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SiricoEn un tiempo en el que la actual crisis económica global está causando que los expertos en la materia vuelvan a considerar las nociones vinculadas a la teoría económica, el último libro del padre Robert Sirico, Defending the Free Market: The Moral Case for a Free Economy (2012), defiende la tesis de que la economía de libre mercado es capaz de armonizar dos principios: el de la satisfacción de las necesidades materiales de la sociedad, al tiempo que puede ser un vínculo para promover la justicia y el florecimiento moral de las personas.

El Acton Institute for the Study of Religion and Liberty, del que el P. Sirico es cofundador, es un think tank cuya principal iniciativa consiste en en el estudio de la economía de libre mercado, en un contexto informadado por la fe religiosa y la convicción de la existencia de verdades morales objetivas.

Con posterioridad a una conferencia con periodistas en la sede del Acton Institute en Rorma, y ello con motivo de la presentación de su último libro, el P. Sirico tuvo una entrevista con ZENIT acerca de su libro Defending the Free Market, en donde se presenta una perspectiva en la que la economía de mercado puede ser positivamente entendida desde el punto de vista de la teología católica.

ZENIT: ¿Cuáles fueron las ideas más importantes que Ud. Quiso ofrecer en este libro?

Padre Sirico: Entre mis objetivos estuvo el interés por corregir una confusión habitual en la mentalidad de la gente por la que se cree que el crony capitalism –el “capitalismo de amigos”–  es lo que se cree que es el libre mercado. Lamentablemente, hay muchísima gente que no ve esta diferencia. En parte, porque estas personas no saben detectar en  dónde se funda la diferencia. El movimiento “Occupy Wall Street”, por ejemplo, constituye un buen ejemplo de esta confusión reinante. Si los “occupiers” –indignados u “ocupas”– entendieran que la avaricia de los banqueros y su capacidad de acceso a la masa monetaria por vías ilegítimas es en verdad fruto de las políticas gubernamentales y no de la acción del libre mercado –esto se constata especialmente en el caso de la burbuja inmobiliaria–, ellos no estarían protestando en Wall Street sino en el Capitolio (Capitol Hill, la sede del Congreso de los Estados Unidos).

El otro objetivo lo constituye mi interés por ayudar a las personas de negocios y a los líderes religiosos a que comprendan que existe un amplio potencial para relacionar e iluminar el mundo del mercado con la vida de la Iglesia, lo cual es un desafío y un camino en el que vale la pena introducirse. Si bien es algo que me he encontrado repitiendo muchas veces, considero oportuno aclarar que al defender el libre mercado no estoy queriendo decir que el sistema de libre mercado es el único sistema moral posible o que es un sistema aprobado (“endorsed”, que gozaría del placet) por el Magisterio de la Iglesia. La Iglesia no hace economía. Sí puede expresar su opinión sobre distintas políticas coyunturales, pero lo que primordialmente hace es reflexionar en el nivel de los principios. Posteriormente, se analiza en qué medida esos principios han inspirado e informado un determinado conjunto de medidas políticas puestas en práctica, o no.

Finalmente, también quise destacar en esta obra el peligro que supone violar la subsidiariedad, el peligro de esperar que el Estado ejerza un rol demasiado activo, de que el Estado ocupe demasiado protagonismo en la vida social, porque esto lo hará al precio de estar ampliamente presente en nuestras vidas y, en particular, en las instituciones que nosotros, los cristianos y católicos, hemos creado para realizar el anuncio del Evangelio. Creo que aquí existe un peligro real. Y creo que ya hemos podido ser testigos de signos concretos de lo que este peligro representa en la actualidad, en concreto con lo que ha sucedido a muchas de nuestras organizaciones de ayuda y asistencia a los enfermos y más necesitados, que han sido forzadas a proveer servicios que, moralmente hablando, estas instituciones no pueden prestar, también se puede mencionar el mandato HHS (Health and Human Services), que ya constituye una amenaza consumada.

ZENIT: En respuesta a los cristianos y católicos que expresan sus temores o rechazo a la idea del libre mercado, ¿cómo puede uno demostrar que existen elementos de una economía de libre mercado –o capitalista, que son compatibles con la enseñanza social católica?

Padre Sirico: Existe un número de elementos que pueden permitir hacer esta conexión. Siempre destaco la cuestión antropológica ya que es, en rigor, el camino más bello para hacerlo. Creo que fue Chesterton quien dijo que el catolicismo era la religión de la cosa, de la materia (“stuff”), con lo que quería destacar la naturaleza de realidad encarnada que constituye la Iglesia. Los católicos utilizamos incienso, óleo, campanas, velas, atuendos litúrgicos, y demás elementos que atañen al culto. En otras palabras –y aplicando esto ya en un contexto no litúrgico– el cristianismo afirma la bondad del mundo material en toda su extensión. Esto se ve claramente en el libro del Génesis, en la Sagrada Biblia. Además, Dios nos coloca en el mundo material y nos llama a perseguir la santidad en este mundo concreto.

En el momento en que Dios nos coloca en el mundo material, Él nos ubica en un contexto de limitaciones y escasez. Esto da lugar a la economía –lo que significa que nosotros debemos encontrar una forma de actuar en este ámbito que sea conforme a nuestra naturaleza, que sea ética, que sea apropiada y efectiva (razonable)– por la que podemos hacer uso de la naturaleza para la gloria de Dios. Es en este mismo sentido, por ejemplo, por lo que un arquitecto que estudia geometría utiliza la precisión del análisis geométrico y la técnica para construir la fachada de una catedral y, de este modo, rendir culto a Dios. Así también, de un modo diferente, el emprendedor, que descubre una novedad o la combinación de cosas conocidas en una forma hasta entonces desconocida, es capaz de representarse previamente estas opciones, luego es capaz de organizar el plan de acción y los pasos a seguir, posteriormente alienta y gestiona el contacto con una red de personas que puedan estar interesadas en su nuevo producto o proyecto, y finalmente lanza una campaña de marketing que le permita hacer realidad y consolidar este nuevo plan de negocio. Toda esta arquitectura permite generar el sustento económico y la fuente de ingresos de las distintas familias que participan en este proceso. Además, también permite ser un aporte al sustento de los consumidores, en el sentido de que estos pueden comprar un bien o un servicio de una mejor calidad y a un precio más bajo del que del que habrían debido pagar, sin la mediación innovadora del emprendedor; de modo que estas familias disponen de un poco más de dinero para disponer a su discreción. Todas estas cosas, insisto, también pueden ser consideradas como acciones que auténticamente pueden dar gloria a Dios. Esto es el mundo de la empresa y de los negocios. No me gusta la palabra “capitalismo” porque creo que es un término demasiado acotado. Me gusta en cambio hablar de “economía libre” o de “libre mercado”.

ZENIT: En su libro incluye un número importante de anécdotas y experiencias personales –esto es algo que no se suele encontrar en los libros de economía. ¿Qué le impulsó a aproximarse al tema del libre mercado desde esta perspectiva?

Padre Sirico: Dos cosas me parecían importantes para mí: la primera, que el libro fuera accesible. Es cierto que no hay nada más difícil que escribir un texto económico en modo accesible. Esto lo digo con la convicción de quien ha leído mucho estos libros. Por ello era importante para mi escribir un libro que fuera accesible al lector. En este punto mi experiencia pastoral y homilética ocupó su lugar. Un modo de ofrecer un mensaje sencillo es a través de las parábolas –que no son meras historias o anécdotas– sino relatos que tienen un valor integral y que intentan conceptualizar el punto algo más abstracto del mensaje que se intenta transmitir.

El Segundo aspecto importante que quise destacar es que el modo en que comprendemos nuestro mundo depende de la comprensión que tengamos de nosotros mismos. Por lo tanto, se trataba de ofrecer una aproximación en gran medida antropológica. Estoy interesado en un texto titulado “La acción humana”, de Ludwig von Mises. No es un texto cristiano, pero hay muchísimos contenidos en esta obra que son susceptibles de aplicar y de darles una dimensión cristiana. Por eso pensé que la narración de historias de mi propia vida serviría para enfatizar más la dimensión antropológica con la que me aproximo a la cuestión económica.

Traducción de Mario Šilar (msilar@institutoacton.com.ar) para el Acton Institute Argentina