En el diario La Tercera, de Chile. Es un artículo periodístico, no academic, sobre los saqueos:
Reflexión de domingo: «Perón y el asalto de las pensiones»
Juan Domingo Perón ofreció un discurso el 30 de noviembre de 1973, por Cadena Nacional, respecto del sistema previsional. Decía entonces lo que se puede ver en este video:
“Nosotros comenzamos a estudiar estos problemas cuando todos nuestros viejos estaban abandonados. No quisimos hacer un sistema previsional estatal porque yo conocía y he visto ya en muchas partes que estos servicios no suelen ser ni eficientes ni seguros. Dejándolo al Estado libre de una obligación que siempre mal-cumple. Es la experiencia que tengo en todas las partes donde este sistema lo he conocido, que hay en varias partes. Bien señores, ¿qué paso después? En 1956, el Estado acuciado quizás por la necesidad, echó mano a los capitales acumulados por las cajas, es decir, se apropió de eso. Para mí eso es simplemente un robo, porque no era plata del Estado, sino de la gente que había formado esas sociedades y esas organizaciones. Claro que lo descapitalizaron. He visto un decreto secreto por el cual se sacaron 65.000 millones para auxiliar a otros que no tenían nada que ver con las Cajas de Jubilaciones y Pensiones que nosotros habíamos creado. Es decir señores, se las asaltó. Fue un asalto. Entonces naturalmente que después de ese asalto los pobres jubilados comenzaron a sufrir las consecuencias de una inflación que no pudo homologar ningún salario, ni ninguna jubilación. Y llegaron a cobrar en la proporción como poder adquisitivo de la desvalorización de esa moneda. Cuando nosotros dejamos el gobierno en 1955, el dólar estaba en el mercado libre a 14,50 y ahora estos pobres tenían que cobrar a razón de un dólar de 1400 pesos. Entonces era lógico, señores. Cualquiera hubiera sido el arreglo que se hiciera esto no tenía arreglo. Lo que pasa es que se habían desfalcado las cajas. ¡Las habían asaltado! Y las cajas como todas las organizaciones económicas y financieras tienen sus límites. El límite está indicado por su capital. Una vez que le han sacado el capital es inútil que se pretenda buscarle soluciones de otra manera.”
Lo que decía Perón es una muestra de lo que hoy es sabido por todos. El sistema de previsión social “de reparto” que experimentó la Argentina hasta 1994 es el principal responsable de la precariedad con la que han vivido los jubilados y pensionados. La característica central de este sistema es que la contribución de los trabajadores se destina a financiar las prestaciones de los jubilados. Este sistema, que ha quebrado sucesivamente a lo largo de nuestra historia y que podríamos denominarlo como “coactivo”, no ha sido en el pasado, y no es en el presente, ni previsor ni social. Los actuales jubilados reciben sumas de dinero que no guardan relación con las contribuciones que han ido realizando durante su vida activa.
El cambio introducido al sistema en 1994, si bien lo reformó en cierto modo, conservó la naturaleza “coactiva” del sistema, ya que se le negó al trabajador la posibilidad de decidir sobre su patrimonio. Es cierto que se crearon las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP), que han tenido como objetivo la administración de las contribuciones de los trabajadores. Sin embargo, estas agencias no compitieron en el mercado libre con otras posibles inversiones previsionales dentro y fuera del país, sino que recibieron compulsivamente una porción fija de los salarios de todos los trabajadores, cobraron comisiones astronómicas en relación con los sistemas vigentes en otros países del mundo y lo más importante: no se les permitió gestionar el cien por cien de los fondos según sus propios criterios, sino de acuerdo a las directrices aprobadas por el Gobierno. En definitiva, fueron más bien gerentes del Estado, que empresas privadas.
Cristina Kirchner envió en su momento un proyecto al Congreso para intentar modificar este sistema. Pero en lugar de girar hacia la dirección correcta, es decir, hacia un sistema privado voluntario, decidió empeorar la situación eliminando las AFJP y volviendo a un sistema de reparto.
En lugar de eliminar la “coacción” que obliga a los trabajadores a elegir o bien por las AFJP locales (aprobadas por el Gobierno) o bien por el sistema de reparto, la propuesta pasó por suprimir las AFJP y, con ellas, el ínfimo espacio con el que contaba el mercado. El proyecto tuvo como objetivo apropiarse de los fondos acumulados en el sistema, esto es, casi treinta mil millones de dólares e impagar la deuda de los últimos catorce años. Al mismo tiempo, los más de nueve millones de trabajadores debieron contribuir de forma obligatoria al sistema de pensiones de reparto público, lo que equivale a una cifra superior a los trescientos millones de dólares mensuales. Recordemos que un año antes de presentar este proyecto de ley, se ofreció la posibilidad a los trabajadores de pasar de las AFJP al sistema público, y sólo entre un 20% y un 30% aceptó el cambio (es decir, entre el 70 y el 80% de los trabajadores permaneció en el sistema de las AFJP). Los argentinos no deseaban regresar a los sistemas de reparto justamente porque conocen sus consecuencias tan bien explicadas por el propio Perón. Ya en 2009, los legisladores de la oposición denunciaron lo que era lógico, que la ANSES estaba manejando los fondos con arbitrariedad, sin informes públicos y sin los controles que se prometieron a la hora de conseguir rápidamente los votos en el Congreso.
¿Cuánto del dinero transferido de las AFJP hoy mantiene ANSES? ¿Que proporción de esos activos son bonos del gobierno (de difícil cobro en el futuro)? Son preguntas simples, que hasta el momento nadie responde. Lo cierto es que ante la crisis fiscal en la que ya está el gobierno, y que lamentablemente se profundizará en los próximos años, los que sufrirán serán precisamente nuestros viejos. Hay quienes dicen que las jubilaciones y las pensiones son algo demasiado importante para dejarlo en manos del mercado. Yo pienso que las jubilaciones y las pensiones son algo demasiado importante para dejarlo en manos del Estado. En una sociedad libre, el Estado no debería imponer ningún sistema de jubilación. En su lugar, tendría que permitir que hubiera tantos como los que establezcan los interesados según sean sus preferencias y sus situaciones económicas.
La Economía de la Escuela Austriaca no es pseudociencia – Parte II
La primera parte de mi réplica a José Luis Ferreira dejó pendiente el punto metodológico. En esta segunda parte me propongo explicar brevemente cómo proceden los economistas austriacos, como un complemento a lo ya señalado por Juan Ramón Rallo, aspectos que comparto plenamente y que ya compartimos en nuestro blog.
Puede resultar paradójico, pero así como los austriacos han denunciado el abuso de la matemática por parte de los profesionales de esta disciplina (Ver Juan Carlos Cachanoksy aquí y aqui), también sostienen que el método adecuado para la economía es precisamente el mismo que el de las matemáticas. Sin entrar en el debate de si las matemáticas son o no una ciencia, diremos que las matemáticas son un cuerpo de teoremas abstractos, vacíos de contenido empírico, que se deducen lógicamente de ciertos axiomas. Luego, bajo ciertas definiciones, las matemáticas –y también su hija, la geometría- tienen numerosas aplicaciones en el mundo real.
La praxeología precisamente sigue este método. Define un axioma como punto de partida, y deduce de él una serie de teoremas, que podemos llamar leyes económicas teóricas, porque son de aplicación universal y vacías de contenido empírico.
El enfoque es claramente anti-positivista (Friedman 1953), porque sostiene que no es posible refutar las leyes económicas que se deducen del axioma central a través de la evidencia empírica. Un ejemplo de las matemáticas que acostumbra ofrecer Juan Carlos Cachanosky en sus clases puede resultar útil para mostrar el punto. Imaginemos que yo deposito 4 manzanas en una heladera vacía. Luego mi esposa me comenta que depositó otras 8 manzanas en la heladera. Ahora imaginemos que al abrir la heladera cuento 13 manzanas. ¿Refuta el caso los respectivos teoremas de las matemáticas? Claro que no. Al aplicar los axiomas y teoremas deducidos lógicamente sobre el mundo real, debo hacer ciertas observaciones empíricas, subjetivas, ajenas al modelo. Luego, los errores de predicción (pasados y futuros) no son necesariamente problemas del modelo teórico. A lo sumo, nos pueden prender una luz de alarma de que puede haber allí un problema. Para refutar un teorema matemático se necesita una demostración lógica en la deducción de los teoremas. Para refutar una ley económica del tipo austriaco también se necesita una demostración lógica en la deducción de los teoremas.
¿Podemos sostener entonces que los teoremas de la matemática o la economía son siempre verdaderos y que es imposible su refutación? Claro que no. Todos los teoremas son construcciones teóricas abiertas al debate, pero no debemos confundir la contrastación o refutación de estos teoremas, respecto de la contrastación o refutación de las predicciones empíricas que surgen de aplicar estos teoremas. En el primer caso, necesitamos lógica para desmantelar el sistema. En el segundo, las observaciones sobre hechos empíricos pueden ayudarnos a identificar un problema.
¿Y qué podemos decir de los axiomas? Por conveniencia metodológica los axiomas se toman como válidos, indiscutibles y no se contrastan directamente con la evidencia empírica. Sin embargo, al introducirnos en el “arte” de la predicción, sí se contrastan los axiomas de un modo indirecto. Esto es lo que llamamos macro-predicciones que pondrán a prueba el conjunto del sistema que incluirá desde el axioma de punto de partida, hasta los teoremas teóricos deducidos y las observaciones subjetivas y empíricas del analista. Un error en la predicción, sin embargo, no anula al sistema, ni al axioma de punto de partida. El analista deberá empezar por el final, analizando si sus observaciones subjetivas fueron correctas, y si no encuentra errores allí, volver la atención sobre la deducción de los teoremas.
Dicho esto, hay que decir que Menger (1871, 1884) sólo dio los primeros pasos en la construcción de este sistema. Böhm Bawerk ofreció algunos avances más tarde en su trabajo en tres tomos, Capital e Interés (1884-1889-1921). Pero corresponde a Mises el mérito de ofrecer una primera sistematización integrada de la economía, específicamente en su tratado La Acción Humana (1949). Hoy contamos además con nuevas contribuciones que reforzaron esa línea de trabajo, pero aquí me interesa destacar el notable aporte del profesor Zanotti en el que ofrece un ordenamiento epistemológico de la economía de la acción humana, que permite mostrar con mayor claridad los elementos de la praxeología: 1) un sub-núcleo central no falsable, que surge de una descripción del axioma praxeológico central y una descripción de los 24 teoremas o leyes económicas teóricas que se pueden deducir de ese axioma; 2) una serie de hipótesis auxiliares, de carácter empírico, que son fundamentales para pasar de las leyes económicas teóricas al análisis de la economía pura de mercado, del intervencionismo y del socialismo; 3) una descripción de los teoremas o leyes económicas empíricas que describen la economía pura de mercado, y que se pueden deducir del axioma central + las leyes económicas fuertes + hipótesis auxiliares; 4) una descripción de los teoremas o leyes económicas empíricas que describen la teoría general del intervencionismo, describiendo en particular aquellos teoremas que advierten de las consecuencias de la acción estatal al distorsionar los precios que surgen en una economía pura de mercado; 5) una descripción de los teoremas o leyes económicas empíricas que describen el socialismo, definido bajo la propiedad pública de los medios de producción. (Zanotti 2009)
Todo esto intentamos resumirlo en el siguiente cuadro, el que además presenta ejemplos concretos de cada uno de estos teoremas o sub-hipótesis auxiliares, para que el lector se haga una correcta imagen del planteamiento del profesor Zanotti.
Fuente: Elaboración propia a partir de Zanotti, 2009.
¿Pero qué entendemos nosotros por ley económica? La respuesta es compleja porque existen tantas definiciones de “ley” como “filósofos de la ciencia”. Nosotros diremos que “ley económica” es aquel teorema que se deduce directa o indirectamente del axioma praxeológico central. Pero debemos advertir que en este sistema coexisten distintos tipos de leyes.
Del cuadro se pueden deducir precisamente tres diferentes tipos de leyes económicas. Para definirlas utilizaremos cuatro ejemplos concretos de teoremas, todos los cuales forman parte del sistema praxeológico. En este caso, nos concentraremos en cuatro leyes que están conectadas, pero que son de naturaleza diferente, a saber, 1) la ley de utilidad marginal; 2) la ley del intercambio; 3) la ley de formación de los precios; 4) la ley de control de precios máximos.
Diremos que la primera es una ley económica en sentido fuerte, universal, vacía de contenido empírico: “El valor otorgado a las unidades de un bien formado por n unidades es mayor que el otorgado a las unidades del mismo bien formado por n+1 unidades y menor que el otorgado a las unidades del mismo bien formado por n-1 unidades (ley de utilidad marginal)” (Zanotti, 2009, p. 34). Partiendo del axioma praxeológico central de “la acción humana” su deducción es lógica y sólo puede ser refutada mediante esta herramienta.
Tomemos ahora la ley del intercambio: “La ley de utilidad marginal y la [hipótesis auxiliar de la] división del trabajo constituyen dos condiciones necesarias para el intercambio de bienes y servicios (mercado). Según la hipótesis auxiliar 3ª, en la cooperación social cada persona concentra su labor en aquello para lo cual posee mayor productividad. Por lo tanto, cada persona dispondrá de mayor cantidad de unidades del bien que produce que del bien que no produce. Luego, dada la ley de utilidad marginal (axioma 9), si A produce a y si B produce b, el valor de las unidades de a será para A menor que para B, y el valor de las unidades de b será menor para B que para A. En ese caso, cada persona valora menos lo que posee que lo que no posee, y dado el axioma 1, tenderá a realizarse el intercambio.” (Zanotti, 2009, pp. 37-38)
Puede confundir al lector que aquí Zanotti define como axioma 1 y 9, lo que nosotros definimos inicialmente como teoremas. Lo que ocurre es que dentro del sistema representado en el cuadro No. 2, hay dos sub-sistemas axiomático-deductivos. El primero tiene como axioma a la acción humana, esto es, el axioma praxeológico central, del cual se derivan los 24 teoremas praxeológicos. El segundo sistema, tiene como axiomas a los 24 teoremas praxeológicos, de los cuales se derivan luego los teoremas de la economía pura de mercado, el intervencionismo y el socialismo.
Volviendo sobre la ley del intercambio, no podemos asumir a priori que siempre habrá intercambio. Para ello debemos asumir la existencia de más de un individuo y una determinada interacción social entre ellos. Pero esa cooperación social y también la división del trabajo requieren como condicionante de ciertas instituciones –que Zanotti coloca como hipótesis auxiliares-, como por ejemplo, el derecho de propiedad o la libertad de contratos, los que no necesariamente aparecen en el mundo real. Hubo otros tiempos, y hay hoy muchos lugares, en que tales asociaciones voluntarias no ocurrieron, ni ocurren. La teoría de los juegos, por ejemplo, se preocupa precisamente por mostrar centenares de situaciones en que los agentes no cooperan.
Luego, bajo todo lo dicho, podemos pasar a la ley de determinación de los precios: “Oferta y demanda encuentran una valoración común en el precio. Si A demanda 3 b y por ellos ofrece 2 a, y B demanda (valora) 2 a pero por ellos ofrece 1 b, no hay intercambio. Luego, para que haya intercambio el valor esperado mínimo del oferente (‘yo no vendo por más de…’) debe ser menor o igual al valor esperado máximo del demandante (‘yo no compro por más de…’). Luego, si se produce el intercambio, oferente y demandante se han encontrado, comunicado, en una valoración en común que se denomina precio. El precio no es entonces el precio esperado del vendedor ni del comprador, sino el precio en el momento del intercambio. Es el encuentro de expectativas entre oferente y demandante lo que se denomina precio.” (Zanotti, 2009, pp. 38-39)
Estos dos teoremas, el de la ley de intercambio y la ley de formación de precios son para nosotros leyes económicas empíricas que nos permiten comprender una parte de la economía pura de mercado. No podemos calificarlas como leyes “fuertes” porque no son vacías de contenido empírico.
Finalmente, el profesor Zanotti nos recuerda la ley de precios máximos que es generalmente aceptada en el campo de la microeconomía: “toda fijación de un precio por debajo de lo que el mercado lo hubiera fijado (precio máximo) genera una retracción de la oferta y un aumento en la demanda, lo cual implica un faltante en el mercado.” (Zanotti, 2009, p. 70)
Esta ley económica también es empírica, porque se basa en una intervención del estado sobre un aspecto de la economía pura de mercado. Pero si bien es una ley económica empírica, debemos advertir que no es parte de la economía pura de mercado, sino de una teoría más amplia del intervencionismo.
Ceteris paribus, puede observarse que una política económica (bien o mal intencionada) que fije esos precios, en un nivel diferente al que genera el propio mercado, producirá con el tiempo una reacción del mercado que necesariamente conducirá a un efecto contrario al buscado.
Podemos tomar como ejemplo, el teorema enunciado arriba que resume la ley de control de precios máximos. Concretamente, esta ley muestra que si el gobierno desea intentar bajar el precio de la carne o la leche a un nivel inferior al que el mercado determina, los incentivos a una mayor demanda y a una menor oferta contribuirán a su escasez, lo que más tarde hará elevar aun más su precio de mercado, lo que agravará indeseablemente el problema inicial.
Advertirá el lector que esta ley aplica a todos los bienes y a todos los servicios, incluyendo la salud y la educación, y también, como ha demostrado Gary Becker, al mercado de las drogas, los órganos humanos, el matrimonio, la discriminación o el crimen organizado. (Becker, 1976).
El cuadro trabaja finalmente el caso del socialismo, lo cual es relevante para mostrar que el sistema no limita su utilidad únicamente al caso específico del capitalismo, sino a todos los sistemas económicos posibles. Si definimos socialismo como ausencia de propiedad privada, entonces surge un nuevo teorema: “El cálculo económico es imposible bajo el socialismo.” (Zanotti, 2009, p. 88).
En comparación con la economía pura de mercado, uno puede notar lógicamente que la ausencia de propiedad privada de los medios de producción, implicará ausencia de mercados para esos medios de producción. Sin estos mercados, no habrá precios para esos medios de producción, lo que implica lógicamente que no es posible realizar cálculo económico, lo que en definitiva es una guía para la función empresarial en cuanto a qué bienes y servicios deben ser producidos. Cabe notar que este teorema elaborado por Mises (1922) anticipó el caos en la producción que habría en cualquier economía que rechace la propiedad privada de los medios de producción.
Mark Blaug –uno de los tratadistas de mayor prestigio en la historia de las ideas- reconoció que “de forma lenta y extremadamente reacia he llegado a darme cuenta de que ellos (los teóricos de la Escuela Austriaca) están en lo cierto y de que todos los demás hemos estado equivocados”, afirmando además, al evaluar la aplicación del paradigma neoclásico cara a justificar la posibilidad del cálculo económico socialista, que es algo “tan ingenuo desde el punto de vista administrativo como para dar risa. Sólo aquellos emborrachados con el modelo de equilibrio estático perfectamente competitivo pueden haberse tragado semejante tontería. Yo mismo fui uno de los que se la tragó en mis años de estudiante en los 50 y ahora no hago sino maravillarme ante mi propia falta de agudeza.” (Blaug y Marchi, 1991, p. 508)
Demás está decir que Ferreira y los economistas de la corriente principal, podrán rechazar esta metodología, pero lo que no queda claro, al menos para quien escribe es por qué lo rechazan, y mejor aun, por qué tal proceso no sería científico.
Quizás deban comprender la praxeología como un único gran modelo que integra todo el análisis económico. Quizás los elementos de punto de partida, el axioma central y sus teoremas deducidos, no deban ser tomados por ellos como indiscutibles, sino como simples supuestos. Pero de cualquier forma, el modelo tiene sus ventajas respecto de las metodologías alternativas, tomando como principal ejemplo, el poder integrar los campos de estudio en un solo modelo. De ahí la «superioridad» del enfoque que muchos observamos en este paradigma respeto de sus alternativas.
Para cerrar, hay que señalar que el enfoque austriaco está abierto a debate. Los teoremas mencionados son sólo un punto de partida, que deberá ser corregido y ampliado por nuevos economistas en el futuro. Afirma el propio Zanotti:
“El desarrollo de estos teoremas puede ser continuado y perfeccionado ad infinitum. Los ideales de ‘ciencia terminada’ ya hace mucho tiempo que concluyeron. La epistemología ha dado un verdadero progreso con el tema de los límites del conocimiento humano, en las ciencias naturales, ciencias sociales y formales. […] Trabajos como estos no sólo no cierran los temas sino que los abren a mayores desarrollos. Pero esa apertura tiene que ver con un orden epistemológico de los contenidos. Tal ha sido nuestro principal intento.” (Zanotti, 2009, pp. 90-91)
La Economía de la Escuela Austriaca no es pseudociencia – Parte I
José Luis Ferreira ha escrito un libro en el que relaciona la economía y la pseudociencia. En los últimos días, tomó un extracto del libro y lo subió a un blog incluyendo una breve referencia crítica a la Escuela Austriaca de Economía que copio a continuación.
“Con la escuela austriaca se encienden muchas señales de alarma que nos previenen contra la pseudociencia: ¿dónde están los avances de esta escuela? ¿Cuándo han corregido un error? ¿Cuándo han descartado una hipótesis por encontrar otra mejor? ¿Dónde publican? ¿A quién convencen? ¿Qué datos necesitan para invalidar alguna de sus hipótesis? … En realidad no es de extrañar que esta escuela no presente avances puesto que, como decía Friedrich Hayek, su postura no es consecuencialista. Para ellos la aceptación de la libertad de mercado es un fin en sí mismo como parte de la libertad humana.”
La crítica ha generado una fuerte reacción en los círculos austriacos, y es quizás por eso que me animo a escribir esta nota, básicamente para calmar las aguas y pedir comprensión de un lado y del otro del debate.
A los austriacos les digo que Ferreira no es un improvisado. Es profesor de la Universidad Carlos III de Madrid y se define a sí mismo como un economista de amplia formación, experto en Teoría de Juegos, Microeconomía, Economía Experimental y Metodología, temas sobre los que dirige proyectos de investigación y publica regularmente artículos en las revistas académicas internacionales.
Les diré además que esta crítica no es nueva, sino que representa precisamente el modo en que la corriente principal, el mainstream, ve a la tradición austriaca.
Incluso diré que parte de la tradición austriaca –y no daré nombres- cae en los vicios que Ferreira señala. Sí, lo confirmo, dentro de la Escuela Austriaca hay autores que contaminan sus investigaciones con sesgos ideológicos.
Pero también le diré a Ferreira que esos sesgos no son sólo un problema en la tradición austriaca. Rallo lo dice claramente en su réplica. No puede desestimarse a toda la tradición por la mala praxis de unos pocos. De otro modo, ¡qué quedaría de la profesión!
Intentaré entonces convencer a Ferreira que hay una Escuela Austriaca a la que vale la pena dedicarle tiempo, y que va mucho más allá de Mises y Hayek.
El Amanecer, una novela de Ricardo M. Rojas
Hace algunos años tuve la oportunidad de entrevistar al autor de El Amanecer, y al consultar por ella, recibí una respuesta que la define:
Es una versión argentina de ‘La Rebelión de Atlas’, adaptada a los problemas básicos por los que pasó el país en la década en la cual trabajé en ese libro, y sobre todo, incluyendo algunos problemas que se vinculan con el derecho y la política.[1]
Me parece apropiado entonces iniciar esta introducción con un breve comentario acerca de esta “novela madre”, escrita por la filósofa y escritora Ayn Rand, en 1957.[2]
“La Rebelión de Atlas” cuenta con unas 645.000 palabras y alrededor de 1300 páginas, pero a pesar de su extensión, ha impactado a millones de lectores de distintos países y generaciones, aspecto que seguramente continuará en el tiempo, si uno considera las recientes traducciones a nuevos idiomas, o bien, la adaptación que se hizo de la novela a una película de Hollywood.[3]
El propio Ricardo M. Rojas resumía el contenido de esta novela en la misma entrevista:
La Rebelión de Atlas tiene importantes enseñanzas económicas: muestra cómo el proceso de producción de riqueza tiene una única fuente: la mente humana aplicada a una tarea productiva. Que cuando los productores dejan de producir el mundo se paraliza, que la productividad y la generación de riqueza encierran en sí mismas un alto valor moral, y que en las sociedades libres, precisamente la moneda representa ese valor.
Por eso es que se ha dicho que este libro plantea qué ocurre cuando las personas realizan la única huelga que jamás se ha hecho explícita en el mundo: la huelga de cerebros. Qué pasa cuando los productivos se niegan a continuar produciendo. Y las derivaciones para el estudio de la economía que surgen de esta idea son impresionantes. [4]
Desde hace décadas, las dictaduras y democracias ilimitadas se sucedieron en la Argentina -y también en otros países de América Latina- cercenando total o parcialmente la libertad individual, la propiedad privada y la economía de mercado, y dejando al país en una ruina constante.[5] Ricardo M. Rojas recibió muy temprano el impacto y la influencia de aquella novela y pensó en lo importante que sería adaptar la fuerza de esas ideas a las circunstancias de la región.
Esta novela hace precisamente esto, iniciando con la elección democrática de un nuevo Presidente, Antín, que se acomoda como “político perfecto”, de buenas intenciones, “capaz de hablar a los socialistas sobre las ventajas de su plan de bienestar social, a los demócratas sobre las bondades del gobierno de la mayoría, y sobre deberes morales a los conservadores”, pero especialmente liberando al pueblo “de la pesada carga de tomar decisiones”.
Entre sus personajes aparece también Simón Varela, “el anciano Vicepresidente […] quien sabía que no tendría participación alguna en las decisiones, pero quería contemplar los acontecimientos de cerca y figurar en los libros de historia.”
Leonardo Lagos, Presidente del Partido Capitalista, viene a ser un enemigo acérrimo del gobierno electo. Excesivamente frío, exigirá explicaciones racionales a sus adversarios políticos y periodistas, mientras insiste una y otra vez que “la única función del gobierno es proteger los derechos”.[6]
Joaquín Irusta refleja al empresario creativo, innovador, generador de riqueza que en definitiva mantiene la estructura social de aquella mítica Argentina. Por supuesto no es el único, pero en la novela es quien debe enfrentar a los sindicatos y ceder espacios de decisión que poco a poco lo van conduciendo a la ruina, mientras enfatiza que la riqueza no es un stock que hay que repartir, sino un flujo que hay que crear.
José Montiel tuvo un paso muy breve por la justicia penal, cuando advirtió que la Ley no podía ser cuestionada, sino sólo obedecida, y cuando observó que el Derecho y la Legislación no siempre van por el mismo camino. Para no cometer injusticias, entendió rápidamente que debía dar un paso al costado. En su lugar, ocupó una banca en la Cámara de Diputados, como representante del Partido Capitalista, incomodando “a quienes se suponían sus pares, pues violaba el código secreto de aceptaciones y silencios que gobernaba al Congreso”. Sus preguntas eran siempre incómodas: “¿Qué es? ¿Cómo puedo saberlo? ¿Qué debería hacer en consecuencia?, y en relación con los demás: ¿Ha sido un trato voluntario? ¿Quién paga por ello?”
Diana Morris ataca al gobierno desde los medios con mucha impiedad. Entendía con claridad que los medios eran un campo de batalla para las ideas y los principios. Había tenido que dejar el país cuando una bomba destrozó su departamento, aunque decidió regresar apenas hubo cambio de gobierno. Enemiga del oficialismo, fue perseguida e investigada, pero fue protegida al comienzo por cierta Libertad de Expresión, en la que el nuevo Presidente Antín decía creer.
Podrá pensar el lector que la novela trata de un grupo de valientes representando a una minoría cuyos derechos son avasallados. Pero no. Es mucho más que eso.
Mario Vargas Llosa reflexiona acerca de la literatura, y afirma que ésta “no documenta la realidad, la transforma y adultera para completarla, añadiéndole aquello que, en la vida vivida, sólo se experimenta gracias al sueño, los deseos y a la fantasía”.[7]
La historia sufre entonces un quiebre, entre la realidad y la fantasía, cuando Juan Adams, vecino, amigo y socio de Lagos, descubre una isla que lo cambiará todo. “En ese archipiélago se formará la primera sociedad auténticamente libre de la tierra, perfecta, tal y como la soñamos en nuestra adolescencia […] El archipiélago es el último refugio para gente como nosotros, una sociedad en la que cada individuo vale por lo que es; donde no existe la caridad, pero tampoco el sacrificio; donde nadie regala nada, pero tampoco lo quita; donde la mutua conveniencia es el móvil de las relaciones humanas.”
Los hechos se suceden mientras el gobierno argentino, en un marco de democracia ilimitada y con su pueblo como cómplice, va destruyendo gradualmente sus instituciones, los incentivos al trabajo y al esfuerzo, sus empresas, su riqueza y poco a poco se sumerge en la miseria. En paralelo, en el archipiélago, se va formando una sociedad de hombres libres, que admiten la responsabilidad que implica esa amada libertad, que creen en la cooperación social “voluntaria”, en el marco de ciertas normas de aplicación general, donde predomina la igualdad ante la ley, y donde cada individuo trabajará y se esforzará por crear su propio futuro y así forjar su destino.
La historia no puede estar exenta del amor, la que reunirá a Leonardo Lagos con Marlene Meyer como una pareja ideal. También contiene diálogos y razonamientos que sumergirán al lector en la más profunda filosofía. Pero no en cualquier filosofía. El autor traslada a esta novela la “filosofía objetivista” que toma de Ayn Rand en sus diversas novelas.
Imagino que el autor estará de acuerdo conmigo si afirmo que las palabras de Eduardo Galeano en su famosa novela Las venas abiertas de América Latina, son aplicables a esta novela:
Escribí [El Amanecer] para difundir ideas ajenas y experiencias propias que ayuden un poquito, en su realista medida, a despejar los interrogantes que nos persiguen desde siempre: ¿Es América Latina una región del mundo condenada a la humillación y a la pobreza?[8]
Está claro que las ideas detrás de El Amanecer están en las antípodas de aquellas Venas, pero pienso que no me equivoco si sostengo que, en cierto sentido, esta novela puede ser una respuesta a las ideas expresadas en aquella obra literaria.
El Amanecer es entonces el producto de un profundo estudio filosófico, jurídico, económico y político, que desarrolló el autor durante décadas, aplicado a Latinoamérica, pero en particular a Argentina[9] y Cuba.[10]
Se podrá decir que aquel populismo retratado en la obra corresponde a tiempos pasados, como la década perdida de los años 1980 en América Latina. Pero no. El populismo continúa presente, y adquiere nuevas formas, en particular en Argentina (primero con Carlos S. Menem y de allí hasta Néstor y Cristina Kirchner); luego en Venezuela, quizás con mayor profundidad (desde Hugo Chávez hasta Nicolás Maduro); y luego en Bolivia (con Evo Morales Ayma), Ecuador (con Rafael Vicente Correa) y en Nicaragua (con Daniel Ortega Saavedra). Pero no son sólo estos cinco países, sino que el populismo está presente en mayor o menor medida en toda la región, y amenaza con extenderse en cada elección por la carencia de límites republicanos y constitucionales.
Si el lector quiere comprender las cuatro fases de este populismo, El Amanecer lo retratará a la perfección: una primera fase de éxito de muy corto plazo, donde a pesar del despilfarro, la economía tiende a crecer y se genera empleo; una segunda fase de desbalances, donde aparece el déficit fiscal, y con él, una mayor presión tributaria, el endeudamiento o la inflación. Una tercera fase en que se profundizan los desbalances, se agotan los recursos tradicionales, y se avanza hacia las nacionalizaciones y las expropiaciones. Y una cuarta fase de ajuste, donde el populismo se manifiesta en toda su expresión con una crisis política, económica y social, donde las fuentes de financiamiento se han agotado y procede la devaluación de la moneda local, con su consecuente impacto inflacionario, default, insuficiente inversión, destrucción masiva de empresas y desempleo extendido.
A los amantes de las ideas de Ludwig von Mises, encontrarán aquí una defensa de la economía de mercado.[11] A los seguidores del pensamiento de Friedrich Hayek, observarán en esta obra una correcta distinción entre Derecho y Legislación.[12] A los seguidores de Israel M. Kirzner[13] y Joseph Schumpeter[14], verán aquí un ensalzamiento a la empresarialidad, con su creatividad y capacidad de innovación. A los enamorados de la literatura de Ayn Rand y su filosofía objetivista, encontrarán aquí un apasionante reflejo de la posición libertaria y una búsqueda constante por eliminar la coacción y defender la libertad.[15]
¿Qué es el capitalismo? ¿Qué significa ser libre? ¿Son “relativos” nuestros derechos? ¿Debemos dejar de ser egoístas? ¿Es posible un mundo libre de coacción? ¿Es posible alcanzar una sociedad anarco-capitalista o libertaria, donde predomine el autogobierno? ¿Son posibles las “free cities”? ¿Qué rol juega el dinero en la sociedad? Estas son algunas preguntas que la novela trata y sobre las que sus personajes, retratados arriba, reflexionan.[16]
Si queremos un mundo realmente libre, debemos luchar por esa libertad, antes de que nos sea arrebatada. Este libro ofrece herramientas que permiten desarrollar argumentos contra la mentalidad anti-capitalista latinoamericana. [17]
Es mi esperanza que esta novela, combinando la realidad con la ficción, permita abrir la mente de sus lectores, generar un sentido crítico, y conducirlos hacia una literatura más amplia que permita comprender la importancia de los principios básicos de una sociedad libre.
[1] Véase Adrián Ravier (2011), La Escuela Austriaca desde Adentro. Historias e ideas de sus pensadores, Volumen I, Biblioteca Austriaca, Unión Editorial, Madrid, pp. 345-362.
[2] La producción literaria de Ayn Rand incluyó guiones, cuentos, narraciones, novelas y una obra de teatro. Además de La Rebelión de Atlas, Ayn Rand publicó otras tres novelas: El Manantial, Los que vivimos e Himno. Para estudiar el pensamiento de Ayn Rand véase el libro de Ricardo M. Rojas titulado Realidad, Razón y Egoísmo, Biblioteca Austriaca, Unión Editorial, 2012.
[3] Una prueba adicional del impacto que ha generado este libro nos conduce a 1991, cuando la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos en conjunto con el Club del Libro del Mes, realizaron una encuesta entre sus miembros preguntándoles qué libro había marcado una diferencia en sus vidas. La Biblia fue el primero de la lista, y “Atlas Shrugged” (“La rebelión de Atlas”) el segundo.
[4] Véase Adrián Ravier, Op. Cit.
[5] Véase James M. Buchanan, “Democracia limitada o ilimitada”, Estudios Públicos No. 6, Chile, 1982. Véase también la entrevista que compartieron el mismo Buchanan y Friedrich A. von Hayek como capítulo 1 del libro de Adrián Ravier (ed.), La Escuela Austriaca desde Adentro, volumen 3, Unión Editorial, Madrid, 2013.
[6] Véase Ricardo M. Rojas, “Bastiat y los derechos naturales”, en Frederic Bastiat. Paladín de la Libertad Económica, CEDICE, Caracas, Venezuela, 2002. Véanse también los capítulos IV “El Estado” y V “La Ley” en el libro de Frederic Bastiat, Obras Escogidas, Unión Editorial, Madrid, 2009.
[7] Mario Vargas Llosa (2013), “Alumbramiento en agosto”, Opinión, El País, 23 de enero de 2013.
[8] Véase Eduardo Galeano, Las venas abiertas de Améria Latina, Siglo veintiuno editores, Buenos Aires, 2010 [1970], p. 340. La cita corresponde a una sección que el autor agregó a la reedición de 1977 titulada “7 años después”.
[9] Véase Ricardo M. Rojas, “La Definición del Orden jurídico argentino a partir de la Constitución de 1853″, Libertas n° 15, octubre de 1991. Véase también las “Propuestas para una más eficiente administración de la justicia penal”, en Soluciones de Políticas Públicas para un País en Crisis, Fundación Atlas, Buenos Aires, 2003.
[10] Véase Ricardo M. Rojas, Los Derechos Fundamentales y el orden jurídico e institucional de Cuba CADAL- Fundación Friedrich A. von Hayek, Buenos Aires, 2005. Este libro ganó el Sir Anthony Fisher Internacional Memorial Award, otorgado por Atlas Economic Research Foundation, Virginia, 2006.
[11] Véase Ludwig von Mises, Human Action. A Treatise on Economics, tercera edición revisada, Henry Regnery Company, Chicago 1966. Traducción al castellano de Joaquín Reig Albiol con el título de La Acción Humana. Tratado de Economía, séptima edición, Unión Editorial, Madrid 2004.
[12] Véase Friedrich A. von Hayek, Law, Legislation and Liberty, vol. I, «Rules and Order»; vol. II, «The Mirage of Social Justice»; vol. III, «The Political Order of a Free People», The University of Chicago Press, Chicago 1973, 1976 y 1979. Existe una traducción al castellano de Luis Reig Albiol, publicada con el título de Derecho, Legislación, y Libertad, también en 3 volúmenes y en 2 ediciones (la primera de 1976 y la segunda de 1985), por Unión Editorial, Madrid. Véase también Ricardo M. Rojas, “El derecho desde la perspectiva de la Escuela Austríaca de Economía. La visión de Friedrich A. von Hayek”, en Análisis Económico del Derecho. Aplicación a fallos judiciales, Buenos Aires; La Ley, 2006.
[13] Véase Israel M. Kirzner, Competition and Entrepreneurship, The University of Chicago Press, Chicago 1973. Existe una traducción al castellano publicada con el título de Competencia y Empresarialidad, Unión Editorial, 2.ª edición, Madrid 1998.
[14] Véase Joseph A. Schumpeter, Teoría del desenvolvimiento económico, Fondo de Cultura Económica, Sección de Obras de Economía, México, 1997 [1912]. Véase también del mismo autor Capitalismo, Socialismo y Democracia, Sopena SA, Barcelona, España, 1984, [1942].
[15] Grito Sagrado ha publicado diez libros de Ayn Rand que sugiero leer al lector interesado en la filosofía objetivista. A las cuatro novelas citadas más arriba se suman: 1. El manifiesto romántico, 2. Filosofía ¿quién la necesita?, 3. Introducción a la epistemología objetivista, 4. El nuevo intelectual, 5. Capitalismo. El ideal desconocido, 6. La virtud del egoísmo. Más información en http://www.gritosagrado.com.ar
[16] Véase Ricardo M. Rojas, “El orden jurídico espontáneo” en Libertas n° 13, octubre de 1990; y del mismo autor Las contradicciones del Derecho Penal, Editorial Ad-Hoc, Buenos Aires, 2000. Véase Murray N. Rothbard, For a New Liberty, Macmillan Publishing, Nueva York 1973. Véase también el libro de Alberto Benegas Lynch (h), Hacia el autogobierno: una crítica al poder político, Buenos Aires: Editorial Emecé, 1993. Véase por último Peter Leeson, “Anarchy Unbound: How Much Order Can Spontaneous Order Create?” En Peter Boettke, ed: Handbook of Austrian Economics. Cheltenham, UK: Edward Elgar.
[17] Véase Ludwig von Mises, La Mentalidad Anticapitalista, Biblioteca Austriaca, Unión Editorial, Madrid, 2011.
Miden los Indices de Libertad Economica la Libertad Economica?
Michel Ibarra me comparte este link a un post crítico sobre los Indices de Libertad Económica. El argumento del post es que los índices de libertad económica, en realidad, no están midiendo la libertad económica. El post tiene algunos comentarios interesantes, pero los argumentos de fondo no me parecen muy convincentes y son una buena oportunidad para discutir algunos puntos.
Lecturas para Historia del Pensamiento
Agradezco mucho a quienes enviaron sus sugerencias, todas muy útiles. Teniendo en cuenta algunos de los comentarios (que sean en castellano es mejor, que estén en la web) y que sean de los autores mismos más que sobre ellos, aunque con algunas excepciones, les hago llegar una lista. Los que aparecen en ingles es que no están en castellano.
Me quedan afuera autores como Hume, Smith, Say, en fin, ahora les pregunto, manteniendo la cantidad de trabajos: cuáles agregarían y, en tal caso, cuáles sacarían
- Rothbard, El erudito extremista Juan de Mariana
- Vernon Smith, Las dos caras de Adam Smith
- Menger, El Origen del dinero
- Radford, Campo de prisioneros
- Hayek, El uso del conocimiento en la sociedad
- Coase, El problema del costo social
- Demsetz, Hacia una teoría de los derechos de propiedad
- Hayek, El significado de la competencia
- Coase, The lighthouse in economics
- Rothbard, Ley, Derechos de propiedad y contaminación atmosférica
- Mises, Causas de las crisis económicas
- Hayek, Desnacionalización del dinero
- Mises, El cálculo económico en el socialismo
- Friedman, The social responsibility of business is to increase its profits
- Buchanan, Mi peregrinaje intelectual
- Gustave de Molinari, Sobre la producción de seguridad
- Douglass North, La economía institucional
Capitalism and Labor Share (Young and Lawson)
La idea de la explotación del capital sobre el trabajo esa una idea muy arraigada en Latino América. Esta concepción viene, a mi juicio, acompañada de varios mitos (aquí menciono algunos sobre distribución del ingreso.)
En un reciente paper, Andrew A. Young y Robert T. Lawson deciden mirar más de cerca el «labor share» o la participación del factor trabajo (por unidad de capital) sobre la totalidad de los ingresos. Lo que encuentran es, justamente, lo mismo que Marx: países más capitalistas poseen una mayor porción del ingreso en manos del factor trabajo. Dejo unas interesantes reflexiones de la introducción y luego algunos comentarios de sus resultados.
Historia del Pensamiento Económico – sugerencias
Estimados,
El año que viene estaré dictando una materia de Historia del Pensamiento Económico I en la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA. Como parte del programa quisiera que los alumnos leyeran durante el cuatrimestre un conjunto de textos originales.
Quiero entonces seleccionar unos 15 trabajos, ya sean artículos o capítulos de libros que deberían estar sí o sí en una lista que, sobre todo, les muestre «la otra mitad de la biblioteca». Ejemplo: Hayek: El uso del conocimiento en la sociedad.
(Cantillon, Turgot, Adam Smith, Ricardo, Say, Mill……., Menger, Bohm Bawerk, Mises……, Coase, North, Vernon Smith)
Como van a leer uno por semana no deberían ser muy extensos.
Empezando desde Juan de Mariana hasta la actualidad, qué artículos o capítulos de libros sugerirían?
Agradezco sus sugerencias
Revalorización de la Escolástica en la formación del pensamiento económico
En varias oportunidades hemos llamado la atención de nuestros lectores, solicitando se preste mayor atención al pensamiento de los escolásticos como raíz del moderno pensamiento económico (véase por ejemplo, aquí y aquí). En este post comparto un hallazgo de la web con una breves referencias del Académico de Número, Excmo. Sr. D. Fabián Estapé Rodríguez (1923-2012), quien en la sesión del día 10 de octubre de 1995, ofreció ante el Presidente de la Academia Española, algunas palabras acerca de la revalorización de la Escolástica en la formación del pensamiento económico. En la nota referencia los conocidos trabajos de Schumpeter (1954), Raymond de Roover (1958) y Grice-Hutchinson (1978), esta última alumna de Friedrich Hayek. Más tarde llegarán otros aportes de Alex Chafuén, Murray Rothbard y Jesús Huerta de Soto que profundizan esta revalorización.
Estas notas que pretenden despertar el interés hacia el momento culminante de la aportación del pensamiento económico español a la formación del análisis económico, no pueden ir mucho más lejos de esta visión panorámica, que se enriquece -en mi opinión- con el reconocimiento manifiesto, sobre todo en Estados Unidos y en Gran Bretaña, de la existencia de una verdadera Escuela, la Escuela de Salamanca, que con gran intuición supo adivinar nuestro malogrado compañero José Larraz. Ahora, en un descargo de conciencia, debemos solicitar la benevolencia de filósofos y pensadores, en general, porque, como señalara José Ferrater Mora, los economistas hemos incurrido en el «vicio» de hacer sinónimo el pensamiento escolástico y la Filosofía medieval. Son, como sabemos hoy todos, cosas distintas y a veces contrapuestas. Constituye una destacada satisfacción registrar la incesante labor de la distinguida discípula de Friedrich van Hayek, en la London School of Economics, las tantas veces citada Marjorie GriceHutchinson, merecida Doctora Honoris Causa -aunque el título se halla un tanto devaluado. Lo mismo cabe decir, y siempre desde la trinchera de la gratitud, de Raymond de Roover y Jean y Pierre Vilar. Mi conocida formación -que no es un secreto para ninguno de ustedes- me obliga a cerrar esta intervención con la referencia inexcusable a la Historia del Análisis Económico de Joseph Alois Schumpeter.
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