Austriacos, Monetaristas, y Crisis Economicas

George Selgin tiene un reciente post en Free Banking sobre crisis económicas que es muy recomendable. En su post, Selgin comenta cómo distintas teorías de ciclos económicos pueden ser complementarias, y no necesariamente excluyentes. Más precisamente, como la teoría austriaca del ciclo económico y la monetarista pueden explicar distintas fases de una misma crisis, por ejemplo la Crisis del 30.

Selgin pone ambas teorías frente a frente y muestra que ciertas variantes del ABCT al no dar lugar a distorsiones cuando hay una deflación monetaria (no por aumento de productividad) tienen una posición simétrica a la de ciertas teorías monetaristas que no aceptan distorsiones cuando hay excesos monetarios. En el segundo campo ubica principalmente a Scott Sumner y a «algunos» representantes del Market Monetarism.

Si bien coincido con el post de Selgin, su exposición da lugar a un par de aclaraciones adicionales.

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RIP Ronald Coase (1910 – 2013)

Ayer falleció Ronald Coase, a los 102 años de edad. Indiscutiblemente uno de los economistas más influyentes del siglo XX. Sus contribuciones le merecen un lugar entre los economistas que dieron forma a la economía en este siglo y a ser reconocido con el Nobel de Economía en el año 1991. La disciplina simplemente no hubiese sido la mismo sin Coase. La economía ha perdido a un grande que se ha mantenido activo hasta en sus últimos días. A la edad de 102 años Coase seguía escribiendo sobre economía. A la edad de 101 años publicó un libro en co-autoría con uno de sus alumnos; How China Became Capitalist (Coase and Wang.)

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The ABCT making its presence in the maintream literature

A few days ago, inspired by a recent paper by Guillermo Calvo, Peter Boettke asked at Coordination Problem to complete a list of recent «non-Austrian» papers that implicitly or explicitly use the ABCT to explain what went wrong in the 2008 financial crisis.

Here’s a list with some papers I encountered in the last few years, plus some suggestion by others (i.e. Roger Koppl in the comment section of Pete’s post):

  1. Borio, C., & Disyatat, P. (2011). Global Imbalances and the Financial Crisis: Link or no Link? BIS Working Papers 346.
  2. Borio, Claudio and Philip Lowe. 2002. Asset prices, financial and monetary stability: exploring the nexus. BIS Working Paper No. 114.
  3. Borio, C & W. White (2003): “Whither monetary and financial stability? The implications of evolving policy regimes”, in Monetary Policy and Uncertainty: Adapting to a Changing Economy, proceedings of a symposium sponsored by the Federal Reserve Bank of Kansas City, Jackson Hole, 28-30 August, pp 131–211.
  4. Caballero, R. J. (2010). Macroeconomics after the Crisis: Time to Deal with the Pretense-of-Knowledge Syndrome. Journal of Economic Perspectives, 24(4), 85–102. doi:10.1257/jep.24.4.85
  5. Calvo, G. A. (2013). Puzzling Over the Anatomy of Crises: Liquidity and te Veil of Finance.
  6. Diamond, D. W., & Rajan, R. G. (2009). Illiquidity and Interest Rate Policy. NBER Working Paper Series 15197.
  7. Diamond, D. W., & Rajan, R. G. (2009). The Credit Crisis: Conjectures about Causes and Remedies. American Economic Review, 99(2), 606–610. doi:10.1257/aer.99.2.606
  8. Leijonhufvud, A. (2009). Out of the Corridor: Keynes and the Crisis. Cambridge Journal of Economics, 33(4), 741–757. doi:10.1093/cje/bep022
  9. Jorda, Schularick and Taylor (2011). Financial Crisis, Credit Booms, and External Imbalances: 140 Years of Lessons. IMF Economic Review, 59(2), 340-378
  10. McKinnon, R. (2010). Rehabilitating the Unloved Dollar Standard. Asian-Pacific Economic Literature, 24(2), 1–18. doi:10.1111/j.1467-8411.2010.01258.x
  11. Meltzer, A. H. (2009). Reflections on the Financial Crisis. Cato Journal, 29(1), 25–30.
  12. Ohanian, L. E. (2010). The Economic Crisis from a Neoclassical Perspective. Journal of Economic Perspectives, 24(4), 45–66. doi:10.1257/jep.24.4.45
  13. Schwartz, A. J. (2009). Origins of the Financial Market Crisis of 2008. Cato Journal, 29(1), 19–23.
  14. Taylor, J. B. (2009). Getting Off Track. Stanford: Hoover Institute Press.
  15. White, W. (2006). Is Price Stability Enough? BIS Working Paper 205.
  16. White, W. 2013. The Short and Long Term Effects of Ultra-Easy Monetary Policy.

Reflexión de domingo: ¿Puede sobrevivir el capitalismo?

ABLJoseph Schumpeter en su Capitalismo, socialismo y democracia contesta a la pregunta formulada en el título de esa nota con un rotundo “no, no creo que pueda”. Por su parte, Benjamin Rogge en Can Capitalism Survive? también es pesimista respecto al futuro de este sistema y Ludwig von Mises, en La mentalidad anticapitalista, detalla los motivos de los generalizados perjuicios contra ese orden social y, por último, para aludir a la bibliografía más relevante en la materia, dos ensayos largos, uno de Robert Nozick titulado “Why Do Intellectuals Oppose Capitalism?” y otro de Friedrich Hayek titulado “The Intellectuals and Socialism”, que desde ángulos distintos centran su atención en la aversión al capitalismo por parte de muchos de los intelectuales.

Es por cierto un tema complejo pero antes de encararlo telegráficamente, señalo que me parece más preciso y ajustado a lo que se intenta describir, destacar que la expresión “liberalismo” es más apropiada que la de “capitalismo”. Esto nos parece así porque el primer término abarca múltiples aspectos de la condición humana, mientras que el segundo aparece como circunscripto a lo crematístico (además de ser una palabra acuñada por Marx). Esta objeción es en cierto sentido refutada por Michael Novak quien deriva la expresión de caput, es decir, de mente, de creatividad.

De cualquier manera, el hilo argumental por el que surge el pesimismo no significa derrotismo puesto que como escribe Schumpeter en la obra citada, “la información de que un barco se está hundiendo no es derrotista. Tan solo puede ser derrotista el espíritu con que se reciba esta información: la tripulación puede cruzarse de brazos y dejarse ahogar […] Si los hombres se limitan a negar sin más la información, aunque esté escrupulosamente comprobada, entonces es que son evasionistas […] La prognosis no implica nada acerca de la deseabilidad del curso de los acontecimientos que se predicen. Si un médico predice que su paciente morirá en breve, ello no quiere decir que lo desee”.

Pero ¿en que se basa buena parte de los estudios más o menos pesimistas respecto al futuro de la sociedad abierta? En una combinación de factores que tomados en conjunto pueden resumirse con algunos retoques en los siguientes ocho puntos cruciales.

Primero, en las faenas de intelectuales que no conciben que la sociedad abierta descansa en ordenes espontáneos en los que el conocimiento disperso y fraccionado es coordinado y sustentado en procesos en los que los respectivos intereses particulares confluyen en sumas positivas, en un contexto donde son respetados marcos institucionales a su vez basados en el derecho de cada cual. Rechazan procedimientos en los que los planificadores no participen activamente en la manipulación de recursos de terceros.

Segundo, ese tipo de intelectuales muchas veces también sustentados en la pura envidia y el desprecio por la competencia en el mercado laboral,  no aceptan que empresarios que consideran incultos “solo capaces de producir hamburguesas y similares”, obtengan ingresos mayores que los que ellos perciben.

Tercero, estos intelectuales encuentran apoyo firme en los burócratas puesto que la aceptación de sus ideas les conferirá mayor poder y facultades para intervenir en vidas y haciendas ajenas, a contracorriente de la eficiente asignación de los siempre escasos factores productivos.

Cuarto, esos intelectuales proceden a incursionar en colegios y universidades privadas y estatales y en instituciones internacionales financiadas por gobiernos donde difunden sus ideas estatistas, lo cual expande la aversión contra el capitalismo que sostienen se basa en “la explotación”, en “prácticas monopólicas” o en la mera “suerte”.

Quinto, paradójicamente los barquinazos producidos por el estatismo son endosados por los referidos intelectuales al  capitalismo.

Sexto, los empresarios tienden a seguir el conocido dicho de “mind your own business” con lo que no se ocupan de defender sus empresas frente a los mencionados embates, a lo que se agrega que las más de las veces no sabrían como hacerlo puesto que sus talentos no abarcan esas actividades a pesar de que son el soporte de su misma existencia (no solo eso sino que muchas veces demuestran no tener la menor idea de cómo funciona el sistema en el que operan, para no decir nada de los prebendarios o antiempresarios que, aliados al poder, abiertamente rematan todo vestigio de competencia). Más aún, es frecuente que el común de los empresarios procedan con complejo de culpa por lo que inventan figuras como la llamada “responsabilidad social del empresario” (la mejor crítica que he leído sobre este invento es la de Milton Friedman) al efecto de “devolver a la comunidad” lo que el medio estima “les han quitado”. También sucede en ámbitos intervencionistas que a medida que las fauces estatales avanzan, las llamadas empresas privadas en la práctica dejan de serlo debido a las numerosas regulaciones, con lo que la gente termina por sostener que los servicios comerciales privados son tan deficientes como los gubernamentales, lo cual es cierto puesto que resulta que el personal se convierte de hecho en burócrata con los consecuentes cambios drásticos de incentivos, conclusiones aquellas sobre la mala atención que aceleran el desgraciado proceso que comentamos. Por ejemplo, banqueros que se convierten en dependientes de la banca central (y cuando se llega al extremo de la confiscación de depósitos no asumen su responsabilidad sino que se escudan tras el aparato estatal).

Como una nota al pie a este sexto punto, es pertinente recordar que Juan Bautista Alberdi dedica treinta y siete capítulos del octavo tomo de sus obras completas al formidable empresario William Wheelwright, donde consigna sus coincidencias con Herbert Spencer (de su obra Exceso de legislación) en la tarea bienhechora y grandiosa de los empresarios en un clima de libertad donde naturalmente queda excluido el fraude, la fuerza y la cópula hedionda con el poder. En este sentido, destaca que en las calles y plazas públicas, en lugar de colocar nombres de reyes, gobernantes y guerreros que habitualmente ponen palos en la rueda, deberían instalarse los de empresarios ya que a ellos se debe la luz, la calefacción, la telefonía, las comunicaciones aéreas, terrestres y marítimas, la prensa, las maquinarias agrícolas, los fertilizantes, la medicina, la alimentación y, en una interminable lista, buena parte de lo que dispone la civilización.

Séptimo, la degradación de la democracia en una máquina infame convertida —a través de alianzas y coaliciones— en un apoyo logístico de proporciones mayúsculas para atropellar derechos individuales, en dirección radicalmente opuesta a la concepción de los Giovanni Sartori de nuestros tiempos.

Y octavo, dentro del grupo de intelectuales a los que aludimos no solo se destacan profesores universitarios, ensayistas y profesionales varios sino que sobresalen muchos pintores, sacerdotes, escultores, cineastas, poetas, escritores de ficción y equivalentes que como no han abordado el significado ético, económico y jurídico más elemental del liberalismo se pronuncian enfáticamente por principios socialistas que dañan severamente a los mismos que dicen proteger.

Sin embargo, el apuntado pesimismo puede contrarrestarse por la perspectiva de que los referidos intelectuales sean más que compensados por otros de fuste que —aun enfrentados a los gobiernos, a empresarios irresponsables y a gente indolente y anestesiada— sean capaces de explicar las ventajas de una sociedad abierta, especialmente para los que menos tienen. Incluso capaces de mostrar a empresarios la conveniencia de financiar tareas que no solo preservarán sus emprendimientos sino que resguardará la cooperación social sobre los pilares del respeto recíproco.

Si la antedicha tendencia no se corta se estará en medio de una tenebrosa operación pinza: por un lado, intelectuales resentidos que apuntan a la demolición del capitalismo y, por otro, frente a empresarios con una complacencia suicida en un contexto donde hay demasiadas personas distraídas que miran para otro lado como si fueran ajenas al problema. Por mi parte, como he dicho antes, en esta materia no soy ni pesimista ni optimista, soy escéptico porque tengo mis dudas de que en general se perciba el problema antes que sea tarde, en lugar de percatarse que todos los que queremos vivir en libertad debemos dedicar diariamente algún tiempo a estudiar y difundir sus fundamentos. De todos modos, me infunden renovadas esperanzas cuando constato nuevos grupos —especialmente de jóvenes-— que se instalan para trabajar en distintos campos en pos de la libertad.

Este es el llamado de muchos intelectuales de valía tales como Hayek en el ensayo antes citado, al escribir que “Necesitamos líderes intelectuales que están preparados para resistir los halagos del poder y su influencia, que estén dispuestos a trabajar por un ideal no importa lo alejado que puedan ser las perspectivas de su realización. Tiene que haber hombres que estén dispuestos a mantener principios y pelear por su completa ejecución aunque ésta sea remota”.

Este reclamo urgente de Hayek, desde luego incluye la necesidad de trabajar las neuronas para ponerle bridas al Leviatán e imaginar límites adicionales al poder y no esperar que pueda revertirse la situación con mecanismos institucionales que han demostrado su palmaria ineficiencia para garantizar los derechos de todos. Si el intelectual la juega de político en busca de componendas, nunca se logrará el objetivo puesto que él mismo habrá contribuido a bloquear el camino al ocultar las metas de la sociedad abierta. El político negocia según sea el espacio que generan los intelectuales en una u otra dirección. En otro orden de cosas, cualquiera sea la tradición de pensamiento a la que adhiera un intelectual, si no traiciona su rol y es una persona íntegra será motivo de respeto por su coherencia. En cambio, el oportunista es en última instancia repudiado desde todos los flancos.

Este artículo de Alberto Benegas Lynch (h) fue publicado originalmente en El Diario de América (EE.UU.) el 22 de agosto de 2013.

¿Debe la ONU o Estados Unidos intervenir en Siria?

SiriaEste es un tema complejo del cual sabemos muy poco. Mi posición acerca de la política exterior fue siempre la de mantener el principio de no intervención. Como ha mostrado Alberto Benegas Lynch (h) en su libro Estados Unidos contra Estados Unidos, cada vez que este país intervino en otro generó muchos más daños de los que quiso evitar, y la lista de ejemplos es muy amplia.

La ONU misma parece ser una fuerza militar demasiado grande para ser controlada por un grupo de hombres (que no siempre buscan el bien común).

Dicho esto, y en el marco del planteo del post anterior de Nicolás Cachanosky al referenciar el libro de Coyne sobre si se puede exportar la democracia, me parece que este es un buen espacio para abrir el debate sobre un tema de actualidad que nos preocupa a todos, y que muchas veces pasa de largo.

¿Debe la ONU o Estados Unidos intervenir en Siria?

Como punto de partida para el debate sugiero la lectura de dos artículos. De un lado, Carlos Montaner ofrece cinco razones para intervenir en Siria. Del otro, Christopher A. Preble concluye que los extranjeros no pueden resolver los problemas de Siria.

Se puede exportar la democracia?

Hace unos días terminé de leer «After War: The Political Economy of Exporting Democracy» de Chris Coyne. El libro trata sobre los casos fallidos, y no fallidos, donde Estados Unidos ha intentado exportar (imponer) una democracia y principios de libre mercado en otros países (Japón, Alemania Occidental, Iran, Afganistán, etc.)

El libro es muy interesante. Entre otras cosas muestra que los casos exitosos se debieron más a la fortuna circunstancial que a un planeamiento cuidadoso. Es un buen libro de economía a historia en torno a sucesos bélicos.

Hace varios días que vengo pensando en cómo resumir el libro en un post. Hasta que recordé este video de Coyne sobre el tema. Qué mejor que escuchar al mismo autor. Espero que disfruten del video como yo he disfrutado del libro.

CoyneAquí el link al video.

Teoria del ciclo austriaca y la crisis argentina del 2001

Estimados,

María Belén Basile fue mi alumna el semestre anterior en la material de Economía Austriaca en la Facultad de Economía de la UBA. Muy Buena alumna por cierto.

Ahora la estoy ayudando con su tesina, que quiere hacer sobre el tema que puse arriba. Se ha escrito bastante sobre el tema así que les pido la ayuden recomendándole todo tipo de bibliografía que relacionada con el tema. Ella se ha sumado al blog y lo está siguiendo así que verá sus respuestas.

Saludos y gracias

 

Nuevo Numero del QJAE

QJAEEl volumen 16, numero 2, del Quarterly Journal of Austrian Economics ya se encuentra disponible online. Este es un número con varias contribuciones interesantes.

Para los interesados en temas monetarios, hay dos papers a tener en cuenta. Uno de Nikolay Gertchev sobre «From Monetary Nationalism to Monetary Imperialism.» El segudo es un estudio sobre banca libre en Perú por Luis Felipe Zegarra. El caso de Perú parecer ser una interesante lectura para esta importante literatura.

Continuado con la aplicación de la ABCT a un contexto internacional, un nuevo paper de Andreass Hoffmann y Gunther Schnabl titulado «Monetary Nationalism and International Economic Stability.»

Y agregando valor a este número, uno de los últimos trabajos sobre la Curva de Phillips de Adrián Ravier. La curva de Phillips, directa o indirectamente, se encuentra en el centro de la política monetaria cuando, por ejemplo, la Fed sostiene que va a mantener una política laxa hasta que el desempleo no baje de un cierto porcentaje. Adrián sostiene que argumentar un largo plazo igual a la situación inicial (por ejemplo, volver a la misma tasa de desempleo natural) es ignorar los efectos no neutrales que la política monetaria produce en la economía. Por lo tanto, tratar de reducir el desempleo vía una lógica como la de la Curva de Phillips puede culminar en una situación con mayor inflación y mayor desempleo.

Apriorismo, camino al fanatismo?

Seguramente habrán oído decir que uno de los problemas del apriorismo es su fanatismo. Recuerdo haber visto un video de Milton Friedman donde objetaba este problema al fanatismo. No queda otra solución que la pelea, decía, si se rechaza el «testeo empírico.»

No hay que confundir, sin embargo, actitudes fanáticas, con problemas de epistmeología. Un Austriaco no es más fanático del «apriorismo» que lo que positivista lógico lo es del testeo empírico.

El siguiente video de la UFM es un debate entre J. C. Cachanosky y Armando de la Torre sobre si el apriosimo es o no un camino al fanatismo. Una hora quince minutos de interesante debate que, si llegan a tener el tiempo, recomiendo que lo vean.

JCC-UFM

Aquí el link al video.

Es divertido hacer politica monetaria?

En The Circle Bastiat linkean a un paper de Kevin Capehart titulado «What’s so Funny About Making Monetary Policy?» Si bien el paper parece tratar sobre una curiosidad trivial, no deja de tener su lado interesante.

Kevin estudia los reportes escritos de las reuniones de la FOMC (Federal Open Market Committee) de la Fed y cuenta las veces que se transcribe que hubo risas por alguno de los presentes. Por ejemplo:

MR. MEYER. While we should certainly celebrate last year’s remarkable performance, we should not expect to repeat it. Growth must now slow or the risk to inflation will become unacceptable. True, I came with this message last July, but now I really mean it. [Laughter]

Lo que Kevin hace es buscar la relación entre la cantidad de risa y preocupación por problemas inflacionarios y, lo que encuentra, es que a mayor preocupación por presencia de inflación, mayor cantidad de risas.

Kevin da tres motivos por los cuales se ve esta relación. La primera (quizás la más interesante), es que la risa es un mecanismo por el cual el hacedor de política monetaria lidia con el estrés de resultados negativos (que son, también, su responsabilidad.) Una segunda explicación es que quizás sea más fácil hacer comentarios que incitan a la risa en la presencia de resultados negativos que positivos. Y por último, que simplemente haya diálogos más largos y por lo tanto más comentarios graciosos.

Más allá de la anécdota interesante de las risas en el paper, me cuesta imaginar a los managers de un banco bajo un sistema competitivo (banca libre) incrementando el «nivel de risa» si ven que su moneda pierde valor en el mercado. La risa es más fácil si hay clientes cautivos.