Chile: Crecimiento y Desigualdad

En los últimos días hemos visto violentas reacciones en Chile con orden de toque de queda por parte del gobierno. Al momento se estarían contando un total de 18 muertes.

Como es costumbre con el caso de Chile, sectores de izquierda y del progresismo hacen referencia a la mala distribución del ingreso de Chile como el problema latente que dió lugar a los violentos estallidos sociales. Que Nicolás Maduro haya dado a entender que esto es resultado de un plan del socialismo del Siglo XXI no merece, por supuesto, consideración de estos grupos.

No conozco en detalle la situacion de Chile. Pero sí me llama la atención el argumento de la distribución del ingreso.

He aquí los motivos.

1. La "justa" distribución del ingreso

El argumento es bastante simple. La desigualdad del ingreso en sí es no sólo un problema social, sino una también una inmoralidad. Tres cuestiones

Primero. ¿Es la distribución del ingreso la variable relevante, o acaso la distribución del consumo no es lo importante? No es un tema menor, dado que la distribución del consumo es mucho más similar que la del ingreso (mayores ingresos no se traducen en mayor o mejor consumo de manera "lineal"). El siguiente gráfico de Our World in Data muestra esta relación para un número de países (si bien los mismos no son de Latino América).

Segundo. Hay varios motivos por los cuales la distribución del ingreso puede ser desigual.

  • Ejemplo 1: No todos tenemos la habilidad de un Messi para jugar al fútbol y por lo tanto tener mayores ingresos como deportistas elite (es curioso que la izquierda y el progresismo no suela criticar los altos ingresos de deportistas o artistas).
  • Ejemplo 2: Movilidad social; quienes recién se incorporan al mercado de trabajo poseen menos experiencia y por lo tanto productividad que quienes ya cargan con varios años de experiencia (aquí un simple ejemplo).
  • Ejemplo 3: El ingreso nominal puede ser distinto por "compensating diferentials". Trabajos de alto riesgo poseen mayores salarios que trabajos de bajo riesgo. Lo que no se cobra en sueldo, se "cobra" en mayor seguridad.

En todo caso, sea cual sea el número de distribución del ingreso, no se puede afirmar que el mismo sea malo o bueno sin estudiar el por qué se da esa distribución del ingreso. No es lo mismo tener mayores ingresos vendiendo productos en el mercado que los consumidores desean que siendo un Fidel Castro que amasa fortunas expropiadas de su pueblo.

2. El mito de trade-off entre crecimiento (libertad económica) y desigualdad

Parece tomarse como verdad indiscutible que el mayor crecimiento económico (proveniente de mayores libertas económicas) se da a costa de una peor distribución del ingreso. Esto es muy fácil de chequear, es cuestión de mirar la libertad económica de los países alrededores del mundo y sus datos de distribución del ingreso (para los más wonkish, claramente una regresión que tenga en cuenta otros controles es más apropiado, esto no deja de ser una correlación simple).

El siguiente cuadro del último reporte del EFW muestra que no hay correlación entre libertad económica y distribución del ingreso (en promedio). Mirar Chile, por ejemplo, no demuestra que mayor libertad implica peor desigualdad del ingreso. Este relación no se resuelve con un tamaño muestral igual a 1, hay que observar todos los países.

3. ¿Y Chile?

Viendo que no hay correlación entre libertad económica y distribución del ingreso, ¿cuál es la situación puntual de Chile?

Los siguiente gráficos muetran una serie de dos variables de distribución del ingreso. El Coeficiente de Gini y el ratio del quinto quintil (mayores ingresos) respecto al primer quintil (menores ingresos).

Estos gráficos muestran a Chile (línea negra gruesa) junto a otros países representativos de la región. Los datos provienen de la CEPAL y el motivo por el cual Argentina no figura es porque no hay datos disponibles.

Dos cuestiones a resaltar. En primer lugar no se observa que Chile posea una peor distribución del ingreso que otros países; por el contrario, parece encontrarse en una mejor situación que el promedio de los países representativos en el gráfico. Si fuese cierto que la distribución del ingreso en Chile es significativamente peor que al de otros países, esto deberíamos verlo en el gráfico. De hecho, el gráfico tiene sólo dos países con una clara mejor distribución del ingreso, (1) Uruguay y (2) Venezuela. ¿Se justifica obtener esa mejora en la distribución del ingreso a costa de volverse una Venezuela (situación que la izquierda oscila entre ignorar y sostener que no es un verdadero régimen socialista) cuando se puede ser Uruguay?

En segundo lugar, ambos gráficos muestran una tendencia a mejora en la distribución del ingreso. Es decir, no sólo la situacion ha mejorado según los propios parámetros de la izquierda y el progresismos, sino que lo ha hecho a la par de crecimiento económico. No es el caso que crecimiento implica necesariamente una peor distribución del ingreso.

4. PS: Sobre el EFW

La típica respuesta que recibo cuando muestro estos datos es que el indicador EFW no es confiable. La estrategia es conocida, si los datos no avalan la teoría, entonces se cuestionan los datos. Por supuesto, es posible que haya problemas con los datos. Como todo índice, el EFW no es perfecto. ¿Pero es el caso que el EFW no es confiable?

El EFW lo calculan investigadores de la Southern MethodistUniversity (universidad de rango R1). El reporte lo publica el Fraser Institute, pero la estimación pertenece a SMU.

El índice es ampliamente utilizado en papers publicados en todo tipo de journals con referato. Hall and Lawson ofrecen un review de esa literatura. Public Choice, JEBO, Journal of Development Economics, World Development, Economic Inquiry, y Kyklos son sólo algunos de los journals donde el EFW aparece referenciado o citado. ¿Por que esta aclaración? Por que también se ha cuestionado que los journals donde se cita el EFW no deben ser prestigiosos. Claramente no hace falta defender el prestigio de estos journals.

Martín Krause, economista argentino: “Controlar el poder y limitarlo es clave para esclarecer los casos de corrupción en nuestros países” [El Libero]

El académico destaca la actuación de la justicia en Brasil y de la prensa argentina en los procesos Lava Jato y los “cuadernos de la corrupción”. Invitado a Chile por la Fundación para el Progreso, el defensor del liberalismo comenta, además, cómo la opción bolivariana debiera ir en retirada en la región.

Acceda aquí a la entrevista completa.

La versión exitosa del neoliberalismo [El Cronista]

Nadie sabe bien qué es el neoliberalismo, pero lo que parece estar claro en la opinión pública argentina es que ha fracasado. Se lo identifica generalmente con el “Consenso de Washington” o con algunos autores de la Escuela Austriaca y la Escuela de Chicago, especialmente Ludwig von Mises, Friedrich Hayek o Milton Friedman. Pero lo cierto es que las ideas que estos autores defendieron tienen poca o nula relación con la política económica de aquellos países que toman como ejemplo, especialmente la Argentina noventista. De hecho, la corrupción, el excesivo gasto público, los recurrentes déficits fiscales, el endeudamiento, la falta de federalismo, el mercantilismo del Mercosur, el atraso cambiario y la falta de un sistema republicano de gobierno con respeto por las instituciones y la división de poderes, no parece ser consistente con la ortodoxia del “liberalismo”.

En lo que sigue, no intentaré volver sobre la disputa comentada, sino señalar que varios países latinoamericanos, a pesar de sufrir el impacto de la Crisis del Tequila de 1995, la crisis asiática de 1997, el default ruso de 1998, la devaluación de Brasil en 1999 y las depresiones norteamericana y argentina de 2001, aun así continuaron por el mismo camino “neoliberal” y los resultados fueron positivos.

Dos caminos alternativos

Tras la década perdida de 1980, los países de Latinoamérica emprendieron un camino de cierta apertura económica y privatización de sus empresas públicas deficitarias. El Estado había resultado ineficaz en gestionar los servicios públicos como la luz, el agua, el gas o las telecomunicaciones, y en algunos países la monetización del déficit fiscal que precisamente provocaban esas empresas en manos estatales terminó con una acelerada inflación.

Las reformas implementadas en la década del 90 permitieron a los países latinoamericanos modernizar sus economías. La inversión extranjera directa estaba representada en grandes flujos de dinero, pero también en know how, sobre cómo gestionar las inversiones en ciertos campos clave que permitieran a la economía tecnificarse. En prácticamente todos los países latinoamericanos se observó una extensión de los servicios públicos en toda la amplitud de sus territorios nacionales, cuando antes eran negados a una gran parte de la población, al mismo tiempo que se construyeron autopistas y rutas que hicieron más eficiente la comunicación entre los estados provinciales, extendiendo la frontera de posibilidades de la producción.

En algunos países, como Argentina, Bolivia, Venezuela o Ecuador, -y por diferentes causas- el modelo hoy calificado como “neoliberal” no terminó bien, y la opinión pública decidió apoyar otros modelos que cambiaran el rumbo. Es así que en la última década estos cuatro países decidieron apoyar un modelo de desarrollo interno, privilegiaron las relaciones dentro del grupo, avanzaron en un modelo de sustitución de importaciones- y planificaron un entramado de subsidios y regulaciones que escaseaban en la década anterior.

Otros países, sin embargo, continuaron con aquel modelo “neoliberal”. Chile, Colombia, Perú, Uruguay y México evitaron cerrar sus economías y doblaron esfuerzos en intentar atraer capitales como base de su desarrollo productivo, al tiempo que mantuvieron las privatizaciones de los servicios públicos como un factor acertado de los gobiernos previos.

¿Resultados similares?

En el período 2003-2008 las estadísticas muestran que ambos modelos fueron exitosos en términos de aumentar la inversión, reducir la pobreza, crear empleo, alcanzar un crecimiento económico acelerado e incluso reducir la carga de la deuda en relación con el PIB.

La similitud, sin embargo, es sólo aparente. Y no me refiero únicamente a lo engañosas que pueden resultar las estadísticas en el primer grupo -especialmente Argentina y Venezuela-, sino a otras cuestiones de fondo.

Mientras Argentina, Venezuela, Bolivia y Ecuador expandieron la inversión pública, las otras economías estimularon la inversión privada. Mientras el primer grupo creó mayor empleo público y expandió los planes sociales, el segundo creó empleo privado. Mientras el primer grupo redujo la deuda pero aceleró la inflación, el segundo grupo redujo la deuda, con estabilidad monetaria. Mientras el primer grupo muestra un crecimiento del gasto público sobre PIB, en el segundo grupo este ratio cae. Mientras el primer grupo nacionaliza empresas privatizadas en la década anterior, el segundo grupo profundiza aquel modelo y mejora las regulaciones.

La crisis global de 2009 golpeó a las economías emergentes latinoamericanas, pero a partir de 2010 el primer grupo se estancó o entró en recesión, mientras el segundo grupo continuó su expansión económica. Los fundamentos de la expansión del segundo grupo, basados en fundamentos “neoliberales” (apertura económica, privatizaciones, baja presión tributaria y bajo gasto público relativo, por ejemplo) deberían abrir un interrogante en quienes creen que este modelo ha fracasado.

Analizar el fugaz “crecimiento económico” argentino (fue más recuperación que crecimiento real) frente a lo genuino y sostenible del modelo que aplicaron los países de la Alianza del Pacífico, nos debería dejar lecciones de por dónde debería ir la política económica de nuestro país y de los países del primer grupo.

De la Alianza del Pacífico a la Alianza Latinoamericana

Mauricio Macri ganó las elecciones em 2015 fundando su campaña en este cambio que resultó lógico para la opinión pública, tras los límites económicos y sociales que enfrentó el populismo.

El cambio propuesto, sin embargo, todavía es lento en insertar a la Argentina al mundo y prácticamente nulo en reducir el gasto público, la presión tributaria y el déficit fiscal.

El excesivo gradualismo impide alcanzar mejor resultados de actividad económica y empleo genuino, pero al menos la Argentina inicia una transición adecuada. Bolivia, Ecuador y Venezuela todavía siguen su rumbo herodoxo, y eso dejará tristes resultados para su población.

La esperanza está en que poco a poco los países del primer grupo aprovechen las lecciones que en la última década nos ha dejado el segundo grupo, y que la Alianza del Pacífico se convierta en una Alianza Latinoamericana.

Publicado originalmente en El Cronista, domingo 24 de septiembre de 2017.

2018 Adam Smith Chile Conference

Comparto información de un evento que imagino puede ser de interés para muchos de nuestros lectores…
 
 
Dear Friends,
 
The deadline for abstract submissions for the upcoming January 2018 Adam Smith Chile Conference has been extended to September 22, 2017. Applications received before the original deadline are receiving priority consideration, but we would like to provide another opportunity for those who may have missed the original invitation during summer holidays.
A diverse and distinguished group of Smith scholars will gather in Chile. Deirdre McCloskey will be our first keynote speaker with her lecture entitled “Smith the Non-Utopian vs. His Followers since 1848.” Additional plenary lectures will be delivered by Samuel Fleischacker, speaking on “Empathy and Perspective: A Smithian Conception of Humanity,” and James Otteson, addressing “Adam Smith’s Libertarian Paternalism.” Other prominent academics who will attend and present papers include María Alejandra Carrasco, Fonna Forman, Christel Fricke, Leonidas Montes, Maria Pia Paganelli, Sandra Peart, Dennis Rasmussen, Craig Smith, Barry Weingast, and Jeffrey Young.
While submissions in English are certainly welcome, Spanish speaking academics are particularly invited to apply given the location of the conference and its special, though non-exclusive, focus on Smith’s reception in Latin America; several sessions at least will be conducted in Spanish. Young scholars should also know that the Universidad Adolfo Ibáñez has a limited number of competitive grants available (of $1,000 USD each) to support their attendance.  These are open to all, though some preference will be given to scholars from Latin America.  To be considered for these grants applicants need only note as much in their proposal email, or alternatively can directly contact carolina.aplablazam@uai.cl to apply.
More information about the conference, and an abstract submission form, can be found on the Society’s website here.  Applicants can also email abstracts directly to the Society’s secretary atinternationaladamsmithsociety@ gmail.com.
Sincere regards,
The IASS/Chile Organizing Committee

Vinculaciones Políticas en un Régimen de Banca Libre: El Caso de la Crisis Bancaria de 1878 en Chile – Por Ignacio Briones

REVISTA DE HISTORIA ECONOMICA, Volume 34, Issue 3

Abstract: En 1878 un pánico bancario pone fin al periodo de banca libre basado en la convertibilidad metálica e iniciado en Chile en 1860. En este trabajo analizo el periodo apoyándome en los balances mensuales de bancos y otras fuentes primarias. Argumento que una causa importante de la crisis fue la creciente relación entre banca y gobierno a través de préstamos al Estado y privilegios a los bancos de emisión. Muestro que la crisis se asocia con un importante préstamo con los bancos a fines de 1877. Sostengo que éste inducía a la sobreemisión y a expectativas de depreciación cuyo resultado racional era una corrida bancaria. El caso chileno proporciona evidencia valiosa sobre un elemento que ha recibido relativa poca importancia en la literatura de banca libre: los vínculos entre bancos y gobierno.

Acceda aquí.

Lecciones que no se aprenden: Chile camina hacia el populismo sin mirar al otro lado de la Cordillera

Me pidieron, y he publicado, un artículo en el diario La Tercera, de Chile, sobre el avance de nuestro vecino hacia el populismo.

Cambia la vista desde la cordillera

ALGO RARO está sucediendo en la cordillera. Antes, quienes están a Occidente miraban con preocupación a sus vecinos de Oriente, ahora la preocupación comienza a ir en sentido contrario. Desde el Aconcagua, se ve con más optimismo lo que ocurre en Argentina que lo que está pasando en Chile.

En estos días, el diario La Nación (del cual me honra también ser columnista), tal vez el más importante de Argentina, publicó un editorial reflejando esta preocupación con el título “Chile, una tardía regresión populista” (14/10/16). Allí describe la calamitosa situación chilena al final del mandato de Salvador Allende y las notables reformas que llevaron a Chile al primer puesto en la región en términos de PIB per cápita o en la calidad de sus instituciones. También comenta el notable consenso que estas reformas alcanzaron, ya que fueron continuadas, y en algunos casos profundizadas, por sucesivos gobiernos tanto de centroizquierda como de centroderecha.

Parecía entonces que los chilenos habían aprendido algunas lecciones. Tenían, además, tan solo que mirar al otro lado de la cordillera para observar allí las consecuencias del populismo.

Pero parece que no; que, pese a todo eso, no se aprende. ¿Será necesario repetir el ciclo?

El problema es que estos aprendizajes son muy costosos. Tomemos el caso de Argentina. Está claro que se ha aprendido a fuego y sangre una lección: no habrá más golpes militares ni violaciones de los derechos humanos. Sin embargo, Argentina tuvo hiperinflación en 1989 y una generación después aceptaba altos niveles de gasto público y emisión monetaria que generaban creciente inflación sin comprender sus causas y sin anticipar sus efectos, que hoy estamos pagando.

Desde este lado de la cordillera nos preguntamos si, luego de 12 años de furor populista kirchnerista, hemos aprendido esa lección tan básica para tener una razonable república que nos permita aprovechar las oportunidades que siempre tuvimos. No puedo decir si eso ocurrirá, pero se ha abierto una posibilidad.

Y mirando hacia nuestros vecinos, los vemos comenzar un camino que nosotros ya hemos recorrido, y lo hicimos hasta el final. ¿Cómo puede ser que una sociedad en las puertas del progreso decida cometer un suicidio colectivo? Bueno, ¿acaso nosotros no hicimos lo mismo en el siglo XX?

En el caso argentino, la explicación de esa decadencia es muy compleja. A riesgo de simplificar, arriesgo una sobre el caso chileno. Una que he planteado muchas veces a mis amigos “Chicago boys”, pero no aceptan. Es así: las muy exitosas reformas económicas chilenas fueron justificadas en términos de eficiencia, sus beneficios eran mayores que sus costos. No se justificaron en términos de derechos, de libertades. Por ejemplo: el sistema de pensiones privadas es más eficiente que el sistema estatal.

El argumento, por supuesto, es correcto, pero cae de bruces ante una crítica basada en la justicia. La respuesta que recibe es: será eficiente, pero es injusto. Y allí se acabó el debate. Nunca se justificaron las reformas en términos de derechos: los contratos laborales deben ser libres, no porque sean más eficientes, que lo son, sino porque tengo un derecho de propiedad sobre mi fuerza de trabajo. Y así sucesivamente.

Si éste es el punto débil del exitoso modelo chileno, no es que esté perdido, pero será necesario brindarle una base moral y principista que hoy es débil. No hace falta un presidente que diga “voy a manejar el país como una empresa” (los accionistas tampoco salen a la calle), hace falta un movimiento de gente que considere la libertad como valor supremo.

La baja frecuencia con que se revelan las preferencias en la política ocasiona problemas como en Chile

Esto dice el libro sobre la baja frecuencia que tiene la política para que se “revelen” las preferencias de los votantes:

En general, el lapso que transcurre entre una instancia en la que se revelan las preferencias de los votantes y la siguiente es un período bastante largo: cuatro, cinco o seis años en el caso de las elecciones presidenciales; tal vez dos años para las elecciones legislativas. Entretanto esas preferencias pueden cambiar pero no hay mucho que se pueda hacer al respecto, salvo esperar hasta la próxima instancia.

Esto ocurre sobre todo en los regímenes políticos presidencialistas, ya que en los parlamentarios si el gobierno pierde la mayoría parlamentaria cae, en general. Pero en los primeros eso no ocurre salvo situaciones excepcionales que originen un juicio político y la remoción del gobernante. En algunos casos existen instrumentos de democracia directa como la revocación de mandato. No obstante, son numerosas las situaciones en las que el votante se ve frustrado porque encuentra que el gobernante electo no cumple con sus expectativas.

Veamos ahora el caso de Chile y su presidente Bachelet. El informe “Temas Públicos” Nr. 1206, de; Instituto Libertad y Desarrollo de ese país (www.lyd.org) esto comenta:

“En medio de una agitada agenda política, durante la semana pasada, se hicieron públicas tres encuestas: CADEM, Adimark y la del Centro de Estudios Públicos (CEP). Independiente de los matices y alcances metodológicos de cada una de ellas, en todas es posible visualizar de manera clara, el nivel de deslegitimación social de las reformas que impulsa el actual gobierno.

El proceso a partir del cual las ideas de la Nueva Mayoría devinieron en minoría ante la opinión pública puede tener múltiples variables explicativas. Algunas endógenas, vinculadas a lo estrictamente programático, pero también a los modos de conducción de las “reformas estructurales”, donde en este “primer tiempo” del mandato presidencial, el estilo de la imposición primó respecto del dialogo y la negociación. Sin desconocer también, la incidencia de fenómenos exógenos, como la crisis de desconfianza que golpeó al centro de gobierno tras el episodio Caval, como bien se muestra en los mismos estudios de opinión.

Sin embargo, las encuestas muestran de manera nítida que el escepticismo ciudadano en relación a las reformas del gobierno, se instaló con antelación a la emergencia de los mencionados escándalos que han golpeado al arco político de manera transversal. El mejor ejemplo de lo anterior es que, ya en noviembre de 2014, la desaprobación de las reformas educacional y tributaria llegaba al 56% y 51% respectivamente conforme a datos de Adimark.

 En todas las encuestas es posible visualizar de manera clara, el nivel de deslegitimación social de las reformas que impulsa el actual gobierno. El descrédito de las reformas parece irrefutable. Según datos de la Encuesta CEP, un 65% considera que estas reformas han sido improvisadas y un 64% cree que no serán eficaces para alcanzar los objetivos propuestos.

 Este escepticismo con las reformas de gobierno se instaló con antelación a la emergencia de los escándalos que han golpeado al arco político de manera transversal.

 La decepción con el gobierno por parte de los encuestados puede fundarse en el escenario contradictorio que representa un gobierno con pretensiones de reformas maximalistas, pero que por contrapartida, no es capaz de satisfacer las demandas respecto de áreas básicas de toda gestión gubernamental.”

Concluyo en el libro:

Es cierto que las encuestas de alguna forma llenan ese vacío. Los políticos, como veremos en el próximo capítulo, están fuertemente motivados a tomar en cuenta todos los elementos que puedan tener impacto en su propia carrera y este es uno de ellos; pero también saben que, dada la ignoracia racional o irracionalidad antes comentada, pueden desviarse de las preferencias de los electores para volver a prestarle atención cuando una nueva instancia electoral se acerca. Es decir, la encuesta genera información pero no determina la continuidad de un gobierno por lo que su efecto es menor que el resultado de una elección. Nótese que no es solamente la muy comentada característica que una elección es como una encuesta con una muestra del cien por ciento del electorado; es que la encuesta no tiene fuerza legal para determinar el ejercicio del poder.

En el mercado, por el contrario, los cambios de preferencias tienen impacto en forma casi inmediata. El gerente de ventas de una empresa de bienes de consumo masivo, por ejemplo, recibe en forma diaria o semanal el informe de los supermercados o los pedidos de reposición de mercadería que le indican cuáles han sido las preferencias de los consumidores el día o la semana anterior. Si detecta cambios ha de reaccionar inmediatamente. Los consumidores votan todos los días.

Está claro que no podemos pretender tener elecciones cada semana, ni siquiera si eso sería razonable: las opiniones de los votantes, más que las que tienen como consumidores, están basadas en emociones que podrían determinar fuertes cambios institucionales que no nos dejarían muy tranquilos.

Caldwell & Montes: Friedrich Hayek and his Visits to Chile

Un reciente Working Paper de Bruce Caldwell y Leonidas Montes ofrece una cronología y análisis detallado de las visitas de Hayek a Chile así como las entrevistas que tanta reacción han generado. Las críticas levantadas a Hayek chocan con el trabajo y postura a lo largo de su carrera son bastante claras para cualquier familiarizado con la obra y trayectoria de Hayek.

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¿Qué países son los peores deudores de la historia?

En estos días, cuando se habla de crisis de deuda, surge inmediatamente el nombre de Argentina.

El país sudamericano parece estar nuevamente al borde de la cesación de pagos (o default) luego de que en EE.UU. el juez Thomas Griesa fallara en favor de grupos de acreedores privados que tienen bonos del Estado argentino.

Los llamados holdouts, a los que la presidenta Cristina Fernández califica de ‘fondos buitre’, rechazaron la reestructuración de la deuda que emprendió el gobierno de Buenos Aires en 2005 y 2010, y ahora reclaman el pago de la totalidad de sus préstamos: US$1.330 millones más intereses.

En menos de una semana vence el plazo de gracia para que Argentina desembolse el dinero y, si no logra renegociar los términos en EE.UU., es posible que caiga en default.

El gobierno de Fernández ya depositó en un banco de EE.UU. más de US$500 millones correspondientes al vencimiento de uno de los bonos en disputa, por lo que insiste en que no puede hablarse de default. Sin embargo, el juez Griesa rechazó esta transacción afirmando que se debe cumplir con todos los bonistas al mismo tiempo.

Pero hay más razones para que se hable de Argentina.

Pocos olvidan que el país –una de las mayores economías de América Latina- se declaró en cesación de pagos en 2001, en medio de su mayor crisis política, social y financiera de los últimos tiempos.

Desde entonces los inversionistas y la prensa internacionales han mirado con desconfianza a la nación sudamericana, mientras el gobierno ha intentado sin mucho éxito regresar a los mercados de capitales, que consideran al país una suerte de paria.

Ahora bien, desde una mirada más amplia y retrospectiva, ¿es merecida la mala fama de Argentina en los círculos financieros?

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EPT: Tres Decadas de Democracia (Argentina y el Mundo)

Comparto mi última columna en Economía Para Todos donde comparo la evolución de Argentina frente al mundo y otros países en términos de PBI per cápita (PPP).

Mientras el mejor gobierno de los últimos 200 años está ocupado decidiendo quién debe ser el locutor de Fútbol Para Todos y cuál debe ser el logo televisivo, el país incrementa sus inocultables signos de serios problemas económicos y sociales. Mucho se ha hablado en los últimos tiempos de los 30 años de democracia Argentina. No viene mal refrescar la importancia que en el largo plazo tienen las instituciones. ¿Qué pasó en Argentina y el mundo en estos 30 años en términos de bienestar económico? ¿Cómo le ha ido a la Argentina respecto a otros países? Debe ser claro que “democracia” no es sinónimo de libertad, ni de república, ni de buena gestión económica.

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