Infobae: Sí, el problema de la inflación es de origen monetario

Comparto mi última nota sobre las altas tasas de de inflación en Argentina.

El último dato de la Inflación Congreso (2% mensual, 25% anualizado) muestra que este problema no parece menguar en la economía Argentina. Con cada informe sobre la inflación Argentina surgen distintas explicaciones que buscan excusar al BCRA de la responsabilidad del preocupante problema inflacionario (por ejemplo aquí y aquí). Quienes rechazan la relación entre emisión monetaria e inflación sostienen que con datos duros es posible relativizar la “teoría ortodoxa o monetaria” de la inflación. Que el origen monetario de un proceso inflacionario se ponga en discusión en un país con un historial inflacionario único es llamativo y hasta preocupante. Negar en economía que el problema de la inflación es monetario es como que un médico niegue que el problema de un coma alcohólico sea el exceso de alcohol. Decir que la inflación es un fenómeno monetario no es de izquierda, ni de derecha, ni de ortodoxos ni heterodoxos, no es otra cosa que demanda y oferta aplicado al bien dinero. Las leyes de la economía, igual que las leyes de la física, no entienden de desacuerdos políticos e ideológicos. ¿Por qué hay, sin embargo, casos como el de Estados Unidos, donde la expansión de base monetaria no genera inflación? O, ¿por qué la inflación es aproximadamente la misma en el 2013 si la base monetaria ha crecido menos que en el 2012? ¿Quiere decir esto que la inflación no es un fenómeno monetario? ¿O será que los datos están siendo interpretados de manera incorrecta por quienes excusan al BCRA de una de las inflaciones más altas del mundo?

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El misterioso «socialismo» de Noruega

NoruegaEn paralelo con mi artículo sobre Suecia, publicado en Infobae la semana pasada, surgió una nota en el diario La Nación bajo el título «Noruega, el único socialismo del siglo XXI«. Inmediatamente muchos lectores nos han consultado opinión acerca de este otro caso «exitoso» de socialismo de mercado o Estado de Bienestar.

Lo cierto es que en la propia nota de La Nación uno puede encontrar respuestas. Por ejemplo, Noruega cuenta con una población pequeña de sólo 5 millones de habitantes, los que están parados sobre «100 años de reservas en gas y 50 en petróleo».

El caso requiere investigación, pero aquí me limito a ofrecer lo que el Index of Economic Freedom ofrece en su estudio de 2013. Este indicador nos muestra que la libertad económica no se mide sólo por el tamaño de Estado, sino al menos en otros 9 indicadores adicionales.

Noruega recibe las puntuaciones más altas en Rule of Law (o Estado de Derecho). Es un país donde se respetan los derechos de propiedad, hay reglas de juego claras y estables, y hay bajísimo nivel de corrupción.

Además goza de mercados libres y competitivos, tanto hacia dentro de Noruega como también hacia el exterior. Son tan bajas las regulaciones que afecten la libertad de empresa, que el Banco Mundial engloba a Noruega como una de las 10 economías donde es más fácil hacer negocios (Noruega en el Doing Business).

En el campo monetario, Noruega disfruta de estabilidad monetaria y también de cierta libertad financiera.

Sus puntuaciones más bajas en libertad económica las recibe precisamente en el tamaño del Estado, la presión tributaria y la legislación laboral.

La pregunta que me surge es cuánto de ese gasto se financia con empresas y consumidores, y cuánto se financia con las reservas de gas y petróleo. La nota de La Nación dice que «El Estado grava la producción petrolera con una alícuota del 78% sobre sus ganancias netas.» ¿Cuál sería la presión tributaria de Noruega sin esta alta alícuota sobre la producción petrolera? Quizás descubrimos que la presión tributaria real sobre las empresas y los consumidores no es tan alta como parece.

Y es que Noruega ha logrado independizar su economía local de las reservas de gas y petróleo. Ante la pregunta que surge acerca de cómo ha hecho el gobierno Noruego para evitar que estas reservas causen la conocida enfermedad holandesa, perjudicando los incentivos hacia adentro de su economía, la respuesta es clara:

Las reglas de administración son claras: todo la renta petrolera se nuclea allí. El 96% de las ganancias e intereses se reinvierte fuera del país (para que no puedan ser utilizados políticamente) y el 4% se puede girar al Tesoro para financiar gasto público. A nivel global, los 810.000 millones en activos financieros se distribuyen: 60% en acciones de empresas, 35 a 40% en bonos y hasta un 5% en inmuebles.

Como reflexión final, debo reconocer que el caso requiere más investigación, pero la economía de Noruega es la 31 más libre del mundo, sobre un total de 185 economías que mide el ranking. Superando los 70 puntos, está muy lejos de ser una economía de planificación central socialista. Por el contrario, integra el privilegio de ser una de las economías mayormente libres que, afortunadamente, todavía nos quedan.

Reflexión de domingo: «Provincias pobres y provincias ¿ricas?»

Aporte fiscal neto y pobreza

Compartimos a continuación una nota de Orlando Ferreres donde se analiza la estructura de la pobreza en Argentina. ¿Cuáles son las provincias más pobres? ¿Cuáles son las provincias que más riqueza transfieren? ¿Ayudaron décadas de transferencias a mejorar la situación de estas provincias pobres? El gráfico habla por sí mismo, pero recomendamos leer el artículo para comprender la metodología del estudio y observar algunas conclusiones fundamentales presentadas por Ferreres.

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Efectos no neutrales en los shocks monetarios

Existe cierto interés en la literatura macro por estudiar si, como sostiene el modelo de demanda y oferta agregadas (AD-AS), un shock monetario tiene efectos neutrales y la economía vuelve (más pronto que tarde) a la misma tendencia de crecimiento de largo plazo. Un shock monetario debería correr solo temporalmente a la economía de su curso de crecimiento. Como Campbell y Mankiw (1987a, 1987b) muestran (para EE.UU.) este no es siempre el caso.

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Mitos en torno a Suecia y el Estado de Bienestar

SueciaEn numerosos debates acerca del socialismo de mercado y el Estado de Bienestar surge el caso de Suecia como un ejemplo a imitar. En este artículo, resumo una parte de la literatura que emerge para mostrar que la experiencia de Suecia no ha sido tan exitosa como gran parte de la opinión pública sugiere.

Mitos en torno a Suecia y el Estado de Bienestar

En la literatura se considera a los países nórdicos como aquellos que han logrado disfrutar de los beneficios del “socialismo de mercado” y el “Estado de Bienestar”, caracterizado como un sistema intermedio entre la economía de mercado y la economía socialista, que toma lo mejor de cada uno y deja de lado sus fallas. Entre estos países nórdicos, se dice, Suecia ha encontrado el modo de alcanzar los más elevados niveles mundiales de igualdad social, sin coartar el espíritu empresarial. Suecia se presentaría como el modelo a seguir, por países avanzados y en desarrollo, por haber alcanzado un equilibrio entre la equidad y la eficiencia. El objetivo de este artículo es analizar el debate entre economía de mercado y Estado de Bienestar, sobre la base del caso sueco. En la literatura, y también en la opinión pública, predomina un mito sobre la economía sueca y su Estado de Bienestar que es necesario reconsiderar.

El modelo capitalista sueco

Hacia finales del siglo XIX, Suecia inició un período exitoso de desarrollo económico construido sobre la base de la economía de mercado. Johan Norberg, en un artículo acerca de los “modelos suecos” (2006), explica que “los comerciantes suecos podían exportar hierro, acero y madera, y los empresarios crearon innovadoras empresas industriales que se volvieron líderes mundiales. Entre 1860 y 1910 los salarios reales de los trabajadores industriales crecieron en un 25% por década, y el gasto público en Suecia no rebasó el 10% del PIB”. En 1932, el Partido Socialdemócrata llega al poder. Y no fue algo coyuntural. Entre 1930 y 1988 este partido contó con un apoyo electoral del 40%, según documenta Mauricio Rojas en el libro Suecia después del modelo sueco, publicado por la Fundación CADAL (2005). Se trataba de un partido de clase media, el cual se esforzó por crear sistemas de seguridad social que permitieran extender beneficios en jubilaciones, desempleo, maternidad y salud a toda la población. La política aplicada fue de socialización gradual por el lado del consumo, esto es, el cobro de impuestos a los trabajadores para ofrecer estos servicios a toda la población, pero sin controlar ni intervenir en los medios de producción. Norberg explica, sin embargo, que hasta 1950 “el peso total de los impuestos no era mayor al 21 % del PIB, más bajo que en los Estados Unidos y Europea Occidental”. Hay que destacar que Suecia se mantuvo al margen de las dos guerras mundiales, lo que permitió a la economía alcanzar resultados asombrosos. Suecia era un país rico. En 1970 tenía el cuarto ingreso per cápita más alto del mundo, de acuerdo con estadísticas de la OCDE.

El modelo sueco del Estado de Bienestar

Pero entonces comenzó un cambio de paradigma y Suecia terminó por abandonar los principios que le habían permitido hasta entonces alcanzar niveles elevados de bienestar. Los socialdemócratas expandieron la asistencia social y el mercado laboral se volvió enormemente regulado. El gasto público entre 1960 y 1980 se elevó del 31 al 60 % del PIB, lo que requirió que entre 1960 y 1989 se duplicara la carga tributaria, del 28 al 56 % del PIB. Fue entonces que el modelo mostró dificultades. La economía de mercado fue transformada en una economía planificada, algo que se observó en el abandono de una economía industrial para ofrecer fundamentalmente servicios. A medida que más trabajadores abandonaban sus empleos y se sumaban a la asistencia social, los impuestos recaudados se reducían, y el gasto aumentaba, lo que llevó al país a evidenciar problemas fiscales serios. Lo dicho llevó a la economía a moderar su magnífico desarrollo previo. Norberg nos ilustra señalando que entre 1975 y 2000, mientras el ingreso per cápita creció un 72% en Estados Unidos y un 64% en Europa Occidental, el de Suecia sólo creció en un 43%. Para el año 2000, Suecia cayó al lugar 14 en el ranking de la OCDE sobre ingreso per cápita. En 1990, la grave crisis económica mostró una pérdida de 500.000 puestos de trabajo, superando la tasa de desempleo el 12%. El exitoso modelo sueco se convirtió en un fracaso. Y esto ocurrió porque el “modelo sueco de mercado” practicado hasta 1950, fue abandonado por el hoy conocido “modelo sueco” del Estado de Bienestar. El enorme costo de la burocracia se hizo presente.

Radiografía del problema sueco

Norberg explica que el problema central del nuevo modelo sueco es que “erosionó los principios básicos que volvieron viable el modelo en primer lugar.” “El servicio civil es un ejemplo portentoso de este fenómeno. La eficiencia del servicio civil significaba que el gobierno podría expandirse, pero esta expansión empezó a dañar su eficiencia. De acuerdo a un estudio de 23 países desarrollados del Banco Central Europeo, Suecia ahora obtiene el menor servicio por dólar gastado del gobierno”. En el campo de la salud por ejemplo, Norberg cita un estudio de la Asociación Sueca de Autoridades Locales y Regiones, quienes informan “que los doctores suecos atienden a cuatro pacientes al día en promedio, una reducción del promedio de nueve que tenían en 1975. Es menor que en cualquier otro país de la OCDE, y menos que la mitad del promedio. Una razón es que un doctor sueco consume entre el 50% y 80% de su tiempo en trámite administrativos”. Mauricio Rojas, por su parte, explica que la mayor asistencia social indujo a un aumento de la tasa de población pasiva sobre la tasa de población activa. Los incentivos al trabajo fueron modificados y con ello un país exitoso y rico, comenzó a mostrar resultados opuestos sobre el bienestar.

El retorno al capitalismo

La crisis económica de 1990 llevó al electorado a abandonar su apoyo por el partido socialdemócrata, y Carl Bildt inició un proceso de desmantelamiento del estado benefactor maximalista. Paliar el déficit fiscal implicó recortar gastos y beneficios provistos por el Estado. Poco a poco la población sueca perdió su confianza en el estado benefactor y se abrió paso a la privatización de los servicios públicos. Suecia es un ejemplo en la implementación del sistema de Vouchers para el sistema educativo, reforma desarrollada en 1992. La aparición de bolsones de exclusión llevó entonces al electorado a apoyar nuevamente al partido socialdemócrata, pero en lugar de revertir las medidas practicadas entre 1991-1994, las reformas fueron profundizadas. Esto permitió sanear las cuentas fiscales, bajar la deuda pública y reducir la carga tributaria. Siguiendo el modelo chileno, Suecia privatizó el sistema de pensiones, permitiendo que la población activa elija sus administradoras privadas. Las privatizaciones llegaron también a las telecomunicaciones, los transportes, la infraestructura, la energía y el correo. En el caso de la salud, si bien aparecieron proveedores privados, se mantuvo el servicio público dando lugar a vías paralelas de acceso. Esto originó cierta desigualdad entre quienes pueden pagar y quienes no pueden hacerlo, y más aún entre las diferentes regiones del país, pero el pueblo aceptó el costo de la pérdida de equidad, a cambio de un país en funcionamiento y desarrollo. El crecimiento económico desde entonces es aceptable, pero los desafíos para el futuro abren una incógnita sobre la economía sueca. ¿Podrá Suecia mantener el sistema capitalista que la llevó a ser el cuarto país con mayor PIB per cápita del mundo? ¿O retornará ese Estado de Bienestar que se transformó en parte de la cultura de quienes hoy componen la población activa? Lo cierto es que en estas últimas décadas, el proceso inmigratorio ha sido muy fuerte y la población activa ya no se presenta tan homogénea como lo era en los años 1950.

Reflexión final

A modo de cierre, basta decir que el modelo sueco del Estado de Bienestar no ha sido exitoso y no debiera ser simulado por los países latinoamericanos, ni por los europeos, ni tampoco por los Estados Unidos. Los costos de eficiencia y bienestar de practicar tal modelo están a la vista. Serán necesarios nuevos esfuerzos en los estudios históricos de tales experiencias para evitar que el mito de la economía sueca y el Estado de Bienestar hoy vigente, sea difundido entre los profesionales que hoy están formándose y que liderarán la política económica del mañana.

Artículo publicado originalmente en GPS Económico, No. 4. Reproducido en Infobae el lunes 11 de noviembre de 2013.

Alberdi en la UBA Derecho

Vídeo

Los alumnos de la materia Economía Política de la Facultad de Derecho de la UBA tienen que leer el libro de Alberdi, «Sistema Económico y Rentístico» y hacer algo creativo.
Este video es uno de esos resultados. Veanlo hasta el final así les cuenta la visita y divúlgenlo si les parece.

Aclarando el Termino «Capitalismo»

El 9 de octubre salió en Infobae una nota titulada «Tres décadas y un problema llamado déficit fiscal.» En aquella nota decía que desde la vuelta a la democracia, Argentina tuvo el mismo problema de déficit fiscal, lo que de hecho cambió de década a década fue el método de financiamiento, no el problema de fondo.

EL 25 de octubre Mauro Cristeche (UNLP y UNLaM) comparte una nota crítica a mi comentario en Infobae titulada «Dos siglos de economía Argentina y un problema llamado capitalismo.» Cristeche coincide que el déficit fiscal fue un serio problema, pero sostiene que la nota no es lo suficientemente profunda. El déficit fiscal se debe, argumenta, a la lógica del capitalismo imperante en Argentina en los últimos 200 años.

Si bien envié mis comentarios de respuesta a Infobae pocos días después de la nota de Cristeche, el fallo de la Corte Suprema respecto a la Ley de Medios y otros eventos de la agenda política versus lo puntual de mi respuesta hicieron que, obviamente, mi comentario perdiese relevancia.

No quería dejar de compartir mis reflexiones sobre la nota de Cristeche que copio a continuación.

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Seminario Online: La Filosofía Política de F. A. Hayek

Fundación Bases y Corporate Training ofrece un seminario online sobre «La Filosofía Política de F. A. Hayek» a cargo de Carolina G. Rodriguez (F. Bases & UBA).

El seminario es el 13 de noviembre a las 20 hs de Argentina.

Información e inscripción: bases@fundacionbases.org

Más información en este link.

Reflexión de domingo: «Las leyes económicas»

CRBCarlos Rodríguez Braun resume en esta columna la aportación de Joseph Edward Keckeissen en su tesis doctoral acerca del significado de las leyes económicas.

Las Leyes Económicas

De la interesante historia de las elusivas leyes económicas trató Joseph Edward Keckeissen en The meanings of economic law, tesis doctoral presentada en la Universidad de Nueva York en 1976 bajo la dirección de Israel Kirzner, y que ahora verá la luz gracias a la traducción de Julio H. Cole, económetra y profesor de la Universidad Francisco Marroquín de Guatemala.

El racionalismo cartesiano subrayó el poder de la razón humana: “La ley natural pasó a significar no un código ético preexistente, sino la idea analítica de que la sociedad posee una coherencia inherente que puede ser descubierta por la razón humana consciente”. Para los pensadores medievales la realidad era reconocible por la razón pero las instituciones no eran inventadas por ella sino que eran naturales o espontáneas; contra eso se alzaron Bacon, Hobbes y sobre todo Descartes, y del nuevo iusnaturalismo emergen los fisiócratas, los marxistas y los utilitaristas, aunque éstos pueden ser constructivistas como Bentham, que creen en la organización de la sociedad para llegar a un orden deseable, y los que Hayek llamó utilitaristas genéricos, como Hume, que parten de la limitación de nuestra razón y confían más en el respeto a reglas abstractas; ahí se inscribe Adam Smith y su “sistema de la libertad natural”.

Tras revisar los distintos tipos de leyes de los economistas clásicos y neoclásicos, Keckeissen analiza finalmente dos escuelas opuestas pero que sin embargo coinciden en defender leyes estrictas en economía: la austriaca y la marxista. Para los austriacos la economía es nomotética, enuncia principios generales que son apodícticos, necesariamente ciertos. Mises concibe la economía como la lógica o las matemáticas, algo a priori sin referencia a la experiencia, y que tiene validez universal, por encima de espacio y tiempo, razas, nacionalidades, clases, etc.; no admite la cuantificación, porque no hay constantes en las relaciones humanas. Las leyes apriorísticas no pueden ser refutadas pero tampoco verificadas; no derivan de la experiencia, son lógicamente anteriores a ella; pretenden explicar la naturaleza de las regularidades de la conducta humana, pero no son como las leyes históricas, porque valen para todos los tiempos, como la ley de Gresham o la ley de asociación de Ricardo. No necesitan requisitos especiales, como la competencia perfecta, ni recurren a supuestos como el ceteris paribus.

También el marxismo cree en leyes universalmente aplicables que cubren toda la actividad humana. La diferencia con los austriacos es que el marxismo no se construye a partir de algunos postulados elementales sino de una grandiosa filosofía materialista monista fundada en la eternidad de la dialéctica. Por eso los austriacos vieron progreso económico en el siglo XIX, tal como histórica y comparativamente sucedió, y lo explicaron a partir de regularidades a priori, mientras que los marxistas sólo vieron en ese mismo periodo miseria derivada de la contradicción inevitable de las cosas.

Publicado originalmente en Expansión, el 4 de noviembre de 2013.

Nuevo aniversario de la Caída del Muro de Berlín

Berlin

Hoy, 9 de noviembre de 2013, se cumplen 24 años desde la caída del muro de Berlín. Hace 9 años, escribía el artículo de abajo, que quizás resulte de interés para nuestros lectores. Los invitamos a ofrecer sus reflexiones y actualizar la información que allí se expone.
A 15 años de la caída del Muro de Berlín
La historia económica nos ha provisto de varios ejemplos interesantes como prueba empírica de los diferentes resultados que genera el capitalismo y el socialismo. Tal es el caso de Alemania Occidental y Oriental; Hong Kong y China; Corea del Sur y del Norte. En esta oportunidad nos inclinaremos por profundizar, aunque ea un poco, en el caso alemán.
Un poco de historia
Alemania es la tercer potencia económica mundial después de Estados Unidos y Japón. Francia es su principal socio comercial y juntos son considerados como el motor económico de la Unión Europea.
El actual poder de la economía alemana se cimentó desde el siglo XVIII, pero sólo fue a partir de 1871 con el triunfo de Prusia en la Guerra franco-prusiana que dicho poder se consolidó haciendo del Segundo Reich uno de los actores predominantes de la economía mundial. Posteriormente con el fin de la Primera Guerra Mundial, Alemania conoció un período de grave crisis económica que fue en alguna medida superado durante el Tercer Reich sólo para volver a sumirse en una crisis tras la Segunda Guerra Mundial. Fue justamente el desenlace de dicha Guerra el que desembocó primero en la división del país y quince años más tarde en la construcción del Muro de Berlín. Un 15 de junio de 1961 cientos de guardias coartaban el acceso de calles y avenidas principales prohibiendo el cruce de un lado a otro de la ciudad. Estaban construyendo el infame Muro de Berlín: un muro de cemento de 5 metros de alto y 120 kilómetros de largo, coronado con alambre de púa y vigilado por guardias, ametralladoras, vallas electrificadas y minas; una muralla que, al revés de sus antecesoras, no tenía como objetivo repeler invasiones foráneas sino impedir la fuga de sus propios ciudadanos.
A lo largo de su historia (1961-1989), aproximadamente 5000 personas consiguieron cruzar arriesgando sus vidas. Un número similar de alemanes orientales fueron capturados mientras lo intentaban y 191 murieron en su intento de acceder a Berlín Occidental.
Mientras Alemania Occidental iniciaba una sostenida recuperación conocida como el “milagro alemán”, Alemania Oriental se hundía en la pobreza. Mientras el libre proceso de mercado, la libertad individual, el gobierno limitado y el capitalismo en su conjunto desarrollaban a una de las potencias mundiales, el sistema comunista demostraba toda su incapacidad para desarrollar la economía de Alemania Oriental.
Dos sistemas diferentes para un mismo territorio, con idéntica cultura y recursos demostraban en la práctica los resultados que varios teóricos demostraron en los libros. Marx por un lado, Mises por otro. El “Manifiesto Comunista” o “El Capital” por un lado, el Tratado de Economía “Acción Humana” por otro. Fue justamente Ludwig von Mises quien a través de su teoría de la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo (o en este caso en el Comunismo) la que predecía los resultados de las políticas aplicadas en ambos lados de la Cortina de hierro.

Los resultados de la Reunificación

Hace 15 años, el 9 de noviembre de 1989, se derribó aquel Muro de Berlín, barriendo así al sistema comunista de Europa en su conjunto. Alemania se está enfrentando desde entonces al enorme problema de levantar la economía devastada de su parte oriental después de 45 años de gobierno comunista. Por supuesto 15 años no alcanzan para igualar la calidad de vida de ambos estados, pero sí se evidencian mejoras sustentables. Desde 1991 los estados de la ex Alemania Oriental han experimentado un crecimiento económico del 8% anual, mientras que el total de la economía alemana creció sólo un 2%.
Según comenta un periodista Alemán “En el territorio en el que gobernaba un régimen comunista, hoy reina la democracia, la economía de mercado y se han establecido nuevas infraestructuras que se cuentan entre las más modernas de Europa. En lo que a principios de los 90 era una región ampliamente subdesarrollada en comparación con la media europea, ciudades como Leipzig o Dresde han conseguido atraer multimillonarias inversiones por parte de grandes empresas del sector del automóvil, como BMW, Porsche o Volkswagen, o de fabricantes de chips como AMD. El mismo Berlín parece recuperado de décadas de división a causa del Muro y se cuenta ya entre las capitales más atractivas de Europa.”
Por otro lado, debemos remarcar las consecuencias negativas de la unificación. Los costos operativos (salarios, alquileres, etc.) relativamente bajos, llevan a los capitalistas a reinvertir su capital desde el occidente hacia el oriente alemán. Esto ha desembocado en quejas de los alcaldes locales de la ex Alemania Occidental respecto de la unificación dado que resienten su economía local. En algunos pueblos aquellas empresas eran la única fuente de trabajo.
Por su parte, la ex Alemania Oriental aun tiene mucho por mejorar. De hecho, un 17,4% de la población está desempleada y más de 171.000 personas reciben ayuda social.

El “impuesto solidario” no es el mejor camino

Por supuesto debemos remarcar que aquel “liberalismo económico y político” que se cristalizaba en las políticas económicas del “milagro alemán” ya no están presentes incluso en la Alemania Occidental o en toda Europa. Sólo con mencionar que más del 70 % de la renta nacional es absorbida por el aparato estatal demuestran que el Socialismo está presente. La recuperación de Alemania Oriental podría ser mucho más acelerada con simplemente recurrir a los mismos principios del “milagro alemán”, esto es, libertad individual, economía de mercado y gobierno limitado. No obstante, los hacedores de políticas públicas han privilegiado aplicar una redistribución desde la región más pudiente hacia la menos pudiente. No menos de 1.5 billones de euros de fondos públicos fueron invertidos en el este, en particular vía un “impuesto de solidaridad”. De aquí a 2019, otro monto semejante de euros están previstos en el marco del “Pacto de solidaridad”.
También se ha desarrollado “un operativo financiero que apunta a la privatización masiva de las empresas estatales del este”. La privatización de las empresas estatales fue subsidiada masivamente por el estado alemán que se hizo cargo de la deuda externa de la RDA y de las deudas internas y externas de sus empresas, lo que provocó una descomunal emisión monetaria y un crecimiento espectacular del déficit fiscal.

La lección

El caso alemán ha resultado en un inmejorable ejemplo de los resultados que provoca la planificación de la producción descentralizadamente desde los empresarios vs. la planificación de la producción centralizadamente desde el estado. Alemania Occidental ha sido una potencia mundial que ha alcanzado un nivel de vida de los más altos del mundo para toda su población. Alemania Oriental ha sido todo lo opuesto.
Ludwig von Mises, un economista austriaco que ha tenido que abandonar su país natal por el ataque nazi y que ha dedicado gran parte de su vida profesional a destruir intelectualmente el intervencionismo, concluye: “Lo único que el gobierno puede hacer para mejorar el bienestar material de las masas es establecer y preservar un orden institucional en el cual no existan obstáculos para la acumulación progresiva de nuevos capitales, ni para su utilización en el mejoramiento de las técnicas de producción.” Este orden institucional ya ha sido provisto a la ex Alemania Oriental con sólo integrarse a la ex Alemania Occidental. No hay nada más que el gobierno federal alemán deba hacer para recuperar la economía. Debemos dejar en manos del libre proceso de mercado, la libertad individual y el gobierno limitado la reconstrucción de la economía alemana en su conjunto.
El Comunismo le ha impedido a los alemanes disfrutar de un nivel de vida muy superior durante casi medio siglo. No dejemos que el Socialismo de Mercado les niegue el bienestar por otro medio siglo más.
  • Artículo publicado en el sitio de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, 15 de noviembre de 2004