Fundación Libertad / y Progreso tiene un nuevo didáctivo video sobre los orígenes monetarios de la inflación. Vale la pena verlo y esperamos que sigan produciendo este tipo de material.
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Comparto mi última nota sobre las altas tasas de de inflación en Argentina.
El último dato de la Inflación Congreso (2% mensual, 25% anualizado) muestra que este problema no parece menguar en la economía Argentina. Con cada informe sobre la inflación Argentina surgen distintas explicaciones que buscan excusar al BCRA de la responsabilidad del preocupante problema inflacionario (por ejemplo aquí y aquí). Quienes rechazan la relación entre emisión monetaria e inflación sostienen que con datos duros es posible relativizar la “teoría ortodoxa o monetaria” de la inflación. Que el origen monetario de un proceso inflacionario se ponga en discusión en un país con un historial inflacionario único es llamativo y hasta preocupante. Negar en economía que el problema de la inflación es monetario es como que un médico niegue que el problema de un coma alcohólico sea el exceso de alcohol. Decir que la inflación es un fenómeno monetario no es de izquierda, ni de derecha, ni de ortodoxos ni heterodoxos, no es otra cosa que demanda y oferta aplicado al bien dinero. Las leyes de la economía, igual que las leyes de la física, no entienden de desacuerdos políticos e ideológicos. ¿Por qué hay, sin embargo, casos como el de Estados Unidos, donde la expansión de base monetaria no genera inflación? O, ¿por qué la inflación es aproximadamente la misma en el 2013 si la base monetaria ha crecido menos que en el 2012? ¿Quiere decir esto que la inflación no es un fenómeno monetario? ¿O será que los datos están siendo interpretados de manera incorrecta por quienes excusan al BCRA de una de las inflaciones más altas del mundo?
En paralelo con mi artículo sobre Suecia, publicado en Infobae la semana pasada, surgió una nota en el diario La Nación bajo el título «Noruega, el único socialismo del siglo XXI«. Inmediatamente muchos lectores nos han consultado opinión acerca de este otro caso «exitoso» de socialismo de mercado o Estado de Bienestar.
Lo cierto es que en la propia nota de La Nación uno puede encontrar respuestas. Por ejemplo, Noruega cuenta con una población pequeña de sólo 5 millones de habitantes, los que están parados sobre «100 años de reservas en gas y 50 en petróleo».
El caso requiere investigación, pero aquí me limito a ofrecer lo que el Index of Economic Freedom ofrece en su estudio de 2013. Este indicador nos muestra que la libertad económica no se mide sólo por el tamaño de Estado, sino al menos en otros 9 indicadores adicionales.
Noruega recibe las puntuaciones más altas en Rule of Law (o Estado de Derecho). Es un país donde se respetan los derechos de propiedad, hay reglas de juego claras y estables, y hay bajísimo nivel de corrupción.
Además goza de mercados libres y competitivos, tanto hacia dentro de Noruega como también hacia el exterior. Son tan bajas las regulaciones que afecten la libertad de empresa, que el Banco Mundial engloba a Noruega como una de las 10 economías donde es más fácil hacer negocios (Noruega en el Doing Business).
En el campo monetario, Noruega disfruta de estabilidad monetaria y también de cierta libertad financiera.
Sus puntuaciones más bajas en libertad económica las recibe precisamente en el tamaño del Estado, la presión tributaria y la legislación laboral.
La pregunta que me surge es cuánto de ese gasto se financia con empresas y consumidores, y cuánto se financia con las reservas de gas y petróleo. La nota de La Nación dice que «El Estado grava la producción petrolera con una alícuota del 78% sobre sus ganancias netas.» ¿Cuál sería la presión tributaria de Noruega sin esta alta alícuota sobre la producción petrolera? Quizás descubrimos que la presión tributaria real sobre las empresas y los consumidores no es tan alta como parece.
Y es que Noruega ha logrado independizar su economía local de las reservas de gas y petróleo. Ante la pregunta que surge acerca de cómo ha hecho el gobierno Noruego para evitar que estas reservas causen la conocida enfermedad holandesa, perjudicando los incentivos hacia adentro de su economía, la respuesta es clara:
Las reglas de administración son claras: todo la renta petrolera se nuclea allí. El 96% de las ganancias e intereses se reinvierte fuera del país (para que no puedan ser utilizados políticamente) y el 4% se puede girar al Tesoro para financiar gasto público. A nivel global, los 810.000 millones en activos financieros se distribuyen: 60% en acciones de empresas, 35 a 40% en bonos y hasta un 5% en inmuebles.
Como reflexión final, debo reconocer que el caso requiere más investigación, pero la economía de Noruega es la 31 más libre del mundo, sobre un total de 185 economías que mide el ranking. Superando los 70 puntos, está muy lejos de ser una economía de planificación central socialista. Por el contrario, integra el privilegio de ser una de las economías mayormente libres que, afortunadamente, todavía nos quedan.
Compartimos a continuación una nota de Orlando Ferreres donde se analiza la estructura de la pobreza en Argentina. ¿Cuáles son las provincias más pobres? ¿Cuáles son las provincias que más riqueza transfieren? ¿Ayudaron décadas de transferencias a mejorar la situación de estas provincias pobres? El gráfico habla por sí mismo, pero recomendamos leer el artículo para comprender la metodología del estudio y observar algunas conclusiones fundamentales presentadas por Ferreres.
El QJAE acaba de publicar on line los artículos de su Vol. 16, No. 3.
Fritz Machlup and the Bellagio Group: Solutions to Liquidity, Adjustment and Confidence Problems and Their Opportunity Costs – by Carol M. Connell
A Note on Two Erroneous Ways of Defending the Pure Time Preference Theory of Interest – by Mihai Vladimir Topan and Cristian Paun
Comment on «A Note on Two Erroneous Ways of Defending the Pure Time Preference Theory of Interest» – by Jeffrey M. Herbener
The Theory of Interpretive Frameworks: Ceteris Non Paribus – by Paul D. Mueller
An Appreciation of B.R. Shenoy, Economist – by Sandeep Prakash
Review of Antifragile: Things that Gain by Nassim Nicholas Taleb – Reviewed by David Howden
The Great Deformation: The Corruption of Capitalism in America by David A. Stockman – by Thomas J. DiLorenzo
Existe cierto interés en la literatura macro por estudiar si, como sostiene el modelo de demanda y oferta agregadas (AD-AS), un shock monetario tiene efectos neutrales y la economía vuelve (más pronto que tarde) a la misma tendencia de crecimiento de largo plazo. Un shock monetario debería correr solo temporalmente a la economía de su curso de crecimiento. Como Campbell y Mankiw (1987a, 1987b) muestran (para EE.UU.) este no es siempre el caso.
En numerosos debates acerca del socialismo de mercado y el Estado de Bienestar surge el caso de Suecia como un ejemplo a imitar. En este artículo, resumo una parte de la literatura que emerge para mostrar que la experiencia de Suecia no ha sido tan exitosa como gran parte de la opinión pública sugiere.
Mitos en torno a Suecia y el Estado de Bienestar
En la literatura se considera a los países nórdicos como aquellos que han logrado disfrutar de los beneficios del “socialismo de mercado” y el “Estado de Bienestar”, caracterizado como un sistema intermedio entre la economía de mercado y la economía socialista, que toma lo mejor de cada uno y deja de lado sus fallas. Entre estos países nórdicos, se dice, Suecia ha encontrado el modo de alcanzar los más elevados niveles mundiales de igualdad social, sin coartar el espíritu empresarial. Suecia se presentaría como el modelo a seguir, por países avanzados y en desarrollo, por haber alcanzado un equilibrio entre la equidad y la eficiencia. El objetivo de este artículo es analizar el debate entre economía de mercado y Estado de Bienestar, sobre la base del caso sueco. En la literatura, y también en la opinión pública, predomina un mito sobre la economía sueca y su Estado de Bienestar que es necesario reconsiderar.
El modelo capitalista sueco
Hacia finales del siglo XIX, Suecia inició un período exitoso de desarrollo económico construido sobre la base de la economía de mercado. Johan Norberg, en un artículo acerca de los “modelos suecos” (2006), explica que “los comerciantes suecos podían exportar hierro, acero y madera, y los empresarios crearon innovadoras empresas industriales que se volvieron líderes mundiales. Entre 1860 y 1910 los salarios reales de los trabajadores industriales crecieron en un 25% por década, y el gasto público en Suecia no rebasó el 10% del PIB”. En 1932, el Partido Socialdemócrata llega al poder. Y no fue algo coyuntural. Entre 1930 y 1988 este partido contó con un apoyo electoral del 40%, según documenta Mauricio Rojas en el libro Suecia después del modelo sueco, publicado por la Fundación CADAL (2005). Se trataba de un partido de clase media, el cual se esforzó por crear sistemas de seguridad social que permitieran extender beneficios en jubilaciones, desempleo, maternidad y salud a toda la población. La política aplicada fue de socialización gradual por el lado del consumo, esto es, el cobro de impuestos a los trabajadores para ofrecer estos servicios a toda la población, pero sin controlar ni intervenir en los medios de producción. Norberg explica, sin embargo, que hasta 1950 “el peso total de los impuestos no era mayor al 21 % del PIB, más bajo que en los Estados Unidos y Europea Occidental”. Hay que destacar que Suecia se mantuvo al margen de las dos guerras mundiales, lo que permitió a la economía alcanzar resultados asombrosos. Suecia era un país rico. En 1970 tenía el cuarto ingreso per cápita más alto del mundo, de acuerdo con estadísticas de la OCDE.
El modelo sueco del Estado de Bienestar
Pero entonces comenzó un cambio de paradigma y Suecia terminó por abandonar los principios que le habían permitido hasta entonces alcanzar niveles elevados de bienestar. Los socialdemócratas expandieron la asistencia social y el mercado laboral se volvió enormemente regulado. El gasto público entre 1960 y 1980 se elevó del 31 al 60 % del PIB, lo que requirió que entre 1960 y 1989 se duplicara la carga tributaria, del 28 al 56 % del PIB. Fue entonces que el modelo mostró dificultades. La economía de mercado fue transformada en una economía planificada, algo que se observó en el abandono de una economía industrial para ofrecer fundamentalmente servicios. A medida que más trabajadores abandonaban sus empleos y se sumaban a la asistencia social, los impuestos recaudados se reducían, y el gasto aumentaba, lo que llevó al país a evidenciar problemas fiscales serios. Lo dicho llevó a la economía a moderar su magnífico desarrollo previo. Norberg nos ilustra señalando que entre 1975 y 2000, mientras el ingreso per cápita creció un 72% en Estados Unidos y un 64% en Europa Occidental, el de Suecia sólo creció en un 43%. Para el año 2000, Suecia cayó al lugar 14 en el ranking de la OCDE sobre ingreso per cápita. En 1990, la grave crisis económica mostró una pérdida de 500.000 puestos de trabajo, superando la tasa de desempleo el 12%. El exitoso modelo sueco se convirtió en un fracaso. Y esto ocurrió porque el “modelo sueco de mercado” practicado hasta 1950, fue abandonado por el hoy conocido “modelo sueco” del Estado de Bienestar. El enorme costo de la burocracia se hizo presente.
Radiografía del problema sueco
Norberg explica que el problema central del nuevo modelo sueco es que “erosionó los principios básicos que volvieron viable el modelo en primer lugar.” “El servicio civil es un ejemplo portentoso de este fenómeno. La eficiencia del servicio civil significaba que el gobierno podría expandirse, pero esta expansión empezó a dañar su eficiencia. De acuerdo a un estudio de 23 países desarrollados del Banco Central Europeo, Suecia ahora obtiene el menor servicio por dólar gastado del gobierno”. En el campo de la salud por ejemplo, Norberg cita un estudio de la Asociación Sueca de Autoridades Locales y Regiones, quienes informan “que los doctores suecos atienden a cuatro pacientes al día en promedio, una reducción del promedio de nueve que tenían en 1975. Es menor que en cualquier otro país de la OCDE, y menos que la mitad del promedio. Una razón es que un doctor sueco consume entre el 50% y 80% de su tiempo en trámite administrativos”. Mauricio Rojas, por su parte, explica que la mayor asistencia social indujo a un aumento de la tasa de población pasiva sobre la tasa de población activa. Los incentivos al trabajo fueron modificados y con ello un país exitoso y rico, comenzó a mostrar resultados opuestos sobre el bienestar.
El retorno al capitalismo
La crisis económica de 1990 llevó al electorado a abandonar su apoyo por el partido socialdemócrata, y Carl Bildt inició un proceso de desmantelamiento del estado benefactor maximalista. Paliar el déficit fiscal implicó recortar gastos y beneficios provistos por el Estado. Poco a poco la población sueca perdió su confianza en el estado benefactor y se abrió paso a la privatización de los servicios públicos. Suecia es un ejemplo en la implementación del sistema de Vouchers para el sistema educativo, reforma desarrollada en 1992. La aparición de bolsones de exclusión llevó entonces al electorado a apoyar nuevamente al partido socialdemócrata, pero en lugar de revertir las medidas practicadas entre 1991-1994, las reformas fueron profundizadas. Esto permitió sanear las cuentas fiscales, bajar la deuda pública y reducir la carga tributaria. Siguiendo el modelo chileno, Suecia privatizó el sistema de pensiones, permitiendo que la población activa elija sus administradoras privadas. Las privatizaciones llegaron también a las telecomunicaciones, los transportes, la infraestructura, la energía y el correo. En el caso de la salud, si bien aparecieron proveedores privados, se mantuvo el servicio público dando lugar a vías paralelas de acceso. Esto originó cierta desigualdad entre quienes pueden pagar y quienes no pueden hacerlo, y más aún entre las diferentes regiones del país, pero el pueblo aceptó el costo de la pérdida de equidad, a cambio de un país en funcionamiento y desarrollo. El crecimiento económico desde entonces es aceptable, pero los desafíos para el futuro abren una incógnita sobre la economía sueca. ¿Podrá Suecia mantener el sistema capitalista que la llevó a ser el cuarto país con mayor PIB per cápita del mundo? ¿O retornará ese Estado de Bienestar que se transformó en parte de la cultura de quienes hoy componen la población activa? Lo cierto es que en estas últimas décadas, el proceso inmigratorio ha sido muy fuerte y la población activa ya no se presenta tan homogénea como lo era en los años 1950.
Reflexión final
A modo de cierre, basta decir que el modelo sueco del Estado de Bienestar no ha sido exitoso y no debiera ser simulado por los países latinoamericanos, ni por los europeos, ni tampoco por los Estados Unidos. Los costos de eficiencia y bienestar de practicar tal modelo están a la vista. Serán necesarios nuevos esfuerzos en los estudios históricos de tales experiencias para evitar que el mito de la economía sueca y el Estado de Bienestar hoy vigente, sea difundido entre los profesionales que hoy están formándose y que liderarán la política económica del mañana.
Artículo publicado originalmente en GPS Económico, No. 4. Reproducido en Infobae el lunes 11 de noviembre de 2013.
Los alumnos de la materia Economía Política de la Facultad de Derecho de la UBA tienen que leer el libro de Alberdi, «Sistema Económico y Rentístico» y hacer algo creativo.
Este video es uno de esos resultados. Veanlo hasta el final así les cuenta la visita y divúlgenlo si les parece.
El 9 de octubre salió en Infobae una nota titulada «Tres décadas y un problema llamado déficit fiscal.» En aquella nota decía que desde la vuelta a la democracia, Argentina tuvo el mismo problema de déficit fiscal, lo que de hecho cambió de década a década fue el método de financiamiento, no el problema de fondo.
EL 25 de octubre Mauro Cristeche (UNLP y UNLaM) comparte una nota crítica a mi comentario en Infobae titulada «Dos siglos de economía Argentina y un problema llamado capitalismo.» Cristeche coincide que el déficit fiscal fue un serio problema, pero sostiene que la nota no es lo suficientemente profunda. El déficit fiscal se debe, argumenta, a la lógica del capitalismo imperante en Argentina en los últimos 200 años.
Si bien envié mis comentarios de respuesta a Infobae pocos días después de la nota de Cristeche, el fallo de la Corte Suprema respecto a la Ley de Medios y otros eventos de la agenda política versus lo puntual de mi respuesta hicieron que, obviamente, mi comentario perdiese relevancia.
No quería dejar de compartir mis reflexiones sobre la nota de Cristeche que copio a continuación.

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