Tres razones para desinflar la burbuja del Estado

impuestosCuando los historiadores económicos se refieren a las grandes crisis económicas del siglo XX -y lo que va del siglo XXI- identifican cada caso con una burbuja. En la crisis de los años 1930, por ejemplo, los historiadores observaron burbujas bursátiles e inmobiliarias. La crisis dot-com de 2001 en Estados Unidos fue la burbuja bursátil de las acciones relacionadas a internet. La gran recesión de 2008, también en Estados Unidos, fue el desenlace de la burbuja inmobiliaria gestada desde fines de 2001. La crisis europea actual fue la de una burbuja inmobiliaria, seguida de una burbuja del gasto público que se ha pinchado en varios países, pero queda aún una brecha importante por corregir. Vale aclarar que las economías solo lograron recuperarse de las distintas crisis mencionadas cuando las burbujas se terminaron de desinflar y emprendieron un proceso de formación de capital a través del ahorro y la inversión.

En la Argentina de hoy la crisis que viene será asociada a la burbuja del gasto público, que se fue gestando desde 2003 y especialmente a partir de los dos gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner, con sucesivos planes y programas.

Sin ánimo de ser exhaustivo, aunque presentados cronológicamente, recordamos ya en agosto de 2003 el Plan Manos a la Obra de Néstor Kirchner, seguido por la prolongación del Programa Remediar, la creación del Museo de la Memoria, el Plan Federal de Salud, el Plan Nacer Argentina, el Plan Espacial Nacional, el Programa de Becas del Bicentenario, el Programa de Apoyo de Infraestructura Universitaria, el Programa Argentina Trabaja, Fútbol para Todos, la asignación universal por hijo, el Fondo del Bicentenario para pagar la deuda externa, el Programa Conectar Igualdad, el Programa de Financiamiento Productivo del Bicentenario, Pakapaka, Tecnópolis, la recuperación de YPF, Procrear, el Programa Sumar (que fue una ampliación del Programa Nacer) o el Plan Raíces, entre otros.

Tres críticas presentamos los economistas a estos programas.

En primer lugar, que varios de estos programas y planes no se presentan como temporarios -mientras duró la crisis de 2002, con más de un 50 % de pobres y más de un 20 % de desempleados-, sino como continuos, garantizando a mucha gente una serie de ingresos que perdurarán en el tiempo. Esto evita que los beneficiarios tengan incentivos para buscar por sí mismos la generación de ingresos que les permitan abandonar esta dependencia del Estado. Más grave aún ha resultado el caso en que muchas personas rechazan posibilidades de trabajo para no perder un plan del Gobierno.

En segundo lugar, preocupa la sustentabilidad del gasto público total, el que no puede mantenerse aun con la mayor presión tributaria de la historia argentina, requiriéndose ahora de emisión monetaria para cubrir la brecha entre ingresos y gastos, y sometiendo a toda la población a niveles elevados de inflación. Axel Kicillof inició un proceso de ajuste por la vía de la inflación, pero el costo político de su sucesor será elevado, lo que puede implicar problemas de gobernabilidad para quien ocupe el sillón de Rivadavia en 2016.

En tercer lugar, desconocer que mucho de lo que estos programas hacen el mercado podría hacerlo por sí solo y de manera mucho más eficiente. Esto se vincula con el primero de los puntos planteados. Basta observar a nuestros países vecinos, con niveles de desempleo y pobreza radicalmente inferiores a los de Argentina, para comprender el daño que estos planes y programas le hacen a la población. Esto se vincula al debate que la Presidente ha querido abrir en distintos discursos -sobre qué Estado queremos-, pero al que nadie de la oposición atendió. Personalmente, pienso que el objetivo final debería ser que los argentinos tengan trabajo, ingresos propios, y a través de ese ingreso y el acceso a crédito puedan adquirir su casa, su auto o incluso pagar por los bienes y los servicios que deseen consumir, sean estos remedios, computadoras o incluso fútbol. En la medida en que esto se vaya logrando, el Estado debería ir reduciendo su tamaño, desmantelándose muchos de los programas y los planes o también los ministerios y las secretarías que este Gobierno ha creado. Que en esta “década ganada” el proceso haya sido contario a este ideal es una muestra de que hemos tomado el camino inverso al deseado. Que Daniel Scioli esté pensando hoy en crear nuevos ministerios y secretarías también es un camino opuesto al deseado.

Los economistas no exigimos un cambio hacia la anarquía y la desaparición inmediata de todos los planes sociales y programas, y menos aún en las condiciones de la Argentina en 2002 o 2003, sino un llamado de atención a los excesos de gasto que el kirchnerismo ha iniciado y el costo político y social que puede implicar revertir este proceso.

Tal como ocurrió en sucesivas crisis económicas, la Argentina no podrá retornar al crecimiento hasta que desinfle la burbuja del gasto público. Si la fase de desarrollo requiere inversión, como definió recientemente Miguel Bein -el asesor principal de Daniel Scioli-, y como sostiene también el equipo económico de Mauricio Macri, debemos tomar conciencia de que nadie querrá invertir en un país que mantiene un nivel de gasto público en torno al 50 % del PIB, con una inflación que supera -al menos- el 20 %, cuya presión tributaria es récord de todo el continente y que aún mantiene un déficit fiscal del 7 %-8 % del PIB.

5 pensamientos en “Tres razones para desinflar la burbuja del Estado

  1. Me parece que el autor se equivoca al usar el sujeto “los economistas” para referirse a posiciones personales o eventualmente, de la escuela económica a la que autor adhiere. Máxime cuando esa posición es minoría en la profesión, no solo por motivos ideológicos, sino que varias de las afirmaciones han sido refutadas empíricamente.

    Saludos

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    • Sr Di Benedetto . respeto su disenso , No soy economista pero dudaria manifestarme con tan rotunda certeza como ud lo hace en su critica al articulista, Ud afirma que lo aqui expresado por el Sr Ravier ha sido refutado, Se referira Ud a que no es necesario bajar el inmoral gasto publico de los ultimos gobiernos(especialmente el de los Kirschner), A que no es perjudicial a la economia la incontrolada emison monetaria actual , la mayor de America despues de Venezuela. A que no es vergonzoso que mas del 50% del empleo sea un empleo publico parasitario que sostenemos con los impuestos mas elevados de america latina los que subsistimos de una actividad productiva. Si Ud no comparte (como afirma) la ideologia liberal y austriaca, no creo sea por ignorancia u omnubilacion, sino por vulgar clientelismo o mercantilismo politico, al que tan acostumbrados nos tiene este pupulismo en decadencia.

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    • Gracias Franco por tu comentario! La economía como ciencia es demasiado joven para alcanzar consensos, pero hemos progresados en los últimos dos siglos. Me animo a conjeturar que la mayor parte de la profesión “compraría” estos argumentos -y así lo indican los manuales cuando tratan estos temas-.

      Luego, hay que hacer una aclaración: los economistas, en Argentina, están tomando posiciones heterodoxas cada vez más fuertes, algo que se observa en todas partes, pero quizás en un grado menor. También contribuye en nuestro país el hecho de que el gobierno vuelca enorme cantidad de medios a difundir una economía que en el mundo es minoría. Para cerrar, el Ministerio de Educación en Argentina sesga la educación de los nuevos economistas. No extraña que haya tanto sesgo cuando autores como Mises, Hayek o Friedman, apenas son mencionados críticamente, y jamás se le concede al alumno la oportunidad de leerlos por sí mismos. Hoy internet abre la puerta a los autodidactas, pero el sesgo en la formación hace cada vez más visible la exclusión de autores pro mercado. De ahí el esfuerzo de este blog en devolverles el lugar que creemos deben ocupar.

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  2. El gobierno de los K ha destruido al paìs en el sentido mas amplio del tèrmino, tampoco veo en la oposiciòn gente que se encuentre en condiciones y dispuesta a comenzar, porque serà un largo proceso, revertir este desastre economico y social

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  3. Si alguien vive de las dádivas del estado por más de un año no tiene un problema económico, tiene un problema moral.

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