
Una de los aspectos más curiosos de mi vida académica es cierto tipo de elogios que recibo: son muy interesantes. En general recibo críticas, si, a veces muy duras, otras veces elogios muy cálidos, y hay que tener cuidado: ambos casos despiertan sentimientos de los cuales hay que estar cubierto y no siempre lo estoy.
Pero, como decía, hay cierto tipo de elogios que siempre me han llamado la atención. Yo en general trabajo con autores. Les veo su eje central, su núcleo central, y luego les doy una interpretación adicional donde muestro su no contradicción con Santo Tomás de Aquino, o muestro que sus inconsistencias son aparentes, etc. Entonces viene una respuesta típica, sea cual fuere el autor: no, Zanotti, ese NO es… (el que fuere: Mises, Husserl, Alien el 8vo. pasajero, etc.). No, ese NO es fulanito: ese sos vos (hasta me ha pasado con heideggerianos cuando les explico Santo Tomás). Sos VOS el que piensa así, ¿por qué no lo decís directamente y no se lo hacés decir a otro que te trae innumerables problemas? ¿Por qué no defendés tu propia originalidad, por qué te “atás” a ese, en el fondo, reverendo tarado?