UNA TARDÍA RESPUESTA A ASTARITA

En un raro momento de tiempo, lucidez y pilas, he logrado comentar este blog de Astarita, (https://rolandoastarita.blog/2011/11/15/respuesta-a-una-critica-a-la-teoria-del-valor-de-marx/) del cual no me había percatado en su momento y que me hizo recordar hoy Fernando Pereyra.

Por lo demás, muy interesantes las respuestas de Nicolás Cachanosky….

Ver mis respuestas abajo, intercaladas.

1) La no publicación de los tomos 2 y 3
Comienzo con una cuestión secundaria, la sugerencia de que Marx no habría publicado los tomos 2 y 3 de El Capital por la aparición de la teoría de la utilidad marginal. La realidad es que la mayoría de los comentaristas y estudiosos de Marx coinciden en que no conoció la obra de los primeros marginalistas. Ni en la correspondencia, ni en los borradores, aparecen mencionados Jevons, Menger o Walras. Los dos primeros publicaron en 1871, Walras en 1874, y Marx murió en 1883. En esos años la influencia del marginalismo en Alemania fue débil. Las principales críticas a Marx las hicieron seguidores de Rodbertus y otros autores influenciados por Ricardo, o representantes de la escuela histórica. Los escritos polémicos de Marx giran en torno a estas problemáticas. En lo que hace a la redacción de El Capital, al final de su vida Marx estuvo trabajando en los esquemas de reproducción; no parece que el marginalismo haya ocupado su atención de ninguna manera.  Recordemos, además, que la obra de Walras pasó casi desapercibida, por lo menos hasta entrado el siglo XX. En realidad, los críticos de Marx tendieron a decir que no publicaba los tomos 2 y 3 porque no podía “cerrar” su sistema, debido a la contradicción entre valores y precios de producción (el tema que toma Cachanosky más adelante).
La verdad no le veo a esto mayor importancia. Haya conocido o no Marx a la teoría de Menger, la cuestión es que esta última es su real refutación.
2) No se sabe qué respondería Marx a la utilidad marginal
Aunque Marx no conoció la teoría de la utilidad marginal, sí conocía la obra de Condillac, quien ya a fines del siglo XVIII sostenía que el valor de los objetos se funda en la utilidad; algunos otros autores tomaron esta idea. Pero Marx apenas trató esta teoría.
Ese es el problema!!!!!
Todo indica que consideraba tan imposible que alguien pudiera fundar una teoría del valor basada en la utilidad, que pensó que no era necesario dedicar mucho tiempo al asunto. Cuando en el capítulo 1 de El Capital  realiza la deducción para encontrar el elemento en común que permite comparar los valores de cambio, descarta la utilidad.
Lo hace precisamente porque sigue a Aristóteles.
Parece pensar que si la utilidad se deriva de las apreciaciones subjetivas, no hay manera de establecer una base común de medida, y que por lo tanto no habría manera de cuantificarla (sobre el concepto de medida, ver más abajo). Cuando discute el origen de la plusvalía, Marx menciona la teoría de Condillac, pero para descartar que el incremento de la utilidad que se obtiene al participar del intercambio mercantil, pueda ser la razón de la valorización del capital. Lo cual es acorde con la idea de que el valor de uso no puede explicar el valor. Si se revisan los índices de los 3 tomos de Teorías de la Plusvalía, o de los Grundrisse, el nombre Condillac no figura. Por supuesto, Marx no podía conocer todas las cuestiones que debatirían luego los partidarios de la teoría subjetiva del valor, sobre si es posible otorgar a la utilidad una magnitud cardinal, si se le podía aplicar una magnitud ordinal, etc.

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Rolando Astarita sobre nuestra nota, Marx y Keynes

Tiempo atrás hemos mantenido en nuestro blog un espacio de debate junto a Rolando Astarita, quien es un experto en la obra de Marx y Keynes. También hemos compartido en algunas oportunidades, posteos de su blog.

En esta oportunidad, sólo queremos compartir un correo electrónico que nos compartió tras leer la nota de reciente publicación en La Nación, donde curiosamente muestra una sintonía muy clara y cercana para con nuestras afirmaciones. Su visión sobre el tema del artículo, desde una lectura marxista y keynesiana, imagino será de interés para nuestros lectores.

(Desde luego su correo se comparte con su autorización)


Estimado Adrián, leí con mucha atención la nota que publicaste en La Nación, junto a N. Cachanosky y M. Krause. Me motiva a escribir algo en el blog sobre el asunto.
Estoy totalmente de acuerdo en que si se toma el VBP tendremos otra visión de la economía de conjunto. En particular porque el rol de la inversión pasa a primer plano. Pienso que esto también aparece muy claro en los esquemas de reproducción de Marx. Precisamente, cuando estudié Macro (de forma autodidacta y con los manuales usuales), me costaba entender, dada mi formación marxista, por qué no se tomaban en cuenta todas las etapas del proceso productivo.
Algunas cuestiones más: quisiera insistir en que si bien Keynes puso mucho énfasis en el consumo, también dio importancia crucial a la inversión. De hecho, sostuvo que era la clave del ciclo económico. Además, dio mucha importancia a la rentabilidad del capital (en su esquema, eficiencia marginal del capital menos interés). La idea, planteada por muchos economistas K, de que basta estimular el consumo para que haya inversión, no tiene nada que ver con Keynes. Keynes, además, tuvo en cuenta la curva de oferta.
Ligado a lo anterior, en Economía parece haber dos polos: los que dicen que la oferta genera automáticamente, y siempre, su correspondiente demanda, (ley de Say en su versión más fuerte). Y los que dicen que basta con que haya demanda (sea por consumo o gasto público) para que haya oferta. Estos últimos formulan, de hecho, una especie de ley de Say “al revés”. Pienso que Marx, en ese sentido, no rechaza todas las afirmaciones de la ley de Say. Por ejemplo, la idea de que si un país consume más de lo que produce, su economía es inviable. Es increíble que haya que recordar esto a muchos “keynesianos bastardos”. Marx pensaba que se trataba de una trivialidad, pero adquiere importancia.
Por último, en el enfoque marxista el énfasis en la inversión (en realidad, acumulación del capital) es incluso mayor de lo que ustedes ponen en la nota. Es que en Marx el consumo depende centralmente de la reinversión de capital. Si el capital no invierte, no hay pago de salario, ni generación de plusvalía; Por lo tanto no puede haber consumo obrero, ni consumo capitalista, ni gasto del Estado (que se financia con impuestos que son plusvalía).
Un cordial saludo y felicitaciones por la nota.
Rolando

¿Qué dice el marxismo sobre el libro de Piketty?

PikettyRolando Astarita ofrece una reflexión en tres partes al libro de Piketty.

[M]i posición es que, si bien Piketty pone el foco en una cuestión real y candente, que la economía del mainstream ha tratado de disimular en base a formulismos matemáticos y supuestos irrealistas, su planteo tiene poco que ver con la teoría de Marx. En particular, porque la idea marxiana de explotación –el trabajo es la única fuente de las ganancias del capital, y las ganancias del capital son fruto de la explotación del trabajo asalariado- desaparece por completo de su explicación. En su lugar, Piketty propone una explicación neoclásica ortodoxa, que pasa por lo “técnico” (productividad marginal, precios de factores, tecnología y similares). La idea del marxismo es que el fenómeno de la distribución no es “técnico”, ni se resuelve en “los precios de los factores”, ya que tiene por base las participaciones relativas del capital y el trabajo en el ingreso nacional, que es generado por el trabajo. Por eso, la teoría de la plusvalía de Marx llama a cuestionar subversivamente la sociedad. Su mensaje central es que la sociedad moderna se basa en la explotación del trabajo, y esto permanece al margen de que aumente, o no, la desigualdad del ingreso. Su eje es la teoría de la explotación; la tendencia al aumento de la brecha en las desigualdades es un efecto de esa explotación. Pero este aspecto de la cuestión está por completo ausente del trabajo de Piketty; como veremos en seguida, las categorías que utiliza son propias de las formas fetichistas bajo las que se disimulan las relaciones esenciales, incluso en su versión más ortodoxamente neoclásica.

Parte I

Parte II

Parte III

Respuesta a Astarita (por JCC)

Dejamos a continuación la respuesta y reflexiones de J. C. Cachanosky a los posts de Astarita en torno al debate online sobre teorias del valor.


Teoría del Valor de Karl Marx (J. C. Cachanosky)

El 5 de marzo el profesor Rolando Astarita y yo debatimos acerca de la Teoría del Valor en Marx. Se puede ver la grabación del debate haciendo click aquí.

En primer lugar quiero agradecer al profesor Astarita por la calidad y cordialidad en todo momento del debate. El intercambio de ideas nunca fue de carácter personal, siempre estuvo basado en las “ideas”.

En segundo lugar el profesor Astarita ha escrito cuatro largas repuestas a los temas surgidos en el debate. Aquí van los links a las cuatro respuestas:

  1. Respuesta 1
  2. Respuesta 2
  3. Respuesta 3
  4. Respuesta 4

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El problema de cambio de preferencias sin cambios en los precios relativos II

El profesor Astarita ha ofrecido cuatro extensas y detalladas entradas en su blog sobre el intercambio sobre teorías del valor que tuvo lugar hace unas semanas. No tengo dudas que todos los que han leído sus posts se han beneficiado de sus textos.

En una breve entrada anterior, me referí al argumento de que dado que es posible que haya cambios en las preferencias sin que haya cambios en los precios relativos, la teoría del valor marginal no seria apropiada para explicar los precios de bienes finales. En otras palabras, el caso de desplazamientos de la curva de demanda con una curva de oferta horizontal. En mi entrada explicaba que este me parecía un supuesto inapropiado si tomamos en cuenta todo el mercado. Este caso de oferta horizontal sólo es válido al mirar sólo una parte del mercado, por lo cual el caso pierde relevancia. No es posible que todas las curvas de oferta sean horizontales al mismo tiempo.

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El problema de cambio de preferencias sin cambios en los precios relativos

Si bien no pude estar presente en el debate de teorías del valor (J. C. Cachanosky y Rolando Astarita), tuve oportunidad de ver la grabación. El intercambio dejó muchos temas abiertos.

Uno de los temas que quedó en el aire y que puede ser de intriga para los que siguieron el intercambio es la posibilidad de un cambio de preferencias que no produzca cambio en los precios relativos. Esto se puede representar con una oferta perfectamente elástica u horizontal. ¿Es esto un problema para la teoría del valor subjetivo? ¿Posee esta crítica puntos débiles que puedan hacer dudar de su solidez?

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Stanford Encyclopedia of Philosofy; Karl Marx

En el debate sobre teorías del valor entre J. C. Cachanosky y Rolando Astarita surgieron algunas cuestiones de consistencia lógica en la obra de Marx (que no tiene porque ser lo mismo que el marxismo contemporáneo.) Las dudas sobre la consistencia presentada por Marx ciertamente no se limitan al “ámbito Austriaco.”

El siguiente es el pasaje sobre economía que la Enciclopedia de Filosofía de Stanford tiene sobre Karl Marx. Es importante tener presente que una teoría que es “lógicamente consistente” no implica que sea verdadera ni que este describiendo el mundo real. Seguramente las explicaciones marxistas puedan hacerse consistentes agregando explicaciones para las excepciones a la teoría del valor trabajo. Pero esto bien puede ser un problema más que una virtud. El último párrafo muestra el balance y neutralidad (se esté de acuerdo o no) en el análisis de esta entrada sobre el análsisi económico en Marx.

Si bien la mencion al final sobre una no tendencia al equilibrio en Marx me hace ruido, este pasaje puede ayudar a entender los reparos de lógica de quienes no se sienten convencidos por el marxismo.

Capital Volume 1 begins with an analysis of the idea of commodity production. A commodity is defined as a useful external object, produced for exchange on a market. Thus two necessary conditions for commodity production are the existence of a market, in which exchange can take place, and a social division of labour, in which different people produce different products, without which there would be no motivation for exchange. Marx suggests that commodities have both use-value — a use in other words — and an exchange-value — initially to be understood as their price. Use value can easily be understood, so Marx says, but he insists that exchange value is a puzzling phenomenon, and relative exchange values need to be explained. Why does a quantity of one commodity exchange for a given quantity of another commodity? His explanation is in terms of the labour input required to produce the commodity, or rather, the socially necessary labour, which is labour exerted at the average level of intensity and productivity for that branch of activity within the economy. Thus the labour theory of value asserts that the value of a commodity is determined by the quantity of socially necessary labour time required to produce it. Marx provides a two stage argument for the labour theory of value. The first stage is to argue that if two objects can be compared in the sense of being put on either side of an equals sign, then there must be a ‘third thing of identical magnitude in both of them’ to which they are both reducible. As commodities can be exchanged against each other, there must, Marx argues, be a third thing that they have in common. This then motivates the second stage, which is a search for the appropriate ‘third thing’, which is labour in Marx’s view, as the only plausible common element. Both steps of the argument are, of course, highly contestable.

Capitalism is distinctive, Marx argues, in that it involves not merely the exchange of commodities, but the advancement of capital, in the form of money, with the purpose of generating profit through the purchase of commodities and their transformation into other commodities which can command a higher price, and thus yield a profit. Marx claims that no previous theorist has been able adequately to explain how capitalism as a whole can make a profit. Marx’s own solution relies on the idea of exploitation of the worker. In setting up conditions of production the capitalist purchases the worker’s labour power — his ability to labour — for the day. The cost of this commodity is determined in the same way as the cost of every other; i.e. in terms of the amount of socially necessary labour power required to produce it. In this case the value of a day’s labour power is the value of the commodities necessary to keep the worker alive for a day. Suppose that such commodities take four hours to produce. Thus the first four hours of the working day is spent on producing value equivalent to the value of the wages the worker will be paid. This is known as necessary labour. Any work the worker does above this is known as surplus labour, producing surplus value for the capitalist. Surplus value, according to Marx, is the source of all profit. In Marx’s analysis labour power is the only commodity which can produce more value than it is worth, and for this reason it is known as variable capital. Other commodities simply pass their value on to the finished commodities, but do not create any extra value. They are known as constant capital. Profit, then, is the result of the labour performed by the worker beyond that necessary to create the value of his or her wages. This is the surplus value theory of profit.

It appears to follow from this analysis that as industry becomes more mechanised, using more constant capital and less variable capital, the rate of profit ought to fall. For as a proportion less capital will be advanced on labour, and only labour can create value. In Capital Volume 3 Marx does indeed make the prediction that the rate of profit will fall over time, and this is one of the factors which leads to the downfall of capitalism. (However, as pointed out by Marx’s able expositor Paul Sweezy in The Theory of Capitalist Development, the analysis is problematic.) A further consequence of this analysis is a difficulty for the theory that Marx did recognise, and tried, albeit unsuccessfully, to meet also in Capital Volume 3. It follows from the analysis so far that labour intensive industries ought to have a higher rate of profit than those which use less labour. Not only is this empirically false, it is theoretically unacceptable. Accordingly, Marx argued that in real economic life prices vary in a systematic way from values. Providing the mathematics to explain this is known as the transformation problem, and Marx’s own attempt suffers from technical difficulties. Although there are known techniques for solving this problem now (albeit with unwelcome side consequences), we should recall that the labour theory of value was initially motivated as an intuitively plausible theory of price. But when the connection between price and value is rendered as indirect as it is in the final theory, the intuitive motivation of the theory drains away. But even if the defender of the theory is still not ready to concede defeat, a further objection appears devastating. Marx’s assertion that only labour can create surplus value is unsupported by any argument or analysis, and can be argued to be merely an artifact of the nature of his presentation. Any commodity can be picked to play a similar role. Consequently with equal justification one could set out a corn theory of value, arguing that corn has the unique power of creating more value than it costs. Formally this would be identical to the labour theory of value.

Although Marx’s economic analysis is based on the discredited labour theory of value, there are elements of his theory that remain of worth. The Cambridge economist Joan Robinson, in An Essay on Marxian Economics, picked out two aspects of particular note. First, Marx’s refusal to accept that capitalism involves a harmony of interests between worker and capitalist, replacing this with a class based analysis of the worker’s struggle for better wages and conditions of work, versus the capitalist’s drive for ever greater profits. Second, Marx’s denial that there is any long-run tendency to equilibrium in the market, and his descriptions of mechanisms which underlie the trade-cycle of boom and bust. Both provide a salutary corrective to aspects of orthodox economic theory.

Debate online: Marxismo vs Escuela Austriaca [Video]

Hace unos días, anunciamos un debate on line entre los profesores Rolando Astarita y Juan Carlos Cachanosky, acerca de las posiciones que el marxismo y la Escuela Austriaca tienen en torno a las teorías del valor y del precio. La concurrencia fue muy buena, con más de 50 asistentes. Muchos lectores de nuestro blog, sin embargo, no pudieron asistir y pidieron expresamente que tratemos de grabar el debate. Aquí dejamos el acceso al video que lo reproduce.

Invito a los lectores a abrir el debate nuevamente, ahora por escrito en la sección de comentarios.

Debate

Debate online: Marxismo vs Escuela Austriaca

El próximo 5 de Marzo (10am Argentina) Juan C. Cachanosky y Rolando Astarita debatirán online sobre teorías del valor en la Escuela Austriaca y en el marxismo. En el flyer pueden encontrar información de contacto, horario y fecha.

Esperamos que puedan verlo en vivo y que sea una interesante experiencia.

Buscando entender la lógica marxista…

Mises_MarxVuelvo con el blog del profesor Rolando Astarita, porque seguimos intercambiando comentarios que pueden ser interesants para los lectores. Abajo copio mi resumen de los intercambios previos, su respuesta, y mi nueva respuesta. Aunque en el blog, el intercambio siguió un poco más de lo necesario.

Ravier: Tras un nuevo intercambio con el profesor Astarita, me parece que finalmente “entendí” la lógica marxista (hay otras lecturas, por supuesto, como ocurre con todos los clásicos). Intentaré aquí resumirla en términos –excesivamente- ¡simples!, aun sabiendo que puedo ser injusto con el profesor.
Astarita, en su lectura de Marx, define al capitalismo en función de que en cierto territorio haya o no asalariados. Si en Venezuela hay asalariados, eso es capitalismo. ¡Suficiente!
¿Por qué esto es relevante? porque si hay asalariados, según la teoría del valor-trabajo, ¡hay explotación de trabajadores! ¡Hay plusvalía!
¿Cómo podemos evitarlo? Evitando que haya propietarios de los medios de producción. Aquí es relevante que la propiedad privada sobre nuestra casa, auto, o cualquier cosa íntima, NO es el problema. El problema son los medios de producción, porque son la herramienta para extraer plusvalía.
Pero en la práctica, ¿cómo podemos evitar la explotación? Bueno, aquí es importante que el socialismo marxista, a través de Astarita, tiene muy poco que ver con la planificación centralizada que ataca Mises en “El Socialismo” y que resume Huerta de Soto en “Socialismo, cálculo económico y función empresarial”. Marx no propone un gobierno central enorme que planifique una respuesta al problema económico de qué bienes producir y de qué calidad. Marx propone una anarquía en la que la solución al problema económico provenga de los trabajadores. ¿Similar a lo que plantean Rothbard y Hoppe? Bueno, sólo en cierto sentido, porque no es lo mismo (Véase esta nota del propio Hoppe). Astarita explica que la solución práctica viene con la propiedad comunal. Si queremos armar una empresa, el que tenga la idea tendrá que reunirse con los trabajadores y formar una sociedad. Todos reciben el rédito de la empresa, y entonces se elimina el plusvalor, se evita la explotación.

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