UNA OBRA FORMIDABLE SOBRE MORAL – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Se trata de un trabajo realizado por un agnóstico lo cual facilita una visión más generalizada, lo cual no quita que religiones avalen los valores y principios morales. En este caso es equivalente a la física, la economía o el derecho, no se trata de sostener que para que sus preceptos sean válidos se debe ser religioso, claro que, como queda dicho, no es óbice que tradiciones religiosas suscriban el orden natural que se atribuye a la Primera Causa (que algunos denominan Dios, otros Alá y otros Yahvéh) ya que si los nexos causales fueran para atrás ad infinitum, entre muchas otras cosas, no estaría escribiendo estas líneas puesto que las causas que me generaron en una cadena causal nunca hubieran comenzado (lo cual, claro está nada tiene que ver con distintos dogmas). Pero, como decimos, en el caso que nos ocupa, es de una mayor fertilidad analizar los fundamentos de la moral de una manera separada de la religión lo cual abarca un terreno muy amplio.

El libro en cuestión fue escrito por Henry Hazlitt. En esta nota periodística me referiré solo a algunos pocos puntos que trata el autor para lo que me baso en la primera edición inglesa realizada por la editora Van Nostrand Co. de Princeton, en 1964, luego de lo cual se han publicado cinco ediciones adicionales, obra titulada The Foundations of Morality. Describiré los temas seleccionados sin la multitud de citas y las sustanciales referencias bibliográficas que contiene el volumen de marras, al efecto de simplificar la lectura. Como sucede con todos los escritos, pueden encontrarse reflexiones con las que el  lector puede no coincidir, pero en este caso los argumentos esgrimidos invitan a pensar y a mirar temas desde diversos ángulos.

Abre la obra con un estudio sobre lo que otros autores han tratado en reiteradas ocasiones respecto a la relación entre lo que es y lo que debe ser. Así, el eje central de la moral alude a conductas que permiten la cooperación social pacífica, es decir, la que apunta al respeto recíproco y, por otra parte, en el fuero interno, hacen bien a la persona que practica la moral. Son dos planos distintos, uno se refiere a las relaciones interindividuales y otro al campo intraindividual. El autor se detiene en los treinta y tres capítulos al análisis del primer plano, es decir a las relaciones sociales que pueden resumirse en la definición que Jellinek hace del derecho que ilustra magníficamente el punto: “un mínimo de ética”, precisamente porque abarca una parte de la moral, aquella que se refiere a las relaciones interindividuales sin inmiscuirse en las antes mencionadas relaciones intraindividuales.

En este sentido Hazlitt señala que dado que todos los seres humanos en definitiva buscan su felicidad, la acción humana, que inexorablemente se traduce en un tránsito desde posiciones menos apreciadas a posiciones más valoradas, debe estar rodeada de normas que permitan este tránsito, esto es, de reglas morales. Es otra la discusión si lo que estima el sujeto actuante en definitiva le reportará felicidad o no, solo en esta instancia se marca como objetivo esa búsqueda. Y subraya que la moral alude a lo normativo a diferencia de otros campos de estudio que se refieren al lo descriptivo. La moral es prescriptiva, no se circunscribe a lo descriptivo. No es un estudio que se limita a lo que es sino que se refiere principalmente a lo que deber ser.

Hemos subrayado en otras ocasiones y es pertinente destacarlo en el contexto de la moral que el positivismo sostiene que solo puede considerarse como verdad lo que es empíricamente verificable, lo cual constituye un error que dejaría afuera del análisis riguroso a la moral. Morris Cohen en su tratado de lógica señala que, por lo pronto, aquella conclusión queda contradicha puesto que ella misma no es verificable y Karl Popper ha mostrado que en la ciencia nada es verificable, es solo sujeta a corroboraciones provisorias sujetas a refutaciones.

Se reitera en varios pasajes del libro que el tema moral, igual que el derecho, la física y otras disciplinas, no son el resultado de la invención del hombre, de su diseño ni de ingeniería alguna sino que son el resultado de un proceso de descubrimiento en un largo e intrincado camino de prueba y error en un contexto evolutivo.

Hazlitt se detiene en explicar que, a diferencia de lo que se suele sostener, todos actuamos en nuestro interés personal cualquiera sean los fines que persigamos, incluso si son ruines o nobles. En realidad esta afirmación constituye una tautología puesto que si la acción no estuviera en interés de quien actúa ¿en interés de quien será? En este sentido, estaba en interés de la Madre Teresa el bienestar de los leprosos que con tanto esmero cuidaba. La buena o la mala persona no se diferencian por actuar en su interne personal sino por la calidad de los medios que emplea y los fines que persigue.

En este contexto, el autor considera que el interés personal no debe asimilarse al egoísmo puesto que esta expresión, si bien también se refiere al interés personal, excluye del interés el bienestar de terceros para centrar la atención en la propia satisfacción. En otros términos, el egoísta qua egoísta excluye de sus satisfacciones personales el bienestar de otros, es decir queda fuera de su radio (de su interés) la situación favorable de su prójimo. Recordemos en esta línea argumental, y dejando ahora de lado asuntos terminológicos, que Adam Smith abre su Teoría de los sentimientos morales con la afirmación que en los hombres aparecen “principios en su naturaleza que lo hacen interesarse en la fortuna de otros lo cual le reporta felicidad aunque no derive en nada para él excepto el placer de constatarla”.

 

Respecto al debate si los fines justifican los medios, invita a dos respuestas según el significado que se le atribuya a lo dicho. Una primera respuesta es por la afirmativa puesto que si los fines no los justifican no hay otra justificación ya que los medios responden al fin. El sentido de recurrir a ciertos medios es para lograr determinados propósitos, esto es, los fines justifican, explican el motivo de los medios.

 

Pero lo que en realidad se quiere inquirir es si son moralmente susceptibles de escindirse los medios y los fines del juicio moral, es decir,  si pueden  utilizarse medios inmorales para el logro de fines morales. Esto es un imposible puesto que los medios se subsumen en el fin, no puede asesinarse para evitar el hacinamiento de un pueblo, pero si puede moralmente matarse en defensa propia.  Los medios preexisten en el fin. Los medios empleados establecen la naturaleza del fin. Medios inmorales no conducen a fines morales puesto que la secuencia o los pasos de la  acción son inseparables, constituyen un todo. No tiene sentido tomar medios y fines por separado puesto que son parte de un mismo acto. Los medios tiñen a los fines y viceversa. Hay aquí también una cuestión de grados no en una escala moral sino en el análisis del acto en si mismo: una mentira piadosa la convierte en un medio moral, por ende no es condenable.

 

En relación con los juicios de valor del científico en la descripción de los nexos causales no debe introducir de contrabando sus juicios personales de valor (wertfieri) puesto que estaría torciendo lo observado, lo cual no significa que deba necesariamente abstenerse de juzgar lo que ocurre independientemente de su descripción de los sucesos. Las proposiciones éticas no son verdaderas o falsas como lo son las proposiciones existenciales,  como queda dicho, las reglas de la ética no son descriptivas sino prescriptivas o sea, “son válidas o inválidas, consistentes o inconsistentes, lógicas o ilógicas, racionales o irracionales, inteligentes o  faltas de inteligencia, justificadas o injustificadas, expeditivas o no expeditivas, acertadas o desacertadas. Los juicios éticos o proposiciones, si bien tienen que tomar los hechos en consideración, no son en si mismos factuales sino valorativos”.

 

Finalmente en esta presentación telegráfica de la obra donde naturalmente nos hemos salteado muchas discusiones de gran interés, es pertinente mencionar a vuelapluma dos de los capítulos finales que se titulan respectivamente “La ética del capitalismo” y “La ética del socialismo”. Son muy a propósito del objeto del trabajo puesto que, en el primer caso, elabora sobre la imposibilidad de hacer alusión a la moral allí donde no hay libertad puesto que un acto solamente puede juzgarse como moral o inmoral si  el sujeto es libre de actuar o abstenerse de hacerlo. Solo pueda aludirse al acto moral o inmoral si la persona puede elegir libremente entre cursos de acción. A punta de pistola no hay la moralidad del acto correspondiente. “La libertad no es éticamente indiferente pero una condición necesaria de la moralidad”. La división del trabajo y la consiguiente cooperación social requieren de libertad, en el caso del proceso de mercado competitivo al efecto de que los precios coordinen información y conocimiento disperso y fraccionado entre millones de arreglos contractuales, todo lo cual implica el respeto a los derechos de propiedad.

 

Por su parte, los socialismos implican coerción, esto es, el uso de la fuerza para torcer los deseos y preferencias de la gente en direcciones necesariamente distintas de las que hubiera elegido en libertad. En el contexto socialista no puede haber justicia puesto que no hay el “dar a cada uno lo suyo” ya que lo suyo significa la propiedad  que se ha abolido en el extremo y se la afecta en otras vertiente, lo cual conduce al tan difundido tema de la imposibilidad técnica-económica del socialismo que al eliminar o distorsionar los precios no permite la evaluación de proyectos y la contabilidad.

 

Como hemos puntualizado más arriba pueden haber discrepancias con el autor aquí y allá pero el libro es un formidable incentivo para escudriñar, indagar y cuestionar, al tiempo que incorpora valiosos conocimientos y perspectivas sumamente fértiles.

 

Henry Hazlitt (1894-1993) es autor de numerosos libros, ensayos y artículos, buena parte de estos últimos han sido recopilados por la Foundation for Economic Education de New York en un volumen titulado The Wisdom of Henry Hazlitt. En una de esas columnas escribe sobre la importancia del lenguaje que es primordialmente para pensar y luego para trasmitir el pensamiento, en ese sentido atribuye una gran relevancia al enriquecimiento del vocabulario y como el escribir regularmente estimula la concentración y clarifica el pensamiento.

Reflexión de domingo: “Derechos humanos”

zanottiToda persona tiene derecho natural al fruto de su propio trabajo, o a lo legítimamente heredado o donado sin fraude. Ello incluye al libre comercio.

Por ende, todo impuesto que grave la propiedad o la renta es contrario al derecho natural y por ende intrínsecamente inmoral.

Y toda persona es inocente excepto se demuestre lo contrario.

Por ende, ninguna persona tiene por qué declarar ante nadie sus ingresos, ni el origen o el destino de sus ingresos.

Todo impuesto que grave la propiedad o la renta es contrario al derecho natural y por ende intrínsecamente inmoral.

Toda persona tiene el derecho de entrar, permanecer o salir de su territorio.

Por ende, toda persona tiene el derecho de emigración e inmigración sin declarar absolutamente nada de sus ingresos legítimamente adquiridos.

Si alguien ha adquirido sus bienes por robo, fraude, dolo, violencia o evasión de los pocos impuestos justos que pudiera haber (viejo debate), debe ser previamente procesado y recién allí la justicia tiene derecho a inquirir sobre sus bienes y revisar su propiedad.

Hasta entonces, toda pregunta coactiva sobre cuándo, cuánto, de dónde o hacia dónde, sobre los bienes propios, en viaje o no, es intrínsecamente inmoral.

Por ende, todas las personas que violen estos derechos, requisando, preguntando, expropiando y por ende robando lo que no deben, están haciendo un acto intrínsecamente inmoral, lo sepan o no, del cual son responsables, primariamente, desde los autores intelectuales de esas legislaciones, el poder ejecutivo que la impulsa, los legisladores que las sancionan, y los jueces que las hacen cumplir. Las responsabilidades personales, desde el punto de vista de la conciencia subjetiva, sólo las sabe Dios (no juzguéis y no seréis juzgados), pero ello es aplicable tanto al violador de menores como a los que expropian la propiedad ajena.

Todos los que ejecutan y hacen cumplir esas leyes son por ende los verdaderos criminales y delincuentes, y todo aquel que se resiste es el verdadero inocente que se está defendiendo del robo ejecutado por una banda de criminales, llámese gobierno o Al Capone.

Sólo la conciencia de estos derechos es la verdadera revolución. Mientras tanto, sólo la esclavitud es nuestro destino.

Fuente: Blog de Gabriel J. Zanotti

Reflexión de domingo: “Un argumento moral para defender la economía de mercado”

SiricoEn un tiempo en el que la actual crisis económica global está causando que los expertos en la materia vuelvan a considerar las nociones vinculadas a la teoría económica, el último libro del padre Robert Sirico, Defending the Free Market: The Moral Case for a Free Economy (2012), defiende la tesis de que la economía de libre mercado es capaz de armonizar dos principios: el de la satisfacción de las necesidades materiales de la sociedad, al tiempo que puede ser un vínculo para promover la justicia y el florecimiento moral de las personas.

El Acton Institute for the Study of Religion and Liberty, del que el P. Sirico es cofundador, es un think tank cuya principal iniciativa consiste en en el estudio de la economía de libre mercado, en un contexto informadado por la fe religiosa y la convicción de la existencia de verdades morales objetivas.

Con posterioridad a una conferencia con periodistas en la sede del Acton Institute en Rorma, y ello con motivo de la presentación de su último libro, el P. Sirico tuvo una entrevista con ZENIT acerca de su libro Defending the Free Market, en donde se presenta una perspectiva en la que la economía de mercado puede ser positivamente entendida desde el punto de vista de la teología católica.

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Eficiencia Economica versus Derechos de Propiedad

El domingo pasado fueron los partidos finales del campeonato de fútbol en Argentina. Además de coronarse al campeón, también se definía la situación de descenso de San Lorenzo. Todo esto llevó a que prenda la TV, pero no a que ponga volumen y efectivamente preste atención a lo que pasaba en los distintos partidos. Por algo se empieza…

¿A que viene todo esto? A que mi falta de atención futbolística me llevó a notar un interesante intercambio entre Lucas Llach y Eduardo Stordeur sobre eficiencia económica y derechos por Twitter.

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¿Existe un “mercado” de la moral?

El Dr. Walter Castro completó su programa de doctorado en ESEADE a comienzos de este 2012 con una disertación basada en “La teoría de los sentimientos morales” de Adam Smith. Su contribución original consiste en desarrollar una concepción hasta ahora no trabajada sobre un  “mercado” para la moral.

¿Existe oferta, demanda y precio en la moral? El profesor Castro responde que sí. Este video resume sus argumentos.

Fundamentos Eticos y Anarco-Capitalismo

Una de las ventajas del debate sobre el anarco-capitalismo es que nos lleva a que se deba argumentar lo que antes era un supuesto. En este sentido, los artículos de Peter Leeson plantean contribuciones muy interesantes. Una de ellas es cómo grupos socialmente heterogéneos pueden realizar intercambios pacíficos entre ellos de manera libre.

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