Un momento fundacional para la cien ia económica. El iluminismo escocés y la tradición del orden espontáneo

Con los alumnos de la UNLPam vemos Historia del Pensamiento Económico. En este caso, algunos capítulos del libro compilado por Adrián Ravier, Lecturas de Historia del Pensamiento Económico. Estamos considerando a los clásicos y uno de los capítulos es un artículo donde Ezequiel Gallo comenta “La Tradición del orden social espontáneo”, analizando las contribuciones de los escoceses Adam Ferguson, David Hume y Adam Smith. De ese texto, reproduzco su explicación y comentario de la famosa frase del primero de esos autores cuando se refiere a los fenómenos sociales que son “fruto de la acción humana pero no del designio humano”. Esta es la esencia de un orden espontáneo, algo que cuesta mucho comprender.

Ferguson

“… ¿cómo fue posible que en ciertos momentos, ese ser frágil e imperfecto que es el hombre fuera capaz de crear riqueza y abandonar siquiera fugazmente, la condición de atraso y pobreza a la que parece condenado? Las primeras reflexiones a partir del interrogante planteado apuntan a señalar cómo no ocurrió ese tránsito. El cambio no fue originado por un plan “maestro” generado en la cabeza de un hombre o en un cónclave de notables. Tampoco fue el resultado de algún contrato original donde se acordaron de una vez las instituciones que habían de regir los destinos de la humanidad: “Ninguna sociedad se formó por contrato” —diría Ferguson—, “ninguna institución surgió de un plan [ … ] las semillas de todas las formas de gobierno están alojadas en la naturaleza humana: ellas crecen y maduran durante la estación apropiada”. Y luego redondea esta noción en uno de los más afortunados pasajes de su Ensayo sobre la sociedad civil:

“Aquel que por primera vez dijo: ‘Me apropiaré de este terreno, se lo dejaré a mis herederos’ no percibió que estaba fijando las bases de las leyes civiles y de las instituciones políticas. Aquel que por primera vez se encolumnó detrás de un líder no percibió que estaba fijando el ejemplo de la subordinación permanente, bajo cuya pretensión el rapaz lo despojaría de sus posesiones y el arrogante exigiría sus servicios.

Los hombres en general están suficientemente dispuestos a ocuparse de la elaboración de proyectos y esquemas, pero aquel que proyecta para otros encontrará un oponente en toda persona que esté dispuesta a proyectar para sí misma. Como los vientos que vienen de donde no sabemos [ … ] las formas de la sociedad derivan de un distante y oscuro pasado; se originan mucho antes del comienzo de la filosofía en los instintos, no en las especulaciones de los hombres. La masa de la humanidad está dirigida en sus leyes e instituciones por las circunstancias que la rodean, y muy pocas veces es apartada de su camino para seguir el plan de un proyectista individual.

Cada paso y cada movimiento de la multitud, aun en épocas supuestamente ilustradas, fueron dados con igual desconocimiento de los hechos futuros; y las naciones se establecen sobre instituciones que son ciertamente el resultado de las acciones humanas, pero no de la ejecución de un designio humano. Si Cronwell dijo que un hombre nunca escala tan alto como cuando ignora su destino, con más razón se puede afirmar lo mismo de comunidades que admiten grandes revoluciones sin tener vocación alguna para el cambio, y donde hasta los más refinados políticos no siempre saben si son sus propias ideas y proyectos las que están conduciendo el estado”.

Es conveniente subrayar dos aspectos de esta intuición tan fértil de Ferguson. En primer lugar, el autor escocés afirma que los hombres no “inventan” desde cero, sino que innovan a partir de circunstancias e instituciones que fueron el fruto de acciones humanas anteriores. En segundo término, esas circunstancias surgieron como consecuencia de la yuxtaposición de una multitud de planes individuales que al entrecruzarse produjeron muchas veces resultados que no eran queridos por sus autores. Así Hume, por ejemplo, afirmaba que las reglas de justicia, y especialmente de la propiedad, eran muy ventajosas para todos los integrantes de la comunidad “a pesar de que ésa no había sido la intención de los autores”. Es importante advertir, finalmente, que una parte muy significativa de nuestras instituciones (justicia, moneda, mercados, lenguaje, etc.) emergieron espontáneamente de esas interacciones humanas bastante antes que pensadores y analistas sistematizaran sus contenidos. Esto es, por ejemplo, lo que nos dice Ferguson sobre el lenguaje:

“Tenemos suerte de que en estos, y otros, artículos a los cuales se aplica la especulación y la teoría la naturaleza prosigue su curso, mientras el estudioso está ocupado en la búsqueda de sus principios. El campesino, o el niño, pueden razonar y juzgar con un discernimiento, una consistencia y un respeto a la analogía que dejaría perplejos al lógico, al moralista y al gramático cuando encuentran el principio en el cual se basa el razonamiento, o cuando elevan a reglas generales lo que es tan familiar y tan bien fundado en casos personales”.

ADAM SMITH COMO FORMADOR DE UNA TRADICIÓN EN EL ORDEN ESPONTÁNEO

Este humilde ensayo tiene como objetivo trazar lo que considero es la mayor aportación del economista escocés, a saber, haber contribuido a formar una tradición en el estudio de los órdenes espontáneos. Fue este aporte de Adam Smith lo que les permitirá más tarde a Menger (1871, p. 146), Popper (1972, p. 125) y Hayek (1979, p. 69) aseverar que la comprensión de los fenómenos complejos que surgen como consecuencias no previstas de las acciones humanas deberían constituir el objeto de estudio de las ciencias sociales. Como consecuencia de ello, quedarán expuestos los excesos de Rothbard en la referencia recién explicitada: 1) que Smith no creó nada, 2) que no habría sido sino un gran sintetizador y sistematizador, y 3) que lo suyo fue un desvío de un conocimiento coherente desarrollado previamente, lo que incluiría a autores de la Escuela de Salamanca o al Essai de Cantillon.

El ensayo fue incluido como capítulo 9 de un libro que repasa distintos aspectos de la obra de Adam Smith: A companion to Adam Smith, editado por la Facultad de Ciencias Económicas de la UFM.

A Companion to Adam Smith, UFM Ediciones

A Companion to Adam Smith es el primer libro de una serie de Companions a grandes economistas que serán desarrollados por la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Francisco Marroquín. El proyecto de los Companions a grandes autores en la economía se enmarca en los esfuerzos de la dirección de la carrera de Economía para fortalecer y documentar la gran tradición de la libertad y principios económicos que se ha desarrollado en la Facultad de Ciencias Económicas desde la fundación de la UFM.

Este libro contó con los aportes académicos de los profesores Clynton López, Andrés Marroquín, Jesús María Alvarado, Moris Polanco, Marco Antonio del Río, Diego Aycinena, Lucas Rentschler, Daniel Klein, Leonidas Montes, Alejandro Salinas, Carlos Rodríguez Braun, y Sarah Skwire. Fue editado por el doctor Julio H. Cole quien imparte el curso monográfico sobre Smith en la casa de la libertad.

La obra contiene análisis de varias aristas del pensamiento del autor escocés, se analizan lecciones sobre el gobierno y el derecho, comercio y cultura, la economía de la educación y economía experimental. Incluye un capítulo titulado Invisible Shakespeare: Shakespeare in Adam Smith escrito por la profesora Sarah Skwire, en donde trata el aspecto literario de la obra del Padre de la Economía.

En mi caso particular, el ensayo se tituló “Adam Smith como formador de una tradición del orden espontáneo”. Además de conectarlo con los aportes de Adam Ferguson y David Hume, y mencionar sus contribuciones como antecedentes del trabajo de Carl Menger y Friedrich Hayek, también se intentó identificar algunos excesos de Murray Rothbard en el capítulo sobre Adam Smith que escribió en su Historia del pensamiento económico.

En este link se puede acceder al trabajo, y también al índice completo del libro.

El libro fue escrito en inglés y español, ya se encuentra disponible en UFM Ediciones (ediciones@ufm.edu).

Los profesores de la Facultad en sus ensayos proveen guías autorizadas a la introducción y profundización de temas específicos en la obra económica y filosófica de los diferentes economistas. La serie continuará con Companions to Ludwig von Mises, Milton Friedman, Israel Kirzner, Friedrich Hayek, Carl Menger y James Buchanan. Todos estos autores están enraizados en la tradición económica que dio origen a la UFM.

“La globalización como orden espontáneo”: Entrevista con Alvaro Zicarelli

Comparto a continuación la entrevista que Alvaro Zicarelli me hizo en su programa “Estado del Mundo” acerca de este libro, La globalización como orden espontáneo, publicado en Unión Editorial, en Madrid y Buenos Aires.

Repasamos qué es un orden espontáneo y su distinción con los órdenes creados; respondo por qué pienso que la globalización es un orden espontáneo; hablamos también de la ingeniería social, de la necesidad de “des-industrializar la Argentina”, del nacionalismo y la “cultura alambrada”, de la “justicia sin estado” que hoy surge con el arbitraje internacional privado, entre otros temas.

Acceda aquí a la entrevista.

Acceda aquí al libro.

globalizacion

RÉPLICA A UNA 2da RESPUESTA DE ANDRÉS ASIAÍN

Andrés Asiaín escribió una nueva respuesta a lo que fuera mi réplica a su respuesta. A continuación copio para los interesados las cuatro notas que anteceden la que ahora escribo.

1ra nota: “Des-industrializar la Argentina“, por Adrián Ravier (El Cronista)

2da nota: “Exceso de industrialización“, por Andres Asiain (Página 12)

3ra nota: “Exceso de industrialización: una respuesta a Andrés Asiaín“, por Adrián Ravier (Punto de Vista Económico)

4ta nota: “Exceso de respuestas: una industriosa respuesta a la respuesta de la respuesta“, por Andrés Asiaín (Cátedra Nacional de Economía: “Arturo Jauretche”)

Dos interesantes citas encabezan la respuesta de Andrés Asiain a mi réplica. La primera de Marcelo Diamand, quien cuestiona la formación de los economistas del mainstream, y las premisas en que se basan. La segunda de Juan Domingo Perón, quien viene a resumir en tres líneas todo lo que se plantea después acerca del poder malicioso de las corporaciones.

Respecto de lo primero, está claro que a ambos nos separan dos cuerpos teóricos diferentes. Partimos de axiomas distintos, y entonces las deducciones lógicas de nuestra comprensión de la economía difiere.  Más allá de que Asiaín y yo acordaríamos en partir de modelos de desequilibrio e incertidumbre (el interesado puede ver más aquí), lo cierto es que si insistiéramos en prolongar esta discusión intuyo que terminaríamos discutiendo la teoría del valor trabajo, la teoría de la explotación y la plusvalía, premisas que han sido desbastadas por numerosos autores y que han sido recolectadas en la historia del pensamiento económico. De repetir ese recorrido no podemos ocuparnos aquí, aunque sería un diálogo fascinante (los interesados pueden leer este documento sobre la historia de las teorías del valor y del precio, Parte I y Parte II).

Lo que sí me interesa más cuestionar es la visión “infantil” peronista –y a la que Asiaín parece adherir- de que el mercado es malo, y el Estado bueno. En palabras de Perón: “La economía nunca es libre, o la controla el Estado en beneficio del pueblo, o la controlan las grandes corporaciones en perjuicio de éste.” (la cursiva es mía) La realidad –que Asiaín dice conocer muy bien- muestra otra cosa. En términos de Buchanan y el Public Choice, ¿por qué creemos que el gobierno está compuesto por ángeles? ¿Podemos confiar realmente en que los gobiernos buscarán el bien común? ¿Podemos creer que el gobierno opera “en beneficio del pueblo”? Desde nuestro punto de vista, el gobierno no tiene “incentivos” para seguir el bien común (el interesado puede ver más aquí), pero además, no tiene el conocimiento para poder hacerlo. De ninguna manera el Estado podrá reemplazar el eficiente sistema de mercado en lo que refiere a la asignación de recursos. Es en este sentido, es decir “a lo Buchanan”, que quise -en mi réplica anterior- distinguir al político del resto de las personas.

Lo cierto es que el lobby del poder económico que le preocupa a Asiaín -y nos preocupa a todos- no tiene lugar en una economía libre con gobierno limitado, y sí tiene un enorme espacio para operar en una economía proteccionista, intervenida, donde el Estado garantiza a ciertas empresas mercados cautivos con patentes, con aranceles, y con todo tipo de intervenciones. Estaremos de acuerdo, me parece, con  Asiaín en criticar esa lamentable sociedad que Estado y pseudo-empresarios han conformado desde siempre en contra del consumidor. ¿Cómo terminamos con esta sociedad? ¿Dando más poder aun al Estado? ¿Por qué insiste Asiaín en mantener un sistema que ha favorecido a los Macri y a los Fortabat?

Desde que tengo memoria, al leer documentos escritos desde la izquierda, hay un enorme e intencionado esfuerzo por hacer una caricatura del pensamiento liberal. Se construye un muñeco de paja y se lo ridiculiza para fortalecer ideas contrarias.

Dice Asiaín que “como sabe cualquier persona exceptos los economistas adoctrinados bajo la escuela liberal, en el mercado el que tiene plata manda, el que no obedece y hay quien tiene mucha plata y mucho manda.” Desde nuestro enfoque, sin embargo, en una economía libre (como la que queremos, no como la que tenemos) el que tiene plata la consiguió trabajando, creando, innovando. Y no sólo eso, ya que aquel que quiere multiplicar su capital deberá asignarlo para satisfacer la soberanía del consumidor. Aquí no hay un Estado que otorgue prebendas y mercados cautivos. El Estado de Derecho, de hecho, tiene que garantizar igualdad ante la ley. Todos deberíamos ser realmente iguales ante la ley.

Pero volviendo a la nota original, de lo que se trata aquí es de definir quién ordena la economía. ¿Quién define cuántos diarios, restaurantes, peluquerías, estaciones de servicios, escuelas, hospitales, etc etc etc necesitamos? ¿Le vamos a confiar al Estado esta decisión? Pues no, esto lo debería definir el mercado. Quien desee abrir un comercio debe tener libertad de hacerlo, con medios propios o de terceros, y será el mercado, la gente, la que defina si se mantiene o no, si se multiplica o se cierra. Aclaro que cuando califiqué a Asiaín de arrogante, no quise descalificarlo, sino señalar que este orden se define espontáneamente. La estructura económica la debe definir el orden espontáneo, la interacción de las personas, y no Perón, ni Néstor, ni Cristina, ni Asiaín. Y es que al intentar hacerlo enfrentarán dos problemas clásicos: “incentivos” y “conocimiento”. Es por los incentivos perversos del Estado en favorecer a “nuestros industriales” que hoy tenemos un “exceso de industria”; subsidios, aranceles, políticas para-arancelarias, patentes, etc etc etc han creado una industria privilegiada que me pregunto por qué Asiaín quiere seguir protegiendo.

Al respecto, cabe mencionar que si sugerí la lectura de mi libro “la globalización como un orden espontáneo” fue por dos razones. Por un lado, porque precisamente muestra con mayor espacio esta línea de pensamiento; por otro lado, porque en la primera réplica Asiaín señaló que no había reflexionado sobre globalización. Lamento que esto le haya parecido un acto de arrogancia.

Volviendo entonces sobre la necesidad de “des-industrializar la Argentina”, dice Asiaín que tomando mis datos “hay países con menos peso de la industria en el PBI, otros con un peso similar y otros que tienen un peso superior. De ahí que yo afirme que esos datos que él mismo presenta, no son suficientes como para afirmar que Argentina está excesivamente industrializada.” Mi punto, sin embargo, fue otro. Lo que señalé es que países de características similares como Australia, Canadá, Estados Unidos o Nueva Zelanda, tienen “todos” una industria manufacturera menor en relación al PIB. Por otro lado, si Asiaín analizara realmente los datos, notaría que prácticamente todos los países tienen un menor peso de manufacturas industriales sobre el PIB que Argentina, con escasísimas excepciones, y en países con geografías muy opuestas a las nuestras.

Y volviendo al menemismo, y después de admitir que siempre hay matices y grises, Asiaín insiste que “el menemismo fue liberal por haber encarado un histórico proceso de privatización de grandes empresas del Estado, de desregulación de múltiples mercados, de reducción de aranceles, impuestos a la exportación y trabas a los movimientos de capitales.” Cada uno ve lo que quiere ver, pero el menemismo, como buen gobierno peronista, aumentó el gasto público en términos reales todos los años, si bien se encontró más limitado que el kichnerismo por la existencia de la convertibilidad y el “cepo” a la emisión. Los aranceles dentro del Mercosur bajaron, pero extra Mercosur subieron. La privatización de servicios públicos se dio en el marco de un estado quebrado, que ya no ofrecía ni luz, ni teléfono, ni ningún servicio básico, es decir, se privatizó más por necesidad que por convencimiento. Se habló de desregular mercados o del “déficit cero” en 1998 y 1999, pero en diez años de gobierno nada de eso ocurrió realmente. Ni un solo año tuvo Argentina, entre 1989 y 1999, equilibrio fiscal.

Para cerrar, no vaticino un mundo feliz, pero sí con menos hambre del que habría en un mundo socialista (“recuerden que el socialismo es imposible“), o del que hubo en el mundo pre-capitalista. Vale quizás recomendar el libro de Angus Deaton “El Gran Escape”, justamente para visualizar abundante evidencia empírica en este sentido.

En corto, en 1800 había 1000 millones de habitantes, y un 80 % de pobreza. En el año 2000, pasamos a 7000 millones de habitantes y un 20 % de pobreza. El Banco Mundial dice que la pobreza ya es de sólo un dígito. Claro que puede ser exagerado. Quizás es del 30 %, pero negar la reducción dramática de la pobreza en estos dos siglos de capitalismo es una tarea difícil. No sólo ello. En estos 200 años de capitalismo global el mundo ha mostrado mejores ingresos, pero además una mayor esperanza de vida, una menor mortalidad infantil, y una mejora en todos los indicadores sociales que se quieran tomar.

Mi pregunta a Asiaín es entonces en qué mundo quiere vivir. ¿Desea un super-estado? ¿Hasta dónde confía en los políticos? ¿Hasta dónde se desea suprimir a las corporaciones? ¿por qué odia a los empresarios? Decía la cita del inicio que las teorías económicas no son para nuestros países. ¿Acaso podemos seguir creyendo en esa división de clases en las que pensó Marx? Hoy el empresario no es el que tiene capital, sino el emprendedor que crea valor a partir de sus ideas. El capital está ahí para cualquier que desee emprender. Son incontables los casos de empresarios exitosos que surgieron desde un garage o desde la calle.

Ningún programa estatal logró reducir la pobreza del modo que lo hizo el capitalismo global. China e India son ahora mismo países que muestran caídas dramáticas en los niveles de pobreza, por sólo haberse integrado al capitalismo global. Se podrá denunciar la dramática desigualdad vigente en China e India, pero esto es un proceso natural después de que millones de personas le escaparon a la pobreza.

No hay fórmulas mágicas para crear “crecimiento con equidad”. No necesitamos un Estado gigantezco creando empleo. Necesitamos empresas, que ofrezcan bienes manufacturados, servicios, en un marco de competencia, y la última palabra acerca de quiénes sobreviven y quienes no, la tendrá el mercado, la gente, el consumidor.

EXCESO DE INDUSTRIALIZACIÓN: UNA RESPUESTA A ANDRES ASIAIN (DE PAGINA 12)

1ra nota: “Des-industrializar la Argentina“, por Adrián Ravier (El Cronista)

2da nota: “Exceso de industrialización“, por Andres Asiain (Página 12)

Yo, lo confieso, soy de los que piensan que la capacidad de elección y el impulso deben venir de abajo, no de arriba, y de los ciudadanos, no del legislador. La doctrina contraria me parece que conduce al aniquilamiento de la libertad y de la dignidad humanas.

Estas fueron las palabras de Frédéric Bastiat en “Lo que se ve y lo que no se ve“, un documento clásico escrito en 1850.

En una nota del lunes 30 de enero, publicada en El Cronista bajo el título “Des-industrializar la Argentina“, sostengo –en línea con Bastiat- que Argentina debe abandonar la política proteccionista y permitir que sean las personas, y no los políticos, los que configuren la estructura económica de nuestro país.

Un detalle no menor de este planteo fue mostrar la estructura económica de 26 países, y concluir que Argentina está “demasiado industrializada” en relación con aquellos, notando que países de características similares a las nuestras como Australia (11,4 %), Canadá (16,5 %), Estados Unidos (13,3 %) y Nueva Zelanda (14,5 %) tienen una industria cuyo peso relativo en relación al PIB es menor que el de Argentina (21,3 %).

En pocas palabras, si Argentina se encuentra “excesivamente industrializada”, la respuesta la vamos a encontrar en el proteccionismo, los subsidios y las enormes transferencias de capital que el gobierno le ha girado a la industria desde 1930 en adelante, período en el que se observa poca diferencia entre los sucesivos gobiernos justicialistas, radicales y militares.

El experimentado economista Andrés Asiain, conocido por sus polémicas columnas en Página 12, ha ofrecido en este diario una respuesta ideológica a esta nota. Digo “ideológica” porque si bien se apresura a mencionar como “dudosos” los datos presentados en la nota, no se ha tomado el trabajo de cotejarlos. Haría bien en buscar “sus” datos para analizar si contradicen el planteo original. En la “era digital” esto no lleva mucho tiempo.

Pero ese no es su único fallo. Acusa de “dogmatismo ultraliberal” al que piensa distinto y cree de forma infundada que el planteo tiene alguna relación con lo ocurrido en los años 1990. Sintéticamente, me identifico sí, con un modelo liberal, con un modelo ortodoxo donde se pregona el equilibrio fiscal, monetario y cambiario, lo que de aplicarse daría lugar a la estabilidad monetaria, sin deuda, ni intervenciones sobre el mercado cambiario. Es un modelo al que en general adherimos todos los economistas que no creemos en falacias socialistas, ni soluciones mágicas de política económica.

El menemismo, por el contrario, fue un modelo basado en continuos déficit fiscales, con fuerte endeudamiento, con un tipo de cambio fijo y sobrevaluado, y una economía cerrada al Mercosur. Identificar al menemismo con el liberalismo ha sido siempre una fantasía ideológica que numerosos documentos desmitifican, pero que en general se desconoce, o más bien se decide ignorar. (Ver aquí, aquí y aquí, como punto de partida)

Dice el autor en su último párrafo que no reflexiono sobre las consecuencias de la robotización, la globalización o la “tercera revolución industrial” sobre el empleo de los servicios. Primero, debería leer mi libro “la globalización como orden espontáneo” (Unión Editorial, en Madrid y Buenos Aires, 2012). Segundo, le pido un poco de imaginación, puesto que los puestos de trabajo que indefectiblemente se perderán en estos procesos, generarán oportunidades, desplazamientos hacia una nueva estructura económica, que bien haríamos –me parece- en dejar andar. No tenemos el conocimiento para adivinar lo que millones de personas harán en materia empresarial y laboral. Su “fatal arrogancia”, recordando el último libro de Hayek en 1990, le hacen creer que él sí puede adelantarse a ese proceso, creyendo además que el gobierno puede planificar mejor que estas millones de personas, cuál debería ser la estructural económica argentina.

El mercado no es perfecto, pero con precios libres, coordina. Las ganancias y las pérdidas, los precios, las tasas de interés, los tipos de cambio -no intervenidos- permiten que los agentes, a través de un proceso de prueba y error, asignen los recursos con relativa eficiencia, y conduzcan a la economía al pleno empleo. Si habrá mayor o menor industrialización de la que tenemos hoy en la Argentina es una respuesta que debe resolver el mercado, con la interacción de millones de personas. Creer que ciertos iluminados pueden planificar mejor que estas millones de personas planificando de forma descentralizada, no me cabe duda, ha sido el mayor error del siglo XX.

Las distintas “Escuelas Austriacas”

Siempre sostuve que hay tantas “Escuelas Austriacas” como individuos que compongan esta tradición. Seguramente hay muchos consensos entre quienes componen una Escuela, pero difícilmente al profundizar en diversos temas no surjan distancias de un autor a otro. Aquí, desde México, nos llega el aporte de Fernando Arteaga, docotorando en economía en George Mason University y miembro fundador del movimiento libertario en México. Estos comentarios fueron publicados en septiembre de 2012, pero recién ahora pude conocerlos. Abramos el debate, una vez más…

LAS DISTINTAS “ESCUELAS AUSTRIACAS”

Se ha vuelto a poner de moda dentro de la blogosfera económica  la discusión sobre cuáles son las características definitorias de la escuela austriaca de economía[1]. La dificultad para llegar a un consenso sobre qué es y  qué representa dicha escuela se debe a las diferentes posturas adoptadas; tanto por aquellos que se llaman a sí mismos austriacos como por aquellos críticos que tienden a caricaturizar los postulados austriacos.  La cuestión puede parecer banal, pero en esencia es un problema que permea a todo el conocimiento humano y que radica en distinguir qué son, cómo se identifican y cómo surgen los paradigmas científicos.

Hace un par de meses aporté mi granito de arena al sugerir que la distinción principal de la Escuela Austriaca, respecto a otras perspectivas teóricas, residía principalmente en: a) su énfasis en el análisis del capital  a partir de una visión Böhm-Bawerkiana; b) su aproximación sistemática que iba más acorde con la economía política clásica que con los procedimientos modernos,  más matemáticos y estilizados.  Sin embargo, como cualquier tipificación, al hacerla se puede llegar a varios niveles de generalización.  Mi  clasificación resulta insatisfactoria para aquellos que juzgan que existen otros tantos puntos que se deberían enfatizar para caracterizar correctamente a dicha corriente. Sin embargo, creo yo, cualquier otra aproximación más detallista sería ficticia en tanto que  no abarcaría los postulados de la totalidad de economistas que se asumen austriacos.  El fin de este pequeño texto, por ende, es identificar los grandes subgrupos dentro de la generalidad austriaca.

Las tres actitudes

La forma más sencilla de proceder para analizar las diferencias teóricas es evaluar las actitudes concretas de los economistas respecto al significado de la Escuela Austriaca en la actualidad. A partir de los recientes debates en internet sobre este tema es posible observar la existencia de tres grupos válidos [2]:

  • Los que enfatizan la singularidad de la Escuela Austriaca como corriente del pensamiento económico. Al hacerlo también apuntan que dicho marco conceptual resulta el único apropiado para el análisis económico. Para aterrizar esta idea, sugiero se sitúe al Mises Institute  – incluyendo a allegados y colaboradores- como el núcleo de esta posición. Es importante recalcar la influencia de este enfoque en el debate político estadounidense: el político republicano Ron Paul y el grupo Tea Party – de los que hablé aquí– han manifestado en varias ocasiones su visión en términos afines a los de este subgrupo de austriacos. En adelante llamaré a este grupo: rothbardiano puro – ya se verá por qué.
  • Los que piensan que la Escuela Austriaca representa un programa de investigación muy importante dentro de la economía, pero que no es el único y que además puede y debe ser complementado por otras perspectivas desde otros programas teóricos. Esta posición puede ser atribuida a la mayoría de académicos y profesionistas que se encuentran ligados a la George Mason University.   Dado el contexto, tal enfoque intenta consolidar el “austrianismo” dentro de la tradición ortodoxa neoclásica. En adelante llamaré a este grupo: académico conciliador.
  • Por último están aquellos que niegan por completo la existencia de cualquier atributo específico que pueda dotar el “mote” de escuela a los principios austriacos. Para esta posición, los principales fundamentos “austriacos” se encuentran ya asimilados por la ortodoxia.  Esta visión es mantenida tanto por el “mainstream” académico como por la “heterodoxia” de izquierda [3] y los argumentos están planteados bajo los mismos términos:  1) la corriente “mainstream” neoclásica ha resultado de un proceso histórico que ha fusionado “lo mejor” de las  ideas walrasianas, mengerianas y marshallianas; 2) la Escuela Austriaca resulta ortodoxa en tanto parte de las mismas premisas neoclásicas – marginalismo y subjetivismo metodológico- y redunda en una concepción similar del proceso económico – tendencia natural del mercado hacía el equilibrio. En adelante llamaré a esta posición simplemente como la ortodoxia.

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EN TORNO A LA TEORÍA DEL CAOS – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLHay que andarse con pies de plomo en cuanto a pretendidos correlatos entre las ciencias físicas y las sociales puesto que extrapolaciones en temas metodológicos pueden ser fatales tal como ha sido una y otra vez demostrado por filósofos de la ciencia y economistas de fuste.

Dicho esto, es de interés aludir brevemente a lo que generalmente se entiende por estados caóticos en física. Ilya Prigogine en su obra con un título que puede aparecer paradójico, Las leyes del caos, nos dice que “La palabra caos hace pensar en desorden, imposibilidad de previsión. Pero no es así. Al contrario, como veremos en estas páginas, se puede incluir el ´caos´en las leyes de la naturaleza”.

En realidad, la teoría del caos en física se refiere a perturbaciones que se amplifican tal como Lorenz se refirió en su célebre ejemplo de como el aleteo de la mariposa en un lugar del orbe genera otros fenómenos en otros lugares y que una causa se desdobla en varios efectos que con el estado actual del conocimiento no pueden ser vaticinados.

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Los órdenes sociales evolutivos, Hayek habla de “cosmos” y “taxis”, órdenes espontáneos o creados

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico II (Escuela Austriaca) en Económicas UBA, vemos los distintos órdenes sociales, taxis y cosmos, como los plantea Hayek:

Hayek

“Denominaremos «orden» a un estado de cosas en el cual una multiplicidad de elementos de diversa especie se relacionan entre sí de tal modo que el conocimiento de una porción espacial o temporal del conjunto nos permite formular acerca del resto unas expectativas adecuadas o que por lo menos gocen de una elevada probabilidad de resultar ciertas 3.Es evidente que. en este sentido, toda sociedad debe gozar de un orden y que muchas veces ese orden existirá sin haber sido deliberadamente creado Como ha dicho un conocido experto en antropología social, ‘«el que en la vida comunitaria existe un cierto orden, coherencia y regularidad es algo obvio; de otra manera, ninguno lograríamos ejercer una actividad normal ni satisfacer nuestras más elementales necesidades» .

Al vivir en sociedad y tener que cubrir la mayor parte de nuestras necesidades mediante diversas formas de mutua cooperación, es evidente que, por lo que respecta al ajeno actuar, el logro de nuestros propósitos dependerá de la coincidencia de nuestras expectativas con la realidad. Es tal coincidencia lo que refleja la existencia del orden social; descubrir cómo surge será el tema que nos ocupará de modo inmediato. La primera y casi inevitable respuesta que nuestros hábitos de pensar antropomórfico sugieren al respecto es que todo orden ha de ser fruto del designio de alguna mente’. Debido a ello, el concepto de orden no resulta muy popular entre los partidarios de la libertad, gozando en cambio de especial predicamento entre las gentes de inclinación autoritaria. El orden” social, según este enfoque, ha de basarse en la relación de mando y obediencia, es decir, en la existencia de una estructura en la que la voluntad del superior, y en última instancia la de una sola autoridad suprema, ha de determinar lo que a cada uno corresponde hacer.”

“Diversos son los términos que cabe utilizar para describir cada una de dichas clases de orden. El orden creado que hemos denominado exógeno u ordenación puede también ser calificado de estructura, orden artificial u organización, término este último especialmente adecuado cuando se trata de un orden social dirigido. Por su parte, el orden autógeno o endógeno queda debidamente especificado mediante la expresión orden espontáneo. El griego clásico tuvo la fortuna de disponer de vocablos diferentes para designar estos dos tipos de orden taxis para el creado (por ejemplo, el orden de batalla, y kosmos para el espontáneo (término que originalmente aludía al adecuado orden de un Estado o de una comunidad).”

“No resulta exagerado afirmar que las ciencias sociales nacen y se nutren del descubrimiento de la existencia de estructuras ordenadas que, aunque sean consecuencia de una actividad plural, no son resultado del designio humana. Esto es algo universalmente admitido hoy en día en diversos campos de la investigación científica. Aunque durante mucho tiempo se haya creído que hasta el lenguaje y la moral tenían que haber sido «inventados» por alguna mente genial, en la actualidad todo el mundo reconoce se trata tan sólo del resultado final de procesos evolutivos cuyos efectos nadie previó ni proyectó. En otras esferas científicas, sin embargo, cunde todavía la suspicacia ante la idea de que en los modelos sociales pueda presentarse un orden que no sea consecuencia de deliberada intervención. En la esfera económica, en particular, la famosa frase de Adam Smith relativa a la «mana invisible» sigue siendo vilipendiada; y, sin embargo, se trata de una expresión mediante la cual, en el lenguaje de su tiempo, dicho autor intentó expresar el hecho de que cada ser humano se ve obligado a contribuís al logro de fines que no entraba en su ánima colmar , Sí numerosos reformadores políticos siguen perorando contra el caos en que se debate la actividad económica, en la que tan sólo desorden perciben, ello se debe en parte a su incapacidad de concebir la existencia de un orden que no es producto de la creación deliberada, y en parte también a que, a su modo de ver, todo orden ha de pretender siempre algún conjunto de concretos fines, característica ésta que necesariamente ha de ser ajena al orden espontáneo.”