Janet Yellen, el “sueño rosa” y una inminente pesadilla económica

SalernoReproducimos a continuación, un artículo de Joseph Salerno acerca de Janet Yellen, la próxima Presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos. En línea con el análisis que presenté hace unos meses, Salerno afirma que Yellen niega las burbujas de activos que los analistas observan, y asume que sobrevendrán nuevas políticas de liquidez con nefastas consecuencias.

Janet Yellen, el “sueño rosa” y una inminente pesadilla económica

El lunes, el antiguo economista a cargo de la Fed, Andrew Huszar, pidió disculpas públicamente a los estadounidenses por su papel trascendental en la ejecución del programa de flexibilización cuantitativa (QE, por sus siglas en inglés), un programa que califica como “el mayor rescate por la puerta trasera de Wall Street de todos los tiempos” y “la mayor intervención en los mercados financieros por parte de cualquier gobierno en la historia mundial”. Aunque sea un reconocimiento muy importante por parte de alguien interno (Mr. Huszar es asimismo un antiguo banquero de Wall Street), quizá la declaración más reveladora de Mr. Huszar se refería a los resultados de “la incesante inyección de dinero [de la QE] en los mercados financieros durante los últimos cinco años”. Se refería a la espectacular subida en los mercados financieros y expresaba estar de acuerdo con la creciente creencia entre los observadores expertos de que las condiciones del mercado se habían convertido en “similares a una burbuja”.

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SEA/SDAE: Consequences of Central Banking, Intended and Unintended

El pasado fin de semana fue la conferencia anual de la Southern Economic Association (SEA). Entre las sesiones se encuentran las presentaciones organizadas por la Society for the Development of Austrian Economics (SDAE) así como la cena y reunión anual de esta organización.

Siendo ya una agradable costumbre, compartí uno de los paneles del SDAE con Thomas L. Hogan (Troy University), William J. Luther (Kenyon College), Alexander W. Salter (George Mason University) y Robert F. Mulligan (Western Carolina University). A continuación un resumen del panel y novedades del SDAE.

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Dolarización/convertibilidad inmediata a 15 pesos por dólar

Somos muchos los que sugerimos que evitar una nueva crisis en Argentina implica cambiar el rumbo. Pero no he visto aún propuestas concretas acerca de que cambio concreto se requiere. Aquí va mi propuesta, la que esperó sea criticada por los lectores para iniciar un debate necesario.

http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/11/26/dolarizacionconvertibilidad-inmediata-a-15-pesos-por-dolar/

Cuando Brasil devaluó en 1999, recuerdo que los periodistas entrevistaron a Carlos Saúl Menem -el entonces presidente de la Argentina-, y le consultaron por el abandono de la convertibilidad y la magnitud de la devaluación que llevaría adelante el gobierno argentino. Menem respondió que no habría devaluación. Que el paso que venía era la dolarización. Siempre tuve la sensación de que ésa era la salida que el país necesitaba para evitar volver a las políticas inflacionistas de los años 1980. Pero Menem no avanzó en esta política, y por el contrario, continuó incrementando el gasto público (aumentó 100% en dólares en una década), con su consecuente déficit fiscal. La acumulación de deudas le permitió mantener su estructura de poder y colocó los vencimientos pocos días después de su salida del cargo, dejando el campo minado a su sucesor.

Fernando De la Rúa prometió mantener la convertibilidad, pero no supo, no pudo o no quiso hacer el necesario ajuste para equilibrar las cuentas. La pérdida de reservas fue aumentando día a día. Ricardo López Murphy llegó al Ministerio de Economía en marzo de 2001 con la renuncia en el bolsillo, si no lo dejaban avanzar en el ajuste que el país necesitaba, y pocos días después abandonó el cargo, ante las manifestaciones sociales contrarias a esas intenciones. De la Rúa no soportó la presión que el plan de ajuste necesitaba. El retorno de Domingo Cavallosólo empeoró las cosas. Explicó que el problema no era el déficit, sino la competitividad, y dio señales claras de un gradual abandono de la convertibilidad, lo que aceleró la fuga de capitales y dejó al Banco Central de la República Argentina sin reservas, obligando a los gobiernos siguientes a abandonar la convertibilidad y pesificar. La dolarización pudo ser la alternativa, pero debió aplicársela antes de quedarse sin reservas.

Ya escribí hace unos pocos días acerca de la coyuntura actual, con serios problemas en el frente fiscal, monetario y cambiario. Sintetizando algunas magnitudes clave, el presupuesto 2014 prevé un gasto público total cercano al billón (1.000.000.000.000) de pesos, cuya ejecución promete exceder aún ese valor. La presión tributaria récordde nuestra historia -y una de las más altas del mundo- no alcanza para financiar dicho gasto, diferencia que será financiada con mayor emisión de dinero y el restringido acceso a deuda pública, que se elevó de US$ 144.000 millones en 2001 a US$ 237.500 millones, una vez que sean regularizados los saldos pendientes. En el frente cambiario, la fuga de capitales ya perforó el nivel de reservas del Banco Central de los US$ 33.000 millones, lo que promete seguir presionando el alza de precios.

El problema que enfrenta hoy el gobierno es cómo evitar que continúe esta pérdida de reservas, dado que esto atenta contra el modelo económico. Sugería en aquel artículo un cambio de rumbo o de modelo, pero eso no pasará si atendemos al discurso oficial. Las reformas económicas que se comentan, sea una profundización, ampliación o desdoblamiento del cepo cambiario, o bien medidas concretas contra aquellos que quieran salir del país en el verano que se avecina, son sólo un maquillaje que de ningún modo podrán resolver esta difícil situación.

¿Qué hacer entonces? En primer lugar, reconocer nuestros fallos. La Argentina es incapaz de gestionar su propio dinero, aspecto que queda claro al estudiar nuestra historia o revisando la situación inflacionaria actual. El cepo cambiario además ha fracasado, si atendemos que en un año y medio desde su implementación generó una fuga de capitales de 19.000 millones de dólares, apenas por debajo de los 20.000 millones de dólares que se fugaron entre enero de 2001 y mitad de 2002.

En segundo lugar, actuar en consecuencia, esto es, quitar el cepo cambiario. Preocupa una acelerada fuga de capitales que liquide las reservas, lo que sólo puede ser resuelto con medidas que transmitan credibilidad. En este contexto, no puedo pensar más que en dos alternativas. La dolarización o una nueva convertibilidad. En el primer caso, la medida podría implementarse en cuestión de días y con bajo costo relativo. Un cálculo de la base monetaria ampliada dividido por las reservas declaradas y auditadas por el Banco Central de la República Argentina nos deja con un dólar por cada 15 pesos. En este caso, el Banco Central de la República Argentina debe cerrar sus puertas e invitar a todas las personas a que se acerquen a los bancos a cambiar sus pesos a esta paridad. Los contratos de aquí en más deberán ser denominados en dólares, y se podría liberar al mercado, esto es a la gente, a que elija monedas alternativas como el euro, el yuan, o cualquier otra divisa para realizar sus contratos. Incluso se podría alentar una banca off shore, para atraer nuevos bancos internacionales, reducir el riesgo país y asegurar la atracción de inversiones. Además, los impuestos comenzarán a pagarse en dólares, que sería la moneda de curso legal, y los salarios públicos, incluyendo docentes y jubilados, también comenzarán a pagarse en esa moneda.

En el segundo caso, se podría implementar una nueva convertibilidad a $ 15 por dólar, bajo condiciones similares a la Ley 23.928 pero me temo que se pueda repetir la experiencia de 2001. El costo de salir de la convertibilidad siempre es menor que el de abandonar la dolarización. En cualquier caso, ambas propuestas tendrán una consecuencia lógica e inmediata en la estabilidad monetaria. Una medida u otra obligará al gobierno a buscar fuentes alternativas de financiamiento del gasto que la monetización del déficit fiscal. Quizás la deuda pública sea útil en la transición al equilibrio fiscal, pero habría que implementar un plan económico para alcanzar el equilibrio fiscal en menos de tres años. Un presupuesto base cero debería estar también en la agenda del gobierno, lo mismo que el abandono de los subsidios y un sinceramiento de la economía, en especial en lo que refiere a las tarifas de los servicios públicos y en los precios de bienes y servicios hoy regulados. La viabilidad del plan requiere que estas medidas sean inmediatas, puesto que una continua fuga de capitales y caída de reservas sólo conducirán a consecuencias muy graves en lo económico y especialmente en lo social.

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Expansión de la tecnología

Los capitalistas quieren venderle a todos. Primero son los ricos los que están dispuestos a pagar cara una nueva tecnología, y al hacerlo, financian el desarrollo de ese producto para que luego llegue masivamente a los consumidores. Este proceso ha ocurrido siempre, pero ahora se ha acelerado, cada vez tardan menos los pobres en acceder a los bienes tecnológicos que primero adquieren los ricos.

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Un reaccionario radical: El pensamiento político de Murray N. Rothbard

RothbardCompartimos una columna de Miguel Anxo Bastos Boubeta acerca del pensamiento político de Murray N. Rothbard. Invitamos a los lectores a compartir reflexiones acerca de su pensamiento.

So what should we call ourselves? I haven’t got an easy answer, but perhaps we could call ourselves “radical reactionaries”, or “radical rightists “, the label that was given to us for our enemies in the 1950s. Or , if there is too much objection to the dread term “radical” , we an follow the suggestion of some of our group to call ourselves “ the Hard Right”. Any of these terms is preferible to “conservative”, and it also serves to the function of separating ourselves out from the official conservative movement which, as I shall note in a minute, has been largerly taken over by our enemies. – Murray N. Rothbard. “A Strategy for the Right!”

1. INTRODUCCIÓN

El pensamiento político de Murray N. Rothbard ya comienza a ser bien conocido entre nosotros gracias al resurgir reciente de la escuela austríaca de economía (Huerta de Soto, 2000), de la que Rothbard fue uno de sus más destacados miembros, y a la traducción al español de algunas de sus obras principales, como su monumental obra póstuma Historia del pensamiento económico (Rothbard,1999a)[2]. No así su pensamiento político y social, injustamente relegado entre nosotros a notas a pie de página en los manuales de teoría política [3] a pesar de que contribuye a inaugurar una de las tradiciones más fértiles de la derecha norteamericana el anarcocapitalismo o libertarianismo radical (Zoll, 1971; Gottfried, 1993), sintetizando en una obra de profunda originalidad elementos extraídos de la economía austríaca, la teoría política lockeana y la filosofía iusnaturalista (Barry, 1983; 1986). Rothbard fue un científico social interdisciplinar que abordó de forma interrelacionada el estudio de la economía, la política, la historia y la filosofía de las ciencias sociales como ciencias de la acción humana rechazando por sistema en todo momento la pretensión de estudiarlas desde paradigmas metodológicos formales provenientes de las ciencias naturales (Rothbard 1997a; 1997b; 1997c). Su pensamiento político es de una gran coherencia a lo largo del tiempo, centrado siempre su crítica en la naturaleza esencialmente predatoria y coercitiva del estado, su aislacionismo en política exterior, su visión elitista de las relaciones entre estado y sociedad y su libertarianismo radical, que lo llevó a idear un orden político libertario. No así su práctica política, que osciló de derecha a izquierda, pasando por su decisiva participación en la fundación del Libertarian Party norteamericano, volviendo a apoyar al fin de su vida plataformas de derecha dura, pero siempre defendiendo las mismas ideas y siendo, en sus propias palabras, más radical cada día en su defensa (Raimondo, 2000).

En este trabajo pretendemos realizar una aproximación a los aspectos más originales de su pensamiento político, sin pretender abordar aquí, por las características de este trabajo, el estudio ni de sus aportaciones a la ciencia económica ni de las raíces filosóficas de su pensamiento, que ya fueron tratadas, con matizada animosidad [4] en la obra de Sciabarra (Sciabarra, 2000) o con más simpatía en el trabajo de Powell y Stringham (Powell and Stingham , 2004). Rothbard no precisa de introducciones para ser leído (él mismo dijo en una entrevista, que ahora no logro localizar, que la diferencia entre Mises y Keynes era que el segundo precisa de libros introductorios para ser entendido mientras que Mises puede ser leido direc- tamente por una persona culta lo que probaría su superior claridad de ideas) pues su prosa es asombrosamente clara, incluso para un lego en estas materias , por lo que este trabajo lo único que pretende es llamar la atención sobre uno de los pensadores políticos, a mi entender, más importantes del siglo XX y procurar que sus ideas entren en el debate académico hispano.

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Chris Coyne: The Fatal Conceit of Foreign Intervention

Hace unas semanas, Chris Coyne nos visito en MSU Denver para dar una charla sobre la «Fatal Arrogancia» de la intervención externa. Dejamos el video de la exposició de Coyne sobre este tema en la UFM en el 2011.

Parte de la charla está basada en su libro «After War: The Political Economy of Exporting Democracies» de lectura muy recomendada. Los trabajos de Coyne son un excelente ejemplo de como aplicar las ideas de Hayek a problemáticas contemporáneas de manera accesible.

UFM - Coyne 2011

Reflexión de domingo: «La reforma de pensiones en Latinoamérica»

Gabriela Calderón es editora de ElCato.org, investigadora del Cato Institute y columnista de El Universo (Ecuador).

Las principales economías del mundo desarrollado se esmeran en ilustrar el fracaso de los sistemas previsionales de reparto, aproximándose a su bancarrota. Un estudio publicado en 2009 estimaba que la deuda pública implícita promedio —esto es, la deuda pública más las obligaciones no financiadas de los sistemas de seguridad social— para 25 países de la Unión Europea era de 434% de su PIB1 y según un estudio de 2011 la deuda implícita de EE.UU. era de 412% del PIB (esta última cifra incluye también obligaciones no financiadas de programas como Medicare y Medicaid). De no realizarse una reforma integral de los sistemas de seguridad social, sus gobiernos tendrán que incumplir las promesas, ya sea recortando beneficios, prolongando forzosamente la vida laboral de sus trabajadores, o una combinación de estas y otras medidas.

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¿Por qué la economía necesita de la historia del pensamiento económico?

Compartimos una entrevista a Bruce Caldwell donde explica su proyecto en el que pretende nada menos que reinsertar la metodología y la historia del pensamiento económico en la formación del economista.

La pregunta central que surge es, ¿quién va a enseñar metodología económica e historia del pensamiento económico, si no enseñamos estos campos de estudio a los estudiantes de posgrado actuales?

Bruce Caldwell fue conocido primero por su libro sobre metodología, pero poco después se involucró con la Escuela Austriaca, y en particular con Hayek, y estudió en profundidad sus aportes, y aquel famoso debate con Keynes.

Ahora es parte de un proyecto en Duke University donde todavía se mantiene el interés por estos dos campos de estudio olvidados. Duke University ha logrado crear un proyecto donde se intenta formar una generación de futuros profesores – una generación que está bien versada en la historia del pensamiento económico , y que se comunica con otras ciencias sociales y las humanidades. Estas son las semillas de un nuevo pensamiento económico.

En la entrevista explica que el proyecto es de muy largo plazo, y que intentan encontrar interesados en la historia del pensamiento económico, a los que invitan a tomar cursos cortos en Duke University. Esto abre las puertas para invitarlos después a desarrollar estudios de posdoctorado, los que se complementan con becas económicas.

En Duke todavía sobrevive el interés por la historia del pensamiento económico, algo que se ha logrado mediante un esfuerzo económico y un equipo de profesores e investigadores full time.

Boettke: Where Did Economics Go Wrong? Modern Economics as Flight From Reality

En su visita a la UFM en el 2011, Peter Boettke habló sobre la economía moderna como un desvío de la realidad. Esta es una exposición basada en su paper del mismo título publicado en Critical Review en 1997. Este me parece un muy interesante paper de Boettke. Dado que el paper requiere de subscripción al journal, compartimos la exposición del mismo Boettke sobre el tema.

UFM - Boettke 2011

Axel Kicillof intentará ser el “Keynes argentino” [Infobae]

KicillofLa derrota en las elecciones legislativas, las diferencias surgidas en el equipo económico, el debilitamiento del oficialismo de cara a las elecciones de 2015 y una serie de problemas en el frente monetario y cambiario presionaron al gobierno para abrir una etapa de renovación dentro del gabinete nacional. Lo que se pretende con ello es atacar tanto los problemas en el frente político como aquellos del frente económico. En el primer caso, se intentará homogeneizar el discurso, fortalecer el modelo, recuperar credibilidad en el electorado y dar algunas señales positivas de cara a las elecciones de 2015; en el segundo caso, controlar la inflación, limitar la pérdida de reservas y menguar las presiones sobre el tipo de cambio.

Nótese que no mencioné que vayan a atacar el desequilibrio fiscal, ya que esto implicaría un “ajuste“, un cambio de modelo, que no creo que esté en la agenda del gobierno.

La reaparición de la Presidente tras su licencia por enfermedad vino acompañada precisamente de un anuncio que coloca a Jorge Capitanich como jefe de Gabinete y a Axel Kicillof como nuevo ministro de Economía. Será Capitanich el encargado de trabajar el frente político, buscando consensos y trabajando en construir una unidad de cara al futuro; mientras que Kicillof –y más aún con la reciente renuncia de Guillermo Moreno– deberá presentar propuestas concretas para paliar los problemas del frente económico, o concretamente en el frente monetario y cambiario.

Un fracaso de este último en alcanzar sus objetivos incrementará la sangría de reservas e intendentes, poniendo piedras en el camino del oficialismo en continuar el modelo en 2015, cualquiera sea el candidato elegido para la sucesión; pero al mismo tiempo, dos años más de inflación y pérdida de reservas limitarán las alternativas de política económica que el gobierno que suceda a Cristina Fernández de Kirchner desee implementar a partir de 2015. Resumiendo, si Kicillof fracasa, quizás ya sea tarde para evitar una nueva crisis económica con un plan alternativo posterior.

En otro artículo en este diario resumí mis breves contactos con el joven Kicillof, cuando era un académico, profesor e investigador de la Universidad Nacional de Buenos Aires. En aquellos tiempos Kicillof estudió en profundidad a los autores clásicos, en especial a Karl Marx, y más tarde, se doctoró en economía con un profundo estudio de los Fundamentos de la teoría general de John Maynard Keynes. El pensamiento de Kicillof se encuentra entonces entre Marx y Keynes, con un debate interno que no le debe ser fácil de resolver. Piensa en los términos que aprendió de Marx -aspecto que se nota cuando habla-, pero modera su discurso a través de Keynes, a quien conoce de memoria. El socialismo para él sería deseable, aunque entiende que una transición a ese sistema es inviable en el mundo moderno. El advenimiento del socialismo será quizás una etapa más avanzada del capitalismo, pero no es algo que a él le preocupe acelerar desde su nuevo cargo. De ahí que pienso que su acercamiento a Keynes explicará mejor sus propuestas de política económica.

Como buen historiador de las doctrinas económicas, Kicillof sabe que el pensamiento de un autor debe estudiarse bajo el contexto histórico en el cual vivió. Y es curioso que el contexto en el que Keynes construyó su pensamiento revolucionario sea tan similar al que hoy caracteriza a la economía mundial. En una entrevista desarrollada hace algunos meses, Kicillof explicaba que aquella gran depresión de los años 1930, junto con la crisis global actual, son las dos peores crisis de “la etapa capitalista”. Esto llevaba a Kicillof a rechazar la idea generalizada que tenemos otros economistas de que la Argentina se ha beneficiado en los últimos diez años de un contexto internacional favorable. Para Kicillof, sin embargo, no hubo, ni habrá vientos a favor, sino vientos en contra, que hundirían a la economía argentina, si no fuera por las exitosas políticas proteccionistas que se vienen aplicando. Lo cierto es que lo dicho por Kicillof ha sido engañoso, y si bien el mundo desarrollado muestra turbulencias, él sabe que es precisamente ese contexto el que empuja a la Reserva Federal americana y al Banco Central Europeo a inyectar liquidez y elevar el precio de los commodities -como el petróleo, el trigo y la soja-, lo que claramente beneficia a la región, y también a nuestro país.

Kicillof, sin embargo, comparte con Robert Skidelsky -uno de los máximos biógrafos de John Maynard Keynes- que éste es el momento del “retorno del maestro”. Justifica con ello una serie de medidas que corrijan el capitalismo, que lo regulen, ya que sin estas medidas, el mercado sólo puede conducirnos a sucesivas crisis capitalistas.

En su tesis doctoral muestra precisamente cómo la política anticíclica keynesiana debe enfrentar una situación como la de Estados Unidos, la Unión Europea, y aun la propia de Argentina, impulsando la demanda agregada con políticas monetarias y fiscales expansivas. Esto es, más gasto público –sin importar que sea deficitario- y más expansión del crédito con tasas de interés bajas e incluso negativas -en términos reales-, lo que impulsaría simultáneamente el consumo y la inversión. El mayor error que me imagino cometerá Kicillof, sin embargo, es desatender el desequilibrio fiscal, fuente de todos los problemas argentinos de las últimas décadas, y fuente del problema real que tiene hoy la Argentina al explicar las causas de la inflación.

Imagino entonces que Kicillof tomará medidas que potencien el rol del Estado con un papel más activo que el que ya tenía, con más planes sociales redistributivos, y posiblemente -esperemos me equivoque- con nuevas expropiaciones que financien esos proyectos. Recordemos que en varias oportunidades Kicillof exclamó su deseo de “revertir el noventismo”, lo que abre una incógnita acerca de nuevas estatizaciones y un más amplio control del Estado.

Si algo tenían en común Marx y Keynes era su desconfianza en el mercado y el desprecio por la función empresarial. Kicillof dejaba ver en cada clase -y hoy se repite en sus discursos y entrevistas- ese odio a los dueños del capital. Mira con recelo los beneficios contables que las empresas logran acumular, porque no puede dejar de ver en ellas a la indebida apropiación de plusvalía por parte del capitalista, entendida como la expresión monetaria del valor que el trabajador asalariado crea por encima del salario que recibe. Esa injusticia social justifica -en su visión- la “acción” del gobierno expropiando o tomando medidas para limitar lo que para él es básicamente un robo.

Kicillof entiende el comercio como un juego de suma cero, donde lo que unos (los empresarios) ganan, es lo que otros (los asalariados o consumidores) pierden, lo que hace que tenga una enorme satisfacción en tomar medidas que reduzcan estos beneficios empresariales. Quizás no seguirá los modos de Moreno, abiertamente criticados por toda la sociedad, pero no me sorprendería que defina estrategias de inversión, o que prohíba el envío de utilidades de empresas extranjeras a sus casas matrices. Tampoco espero que permita las importaciones libres de insumos y bienes de consumo. Su discurso en el marco de la expropiación de Repsol-YPF precisamente iba en ese sentido. Él decía comprender la lógica capitalista de que una empresa tome las ganancias y las invierta donde mejores negocios encuentre, pero esto afectaba los intereses de la nación, y hubo que intervenir. Más bien, señaló que primero se le pidió a la empresa amablemente que cambie su operatoria. Luego se insistió en que reinviertan el capital en el país. Finalmente, ya hubo que actuar con la expropiación. Kicillof entiende entonces que el capital es de la Argentina y que debe responder a los intereses de la Argentina. El problema con Repsol-YPF, por un lado, fue que las propias regulaciones a la empresa le redujeron el margen de ganancia y eso implicó reducir las inversiones y reinvertir en el exterior. El problema con Kicillof, por el otro lado, es que tiene la “fatal arrogancia” de creer que él sabe definir concretamente cuáles son esos intereses colectivos, mucho mejor que los millones de planificadores empresarios que tenemos en el país. En pocas palabras, para Kicillof los fines colectivos están por encima de los fines individuales, y si hay que sacrificar a una serie de empresas o a un grupo de empresarios para ayudar al sostenimiento del modelo, no le temblará el pulso en hacerlo.

Lo mismo se puede decir del tan mencionado desdoblamiento cambiario. Si debe encarecerse el turismo argentino en el exterior, no habrá problemas en hacerlo. Después de todo, que las divisas queden en el país respaldando el dinero local es una función social que está por encima de la libertad individual.

En los papeles Kicillof no puede más que profundizar el modelo. Sin embargo, hay que advertir que si bien cuenta con el respaldo de la Presidente para ejecutar políticas, el oficialismo hoy se encuentra debilitado. Recordemos que en la primera jornada post-nombramiento, el mercado respondió muy mal, con una fuerte baja en la Bolsa porteña. El oficialismo ha perdido mayoría en el Congreso y la sociedad está expectante de no sufrir una nueva crisis como aquella de 2001.

Kicillof será muy claro en sus próximos discursos, y empezará a delinear la política económica del gobierno para los próximos dos años. Pero la claridad que posee Kicillof al explicar sus ideas no evitará las consecuencias indeseadas de ellas.

Mi impresión es que la Presidente ha cometido quizás su mayor error en su “encandilamiento” con Kicillof. La expropiación a Repsol fue un error, pero la implementación de este proceso fue aun más grave que la propia expropiación. Hoy la Argentina aún debe resolver la disputa con la empresa, pero además debe gastar millones de dólares en la importación de gas y combustible que en otro contexto podía producirse en el país.

Cristina Fernández de Kirchner decidió desatender las expectativas del electorado y profundizar un modelo agotado. Todo lo dicho me lleva a confirmar lo mencionado al cierre de la nota anterior. Conjeturo que el desenlace de este modelo no será muy diferente del tan criticado noventismo.

Publicado originalmente en Infobae, miércoles 20 de noviembre de 2013.