«Cierre del gobierno» y «Centenario de la Fed»: Entrevista a George Selgin en Madrid

La Fundación Rafael del Pino invitó a George Selgin a Madrid donde ofrecerá una conferencia acerca de los primeros 100 años de la Fed (1913-2013). Aquí compartimos una entrevista donde adelanta parte de su presentación, criticando a la Fed de Alan Greenspan y Ben Bernanke, tanto por su responsabilidad en crear el contexto necesario para generar la crisis subprime de 2008, como también por las políticas de Quantatitve Easing 1, 2 y 3 que se aplicaron como remedio, rescatando a bancos insolventes y afectando negativamente su propia situación.

En esta entrevista Selgin además analiza el actual «cierre del gobierno» asegurando que esto implica cierto límite al tamaño del gasto, además de detener el proceso de endeudamiento. Al mismo tiempo, Selgin, reconoce que sería bueno quitar las restricciones al gobierno de Obama para que la gente pueda observar que aun sin restricciones, las políticas tampoco darían resultados.

Un siglo de fracasos: los primeros 100 años de la Reserva Federal americana

selguinLa Fundación Rafael del Pino organiza, el próximo día 2 de octubre de 2013, la Conferencia Magistral de George Selgin titulada “Un siglo de fracasos: los primeros 100 años de la Reserva Federal americana”.

Difundiremos el video de la conferencia ni bien esté disponible en la web.

 George Selgin es catedrático de economía en el Terry College of Business de la Universidad de Georgia y decano del Cato Institute en Washington DC. Su investigación abarca una amplia gama de temas dentro del campo de la economía monetaria, incluyendo la historia monetaria, la teoría macroeconómica y la historia del pensamiento monetario. Es autor de obras como Theory of Free Banking Bank Deregulation and Monetary Order, Less Than Zero: The Case for a Falling Price Level in a Growing Economy y, más recientemente, Good Money: Birmingham Button Makers, the Royal Mint and the Beginnings of Modern Coinage.

Ha escrito para numerosas publicaciones en revistas académicas, como British Numismatic Journal, the Economic Journal, the Economic History Review, the Journal of Economic Literature, o the Journal of Money, Credit, and Banking, y asi como columnas divulgativas en The Christian Science Monitor, the Financial Times o the Wall Street Journal.

El profesor Selgin también es editor asociado del Econ Journal Watch, una revista electrónica dedicada a la exposición de ” las suposiciones inapropiadas, las debilidades en las cadenas de argumentos, las reclamaciones faltas de importancia y las omisiones de las verdades pertinentes” en los escritos de los economistas profesionales.

El descalce de plazos no es la causa del ciclo económico, parte 3

Como siempre ocurre en estos debates, el intercambio va abriéndose a varios campos relacionados. Aquí, para no perder el foco, me concentraré en el punto original, que el descalce de plazos no es la causa del ciclo económico. En el futuro intentaré volver sobre lo demás.

En esta última réplica de Rallo veo una contradicción que me impide comprender el mensaje de la teoría de la liquidez.

Hayek siempre rechazó que en ausencia de intervención estatal el mercado sea perfectamente estable. Distinguía por ello entre fluctuaciones y ciclos económicos. Las fluctuaciones ocurren por factores endógenos al mercado, ante cambios en las preferencias temporales o ante innovaciones tecnológicas. Los ciclos económicos ocurren por factores exógenos al mercado, concretamente, por la expansión de crédito de la autoridad monetaria que rompe la identidad entre ahorro e inversión, creando un auge insostenible.

Keynes, Marx y los seguidores de ambos, por el contrario, afirman que el ciclo económico es causado por factores endógenos al mercado. No hay espacio aquí para desarrollar las teorías de ambos, pero digamos que es justamente esta inestabilidad la que lleva a Keynes a justificar su intervencionismo y a Marx a sugerir un cambio de sistema.

Soy consciente que Rallo defiende un pensamiento libertario, y en ningún momento quisiera identificarlo con estos otros autores. Más aun, pienso que está haciendo un trabajo increíble en defensa de la libertad. Pero cerré mi anterior post afirmando que “la posición de Rallo tiene un condimento keynesiano importante. El ciclo económico se produce ahora por un factor endógeno del capitalismo.” A lo que Rallo respondió que “La teoría de la liquidez no fortalece la versión keynesiana del ciclo por una razón: porque explica cómo el libre mercado sería capaz de superar esos problemas.”

Aquí veo una contradicción importante que me lleva a concluir que quizás estamos diciendo lo mismo. Si el libre mercado es capaz de superar los problemas del descalce, entonces yo tendría razón en afirmar que el descalce no es la causa del ciclo económico. En todo caso, la teoría de la liquidez debería afirmar que el monopolio de emisión + el descalce, provocan ciclos económicos.

Si por el contrario, Rallo insiste en su posición de que “el descalce general de plazos sí genera el problema, con independencia del marco institucional en el que se dé” (punto 5), entonces fortalece la posición keynesiana de que está en la naturaleza del libre mercado la causa de los ciclos económicos.

En la clasificación de Hayek yo creo que el “descalce” sería un factor más para explicar ciertas fluctuaciones en el mercado libre, pero no para fundamentar los ciclos económicos.

Lo mismo ocurre con las reservas fraccionarias. En un sistema de banca central, la existencia de reservas fraccionarias ayudan a expandir el crédito y causan el ciclo económico. Pero en un sistema de banca libre, la competencia entre bancos emisores y la compensación bancaria evitan que se desencadene el ciclo, como de hecho muestra el caso de Escocia, que funcionó de forma estable con un encaje del 2 %.

De esto se deduce que ni el descalce, ni las reservas fraccionarias son causa del ciclo económico. La causa proviene del monopolio de emisión.

Hay que reconocer que el monopolio de emisión podría no generar ciclos económicos si lograra equilibrar ahorro e inversión, pero dada su naturaleza lo más probable es que Hayek tenga razón al enfatizar el «problema de conocimiento» y Buchanan tenga razón en enfatizar el «problema de incentivos». Resumiendo, lo más probable es que el monopolio de emisión redunde en desequilibrios monetarios.

Insisto entonces en la necesidad de distinguir entre marcos institucionales monetarios. Y el contraejemplo expuesto en mi anterior comentario, se cumple precisamente bajo un sistema de banca libre con reserva fraccionaria. No niego que el descalce puede generar pequeños desequilibrios, y que estos a su vez puedan generar cierto efecto Ricardo en la estructura productiva, pero al estar limitados por la competencia no llegan a causar el ciclo económico.

Rallo dijo que el mercado libre “sería capaz de superar” el problema. Quizás se refería a esto mismo. Y luego en el punto 3 de su réplica agrega que “sí, en banca libre los bancos tienden a aprender que no deben descalzar plazos. Pero… durante un tiempo pueden no haber aprendido la lección (en eso consiste el aprendizaje evolutivo: me equivoco, corrijo, aprendo) y en ese caso se podría dar un ciclo sin bancos centrales.”

Lo único que debo corregir de esta última afirmación es que no habrá “ciclo” en ese proceso de aprendizaje, sino que habrá quiebra de un banco o algunos bancos que operen irresponsablemente. De nuevo, insisto con el mensaje de mi primer post, no es lo mismo la quiebra de un banco que “desequilibrios generalizados”. En un sistema de bancos emisores competitivos como el de Escocia, la caída de un banco no arrastra a todos los bancos del sistema.

En el punto 4 de la réplica, Rallo señala que bajo un sistema de banca libre, “Los bancos se pueden equivocar: es más, pueden descalzar todos ellos en masa el crédito sin que aparezcan saldos negativos en la cámara de compensación interbancaria y sin que ninguno ponga fin a expansión crediticia”. Acepto que los bancos se pueden equivocar. Lo contrario sería un mundo de equilibrio y competencia perfecta. Pero no veo por qué tal cosa ocurriría. Si bien los bancos pueden descalzar, el proceso de competencia haría que aquel banco que se exceda quiebre, pero no arrastrará el sistema completo como decía antes. Aquí es necesario ampliar la explicación para mostrar que tal cosa ocurriría. Rallo acepta que en Escocia no ocurrió pero afirma que podría ocurrir. Yo no veo por qué.

Huerta de Soto afirma algo similar en su libro “Dinero…” utilizando teoría de los juegos, para afirmar que todos los bancos formarían un cártel contra sus clientes. El ejemplo es desafortunado, y el propio Mises lo muestra en La Acción Humana, Cap. 17, sección 11, p. 535, cuando analiza precisamente la libertad bancaria:

¿Qué sucedería si toda la banca privada se asociara y formara un cartel? ¿No es acaso posible que los bancos se confabulen para emitir sin tasa medios fiduciarios? Tal inquietud es absurda. Mientras la intervención estatal no impida a la gente retirar sus saldos, ningún banco puede permitirse arriesgar su buen nombre asociándolo con el de otras entidades de menor crédito. Conviene recordar que el banco dedicado a crear medios fiduciarios se halla siempre en una postura más o menos precaria. El buen nombre es su prenda más valiosa. Cualquier duda acerca de la seguridad y solvencia de la institución puede llevarla a la suspensión de pagos. Para un banco de buena reputación sería una política suicida ligar su nombre al de otras instituciones menos acreditadas. Bajo un régimen de libertad bancaria, la unión de todos los bancos en un cartel implicaría el fin de la banca, lo que, evidentemente, no beneficiaría a ninguna de las instituciones afectadas.

Cierro con las referencias al intercambio completo:

Ravier, El descalce de plazos no es la causa del ciclo económico

Rallo, El descalce de plazos sí es la causa del ciclo económico

Ravier, El descalce de plazos no es la causa del ciclo económico, parte 2

Rallo, El descalce de plazos sí es la causa del ciclo económico (parte 2)

El descalce de plazos no es la causa del ciclo económico, parte 2

Hace unos días subí un post en el que ofrecía algunos argumentos a favor de la hipótesis de que el descalce de plazos no es la causa del ciclo económico. Inmediatamente, Rallo ofreció una réplica sistemática, lo que abrió un diálogo en diversos grupos de redes sociales y blogs que manifiestan el interés que hay en el tema. A continuación intentaré una réplica.

Aclaración previa: Si bien en las redes sociales han surgido defensores de la posición Rothbard-Huerta de Soto, por el momento prefiero concentrarme exclusivamente en la posición Fekete-Rallo (la que incluye por supuesto a otros economistas, especialmente a Gabriel Calzada y José Ignacio del Castillo, con quienes he conversado sobre estos temas en varias oportunidades). Es por ello que dejaremos fuera del análisis a los depósitos a la vista, porque pueden generar confusión. Cuando de aquí en más diga “depósitos”, me referiré especialmente a los depósitos a plazo fijo, en el que el “depositante” pierde la disponibilidad del dinero por el plazo del contrato. Quedará para otro post, extender el análisis incluyendo los depósitos a la vista.

  1. Lo primero en lo que quiero insistir es en el argumento de que el descalce de plazos no es la causa del ciclo económico y para ello puede servir un contraejemplo. Imaginemos que un banco capta un depósito de 10.000 dólares a un año. Imaginemos ahora que el banco presta estos 10.000 dólares a diez años. Se podrá decir que cumplidos los primeros 365 días, el banquero no podrá cumplir su compromiso de devolver el dinero al depositante. Sin embargo, imaginemos que el banquero logra captar el último día del primer año otro depósito por el mismo monto, y nuevamente por un plazo de un año. El primer depositante habrá recibido su dinero, pero ahora hay un segundo depositante que corre el riesgo de perder su capital. Al cierre del segundo año, digamos entonces que el banquero logra captar nuevamente un depósito que le vuelve a permitir cumplir su compromiso. Digamos que esto ocurre una y otra vez hasta que llega el décimo año, y el banco recupera su préstamo inicial de 10.000 dólares, pudiendo cancelar –con ese dinero- el último compromiso.
  2. Nótese que el caso podría extenderse a muchos bancos y muchos depositantes, sin alterar la conclusión. Da igual que tengamos un “depositante” por 10.000 dólares, que 10.000 depositantes de un dólar. Da igual que el valor sea de 10.000 dólares que 10 billones de dólares. Da igual que en lugar de un banco hablemos de diversos bancos.
  3. En el punto 3 de la réplica, coincidimos con Rallo en que “[e]l ciclo es un fenómeno macroeconómico, no microeconómico, y en parte debemos explicar por qué la lógica individual puede conducir a descoordinaciones agregadas. Si todos los ahorradores han invertido a plazos y riesgos superiores a los que están dispuestos a asumir, ¿pueden todos ellos deshacer su posición? No, no pueden…” Nótese, sin embargo, que el contraejemplo muestra que el descalce de plazos no generó ningún problema, ni en el banco individual, ni en cada uno de los depositantes, ni tampoco en el sistema bancario.
  4. Nótese también que no se da aquí un efecto Ponzi, porque no se requieren nuevas “víctimas” recurrentemente para evitar el colapso del sistema. Es cierto que el primer año, el banco cancela su deuda con dinero de otro cliente, pero al cumplirse el décimo año, el banco recupera el depósito inicial, y con ello, cancela todas sus deudas.
  5. Nótese que si el banco tuviera problemas para captar un depósito a tiempo para cumplir su contrato, podrá subir el tipo de interés que paga al “depositante”, y con ello –en la medida que no tenga serios problemas de solvencia- lograría asegurarse la obtención de fondos.
  6. Nótese que el caso imaginario, no es otra cosa que la forma en que la banca ha operado históricamente desde sus inicios.
  7. Nótese que el caso incluye cierta incertidumbre, porque el banquero podría llegar al final del primer año sin captar el o los depósitos suficientes para cumplir su compromiso. Esto sin embargo, no debiera preocuparnos. El banquero ejerce en este sentido la función empresarial, al igual que millones de empresarios que día a día arriesgan capital en cada uno de sus contratos (explícitos o implícitos).
  8. Nótese que nada diferencia al banquero de un dueño de un restaurante que al cierre del período no logró vender los cubiertos suficientes para pagarle a sus empleados. La pregunta que surge entonces es por qué le vamos a exigir a la industria bancaria mayor certidumbre que al resto de las industrias.
  9. Creo que todos coincidimos que el descalce de plazos tendrá distintas consecuencias en distintos marcos institucionales. Quizás ayude en este debate mostrar qué ocurre bajo un sistema de banca libre con reserva fraccionaria, en comparación con un sistema de banca central. El mensaje de Rallo es parcialmente correcto bajo la órbita del banco central (como lo es también el ataque de la posición Rothbard-Huerta de Soto a las reservas fraccionarias), pero no bajo banca libre. Bajo un sistema de banca central, seguramente el “descalce” será mayor, porque los banqueros saben que hay un prestamista de última instancia que ofrecerá la liquidez necesaria para rescatarlos de problemas de iliquidez. Bajo un sistema de banca libre descentralizado y competitivo (White 1984, Selgin 1988, Dowd 1992) tal posibilidad de recurrir a un prestamista de última instancia desaparece, lo que obliga a los banqueros a comportarse más responsablemente. Recordemos que en competencia el éxito de un banco está en construir reputación. Pienso que el descalce de plazos bajo un sistema de banca libre con reserva fraccionaria será más limitado y no causará ciclos económicos, pues se comportaría como de hecho mostramos en el contraejemplo. En tal caso, los bancos no solo “no son los motores de este proceso distorsionador” (Rallo, punto 6), sino que al contrario, intermediando entre ahorristas e inversores, permiten la estabilidad del sistema.
  10. Aplicado al caso de Escocia, los bancos emisores competían unos con otros. El sistema de compensación bancaria justamente obligaba a cada banco a manejarse responsablemente. Si un banco sobre-expandía su oferta de billetes  bancarios rápidamente veía disminuir sus existencias de oro, lo cual lo obligaba a cambiar, o bien, lo conducía a la quiebra (Mises 1949).  Pero de nuevo, la quiebra de un banco, no implica la quiebra del sistema. En el caso escocés, especialmente en la primera etapa, hubo un proceso de prueba y error que dejó algunos  bancos en el camino, pero con el tiempo la reputación de algunos bancos fue construyendo un sistema sólido donde el descalce de plazos no representó un problema.
  11. Nótese que para Rallo (punto 7) “[e]l análisis institucional –que elementos refuerzan o frenan el descalce de plazos– viene después una vez poseemos un sólido análisis económico.” Sin embargo, si coincidimos que el ciclo económico es causado por una “descoordinación generalizada”, y entendemos también –a través del contraejemplo- que el descalce de plazos en sí mismo no genera ese problema, entonces lo que importa es el marco institucional que hace que la descoordinación sea generalizada. Concluyo entonces que es Rallo quien coloca el carro delante del caballo (punto 8).
  12. Resumiendo, coincidimos con Rallo que el problema del ciclo económico está en una descoordinación generalizada. Creo haber mostrado que el descalce de plazos no es la causa de esta descoordinación. Si un banco, en una situación excepcional no consigue financiamiento para cubrir sus baches, ni siquiera aumentando los tipos de interés, entonces debemos estudiar concretamente el caso. Ya dijimos que si el problema es individual, entonces es otro problema. s el caso se generaliza, entonces estamos ante «el problema». Pero “ese” factor exógeno, será la causa del ciclo económico.
  13. Para cerrar, nótese que la posición de Rallo tiene un condimento keynesiano importante. El ciclo económico se produce ahora por un factor endógeno del capitalismo. Rallo no concluye de ello que el Estado deba intervenir para calzar los plazos, pero en lo que concierne a las causas del ciclo, la posición de la teoría de la liquidez parece fortalecer la visión keynesiana (y quizás marxista) sobre la inestabilidad inherente del capitalismo.

Por lo demás, han quedado dos puntos de la réplica de Rallo, no tratados arriba.

  1. El punto 1 me parece algo contradictorio. Por un lado se afirma no enfrentarse a la teoría austriaca tradicional, pero a paso siguiente se la critica. Al margen, como ha señalado Nicolás, es correcto señalar que el mercado funciona con una curva de rendimientos, y no con una única tasa de interés (reconocido en sus escritos por Mises, Hayek, etc.) Pero no es menos cierto que el sistema financiero opera arbitrando esa curva. Pasar de una tasa de interés única (como si toda la curva se moviese en paralelo) a una curva de rendimientos puede dar más insight y detalles, pero no veo porque debe cambiar la teoría.
  2. Dice Rallo: “Es una ilusión (de la que la Escuela Austriaca es en parte culpable) el pensar que existe un solo mercado intertemporal…” En Mises, sin embargo, queda claro que hay tantas tasas de interés originarias como individuos participan en la sociedad, vinculando esta tasa de interés a la preferencia temporal de cada sujeto. Dicho esto, bajo micro-fundamentos adecuados, no veo inconvenientes en afirmar que existe un mercado de fondos prestables –al estilo Garrison- que determina un tipo de interés a partir de la oferta y demanda agregada de ahorros que hay en el mercado.

Austriacos, Monetaristas, y Crisis Economicas

George Selgin tiene un reciente post en Free Banking sobre crisis económicas que es muy recomendable. En su post, Selgin comenta cómo distintas teorías de ciclos económicos pueden ser complementarias, y no necesariamente excluyentes. Más precisamente, como la teoría austriaca del ciclo económico y la monetarista pueden explicar distintas fases de una misma crisis, por ejemplo la Crisis del 30.

Selgin pone ambas teorías frente a frente y muestra que ciertas variantes del ABCT al no dar lugar a distorsiones cuando hay una deflación monetaria (no por aumento de productividad) tienen una posición simétrica a la de ciertas teorías monetaristas que no aceptan distorsiones cuando hay excesos monetarios. En el segundo campo ubica principalmente a Scott Sumner y a «algunos» representantes del Market Monetarism.

Si bien coincido con el post de Selgin, su exposición da lugar a un par de aclaraciones adicionales.

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Bitcoins y la necesidad de un banco central

El pasado 2 de Agosto, Lucas Llach (UTDT) subió un post interesante sobre Bitcoins en su blog La Ciencia Maldita. Como Lucas, no soy muy optimista en cuanto al futuro de los Bitcoins por algunos de los motivos que menciona. Agregaría que una de las dificultades, a diferencia por ejemplo de la época de lingotes de oro, es que no hay claros motivos pragmáticos por los cuales depositar unos Bits y recibir otros Bits que sean más fáciles de utilizar (como el caso de billete versus metal.) Es decir, si no surgen bancos de bitcoins, la oferta moentaria no puede ajustar a través del multiplicador bancario con la emisión de bits convertibles en otros bits. Disiento, sin embargo, con la conclusión de que «[s]in autoridad monetaria, es difícil resolver este problema de acomodar la oferta de dinero a la demanda para que el precio no fluctúe tanto.»

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Salerno, Selgin and Monetary Policy

Yesteday I had the pleasure to introduce Peter Boettke to one of Fundación Bases and Corporate Training online conferences (complete program here). Before Pete’s presentation on his latest book “Living Economics” started, we had a brief exchange about the recent (but not the first) exchange between Joseph Salerno and George Selgin on QE and monetary policy. Some of the participants showed some interest on this issue but there was no time, neither was the place, to digress on these issues.

I think there is a sort of miscommunication, mostly between Selgin and Pete, about the Fed following a rule to minimize monetary disequilibrium.

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Nuevo libro: LA ESCUELA AUSTRIACA DESDE ADENTRO (Vol. III)

PORT. La_EA_Vol-3 6-5-13_PORT. La_EA_Vol-3 6-5-13Unión Editorial acaba de publicar el tercer volumen de «La Escuela Austriaca desde Adentro«, un libro que compila otras 20 entrevistas a reconocidos intelectuales de la tradición austriaca que se han destacado por la generación de nuevas ideas, y también en su difusión.

La tapa de este tercer volumen comete una enorme injusticia al incluir sólo mi nombre como editor o compilador de este trabajo. Sin la ayuda de muchos amigos, colegas e instituciones, que desinteresadamente han dedicado tiempo a enriquecer el proyecto, este tercer volumen jamás habría sido realidad.

Quiero comenzar agradeciendo a los autores que pude entrevistar personalmente como Carlos Sabino, Mark Skousen, Peter Lewin, John P. Cochran, Raimondo Cubeddu, Kevin Dowd, Jeffrey A. Tucker y Giancarlo Ibargüen, quienes han apartado tiempo de su trabajo corriente, para permitirnos conocer un poco más de sus contribuciones a esta tradición. La experiencia no ha podido ser más fructífera para quien escribe estas líneas, y es mi esperanza que el lector encuentre tan atractivo como lo fue para mí, el poder sumergirse en el mundo de las ideas con personas que han trabajado por décadas en explorarlas.

El mismo Giancarlo, además, me ayudó a contactar al Pacific Academy Advanced Studies, quien a su vez, de forma desinteresada, apoyó la transcripción y cesión de derechos para traducir la conversación que James M. Buchanan y Friedrich Hayek mantuvieron en 1979.

Agradecer también a Diego Quijano Durán por su contribución en ampliar la entrevista a Hiroyuki Okon –realizada originalmente en el Mises Institute-, y por  entrevistar también Tsutomu Hashimoto, contribuciones que además completó con excelentes notas como traductor.

A Juan Marcos de la Fuente y Juan Pablo Marcos por colaborar en concretar la posibilidad de entrevistar a los filósofos italianos Darío Antiseri y Raimondo Cubeddu, pero también por apoyarme en este proyecto otorgándome la posibilidad de incluirlo en la prestigiosa colección de la Biblioteca Austriaca de Unión Editorial.

También debemos mencionar -una vez más- al Ludwig von Mises Institute, por otorgarnos los derechos de traducción de las entrevistas a Gottfried von Haberler, Leland Yeager, Thomas DiLorenzo y Hiroyuki Okon.

Quiero agradecer también a Nicolás Cachanosky por el estímulo constante a trabajar en este nuevo volumen y sus traducciones al español de las entrevistas a Friedrich Hayek, Leland Yeager y George Selgin. A Pía Greene por su traducción al español de la entrevista a Gottfried von Haberler. A Miguel Barredo Álvarez por colaborar con la traducción de la entrevista a Karl Popper. A Matías Spelta por su traducción de las entrevistas a Mark Skousen y Peter Lewin. A Iván Cachanosky por su ayuda en traducir la entrevista a John P. Cochran. A Angel Martín Oro, no sólo por traducir la entrevista a Gerald O´Driscoll, sino también por haberla generado. A Edgar Carlos Duarte Aguilar por transcribir los audios de las entrevistas a Manuel Ayau y Giancarlo Ibargüen. A Jonathan Moreno y Alejandra Arciniegas, por sus traducciones de las entrevistas a Bruce Caldwell y Jeffrey A. Tucker. Al Lic. Marcelo C. Ballardini por su traducción al español de las entrevistas a Thomas DiLorenzo y Kevin Dowd.

Finalmente, agradecer a mi familia, por apoyarme en esta experiencia académica que muchas veces me obliga a tomar tiempo que les corresponde, para completar mis proyectos.

Adquiera aquí el libro, y acceda también a su reseña e índice.

Puede leer aquí la primera entrevista entre James M. Buchanan y Friedrich Hayek.

La Trampa del Euro

En el último número del CATO Journal, George Selgin tiene un interesante artículo titulado “Incredible Commitments: Why the EMU Is Destroying Both Europe and Itself.” La Trampa del Euro me parece una traducción que resume tanto el título como el contenido del artículo de Selgin.

Los actuales problemas de Europa y el Euro son bien conocidos. Selgin sostiene que el fracaso de este sistema no se debe a shocks “idiosincráticos” de cada país (un caso de áreas monetarias óptimas) ni a falta de competencia entre monedas. Sino que el fracaso se debe a errores fundamentales de diseño. Los incentivos para que se cumplan las promesas necesarias para el eficiente funcionamiento del Euro han estado ausentes y, por lo tanto, las promesas no se cumplieron.

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