LIBERTAD POLITICA Y LIBERTAD ECONOMICA – Alberto Benegas Lynch (h) y Ezequiel L. Gallo (Libertas No. 1 – ESEADE – octubre de 1984)

El prestigio creciente de las ideas liberales en círculos académicos e intelectuales ha estimulado, como es lógico, tentativas por mejorar y hacer más consistentes sus principios básicos. Paralelamente a este encomiable esfuerzo, muchos autores han intentado ajustarlo a lo que a veces se denominan “las exigencias de los tiempos que corren”. Este segundo aspecto, en nuestra opinión, ha llevado a conclusiones que resultan incompatibles con los principios centrales de aquel cuerpo de ideas. Pocos de esos ajustes han tenido tanta influencia como el que intenta una separación tajante entre la llamada “libertad política” y lo que habitualmente se denomina “libertad económica”. Los que corrientemente hacen esta distinción señalan, también, la supremacía de la primera sobre la segunda.(4)

Este ensayo intenta ser una primera aproximación al problema, que estimule un amplio debate de un tema que consideramos crucial. En él se intentará señalar la invalidez de la distinción señalada y que, con las correcciones menores del caso, el viejo principio liberal de la “indivisibilidad de la libertad” sigue manteniendo toda su vigencia.(5) Se procura precisar, asimismo, los aspectos más relevantes del funcionamiento del mercado, puesto que pensamos que su conocimiento imperfecto es una de las causas principales de la subestimación de las llamadas libertades económicas. Finalmente, se tratará de demostrar que la fundamentación de la tesis en discusión ha descansado en un uso ambiguo, y a veces desacertado, de alguno de los conceptos centrales en discusión. Antes de iniciar el análisis del tema resulta conveniente esbozar algunos conceptos básicos del pensamiento liberal clásico.

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POLÍTICA: AHORA O NUNCA

Entre las varias dificultades que tienen los liberales (clásicos) para dedicarse a la política, está el consejo que Hayek dio: no hacerlo y dedicarse a los think tanks y las tareas académicas. Y que luego eso va a llegar, por una especie de efecto “ondas en un estanque” a la opinión pública y, por último, a los políticos.

Creo que nunca nos hemos puesto a analizar el eslabón faltante en esa cadena de ondas. Los thinks tanks realizan una gran labor de formación. Todos los años, miles y miles de jóvenes pasan por sus seminarios y clases, con excelentes profesores las más de las veces. Y eso es así hace varias (muchas) décadas. Y no pasa nada. O las ondas hayekianas son muy lentas o hay algo que no funciona en la teoría. Me inclino por esto último.

¿Dónde van luego todos esos jóvenes? Por algún motivo no van a los partidos. Si, muchos de ellos lo intentan, tienen un período juvenil al respecto, pero luego………… Primero, la mayoría tienen que comenzar a trabajar en lo suyo, quieren formar una familia, y……………. Pero, segundo, aunque algunos de ellos quisieran seguir, la lógica de lealtades en los partidos políticos es muy diferente a la académica. Un intelectual es en general un recién llegado, un paracaidista total, en un partido político tradicional. Sus dirigentes no confían en él y menos aún en un conjunto de jovencitos irreverentes. Para llegar a ser candidato con posibilidades de entrar, hay que pasar por un sistema de lealtades muy largo, hay que ganarse confianzas. No digo que haya que ceder en principios, pero sí ganar una carrera donde todos quieren ser el primero. Y ello obedece a un juego de ajedrez que NO es inmoral pero es MUY diferente a dar una maravillosa clase sobre las externalidades y el teorema de Coase.

Por ende los círculos hayekianos no llegan. Me dirán: ¿y entonces? Pues entonces hay que estar dispuesto a jugar el juego. No es inmoral hacerlo. Los anarco-capitalistas piensan que sí, lo respeto, porque el poder político de un estado, aunque liberal clásico, es intrínsecamente malo para ellos. Pero los que no pensamos así no podemos decir que entrar a un partido político sea inmoral. Es más: hay que hacerlo, porque los cursos de los think tanks liberales no llegan por ósmosis a los dirigentes tradicionales.

¿Pero quiénes? Aquellos que tengan una auténtica vocación por el poder. Claro, en general los liberales no la tenemos, porque para nosotros, cuanta menos política, mejor. Pero ahora son otros tiempos. Las instituciones ya no existen y la ignorancia de los dirigentes tradicionales es absoluta, y ni que hablar de su inmoralidad. Ahora es el tiempo de entrar. Y si es en los partidos tradicionales, mejor. Y estar dispuesto a jugar las fichas que haya que jugar, cosa que NO es necesariamente inmoral. Se necesita tacto, prudencia, piel dura, objetivos claros, ideas claras. Si, deben ser pocos, pero si los pocos que hay no entran, peor. El poder tiene horror al vacío. Sus espacios son llenados por quien fuere. El poder siempre está. Por eso el poder está lleno de locos y psicópatas, que tienen la personalidad ideal para ser un mármol ante las dificultades de la política. Pero la política no es la única profesión que requiere psicologías especiales, aunque no psicopáticas.  Un neurocirujano infantil, por ejemplo, puede ser un santo pero tiene que saber dónde y cómo cortar sin ponerse a llorar. Las circunstancias actuales serán difíciles pero la Europa de la post guerra fue edificada por santos varones que sabían que no podrían darse el lujo de esperar a otra bestia mussoliniana en el poder.

Hay que jugarse, liberales. Hay que entrar. En el pro, en el radicalismo, en el peronismo no kirchnerista, si encuentran alguna forma de soportar la marchita. Pero entren y jueguen el juego. Que yo sea totalmente incapaz de hacerlo no quiere decir que otros no puedan. Es el momento. Aquí y en todo el mundo, es ahora o nunca.

¿Es el gobierno necesario? – Juan Carlos Cachanosky, Martín Krause y Eduardo Marty

Abrimos con este post, una serie de videos que ocuparán toda una semana, en homenaje a Juan Carlos Cachanosky. Qué mejor que escucharlo a él mismo explicar lo que pensaba sobre difíciles preguntas a las que todavía hoy muchos de los que participamos en este blog nos siguen dando vueltas.

Reflexión de domingo: “ACERCA DEL CONTRAGOLPE DE ESTADO” – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLEs de gran relevancia destacar que en la tradición liberal está presente la rebelión contra el abuso insoportable del poder. En la obra más conocida y citada de John Locke puede decirse que comenzó el tratamiento sistemático de esa tradición donde se subraya que “Aquél que ejerciendo autoridad sobrepasa el poder que le fue otorgado por la ley y utiliza la fuerza que posee a su mando para gravar sobre sus súbditos obligaciones que la ley no determina, por ello mismo deja de ser juez y se le puede oponer resistencia, igual que a cualquier persona que atropella el derecho de otra por la fuerza”.

En este contexto, se trata de un contragolpe de estado puesto que el golpe de estado original lo dieron quienes avasallaron derechos atropellando instituciones clave de una República que, como es sabido, significa alternancia en el poder, transparencia en los actos de gobierno, responsabilidad de los gobernantes ante los gobernados, igualdad ante la ley anclada en el “dar a cada uno lo suyo” de la Justicia y división e independencia de poderes.

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¿ERA MISES ANARCO-CAPITALISTA?

Punto 4 de la parte 3 de mi art. “La filosofía política de Ludwig von Mises”, en Procesos de Mercado, Vol. VII, Nro. 2, Otoño 2010.

Para Mises el estado es el aparato social de fuerza y compulsión cuyo fin es proteger los derechos individuales, mientras que el gobierno es el conjunto de personas encargadas de cumplir la función de estado[1]. Esas dos definiciones, aparentemente sencillas, esconden algunas cuestiones que ahora pasamos a considerar.

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Classical Liberalism and the Quest for World Peace (by Richard Ebeling)

Richard Ebeling ofrece otro interesante artículo de opinión sobre la relación entre el liberaliimo clásico y un mundo pacífico.

For almost a century, since the end of the First World War in 1918, mankind has been in search of international order and global peace through the political method of international organization. However, instead of peace among men, the last one hundred years as seen almost unending wars, great and small. Maybe it is because men have looked for peace from government rather than from a rebirth of the philosophy of individualism and classical liberalism.

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¿Defendió Mises el anarcocapitalismo? ¡¡Por supuesto que no!!

HoppeMientras trabajaba en la Fundación Hayek como investigador full time, fui editor de la revista “La Escuela Austriaca en el Siglo XXI” [los 15 ejemplares publicados están disponibles en la biblioteca bajo el nombre de la Fundación Hayek]. Cada ejemplar de esta revista tenía la misma estructura, con una entrevista primero, una breve biografía después, y cerraba con tres breves artículos. El ejemplar No. 9, fue abierto con una entrevista a Hans Hermann Hoppe, disponible en inglés en Mises.org, y la que Nicolás Cachanosky tradujo al español.

Las respuestas que Hoppe brinda en esta entrevista son sin duda polémicas, y muchos de los puntos los hemos discutido en este blog. Pero quería aquí prestar atención especial a su desafortunada afirmación de que Mises estaría muy cerca del anarcocapitalismo.

En cierto sentido se podría decir que Mises era cercano al anarquismo. Si se frenó antes de afirmar el derecho a la secesión individual, fue sólo por lo que consideraba una cuestión técnica. [Hans Hermann Hoppe]
Hoppe parece ignorar que el derecho de secesión es compatible con el liberalismo clásico. Pero lo más grave es que se quedó con un árbol y se olvidó del bosque. La filosofía política no es un tema menor en Mises. Tomar dos citas pequenísimas de la obra de Mises para sostener que su posición es cercana al anarquismo, e ignorar toda la literatura que este autor nos dejó sobre el tema, me parece al menos injusto o inapropiado.
Afortunadamente Gabriel Zanotti ha sistematizado la filosofía política de Mises. Ahora sólo resta traducirlo al inglés para que Hoppe pueda leerlo.

Anarcocapitalismo y heterogeneidad moral

En los pasados días hemos visto un interesante intercambio sobre los límites del anarcocapitalismo tanto en Facebook como aquí en el blog. Viendo los intercambios, me parece oportuno un post para aclarar un punto que me parece importante quede claro. Uno de los motivos por el cual la postura anarcocapitalista (a la Rothbard/Hoppe) no termina de convencer al liberalismo clásico es el de la potencial inestabilidad producida por “heterogeneidad moral.”

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Hacia una síntesis entre el liberalismo clásico y el anarquismo de derecha – Por Pablo Pozzoni

Rothbard_HayekEn los últimos días, se han generado en el blog discusiones aquí y aquí en torno al liberalismo clásico de Hayek -representado también en el orden espontáneo-, y el anarcocapitalismo de Rothbard -representado en el principio de no agresión-. Si bien ambas posiciones se presentan como antagónicas, algunos autores han intentado mostrar su consistencia. Al respecto, sugiero la lectura del post de Pablo Pozzoni escrito en su blog en 2007 titulado “La propiedad privada como libertad y liberación. Hacia una síntesis entre el liberalismo clásico y el anarquismo de derecha.”

Al menos dos referencias me parece importante tomar de este texto, y someterlas a discusión. En la primera dice Pablo Pozzoni:

Las postura liberal clásica hayekiana y la anarcocapitalista rothbardiana no deberían ser entonces mutuamente excluyentes, aunque postuladas como están es inevitable. Pero esto es así, creo, por algunos errores en las premisas que, como se ve, no están en sus postulados básicos, sino que por el contrario entran en contradicción con estos.

Y sobre el final concluye:

La síntesis liberal, creo, está en la naturaleza de la propiedad privada. Por eso no se trata de buscar la abolición del Estado, sino su absorción ordenada por parte de la sociedad civil, mediante las mismas fuerzas del mercado. Si su naturaleza era contradictoria con el mercado o no lo era, se probará evolutivamente. No hay por qué desesperarse en un sentido o en el otro. La solución se hace en función de la propiedad privada, y por eso la postura debe ser antes que nada privatista. Si este principio se perjudica, se retrocede y se busca una solución mejor, y se sigue adelante. El principio de no-agresión y el orden espontáneo son aquello “social” que no cambia en el cambio, pero que hacen el cambio creativo “interpersonal” posible, esto es, la fórmula que hace posible la sociedad abierta como la percibieron Henri Bergson y Karl Popper. En pocas palabras: evitar el dominio del poder en las relaciones humanas, mediante una legislación general contra la violencia.