¿Qué «incentivos» tiene el gobierno para emitir dinero?

DineroUna alumna solicita bibliografía acerca de esta pregunta. Mi primera sugerencia fue este artículo de Larry White, publicado en Libertas. La argumentación de White está inspirada en una extensa literatura, pero Hayek ha dicho mucho sobre el tema en diversos lugares, como en su campaña contra el keynesianismo. James M. Buchanan también tiene contribuciones al punto, especialmente en su argumentación del constitucionalismo monetario. Milton Friedman, en su crítica a la discrecionalidad también aporta. Por ahora sólo encontré este ensayo on line, pero debe haber otros. Yo mismo publiqué este artículo en 2008 en un homenaje a A. Benegas Lynch (h), que puede servir. En la bibliografía se citan varios trabajos sobre el tema. Para cerrar, los «incentivos» para emitir dinero deben estar asociados a la monetización del déficit fiscal y en consecuencia, a la expansión del estado moderno. Quizás la lectura de este ensayo que escribimos con Stefany Bolaños ayude!

Invitamos a los lectores de este blog a ofrecer sus respuestas y sugerencias bibliográficas!

Una vida formando austriacos: Entrevista a Rogelio Pontón

PontonMuchos de nuestros lectores de Rosario y de la Argentina extrañarán a quien fue su gran maestro. Rogelio Pontón pasó «una vida formando austriacos», como señalábamos en el título de aquella entrevista que concretó junto a Ivo Sarjanovic y que compilamos en el 2do volumen del libro «La Escuela Austriaca desde Adentro«.

A modo de homenaje, dejamos la entrevista completa. QEPD.

Una vida formando austriacos: Entrevista a Rogelio Pontón

Rogelio Pontón es Contador Público Nacional por la Universidad Nacional de Rosario (UNR), en la Provincia de Santa Fé, Argentina, y ha acumulado varias décadas como profesor de Teoría Económica, Historia del Pensamiento Económico y Economía Argentina, en distintas Universidades de Rosario y ESEADE. Fue presidente de la Fundación Libertad y Rector de la Universidad del Centro Educativo Latinoamericano (UCEL), de la cual hoy es decano de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales. Hoy, además, es Director de Informaciones y Estudios Económicos de la Bolsa de Rosario, del cual depende un departamento de capacitación que prepara alrededor de 2000 estudiantes por año, y donde dirige desde hace más de 20 años el Semanal, que ya acumula 1376 ejemplares, abordando temas económicos y financieros vinculados a la producción de cereales, oleaginosas y subproductos, pero donde se vislumbra un espíritu austríaco.

IS: Rogelio, ¿por qué no nos cuenta algo sobre su educación? ¿dónde fue a la escuela? ¿cómo fue su etapa universitaria? ¿por qué se decidió por esta carrera? ¿qué profesores lo influenciaron?

PONTÓN: Mi primera educación formal fue en la Escuela Almafuerte, en Rosario, donde cursé los seis grados primarios. Lo que recuerdo de esos años es que era bastante exitoso en matemática e historia y no tanto en lenguaje. La educación secundaria la cursé en la Escuela Superior de Comercio General San Martín de la misma ciudad y en los cinco años de ese ciclo tuve un muy buen desempeño, terminando con el segundo promedio de toda la Escuela, turno mañana, tarde y noche.

Durante el ciclo secundario y primeros años de la Universidad no tuve un interés especial por la economía. Mis preocupaciones mayores fueron en materia religiosa y siguen siéndolo hasta ahora. Seguí cursos particulares con algunos profesores destacados en ciencia bíblica y en teología, como el Rdo. Padre Enrique Nardoni, doctor en ciencias bíblicas, y recibí una influencia importante del Rdo. Padre Héctor Valla que me permitió escribir comentarios bibliográficos en algunos números de la revista ‘Didascalia’ que él dirigía. De todas maneras, cuando estaba cursando el tercer año de la carrera de Contador Público, a partir de un libro que me acercó el Dr. Antonio Margariti -me refiero a “Más allá de la oferta y la demanda” de Wilhelm Röpke- el tema de la ciencia económica pasó a ser para mí importante.

En economía no tuve profesores destacados que deba recordar. Fui buen alumno, pero el tener que trabajar no me permitió especializarme con más dedicación. Tengo que recordar que comencé a trabajar cuando tenía catorce años y ahora, en trámite de jubilación, recuerdo que he trabajado en relación de dependencia alrededor de 50 años. Por supuesto, las actividades laborales me restaron tiempo para estudiar una carrera de postgrado, pero la profesión muy variada me enseñó también muchas cosas.

Cuando cursaba la carrera de grado (Contador Público) los libros de texto por los que se estudiaba economía eran los cursos generales de Francesco Vito y Paul Samuelson. No recuerdo de ningún profesor que me haya motivado a dedicarme a la economía; si recibí influencia de Antonio Margariti que era algunos años mayor pero que no fue profesor mío en ningún momento.

De todas maneras, y no como exigencia del plan de estudio, comencé a leer por mi cuenta y fui formando una biblioteca particular hasta el día de hoy de unos 3.000 volúmenes dedicados a temas económicos, bíblicos, teológicos y científicos.

Mi actividad laboral como contador público, especialmente en el rubro costos, la llevé a cabo en varias empresas (los lugares en donde trabajé profesionalmente fueron alrededor de 25). En 1977 ingresé como docente de economía en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad Católica Argentina (UCA) de Rosario sustituyendo al Dr. Margariti. En 1979 ingresé como profesor de economía en la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Rosario; en 1980 me nombraron director de teoría económica de la Escuela de Economía de esa facultad y en 1982 fui designado director de dicha Escuela. En esas tareas tuve una dedicación prácticamente full time.

Sigue leyendo

Reflexión de domingo: ¿Puede sobrevivir el capitalismo?

ABLJoseph Schumpeter en su Capitalismo, socialismo y democracia contesta a la pregunta formulada en el título de esa nota con un rotundo “no, no creo que pueda”. Por su parte, Benjamin Rogge en Can Capitalism Survive? también es pesimista respecto al futuro de este sistema y Ludwig von Mises, en La mentalidad anticapitalista, detalla los motivos de los generalizados perjuicios contra ese orden social y, por último, para aludir a la bibliografía más relevante en la materia, dos ensayos largos, uno de Robert Nozick titulado “Why Do Intellectuals Oppose Capitalism?” y otro de Friedrich Hayek titulado “The Intellectuals and Socialism”, que desde ángulos distintos centran su atención en la aversión al capitalismo por parte de muchos de los intelectuales.

Es por cierto un tema complejo pero antes de encararlo telegráficamente, señalo que me parece más preciso y ajustado a lo que se intenta describir, destacar que la expresión “liberalismo” es más apropiada que la de “capitalismo”. Esto nos parece así porque el primer término abarca múltiples aspectos de la condición humana, mientras que el segundo aparece como circunscripto a lo crematístico (además de ser una palabra acuñada por Marx). Esta objeción es en cierto sentido refutada por Michael Novak quien deriva la expresión de caput, es decir, de mente, de creatividad.

De cualquier manera, el hilo argumental por el que surge el pesimismo no significa derrotismo puesto que como escribe Schumpeter en la obra citada, “la información de que un barco se está hundiendo no es derrotista. Tan solo puede ser derrotista el espíritu con que se reciba esta información: la tripulación puede cruzarse de brazos y dejarse ahogar […] Si los hombres se limitan a negar sin más la información, aunque esté escrupulosamente comprobada, entonces es que son evasionistas […] La prognosis no implica nada acerca de la deseabilidad del curso de los acontecimientos que se predicen. Si un médico predice que su paciente morirá en breve, ello no quiere decir que lo desee”.

Pero ¿en que se basa buena parte de los estudios más o menos pesimistas respecto al futuro de la sociedad abierta? En una combinación de factores que tomados en conjunto pueden resumirse con algunos retoques en los siguientes ocho puntos cruciales.

Primero, en las faenas de intelectuales que no conciben que la sociedad abierta descansa en ordenes espontáneos en los que el conocimiento disperso y fraccionado es coordinado y sustentado en procesos en los que los respectivos intereses particulares confluyen en sumas positivas, en un contexto donde son respetados marcos institucionales a su vez basados en el derecho de cada cual. Rechazan procedimientos en los que los planificadores no participen activamente en la manipulación de recursos de terceros.

Segundo, ese tipo de intelectuales muchas veces también sustentados en la pura envidia y el desprecio por la competencia en el mercado laboral,  no aceptan que empresarios que consideran incultos “solo capaces de producir hamburguesas y similares”, obtengan ingresos mayores que los que ellos perciben.

Tercero, estos intelectuales encuentran apoyo firme en los burócratas puesto que la aceptación de sus ideas les conferirá mayor poder y facultades para intervenir en vidas y haciendas ajenas, a contracorriente de la eficiente asignación de los siempre escasos factores productivos.

Cuarto, esos intelectuales proceden a incursionar en colegios y universidades privadas y estatales y en instituciones internacionales financiadas por gobiernos donde difunden sus ideas estatistas, lo cual expande la aversión contra el capitalismo que sostienen se basa en “la explotación”, en “prácticas monopólicas” o en la mera “suerte”.

Quinto, paradójicamente los barquinazos producidos por el estatismo son endosados por los referidos intelectuales al  capitalismo.

Sexto, los empresarios tienden a seguir el conocido dicho de “mind your own business” con lo que no se ocupan de defender sus empresas frente a los mencionados embates, a lo que se agrega que las más de las veces no sabrían como hacerlo puesto que sus talentos no abarcan esas actividades a pesar de que son el soporte de su misma existencia (no solo eso sino que muchas veces demuestran no tener la menor idea de cómo funciona el sistema en el que operan, para no decir nada de los prebendarios o antiempresarios que, aliados al poder, abiertamente rematan todo vestigio de competencia). Más aún, es frecuente que el común de los empresarios procedan con complejo de culpa por lo que inventan figuras como la llamada “responsabilidad social del empresario” (la mejor crítica que he leído sobre este invento es la de Milton Friedman) al efecto de “devolver a la comunidad” lo que el medio estima “les han quitado”. También sucede en ámbitos intervencionistas que a medida que las fauces estatales avanzan, las llamadas empresas privadas en la práctica dejan de serlo debido a las numerosas regulaciones, con lo que la gente termina por sostener que los servicios comerciales privados son tan deficientes como los gubernamentales, lo cual es cierto puesto que resulta que el personal se convierte de hecho en burócrata con los consecuentes cambios drásticos de incentivos, conclusiones aquellas sobre la mala atención que aceleran el desgraciado proceso que comentamos. Por ejemplo, banqueros que se convierten en dependientes de la banca central (y cuando se llega al extremo de la confiscación de depósitos no asumen su responsabilidad sino que se escudan tras el aparato estatal).

Como una nota al pie a este sexto punto, es pertinente recordar que Juan Bautista Alberdi dedica treinta y siete capítulos del octavo tomo de sus obras completas al formidable empresario William Wheelwright, donde consigna sus coincidencias con Herbert Spencer (de su obra Exceso de legislación) en la tarea bienhechora y grandiosa de los empresarios en un clima de libertad donde naturalmente queda excluido el fraude, la fuerza y la cópula hedionda con el poder. En este sentido, destaca que en las calles y plazas públicas, en lugar de colocar nombres de reyes, gobernantes y guerreros que habitualmente ponen palos en la rueda, deberían instalarse los de empresarios ya que a ellos se debe la luz, la calefacción, la telefonía, las comunicaciones aéreas, terrestres y marítimas, la prensa, las maquinarias agrícolas, los fertilizantes, la medicina, la alimentación y, en una interminable lista, buena parte de lo que dispone la civilización.

Séptimo, la degradación de la democracia en una máquina infame convertida —a través de alianzas y coaliciones— en un apoyo logístico de proporciones mayúsculas para atropellar derechos individuales, en dirección radicalmente opuesta a la concepción de los Giovanni Sartori de nuestros tiempos.

Y octavo, dentro del grupo de intelectuales a los que aludimos no solo se destacan profesores universitarios, ensayistas y profesionales varios sino que sobresalen muchos pintores, sacerdotes, escultores, cineastas, poetas, escritores de ficción y equivalentes que como no han abordado el significado ético, económico y jurídico más elemental del liberalismo se pronuncian enfáticamente por principios socialistas que dañan severamente a los mismos que dicen proteger.

Sin embargo, el apuntado pesimismo puede contrarrestarse por la perspectiva de que los referidos intelectuales sean más que compensados por otros de fuste que —aun enfrentados a los gobiernos, a empresarios irresponsables y a gente indolente y anestesiada— sean capaces de explicar las ventajas de una sociedad abierta, especialmente para los que menos tienen. Incluso capaces de mostrar a empresarios la conveniencia de financiar tareas que no solo preservarán sus emprendimientos sino que resguardará la cooperación social sobre los pilares del respeto recíproco.

Si la antedicha tendencia no se corta se estará en medio de una tenebrosa operación pinza: por un lado, intelectuales resentidos que apuntan a la demolición del capitalismo y, por otro, frente a empresarios con una complacencia suicida en un contexto donde hay demasiadas personas distraídas que miran para otro lado como si fueran ajenas al problema. Por mi parte, como he dicho antes, en esta materia no soy ni pesimista ni optimista, soy escéptico porque tengo mis dudas de que en general se perciba el problema antes que sea tarde, en lugar de percatarse que todos los que queremos vivir en libertad debemos dedicar diariamente algún tiempo a estudiar y difundir sus fundamentos. De todos modos, me infunden renovadas esperanzas cuando constato nuevos grupos —especialmente de jóvenes-— que se instalan para trabajar en distintos campos en pos de la libertad.

Este es el llamado de muchos intelectuales de valía tales como Hayek en el ensayo antes citado, al escribir que “Necesitamos líderes intelectuales que están preparados para resistir los halagos del poder y su influencia, que estén dispuestos a trabajar por un ideal no importa lo alejado que puedan ser las perspectivas de su realización. Tiene que haber hombres que estén dispuestos a mantener principios y pelear por su completa ejecución aunque ésta sea remota”.

Este reclamo urgente de Hayek, desde luego incluye la necesidad de trabajar las neuronas para ponerle bridas al Leviatán e imaginar límites adicionales al poder y no esperar que pueda revertirse la situación con mecanismos institucionales que han demostrado su palmaria ineficiencia para garantizar los derechos de todos. Si el intelectual la juega de político en busca de componendas, nunca se logrará el objetivo puesto que él mismo habrá contribuido a bloquear el camino al ocultar las metas de la sociedad abierta. El político negocia según sea el espacio que generan los intelectuales en una u otra dirección. En otro orden de cosas, cualquiera sea la tradición de pensamiento a la que adhiera un intelectual, si no traiciona su rol y es una persona íntegra será motivo de respeto por su coherencia. En cambio, el oportunista es en última instancia repudiado desde todos los flancos.

Este artículo de Alberto Benegas Lynch (h) fue publicado originalmente en El Diario de América (EE.UU.) el 22 de agosto de 2013.

Era Friedman Keynesiano?

Paul Krugman tiene un reciente post donde dice coincidir con David Glasner en su interpretación de que Friedman era más o menos Keynesiano. Krugman dice que así como la figura de Keynes ha crecido en los últimos años, la de Friedman ha tendido a desaparecer. Incluso cierra su comentario diciendo lo siguiente:

So Friedman has vanished from the policy scene — so much so that I suspect that a few decades from now, historians of economic thought will regard him as little more than an extended footnote.

¿Cómo es posible que Friedman, uno de los mayores defensores del libre mercado, sea considerado Keynesiano, cuando Keynes hablaba de «socializar» la inversión? ¿Era Friedman Keynesiano? ¿Si tenía algo de Keyneisano, en qué sentido era un Keyneisano?

Sigue leyendo

CAMINOS ABIERTOS. Nuevo libro de Gabriel J. Zanotti en Unión Editorial

Cubierta CAMINOS ABIERTOS 11-4-13_Cubierta CAMINOS ABIERTOS 11-4Los diversos economistas neoclásicos y neokeynesianos saben que sus paradigmas están en crisis, pero la literatura especializada sigue esperando de las pruebas empíricas la sustitución de un paradigma por otro, mientras que los que debaten cuestiones filosóficas lo hacen con una gran incomprensión de los horizontes enfrentados. Hasta los propios austriacos se excomulgan hoy entre sí por cuestiones filosóficas, cuando, sin embargo, el debate de dichos fundamentos es la única salida. Va a tener que pasar mucho tiempo hasta que la economía vuelva a ser lo que fue, una rama de la filosofía moral y política dedicada a los órdenes espontáneos, para encontrar, justo entonces, caminos abiertos que sean además más universales. Hasta entonces, todo nuestro aporte seguirá siendo el humildemente austriaco, esto es, insistir en que los problemas epistemológicos de la economía no son más que un capítulo de la teoría del conocimiento; a saber, cómo el ser humano es capaz de conocer algo a partir de su ignorancia.

Abajo puede observarse el índice completo del libro.

Acceda aquí a su adquisición en Unión Editorial.

Acceda aquí al capítulo 1 del libro: «La economía como ciencia axiomático-deductiva»

Sigue leyendo

WP: Dynamic Monetary Theory and the Phillips Curve with a Positive Slope

Ayer cerró la reunión anual de APEE 2013, a la que afortunadamente pudimos asistir con Nicolás y varios profesores de la UFM. En unos días, compartiremos con los lectores nuestra experiencia.

Mientras tanto, dejo el documento de trabajo del artículo que presenté allí, junto con la presentación de powerpoint. Como siempre, los comentarios son bienvenidos.

Dynamic Monetary Theory and the Phillips Curve with a Positive Slope

Abstract:

Don Bellante and Roger W. Garrison (1988) compared two alternative approaches to monetary dynamics: those based on a vertical long-run Phillips Curve and those derived from analysis of Hayekian triangles. The conclusion the authors reached is that the only factor differentiating the two models is the «process» whereby the initial cause is converted into the final «neutral» effect. This article refutes that conclusion. To do so it suffices to demonstrate that the long-term effect of monetary policy is never neutral. While it is true that after the boom-bust cycle the economy returns to the natural rate of unemployment, the crucial point is that the «natural rate» at the end of the cycle is quite different from the one evident at the start. This requires an Austrian Phillips Curve with a positive slope.

Resumen 2012 No. 3: Filosofía de la ciencia y metodología

Hayek_PopperA los posts de Historia del Pensamiento y Escuela Austriaca, hoy continuamos con la filosofía de la ciencia y la metodología. Pero no nos concentramos únicamente en la epistemología de la economía, sino que intentamos abarcar algunos otros temas filosóficos e incluso nos preguntamos si el psicoanálisis de autores como Freud y Lacán, puede ser considerado ciencia o no.

Recordamos la metodología positiva de Milton Friedman e incluso sus referencias críticas a la metodología de Mises y Hayek calificando el trabajo de estos últimos de «no científico», y renovamos el interés por el tratamiento de lo empírico dentro de la Escuela Austriaca, para lo cual fue necesario volver, una vez más, sobre el debate entre Machlup y Rothbard, acerca de lo que cada uno entiende por el apriorismo de Mises.

Analizamos también la cercanía o lejanía de la metodología austriaca respecto de la obra de Popper, e incluso Gabriel Zanotti ofreció una conferencia compatibilizando a Mises, Hayek y Popper con Santo Tomás de Aquino.

Desde luego, no podíamos dejar de alegrarnos por la traducción al español del libro de Ludwig von Mises acerca de «los fundamentos últimos de la ciencia económica», editado este año en Unión Editorial.