Zanotti no lo sabe, pero aquí le explica a nutricionistas y médicos, los errores de las teorías objetivas del valor

Con los alumnos de la materia Proceso Económico de la UFM, todos ellos nutricionistas o médicos, vemos ahora la teoría del valor. Para eso leen a Murray Rothbard, en el primer capítulo de El Hombre, el Estado y la Economía; y a Gabriel Zanotti en unas clases que brindara en la escuela del Almirante Sánchez Sañudo, donde dice sobre las teorías “objetivas” del valor:

Cuando digo valor, no me estoy refiriendo a los valores éticos ni estéticos. Me estoy refiriendo a la teoría del valor que explica el valor de los bienes en el mercado.
Todos sabemos intuitivamente que no es lo mismo una cosa que otra. La honestidad es un valor moral irrenunciable pero a veces no es rentable. Y puede ser que el primer cuadro que pintó Picasso no valiera nada en el mercado.
¿Cómo vamos a encarar, pues, la teoría del valor en el mercado? Vamos a hacer una primera y típica subdivisión: valor objetivo y valor subjetivo. Hablar de un valor objetivo no es un error, porque los valores éticos son objetivos. Pero la teoría del valor objetivo en economía es otra cosa. Esa teoría trata de encontrar un elemento que esté en las cosas de manera independiente de las valoraciones de las personas en el momento de comprar y vender. Ese elemento puede ser la escasez, el costo, el trabajo, la utilidad, etc.
O sea que las teorías objetivas del valor afirman que el valor está en las cosas y no en las personas que valoran. Estas teorías se encuentran con algunos problemas. Por ejemplo, vamos a suponer que, basándonos en lo que ya vimos, afirmamos que la escasez es el origen del valor. Parece razonable. Sin embargo, cuando decimos que algo es escaso, ¿lo es en relación a qué? Por ejemplo, los sombreros como los que usa el Almirante (perdón!!) son muy escasos hoy en día en la ciudad de Buenos Aires, pero a la vez son muy poco demandados. O sea que si algo es escaso (en relación a lo que fuere) pero su demanda es cero, no vale nada. Con el tema del costo pasa lo mismo. Es muy comprensible que si a uno le ha “costado” mucho hacer o fabricar tal o cual cosa (en tiempo, en capital, en trabajo, en recursos naturales, etc.) entonces uno mismo lo valora mucho. Pero, de vuelta, si el producto no es demandado en el mercado, no vale nada. Todo el que haya sido empresario y haya trabajado sin protecciones sabe que por más altos que sean sus costos, puede ser que su precio de venta esté por debajo del costo o que no valga nada.
Lo mismo sucede con respecto al trabajo. Si yo quisiera fabricar un avión, el trabajo que eso me puede tomar puede demandar toda una vida, pero el resultado va a ser un completo desastre. No va a ser valorado en el mercado de ningún modo.
Con respecto al tema de la utilidad, pasa lo mismo que con la escasez. Es razonable que se piense que si un bien es útil va a tener valor, pero en ese caso se confunde su utilidad técnica con la demanda.
Por ejemplo, se puede decir que este grabador es objetivamente útil para grabar la conferencia. Pero si hacemos un túnel del tiempo y vamos a la antigua Grecia a vender grabadores, nadie lo va a comprar. Por más que sea objetivamente útil para grabar las charlas de los grandes filósofos. Algo puede ser objetivamente útil pero eso no quiere decir que sea demandado en el mercado.

El problema de cambio de preferencias sin cambios en los precios relativos II

El profesor Astarita ha ofrecido cuatro extensas y detalladas entradas en su blog sobre el intercambio sobre teorías del valor que tuvo lugar hace unas semanas. No tengo dudas que todos los que han leído sus posts se han beneficiado de sus textos.

En una breve entrada anterior, me referí al argumento de que dado que es posible que haya cambios en las preferencias sin que haya cambios en los precios relativos, la teoría del valor marginal no seria apropiada para explicar los precios de bienes finales. En otras palabras, el caso de desplazamientos de la curva de demanda con una curva de oferta horizontal. En mi entrada explicaba que este me parecía un supuesto inapropiado si tomamos en cuenta todo el mercado. Este caso de oferta horizontal sólo es válido al mirar sólo una parte del mercado, por lo cual el caso pierde relevancia. No es posible que todas las curvas de oferta sean horizontales al mismo tiempo.

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Menger, Marx, y Obama (R. Ebeling)

Un reciente artículo de Richard Ebeling ofrece un sobre problemas de política económica y teorías del valor. Ebeling pasa de Marx a Menger para comentar sobre los fundamentos de política económica de Obama.

Esta nota también tiene cierta relación con debate sobre teorías del valor de hace unos días.

Un reciente artículo de Richard Ebeling ofrece un sobre problemas de política económica y teorías del valor. Ebeling pasa de Marx a Menger para comentar sobre los fundamentos de política económica de Obama.

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El problema de cambio de preferencias sin cambios en los precios relativos

Si bien no pude estar presente en el debate de teorías del valor (J. C. Cachanosky y Rolando Astarita), tuve oportunidad de ver la grabación. El intercambio dejó muchos temas abiertos.

Uno de los temas que quedó en el aire y que puede ser de intriga para los que siguieron el intercambio es la posibilidad de un cambio de preferencias que no produzca cambio en los precios relativos. Esto se puede representar con una oferta perfectamente elástica u horizontal. ¿Es esto un problema para la teoría del valor subjetivo? ¿Posee esta crítica puntos débiles que puedan hacer dudar de su solidez?

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Stanford Encyclopedia of Philosofy; Karl Marx

En el debate sobre teorías del valor entre J. C. Cachanosky y Rolando Astarita surgieron algunas cuestiones de consistencia lógica en la obra de Marx (que no tiene porque ser lo mismo que el marxismo contemporáneo.) Las dudas sobre la consistencia presentada por Marx ciertamente no se limitan al “ámbito Austriaco.”

El siguiente es el pasaje sobre economía que la Enciclopedia de Filosofía de Stanford tiene sobre Karl Marx. Es importante tener presente que una teoría que es “lógicamente consistente” no implica que sea verdadera ni que este describiendo el mundo real. Seguramente las explicaciones marxistas puedan hacerse consistentes agregando explicaciones para las excepciones a la teoría del valor trabajo. Pero esto bien puede ser un problema más que una virtud. El último párrafo muestra el balance y neutralidad (se esté de acuerdo o no) en el análisis de esta entrada sobre el análsisi económico en Marx.

Si bien la mencion al final sobre una no tendencia al equilibrio en Marx me hace ruido, este pasaje puede ayudar a entender los reparos de lógica de quienes no se sienten convencidos por el marxismo.

Capital Volume 1 begins with an analysis of the idea of commodity production. A commodity is defined as a useful external object, produced for exchange on a market. Thus two necessary conditions for commodity production are the existence of a market, in which exchange can take place, and a social division of labour, in which different people produce different products, without which there would be no motivation for exchange. Marx suggests that commodities have both use-value — a use in other words — and an exchange-value — initially to be understood as their price. Use value can easily be understood, so Marx says, but he insists that exchange value is a puzzling phenomenon, and relative exchange values need to be explained. Why does a quantity of one commodity exchange for a given quantity of another commodity? His explanation is in terms of the labour input required to produce the commodity, or rather, the socially necessary labour, which is labour exerted at the average level of intensity and productivity for that branch of activity within the economy. Thus the labour theory of value asserts that the value of a commodity is determined by the quantity of socially necessary labour time required to produce it. Marx provides a two stage argument for the labour theory of value. The first stage is to argue that if two objects can be compared in the sense of being put on either side of an equals sign, then there must be a ‘third thing of identical magnitude in both of them’ to which they are both reducible. As commodities can be exchanged against each other, there must, Marx argues, be a third thing that they have in common. This then motivates the second stage, which is a search for the appropriate ‘third thing’, which is labour in Marx’s view, as the only plausible common element. Both steps of the argument are, of course, highly contestable.

Capitalism is distinctive, Marx argues, in that it involves not merely the exchange of commodities, but the advancement of capital, in the form of money, with the purpose of generating profit through the purchase of commodities and their transformation into other commodities which can command a higher price, and thus yield a profit. Marx claims that no previous theorist has been able adequately to explain how capitalism as a whole can make a profit. Marx’s own solution relies on the idea of exploitation of the worker. In setting up conditions of production the capitalist purchases the worker’s labour power — his ability to labour — for the day. The cost of this commodity is determined in the same way as the cost of every other; i.e. in terms of the amount of socially necessary labour power required to produce it. In this case the value of a day’s labour power is the value of the commodities necessary to keep the worker alive for a day. Suppose that such commodities take four hours to produce. Thus the first four hours of the working day is spent on producing value equivalent to the value of the wages the worker will be paid. This is known as necessary labour. Any work the worker does above this is known as surplus labour, producing surplus value for the capitalist. Surplus value, according to Marx, is the source of all profit. In Marx’s analysis labour power is the only commodity which can produce more value than it is worth, and for this reason it is known as variable capital. Other commodities simply pass their value on to the finished commodities, but do not create any extra value. They are known as constant capital. Profit, then, is the result of the labour performed by the worker beyond that necessary to create the value of his or her wages. This is the surplus value theory of profit.

It appears to follow from this analysis that as industry becomes more mechanised, using more constant capital and less variable capital, the rate of profit ought to fall. For as a proportion less capital will be advanced on labour, and only labour can create value. In Capital Volume 3 Marx does indeed make the prediction that the rate of profit will fall over time, and this is one of the factors which leads to the downfall of capitalism. (However, as pointed out by Marx’s able expositor Paul Sweezy in The Theory of Capitalist Development, the analysis is problematic.) A further consequence of this analysis is a difficulty for the theory that Marx did recognise, and tried, albeit unsuccessfully, to meet also in Capital Volume 3. It follows from the analysis so far that labour intensive industries ought to have a higher rate of profit than those which use less labour. Not only is this empirically false, it is theoretically unacceptable. Accordingly, Marx argued that in real economic life prices vary in a systematic way from values. Providing the mathematics to explain this is known as the transformation problem, and Marx’s own attempt suffers from technical difficulties. Although there are known techniques for solving this problem now (albeit with unwelcome side consequences), we should recall that the labour theory of value was initially motivated as an intuitively plausible theory of price. But when the connection between price and value is rendered as indirect as it is in the final theory, the intuitive motivation of the theory drains away. But even if the defender of the theory is still not ready to concede defeat, a further objection appears devastating. Marx’s assertion that only labour can create surplus value is unsupported by any argument or analysis, and can be argued to be merely an artifact of the nature of his presentation. Any commodity can be picked to play a similar role. Consequently with equal justification one could set out a corn theory of value, arguing that corn has the unique power of creating more value than it costs. Formally this would be identical to the labour theory of value.

Although Marx’s economic analysis is based on the discredited labour theory of value, there are elements of his theory that remain of worth. The Cambridge economist Joan Robinson, in An Essay on Marxian Economics, picked out two aspects of particular note. First, Marx’s refusal to accept that capitalism involves a harmony of interests between worker and capitalist, replacing this with a class based analysis of the worker’s struggle for better wages and conditions of work, versus the capitalist’s drive for ever greater profits. Second, Marx’s denial that there is any long-run tendency to equilibrium in the market, and his descriptions of mechanisms which underlie the trade-cycle of boom and bust. Both provide a salutary corrective to aspects of orthodox economic theory.

Debate online: Marxismo vs Escuela Austriaca

El próximo 5 de Marzo (10am Argentina) Juan C. Cachanosky y Rolando Astarita debatirán online sobre teorías del valor en la Escuela Austriaca y en el marxismo. En el flyer pueden encontrar información de contacto, horario y fecha.

Esperamos que puedan verlo en vivo y que sea una interesante experiencia.

Utilidad marginal y determinación del precio en la Escuela Austriaca

Hace un tiempo surgió un debate con Rolando Astarita -quien es especialista en la obra de Marx y Keynes- en el cual quedaron claras muchas de las diferencias entre Escuela Austriaca y Marx. A medida que se avanzó en el debate los participantes coincidimos que el primer punto al que había que prestarle atención es la confrontación entre la “teoría del valor trabajo” de Marx, y la teoría de la utilidad marginal, de Menger.

Es por ello que remitimos al profesor Astarita el artículo de Juan Carlos Cachanosky sobre la “Historia de las Teorías del Valor y del Precio” (Parte I y II), el que leyó atentamente y al que ofreció respuesta.

Nicolás Cachanosky respondió a las críticas, pero luego de algunos intercambios, el debate se interrumpió. El diálogo fue cordial hasta un punto donde las diferencias no se resuelven y entonces se pierde la paciencia. Pero no es mala voluntad, o esquivar los argumentos, sino la lógica (o paradigma) que está en la mente de cada uno la que nos lleva a no ver con precisión lo que el otro intenta decir.

Quisiera destinar este post a explicar de modo sencillo cómo es que los austriacos explican la ley de utilidad marginal, y la determinación de los precios. Pienso que de este modo, los interesados en este debate pueden encontrar un mejor entendimiento de la posición austriaca, la que -a su vez- ayudará a una mejor comprensión mutua del debate.

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