de hecho ninguna mujer iba presa por abortar ya lo sabíamos todos hace mucho y nadie se peleaba. El problema fue que la ley presentada fue una ley que obligaba a todos los institutos estatales y privados a realizar el aborto, y sin ningún tipo de objeción de conciencia institucional. Muchos liberales argentinos miraron para otro lado, y fue allí cuando yo mismo les advertí: cuidado, eso sí que no es liberal, no tenés que ser un Juan Pablo II fan para estar en contra de elloEse es el problema y allí sí, de hecho, los liberales deberíamos haber presentado un frente claramente unido y no fue así. Fue preocupante. Otro tema es el ascenso al poder de líderes “de derecha” que obviamente no son liberales pero que ponen un freno evidente al socialismo del s. XXI, al totalitarismo del lobby LGBT y a algunas otras cosas bonitas. Allí de vuelta nos estamos peleando todos porque no sabemos mucho de la realpolitik o del mal menor. Ningún liberal que yo sepa defiende a XX en tanto XXsino porque es una opción mejor ante los Clinton, los Obama, los Lula, los Kirchner, etc. O sea, en los duros momentos de las difíciles opciones en el mundo real, nadie “apoya” al mal menor en cuanto mal, sino como estrategia para que el mal mayor no avance, y además es importante denunciar siempre los dobles estándares hipócritas de la izquierda. Ello debe hacer con prudencia, obviamente. Si se hace acaloradamente y descalificando al otro o excomulgando a alguien porque piense que en cuanto mal menor Trump es mejor que Hilary, entonces estamos en problemas. 
Ciertos principios son también importantes. Violaciones del Estado de Derecho, de libertades individuales, incluso cierto lenguaje agresivo e insultante, no debemos admitirlas ni siquiera al mal menor o al bien menorCuidado porque entonces es verdad que un fascista es un liberal asustado. Incluso en esos momentos nos debemos perdonar los sustos, pero el miedo no convierte en justo lo que es radicalmente injusto.

Finalmente, se extraña en todos nosotros, últimamente, cierta delicadeza en las formas, el apreciarnos como somos, el perdonarnos, el aceptar nuestras falencias, y se extraña una buena formación filosófica, hermenéutica y epistemológica, que bajaría los decibeles de muchas discusiones. Debates tales como si fulano no es un “verdadero” liberal porque es un free banking, o que tal interpretación de Mises es la “verdadera” y el que no se da cuenta es un imbécil, y así ad infinitum, lo que revela es que nuestra calidad intelectual y moral ha caído. Son como los debates cuasi-religosos de los grupos que surgen a partir de un “fundador”: cuál es el verdadero pensamiento del fundador, quiénes son los verdaderos intérpretes del fundador, cuáles son los textos canónicos del fundador, etc. Son debates que no existirían con un mínimo training en historia de la filosofía, epistemología y hermenéutica. Cuidado, gente, los liberales no podemos salir al ruedo de la batalla de estos días por haber leído un librito y por fanatizarnos, como si no hubiéramos salido de los 15 años. Un poco más de estudio, un poco más de bondad, tolerancia y perdón, un poco menos de neurosis obsesivas y pensamiento monotemático, un poco menos de sentirse pontífices máximos y excomulgantes, son todas cosas necesarias para los nuevos liderazgos que necesitamos. No son cosas que se aprenden en un curso. Son fruto de una terapia, por un lado, y de una conversión del corazón, por el otro.

PHILOSOPHY & METHODOLOGY OF ECONOMICS eJOURNAL – Vol. 9, No. 23: Apr 6, 2018

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PHILOSOPHY & METHODOLOGY OF ECONOMICS eJOURNAL
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“Das Milton Friedman Problem?: A Reassessment of Friedman’s Contributions to Economic Methodology” Free Download
GMU Working Paper in Economics No. 18-08

PETER J. BOETTKE, George Mason University – Department of Economics
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ROSOLINO CANDELA, Brown University
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In terms of economic methodology, Friedman’s most well-known contribution is his 1953 essay, “The Methodology of Positive Economics.” This important contribution has overshadowed his earlier contribution to economic methodology, entitled “Lerner on the Economics of Control” (1947). Whereas Friedman (1953) argued that economic theory can be built upon unrealistic assumptions, ironically, what has been almost forgotten is that Friedman (1947) attacked the theory of market socialism precisely for its unrealistic assumptions. This irony presents an interesting puzzle, which we adjudicate in this essay. We argue that in each case, Friedman was making an immanent critique of his intellectual opponents that was rhetorically consistent, yet methodologically inconsistent. This methodological inconsistency is irreconcilable, since Friedman (1953) contradicts the analysis of Friedman (1947).

“Social Network Analysis: A Complementary Method of Discovery for the History of Economics” Free Download
Forthcoming, A Contemporary Historiography of Economics, E. Roy Weintraub and Till Düppe (eds.), Routledge.

FRANÇOIS CLAVEAU, Independent
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CATHERINE SOPHIA HERFELD, University of Zurich
Email: c.herfeld@gmx.de

In this chapter, we discuss social network analysis as a method for the history of economics. We argue that social network analysis is not primarily a method of data representation but foremost a method of discovery and confirmation. It is as such a promising method that should be added to the toolbox of the historian of economics. We furthermore argue that, to be meaningfully applied in history, social network analysis must be complemented with historical knowledge gained by other means and often by more traditional, mostly qualitative, methods. It should therefore be viewed as a method that complements rather than replaces more established approaches in the history of economics.

“The Impact that Ramsey’s Overlooking of Keynes’s Non Additive, Interval Valued Probability Approach in His Reviews of the a Treatise on Probability Has Had on Philosophers and Economists” Free Download

MICHAEL EMMETT BRADY, California State University, Dominguez Hills
Email: mandmbrady@juno.com

Ramsey’s failure to grasp the interval valued and non additive nature of Keynesian probability assessments in the A Treatise on Probability has led to the misbelief that Keynes’s approach was an ordinal one. While Keynes’s approach easily handles ordinal probability, the theory of the Treatise on Probability that of “Approximation”, which is interval valued probability.

Ramsey’s reviews, however, have been accepted at face value by philosophically interested readers, who fail to grasp that Ramsey has no idea about the fundamental non additive, sub additive, nature of Keynes’s interval valued probability approach. This leads to some very strange assessments of Keynes’s A Treatise on Probability by philosophers who are reading that book.

“Contemporary Elements of Business Philosophy and Knowledge from an Ignatian Perspective”

MICHAEL FASCIA, University of Oxford, Campion Hall
Email: michael.fascia@campion.ox.ac.uk

From a retail environment, we reflect on the unity of knowledge as valuable in a business context, and from an Ignatian perspective, consider a reflexion of knowledge transfer practitioners to elementary cognition. We deliberate why, despite decades of analytical scrutiny, agreement around the transfer of knowledge into a value item within a business milieu, remains troublesome and problematic. We ask if perspectives derived from an Ignatian domain can allow for alternative elements of analysis and reasoning, becoming more complementary within a business environment. Utilising a mixed method approach incorporating (n=6) participants, the study considered responses overarched by Ignatian rules of sentiment as an interpretive lens (n=18), and utilised a hermeneutic of discernment as a frame of reference. Drawn from a POPC frame of reference, Ignatian annotations (n=20) allow a linear dependence of correlation coefficients to support a correlation matrix. Although not strictly a research method, correlation analysis in this instance permits antipodal interpretation of content between the rules supporting spiritual exercises, and decisions taken by employees and managers. Thus, enabling the study to identify latent causality patterns within organisational decision-making processes.

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Professor of Philosophy, University of British Columbia (UBC) – Department of Philosophy

ARIS SPANOS
Professor of Economics, Virginia Polytechnic Institute & State University – Department of Economics

ROBERT SUGDEN
Professor of Economics, University of East Anglia – School of Economics

JACK J. VROMEN
Professor of Philosophy, Erasmus University Rotterdam (EUR), Faculty of Philosophy, Erasmus Institute for Philosophy and Economics (EIPE)

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SOBRE EL ABORTO

Por Gabriel Zanotti de su libro, “El Humanismo del futuro”, 1989

Con el término aborto nos estamos refiriendo, en este contexto, a la expulsión voluntaria de un feto no maduro. Ello es distinto, pues, de la expulsión involuntaria de un feto no maduro (esto es, antes del séptimo mes completo) y de la expulsión provocada, con fines médicos, de un feto ya maduro, lo cual es aceleración del parto.

Nuestra tesis es: el aborto, en el sentido referido, es un asesinato, dado que el ser humano es tal desde el primer momento de la concepción. Por ello este delito cae totalmente dentro de aquello que la ley humana debe prohibir, dado que es una grave violación del derecho a la vida.
Como puede observarse, la clave de la demostración de que el aborto es un asesinato consiste en la demostración de la siguiente premisa: el ser humano es tal desde el primer momento de la concepción”.

Para ello utilizaremos dos vías. La primera será científica-positiva, utilizando los actuales conocimientos biológicos.

En primer lugar, la teoría genética actual nos dice que en el huevo fertilizado o cigota se encuentra un código genético, que permite diferenciar a un individuo de otro. Ese código está presente desde el momento de fusión entre las informaciones genéticas del óvulo y el espermatozoide. Luego, desde el primer momento de la unión entre las gametas reproductoras está presente un individuo específicamente distinto se otro individuo. Consecuencia adicional de esto es que no hay posibilidad de confusión biológica entre el cuerpo del nuevo ser y el cuerpo de la madre que lo está gestando, cuyo código genético es otro. No puede decirse pues que el huevo fecundado es “parte del cuerpo de la madre” o expresiones por el estilo. También se infiere de lo anterior que el individuo es genéticamente el mismo desde su primer instante de vida hasta su muerte. Las diferencias son pues las de diversas etapas de desarrollo de los caracteres contenidos en su genotipo.

En segundo lugar, si se intentara rebatir lo anterior diciendo que, en el caso de un tumor, la carga y estructura cromosómica es distinta, lo cual sería un caso similar al crecimiento de un embrión, ello es falso porque en el caso de un tumor canceroso se trata de una división celular desordenada a partir de una o varias células diploides (esto es, con el total de cromosomas de la especie), mientras que en el caso del embrión se trata de una división celular ordenada fruto de la unión de dos células haploides (esto es, que contienen la mitad de cromosomas de la especie). Esto constituye una esencial diferencia.

Para estar en presencia de esta individualidad genética no es necesario, pues, que el embrión sea “viable”, o que se instale en el útero materno, etc. Dichas cuestiones son accidentales a la individualidad genética del huevo fecundado.

Ahora bien, la epistemología contemporánea, sobre todo a través de Popper y Lakatos, ha establecido muy claramente que, en las ciencias positivas, la certeza total es imposible y lo máximo que podemos alcanzar es conjeturas corroboradas hasta el momento, o, en lenguaje lakatosiano, podemos tener núcleos centrales de un programa de investigación progresivo; hasta ahora, el programa de investigación de la genética actual es progresivo[1]. Esto implica que estamos diciendo todo esto según el estado actual de la ciencia, por eso debemos ir hacia nuestra segunda vía, menos sometida a la contingencia de las ciencias positivas, que es la vía filosófica*38.
Filosóficamente, debemos distinguir entre una sustancia individual y las potencialidades propias que emergen de esa sustancia[2]. Por ejemplo, un niño de dos meses tiene la potencia de caminar, aunque todavía no la ha desarrollado. Actualizará su potencia al respecto cuando camine. De este modo, conocemos la esencia de una sustancia a través del despliegue y actualización de sus potencialidades específicas. Así, distinguimos a una persona humana de lo no humano por sus capacidades típicamente espirituales, como el amar y el conocer, de donde surgen facultades como el habla, el aprendizaje, etc. Vimos esto ya en nuestro capítulo uno. Lo que ahora queremos destacar es que dichas potencialidades son propias del ser humano, pero no son “el “ser humano, sino que el ser humano es la sustancia individual de donde emergen dichas potencialidades. Todos saben que el recién nacido es un ser humano aunque todavía no sea capaz de demostrar el teorema de Pitágoras. Esto es: el ser humano es tal aunque sus potencialidades propias todavía no hayan comenzado a desplegarse y actualizarse de manera visible. Por lo tanto, las diversas fases del desarrollo de una persona son fases que se encuentran a nivel accidental, pero no afectan la esencia de la persona que se está desarrollando. Esto es precisamente lo que fundamenta todo nuestro respeto a la dignidad de la persona y la igualdad esencial de los hombres, que debe ser respetada ante la ley, más allá de sus diferencias accidentales. La persona es esencialmente persona, siempre, en todas las fases de su desarrollo. Luego su derecho a la vida, que surge de su misma condición de persona, no es afectado por las diversas fases del desarrollo de la persona. Luego, no podemos decir que no es una persona aquello que se está desarrollando para actuar como tal. Luego, el embrión humano es una persona aunque todavía no actúe visiblemente como tal (y decimos “visiblemente” atentos a todas las posibles manifestaciones de psiquismo intrauterino). Si no fuera una persona, no podría, en el futuro, desarrollarse como tal. Si algo se desarrolla como mosquito, es porque es un mosquito, dado que todo se desarrolla y se despliega según lo que es. Nada se desarrolla a partir de la nada, sino a partir de una realidad ya especificada. Confundir a la esencia del ser humano con la manifestación visible de sus potencialidades propias es un grave error; ello justificaría decir que no es una persona quien ha sufrido una lesión irreparable de su lóbulo frontal. Luego, el embrión humano es persona, desde el primer instante de su crecimiento y desarrollo, esto es, desde el primer instante de la concepción. Que se encuentre dentro de otro cuerpo o que su tamaño sea ínfimo, son todas cuestiones accidentales que no afectan a su esencia como persona, que debe ser, consiguientemente, respetada desde ese primer momento.

Por lo tanto, dado que nada justifica quitar directamente la vida a una persona inocente, su derecho a la vida es inviolable, desde el primer momento de su concepción. El fin no justifica los medios (esto es: ninguna conducta contradictoria con el fin último de la vida humana se justifica porque sea idónea para llegar a otro fin) y, por ende, aunque el fin sea bueno, ese medio (la eliminación directa de la vida de una persona inocente) jamás está justificado.

Alguien puede decir: ¿qué ocurre si el problema no es que se afirme que el embrión no es un ser humano, sino que se duda sobre su real naturaleza? Pues en ese caso, tampoco está justificado quitar la vida del embrión, pues, desde el punto de vista ético, la duda sobre si algo es o no una persona lo único que justifica, precisamente, es abstenerse de hacer algo que pueda perjudicar al “posible” ser humano. Si alguien está cazando y duda sobre si lo que se mueve es un animal o un hombre, debe abstenerse de disparar, obviamente. Luego, lo único que coherentemente justificaría la eliminación directa del embrión es la certeza total de que no es una persona, la cual es una premisa absolutamente falsa, por los motivos vistos.

A partir de aquí, podemos fundamentar nuestra negativa respecto a algunos casos que se presentan habitualmente como intentos de justificación del asesinato del embrión humano, esto es, el ser humano en los primeros meses de su vida, o en sus primeros segundos.

a) Violación. Se dice que la mujer que fue violada tiene “derecho” a abortar. El fin es salvaguardar su honor y/o no tener un hijo que ella no deseaba. Pero, dado que el fin no justifica los medios, no puede violarse el derecho a la vida del nuevo ser, dado que su derecho a la vida emerge de su misma condición de persona y es, por ende, totalmente independiente del modo o las circunstancias en las que fue realizada su concepción. Luego, la violación no justifica el aborto. Algunos dicen que, en ese caso, la mujer podría pedir la transferencia de su patria potestad, una vez nacido el niño. No negamos esa posibilidad; tampoco la afirmamos rotundamente. Dejemos abierta esa cuestión.
b) Malformación comprobada. Tampoco hay justificación es este caso. Qué persona vive o muere, según sus mayores o menores defectos, no corresponde al ser humano decidirlo. Es gravísimo tratar de tomar el lugar de Dios. Quienes admiten este caso deberían admitir que es lícito quitar la vida a un niño deforme ya nacido, y en ambos casos estaríamos en presencia de un asesinato. El derecho a la vida de una persona no está en relación a sus defectos físicos o mentales, por más graves que estos sean. Por más que el fin sea evitar el dolor y el sufrimiento, el quitar la vida no constituye un medio lícito para ello, por los motivos expuestos. ¿Cuántas veces, por otra parte, el motivo es justamente una falta de amor, que, de tenerlo, nos haría ver la posibilidad de cuidar a alguien defectuoso como una oportunidad de despliegue del amor más profundo, que no pide, sino que da?[3].
c) Situación desastrosa de la familia o de los padres. Nuevamente el mismo tipo de argumentación: el derecho a la vida de la persona no está en relación a la situación económica en la que nace. De lo contrario sería lícito de cualquiera de los hijos con ese pretexto; es más, si el asunto es la situación económica, habría que asesinar al mayor, que es el que consume más. Huelga todo comentario.
d) Abortos ilegales. Dice este argumento –uno de los más usados- que hay que legalizar los abortos para que éstos se realicen en buenos institutos, con buenos profesionales y en correctas condiciones de higiene, para evitar el peligro que corren las madres en otros casos. Muy encomiable la preocupación por la madre, en este caso, pero eso, nuevamente, no justifica el medio, dar impunidad al asesinato de un inocente. Con el mismo criterio deberían legalizarse los robos a los bancos para que éstos no pusieran en peligro la vida de los asaltantes o de los clientes. Recúrrase al medio que se desee para evitar la dramática situación producida por personas que además de eliminar una vida ponen en peligro otra y arruinan su salud; recúrrase al medio que se quiera para la protección de las menores que son engañadas, dañadas o explotadas por inescrupulosos delincuentes, pero jamás se dé libre curso al asesinato de la persona por nacer como solución a esa situación. Ese medio, precisamente, es totalmente injustificado.
e) Peligro para la vida de la madre. Este caso es ya muy infrecuente, dadas las nuevas técnicas médicas. La cesárea, la sinfisiotomía, etc., han eliminado dramáticas instancias de antaño en el momento del parto. Por otra parte, después del 7mo. Mes completo puede recurrir a la aceleración del parto si hay peligro para la vida de la madre y hay además actualmente posibilidad de reimplantar al embrión en el útero en el caso de embarazo ectópico. Pero, debemos aclarar, si el caso se presentara, no es un medio lícito, para salvar una vida, eliminar directamente otra. En ese caso, además, el no eliminar la vida de la persona por nacer no es “causar” la muerte de la otra. Si X amenaza a Z diciéndole que mate a Y o, de lo contrario, X matara a Y2, entonces, si Z no mata a Y –como corresponde- entonces Z no es “causante” de la muerte de Y2, sino el causante de la muerte de Y2 es Z, en ese caso, “permite”, “tolera”, esto es “no impide” (porque no puede impedir) que X sea causa de ese asesinato. Luego queda demostrado que el no matar a la persona por nacer, en esos casos, no es “causa” de la muerte de otra persona. Por otra parte, no puede decirse que, en esos casos, la persona no nacida actúa como “injusto agresor” frente al cual habría derecho a la defensa legítima. ¿Cómo el embrión o el feto pueden ser “culpables” de algo? No pueden por ende, ser acusados de “injusta agresión”. Son absolutamente inocentes. Es más: la persona por nacer es la persona más inocente e indefensa que hay.

Volvemos a reiterar, sin embargo, que estos son actualmente muy raros.

Los casos analizados reafirman nuestra tesis: el aborto es un asesinato. No puede hablarse, por ende, de “derecho al aborto”. Eso es una absoluta contradicción en términos. No hay derecho a hacer algo que va en contra de un derecho humano fundamental. Tampoco puede encuadrarse dentro del “derecho de la madre a disponer de su propio cuerpo”. Puede la madre tener el derecho a la ausencia de coacción sobre la disposición de su cuerpo, pero no sobre el cuerpo de otra persona. Tampoco puede encuadrarse el aborto dentro de “acciones privadas” que no perjudican a terceros. Pues el aborto elimina la vida de una persona humana; luego, está a años luz de una acción privada; al contrario, entra dentro de uno de los más típicos delitos contra terceros: el asesinato….

[1] Véase nuestra monografía pre-doctoral Epistemología contemporánea y filosofía cristiana, presentada a la Universidad Católica Argentina, Facultad de Filosofía y Letras, septiembre de 1988.
*38 Dada la importancia que a lo largo de estos años ha adquirido, para nosotros, la epistemología que va desde Popper a Feyerabend, enfatizamos más que nunca que las conjeturas científicas nunca pueden ser la base de las certezas morales en las que se basa la defensa de la condición de persona del embrión humano.
[2] Véase González Álvarez, A.: Tratado de Metafísica: Ontología, Gredos, Madrid, 1979, 2da. edición.
[3] Véase la siguiente carta de una madre, citada por V. Frankl: “Por una deformación prematura de los huesos del cráneo en el vientre materno, cuando mi hijo nació el día 6 de junio de 1929 era ya un enfermo incurable. Yo tenía entonces 19 años. Divinicé a mi hijo y lo amé sin límites. Mi madre y yo hacíamos cualquier cosa para ayudar al pequeño gusano, aunque todo fue en vano. El niño no podía andar, ni podía hablar, pero yo era joven y no perdía la esperanza. Trabajaba día y noche sólo para poderle comprar a mi querido gusanito preparados alimenticios y medicamentos. Cuando yo ponía su pequeña y delgada manita sobre mi hombro y le decía ‘¿me quieres?’, él se apretaba muy fuerte contra mi, se reía y me ponía torpemente la mano en la cara. Yo era entonces feliz, a pesar de todo, inmensamente feliz”, de su libro La Psicoterapia al alcance de todos, op. cit., p. 135.

UN ARTÍCULO DE ALBERTO MANSUETI CON ALGUNAS CONSIDERACIONES SOBRE LA MPS QUE CREO QUE HAY QUE PENSAR ANTES QUE ENOJARSE

UN HÉROE DE NUESTROS DÍAS

Alberto Mansueti

Vaklav Klaus ha puesto sus títulos a todos los episodios de la historia que protagonizó. Es el artífice de la “Revolución de Terciopelo” de 1989 en su país, entonces República Popular de Checoslovaquia, cuando sin un tiro ni una gota de sangre, su “Partido Cívico” acabó la tiranía soviética, a pura fuerza de inteligencia política. Casado con Livia, su novia eslovaca de los ’70, estudiantes en la Universidad de Economía de Praga, Klaus negoció en 1992 el “divorcio amistoso” de checos y eslovacos, junto a su colega Vladimir Meciar, evitando sangrientas guerras tribales como en la ex Yugoslavia. Aprendieron los liberales una lección clave: la política es el único sustituto a la sangre y a la muerte.

En 1993, ya como Primer Ministro de la novel República Checa, y en los 5 años siguientes, dirigió la “transición completa” desde el comunismo al capitalismo liberal, a base de privatizaciones populares, con bonos canjeables por acciones, muy diferente de las “transiciones a medias”, como en Hungría, Polonia y otros países ex comunistas. El “milagro económico checo” se vio de inmediato en hogares, calles, fábricas y fincas; y luego en estadísticas de la economía. Pero enfrentó grandes obstáculos, mayormente legales; y los “transitólogos” liberales aprendieron otra lección clave: las reformas económicas profundas deben prepararse y acompañarse de profundos cambios jurídicos.

Desbancado del poder, Klaus encabezó la oposición a los gobiernos tibios que le sucedieron, mostrando el camino de salida: ampliar y profundizar las reformas; no revertirlas.

En 2003 fue elegido Presidente, y reelegido en 2008. Siguió su combate ideológico y político en cuatro frentes: contra la oposición socialdemócrata y ex comunista; contra el Nuevo Orden Mundial continentalista y globalista de la Unión Europea, la OTAN y la ONU; contra los embates del marxismo cultural; y contra los “liberales” despistados, que se limitan a repetir como loros las sabidas frases de Mises y Hayek, que son veraces y acertadas, pero el siglo XXI plantea nuevos y terribles desafíos, que piden respuestas y soluciones que sean liberales clásicas y creativas a la vez.

En 2013 Klaus dejó la Presidencia de su país; y se enfocó en esta cuarta brega. Sus discursos a la Sociedad Mont Pelerin, convertida en “amable Club de Viajes de los thinktanqueros”, pisaron callos, tan fuerte, que al fin le expulsaron del Instituto Cato, por “conservador” y peleador. Tres de sus discursos a la decaída Sociedad MP, resumen su titánico pensamiento; los de Praga en 2012, Hong Kong en 2014, y Seúl en 2017. (Todos en su Website, ordenados por fechas).

(1) El de Praga en 2012 fue muy esclarecedor y señero, ya desde el título: “No estamos en el lado ganador”. Apuntó una larga lista de factores que conspiraron contra las reformas liberales de los ’90, en la República Checa, y todo el mundo. De ellos, hubo 4 que “no nos tomaron de sorpresa”; pero otros 9 en cambio, “nos agarraron desprevenidos”.

¿Cuáles estaban previstos? A saber: la atracción fatal por el socialismo democrático, y su falaz y engañosa “Economía Social de Mercado”, tan querida por los “socialcristianos”; los rojos disfrazados de “verdes”; toda la plaga de “intelectuales” socialistas, escritores y “pensadores” (¿?) amantes de la planificación central y el dominio sobre la vida y negocios de la gente; y en fin, el “cientismo” y las ilusiones tecnocráticas, un duro primer golpe a la democracia, que los liberales clásicos siempre hemos defendido, como límite al ejercicio del poder.

¿Y cuáles “nos tomaron de sorpresa”? A saber: la contracultura de los hippies sesentayocheros del “Mayo francés” envejecidos, retocada en el marxismo cultural de Gramsci, Luckacs y la Escuela de Frankfurt; el atractivo de las “ganancias visibles y concentradas” para los grupos de intereses, y el escaso conocimiento de los “costos invisibles y dispersos” para las grandes mayorías. Y por último, el cambio de “derechos civiles” por “derechos humanos”, a los almuerzos gratis. Esos tres primeros.

¿Qué más? La repentina judicialización de la política o “Juristocracia”; y el poder de las ONGs, supuestamente “de la sociedad civil”, otros dos martillazos contra la democracia. Y siguen: la prensa basura, manipulada, escandalosa y sensiblera, abusa de la libertad de expresión; las Nomenklaturas de “los organismos internacionales”, en realidad “supranacionales”, arrogantes y prepotentes, y fuera de todo control democrático, a diferencia de las autoridades nacionales al interior de cada país. Y por último: feroz propaganda en favor de las falacias marxistas; y débil y defectuosa defensa de “las ideas de la libertad”.

Pero con estos dos últimos factores, Klaus apunta al cierre de su discurso, los “tanques de pensamiento liberal” nos fallaron. Callos pisados por doquier. Murmullos en la sala.

(2) En Hong Kong, en 2014, el ya viejo guerrero volvió a la carga, en defensa de un liberalismo “sanamente conservador”. “En el siglo pasado”, dijo, el liberalismo tuvo que defender la libertad contra el nacionalismo; contra la democracia deformada en “tiranía de la mayoría”; y contra la política pretendiendo atropellar la economía. ¡Muy bien! Pero en este siglo, las amenazas contra la libertad nos disparan desde nuevos frentes, y tenemos que defenderla. ¿Cuáles son esos nuevos enemigos de la libertad? Tres, principalmente: la desnacionalización de los países, con las migraciones masivas y las Nomenklaturas supranacionales; los burócratas que le tienen miedo a la democracia; y la ilusión antipolítica de un “mundo pospolítico”, que a la fuerza pretenden imponernos.

Por consiguiente, los liberales clásicos y conservadores hemos de asumir sin tibiezas la triple defensa del Estado nacional, de la democracia, y de los políticos y la política. Otra vez callos pisados, otra vez murmullos en la sala.

(3) El pasado 2017, en Seúl, Klaus otra vez estuvo demoledor; y más directo, si cabe. Tituló así: “Nuevas amenazas que la Mont Pelerin debe tratar”, sin anestesia. E hizo gala de su capacidad más admirable: combinar sus arengas típicas de experimentado político práctico, con citas eruditas de los académicos liberales y conservadores rigurosos y creativos, que no sólo repiten frases de Mises y Hayek; y quizá por eso mismo, no muy conocidos del público liberal convencional.

Se despachó en dos temas: primero contra las migraciones masivas, gente que llega de países rotos y atrasados, buscando “beneficios sociales”; es una amenaza a la cultura y la civilización occidentales. Son muy diferentes de las antiguas migraciones individuales, gente que llega buscando simplemente un trabajo, y un futuro, para hacer a punta de esfuerzo propio. Segundo tema: a favor de la rebelión de las mayorías silenciosas, que votan por candidatos antisistema; y contra los liberales despistados, que descalifican a las primeras como “populistas”, y a los segundos como “fundamentalistas”, “Neo-nazis” y “amigos de Putin”. Esta vez los callos sangraron; los murmullos subieron de volumen.

Doctor Klaus: si le es posible acompañarnos, ¡bienvenido a Guatemala!

CARTA ABIERTA AL PRESIDENTE MACRI

Al Sr. Presidente de la Nación,

Ing. Mauricio Macri:

Sé que en este momento tiene temas más urgentes que el que le voy a plantear. El submarino y el problema de los Mapuches son temas que demandan su atención ya, sin dilación, y no quisiera yo distraerlo de su concentración. Por eso, por suerte para usted, lo más probable es que esta carta, despachada a la nueva y aleatoria nube que nos rodea, nunca le llegue. Pero, si así sucediera, le aseguro que no es mi intención molestarlo.

Yo voté por usted sin mayores expectativas, sabiendo que iba a seguir la Argentina de siempre, excepto por la salida de los psicópatas del poder más peligrosos con los que se enfrentó la Argentina en toda su historia. Lo único que yo esperaba, usted lo hizo: sacarnos del camino a Venezuela. Por ende, gracias. No espero nada más.

Pero no esperar no es igual a no deber. Y debo decir ante usted y ante todos que, por favor, nos escuche.

Los liberales hemos recibido todo tipo de epítetos a lo largo de la historia argentina. Bueno, en realidad habría que ver quiénes son los liberales. Al menos yo, un liberal clásico, partidario de la democracia constitucional anglosajona y la economía de mercado fundada en la Escuela Austríaca (y, para colmo, católico) he recibido todo tipo de elogios. Fascista, demente, utópico, esquizofrénico, neoliberal y, el último que se ha puesto de moda, también: liberalote.

Usted, Señor Presidente, no confía en nosotros. Le asiste algo de razón: contrariamente a lo que piensan muchos, nunca hemos sido gobierno. La primera y última vez fue con la Constitución de 1853. Luego, hubo de todo, desde lo parecido hasta lo grotesco: conservadores, antiperonistas, autoritarios, menemistas, y se me acabaron los adjetivos. Así que tiene razón: ¿qué esperar de quienes nunca se embarraron las manos en la política concreta? La única respuesta a eso puede ser la esperanza de lo nuevo. Como dice un famoso título de un famoso autor: ¿por qué no probar la libertad?

Señor presidente, escúchenos. Sé que sus asesores más cercanos le dirán que no lo haga, pero, finalmente, uno de los dramas del poder es que usted, finalmente, está solo. Solo con su conciencia. Finalmente, es esta última la que tiene que escuchar.

Usted juega el papel, aunque no lo haya buscado, de ser una esperanza. Eso no es raro en una Argentina bipolar que siempre cae tan bajo. El autoritarismo de los conservadores. El golpe del 30, casi nazi. El ascenso del Mussolini argentino. El peronismo sin Perón del 56 en adelante. El golpe del 66, con toda su rudeza. Las guerrillas que ya se estaban preparando. La guerra de los 70, con la corrupción, bajeza y banalidad del gobierno de Isabelita. El golpe del 76. La guerra sucia. Su tristísimo final. Pero ahora, escuche más: el Alfonsín cuya economía no le deja terminar su mandato. El Menem que sigue con el gasto público, la deuda pública y la presión impositiva. Su enorme corrupción. Y de vuelta, la esperanza democrática. El gobierno de la Alianza. Que sigue, sin embargo, con lo mismo. La explosión de la deuda pública y la deuda externa. El default. Otra vez, el tristísimo final, y lo que sigue es tan sencillamente horroroso que no quiero, ni hace falta, que se lo recuerde.

Usted tiene ahora dos alternativas. O dentro de algunos años es uno más en esta lista de fracasos, o pasa a la historia como el estadista que quiere ser.

Yo, Señor Presidente, no soy nadie como para explicarle de política concreta. Yo jamás podría haber hecho lo que usted hizo: vencer al kirchnerismo en las elecciones. Jamás. Soy sólo un profesor de filosofía, pero me atrevo a seguir porque sé distinguir entre el corto y el largo plazo.

A corto plazo está haciendo lo que puede y lo que pudo. Pero permítame hablarle del largo. Si, sé que es un largo camino, pero es usted el presidente.

Usted sabe perfectamente que el gasto no puede seguir como está. Lo sabe en su conciencia, aunque mucho no lo pueda decir. Usted sabe que no puede emitir moneda para financiarlo. Usted sabe que no puede elevar más la presión impositiva. Y usted sabe que, según fuentes serias, la deuda pública llega en estos momentos a 293.789,3 (¿importa que sea 790) millones de dólares.

Usted no confía en nosotros porque lo han convencido de que somos unos locos e insensibles que en lo único que pensamos es en echar a todo el mundo a la calle. No. No es verdad, aunque injusto es que los argentinos en general miren bien a los que engañan sumando al estado la desocupación real de la economía en subdesarrollo. Pero no se trata de echar gente y que luego le incendien la Casa Rosada. Aunque, recuerde, a De la Rúa se le incendió. Nunca lo olvide.

Por favor le pido que piense en las funciones del estado. Usted tiene más o menos unos 35 organismos, entre ministerios y secretarías, sin contar las sub, sub y sub y etc. Tiene todo ello porque cree que todo ello es necesario. Ha sacado a los corruptos y ha puesto a gente honesta, pero cree que todo ello es necesario. No. Si usted sabe cómo funciona una economía de mercado y una sociedad libre, y creo que lo sabe, usted puede quedarse con una Secretaría de Hacienda y un Ministerio de Relaciones Exteriores. No mucho más.

Todo lo demás, usted lo puede eliminar. Y al mismo tiempo, eliminar todas las legislaciones y reglamentaciones que esos organismos se encargan de controlar. Piense en todo el gasto que se reduciría ipso facto. Piense en todos los impuestos que podría bajar y eliminar, comenzando con el de la renta. ¿Y qué sucedería? Que todos los emprendedores de los que usted siempre habla, quedarían libres para emprender todas esas funciones, que burócratas detrás de sus escritorios creen que pueden ejercer cuando, claro, no tienen nada que perder.

Al mismo tiempo, formalizaría ipso facto a todos esos sectores carenciados que no pueden pasar a la economía formal porque esas reglamentaciones y organismos se lo impiden.

Así sí, a mediano plazo, las cuentas públicas podrían comenzar a reordenarse. ¿Y los empleados públicos? Mantenga a todos los de planta, aunque no vayan a ejercer funciones. Déjelos si es necesario tres años cobrando sus sueldos, mientras amortiza las cuentas públicas con el ahorro que implica todo el conjunto de medidas anteriores. Las cuentas dan. Reúnase con los directores de la Fundación Libertad y Progreso (Agustín Etchebarne, Aldo Abram, Manuel Solanet) y haga las cuentas. Dan. Porque no es sólo cuestión de calculadora, sino de concepción del estado.

¿Y las provincias? Olvídese de la coparticipación. Prepare una reforma de mediano plazo. Las provincias no deben depender más de Nación. Pero no todas las provincias son económicamente auto-sustentables. Divida al país en 6, no muchas más, regiones administrativas autosustentables, que comiencen a financiarse solas, y suspenda toda relación económica entre Nación y Provincias. El estudio fue hecho por Roberto Dania y Constanza Mazzina en el 2008. Será la primera vez, además, que habrá un federalismo genuino, con gobernadores realmente autónomos del poder ejecutivo nacional.

Y el estado no tiene por qué dejarse de ocupar de salud, educación y seguridad social. Sencillamente, una vez hecha esta transformación, delegue todo ello en las seis regiones mencionadas. No tiene por qué ponerles un nombre, son sólo regiones administrativas. Y desregule totalmente al sector privado en materia de salud, educación y seguridad social. O sea, des-monopolice, quite las regulaciones nacionales, abra al país a la diversidad, tan nombrada, y tan poco practicada en un país monopólico y unitario.

Y hable con la CGT. Usted sabe cómo, yo no. Pero explique ante la opinión pública que nuestro sistema sindical es el de la Italia Fascista de Mussolini. La gente no lo sabe. Vaya, dígalo, explíquelo. Y elimine el sindicato único por actividad.

¿Le parece mucho? Creo que es poco, pero si no, usted sabe cuál es la alternativa. Usted puede seguir con todo como está, y puede ser que los organismos internacionales le sigan prestando. Como si la escasez no existiera. Pero usted sabe, en conciencia, en esa conciencia a la que estoy apelando –jamás podría apelar, por ejemplo, a la de una nueva senadora muy conocida- que ello no es posible. Si usted no hace estas reformas estructurales de fondo, va camino al default. Tal vez no ahora, pero sí dentro de unos años. Lo sabe, lo sabe perfectamente. No hay salida. Se le acabarán los dólares, terminará en el control de cambios, será como Kicillof pero le terminarán diciendo Macrillof. ¿Quiere usted eso? ¿No? ¿Y entonces?

Señor presidente, hay una diferencia entre un simple político y un estadista. El político sigue a la opinión pública, el estadista, en cambio, la cura. Le hace una especie de terapia social, y eso sólo se logra con auténtico liderazgo moral e intelectual. Mandela, Gandhi, educaron a su pueblo. No fueron demagogos, ni siguieron lo que todos pedían, ni engañaron: tenían un norte, sabían a donde iban, tenían un sólido fundamento moral y lo supieron decir. Su decir fue resultado de su ser, y no al revés, como le recomiendan algunos. Señor presidente, sea estadista. Mire para adelante, mire al largo plazo, y entonces sabrá AHORA qué hacer y cómo decirlo.

La verdad, no creo, en mi interior, que nada de esto suceda, pero sí creo que tenía que decirlo. Mientras tanto, no estoy desilusionado, porque yo no me ilusioné con usted. Seguiré con mi docencia, en la Argentina de siempre, con sus males de siempre, si es que un piquete no me mata antes o algún otro joven idealista no me pone otra bomba. Pero qué hermoso sería que me sorprendiera. No por mí: sorpresas, casi todas buenas, me dan mis alumnos. Pienso en la extrema pobreza, en las zonas más subdesarrolladas, en los niños desnutridos del Chaco y de 3 km a mi redonda. Contrariamente a la mayoría de los argentinos, sé que el mercado, para ellos, no es lo que sobra, sino lo que les falta. Vamos. En Venezuela ya no estamos. Gente honesta ya tenemos. Vamos. Sólo falta visión. La suya. La argentina sigue siendo presidencialista.

No hay otra salida.

Su liberalote amigo

Gabriel J. Zanotti

 

13774523.