TRUMP SIGNIFICA MAYOR RIESGO

trumpLa victoria electoral de Donald Trump fue una sorpresa para la prensa internacional y para la mayoría de los analistas políticos y económicos.  No sólo The New York Times o el Washington Post habían apostado por Hillary Clinton; los propios representantes del Partido Republicano le dieron la espalda al Nuevo Presidente de Estados Unidos. De esta manera, lo primero que se debe notar tras la victoria de Trump es el golpe a la política tradicional. El pueblo norteamericano ya no quiere seguir por la misma línea. Surgirá a partir del 20 de enero, una nueva forma de hacer política.

Al margen del Trump persona, calificado con justicia como una persona machista, racista y xenófoba, su política económica preocupa a nivel internacional por su declarado interés en terminar con ISIS. Su declaración de que “tienen los días contados”, podría iniciar a nivel global tiempos de guerra, que claramente han asustado a los mercados globales.

No sólo ello. En su interés por cuidar el interés de los norteamericanos, Trump ha señalado que corresponde a todos los miembros de la OTAN contribuir al financiamiento de este ejército que lucha por la paz global; y si es así, solicitará a todas las economías del planeta unirse a su ofensiva contra ISIS a riesgo de abandonarlos a que se cuiden con sus propios medios.

Por otro lado, en su plan de re-industrialización, preocupa a Trump los altos déficit comerciales que Estados Unidos acumula con México y China –los dos mayores perdedores de la jornada, junto con los musulmanes-. Apoyado en esa dependencia que tienen estos países para con Estados Unidos, Trump sugirió que solicitará a México que ellos mismos construyan un muro en la frontera con Estados Unidos para detener el proceso inmigratorio y también evitar el ingreso del Narcotráfico por esa vía. México se opuso a la construcción del muro, pero la negociación que se abrirá a partir del 20 de enero es compleja, puesto que tienen mucho más para perder que Estados Unidos si de deroga el tratado de libre-comercio vigente.

Al des-aceleramiento chino, una renegociación comercial sólo puede agregarle problemas, pero Trump parece no advertir que la exportación y la importación son dos caras de la misma moneda. Si Estados Unidos deja de recibir importaciones chinas, éstos pueden dejar de comprar bonos americanos para financiar la monumental deuda norteamericana.

¿Cómo impacta esto en América Latina? Insisto en señalar que Trump significa más riesgo. Riesgo de proteccionismo y de guerra global. Con estas señales, el mercado se vuelve más conservador, y entonces surge una necesidad por cambiar activos riesgosos por otros de mayor calidad. Las oportunidades que América Latina tiene hoy para ofrecer, o incluso la Argentina, están fuera del alcance que estos inversores ahora más moderados pueden estar interesados en tomar. Trump significa entonces menos inversiones en la región,  y tasas de interés más elevadas para aquellas economías, que como la Argentina, esperan continuar con políticas deficitarias y de endeudamiento.

En otros términos, si ya antes de esta noticia urgía que Macri emprendiera un fuerte ajuste fiscal, ahora el costo de tomar deuda será mayor.

Es cierto, hay algunas señales positivas en la asunción de Trump, como su promesa de “revolución fiscal”, que implicaría una fuerte baja impositiva para familias y empresas, lo que ayudará a fortalecer el endeble crecimiento económico y terminar con el Estado de Bienestar norteamericano que Obama contribuyó a formar y que han puesto a la primera economía del mundo en jaque. Pero estas políticas que terminarían con el ObamaCare, entre otros programas que hoy contribuyen al déficit fiscal norteamericano, resultan de impacto local y muy pequeñas en relación con los riesgos que Trump significa.

El primer discurso que ofreció tras conocerse su victoria electoral, mostró un Trump más moderado que aquel que conocimos en campaña. Habrá que esperar para conocer si modera también el modelo económico proteccionista que ha promovido, y hasta dónde pretenderá llegar con su nueva política exterior.

 

REFLEXIONES SOBRE LA ACTUAL POLÍTICA NORTEAMERICANA

padres_fundadoresEEUU se encuentra en un punto de inflexión de su historia. Las próximas elecciones así lo demuestran.

Hay que ir para atrás. Poco a poco la República pasó a ser un Imperio. ¿Tuvieron razón los anti-federalistas? ¿O el liberalismo clásico tenía sus propios recursos para evitar el crecimiento del estado? Tal vez nunca lo sabremos, pero la cuestión es que el EEUU actual, con su Welfare State, su Reserva Federal, su  IRS, su CIA, su Patriot Act, y las innumerables dependencias y organismos del Estado Federal, se ha convertido en la viva contradicción de lo que fue la Declaración de Independencia de 1776.

Los republicanos no se caracterizaron por arreglar la cuestión. En el tema económico y social, no pudieron o no supieron. Ni Reagan ni menos aún los Bush pudieron o supieron tener el liderazgo suficiente para llevar a cabo las propuestas de des-centralización de la provisión de bienes públicos propuestas por Hayek y Buchanan. Los demás candidatos republicanos a la Casa Blanca casi nunca mostraron en los debates que conocieran estas ideas, excepto por supuesto Ron Paul. En temas de política exterior o seguridad, no quisieron. Es verdad que no se puede dejar solo a Israel, a Japón, a Corea del Sur, pero sus políticas en Medio Oriente fueron desastrosas. Lo de Bush ya fue terrible. La Patriot Act, que legaliza los antes delitos del gobierno federal contra las libertades individuales, es indefendible, excepto precisamente que seamos hobbesianos, que es el caso de muchos de los “neocons” que rodearon al ex presidente.

Por lo demás, excepto Reagan, los demás candidatos republicanos fueron siempre –junto con los demócratas- la viva representación de un stablishment hipócrita, de sonrisa de plástico, discursos leídos, pasión cero, asesores de imágenes que convierten al parecer en el ser. Una falta total de liderazgo auténtico.

Esto último explica el ascenso de Donald Trump. Los votantes –y hay que investigar bien por qué- intuyen esa hipocresía y se hartan de los políticos tradicionales. La espontaneidad de Trump, su sinceridad entre lo que piensa y lo que dice, su hablar desde su propio ser, fue lo que lo llevó a la nominación. Pero eso mismo es lo que lo está destruyendo. Para actuar desde el ser, y resistir los archivos y las campañas sucias, hay que ser una buena persona. No juzgo la conciencia de Trump, pero su racismo, su misoginia, sus modos autoritarios, son indefendibles. Claro que se puede alegar que los demócratas son iguales y por ende hipócritas cuando lo atacan –sobre todo Hilary, casi cómplice de su marido sobre el que pesan tres acusaciones por violación– pero eso no redime, políticamente, a Trump. Si querían un candidato que se acercara al EEUU originario, allí lo tenían a Ted Cruz, Marco Rubio, Carly Fiorina, o Rand Paul. Pero sus modos, sus formas, fueron demasiado profesionalizadas para esa demanda de espontaneidad que legítimamente quisieron los votantes de la interna republicana.

Los libertarios, a su vez, presentaron esta vez a Gary Johnson. Por un lado es abortista y, por el otro, si se quiere ser abstencionista en polìtica exterior, hay que saber de polìtica exterior. Lo lamento, libertarios, el ridículo no conduce a nada.

Ahora, alea iacta est. El panorama no podría ser peor. Si gana Hilary, todo seguirá igual, lo cual quiere decir: igual de desastroso. Lo peor no son sólo sus amenazas permanentes a las libertades individuales de grupos religiosos, sino sus promesas de más impuestos y más gastos, cosa que verdaderamente puede llevar a EEUU –con una deuda pública sencillamente inconmensurable- al borde de un colapso aterrador que me abstengo de describir. Si gana Trump, tendremos a un Hobbes impredecible en el poder, que posiblemente haga alianza con Putin. Un panorama sencillamente dictatorial, una tenaza de dos autoritarios que se repartirán lo que quede del mundo.

De vuelta, un hobbesiano me podrá decir: Gabriel, ¿aún no has entendido que así es el mundo?

Mi respuesta: claro que sí. El liberalismo es la lucha permanente para que NO sea así.

¿QUÉ DIRÍA TOCQUEVILLE HOY SOBRE ESTADOS UNIDOS? – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLA veces es de interés embarcarse en un ejercicio contrafactual y esforzarse en una mirada a la historia y al presente muñido de una lente que nos haga pensar que hubiera ocurrido si las cosas hubieran sido distintas de las que fueron. En nuestro caso sugiero una perspectiva para meditar sobre las posibles reflexiones de un gran cientista político sobre el que se conocen sus consideraciones y su filosofía pero extrapoladas al presente.

Esta gimnasia no es original puesto que otros la han llevado a cabo. Tal vez el autor más destacado en la historia contrafactual sea Niall Ferguson. En todo caso, en esta nota periodística me refiero al gran estudioso de los Estados Unidos, el decimonónico Alexis de Tocqueville. Como es sabido, el libro más conocido de este pensador de fuste es La democracia en América donde describe los aspectos medulares de la vida estadounidense en su época.

Tocqueville destaca la importancia que el pueblo de Estados Unidos le atribuye al esfuerzo y al mérito, la sabia separación entre el poder político y la religión (la “doctrina de la muralla” en palabras de Jefferson), el federalismo y el no ceder poderes al gobierno central por parte de las gobernaciones locales con la defensa de una posible secesión, las instituciones mixtas en la constitución del gobierno y la separación de poderes, la negación de “las mayorías omnipotentes” porque  “por encima de ella en el mundo moral, se encuentra la humanidad, la justicia y la razón” puesto que “en cuanto a mi cuando siento que la mano del poder pesa sobre mi frente, poco me importa saber quien me oprime, y por cierto que no me hallo más dispuesto a poner mi frente bajo el yugo porque me lo presentan un millón de brazos” ya que “el despotismo me parece particularmente temible en las edades democráticas. Me figuro que yo habría amado la libertad en todos los tiempos, pero en los que nos hallamos me inclino a adorarla”.

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Seminario sobre Macroeconomía Comparada – Teórica y Aplicada [Videos]

MacroKMuchos de nuestros lectores solicitaron compartamos los videos del seminario que dictamos hace unos días sobre macroeconomía teórica y aplicada. Aquí, gracias al esfuerzo de la Fundación Bases, Corporate Training y la Fundación Naumann para la Libertad, podemos compartir los tres videos.

 

La Macroeconomía del Capital frente a la Macroeconomía Convencional

Parte I:  Macroeconomía del capital (crecimiento económico) / Macroeconomía del trabajo (keynesianismo – Modelo de demanda agregada – Curva de Phillips de pendiente negativa). Acceda aquí.

Parte II: Macroeconomía del dinero (3 Etapas en la Escuela de Chicago – Monetarismo – Teoría cuantitativa del dinero vs Inflación de demanda, de costos y estructural – Curva de Phillips ajustada por expectativas ) Macroeconomía de las expectativas racionales – Macroeconomía del capital (Teoría Austriaca del Ciclo Económico – Curva de Phillips de pendiente positiva). Acceda aquí.

Escenario Macroeconómico Global 2015/2016

Parte III: Coyuntura Global. Estados Unidos, Unión Europea, Japón, China, América Latina, Brasil, Argentina. Acceda aquí.

Bibliografía: Macroeconomía del capital (escritos)

Acceda aquí a material en inglés y español sobre macroeconomía del capital.

Mis 8 discrepancias con Axel Kicillof y el gobierno argentino

Kicillof-614x350El ministro de Economía, Axel Kicillof, fue entrevistado recientemente por Joaquín Morales Solá y nos dejó -en 35 minutos- interesantes argumentos para defender su administración de la política económica.

En la entrevista arremetió una vez más contra los economistas ortodoxos, defendió la política de desendeudamiento, de reindustrialización y de inclusión social, enfatizó el fuerte crecimiento económico que el país experimentó desde 2003, recordó la recuperación de YPF y Aerolíneas Argentinas. Se apoyó sobre ciertos economistas como Miguel Ángel Broda, Orlando Ferreres y Carlos Melconian para señalar que la economía está bien, creciendo un 1 %, que la inflación se desaceleró de un 40 % a un 25 % -sin recetas ortodoxas-, que las reservas están estables, que no hay problemas con los vencimientos de deuda, lo que deja una buena herencia para el próximo Gobierno, garantizando continuidad del modelo luego de 2015.

Cuando se le cuestionó el bajo crecimiento, el ministro de Economía explicó el complejo contexto internacional que nos acompaña, con caída en los precios de los commodities, con las locomotoras de China y Estados Unidos bajo ciertas dificultades y con Brasil en recesión.

Es precisamente ese contexto el que lo obligó a decidir aplicar una política contracíclica desde principios de 2014 para estimular el consumo interno mediante planes y programas, apoyado en un supuesto consenso de los economistas en las recetas keynesianas que se presentan en todos los manuales de macroeconomía y política económica.

Dejando de lado los discutibles números del ministro de Economía -que él mismo se ocupó de criticar antes de asumir funciones oficiales-, presentaré a continuación mis diferencias con su administración de la política económica, que se pueden resumir en ocho puntos fundamentales.

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Tres razones para desinflar la burbuja del Estado

impuestosCuando los historiadores económicos se refieren a las grandes crisis económicas del siglo XX -y lo que va del siglo XXI- identifican cada caso con una burbuja. En la crisis de los años 1930, por ejemplo, los historiadores observaron burbujas bursátiles e inmobiliarias. La crisis dot-com de 2001 en Estados Unidos fue la burbuja bursátil de las acciones relacionadas a internet. La gran recesión de 2008, también en Estados Unidos, fue el desenlace de la burbuja inmobiliaria gestada desde fines de 2001. La crisis europea actual fue la de una burbuja inmobiliaria, seguida de una burbuja del gasto público que se ha pinchado en varios países, pero queda aún una brecha importante por corregir. Vale aclarar que las economías solo lograron recuperarse de las distintas crisis mencionadas cuando las burbujas se terminaron de desinflar y emprendieron un proceso de formación de capital a través del ahorro y la inversión.

En la Argentina de hoy la crisis que viene será asociada a la burbuja del gasto público, que se fue gestando desde 2003 y especialmente a partir de los dos gobiernos de Cristina Fernández de Kirchner, con sucesivos planes y programas.

Sin ánimo de ser exhaustivo, aunque presentados cronológicamente, recordamos ya en agosto de 2003 el Plan Manos a la Obra de Néstor Kirchner, seguido por la prolongación del Programa Remediar, la creación del Museo de la Memoria, el Plan Federal de Salud, el Plan Nacer Argentina, el Plan Espacial Nacional, el Programa de Becas del Bicentenario, el Programa de Apoyo de Infraestructura Universitaria, el Programa Argentina Trabaja, Fútbol para Todos, la asignación universal por hijo, el Fondo del Bicentenario para pagar la deuda externa, el Programa Conectar Igualdad, el Programa de Financiamiento Productivo del Bicentenario, Pakapaka, Tecnópolis, la recuperación de YPF, Procrear, el Programa Sumar (que fue una ampliación del Programa Nacer) o el Plan Raíces, entre otros.

Tres críticas presentamos los economistas a estos programas.

En primer lugar, que varios de estos programas y planes no se presentan como temporarios -mientras duró la crisis de 2002, con más de un 50 % de pobres y más de un 20 % de desempleados-, sino como continuos, garantizando a mucha gente una serie de ingresos que perdurarán en el tiempo. Esto evita que los beneficiarios tengan incentivos para buscar por sí mismos la generación de ingresos que les permitan abandonar esta dependencia del Estado. Más grave aún ha resultado el caso en que muchas personas rechazan posibilidades de trabajo para no perder un plan del Gobierno.

En segundo lugar, preocupa la sustentabilidad del gasto público total, el que no puede mantenerse aun con la mayor presión tributaria de la historia argentina, requiriéndose ahora de emisión monetaria para cubrir la brecha entre ingresos y gastos, y sometiendo a toda la población a niveles elevados de inflación. Axel Kicillof inició un proceso de ajuste por la vía de la inflación, pero el costo político de su sucesor será elevado, lo que puede implicar problemas de gobernabilidad para quien ocupe el sillón de Rivadavia en 2016.

En tercer lugar, desconocer que mucho de lo que estos programas hacen el mercado podría hacerlo por sí solo y de manera mucho más eficiente. Esto se vincula con el primero de los puntos planteados. Basta observar a nuestros países vecinos, con niveles de desempleo y pobreza radicalmente inferiores a los de Argentina, para comprender el daño que estos planes y programas le hacen a la población. Esto se vincula al debate que la Presidente ha querido abrir en distintos discursos -sobre qué Estado queremos-, pero al que nadie de la oposición atendió. Personalmente, pienso que el objetivo final debería ser que los argentinos tengan trabajo, ingresos propios, y a través de ese ingreso y el acceso a crédito puedan adquirir su casa, su auto o incluso pagar por los bienes y los servicios que deseen consumir, sean estos remedios, computadoras o incluso fútbol. En la medida en que esto se vaya logrando, el Estado debería ir reduciendo su tamaño, desmantelándose muchos de los programas y los planes o también los ministerios y las secretarías que este Gobierno ha creado. Que en esta “década ganada” el proceso haya sido contario a este ideal es una muestra de que hemos tomado el camino inverso al deseado. Que Daniel Scioli esté pensando hoy en crear nuevos ministerios y secretarías también es un camino opuesto al deseado.

Los economistas no exigimos un cambio hacia la anarquía y la desaparición inmediata de todos los planes sociales y programas, y menos aún en las condiciones de la Argentina en 2002 o 2003, sino un llamado de atención a los excesos de gasto que el kirchnerismo ha iniciado y el costo político y social que puede implicar revertir este proceso.

Tal como ocurrió en sucesivas crisis económicas, la Argentina no podrá retornar al crecimiento hasta que desinfle la burbuja del gasto público. Si la fase de desarrollo requiere inversión, como definió recientemente Miguel Bein -el asesor principal de Daniel Scioli-, y como sostiene también el equipo económico de Mauricio Macri, debemos tomar conciencia de que nadie querrá invertir en un país que mantiene un nivel de gasto público en torno al 50 % del PIB, con una inflación que supera -al menos- el 20 %, cuya presión tributaria es récord de todo el continente y que aún mantiene un déficit fiscal del 7 %-8 % del PIB.

El contexto internacional será menos favorable para Argentina en 2016

La Arena 1La posible suba en la tasa de interés de corto plazo de Estados Unidos, la desaceleración del crecimiento chino y la devaluación de Brasil implicarán un cambio de ciclo para la economía argentina.
 
Las distintas economías latinoamericanas son dependientes del precio de los commodities que representan sus principales productos exportables. Es el caso del crudo en Venezuela y Ecuador, el gas en Bolivia, el cobre en Chile y distintos alimentos e insumos en Argentina, Brasil, Perú y Colombia. Los precios de estos y otros commodities han alcanzado niveles récord en la última década, lo que condujo a estas economías a un afortunado ciclo de crecimiento económico.

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LA CONTRACARA DEL SUEÑO AMERICANO – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLNo basta con los desastres que ha provocado Bush II ni los estropicios de Obama respecto a los derechos individuales, ahora irrumpe en la escena política Donald Trump el exitoso agente inmobiliario que por esa razón cree que puede llevarse al mundo por delante con sus propuestas fascistas de gran repercusión en el público estadounidense.

En su discurso de cincuenta minutos de junio último desde el Trump Tower en Manhattan el personaje de marras lanzó parte de su campaña presidencial que por el momento, según las encuestas (frecuentemente sujetas a gruesos errores), lidera las preferencias en círculos republicanos.

Sus aseveraciones resultan por cierto inquietantes para cualquier persona mínimamente inclinada a los postulados de la sociedad abierta. Desafortunadamente está en línea con los resurgimientos de los nefastos nacionalismos europeos de estos tiempos.

La emprendió contra la inmigración especialmente contra los mexicanos a quienes tildó de traficantes de drogas, violadores y criminales al tiempo que aseguró que construirá un muro muy alto que hará financiar a los propios mexicanos.

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UNA COSA SON LOS ESTADOS UNIDOS Y OTRA COSA SUS GOBIERNOS

No es raro que en esta cultura argentina tan autoritaria que nos rodea haya que hacer la aclaración. Me sigue sorprendiendo que ante mis críticas a diversas administraciones de los EEUU los defensores de Occidente y la libertad crean que me visitó el pajarito de Maduro.

Los EEUU son un milagro en la historia de la humanidad. Fue el único proyecto de convivencia humana organizado sobre la base, expresamente declarada y escrita, de que todos los seres humanos nacen libres e iguales e intitulados por Dios por ciertos derechos….. Que fueron los derechos individuales de la tradición liberal clásica. Esa santa espina clavada en su historia, como dijo Maritain, fue la que le permitió curar las contradicciones de su situación histórica, como la esclavitud y todo tipo de discriminación.

Pero precisamente, en la tradición norteamericana se distingue entre “estado” y administración. Por estado entienden más bien government, esto es, un conjunto de seres humanos normales que tienen a cargo la administración de bienes públicos que nada tienen que ver con las libertades individuales protegidas por la Constitución Federal. Por eso ellos dicen “this administration” para referirse a un gobierno determinado, y NO a los EEUU y sus tradiciones institucionales fundacionales. Por eso cualquier norteamericano puede disentir perfectamente con tal o cual administración y ello no tiene nada que ver con su patriotismo y su sano orgullo de pertenecer a una nación que fue organizada bajo tales criterios básicos de derecho natural judeo-cristiano.

Por lo tanto, si yo critico que tal administración haya hecho la vista gorda ante horribles aberraciones de las tropas norteamericanas de ocupación –como la vez pasada- no por ello me estoy convirtiendo en adalid de los verdaderos ideólogos autoritarios de izquierda y derecha que lo que verdaderamente odian esa ESA cultura fundante de los EEUU. Es más, si yo critico la Reserva Federal, el Welfare State, la CIA y cuantas agencias gubernamentales de Washington han subvertido el espíritu libertario de los EEUU originarios, menos aún estoy en contra de los EEUU, sino que estoy pidiendo su retorno a lo que auténticamente fue, como cualquier ciudadano de los EEUU, patriota y libertario, podría hacer.

Por lo tanto, liberales argentinos, que confunden nación, estado, gobierno y administración, sepan distinguir, y de ese modo, volver ustedes también al liberalismo, porque si no hacen esas distinciones, razonan también sobre las bases del autoritarismo argentino.

Otra vez, sobre la tortura – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLVarias veces he escrito sobre este tema horrendo, ahora repito algo de lo dicho, en esta caso, en “La Nación” de Buenos Aires (julio 23, 2007) en vista de la inadmisible política que en este sentido mantiene el otrora baluarte del mundo libre: Estados Unidos, en Guantánamo (fuera de su territorio para no chocar con la elemental decencia de la legislación estadounidense).

César Beccaría, el precursor del derecho penal, escribe que “Un hombre no puede ser llamado reo antes de la sentencia del juez […] ¿Qué derecho sino el de la fuerza será el que da potestad al juez para imponer pena a un ciudadano mientras se duda si es o no inocente? No es nuevo este dilema: o el delito es cierto o incierto; si es cierto, no le conviene otra pena que la establecida por las leyes y son inútiles los tormentos porque es inútil la confesión del reo; si es incierto, no se debe atormentar a un inocente, porque tal es, según las leyes, un hombre cuyos delitos no están probados […] Este es el medio seguro de absolver a los robustos malvados y condenar a los flacos inocentes”.

Concluye Beccaría con una crítica enfática a quienes señalan las contradicciones en que incurren los torturados como prueba de culpabilidad, como si “las contradicciones comunes en los hombres cuando están tranquilos no deban multiplicarse en la turbación de ánimo todo embebido con el pensamiento de salvarse del inminente peligro […], es superfluo duplicar la luz de esta verdad citando los innumerables ejemplos de inocentes que se confesaron reos por los dolores de la tortura; no hay nación, no hay edad que no presente los suyos […] No vale la confesión dictada durante la tortura”.

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