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Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

Reflexión de domingo: «Perón y el asalto de las pensiones»

Juan Domingo Perón ofreció un discurso el 30 de noviembre de 1973, por Cadena Nacional, respecto del sistema previsional. Decía entonces lo que se puede ver en este video:

“Nosotros comenzamos a estudiar estos problemas cuando todos nuestros viejos estaban abandonados. No quisimos hacer un sistema previsional estatal porque yo conocía y he visto ya en muchas partes que estos servicios no suelen ser ni eficientes ni seguros. Dejándolo al Estado libre de una obligación que siempre mal-cumple. Es la experiencia que tengo en todas las partes donde este sistema lo he conocido, que hay en varias partes. Bien señores, ¿qué paso después? En 1956, el Estado acuciado quizás por la necesidad, echó mano a los capitales acumulados por las cajas, es decir, se apropió de eso. Para mí eso es simplemente un robo, porque no era plata del Estado, sino de la gente que había formado esas sociedades y esas organizaciones. Claro que lo descapitalizaron. He visto un decreto secreto por el cual se sacaron 65.000 millones para auxiliar a otros que no tenían nada que ver con las Cajas de Jubilaciones y Pensiones que nosotros habíamos creado. Es decir señores, se las asaltó. Fue un asalto. Entonces naturalmente que después de ese asalto los pobres jubilados comenzaron a sufrir las consecuencias de una inflación que no pudo homologar ningún salario, ni ninguna jubilación. Y llegaron a cobrar en la proporción como poder adquisitivo de la desvalorización de esa moneda. Cuando nosotros dejamos el gobierno en 1955, el dólar estaba en el mercado libre a 14,50 y ahora estos pobres tenían que cobrar a razón de un dólar de 1400 pesos. Entonces era lógico, señores. Cualquiera hubiera sido el arreglo que se hiciera esto no tenía arreglo. Lo que pasa es que se habían desfalcado las cajas. ¡Las habían asaltado! Y las cajas como todas las organizaciones económicas y financieras tienen sus límites. El límite está indicado por su capital. Una vez que le han sacado el capital es inútil que se pretenda buscarle soluciones de otra manera.”

Lo que decía Perón es una muestra de lo que hoy es sabido por todos. El sistema de previsión social “de reparto” que experimentó la Argentina hasta 1994 es el principal responsable de la precariedad con la que han vivido los jubilados y pensionados. La característica central de este sistema es que la contribución de los trabajadores se destina a financiar las prestaciones de los jubilados. Este sistema, que ha quebrado sucesivamente a lo largo de nuestra historia y que podríamos denominarlo como “coactivo”, no ha sido en el pasado, y no es en el presente, ni previsor ni social. Los actuales jubilados reciben sumas de dinero que no guardan relación con las contribuciones que han ido realizando durante su vida activa.

El cambio introducido al sistema en 1994, si bien lo reformó en cierto modo, conservó la naturaleza “coactiva” del sistema, ya que se le negó al trabajador la posibilidad de decidir sobre su patrimonio. Es cierto que se crearon las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP), que han tenido como objetivo la administración de las contribuciones de los trabajadores. Sin embargo, estas agencias no compitieron en el mercado libre con otras posibles inversiones previsionales dentro y fuera del país, sino que recibieron compulsivamente una porción fija de los salarios de todos los trabajadores, cobraron comisiones astronómicas en relación con los sistemas vigentes en otros países del mundo y lo más importante: no se les permitió gestionar el cien por cien de los fondos según sus propios criterios, sino de acuerdo a las directrices aprobadas por el Gobierno. En definitiva, fueron más bien gerentes del Estado, que empresas privadas.

Cristina Kirchner envió en su momento un proyecto al Congreso para intentar modificar este sistema. Pero en lugar de girar hacia la dirección correcta, es decir, hacia un sistema privado voluntario, decidió empeorar la situación eliminando las AFJP y volviendo a un sistema de reparto.

En lugar de eliminar la “coacción” que obliga a los trabajadores a elegir o bien por las AFJP locales (aprobadas por el Gobierno) o bien por el sistema de reparto, la propuesta pasó por suprimir las AFJP y, con ellas, el ínfimo espacio con el que contaba el mercado. El proyecto tuvo como objetivo apropiarse de los fondos acumulados en el sistema, esto es, casi treinta mil millones de dólares e impagar la deuda de los últimos catorce años. Al mismo tiempo, los más de nueve millones de trabajadores debieron contribuir de forma obligatoria al sistema de pensiones de reparto público, lo que equivale a una cifra superior a los trescientos millones de dólares mensuales. Recordemos que un año antes de presentar este proyecto de ley, se ofreció la posibilidad a los trabajadores de pasar de las AFJP al sistema público, y sólo entre un 20% y un 30% aceptó el cambio (es decir, entre el 70 y el 80% de los trabajadores permaneció en el sistema de las AFJP). Los argentinos no deseaban regresar a los sistemas de reparto justamente porque conocen sus consecuencias tan bien explicadas por el propio Perón. Ya en 2009, los legisladores de la oposición denunciaron lo que era lógico, que la ANSES estaba manejando los fondos con arbitrariedad, sin informes públicos y sin los controles que se prometieron a la hora de conseguir rápidamente los votos en el Congreso.

¿Cuánto del dinero transferido de las AFJP hoy mantiene ANSES? ¿Que proporción de esos activos son bonos del gobierno (de difícil cobro en el futuro)? Son preguntas simples, que hasta el momento nadie responde. Lo cierto es que ante la crisis fiscal en la que ya está el gobierno, y que lamentablemente se profundizará en los próximos años, los que sufrirán serán precisamente nuestros viejos. Hay quienes dicen que las jubilaciones y las pensiones son algo demasiado importante para dejarlo en manos del mercado. Yo pienso que las jubilaciones y las pensiones son algo demasiado importante para dejarlo en manos del Estado. En una sociedad libre, el Estado no debería imponer ningún sistema de jubilación. En su lugar, tendría que permitir que hubiera tantos como los que establezcan los interesados según sean sus preferencias y sus situaciones económicas.

La Economía de la Escuela Austriaca no es pseudociencia – Parte II

La primera parte de mi réplica a José Luis Ferreira dejó pendiente el punto metodológico. En esta segunda parte me propongo explicar brevemente cómo proceden los economistas austriacos, como un complemento a lo ya señalado por Juan Ramón Rallo, aspectos que comparto plenamente y que ya compartimos en nuestro blog.

Puede resultar paradójico, pero así como los austriacos han denunciado el abuso de la matemática por parte de los profesionales de esta disciplina (Ver Juan Carlos Cachanoksy aquí y aqui), también sostienen que el método adecuado para la economía es precisamente el mismo que el de las matemáticas. Sin entrar en el debate de si las matemáticas son o no una ciencia, diremos que las matemáticas son un cuerpo de teoremas abstractos, vacíos de contenido empírico, que se deducen lógicamente de ciertos axiomas. Luego, bajo ciertas definiciones, las matemáticas –y también su hija, la geometría- tienen numerosas aplicaciones en el mundo real.

La praxeología precisamente sigue este método. Define un axioma como punto de partida, y deduce de él una serie de teoremas, que podemos llamar leyes económicas teóricas, porque son de aplicación universal y vacías de contenido empírico.

El enfoque es claramente anti-positivista (Friedman 1953), porque sostiene que no es posible refutar las leyes económicas que se deducen del axioma central a través de la evidencia empírica. Un ejemplo de las matemáticas que acostumbra ofrecer Juan Carlos Cachanosky en sus clases puede resultar útil para mostrar el punto. Imaginemos que yo deposito 4 manzanas en una heladera vacía. Luego mi esposa me comenta que depositó otras 8 manzanas en la heladera. Ahora imaginemos que al abrir la heladera cuento 13 manzanas. ¿Refuta el caso los respectivos teoremas de las matemáticas? Claro que no. Al aplicar los axiomas y teoremas deducidos lógicamente sobre el mundo real, debo hacer ciertas observaciones empíricas, subjetivas, ajenas al modelo. Luego, los errores de predicción (pasados y futuros) no son necesariamente problemas del modelo teórico. A lo sumo, nos pueden prender una luz de alarma de que puede haber allí un problema. Para refutar un teorema matemático se necesita una demostración lógica en la deducción de los teoremas. Para refutar una ley económica del tipo austriaco también se necesita una demostración lógica en la deducción de los teoremas.

¿Podemos sostener entonces que los teoremas de la matemática o la economía son siempre verdaderos y que es imposible su refutación? Claro que no. Todos los teoremas son construcciones teóricas abiertas al debate, pero no debemos confundir la contrastación o refutación de estos teoremas, respecto de la contrastación o refutación de las predicciones empíricas que surgen de aplicar estos teoremas. En el primer caso, necesitamos lógica para desmantelar el sistema. En el segundo, las observaciones sobre hechos empíricos pueden ayudarnos a identificar un problema.

¿Y qué podemos decir de los axiomas? Por conveniencia metodológica los axiomas se toman como válidos, indiscutibles y no se contrastan directamente con la evidencia empírica. Sin embargo, al introducirnos en el “arte” de la predicción, sí se contrastan los axiomas de un modo indirecto. Esto es lo que llamamos macro-predicciones que pondrán a prueba el conjunto del sistema que incluirá desde el axioma de punto de partida, hasta los teoremas teóricos deducidos y las observaciones subjetivas y empíricas del analista. Un error en la predicción, sin embargo, no anula al sistema, ni al axioma de punto de partida. El analista deberá empezar por el final, analizando si sus observaciones subjetivas fueron correctas, y si no encuentra errores allí, volver la atención sobre la deducción de los teoremas.

Dicho esto, hay que decir que Menger (1871, 1884) sólo dio los primeros pasos en la construcción de este sistema. Böhm Bawerk ofreció algunos avances más tarde en su trabajo en tres tomos, Capital e Interés (1884-1889-1921). Pero corresponde a Mises el mérito de ofrecer una primera sistematización integrada de la economía, específicamente en su tratado La Acción Humana (1949). Hoy contamos además con nuevas contribuciones que reforzaron esa línea de trabajo, pero aquí me interesa destacar el notable aporte del profesor Zanotti en el que ofrece un ordenamiento epistemológico de la economía de la acción humana, que permite mostrar con mayor claridad los elementos de la praxeología: 1) un sub-núcleo central no falsable, que surge de una descripción del axioma praxeológico central y una descripción de los 24 teoremas o leyes económicas teóricas que se pueden deducir de ese axioma; 2) una serie de hipótesis auxiliares, de carácter empírico, que son fundamentales para pasar de las leyes económicas teóricas al análisis de la economía pura de mercado, del intervencionismo y del socialismo; 3) una descripción de los teoremas o leyes económicas empíricas que describen la economía pura de mercado, y que se pueden deducir del axioma central + las leyes económicas fuertes + hipótesis auxiliares; 4) una descripción de los teoremas o leyes económicas empíricas que describen la teoría general del intervencionismo, describiendo en particular aquellos teoremas que advierten de las consecuencias de la acción estatal al distorsionar los precios que surgen en una economía pura de mercado; 5) una descripción de los teoremas o leyes económicas empíricas que describen el socialismo, definido bajo la propiedad pública de los medios de producción. (Zanotti 2009)

Todo esto intentamos resumirlo en el siguiente cuadro, el que además presenta ejemplos concretos de cada uno de estos teoremas o sub-hipótesis auxiliares, para que el lector se haga una correcta imagen del planteamiento del profesor Zanotti.

Zanotti

 

 

Fuente: Elaboración propia a partir de Zanotti, 2009.

¿Pero qué entendemos nosotros por ley económica? La respuesta es compleja porque existen tantas definiciones de “ley” como “filósofos de la ciencia”. Nosotros diremos que “ley económica” es aquel teorema que se deduce directa o indirectamente del axioma praxeológico central. Pero debemos advertir que en este sistema coexisten distintos tipos de leyes.

Del cuadro se pueden deducir precisamente tres diferentes tipos de leyes económicas. Para definirlas utilizaremos cuatro ejemplos concretos de teoremas, todos los cuales forman parte del sistema praxeológico. En este caso, nos concentraremos en cuatro leyes que están conectadas, pero que son de naturaleza diferente, a saber, 1) la ley de utilidad marginal; 2) la ley del intercambio; 3) la ley de formación de los precios; 4) la ley de control de precios máximos.

Diremos que la primera es una ley económica en sentido fuerte, universal, vacía de contenido empírico: “El valor otorgado a las unidades de un bien formado por n unidades es mayor que el otorgado a las unidades del mismo bien formado por n+1 unidades y menor que el otorgado a las unidades del mismo bien formado por n-1 unidades (ley de utilidad marginal)” (Zanotti, 2009, p. 34). Partiendo del axioma praxeológico central de “la acción humana” su deducción es lógica y sólo puede ser refutada mediante esta herramienta.

Tomemos ahora la ley del intercambio: “La ley de utilidad marginal y la [hipótesis auxiliar de la] división del trabajo constituyen dos condiciones necesarias para el intercambio de bienes y servicios (mercado). Según la hipótesis auxiliar 3ª, en la cooperación social cada persona concentra su labor en aquello para lo cual posee mayor productividad. Por lo tanto, cada persona dispondrá de mayor cantidad de unidades del bien que produce que del bien que no produce. Luego, dada la ley de utilidad marginal (axioma 9), si A produce a y si B produce b, el valor de las unidades de a será para A menor que para B, y el valor de las unidades de b será menor para B que para A. En ese caso, cada persona valora menos lo que posee que lo que no posee, y dado el axioma 1, tenderá a realizarse el intercambio.” (Zanotti, 2009, pp. 37-38)

Puede confundir al lector que aquí Zanotti define como axioma 1 y 9, lo que nosotros definimos inicialmente como teoremas. Lo que ocurre es que dentro del sistema representado en el cuadro No. 2, hay dos sub-sistemas axiomático-deductivos. El primero tiene como axioma a la acción humana, esto es, el axioma praxeológico central, del cual se derivan los 24 teoremas praxeológicos. El segundo sistema, tiene como axiomas a los 24 teoremas praxeológicos, de los cuales se derivan luego los teoremas de la economía pura de mercado, el intervencionismo y el socialismo.

Volviendo sobre la ley del intercambio, no podemos asumir a priori que siempre habrá intercambio. Para ello debemos asumir la existencia de más de un individuo y una determinada interacción social entre ellos. Pero esa cooperación social y también la división del trabajo requieren como condicionante de ciertas instituciones –que Zanotti coloca como hipótesis auxiliares-, como por ejemplo, el derecho de propiedad o la libertad de contratos, los que no necesariamente aparecen en el mundo real. Hubo otros tiempos, y hay hoy muchos lugares, en que tales asociaciones voluntarias no ocurrieron, ni ocurren. La teoría de los juegos, por ejemplo, se preocupa precisamente por mostrar centenares de situaciones en que los agentes no cooperan.

Luego, bajo todo lo dicho, podemos pasar a la ley de determinación de los precios: “Oferta y demanda encuentran una valoración común en el precio. Si A demanda 3 b y por ellos ofrece 2 a, y B demanda (valora) 2 a pero por ellos ofrece 1 b, no hay intercambio. Luego, para que haya intercambio el valor esperado mínimo del oferente (‘yo no vendo por más de…’) debe ser menor o igual al valor esperado máximo del demandante (‘yo no compro por más de…’). Luego, si se produce el intercambio, oferente y demandante se han encontrado, comunicado, en una valoración en común que se denomina precio. El precio no es entonces el precio esperado del vendedor ni del comprador, sino el precio en el momento del intercambio. Es el encuentro de expectativas entre oferente y demandante lo que se denomina precio.” (Zanotti, 2009, pp. 38-39)

Estos dos teoremas, el de la ley de intercambio y la ley de formación de precios son para nosotros leyes económicas empíricas que nos permiten comprender una parte de la economía pura de mercado. No podemos calificarlas como leyes “fuertes” porque no son vacías de contenido empírico.

Finalmente, el profesor Zanotti nos recuerda la ley de precios máximos que es generalmente aceptada en el campo de la microeconomía: “toda fijación de un precio por debajo de lo que el mercado lo hubiera fijado (precio máximo) genera una retracción de la oferta y un aumento en la demanda, lo cual implica un faltante en el mercado.” (Zanotti, 2009, p. 70)

Esta ley económica también es empírica, porque se basa en una intervención del estado sobre un aspecto de la economía pura de mercado. Pero si bien es una ley económica empírica, debemos advertir que no es parte de la economía pura de mercado, sino de una teoría más amplia del intervencionismo.

Ceteris paribus, puede observarse que una política económica (bien o mal intencionada) que fije esos precios, en un nivel diferente al que genera el propio mercado, producirá con el tiempo una reacción del mercado que necesariamente conducirá a un efecto contrario al buscado.

Podemos tomar como ejemplo, el teorema enunciado arriba que resume la ley de control de precios máximos. Concretamente, esta ley muestra que si el gobierno desea intentar bajar el precio de la carne o la leche a un nivel inferior al que el mercado determina, los incentivos a una mayor demanda y a una menor oferta contribuirán a su escasez, lo que más tarde hará elevar aun más su precio de mercado, lo que agravará indeseablemente el problema inicial.

Advertirá el lector que esta ley aplica a todos los bienes y a todos los servicios, incluyendo la salud y la educación, y también, como ha demostrado Gary Becker, al mercado de las drogas, los órganos humanos, el matrimonio, la discriminación o el crimen organizado. (Becker, 1976).

El cuadro trabaja finalmente el caso del socialismo, lo cual es relevante para mostrar que el sistema no limita su utilidad únicamente al caso específico del capitalismo, sino a todos los sistemas económicos posibles. Si definimos socialismo como ausencia de propiedad privada, entonces surge un nuevo teorema: “El cálculo económico es imposible bajo el socialismo.” (Zanotti, 2009, p. 88).

En comparación con la economía pura de mercado, uno puede notar lógicamente que la ausencia de propiedad privada de los medios de producción, implicará ausencia de mercados para esos medios de producción. Sin estos mercados, no habrá precios para esos medios de producción, lo que implica lógicamente que no es posible realizar cálculo económico, lo que en definitiva es una guía para la función empresarial en cuanto a qué bienes y servicios deben ser producidos. Cabe notar que este teorema elaborado por Mises (1922) anticipó el caos en la producción que habría en cualquier economía que rechace la propiedad privada de los medios de producción.

Mark Blaug –uno de los tratadistas de mayor prestigio en la historia de las ideas- reconoció que “de forma lenta y extremadamente reacia he llegado a darme cuenta de que ellos (los teóricos de la Escuela Austriaca) están en lo cierto y de que todos los demás hemos estado equivocados”, afirmando además, al evaluar la aplicación del paradigma neoclásico cara a justificar la posibilidad del cálculo económico socialista, que es algo “tan ingenuo desde el punto de vista administrativo como para dar risa. Sólo aquellos emborrachados con el modelo de equilibrio estático perfectamente competitivo pueden haberse tragado semejante tontería. Yo mismo fui uno de los que se la tragó en mis años de estudiante en los 50 y ahora no hago sino maravillarme ante mi propia falta de agudeza.” (Blaug y Marchi, 1991, p. 508)

Demás está decir que Ferreira y los economistas de la corriente principal, podrán rechazar esta metodología, pero lo que no queda claro, al menos para quien escribe es por qué lo rechazan, y mejor aun, por qué tal proceso no sería científico.

Quizás deban comprender la praxeología como un único gran modelo que integra todo el análisis económico. Quizás los elementos de punto de partida, el axioma central y sus teoremas deducidos, no deban ser tomados por ellos como indiscutibles, sino como simples supuestos. Pero de cualquier forma, el modelo tiene sus ventajas respecto de las metodologías alternativas, tomando como principal ejemplo, el poder integrar los campos de estudio en un solo modelo. De ahí la «superioridad» del enfoque que muchos observamos en este paradigma respeto de sus alternativas.

Para cerrar, hay que señalar que el enfoque austriaco está abierto a debate. Los teoremas mencionados son sólo un punto de partida, que deberá ser corregido y ampliado por nuevos economistas en el futuro. Afirma el propio Zanotti:

“El desarrollo de estos teoremas puede ser continuado y perfeccionado ad infinitum. Los ideales de ‘ciencia terminada’ ya hace mucho tiempo que concluyeron. La epistemología ha dado un verdadero progreso con el tema de los límites del conocimiento humano, en las ciencias naturales, ciencias sociales y formales. […] Trabajos como estos no sólo no cierran los temas sino que los abren a mayores desarrollos. Pero esa apertura tiene que ver con un orden epistemológico  de los contenidos. Tal ha sido nuestro principal intento.” (Zanotti, 2009, pp. 90-91)

La Economía de la Escuela Austriaca no es pseudociencia – Parte I

José Luis Ferreira ha escrito un libro en el que relaciona la economía y la pseudociencia. En los últimos días, tomó un extracto del libro y lo subió a un blog incluyendo una breve referencia crítica a la Escuela Austriaca de Economía que copio a continuación.

“Con la escuela austriaca se encienden muchas señales de alarma que nos previenen contra la pseudociencia: ¿dónde están los avances de esta escuela? ¿Cuándo han corregido un error? ¿Cuándo han descartado una hipótesis por encontrar otra mejor? ¿Dónde publican? ¿A quién convencen? ¿Qué datos necesitan para invalidar alguna de sus hipótesis? … En realidad no es de extrañar que esta escuela no presente avances puesto que, como decía Friedrich Hayek, su postura no es consecuencialista. Para ellos la aceptación de la libertad de mercado es un fin en sí mismo como parte de la libertad humana.”

La crítica ha generado una fuerte reacción en los círculos austriacos, y es quizás por eso que me animo a escribir esta nota, básicamente para calmar las aguas y pedir comprensión de un lado y del otro del debate.

A los austriacos les digo que Ferreira no es un improvisado. Es profesor de la Universidad Carlos III de Madrid y se define a sí mismo como un economista de amplia formación, experto en Teoría de Juegos, Microeconomía, Economía Experimental y Metodología, temas sobre los que dirige proyectos de investigación y publica regularmente artículos en las revistas académicas internacionales.

Les diré además que esta crítica no es nueva, sino que representa precisamente el modo en que la corriente principal, el mainstream, ve a la tradición austriaca.

Incluso diré que parte de la tradición austriaca –y no daré nombres- cae en los vicios que Ferreira señala. Sí, lo confirmo, dentro de la Escuela Austriaca hay autores que contaminan sus investigaciones con sesgos ideológicos.

Pero también le diré a Ferreira que esos sesgos no son sólo un problema en la tradición austriaca. Rallo lo dice claramente en su réplica. No puede desestimarse a toda la tradición por la mala praxis de unos pocos. De otro modo, ¡qué quedaría de la profesión!

Intentaré entonces convencer a Ferreira que hay una Escuela Austriaca a la que vale la pena dedicarle tiempo, y que va mucho más allá de Mises y Hayek.

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El Amanecer, una novela de Ricardo M. Rojas

PORT. EL AMANECER 31-10-13_PORT. EL AMANECER 31-10-13Hace algunos años tuve la oportunidad de entrevistar al autor de El Amanecer, y al consultar por ella, recibí una respuesta que la define:

Es una versión argentina de ‘La Rebelión de Atlas’, adaptada a los problemas básicos por los que pasó el país en la década en la cual trabajé en ese libro, y sobre todo, incluyendo algunos problemas que se vinculan con el derecho y la política.[1]

Me parece apropiado entonces iniciar esta introducción con un breve comentario acerca de esta “novela madre”, escrita por la filósofa y escritora Ayn Rand, en 1957.[2]

“La Rebelión de Atlas” cuenta con unas 645.000 palabras y alrededor de 1300 páginas, pero a pesar de su extensión, ha impactado a millones de lectores de distintos países y generaciones, aspecto que seguramente continuará en el tiempo, si uno considera las recientes traducciones a nuevos idiomas, o bien, la adaptación que se hizo de la novela a una película de Hollywood.[3]

El propio Ricardo M. Rojas resumía el contenido de esta novela en la misma entrevista:

La Rebelión de Atlas tiene importantes enseñanzas económicas: muestra cómo el proceso de producción de riqueza tiene una única fuente: la mente humana aplicada a una tarea productiva. Que cuando los productores dejan de producir el mundo se paraliza, que la productividad y la generación de riqueza encierran en sí mismas un alto valor moral, y que en las sociedades libres, precisamente la moneda representa ese valor.

Por eso es que se ha dicho que este libro plantea qué ocurre cuando las personas realizan la única huelga que jamás se ha hecho explícita en el mundo: la huelga de cerebros. Qué pasa cuando los productivos se niegan a continuar produciendo. Y las derivaciones para el estudio de la economía que surgen de esta idea son impresionantes. [4]

Desde hace décadas, las dictaduras y democracias ilimitadas se sucedieron en la Argentina -y también en otros países de América Latina- cercenando total o parcialmente la libertad individual, la propiedad privada y la economía de mercado, y dejando al país en una ruina constante.[5] Ricardo M. Rojas recibió muy temprano el impacto y la influencia de aquella novela y pensó en lo importante que sería adaptar la fuerza de esas ideas a las circunstancias de la región.

Esta novela hace precisamente esto, iniciando con la elección democrática de un nuevo Presidente, Antín, que se acomoda como “político perfecto”, de buenas intenciones, “capaz de hablar a los socialistas sobre las ventajas de su plan de bienestar social, a los demócratas sobre las bondades del gobierno de la mayoría, y sobre deberes morales a los conservadores”, pero especialmente liberando al pueblo “de la pesada carga de tomar decisiones”.

Entre sus personajes aparece también Simón Varela, “el anciano Vicepresidente […] quien sabía que no tendría participación alguna en las decisiones, pero quería contemplar los acontecimientos de cerca y figurar en los libros de historia.”

Leonardo Lagos, Presidente del Partido Capitalista, viene a ser un enemigo acérrimo del gobierno electo. Excesivamente frío, exigirá explicaciones racionales a sus adversarios políticos y periodistas, mientras insiste una y otra vez que “la única función del gobierno es proteger los derechos”.[6]

Joaquín Irusta refleja al empresario creativo, innovador, generador de riqueza que en definitiva mantiene la estructura social de aquella mítica Argentina. Por supuesto no es el único, pero en la novela es quien debe enfrentar a los sindicatos y ceder espacios de decisión que poco a poco lo van conduciendo a la ruina, mientras enfatiza que la riqueza no es un stock que hay que repartir, sino un flujo que hay que crear.

José Montiel tuvo un paso muy breve por la justicia penal, cuando advirtió que la Ley no podía ser cuestionada, sino sólo obedecida,  y cuando observó que el Derecho y la Legislación no siempre van por el mismo camino. Para no cometer injusticias, entendió rápidamente que debía dar un paso al costado. En su lugar, ocupó una banca en la Cámara de Diputados, como representante del Partido Capitalista, incomodando “a quienes se suponían sus pares, pues violaba el código secreto de aceptaciones y silencios que gobernaba al Congreso”. Sus preguntas eran siempre incómodas: “¿Qué es? ¿Cómo puedo saberlo? ¿Qué debería hacer en consecuencia?, y en relación con los demás: ¿Ha sido un trato voluntario? ¿Quién paga por ello?”

Diana Morris ataca al gobierno desde los medios con mucha impiedad. Entendía con claridad que los medios eran un campo de batalla para las ideas y los principios. Había tenido que dejar el país cuando una bomba destrozó su departamento, aunque decidió regresar apenas hubo cambio de gobierno. Enemiga del oficialismo, fue perseguida e investigada, pero fue protegida al comienzo por cierta Libertad de Expresión, en la que el nuevo Presidente Antín decía creer.

Podrá pensar el lector que la novela trata de un grupo de valientes representando a una minoría cuyos derechos son avasallados. Pero no. Es mucho más que eso.

Mario Vargas Llosa reflexiona acerca de la literatura, y afirma que ésta “no documenta la realidad, la transforma y adultera para completarla, añadiéndole aquello que, en la vida vivida, sólo se experimenta gracias al sueño, los deseos y a la fantasía”.[7]

La historia sufre entonces un quiebre, entre la realidad y la fantasía, cuando Juan Adams, vecino, amigo y socio de Lagos, descubre una isla que lo cambiará todo. “En ese archipiélago se formará la primera sociedad auténticamente libre de la tierra, perfecta, tal y como la soñamos en nuestra adolescencia […] El archipiélago es el último refugio para gente como nosotros, una sociedad en la que cada individuo vale por lo que es; donde no existe la caridad, pero tampoco el sacrificio; donde nadie regala nada, pero tampoco lo quita; donde la mutua conveniencia es el móvil de las relaciones humanas.”

Los hechos se suceden mientras el gobierno argentino, en un marco de democracia ilimitada y con su pueblo como cómplice, va destruyendo gradualmente sus instituciones, los incentivos al trabajo y al esfuerzo, sus empresas, su riqueza y poco a poco se sumerge en la miseria. En paralelo, en el archipiélago, se va formando una sociedad de hombres libres, que admiten la responsabilidad que implica esa amada libertad, que creen en la cooperación social “voluntaria”, en el marco de ciertas normas de aplicación general, donde predomina la igualdad ante la ley, y donde cada individuo trabajará y se esforzará por crear su propio futuro y así forjar su destino.

La historia no puede estar exenta del amor, la que reunirá a Leonardo Lagos con Marlene Meyer como una pareja ideal. También contiene diálogos y razonamientos que sumergirán al lector en la más profunda filosofía. Pero no en cualquier filosofía. El autor traslada a esta novela la “filosofía objetivista” que toma de Ayn Rand en sus diversas novelas.

Imagino que el autor estará de acuerdo conmigo si afirmo que las palabras de Eduardo Galeano en su famosa novela Las venas abiertas de América Latina, son aplicables a esta novela:

Escribí [El Amanecer] para difundir ideas ajenas y experiencias propias que ayuden un poquito, en su realista medida, a despejar los interrogantes que nos persiguen desde siempre: ¿Es América Latina una región del mundo condenada a la humillación y a la pobreza?[8]

Está claro que las ideas detrás de El Amanecer están en las antípodas de aquellas Venas, pero pienso que no me equivoco si sostengo que, en cierto sentido, esta novela puede ser una respuesta a las ideas expresadas en aquella obra literaria.

El Amanecer es entonces el producto de un profundo estudio filosófico, jurídico, económico y político, que desarrolló el autor durante décadas, aplicado a Latinoamérica, pero en particular a Argentina[9] y Cuba.[10]

Se podrá decir que aquel populismo retratado en la obra corresponde a tiempos pasados, como la década perdida de los años 1980 en América Latina. Pero no. El populismo continúa presente, y adquiere nuevas formas, en particular en Argentina (primero con Carlos S. Menem y de allí hasta Néstor y Cristina Kirchner); luego en Venezuela, quizás con mayor profundidad (desde Hugo Chávez hasta Nicolás Maduro); y luego en Bolivia (con Evo Morales Ayma), Ecuador (con Rafael Vicente Correa) y en Nicaragua (con Daniel Ortega Saavedra). Pero no son sólo estos cinco países, sino que el populismo está presente en mayor o menor medida en toda la región, y amenaza con extenderse en cada elección por la carencia de límites republicanos y constitucionales.

Si el lector quiere comprender las cuatro fases de este populismo, El Amanecer lo retratará a la perfección: una primera fase de éxito de muy corto plazo, donde a pesar del despilfarro, la economía tiende a crecer y se genera empleo; una segunda fase de desbalances, donde aparece el déficit fiscal, y con él, una mayor presión tributaria, el endeudamiento o la inflación. Una tercera fase en que se profundizan los desbalances, se agotan los recursos tradicionales, y se avanza hacia las nacionalizaciones y las expropiaciones. Y una cuarta fase de ajuste, donde el populismo se manifiesta en toda su expresión con una crisis política, económica y social, donde las fuentes de financiamiento se han agotado y procede la devaluación de la moneda local, con su consecuente impacto inflacionario, default, insuficiente inversión, destrucción masiva de empresas y desempleo extendido.

A los amantes de las ideas de Ludwig von Mises, encontrarán aquí una defensa de la economía de mercado.[11] A los seguidores del pensamiento de Friedrich Hayek, observarán en esta obra una correcta distinción entre Derecho y Legislación.[12] A los seguidores de Israel M. Kirzner[13] y Joseph Schumpeter[14], verán aquí un ensalzamiento a la empresarialidad, con su creatividad y capacidad de innovación. A los enamorados de la literatura de Ayn Rand y su filosofía objetivista, encontrarán aquí un apasionante reflejo de la posición libertaria y una búsqueda constante por eliminar la coacción y defender la libertad.[15]

¿Qué es el capitalismo? ¿Qué significa ser libre? ¿Son “relativos” nuestros derechos? ¿Debemos dejar de ser egoístas? ¿Es posible un mundo libre de coacción? ¿Es posible alcanzar una sociedad anarco-capitalista o libertaria, donde predomine el autogobierno? ¿Son posibles las “free cities”? ¿Qué rol juega el dinero en la sociedad? Estas son algunas preguntas que la novela trata y sobre las que sus personajes, retratados arriba, reflexionan.[16]

Si queremos un mundo realmente libre, debemos luchar por esa libertad, antes de que nos sea arrebatada. Este libro ofrece herramientas que permiten desarrollar argumentos contra la mentalidad anti-capitalista latinoamericana. [17]

Es mi esperanza que esta novela, combinando la realidad con la ficción, permita abrir la mente de sus lectores, generar un sentido crítico, y conducirlos hacia una literatura más amplia que permita comprender la importancia de los principios básicos de una sociedad libre.


[1] Véase Adrián Ravier (2011), La Escuela Austriaca desde Adentro. Historias e ideas de sus pensadores, Volumen I, Biblioteca Austriaca, Unión Editorial, Madrid, pp. 345-362.

[2] La producción literaria de Ayn Rand incluyó guiones, cuentos, narraciones, novelas y una obra de teatro. Además de La Rebelión de Atlas, Ayn Rand publicó otras tres novelas: El Manantial, Los que vivimos e Himno. Para estudiar el pensamiento de Ayn Rand véase el libro de Ricardo M. Rojas titulado Realidad, Razón y Egoísmo, Biblioteca Austriaca, Unión Editorial, 2012.

[3] Una prueba adicional del impacto que ha generado este libro nos conduce a 1991, cuando la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos en conjunto con el Club del Libro del Mes, realizaron una encuesta entre sus miembros preguntándoles qué libro había marcado una diferencia en sus vidas. La Biblia fue el primero de la lista, y “Atlas Shrugged” (“La rebelión de Atlas”) el segundo.

[4] Véase Adrián Ravier, Op. Cit.

[5] Véase James M. Buchanan, “Democracia limitada o ilimitada”, Estudios Públicos No. 6, Chile, 1982. Véase también la entrevista que compartieron el mismo Buchanan y Friedrich A. von Hayek como capítulo 1 del libro de Adrián Ravier (ed.), La Escuela Austriaca desde Adentro, volumen 3, Unión Editorial, Madrid, 2013.

[6] Véase Ricardo M. Rojas, “Bastiat y los derechos naturales”,  en Frederic Bastiat. Paladín de la Libertad Económica, CEDICE,  Caracas, Venezuela, 2002. Véanse también los capítulos IV “El Estado” y V “La Ley” en el libro de Frederic Bastiat, Obras Escogidas, Unión Editorial, Madrid, 2009.

[7] Mario Vargas Llosa (2013), “Alumbramiento en agosto”, Opinión, El País, 23 de enero de 2013.

[8] Véase Eduardo Galeano, Las venas abiertas de Améria Latina, Siglo veintiuno editores, Buenos Aires, 2010 [1970], p. 340. La cita corresponde a una sección que el autor agregó a la reedición de 1977 titulada “7 años después”.

[9] Véase Ricardo M. Rojas, “La Definición del Orden jurídico argentino a partir de la Constitución de 1853″, Libertas n° 15, octubre de 1991. Véase también las “Propuestas para una más eficiente administración de la justicia penal”, en Soluciones de Políticas Públicas para un País en Crisis, Fundación Atlas, Buenos Aires, 2003.

[10] Véase Ricardo M. Rojas, Los Derechos Fundamentales y el orden jurídico e institucional de Cuba CADAL- Fundación Friedrich A. von Hayek, Buenos Aires, 2005. Este libro ganó el Sir Anthony Fisher Internacional Memorial Award, otorgado por Atlas Economic Research Foundation, Virginia, 2006.

[11] Véase Ludwig von Mises, Human Action. A Treatise on Economics, tercera edición revisada, Henry Regnery Company, Chicago 1966. Traducción al castellano de Joaquín Reig Albiol con el título de La Acción Humana. Tratado de Economía, séptima edición, Unión Editorial, Madrid 2004.

[12] Véase Friedrich A. von Hayek, Law, Legislation and Liberty, vol. I, «Rules and Order»; vol. II, «The Mirage of Social Justice»; vol. III, «The Political Order of a Free People», The University of Chicago Press, Chicago 1973, 1976 y 1979. Existe una traducción al castellano de Luis Reig Albiol, publicada con el título de Derecho, Legislación, y Libertad, también en 3 volúmenes y en 2 ediciones (la primera de 1976 y la segunda de 1985), por Unión Editorial, Madrid. Véase también  Ricardo M. Rojas, “El derecho desde la perspectiva de la Escuela Austríaca de Economía. La visión de Friedrich A. von Hayek”, en Análisis Económico del Derecho. Aplicación a fallos judiciales, Buenos Aires; La Ley, 2006.

[13] Véase Israel M. Kirzner, Competition and Entrepreneurship, The University of Chicago Press, Chicago 1973. Existe una traducción al castellano publicada con el título de Competencia y Empresarialidad, Unión Editorial, 2.ª edición, Madrid 1998.

[14] Véase Joseph A. Schumpeter, Teoría del desenvolvimiento económico, Fondo de Cultura Económica, Sección de Obras de Economía, México, 1997 [1912]. Véase también del mismo autor Capitalismo, Socialismo y Democracia, Sopena SA, Barcelona, España, 1984, [1942].

[15] Grito Sagrado ha publicado diez libros de Ayn Rand que sugiero leer al lector interesado en la filosofía objetivista. A las cuatro novelas citadas más arriba se suman: 1. El manifiesto romántico, 2. Filosofía ¿quién la necesita?, 3. Introducción a la epistemología objetivista, 4. El nuevo intelectual, 5. Capitalismo. El ideal desconocido, 6. La virtud del egoísmo. Más información en http://www.gritosagrado.com.ar

[16] Véase Ricardo M. Rojas, “El orden jurídico espontáneo” en Libertas n° 13, octubre de 1990; y del mismo autor Las contradicciones del Derecho Penal, Editorial Ad-Hoc, Buenos Aires, 2000. Véase Murray N. Rothbard, For a New Liberty, Macmillan Publishing, Nueva York 1973. Véase también el libro de Alberto Benegas Lynch (h), Hacia el autogobierno: una crítica al poder político, Buenos Aires: Editorial Emecé, 1993. Véase por último Peter Leeson, “Anarchy Unbound: How Much Order Can Spontaneous Order Create?” En Peter Boettke, ed: Handbook of Austrian Economics. Cheltenham, UK: Edward Elgar.

[17] Véase Ludwig von Mises, La Mentalidad Anticapitalista, Biblioteca Austriaca, Unión Editorial, Madrid, 2011.

Revalorización de la Escolástica en la formación del pensamiento económico

Fabian_Estapé.jpegEn varias oportunidades hemos llamado la atención de nuestros lectores, solicitando se preste mayor atención al pensamiento de los escolásticos como raíz del moderno pensamiento económico (véase por ejemplo, aquí y aquí). En este post comparto un hallazgo de la web con una breves referencias del Académico de Número, Excmo. Sr. D. Fabián Estapé Rodríguez (1923-2012), quien en la sesión del día 10 de octubre de 1995, ofreció ante el Presidente de la Academia Española, algunas palabras acerca de la revalorización de la Escolástica en la formación del pensamiento económico. En la nota referencia los conocidos trabajos de Schumpeter (1954), Raymond de Roover (1958) y Grice-Hutchinson (1978), esta última alumna de Friedrich Hayek. Más tarde llegarán otros aportes de Alex Chafuén, Murray Rothbard y Jesús Huerta de Soto que profundizan esta revalorización.

Estas notas que pretenden despertar el interés hacia el momento culminante de la aportación del pensamiento económico español a la formación del análisis económico, no pueden ir mucho más lejos de esta visión panorámica, que se enriquece -en mi opinión- con el reconocimiento manifiesto, sobre todo en Estados Unidos y en Gran Bretaña, de la existencia de una verdadera Escuela, la Escuela de Salamanca, que con gran intuición supo adivinar nuestro malogrado compañero José Larraz. Ahora, en un descargo de conciencia, debemos solicitar la benevolencia de filósofos y pensadores, en general, porque, como señalara José Ferrater Mora, los economistas hemos incurrido en el «vicio» de hacer sinónimo el pensamiento escolástico y la Filosofía medieval. Son, como sabemos hoy todos, cosas distintas y a veces contrapuestas. Constituye una destacada satisfacción registrar la incesante labor de la distinguida discípula de Friedrich van Hayek, en la London School of Economics, las tantas veces citada Marjorie GriceHutchinson, merecida Doctora Honoris Causa -aunque el título se halla un tanto devaluado. Lo mismo cabe decir, y siempre desde la trinchera de la gratitud, de Raymond de Roover y Jean y Pierre Vilar. Mi conocida formación -que no es un secreto para ninguno de ustedes- me obliga a cerrar esta intervención con la referencia inexcusable a la Historia del Análisis Económico de Joseph Alois Schumpeter.

Acceda aquí al documento completo.

Reflexión de domingo: «Elogio de Nelson Mandela»

MandelaSoy de aquellos que piensan que los héroes y villanos de nuestro tiempo tienen mucho de mito. Si Galileo Galilei no hubiera creado el termómetro, otros hubieran tomado su lugar. Si Hitler no hubiera comenzado un movimiento totalitario, algún otro individuo del sufrido pueblo alemán hubiera tomado su lugar. Si Keynes no hubiera planteado la teoría general del intervencionismo, algún otro autor, un Pigou o un Samuelson, habría tomado su lugar.

Pero luego aparecen las excepciones. Y quizás Nelson Mandela lo sea. El País publica una nota de Mario Vargas Llosa, el Premio Nobel en Literatura y uno de los grandes escritores de nuestro tiempo, acerca de la vida de Nelson Mandela.

Afirma Vargas Llosa, que Mandela logró alcanzar un sueño imposible:

una transición pacífica del apartheid a la libertad, y que el grueso de la comunidad blanca permaneciera en un país junto a los millones de negros y mulatos sudafricanos que, persuadidos por su ejemplo y sus razones, habían olvidado los agravios y crímenes del pasado y perdonado.

Habría que ir a la Biblia, a aquellas historias ejemplares del catecismo que nos contaban de niños, para tratar de entender el poder de convicción, la paciencia, la voluntad de acero y el heroísmo de que debió hacer gala Nelson Mandela todos aquellos años para ir convenciendo, primero a sus propios compañeros de Robben Island, luego a sus correligionarios del Congreso Nacional Africano y, por último, a los propios gobernantes y a la minoría blanca, de que no era imposible que la razón reemplazara al miedo y al prejuicio, que una transición sin violencia era algo realizable y que ella sentaría las bases de una convivencia humana que reemplazaría al sistema cruel y discriminatorio que por siglos había padecido Sudáfrica. Yo creo que Nelson Mandela es todavía más digno de reconocimiento por este trabajo lentísimo, hercúleo, interminable, que fue contagiando poco a poco sus ideas y convicciones al conjunto de sus compatriotas, que por los extraordinarios servicios que prestaría después, desde el Gobierno, a sus conciudadanos y a la cultura democrática.

Preguntas que me surgen: ¿Cuántas muertes evitó Mandela? ¿Pudo haber otro Mandela? ¿Cuán responsable es del cambio revolucionario que vemos en Sufáfrica? Meditar acerca de su legado, nos puede dejar muchas lecciones.

Los invitamos a leer aquí la columna de Mario Vargas Llosa completa.

Otra vez, el Papa Francisco

Ya hemos compartido en este blog las reflexiones de Gabriel Zanotti y Nicolás Cachanoksy acerca de las palabras del Papa Francisco contra la economía de mercado. En esta oportunidad, compartimos una reflexión de Alberto Benegas Lynch (h), y una entrevista que ofreció en CNN sobre este tema.

Otra vez, el Papa Francisco

Esta es la quinta vez que me pronuncio sobre las ideas económico-sociales del actual Pontífice de la Iglesia católica: la primera vez, en diciembre de 2011 (“Mensaje del Arzobispo de Buenos Aires” en Diario de América de New York), la segunda en marzo de 2013 en un reportaje que me hicieron en CNN, la tercera en octubre de 2013 (“La malvinización del Papa” en La Nación de Buenos Aires), la cuarta en noviembre de 2013 (“Teología de la Liberación” en El Diario de Caracas) y ahora lo hago nuevamente a raíz de la Exhortación Apostólica “Evangelli Gaudium” recién promulgada.

En este último caso, el Papa Francisco lamentablemente vuelva a insistir con sus ideas estatistas y contrarias a la sociedad abierta reflejada en los mercados libres. Sin duda esto tiene una clara dimensión moral puesto que la tradición del liberalismo clásico y sus continuadores modernos se basan en el respeto recíproco y la asignación de los derechos de propiedad como sustento moral de sus propuestas filosóficas, jurídicas y económicas. De allí es que el primer libro de Adam Smith, ya en 1759, se tituló The Theory of Moral Sentiments, preocupación mantenida por los más destacados exponentes de esa noble tradición.

No quiero repetir aquí argumentos que ya consigné en mis antes referidos trabajos, solo me circunscribo a los aspectos más sobresalientes del nuevo documento del actual Papa en materia económico-social.

El aspecto medular del documento (que comentaremos brevemente puesto que el espacio no nos permite abarcar todos los aspectos) se encuentra en el segundo capitulo. Para darnos una idea del espíritu que prima, se hace necesario comenzar con una cita algo extensa para que el lector compruebe lo dicho en palabras del texto oficial.

“Así como el mandamiento de ‘no matar’ pone un límite claro para asegurar el valor de la vida humana, hoy tenemos que decir ‘no a una economía de la exclusión y la inequidad’. Esa economía mata. […] Hoy todo entra dentro del juego de la competitividad y de la ley del más fuerte, donde el poderoso se come al más débil. Como consecuencia de esta situación, grandes masas de la población se ven excluidas y marginadas: sin trabajo, sin horizontes, sin salida.

En este contexto, algunos todavía defienden las teorías del ‘derrame’, que suponen que todo crecimiento económico, favorecido por la libertad de mercado, logra provocar por sí mismo mayor equidad e inclusión social en el mundo. Esta opinión, que jamás ha sido confirmada por los hechos, expresa una confianza burda e ingenua en la bondad de quienes detentan el poder económico y en los mecanismos sacralizados del sistema económico imperante. Mientras tanto, los excluidos siguen esperando. Para poder sostener un estilo de vida que excluye a otros, o para poder entusiasmarse con ese ideal egoísta, se ha desarrollado una globalización de la indiferencia. Casi sin advertirlo, nos volvemos incapaces de compadecernos ante los clamores de los otros, ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe. La cultura del bienestar nos anestesia y perdemos la calma si el mercado ofrece algo que todavía no hemos comprado, mientras todas esas vidas truncadas por falta de posibilidades nos parecen un mero espectáculo que de ninguna manera nos altera”.

En verdad, las reflexiones del Papa resultan sorprendentes debido a las inexactitudes que contienen. En primer lugar y antes que nada, debe precisarse que el mundo está muy lejos de vivir sistemas de competencia y mercados abiertos sino que en menor o mayor medida ha adoptado las recetas del estatismo más extremo en cuyo contexto el Leviatán es cada vez más adiposo y cada vez atropella con mayor vehemencia los derechos de las personas a través de múltiples regulaciones absurdas, gastos y deudas públicas colosales, impuestos insoportables e interferencias gubernamentales cada vez más agresivas, todo lo cual no es siquiera mencionado por el Papa en su nuevo documento.

Sin embargo, la emprende contra la competencia y los mercados libres que dice “matan” como consecuencia de la supervivencia de los más aptos, sin percatarse que los que mayores riquezas acumulan hoy, en gran medida no son los empresarios más eficientes para atender las demandas de su prójimo sino, en general, son los profesionales del lobby que, aliados al poder político, explotan miserablemente a los más necesitados. También omite decir que la desocupación es una consecuencia inevitable de legislaciones que demagógicamente pretenden salarios superiores a los que las tasas de capitalización permiten como si se pudiera hacer ricos por decreto. Tasas que desafortunadamente son combatidas por las políticas gubernamentales que prevalecen. Dichas tasas constituyen la única causa de la elevación en el nivel de vida de la gente. Si no somos racistas y nos damos cuenta que las causas no residen en el clima imperante ni en los recursos naturales (recordemos que África es el continente que exhibe la mayor dosis y que Japón es un cascote donde solo el veinte por ciento es habitable), podremos concluir que dichas tasas permiten incrementar salarios e ingresos en términos reales.

Si un pintor de brocha gorda de Angola se muda a Canadá percibirá un aumento en sus ingresos cuatro veces superior al que venía obteniendo. No es que el canadiense sea más generoso que el angolés, es que está obligado a abonar esos salarios debido a las tasas de inversión en su país. Es por ello que en lugares donde las aludidas tasas son elevadas, en general no existe tal cosa como “servicio doméstico”. No es que el ama de casa estadounidense no le gustaría contar con ese servicio, es que, salvo contadas excepciones, no lo pueden afrontar.

Llama la atención que el Papa se refiera a la compasión del modo en que lo hace, puesto que, precisamente, aquella contradicción en términos denominada “Estado Benefactor” es lo que no solo ha arruinado especialmente a los más necesitados y provocado la consecuente y creciente exclusión, sino que se ha degradado la noción de caridad que, como es sabido, remite a la entrega voluntaria de recursos propios y no el recurrir a la tercera persona del plural para echar mano compulsivamente al fruto del trabajo ajeno.

En resumen, los valores y principios de una sociedad abierta no matan, lo que aniquila es el estatismo vigente desde hace ya mucho tiempo. Es importante citar el Mandamiento de “no matar”, pero debe también recordarse los que se refieren a “no robar” y “no codiciar los bienes ajenos”. En este sentido, estimo de una peligrosidad inusual el consejo papal basado en una cita de San Juan Crisóstomo cuando escribe el Papa: “animo a los expertos financieros y a los gobernantes de los países a considerar las palabras de un sabio de la antigüedad: ‘No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos’”.

¿Ese es el consejo agresivo al derecho de propiedad que el actual Pontífice les tramite a los líderes políticos del momento? ¿No es suficiente el descalabro que vive el mundo por desconocer los valores de la libertad? ¿Está invitando a que se usurpen las riquezas del Vaticano o solo se refiere a las de quienes están fuera de sus muros y la han adquirido lícitamente?

A continuación el Papa escribe que “Hoy en muchas partes se reclama mayor seguridad. Pero hasta que no se reviertan la exclusión y la inequidad dentro de una sociedad y entre los distintos pueblos será imposible erradicar la violencia. Se acusa de la violencia a los pobres y a los pueblos pobres pero, sin igualdad de oportunidades, las diversas formas de agresión y de guerra encontrarán un caldo de cultivo que tarde o temprano provocará su explosión.  […] Esto no sucede solamente porque la inequidad provoca la reacción violenta de los excluidos del sistema, sino porque el sistema social y económico es injusto en su raíz”.

Debe precisarse, por un lado, que en una sociedad libre la desigualdad de rentas y patrimonios es inexorable consecuencia de las compras y abstenciones de comprar que lleva a cabo la gente en los supermercados y equivalentes en la medida que considere lo satisface o no el empresario en cuestión. El comerciante que acierta obtiene beneficios y el que yerra incurre en quebrantos. Por otra parte, las desigualdades fruto del privilegio significan un asalto al fruto del trabajo ajeno por parte de ladrones de guante blanco a través de bailouts y otros fraudes con el apoyo de instituciones nefastas como el FMI, del mismo modo que ocurre con los gobernantes que roban al contribuyente para abrir cuentas numeradas en países más civilizados al efecto de poder salvar su patrimonio mal habido que surge de las políticas irresponsables que ellos mismos ejecutan.

Pero lo que resulta más preocupante es que, puesto todo en contexto, el Papa parece estar insinuando una justificación a la violencia como reacción a lo que estima es el sistema competitivo, de mercados abiertos y del respeto a los derechos de propiedad.

También es pertinente apuntar que la llamada “igualdad de oportunidades” es incompatible con la igualdad ante la ley. Si un jugador de tennis mediocre jugara con un profesional y se pretende otorgarle al primero igualdad de oportunidades, habrá que, por ejemplo, maniatar al segundo con lo que se lesionaría su derecho. La cuestión es que todos mejoren sus oportunidades pero no igualarlas desde que cada uno es diferente, único e irrepetible. La igualdad es ante la ley, no mediante ella.

En definitiva, la sana preocupación por la pobreza no se resuelve intensificando las recetas estatistas y socializantes sino en aconsejar el establecimiento de marcos institucionales por el que se respeten los derechos de todos. Si se hiciera la alabanza de la pobreza material y no la evangélica referida al espíritu, la beneficencia quedaría excluida puesto que con ello se mejora la condición del receptor. Y si se dice que la Iglesia es de los pobres, debería dedicarse a los ricos puesto que los pobres estarían salvados. Además, todos somos ricos o pobres según con quien nos comparemos. Desde luego que repugna y alarma sobremanera el observar la miseria en la que muchos viven, pero es urgente comprender que esa situación es consecuencia de los permanentes ataques al progreso que infringen los gobiernos que, en lugar de limitarse a garantizar derechos destruyen las posibilidades de elevar la condición de tanta gente herida en su dignidad a través de inflaciones monetarias, presiones fiscales inauditas y tremendos bloqueos a los arreglos contractuales pacíficos que no lesionan derechos de terceros. En la medida en que esas políticas empobrecedoras no han tenido lugar, en esa media es que se ha permitido mejorar la situación de miseria en cuanto a la producción de alimentos, de medicamentos, de educación, de vivienda y tantas otras manifestaciones de progreso que sacaron a nuestros ancestros de la condición original de las cavernas y la miseria que no se logra por arte de magia sino con trabajo, ahorro y perseverancia en el sistema de la libertad que incentiva la creatividad y el respeto al prójimo.

En esta línea argumental, es de gran importancia tener presente consideraciones bíblicas sobre pobreza y riqueza material para constatar el significado de estos términos en el contexto de los valores morales que deben primar sobre toda otra consideración, en concordancia con los dos Mandamientos antes mencionados que hacen referencia a la trascendencia de la propiedad privada, lo cual es del todo armónico con los postulados de una sociedad abierta. Así, en Deuteronomio (viii-18) “acuérdate que Yahveh tu Dios, es quien te da fuerza para que te proveas de riqueza”. En 1 Timoteo (v-8) “si alguno no provee para los que son suyos, y especialmente para los que son miembros de su casa, ha repudiado la fe y es peor que una persona sin fe”. En Mateo (v-3) “bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el reino de los cielos” fustigando al que anteponga lo material al amor a Dios (amor a la Perfección), en otras palabras al que “no es rico a los ojos de Dios” (Lucas xii-21), lo cual aclara la Enciclopedia de la Biblia (con la dirección técnica de R. P. Sebastián Bartina y R. P. Alejandro Díaz Macho bajo la supervisión del Arzobispo de Barcelona): “fuerzan a interpretar las bienaventuranzas de los pobres de espíritu, en sentido moral de renuncia y desprendimiento”  y que “ la clara fórmula de Mateo —bienaventurados los pobres de espíritu— da a entender que ricos o pobres, lo que han de hacer es despojarse interiormente de toda riqueza” (tomo vi, págs. 240/241). En Proverbios (11-18) “quien confía en su riqueza, ese caerá”. En Salmos (62-11) “a las riquezas, cuando aumenten, no apeguéis el corazón”. Este es también el sentido de la parábola del joven rico (Marcos x, 24-25) ya que “nadie puede servir a dos señores” (Mateo vi-24).

Se que el Papa está imbuido de las mejores intenciones, pero las intenciones y la bondad de la persona —como es el caso— no son relevantes, lo importante son las políticas que se llevan a cabo. En este cuadro de situación, por último, es de interés tener presente lo estipulado por la Comisión Teológica Internacional de la Santa Sede que consignó el 30 de junio de 1977 en su Declaración sobre la promoción humana y la salvación cristiana que “De por sí, la teología es incapaz de deducir de sus principios específicos normas concretas de acción política; del mismo modo, el teólogo no está habilitado para resolver con sus propias luces los debates fundamentales en materia social […] Las teorías sociológicas se reducen de hecho a simples conjeturas y no es raro que contengan elementos ideológicos, explícitos o implícitos, fundados sobre presupuestos filosóficos discutibles o sobre una errónea concepción antropológica. Tal es el caso, por ejemplo, de una notable parte de los análisis inspirados por el marxismo y leninismo […] Si se recurre a análisis de este género, ellos no adquieren suplemento alguno de certeza por el hecho de que una teología los inserte en la trama de sus enunciados”.

Los fanáticos que siempre dicen amén a todo son cómplices del problema, puesto que como ha dicho el actual Papa refiriéndose a los cortesanos: «son la lepra de la Iglesia». Si fuera por ellos —salvando las distancias— todavía estaríamos con los Borgia.

Janet Yellen, el “sueño rosa” y una inminente pesadilla económica

SalernoReproducimos a continuación, un artículo de Joseph Salerno acerca de Janet Yellen, la próxima Presidente de la Reserva Federal de Estados Unidos. En línea con el análisis que presenté hace unos meses, Salerno afirma que Yellen niega las burbujas de activos que los analistas observan, y asume que sobrevendrán nuevas políticas de liquidez con nefastas consecuencias.

Janet Yellen, el “sueño rosa” y una inminente pesadilla económica

El lunes, el antiguo economista a cargo de la Fed, Andrew Huszar, pidió disculpas públicamente a los estadounidenses por su papel trascendental en la ejecución del programa de flexibilización cuantitativa (QE, por sus siglas en inglés), un programa que califica como “el mayor rescate por la puerta trasera de Wall Street de todos los tiempos” y “la mayor intervención en los mercados financieros por parte de cualquier gobierno en la historia mundial”. Aunque sea un reconocimiento muy importante por parte de alguien interno (Mr. Huszar es asimismo un antiguo banquero de Wall Street), quizá la declaración más reveladora de Mr. Huszar se refería a los resultados de “la incesante inyección de dinero [de la QE] en los mercados financieros durante los últimos cinco años”. Se refería a la espectacular subida en los mercados financieros y expresaba estar de acuerdo con la creciente creencia entre los observadores expertos de que las condiciones del mercado se habían convertido en “similares a una burbuja”.

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Dolarización/convertibilidad inmediata a 15 pesos por dólar

Somos muchos los que sugerimos que evitar una nueva crisis en Argentina implica cambiar el rumbo. Pero no he visto aún propuestas concretas acerca de que cambio concreto se requiere. Aquí va mi propuesta, la que esperó sea criticada por los lectores para iniciar un debate necesario.

http://opinion.infobae.com/adrian-ravier/2013/11/26/dolarizacionconvertibilidad-inmediata-a-15-pesos-por-dolar/

Cuando Brasil devaluó en 1999, recuerdo que los periodistas entrevistaron a Carlos Saúl Menem -el entonces presidente de la Argentina-, y le consultaron por el abandono de la convertibilidad y la magnitud de la devaluación que llevaría adelante el gobierno argentino. Menem respondió que no habría devaluación. Que el paso que venía era la dolarización. Siempre tuve la sensación de que ésa era la salida que el país necesitaba para evitar volver a las políticas inflacionistas de los años 1980. Pero Menem no avanzó en esta política, y por el contrario, continuó incrementando el gasto público (aumentó 100% en dólares en una década), con su consecuente déficit fiscal. La acumulación de deudas le permitió mantener su estructura de poder y colocó los vencimientos pocos días después de su salida del cargo, dejando el campo minado a su sucesor.

Fernando De la Rúa prometió mantener la convertibilidad, pero no supo, no pudo o no quiso hacer el necesario ajuste para equilibrar las cuentas. La pérdida de reservas fue aumentando día a día. Ricardo López Murphy llegó al Ministerio de Economía en marzo de 2001 con la renuncia en el bolsillo, si no lo dejaban avanzar en el ajuste que el país necesitaba, y pocos días después abandonó el cargo, ante las manifestaciones sociales contrarias a esas intenciones. De la Rúa no soportó la presión que el plan de ajuste necesitaba. El retorno de Domingo Cavallosólo empeoró las cosas. Explicó que el problema no era el déficit, sino la competitividad, y dio señales claras de un gradual abandono de la convertibilidad, lo que aceleró la fuga de capitales y dejó al Banco Central de la República Argentina sin reservas, obligando a los gobiernos siguientes a abandonar la convertibilidad y pesificar. La dolarización pudo ser la alternativa, pero debió aplicársela antes de quedarse sin reservas.

Ya escribí hace unos pocos días acerca de la coyuntura actual, con serios problemas en el frente fiscal, monetario y cambiario. Sintetizando algunas magnitudes clave, el presupuesto 2014 prevé un gasto público total cercano al billón (1.000.000.000.000) de pesos, cuya ejecución promete exceder aún ese valor. La presión tributaria récordde nuestra historia -y una de las más altas del mundo- no alcanza para financiar dicho gasto, diferencia que será financiada con mayor emisión de dinero y el restringido acceso a deuda pública, que se elevó de US$ 144.000 millones en 2001 a US$ 237.500 millones, una vez que sean regularizados los saldos pendientes. En el frente cambiario, la fuga de capitales ya perforó el nivel de reservas del Banco Central de los US$ 33.000 millones, lo que promete seguir presionando el alza de precios.

El problema que enfrenta hoy el gobierno es cómo evitar que continúe esta pérdida de reservas, dado que esto atenta contra el modelo económico. Sugería en aquel artículo un cambio de rumbo o de modelo, pero eso no pasará si atendemos al discurso oficial. Las reformas económicas que se comentan, sea una profundización, ampliación o desdoblamiento del cepo cambiario, o bien medidas concretas contra aquellos que quieran salir del país en el verano que se avecina, son sólo un maquillaje que de ningún modo podrán resolver esta difícil situación.

¿Qué hacer entonces? En primer lugar, reconocer nuestros fallos. La Argentina es incapaz de gestionar su propio dinero, aspecto que queda claro al estudiar nuestra historia o revisando la situación inflacionaria actual. El cepo cambiario además ha fracasado, si atendemos que en un año y medio desde su implementación generó una fuga de capitales de 19.000 millones de dólares, apenas por debajo de los 20.000 millones de dólares que se fugaron entre enero de 2001 y mitad de 2002.

En segundo lugar, actuar en consecuencia, esto es, quitar el cepo cambiario. Preocupa una acelerada fuga de capitales que liquide las reservas, lo que sólo puede ser resuelto con medidas que transmitan credibilidad. En este contexto, no puedo pensar más que en dos alternativas. La dolarización o una nueva convertibilidad. En el primer caso, la medida podría implementarse en cuestión de días y con bajo costo relativo. Un cálculo de la base monetaria ampliada dividido por las reservas declaradas y auditadas por el Banco Central de la República Argentina nos deja con un dólar por cada 15 pesos. En este caso, el Banco Central de la República Argentina debe cerrar sus puertas e invitar a todas las personas a que se acerquen a los bancos a cambiar sus pesos a esta paridad. Los contratos de aquí en más deberán ser denominados en dólares, y se podría liberar al mercado, esto es a la gente, a que elija monedas alternativas como el euro, el yuan, o cualquier otra divisa para realizar sus contratos. Incluso se podría alentar una banca off shore, para atraer nuevos bancos internacionales, reducir el riesgo país y asegurar la atracción de inversiones. Además, los impuestos comenzarán a pagarse en dólares, que sería la moneda de curso legal, y los salarios públicos, incluyendo docentes y jubilados, también comenzarán a pagarse en esa moneda.

En el segundo caso, se podría implementar una nueva convertibilidad a $ 15 por dólar, bajo condiciones similares a la Ley 23.928 pero me temo que se pueda repetir la experiencia de 2001. El costo de salir de la convertibilidad siempre es menor que el de abandonar la dolarización. En cualquier caso, ambas propuestas tendrán una consecuencia lógica e inmediata en la estabilidad monetaria. Una medida u otra obligará al gobierno a buscar fuentes alternativas de financiamiento del gasto que la monetización del déficit fiscal. Quizás la deuda pública sea útil en la transición al equilibrio fiscal, pero habría que implementar un plan económico para alcanzar el equilibrio fiscal en menos de tres años. Un presupuesto base cero debería estar también en la agenda del gobierno, lo mismo que el abandono de los subsidios y un sinceramiento de la economía, en especial en lo que refiere a las tarifas de los servicios públicos y en los precios de bienes y servicios hoy regulados. La viabilidad del plan requiere que estas medidas sean inmediatas, puesto que una continua fuga de capitales y caída de reservas sólo conducirán a consecuencias muy graves en lo económico y especialmente en lo social.

Un reaccionario radical: El pensamiento político de Murray N. Rothbard

RothbardCompartimos una columna de Miguel Anxo Bastos Boubeta acerca del pensamiento político de Murray N. Rothbard. Invitamos a los lectores a compartir reflexiones acerca de su pensamiento.

So what should we call ourselves? I haven’t got an easy answer, but perhaps we could call ourselves “radical reactionaries”, or “radical rightists “, the label that was given to us for our enemies in the 1950s. Or , if there is too much objection to the dread term “radical” , we an follow the suggestion of some of our group to call ourselves “ the Hard Right”. Any of these terms is preferible to “conservative”, and it also serves to the function of separating ourselves out from the official conservative movement which, as I shall note in a minute, has been largerly taken over by our enemies. – Murray N. Rothbard. “A Strategy for the Right!”

1. INTRODUCCIÓN

El pensamiento político de Murray N. Rothbard ya comienza a ser bien conocido entre nosotros gracias al resurgir reciente de la escuela austríaca de economía (Huerta de Soto, 2000), de la que Rothbard fue uno de sus más destacados miembros, y a la traducción al español de algunas de sus obras principales, como su monumental obra póstuma Historia del pensamiento económico (Rothbard,1999a)[2]. No así su pensamiento político y social, injustamente relegado entre nosotros a notas a pie de página en los manuales de teoría política [3] a pesar de que contribuye a inaugurar una de las tradiciones más fértiles de la derecha norteamericana el anarcocapitalismo o libertarianismo radical (Zoll, 1971; Gottfried, 1993), sintetizando en una obra de profunda originalidad elementos extraídos de la economía austríaca, la teoría política lockeana y la filosofía iusnaturalista (Barry, 1983; 1986). Rothbard fue un científico social interdisciplinar que abordó de forma interrelacionada el estudio de la economía, la política, la historia y la filosofía de las ciencias sociales como ciencias de la acción humana rechazando por sistema en todo momento la pretensión de estudiarlas desde paradigmas metodológicos formales provenientes de las ciencias naturales (Rothbard 1997a; 1997b; 1997c). Su pensamiento político es de una gran coherencia a lo largo del tiempo, centrado siempre su crítica en la naturaleza esencialmente predatoria y coercitiva del estado, su aislacionismo en política exterior, su visión elitista de las relaciones entre estado y sociedad y su libertarianismo radical, que lo llevó a idear un orden político libertario. No así su práctica política, que osciló de derecha a izquierda, pasando por su decisiva participación en la fundación del Libertarian Party norteamericano, volviendo a apoyar al fin de su vida plataformas de derecha dura, pero siempre defendiendo las mismas ideas y siendo, en sus propias palabras, más radical cada día en su defensa (Raimondo, 2000).

En este trabajo pretendemos realizar una aproximación a los aspectos más originales de su pensamiento político, sin pretender abordar aquí, por las características de este trabajo, el estudio ni de sus aportaciones a la ciencia económica ni de las raíces filosóficas de su pensamiento, que ya fueron tratadas, con matizada animosidad [4] en la obra de Sciabarra (Sciabarra, 2000) o con más simpatía en el trabajo de Powell y Stringham (Powell and Stingham , 2004). Rothbard no precisa de introducciones para ser leído (él mismo dijo en una entrevista, que ahora no logro localizar, que la diferencia entre Mises y Keynes era que el segundo precisa de libros introductorios para ser entendido mientras que Mises puede ser leido direc- tamente por una persona culta lo que probaría su superior claridad de ideas) pues su prosa es asombrosamente clara, incluso para un lego en estas materias , por lo que este trabajo lo único que pretende es llamar la atención sobre uno de los pensadores políticos, a mi entender, más importantes del siglo XX y procurar que sus ideas entren en el debate académico hispano.

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