WP: El Deterioro de la Economia Argentina Durante el Gobierno Kirchner-Kirchner

Comparto el borrador de un texto sobre el deterioro económico de Argentina durante el kirchnerismo.

En este capítulo estudio los principales retrocesos económicos durante el gobierno Kirchner-Kirchner (2003-2015) así como una aplicación del análisis del Public Choice al caso de Argentina. En particular en lo económico me concentro (1) en el deterioro fiscal, (2) el regreso de la alta inflación, (3) el default del 2014. En lo que respecta al Public Choice aplicado el foco se encuentra en (1) las cuatro etapas del populismo macroeconómico, (2) los bandidos nómades y bandidos estacionarios, y (3) el comportamiento irracionalmente racional. El capítulo termina presentando los mayores desafíos que deja el kirchnerismo al gobierno entrante.

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Si bien no tengo espacio para expandir el texto, comentarios y sugerencias son bien recibidos.

Así termina el populismo

El pasado 16 de abril Infobae publicó una nota de mi autoría donde intenté mostrar las dos décadas perdidas de la economía argentina. El fundamento de este artículo se sintetiza en el siguiente gráfico sobre PIB per cápita en dólares de 2015, donde se observa que el ingreso argentino de 2015 equivale a aquel de 1996.

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En el artículo ofrecía la siguiente aclaración:

La foto aún no está completa. Faltan en este gráfico dos fenómenos fundamentales: 1) el sinceramiento del tipo de cambio en los primeros meses de 2016, que sin duda volvió a reducir el ingreso en dólares (¿volvimos a 1996 o a la década de 1970?) y 2) la confirmación de si realmente la economía argentina recuperará el esperanzador crecimiento económico en 2017…

Ivan Carrino, economista de Inversor Global, completa la foto con esta nota donde incluye el siguiente gráfico, mostrando una caída del 38,7 % en el PIB per cápita en dólares desde el pico de 2013 en 14.747 dólares a los 8.920 dólares actuales, lo que es consecuencia del deterioro del modelo populista-kirchnerista y la devaluación (o sinceramiento del tipo de cambio) de los primeros meses de 2016.

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Metodológicamente, debemos aclarar que el segundo gráfico no está construido con la misma base que el primero, y por eso puede haber alguna diferencia, pero la caída en el ingreso ha sido lo suficientemente profunda como para advertir que la economía argentina ha retrocedido demasiado, quizás incluso hasta los años 1970.

¿Cuántas décadas hemos perdido por el populismo de corto plazo en sus diferentes expresiones militares, radicales y peronistas? El desafío del gobierno es muy grande: lograr crecer sobre bases genuinas para no retroceder nunca más.

Infobae: Tierra Arrasada

El 10 de diciembre Mauricio Macri asumió, por cuatro años, la presidencia de Argentina. En una breve nota en Infobae comento la pesada herencia recibida.

Doce años de kirchnerismo están dejando un país en crisis económica y con un serio deterioro institucional y social a la administración entrante de Mauricio Macri. Recesión, inflación, abultado déficit fiscal, deuda externa en default, pobreza en torno al treinta por ciento, presión fiscal récord, falta de reservas y cepo cambiario son algunos de los síntomas más conocidos. Que esto haya ocurrido en una década con elevados precios de commodities y exceso de dólares en el mundo pone de manifiesto el nivel de fracaso del llamado modelo k. Con una Argentina aislada del mundo, el kirchnerismo no puede excusar sus magros resultados alegando que el mundo se nos cayó encima. El kirchnerismo tiene muy pocos logros que mostrar, si es que tiene alguno.

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Infobae: La herencia (kirchnerista) no es sólo económica

El kirchnerismo está pronto a dejar el poder. Los problemas económicos de Argentina son numerosos y conocidos. Sin embargo, la base de datos Worldwide Governance Indicator sugiere que la herencia no sólo económica. Hay mucho por mejorar en el plano institucional.

Independientemente de quién sea electo, el próximo presidente deberá afrontar una seria herencia económica. Inflación, un abultado déficit fiscal, una presión fiscal récord, serios problemas en la administración del Banco Central, cepo cambiario y default, entre otros problemas. En una nota anterior comentaba que el kirchnerismo puede estar dejando indicadores económicos peores a los que el menemismo dejó a Antonio de la Rúa. La herencia que el kirchnerismo deja al próximo Gobierno, sin embargo, no es solo económica.

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¿Sobreviven la Pymes a un plan liberal? [Infobae]

Pymes«Si se aplica un plan liberal, ninguna pyme va a sobrevivir”, dijo el ministro de Economía Axel Kicillof mientras anunciaba la creación de un consejo de defensa a las pequeñas y medianas empresas. Luego sentenció: “En el mercado, si no está el Estado, rige la ley de la selva”.

La frase del ministro deja mucha tela para cortar, como cada una de sus reflexiones. ¿Qué parte es cierta y qué parte no lo es?

Lo cierto es que liberales y socialistas llegan a pocos consensos en la política económica, pero en la medida en que haya buenas intenciones, coincidirán en terminar con la corrupción y también con el favor político que el Estado ofrece a algunos empresarios. En este sentido, el pensamiento del ministro de Economía no encaja en ninguna escuela económica de pensamiento. Su política económica consiste en reemplazar al mercado y ofrecer privilegios o sanciones arbitrarias a quienes él cree que lo merecen. La igualdad ante la ley lógicamente brilla por su ausencia.

Siempre insisto en dejar de llamar Unión “Industrial” Argentina a ese grupo de seudoempresarios y seudoindustriales que se reúnen tras la Presidente para las fotos de sus discursos. ¿Qué empresario puede estar a favor de este modelo? Solo aquellos que reciben la “protección” del Estado. Pero ha sido tan gigantesco el entramado de regulaciones, favores, autorizaciones para compra de divisas, permisos de importación o exportación, subsidios, aranceles y protecciones que se extendieron en los últimos doce años, que engloba a una importante proporción de la estructura productiva.

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Mis 8 discrepancias con Axel Kicillof y el gobierno argentino

Kicillof-614x350El ministro de Economía, Axel Kicillof, fue entrevistado recientemente por Joaquín Morales Solá y nos dejó -en 35 minutos- interesantes argumentos para defender su administración de la política económica.

En la entrevista arremetió una vez más contra los economistas ortodoxos, defendió la política de desendeudamiento, de reindustrialización y de inclusión social, enfatizó el fuerte crecimiento económico que el país experimentó desde 2003, recordó la recuperación de YPF y Aerolíneas Argentinas. Se apoyó sobre ciertos economistas como Miguel Ángel Broda, Orlando Ferreres y Carlos Melconian para señalar que la economía está bien, creciendo un 1 %, que la inflación se desaceleró de un 40 % a un 25 % -sin recetas ortodoxas-, que las reservas están estables, que no hay problemas con los vencimientos de deuda, lo que deja una buena herencia para el próximo Gobierno, garantizando continuidad del modelo luego de 2015.

Cuando se le cuestionó el bajo crecimiento, el ministro de Economía explicó el complejo contexto internacional que nos acompaña, con caída en los precios de los commodities, con las locomotoras de China y Estados Unidos bajo ciertas dificultades y con Brasil en recesión.

Es precisamente ese contexto el que lo obligó a decidir aplicar una política contracíclica desde principios de 2014 para estimular el consumo interno mediante planes y programas, apoyado en un supuesto consenso de los economistas en las recetas keynesianas que se presentan en todos los manuales de macroeconomía y política económica.

Dejando de lado los discutibles números del ministro de Economía -que él mismo se ocupó de criticar antes de asumir funciones oficiales-, presentaré a continuación mis diferencias con su administración de la política económica, que se pueden resumir en ocho puntos fundamentales.

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Tres razones para desinflar la burbuja del Estado

impuestosCuando los historiadores económicos se refieren a las grandes crisis económicas del siglo XX -y lo que va del siglo XXI- identifican cada caso con una burbuja. En la crisis de los años 1930, por ejemplo, los historiadores observaron burbujas bursátiles e inmobiliarias. La crisis dot-com de 2001 en Estados Unidos fue la burbuja bursátil de las acciones relacionadas a internet. La gran recesión de 2008, también en Estados Unidos, fue el desenlace de la burbuja inmobiliaria gestada desde fines de 2001. La crisis europea actual fue la de una burbuja inmobiliaria, seguida de una burbuja del gasto público que se ha pinchado en varios países, pero queda aún una brecha importante por corregir. Vale aclarar que las economías solo lograron recuperarse de las distintas crisis mencionadas cuando las burbujas se terminaron de desinflar y emprendieron un proceso de formación de capital a través del ahorro y la inversión.

En la Argentina de hoy la crisis que viene será asociada a la burbuja del gasto público, que se fue gestando desde 2003 y especialmente a partir de los dos gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner, con sucesivos planes y programas.

Sin ánimo de ser exhaustivo, aunque presentados cronológicamente, recordamos ya en agosto de 2003 el Plan Manos a la Obra de Néstor Kirchner, seguido por la prolongación del Programa Remediar, la creación del Museo de la Memoria, el Plan Federal de Salud, el Plan Nacer Argentina, el Plan Espacial Nacional, el Programa de Becas del Bicentenario, el Programa de Apoyo de Infraestructura Universitaria, el Programa Argentina Trabaja, Fútbol para Todos, la asignación universal por hijo, el Fondo del Bicentenario para pagar la deuda externa, el Programa Conectar Igualdad, el Programa de Financiamiento Productivo del Bicentenario, Pakapaka, Tecnópolis, la recuperación de YPF, Procrear, el Programa Sumar (que fue una ampliación del Programa Nacer) o el Plan Raíces, entre otros.

Tres críticas presentamos los economistas a estos programas.

En primer lugar, que varios de estos programas y planes no se presentan como temporarios -mientras duró la crisis de 2002, con más de un 50 % de pobres y más de un 20 % de desempleados-, sino como continuos, garantizando a mucha gente una serie de ingresos que perdurarán en el tiempo. Esto evita que los beneficiarios tengan incentivos para buscar por sí mismos la generación de ingresos que les permitan abandonar esta dependencia del Estado. Más grave aún ha resultado el caso en que muchas personas rechazan posibilidades de trabajo para no perder un plan del Gobierno.

En segundo lugar, preocupa la sustentabilidad del gasto público total, el que no puede mantenerse aun con la mayor presión tributaria de la historia argentina, requiriéndose ahora de emisión monetaria para cubrir la brecha entre ingresos y gastos, y sometiendo a toda la población a niveles elevados de inflación. Axel Kicillof inició un proceso de ajuste por la vía de la inflación, pero el costo político de su sucesor será elevado, lo que puede implicar problemas de gobernabilidad para quien ocupe el sillón de Rivadavia en 2016.

En tercer lugar, desconocer que mucho de lo que estos programas hacen el mercado podría hacerlo por sí solo y de manera mucho más eficiente. Esto se vincula con el primero de los puntos planteados. Basta observar a nuestros países vecinos, con niveles de desempleo y pobreza radicalmente inferiores a los de Argentina, para comprender el daño que estos planes y programas le hacen a la población. Esto se vincula al debate que la Presidente ha querido abrir en distintos discursos -sobre qué Estado queremos-, pero al que nadie de la oposición atendió. Personalmente, pienso que el objetivo final debería ser que los argentinos tengan trabajo, ingresos propios, y a través de ese ingreso y el acceso a crédito puedan adquirir su casa, su auto o incluso pagar por los bienes y los servicios que deseen consumir, sean estos remedios, computadoras o incluso fútbol. En la medida en que esto se vaya logrando, el Estado debería ir reduciendo su tamaño, desmantelándose muchos de los programas y los planes o también los ministerios y las secretarías que este Gobierno ha creado. Que en esta “década ganada” el proceso haya sido contario a este ideal es una muestra de que hemos tomado el camino inverso al deseado. Que Daniel Scioli esté pensando hoy en crear nuevos ministerios y secretarías también es un camino opuesto al deseado.

Los economistas no exigimos un cambio hacia la anarquía y la desaparición inmediata de todos los planes sociales y programas, y menos aún en las condiciones de la Argentina en 2002 o 2003, sino un llamado de atención a los excesos de gasto que el kirchnerismo ha iniciado y el costo político y social que puede implicar revertir este proceso.

Tal como ocurrió en sucesivas crisis económicas, la Argentina no podrá retornar al crecimiento hasta que desinfle la burbuja del gasto público. Si la fase de desarrollo requiere inversión, como definió recientemente Miguel Bein -el asesor principal de Daniel Scioli-, y como sostiene también el equipo económico de Mauricio Macri, debemos tomar conciencia de que nadie querrá invertir en un país que mantiene un nivel de gasto público en torno al 50 % del PIB, con una inflación que supera -al menos- el 20 %, cuya presión tributaria es récord de todo el continente y que aún mantiene un déficit fiscal del 7 %-8 % del PIB.

Infobae: El kirchnerismo dejará peores indicadores que los del menemismo

Mi última columna en Infobae compara la herencia económica que dejará el kirchenrismo con la que ellos recibieron y la que dejó el menemismo, etapa tan denostada por la presente administración. La comparación no hace bien al kirchnerismo.

Hay dos indicadores importantes que quedaron fuera. Por un lado los de empleo y desempleo. El motivo es que no hay indicadores confiables, especialmente durante el kirchnerismo. Desempleados que reciben ciertos planes sociales figuran como empleados, los planes sociales, a su vez, dismuyen la oferta laboral lo que produce tasas de desempleo menores, y también hay mucho subsidio al desempleo maquillado como empleo estatal. El otro indicador que no figura es el de deuda pública. Si bien el indicador de deuda/PBI no me parece el más apropiado dado que no compara flujo de fondos con flujo de fondos, tampoco hay indicadores confiables. El gobierno ha decidido unilateralmente dejar de contabilizar bonistas que han ganado juicios en el exterior, el Tesoro debe a su vez fondos al BCRA, ANSES, etc. Si la deuda no fuese un problema, entones Argentina no estaría en default.

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El necesario ajuste del que no se habla

En dos columnas previas intenté imaginar lo que podría ser la política económica de los dos candidatos firmes a suceder a Cristina Fernández de Kirchner como presidente de la nación argentina: Mauricio Macri y Daniel Scioli. En las dos oportunidades intenté sistematizar las propuestas que sus asesores, sus equipos económicos o ellos mismos plantearon ante distintos medios, pero en ningún caso planteé si aquellas propuestas son suficientes para corregir los desequilibrios actuales.

En esta oportunidad me propongo explicar el error fundamental que los equipos económicos de ambos cometen al ignorar el necesario ajuste, propio de un error de diagnóstico que puede costar caro a un eventual próximo gobierno de cualquiera de los dos candidatos.

No está de más aclarar que los economistas trabajamos como los médicos: hacemos un diagnóstico de una situación dada a través de ciertos indicadores (actividad económica, empleo, presupuesto de ingresos y gastos, índice de precios, balanza de pagos, balance del Banco Central, índices de confianza, etc.) y planteamos una solución que puede contener efectos indeseados, lo que no significa que ignoremos esos efectos o los deseemos.

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El análisis de Kicillof del plan Lavagna [en 2004]

Kicillof_Nahon_CostaComparto aquí un artículo escrito en abril de 2004 por Axel Kicillof, Augusto Costa y Cecilia Nahón, donde estos tres economistas analizan críticamente el fin de la convertibilidad y el primer año del plan Lavagna. Vale recordar que Augusto Costa fue el reemplazante de Guillermo Moreno como Secretario de Comercio Interior, mientras Cecilia Nahón ocupa el cargo de Embajadora Argentina ante Estados Unidos.

El artículo lleva como título «Las consecuencias económicas del Sr. Lavagna«, en clara alusión a la nota de J. M. Keynes de 1925 que llevaba el título «Consecuencias económicas de Mr. Churchill», donde expone sus consideraciones acerca de la sobrevaluación de la moneda británica y su impacto en el comercio exterior, los salarios y el empleo.

El artículo es extenso, pero me interesa arrojar una serie de citas y reflexiones que imagino pueden interesarles a los lectores de nuestros blog por sus aplicaciones a la coyuntura actual.

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