Se puede exportar la democracia?

Hace unos días terminé de leer «After War: The Political Economy of Exporting Democracy» de Chris Coyne. El libro trata sobre los casos fallidos, y no fallidos, donde Estados Unidos ha intentado exportar (imponer) una democracia y principios de libre mercado en otros países (Japón, Alemania Occidental, Iran, Afganistán, etc.)

El libro es muy interesante. Entre otras cosas muestra que los casos exitosos se debieron más a la fortuna circunstancial que a un planeamiento cuidadoso. Es un buen libro de economía a historia en torno a sucesos bélicos.

Hace varios días que vengo pensando en cómo resumir el libro en un post. Hasta que recordé este video de Coyne sobre el tema. Qué mejor que escuchar al mismo autor. Espero que disfruten del video como yo he disfrutado del libro.

CoyneAquí el link al video.

4 comentarios en “Se puede exportar la democracia?

  1. Aun no pude leer el libro ni ver el video, pero el tema en sí mismo resulta fundamental para analizar la polémica política exterior norteamericana. Seguramente volveré con un comentario cuando haya podido hacer una de las dos cosas.

    Por ahora, sólo quiero agregar una pregunta quizás algo más general que me preocupa hace un tiempo: ¿Se pueden importar instituciones?

    Argentina lo hizo con la constitución de 1853, y eso dio lugar a cierto progreso con el modelo agro-exportador, pero más tarde prevaleció una cultura o mentalidad anti-capitalista, y aquellas instituciones se perdieron. ¿Estamos condenados al fracaso entonces?

    El debate que se abre es si un país debe importar instituciones o establecerlas por sí mismo, lo cual implica un cambio cultural que no necesariamente va a desarrollarse.

    Jorge Avila trabajó esto en un ensayo que me parece fundamental y que afortunadamente está en español. Copio aquí la conclusión de un post en su blog, aunque el lector puede encontrar al final el link del post completo.

    «El propósito de importar instituciones es reducir en forma permanente el riesgo-argentino, estimular la acumulación de capital y aumentar el ingreso per cápita a un nivel cercano al ingreso medio de los países avanzados, y transformar a este país en una potencia política, económica y sobre todo cultural en América del Sur. El camino alternativo a la importación de instituciones es la creación de instituciones de cuño propio, a la manera anglosajona, o la copia de instituciones de países avanzados, a la manera argentina del siglo XIX. Pero la creación de instituciones puede ser un camino azaroso y la copia de instituciones puede ser un camino reversible, por un par de motivos. El primero son las restricciones informales que North (1990) identificó en países atrasados y que obstaculizan la adopción de aquellas instituciones que promueven el crecimiento en países líderes (pautas culturales y actitudes sociales que inhiben la acumulación de capital). El segundo es la gran cantidad de años que demanda la creación de instituciones propias o bien el arraigo de instituciones copiadas. Por ejemplo, la creación de una moneda propia insumiría una generación y es probable que el día que la tengamos el mundo se haya globalizado y funcione con tres o cuatro monedas. ¿Cuál es el beneficio de tener una moneda propia? ¿Mover a gusto el tipo real de cambio? Es bien sabido que esta variable no puede alterarse permanentemente por una devaluación. ¿Cuál es el costo de tener una moneda propia? El riesgo de no tener una unidad de cuenta estable durante una o varias generaciones. ¿Cuál ha sido la principal causa de la declinación nacional desde 1930? Justamente, la falta de una unidad de cuenta estable. De igual manera se puede argumentar respecto de una apertura comercial unilateral o de un mercado común con un país cerrado, inestable y relativamente pequeño como Brasil, o sobre la recreación de una banca tradicional cuya estabilidad depende de la asistencia de un prestamista de última instancia que no existe. Ambos caminos corren el riesgo no menor de una reversión. En cambio, la importación de instituciones neutraliza el efecto negativo de las restricciones informales de North por medio de la creación de un potente incentivo a cumplir las reglas del gran club, y sus efectos económicos son casi inmediatos aun cuando la importación sea progresiva. ¿A cuánto ascendería el costo para España de abandonar el euro o de gravar las importaciones del resto de la UE, en suma, de salirse de la UE? A un nivel tan alto que el abandono de la UE es impensable y de probabilidad cero a todo efecto práctico.»

    http://www.jorgeavilaopina.com/?p=21

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    • No es fácil cambiar de conducta. En particular cuando se la ha practicado durante largos periodos. Cómo cambiamos a un asceta para que viva de modo occidental? En broma y no tanto: cómo convencemos a una hincha de San Lorenzo de hacerse de Huracán? Esto de exportar democracia no es exactamente así, pero sospecho que hay elementos comunes. Y gracias por el comentario, me interesa el libro.

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  2. Me parece que lo de Avila es distinto a lo de Coyne.

    La idea de Avila, según la entiendo, es que al entrar en el ALCA o algún tratado similar es el país mismo el que tiene que generar el cambio.

    Coyne, en cambio, estudia el caso de «implantar instituciones.» Principalmente se basa en 2 casos exitosos y 2 fracasos y por que cada uno fue éxito o fracaso. Hay dos aspectos centrales, las expectativas de qué va a suceder después. Altas expectativas (pronto va a haber una gran democracia funcionando) hace fácil caer en el desencanto al «puedo dominado.» Pero si lo que se espera es que el vencedor someta duramente al pueblo (caso japones), entonces avanzar hacia instituciones libre mercado (si ya había algo presente) no traiciona ninguna expectativa.

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