EXCESO DE INDUSTRIALIZACIÓN: UNA RESPUESTA A ANDRES ASIAIN (DE PAGINA 12)

1ra nota: «Des-industrializar la Argentina«, por Adrián Ravier (El Cronista)

2da nota: «Exceso de industrialización«, por Andres Asiain (Página 12)

Yo, lo confieso, soy de los que piensan que la capacidad de elección y el impulso deben venir de abajo, no de arriba, y de los ciudadanos, no del legislador. La doctrina contraria me parece que conduce al aniquilamiento de la libertad y de la dignidad humanas.

Estas fueron las palabras de Frédéric Bastiat en «Lo que se ve y lo que no se ve«, un documento clásico escrito en 1850.

En una nota del lunes 30 de enero, publicada en El Cronista bajo el título «Des-industrializar la Argentina«, sostengo –en línea con Bastiat- que Argentina debe abandonar la política proteccionista y permitir que sean las personas, y no los políticos, los que configuren la estructura económica de nuestro país.

Un detalle no menor de este planteo fue mostrar la estructura económica de 26 países, y concluir que Argentina está “demasiado industrializada” en relación con aquellos, notando que países de características similares a las nuestras como Australia (11,4 %), Canadá (16,5 %), Estados Unidos (13,3 %) y Nueva Zelanda (14,5 %) tienen una industria cuyo peso relativo en relación al PIB es menor que el de Argentina (21,3 %).

En pocas palabras, si Argentina se encuentra «excesivamente industrializada», la respuesta la vamos a encontrar en el proteccionismo, los subsidios y las enormes transferencias de capital que el gobierno le ha girado a la industria desde 1930 en adelante, período en el que se observa poca diferencia entre los sucesivos gobiernos justicialistas, radicales y militares.

El experimentado economista Andrés Asiain, conocido por sus polémicas columnas en Página 12, ha ofrecido en este diario una respuesta ideológica a esta nota. Digo “ideológica” porque si bien se apresura a mencionar como “dudosos” los datos presentados en la nota, no se ha tomado el trabajo de cotejarlos. Haría bien en buscar “sus” datos para analizar si contradicen el planteo original. En la “era digital” esto no lleva mucho tiempo.

Pero ese no es su único fallo. Acusa de “dogmatismo ultraliberal” al que piensa distinto y cree de forma infundada que el planteo tiene alguna relación con lo ocurrido en los años 1990. Sintéticamente, me identifico sí, con un modelo liberal, con un modelo ortodoxo donde se pregona el equilibrio fiscal, monetario y cambiario, lo que de aplicarse daría lugar a la estabilidad monetaria, sin deuda, ni intervenciones sobre el mercado cambiario. Es un modelo al que en general adherimos todos los economistas que no creemos en falacias socialistas, ni soluciones mágicas de política económica.

El menemismo, por el contrario, fue un modelo basado en continuos déficit fiscales, con fuerte endeudamiento, con un tipo de cambio fijo y sobrevaluado, y una economía cerrada al Mercosur. Identificar al menemismo con el liberalismo ha sido siempre una fantasía ideológica que numerosos documentos desmitifican, pero que en general se desconoce, o más bien se decide ignorar. (Ver aquí, aquí y aquí, como punto de partida)

Dice el autor en su último párrafo que no reflexiono sobre las consecuencias de la robotización, la globalización o la “tercera revolución industrial” sobre el empleo de los servicios. Primero, debería leer mi libro “la globalización como orden espontáneo” (Unión Editorial, en Madrid y Buenos Aires, 2012). Segundo, le pido un poco de imaginación, puesto que los puestos de trabajo que indefectiblemente se perderán en estos procesos, generarán oportunidades, desplazamientos hacia una nueva estructura económica, que bien haríamos –me parece- en dejar andar. No tenemos el conocimiento para adivinar lo que millones de personas harán en materia empresarial y laboral. Su «fatal arrogancia», recordando el último libro de Hayek en 1990, le hacen creer que él sí puede adelantarse a ese proceso, creyendo además que el gobierno puede planificar mejor que estas millones de personas, cuál debería ser la estructural económica argentina.

El mercado no es perfecto, pero con precios libres, coordina. Las ganancias y las pérdidas, los precios, las tasas de interés, los tipos de cambio -no intervenidos- permiten que los agentes, a través de un proceso de prueba y error, asignen los recursos con relativa eficiencia, y conduzcan a la economía al pleno empleo. Si habrá mayor o menor industrialización de la que tenemos hoy en la Argentina es una respuesta que debe resolver el mercado, con la interacción de millones de personas. Creer que ciertos iluminados pueden planificar mejor que estas millones de personas planificando de forma descentralizada, no me cabe duda, ha sido el mayor error del siglo XX.

EPT: Sí, la inflación es un fenómeno monetario

Comparto mi última nota en Economía Para Todos, «Sí, la inflación es un fenómeno monetario.»

En su nota del domingo 9 de junio en Página 12, Alfredo Zaiat cuestiona que la inflación sea un fenómeno monetario y sostiene que “con datos duros, se puede empezar a relativizarla la teoría ‘ortodoxa’ de la inflación, al tiempo que la heterodoxia puede mostrar que es capaz de un manejo prudente de la política monetaria con tasas de interés que seduzcan la inversión en pesos en función de cumplir objetivos de empleo, crecimiento y también de inflación.”

Seguir leyendo en EPT.

La mala praxis de Rogoff y Reinhart

Reinhart and RogoffUn artículo de Alfredo Zaiat en Página 12 acusa a Rogoff y Reinhart, dos de los máximos expertos monetarios, de mala praxis. Sintéticamente, explica que en su artículo Growth in a Time of Debt (“El crecimiento en épocas de endeudamiento”), presentado ante la AEA, estos dos autores sesgaron los datos para concluir que el crecimiento disminuye en forma abrupta cuando la deuda pública representa más del 90 por ciento del Producto Interno Bruto.

El estudiante Thomas Herndon, de la Universidad de Massachusetts Amherst, eligió la investigación de Rogoff y Reinhart para cumplir con la tarea encomendada por su profesor de elegir una publicación académica y tratar de replicar sus conclusiones con una base de datos de acceso público. Al no contrastar los resultados, solicitaron a los autores el excel con los cálculos y encontraron tres problemas que se publicaron más tarde en Does High Public Debt Consistently Stifle Economic Growth? A Critique of Reinhart and Rogo ff:

1. Rogoff y Reinhart habían incluido sólo 15 de los 20 países bajo análisis en su cálculo clave sobre el crecimiento promedio del PIB en los países con deuda pública alta. Por “error” no estaban considerados Australia, Austria, Bélgica, Canadá y Dinamarca. Exclusión que alteró el resultado final, aumentando así el impacto de la magnitud de la deuda pública en el crecimiento. Con todos los datos incorporados al Excel, en lugar de caer, la tasa de crecimiento se mantiene positiva. O sea, el saldo era el opuesto a la conclusión presentada por Rogoff y Reinhart.

2. Para otros países, algunas cifras ni siquiera habían sido incluidas. Rogoff y Reinhart explicaron ante el cuestionamiento que estaban reuniendo las cifras paso a paso, y que cuando presentaron el ensayo en la conferencia no había cifras disponibles de buena calidad sobre Canadá, Australia y Nueva Zelanda tras la Segunda Guerra Mundial. Sin embargo, excluyeron períodos de crecimientos de Nueva Zelanda con un ratio deuda/PBI superior al 90 por ciento.

3. También realizaron promedios sesgados. Por ejemplo, un año malo para un país pequeño como Nueva Zelanda tuvo el mismo peso que los casi 20 años de Reino Unido con una deuda pública elevada.

Rogoff y Reinhart reconocieron el error:

“Es aleccionador que se nos haya escapado semejante error en uno de nuestros ensayos a pesar de nuestros mejores esfuerzos para ser cuidadosos consistentemente. Redoblaremos nuestros esfuerzos para evitar errores semejantes en el futuro. No creemos, no obstante, que este error desafortunado afecte de ninguna manera significativa el mensaje central del ensayo ni de nuestro trabajo subsiguiente”.

Zaiat afirma que estos errores fueron intencionales. Y que no es el único: Hay otros casos similares, entre los más conocidos se encuentra el fallido de la curva de Laffer para justificar la baja de impuestos a los ricos durante la administración Reagan en la década del ’80. O cuando el año pasado los economistas Blanchard y Leigh, del FMI, tuvieron que admitir que los ajustes fiscales propuestos en las economías europeas tuvieron un impacto negativo más fuerte que el previsto.

Dos comentarios me han surgido de la lectura de este artículo:

1. No es novedad en la profesión que uno puede mostrar cuantitativamente los datos que desee, tan sólo modificando el modelo, o cambiando la muestra de países a incorporar al análisis, entre decenas de prácticas. Esta es una nueva crítica al abuso de la estadística en la economía, y Zaiat hace bien en criticar la arrogancia científica de la profesión de quienes le asignan demasiado valor a los números, y muy poco a la coherencia de los argumentos.

2. La mala praxis en economía existe. Quizás el profesional pueda seguir trabajando después de este tipo de errores -intencionales o no-, pero el mercado académico toma nota de ello. No me cabe duda que Rogoff y Reinhart reciben un golpe en su reputación por fallos como este.

¿Es totalmente falso decir que la emisión genera inflación?

Marcó del Pont, titular de la Banca Central en la República Argentina, sostuvo estas palabras luego de modificar la carta orgánica de la institución que preside. No sólo eso. Afirmó también que “solamente en Argentina se mantiene esa idea de que la expansión de la cantidad de dinero genera inflación”.

Alfredo Zaiat se hizo eco de esas palabras y nos ofreció sus propias reflexiones:

Esta declaración provocó alteración emocional en las filas monetaristas e incomodidad en otros. La presidenta del Banco Central apuntó al corazón de un principio sagrado del análisis económico doméstico colonizado por décadas de predominio de ideas monetaristas, en especial en la institución que los liberales consideran de su propiedad. La presencia de Marcó del Pont en la conducción del Central es un hecho político notable, porque desafía ese nicho de poder y de negocios de la ortodoxia asociada con la banca. Es una grieta, por lo conceptual y también por género, que sorprende a representantes de bancos centrales de la región, incluso a los de países puestos como ejemplos por diferentes vertientes del progresismo y de la izquierda, que aún mantienen concepciones conservadoras en esos espacios de poder.

Quiero pedirle a los lectores si pueden ayudarme a analizar estas citas. ¡Es que me dejaron sin palabras!

La crisis de la ciencia económica y la reforma de los programas de estudio

Página 12 abre el debate:

Los planes de estudio en las principales facultades de Economía están siendo revisados. La crisis en las potencias mundiales cuestiona la corriente de pensamiento neoclásica, redefinida ortodoxa o neoliberal, predominante en esa carrera universitaria.

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