El Hayek del equilibrio versus el Keynes del desequilibrio

Ya hemos escrito aquí y aquí  sobre el debate entre Hayek versus Keynes de 1931 y 1932 en torno al «Tratado del dinero» de Keynes y «Precios y Producción» de Hayek. Quisiera ahora presentar un comentario que puede explicar el por qué el pensamiento de Keynes pudo haber resultado más atractivo que el de Hayek en su debate de los años 1930 para los estudiantes ingleses. Recordemos que por aquellos años, entre 1932 y 1936, esto es, entre el debate entre ambos y la publicación de la Teoría General, Hayek parecía ser el vencedor. Pero tras la publicación de la Teoría General muchos estudiantes ingleses vuelven a los brazos de Keynes, incluso Lionel Robbins.

Mi argumento para explicar esto es que el modelo de Hayek contenía los vicios del equilibrio y el pleno empleo, mientras el modelo de Keynes ofrecía un modelo en desequilibrio y con desempleo.  Si a ello sumamos el contexto de los años 1930, no parece ilógico que los estudiantes ingleses siguieran a Keynes.

Recordemos también que Hayek recién comienza a abandonar el modelo de equilibrio en «Economics and Knowledge» de 1937, según comenta Bruce Caldwell en «Hayek´s transformation» y en la introducción de «Contra Keynes y Cambridge» (Unión Editorial). Demás está decir que el pensamiento de Hayek sigue evolucionando y es recién en «La Teoría Pura del Capital»  (Unión Editorial) de 1941 donde se propone estudiar el ciclo económico bajo un contexto de desempleo, al mismo tiempo que debemos esperar hasta «El uso del conocimiento en la sociedad» de 1945 para observar una fuerte crítica a la concepción de equilibrio.

Y es aquí donde me surge un debate fundamental que me gustaría discutir con los lectores: ¿Debemos a Keynes el que Hayek haya tomado conciencia de la debilidad del equilibrio como enfoque de estudio?

Adrian Ravier en el ‘Informe de Economía e Instituciones’ de la UCA

El último número del Informe de Economía e Instituciones de la UCA contiene un breve, pero interesante, trabajo sobre Hayek, Keynes y Röpke: “Keynes, Röpke y Hayek: ¿Qué tan diferentes son sus ideas?

Abstract

“Keynes, Röpke y Hayek: ¿Qué tan diferentes son sus ideas?”, El propósito del autor es mostrar las similitudes y diferencias entre estos pensadores sociales y económicos del siglo XX. Comienza planteándose hasta qué punto sería correcto ubicar el trabajo de Röpke entre el de Keynes y Hayek. Para ello, parte de la postura de Röpke en cuanto a que el mercado debe ser regulado mediante intervenciones conformes. Keynes por su parte defiende la intervención del Estado en la economía mientras que Hayek es un representante del laissez faire. A lo largo del artículo Ravier analiza las ideas de los tres economistas para mostrar que ninguno es un representante extremo de
sus posturas, sino que hay relación entre ellos.

El debate entre Hayek y Keynes, actualizado

Mientras la crisis vuelve a sacudir los mercados por miedo a una recesión global, el mundo académico presenta un nuevo round en la batalla de ideas. La London School of Economics se ha convertido recientemente en el campo de una nueva batalla entre Hayek y Keynes. Por supuesto que estos economistas ya no nos acompañan, pero sus ideas nuclean hoy las dos grandes posiciones en relación con la crisis global. De un lado, George Selgin y Duncal Weldon representaron la posición hayekiana. Del otro Robert Skidelsky y Jamie Whyte representaron la posición keynesiana. Basta ver el video para concluir que las mismas diferencias persisten y que estamos ante un empate técnico.

Skidelsky, sin embargo, no se contentó con aquellas respuestas. Escribió otro artículo donde describe la nueva contienda entre Hayek y Keynes.

El debate, pienso, debemos abrirlo en dos. Por un lado, identificar aquellas causas que originaron la crisis; por otro, determinar qué políticas económicas deben tomarse para paliar la crisis.

Vea el artículo completo en el Cato Institute.

Una nueva contienda entre Keynes y Hayek. Por Robert Skidelsky

Muy relacionado con el post anterior, y ante la crisis financiera global y la crisis de la economía, Roberto Skidelsky propone una nueva contienda entre Keynes y Hayek. A su parecer, Hayek fue vencido entonces, y merece ser vencido en esta revancha también. Compartimos el artículo traducido al español… mientras preparamos una respuesta.

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Keynes versus Hayek 2011

Este martes 26 de julio, habrá un nuevo round del debate entre Keynes y Hayek. En el mismo escenario de los años treinta, en la mítica London School of Economics, habrá un debate sobre qué políticas debieran aplicarse hoy para salir de la crisis.

Recordemos que Keynes creía que el gobierno podía crear empleo y crecimiento en forma sostenible. Hayek, por el contrario, creía que la inversión debía estar basada en ahorro real, y no en estímulos fiscales o tasas de interés reducidas artificialmente.

BBC Radio 4 grabará la contienda entre los modernos seguidores de ambos.

De un lado Robert Skidelsky, el biógrafo más importante de Keynes en nuestros días. Del otro George Selgin, uno de los especialistas en la obra de Hayek.

También participarán Duncal Weldon y Jamie Whyte. Paul Mason coordinará el debate.

Muchas suerte a Selgin en la defensa de las ideas de Hayek!

¿Somos hoy todos keynesianos?

Las ideas de John Maynard Keynes surgieron en el marco de la gran depresión de los años treinta. Entre los años 50 y 60 muchos economistas coincidían en afirmar «ahora somos todos keynesianos». Incluso Milton Friedman llegó a decirlo en 1965.

La nueva crisis revitalizó el pensamiento de Keynes y The Economist colocó a dos prestigiosos economistas a responder la gran pregunta: ¿Somos hoy todos keynesianos?

De un lado Brad De Long, del otro Luigi Zingales. ¿Qué respondieron?

Se suponía que Brad De Long iba a defender la postura, pero pidió disculpas y afirmó que ya no, «hoy no somos todos keynesianos.»

Por ejemplo, leyendo The New York Times encuentra que William Poole, ex presidente de la Reserva Federal de St Louis, considerando  que: «El gasto del gobierno no puede liderar el camino hacia una recuperación sostenida, debido a que su efecto de estímulo se verá compensado por anticipado con impuestos más altos y con la necesidad de financiar el déficit.»

En 1970 William Poole fue un keynesiano que daba por sentado que la política de déficit y el gasto fiscal tenían un papel adecuado y eficaz en la lucha contra las recesiones. Pero Poole no está solo.

Robert Barro, de Harvard University, dijo sobre la propuesta de estímulo fiscal de Obama:… «Este es probablemente el peor proyecto de ley que se ha presentado desde la década de 1930. No sé qué decir. Quiero decir que está perdiendo una enorme cantidad de dinero, que tiene una teoría simplista que no creo que funcione … No creo que vaya a expandir la economía … Va más en la línea con tirar el dinero a la gente … Creo que es basura. »

John Cochrane, de la Universidad de Chicago, agrega: «Nadie ha enseñado esto a estudiantes de postgrado desde 1960 … Son los cuentos de hadas que se han demostrado falsos. Es muy reconfortante en tiempos de crisis volver a los cuentos de hadas que escuchábamos cuando eramos niños, pero esto no los hace menos falsos. » Cochrane agrega que «el gobierno emitirá bonos para pedir prestado, lo que significa que los inversores al comprar bonos del Tesoro de EE.UU. dejarán de invertir en acciones o productos, anulando el efecto de estímulo.»

Edward Prescott, de la Arizona State University, quien ganó un premio Nobel de Economía en 2004 por su estudio sobre los ciclos económicos, hizo esta contribución: «Los economistas en el campo están profundamente divididos sobre la cuestión del estímulo federal … No sé por qué Obama dijo que todos los economistas están de acuerdo en esto. Ellos no lo están.»

Eugene Fama, de la Universidad de Chicago, declaró: «los rescates y planes de estímulo son financiados mediante la emisión de más deuda pública (¡el dinero debe venir de alguna parte!). La deuda, agregó, absorbe los ahorros que de otro modo irían a inversión privada,.. a pesar de la existencia de recursos ociosos, los rescates y planes de estímulo no agregan nada a los recursos actuales en uso. Acaban de mover recursos de un uso a otro. »

De Long concluye que «el argumento que los señores Fama, Prescott, Cochrane, Barro, Poole y compañía están haciendo es lo que los economistas llaman la Ley de Say. Es la afirmación de que las decisiones de aumentar el gasto, ya sea que vengan del gobierno o de cualquier otra persona, no pueden estimular la economía y aumentar el empleo y la producción porque la demanda debe ser creada por la oferta. Si el gobierno gasta, alguien más debe recortar sus gastos.»

[…] «Así que ahora, no puedo decir que somos todos keynesianos. Lo más que puedo decir es que deberíamos serlo.»

Y qué podemos tomar de lo dicho por Luigi Zingales, quien se suponía defendería una posición opuesta a la de De Long:

Se pregunta: «¿Qué significa ‘ser keynesiano’? Simplemente creer en el papel de los componentes de la demanda en la determinación de la producción total es una caracterización insuficiente. Un verdadero keynesiano difiere, en tanto que él también cree que: 1) La política monetaria no es la herramienta más eficaz para estabilizar la economía y puede ser completamente ineficaz en algunas circunstancias (trampa de liquidez), 2) la política fiscal es eficaz y el gasto del gobierno es la herramienta preferida, 3) la intervención del gobierno funciona y las consecuencias a corto plazo son más importantes que las de largo plazo.»

«Con esta definición en mente, hay cuatro formas en las cuales la afirmación ‘todos somos keynesianos’ puede ser interpretada. Propongo que la declaración es falsa en tres de cuatro de estas interpretaciones.»

«La primera interpretación es que la profesión económica ha llegado a un consenso sobre las posiciones keynesianas. Esta declaración es definitivamente falsa. Si usted navega a través de los artículos publicados en la revista líder de la American Economic Association en 2008, verá que sólo uno de los 12 artículos que se ocupan de las cuestiones macroeconómicas (Código JEL E) soporta (aunque muy indirectamente) la idea de una política fiscal de expansión como una herramienta política. Un desequilibrio aún mayor está en el pináculo de nuestra profesión. Entre los 37 ganadores del premio Nobel de Economía en los últimos 20 años, cuatro recibieron el premio por sus contribuciones a la macroeconomía. Ninguno de ellos podría ser considerado keynesiano. De hecho, es difícil encontrar trabajos académicos que apoyan la idea de un estímulo fiscal.»

«La segunda interpretación posible es que existe un consenso entre los economistas en que las causas de la crisis actual es keynesiana. Incluso en esta interpretación la declaración es falsa. No creo que ningún economista se atrevería a decir que la actual crisis económica de EE.UU. ha sido causada por subconsumo. Con cero de ahorro personal y un gran déficit presupuestario del gobierno de Bush hemos tenido una de las políticas keynesianas más agresivas en la historia.»

«La adhesión a los principios de Keynes no sólo no evitaron el desastre económico actual, sino que incluso han contribuido enormemente a la causa. El deseo keynesiano de gestionar la demanda agregada, haciendo caso omiso de los costos a largo plazo, impulsado por Alan Greenspan y Ben Bernanke a mantener las tasas de interés extremadamente bajas en 2002, impulsaron el consumo excesivo de las familias y la asunción de riesgos excesivos por parte del sector financiero. Más importante aún, ha sido la formación keynesiana de nuestros responsables políticos lo que les ha llevado a ignorar el papel que desempeñan los incentivos en las decisiones económicas. La principal diferencia entre Keynes y la economía moderna es el énfasis en los incentivos. Keynes estudió la relación entre los agregados macroeconómicos, sin ninguna consideración por los incentivos subyacentes que conducen a la formación de estos agregados. Por el contrario, la economía moderna basa todos sus análisis sobre los incentivos. En 1998, cuando el co-Fed coordinó el rescate de Long Term Capital Management, no se preocuparon por el impacto que esta decisión tendría sobre los incentivos para asumir riesgos y la liquidez adecuada de precios. Cuando el señor Bernanke diseñó el rescate de Bear Stearns, no se preocuparon por el impacto que esta decisión tendría sobre los incentivos de los otros bancos de inversión para aumentar el capital social a precios bajísimos. Cuando cambió de posición dos veces en el espacio de dos días, dejando que Lehman caer, pero rescatando a AIG, no se preocuparon por el impacto que tendría en la confianza de los inversores y los incentivos para invertir. Este es el comportamiento errático que ha asustado al mercado y ha creado la actual crisis económica: en una encuesta reciente el 80% de los estadounidenses declaran que tienen menos confianza de invertir en el mercado como consecuencia de la forma en que el gobierno ha intervenido.”

“Si los principios keynesianos y la educación son la causa de la depresión actual, es difícil imaginar cuál puede ser la solución. Por lo tanto, incluso la tercera interpretación que deben seguir las recetas keynesianas para combatir la actual crisis económica-es falsa. No discuto la idea de que algún tipo de intervención del gobierno puede aliviar las condiciones económicas actuales, y que una política económica keynesiana puede hacerlo. Con un déficit de cuenta corriente que en 2008 fue de 614 mil millones dólares, un déficit presupuestario que fue 455 mil millones dólares y los gastos militares de 731 mil millones dólares, es difícil argumentar que el gobierno no está estimulando la demanda lo suficiente. La crisis actual no es una crisis de demanda, es una crisis de confianza. El mal gobierno corporativo, junto con las políticas del mal gobierno ha destruido al sector financiero, asustando a los inversores y congelando los préstamos. Es como si una bomba nuclear hubiera destruido todas las carreteras de Estados Unidos, y afirmaran que para mitigar el impacto económico de un evento semejante, debería invertir en los bancos. Es posible que con el tiempo haya un efecto goteo. Pero si el problema es de los caminos, lo que necesitamos es reconstruir los caminos, no subsidiar al sector financiero. Y si el problema es el sector financiero, se deseará solucionar este problema y no la construcción de carreteras.”

“La única interpretación en virtud de la cual la declaración en cuestión es cierta es que ‘nosotros’ el pueblo estadounidense y sus representantes electivos sean todos keynesianos. El keynesianismo ha conquistado los corazones y las mentes de los políticos y las personas comunes y corrientes, ya que proporcionan una justificación teórica para el comportamiento irresponsable. La ciencia médica ha establecido que uno o dos vasos de vino al día son buenos para su salud a largo plazo, pero ningún médico recomienda a un alcohólico en recuperación seguir esta receta. Lamentablemente, los economistas keynesianos hacen exactamente esto. Le dicen a los políticos, que son adictos a gastar nuestro dinero, que los gastos del gobierno son buenos. Y qué decir a los consumidores, que se ven afectados por problemas graves de gasto, que el consumo es bueno, mientras que el ahorro es malo. En la medicina, tal comportamiento tendría que ser expulsado de la profesión médica; en economía, le ofrece un trabajo en Washington.”

Un 37 % de los lectores de The Economist que votaron en la encuesta afirmaron que SÍ, que «hoy somos todos keynesianos». Un 63 % dijo que NO, que esta afirmación carece de sentido.

APEE 2011

La semana pasada fue la conferencia 2011 de APEE en Nassau, The Bahamas. Más allá de la interesante selección de lugar la conferencia fue muy variada e interesante. Durante los dos días de presentaciones hubo hasta 8 sesiones en paralelo, por lo que había que ser muy selectivo.

Entre los cerca de 300 asistentes estaban Bruce Benson, Peter Boettke, Chris Coyne, Douglas Den Uyl, Gerald Dwyer, Steve Horwitz, Martin Krause, Peter Leeson, Leonard Liggio, Deirdre McCloskey, Gerald O’Driscoll, John Papola, George Selgin, Ed Stringham, Larry White, Bruce Yandle, Andy Young, George Ayittey y Elinor Ostrom.

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Keynes, Röpke y Hayek: ¿Qué tan diferentes son sus ideas?

Dejemos por un momento de lado al Keynesianismo, la Economía Social de Mercado y la Escuela Austríaca. Concentrémonos en tres autores: John Maynard Keynes, Wilhelm Röpke y Friedrich Hayek.

Si bien considero que sería correcto ubicar la filosofía política y el pensamiento económico de Röpke entre los trabajos de John Maynard Keynes y los escritos de Friedrich A. von Hayek,  me propongo en el siguiente artículo intentar responder a una sola pregunta: ¿hasta qué punto sería esto cierto?

Con un ánimo conciliador, trataré de mostrar consensos y diferencias entre tres de los pensadores más destacados del siglo XX. Es el objetivo final que estas comparaciones ilustren ciertos mitos que surgen en torno a ellos.

Dice el profesor Resico sobre el pensamiento de Röpke: “En este sentido, su planteo se apartaba explícitamente, por un lado de la economía coactiva (planificación central, corporativismo fascista, intervencionismo estatista) y, por otro, de la economía de mercado interpretada en la tradición del laissez faire, que excluye la intervención del estado en asuntos económicos”.[1]

Lucas Beltrán Florez nos ofrece otras precisiones sobre este aspecto, mostrando un Röpke que aceptaba la “intervención conforme” del Estado en la economía, pero rechazaba la “intervención disconforme”: “[L]a diferencia entre la intervención conforme y la disconforme [se comprende] comparándolas con la regulación del tráfico por las calles y carreteras. Mientras tal regulación se limite (como ocurre en la realidad) a exigir pruebas de aptitud a los conductores, señalar vías de tránsito y dictar instrucciones sobre el mejor modo de circular, cumple una misión absolutamente necesaria, y cada uno sigue siendo libre de ir a donde quiera, cuando y como quiera; esta forma de regulación es comparable a la intervención conforme. En cambio, se asemejaría a una intervención disconforme, la regulación del tráfico que tuviera la absurda pretensión de ordenar el movimiento de cada uno de los vehículos, como el capitán que manda una columna en marcha.”

“Röpke cree que la eliminación de las intervenciones disconformes y la aplicación racional de las conformes, encaminadas a asegurar el funcionamiento de la economía de mercado y la implantación del programa del ‘tercer camino’, son requisitos necesarios de una sociedad sana y estable.”[2]

La pregunta que me surge de este “tercer camino” es la siguiente: ¿No estarían de acuerdo tanto Keynes como Hayek con esta apreciación?

Keynes y Röpke

Concentrémonos primero en Keynes, a quien podríamos calificar como un defensor del “intervencionismo estatista”.
Ricardo Crespo sostiene que “[e]l caso de Keynes es un ejemplo de construcción social de una realidad donde el Keynes/hombre no siempre coincide con el Keynes/mito.” [3] Lo cierto es que posiblemente el error más significativo de Keynes haya sido titular su obra maestra como la “Teoría General”, si consideramos que los estudios y conclusiones presentados en 1936 aplican únicamente al caso particular de una economía con desempleo de recursos, y en especial a aquellas específicas circunstancias de la gran depresión de los años treinta.

Como decía su amigo y discípulo Richard Kahn, se ha abusado de la palabra “Keynes”. Con el tiempo (y gracias a la acción de malos políticos), ésta quedó asociada a soluciones inflacionarias, falaces y facilistas, a los problemas de la desocupación y a un Estado fuertemente interventor.

Sin embargo, concluye Crespo, sólo con importantes restricciones y matices (y en determinadas circunstancias) Keynes habría estado de acuerdo con las recetas que le atribuyen. Por eso, en 1946, el año de su muerte afirmó: “Yo no soy keynesiano”.[4]

De este modo, llegamos a un Keynes cuya teoría del intervencionismo económico sólo se acota a “determinadas circunstancias”. Algo similar podemos decir de la “economía social de mercado”. Resico muestra con precisión los “fundamentos de la economía de mercado” existentes en el pensamiento de Röpke, los que se sostienen sobre la base de su correcta comprensión de los órdenes espontáneos y en un marco institucional, social y ético favorable.
¿En qué circunstancias, sin embargo, considera Röpke que el funcionamiento de la economía de mercado se interrumpe? Hansjörg Klausinger, quien caracteriza a Röpke y otros alemanes como proto-keynesianos, nos explica que nuestro autor sólo alentaba la política expansionista en circunstancias específicas, haciendo referencia a la “depresión secundaria”.[5]

Röpke distinguía claramente la depresión primaria de la depresión secundaria. La primera es aquella depresión normal, que surge en todo ciclo económico y que es necesaria para liquidar la sobre inversión generada en la etapa del auge. Ante esta situación Röpke se podría denominar como un “liquidacionista”, en el sentido que no propone aplicar políticas para paliar tal situación. La segunda es aquella depresión que va un poco más allá de la necesaria liquidación de los comentados errores de inversión. Se trata de una depresión que se retroalimenta por sí misma, y que lleva consigo una destrucción de capital innecesaria, y que es imperioso detener. Ante esta situación es que Röpke sugiere aplicar políticas expansionistas, tanto monetarias como fiscales, como hoy sugieren los keynesianos. Explica Röpke que la expansión monetaria puede no tener la fuerza suficiente para detener la depresión secundaria, y por ello, debe ir acompañada de políticas fiscales que aseguren que habrá una mayor demanda de los créditos que la política de dinero fácil introduzca en el mercado.

Si bien ambos estarían de acuerdo en una política expansionista para circunstancias especiales, es esta explícita e importante distinción de Röpke de la que hoy carece el “intervencionismo keynesiano”.

Hayek y Röpke

Hayek por su parte, viene a representar al laissez faire, el que “excluye la intervención del estado en asuntos económicos”. Nótese sin embargo, que Hayek también aceptaba –en circunstancias excepcionales- que los hacedores de políticas públicas hicieran algo ante la situación descripta.

En términos de la ecuación cuantitativa del dinero (MV = Py), Hayek proponía mantener constante el ingreso nominal (MV). Esto tenía dos implicaciones. De un lado, permitir que ante un aumento de la productividad y su consecuente crecimiento económico (y), bajen los precios (P). Ya en Precios y Producción, decía Hayek: “El que no haya ningún peligro en que los precios caigan cuando la producción sube ha sido subrayado una y otra vez, por ejemplo por A. Marshall, N. G. Pierson, W. Lexis, F. Y. Edgeworth, F. W. Taussig, L. Mises, A. C. Pigou, D. H. Robertson y G. Haberler.”[6]

Cabe aquí hacer la distinción -muchas veces ignorada por los economistas que animan políticas anti-deflacionistas- entre el proceso de deflación que surge por aumentos de productividad, de aquel proceso que surge en las etapas últimas del ciclo económico. [7]

Del otro, que ante una contracción secundaria de dinero, la autoridad monetaria expanda la base monetaria. En pocas palabras, la expansión primaria sirve para compensar la contracción secundaria.

Hayek, sin embargo, jamás habló de combinar esta política monetaria con políticas fiscales. Su preocupación, como la de Röpke, no era evitar el ajuste necesario del período de sobre-inversión, sino más bien, evitar que el ajuste sea mayor al necesario para volver a una situación de normalidad. [8]

Conclusión

Estos comentarios acercan el pensamiento de Keynes, Röpke y Hayek, con el único objetivo de mostrar que ninguno representa los extremos con los que muchas veces se los identifica.

Resulta fundamental, sin embargo, señalar –como lo hace Resico- que Röpke –al igual que Hayek- realizó una valoración crítica del pensamiento de Keynes, “en el que destacaba una generalización errónea del principio de la ‘demanda efectiva’.” Más precisamente Röpke se separaba de la propuesta keynesiana de pleno empleo, el que representó un manejo activo de la política económica de coyuntura, otorgándole un sesgo inflacionista y de control cada vez más amplio sobre el sistema económico, [9] aspecto que se replica en Hayek [10]

En otras palabras, la crítica de Röpke -que desde luego compartía con Hayek- estaba destinada a esa propuesta de manejar científicamente las variables monetarias, controlando la cantidad de dinero en circulación, los tipos de interés, el tipo de cambio, y mediante ellos, determinar el nivel de empleo y la tasa de crecimiento económico. Esta «fatal arrogancia» que hoy sostienen muchos economistas, de querer manejar la economía como si fuera un automóvil, mediante unos cuantos controles en un tablero, es el error fatal que Keynes introdujo, y del cual necesariamente debemos distanciar tanto a Röpke como a Hayek. Después de todo, como ha señalado Garrison, «Keynes [en parte] fue un keynesiano». [11]

Referencias

[1] Véase Marcelo F. Resico (2008), La estructura de una economía humana, Reflexiones en cuanto a la actualidad del pensamiento de W. Röpke, Educa, Buenos Aires.

[2] Véase Lucas Beltrán Flórez (1951), Economistas modernos, Cap. XII: Röpke, Editorial Teide, Barcelona, pp. 136-137.

[3] Véase Ricardo Crespo (2005), El Pensamiento Filosófico de Keynes: Descubrir la Melodía, Ediciones Internacionales Universitarias, Madrid.

[4] Véase Ricardo Crespo (2009), John Maynard Keynes, un economista profundamente anti-keynesiano, Revista digital La Escuela Austríaca en el Siglo XXI, No. 14, Fundación Friedrich A. von Hayek, Buenos Aires.

[5] Véase Hansjörg Klausinger (1999), German anticipations of the keynesian revolution?: The case of Lautenbach, Neisser and Röpke, The European Journal of the History of Economic Thought, 6: 3, Autumn 1999, pp. 378-403.

[6] Véase Friedrich A. von Hayek (1997) [1931], Precios y Producción, Unión Editorial SA, Madrid, pp. 97-98.

[7] Véase Joseph Salerno, An Austrian Taxonomy of Deflation. Presented at “Boom, Bust, and the Future,” January 19, 2002, The Mises Institute, Auburn, Alabama.

[8] Véase Adrián Ravier (2010), El mito liquidacionista de Hayek y su regla monetaria, El Cato Institute, 15 de febrero de 2010.

[9] Véase Marcelo F. Resico (2008), Wilhelm Röpke: una vida por el humanismo económico, Acton Institute de Argentina, Buenos Aires.

[10]Véase, Adrián Ravier [2010], En busca del pleno empleo: Estudios de macroeconomía austriaca y economía comparada, Unión Editorial, Madrid, 2010.

[11] Véase Roger W. Garrison (2010), Keynes was a keynesian, Daily Article, Ludwig von Mises Institute, 20 de mayo de 2010.