Libertad económica: Argentina sale de zona de descenso, pero sigue en zona de promoción

 

Según el Indice de Libertad Económica de la Heritage Foundation, Argentina mejoró su desempeño en la medición 2017, pero sigue en un lugar poco destacado en el ranking de la organización. Así mientras en el ranking 2016 Argentina estaba en el puesto 169 de 180 países, en 2017 subió al puesto 156.
“Argentina viene mejorando notablemente en el ranking de Heritage, pero sigue estando en una situación delicada, por lo que hay que apoyar las medidas del Gobierno a favor de la libertad y exigirle que haga las reformas pendientes”, destacó el economista e investigador de Libertad y Progreso Marcos Hilding Ohlsson. “Podemos decir, haciendo un paralelismo con el fútbol, que Argentina salió de la zona de descenso pero está jugando la promoción”, acotó.
Cabe aclarar que el índice 2017 de la Heritage fue elaborado con datos que van de junio 2015 a junio del 2016, por lo que los resultados tienen un rezago importante. Es más, como algunos de los indicadores toman promedio de los últimos 3 años, para mitigar saltos y porque son datos de percepción, el rezago es mucho mayor. Lo que busca el índice es mirar la tendencia del mediano/largo plazo sobre la libertad en cada país. A pesar de estos rezagos en los datos, ya se pueden observar mejoras concretas en la Argentina, pero otras modificaciones impactarán en los próximos años.
El ranking de Heritage, fundación que tiene sede en Washington DC, suma 12 variables distintas que incluyen variables institucionales, como independencia de poderes, la eficiencia de la justicia, derechos de propiedad, integridad en el Gobierno; y también libertades económicas, como la presión tributaria y la libertad de hacer negocios. En este índice 100 seria libertad absoluta y cero sería nada de libertad. La medición se hace desde 1995, y para calcular cada indicador se utilizan datos confiables de organismos internacionales, instituciones y países.
De acuerdo a Hilding Ohlsson, Argentina sigue estando en los últimos lugares del lote de países que se llama “mayormente no libres” (mostly unfree) por las dificultades que hay para abrir un negocio, por las trabas burocráticas, por los altos impuestos. También está muy mal rankeada en las variables institucionales. “Claro que en comparación con los datos del año anterior, Argentina ha mejorado en varios índices, como en la integridad del Gobierno, derechos de propiedad, libertad monetaria, libertad empresaria y libertad laboral. Como contrapartida no se registran cambios en la eficiencia judicial, ni en la sanidad de las cuentas fiscales. Y se registra una leve caída en el ranking de presión fiscal, junto con la libertad de comerciar”, destacó.
Para el economista de la Fundación Libertad y Progreso estos datos son útiles para comparar a Argentina con el resto del mundo. Los indicadores ayudan a mostrar que Argentina estaba en una situación crítica, por el deterioro en sus instituciones públicas y privadas, y la falta de libertad. En el 2016 Argentina mejoró, pero debe seguir avanzando. Todavía hacen falta muchas reformas para mejorar tanto las instituciones del Gobierno como las libertades privadas. Ambas reformas son fundamentales para lograr mejorar el desarrollo económico y social de Argentina.
“Al comparar los países en el ranking de libertad, se puede observar que los países más libres son los que tienen mejor calidad de vida, menos corrupción, más expectativa de vida, más progreso económico y más posibilidades de progresar. Por lo tanto, es muy útil utilizar estos rankings para evaluar el funcionamiento del Gobierno”, explicó Hilding Ohlsson.

Los 10 países del mundo mejor posicionados en el ranking de Heritage son Hong Kong, Singapur, Nueva Zelanda, Suiza, Australia, Estonia, Canadá, Emiratos Arabes Unidos, Irlanda y Chile. De los países de América, encabezan el listado Canadá, Chile, Estados Unidos, Colombia, Uruguay, Jamaica, Perú, Panamá, San Vicente y las Granadinas y Costa Rica. Argentina está en el puesto 26 en la lista de países americanos evaluados, que son 32.

Para ver el informe completo de Heritage, entrar a http://www.heritage.org/index/ranking

MICHAEL NOVAK, RIP : LA IGLESIA CATÓLICA HOY – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Acaba de morir un pensador de gran peso en ámbitos católicos, quien se preocupó por exhibir con fuerza las bases morales del capitalismo, especialmente en su The Spirit of Democratic Capitalism del que se publicaron varias ediciones en distintos idiomas.

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Novak estaba preocupado por la incomprensión de no pocos católicos de los enormes beneficios de los mercados libres y la democracia entendida como una forma de gobierno donde se respetan los derechos de las minorías y, por tanto, se establecen severos límites al poder al efecto de circunscribirlo a la protección de los derechos individuales.

En el mencionado libro, Novak escribe que “la democracia política es compatible en la práctica solo con la economía de mercado” y considera “una tragedia la falla de la iglesia al no entender la base moral-cultural de la economía moderna […] La primera de todas las obligaciones morales es pensar con claridad […] Es sorprendente que los documentos de la iglesia Católica Romana, incluyendo encíclicas de papas recientes  procedan como si el capitalismo democrático no existiera. Las pocas referencias a sociedades tipo la norteamericana en documentos papales, cuando ocurren, en la mayor parte son bruscas, peyorativas e inexactas”

El mismo, Michael Novak, pasó por la etapa del socialismo y escribe que para mi “el capitalismo era una mala palabra”. Fue muy influido por Jacques Maritan en distintos aspectos. Recordemos que Maritan en su True Humanism (sic) escribió que “En un sentido un orden terrenal capaz de matar por el crimen de herejía mostraba un gran cuidado por el alma del hombre y mantenía como un gran ideal la dignidad de la comunidad humana que centraba de este modo en la verdad respecto de aquella que solo castiga los crímenes contra el cuerpo” y más adelante asevera que “En verdad, sin caer en el marxismo mesiánico, un cristiano puede reconocer que hay una profunda visión en la idea de que el proletariado por el mero hecho que ser  parte del régimen capitalista ha sido sujeto de sufrimiento”.

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Se crearon 4 empleos públicos por cada 1 empleo privado (IDESA)

Se anunció un plan de modernización del Estado que toma como eje la capacitación de los empleados públicos. El planteo subestima la caótica conformación del sector público que se potenció en los últimos años con la masiva contratación de nuevos empleados estatales. La prioridad no es capacitar sino revisar funciones para eliminar solapamientos entre la Nación y las provincias y modificar el régimen del empleo público.
Con el objetivo de cambiar el funcionamiento de la administración federal, se anunció un plan para destinar unos $60 millones a la capacitación de más de unos 80 mil empleados públicos. Invertir recursos y esfuerzos en modernizar el sector público se justifica ya que la convivencia pacífica y el emprender un proceso sostenido de desarrollo económico y social sólo son posibles con la presencia de un Estado sólido, transparente y profesional.
Darle prioridad al empleo público también se justifica por otros motivos. Por un lado, porque el desempeño de los recursos humanos condiciona decisivamente el funcionamiento del Estado. En segundo lugar, porque el gasto en personal absorbe una porción muy importante de los presupuestos estatales: representa el 14% en el presupuesto nacional y el 65% en promedio en los presupuestos provinciales y municipales.
¿Capacitar a los empleados públicos es suficiente para modernizar el Estado? A fin de responder a esta pregunta resulta pertinente analizar la dinámica del empleo público en los últimos años. Según el Ministerio de Trabajo entre los años 2012 y 2016 se observa que:
Los empleados registrados en el sector privado aumentaron en 120 mil personas sobre un total de 6 millones de trabadores en esta condición.
Los empleados públicos en los tres niveles de gobierno aumentaron en 483 mil personas entre un total de 3 millones de empleados estatales.
Esto significa que en los últimos cuatro años se generaron 4 empleados públicos por cada nuevo empleado en el sector privado registrado.
Estos datos muestran que el sector público estuvo sometido en los últimos años a un proceso masivo de nuevas contrataciones. En parte se explica por la débil generación de empleos privados en un contexto en el que el sector público ofrece, en la mayoría de los casos, salarios más altos y muchas menos exigencias. Pero también incidió el uso del Estado para premiar la militancia política o congraciarse con familiares, amigos u otro tipo de compromisos. El resultado es que se agravaron problemas estructurales de sobredotación de empleo público que vienen de larga data.
Profesionalizar el empleo público es una meta muy desafiante porque requiere enfrentar los intereses espurios enquistados en la sobredotación y la mediocridad. Con el agravante de que la sociedad no percibe en su real dimensión los enormes perjuicios que generan estos excesos, a diferencia de lo que ocurre, por ejemplo, con la corrupción. No hay conciencia de que incorporar gente que no se necesita al Estado es tan dañino como cobrar sobreprecios en la obra pública. Peor aún, es frecuente que la laxitud en la contratación y la gestión de los empleados públicos sean asociadas con la sensibilidad social. En este desorden generado por las contrataciones indiscriminadas, los planes de capacitación no sólo que no aportarán soluciones sino que agravarán el problema ya que promoverán que el gasto público siga aumentando sin mejorar el desempeño.
Un primer paso para avanzar en la modernización del Estado es replantear las funciones respetando la organización federal. Existe una gran cantidad de programas nacionales que se superponen con funciones provinciales. Eliminando estos solapamientos se podrían eliminar derroches y generar las condiciones para que las provincias y los municipios mejoren la gestión de los servicos. Otra acción imprescindible es revisar la interpretación que se hace de la garantía de estabilidad en el empleo publico. Aplicar esta regla de manera extrema, excediendo el espíritu que la justifica que es evitar manipulaciones y manejos arbitrarios, genera poderosos incentivos a la falta de compromiso.
Antes de avanzar en la formación y preparación de los recursos humanos es necesario clarificar los roles y los objetivos que se buscan conseguir. Por eso, la capacitación resulta inocua y distractiva si previamente no se hace un replanteo institucional profundo que articule los roles que deben cumplir la Nación y las provincias y se reformulen las reglas de premios, castigos y estabilidad en el sector público.

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Acceda aquí al informe completo.

«La globalización como orden espontáneo»: Entrevista con Alvaro Zicarelli

Comparto a continuación la entrevista que Alvaro Zicarelli me hizo en su programa «Estado del Mundo» acerca de este libro, La globalización como orden espontáneo, publicado en Unión Editorial, en Madrid y Buenos Aires.

Repasamos qué es un orden espontáneo y su distinción con los órdenes creados; respondo por qué pienso que la globalización es un orden espontáneo; hablamos también de la ingeniería social, de la necesidad de «des-industrializar la Argentina», del nacionalismo y la «cultura alambrada», de la «justicia sin estado» que hoy surge con el arbitraje internacional privado, entre otros temas.

Acceda aquí a la entrevista.

Acceda aquí al libro.

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Pesca: la regulación está desde hace casi 20 años, es mucho mejor que lo actual, pero no se aplica todavía

Un interesante estudio sobre la pesca en la Argentina, por Ignacio Carciofi, recoge un tema relacionado con los derechos de propiedad en los recursos pesqueros y la asignación de cuotas individuales. El tema lo he tratado en el Cap. 15 de El Foro y el Bazar, con una visión muy cercana a la del autor, quien en su introducción señala:

“A fines de la década del 90 Argentina adoptó un modelo de manejo pesquero basado en cuotas individuales y transferibles de captura (CITC). Desde el punto de vista de su concepción, dicho sistema de cuotas es valorado positivamente por la literatura especializada en la materia. Paradójicamente, la implementación práctica de este esquema regulatorio, describió un largo proceso de marchas y contramarchas. Las demoras en la aplicación de una regulación efectiva obligaron a la sanción de un régimen de emergencia pesquera a principios del año 2000 que dispuso una reducción severa de las capturas, especialmente de la Merluza Hubbsi o Merluza Argentina.

Transcurridos casi quince años desde la decisión inicial, recién a partir de los últimos tres años habría indicios firmes de su implementación a partir de la Resolución Nº1 del Consejo Federal Pesquero (CFP) de enero del 2013 que sintetiza en un texto ordenado las disposiciones previas y su lectura revela el conjunto de la arquitectura de regulación aplicable. Esta nota se concentra en los aspectos conceptuales y argumenta que las CITCs, si son aplicadas de manera adecuada, pueden ser una herramienta para un aprovechamiento sostenible de los recursos pesqueros.”

El trabajo está disponible aquí.

Al respecto, parte de lo que digo en el libro:

Un sistema de cuotas transferibles consta, en primer lugar, de un límite general de captura de una determinada especie en cierta región. Esta cuota se establece según un criterio científico, para permitir la explotación, pero al mismo tiempo garantizar su preservación; es decir: la cuota total ideal sería aquella que permite la mayor captura, sin reducir las posibilidades de explotación futura. Una vez establecida, se divide la cuota y se asignan “derechos de pesca”: algo así como un derecho de propiedad sobre la pesca de una determinada cantidad. Estos derechos son necesarios para que los pescadores puedan capturar la especie, hasta el límite que su cuota particular establece; también pueden ser transferidos mediante compra, venta o alquiler. Se ha identificado ya la existencia de 121 pesquerías administradas con sistemas de cuotas transferibles (Costello et al, p. 1629), que mostraban un porcentaje igual a la mitad de “colapsadas” respecto a las que no eran administradas con estos sistemas, reflejando que no solamente permitirían una mejor protección del recurso, sino que también estarían logrando recuperar algunas, ya que las cuotas se suelen aplicar cuando es evidente el colapso.

Los precios que surgen de esas transferencias generan importante información respecto de las condiciones actuales y futuras de la especie y su valoración por los consumidores. Uno de los ejemplos más exitosos de esta política pública es Nueva Zelandia. Allí, el ministerio respectivo inicia todos los años una serie de consultas para evaluar la información relacionada con el posible stock de las especies que se han de capturar, incluyendo tanto a pescadores comerciales como a no comerciales, en particular maoríes. Las cuotas se definen como un porcentaje sobre la cuota total y, lo mismo que los derechos de emisión, pueden asignarse inicialmente en forma gratuita, reconociendo los porcentajes de captura que cada pescador alcanzara hasta el momento o vendiéndolos en subasta.

Incluso hay experiencias que muestran una combinación del sistema de cuotas transferibles con el manejo comunitario. Es el caso de The Challenger Scallop Enhancement Company, una organización autónoma y autoregulada que administra la pesquería más importante de vieiras en el país (Arbuckle 2000).

RÉPLICA A UNA 2da RESPUESTA DE ANDRÉS ASIAÍN

Andrés Asiaín escribió una nueva respuesta a lo que fuera mi réplica a su respuesta. A continuación copio para los interesados las cuatro notas que anteceden la que ahora escribo.

1ra nota: “Des-industrializar la Argentina“, por Adrián Ravier (El Cronista)

2da nota: “Exceso de industrialización“, por Andres Asiain (Página 12)

3ra nota: «Exceso de industrialización: una respuesta a Andrés Asiaín«, por Adrián Ravier (Punto de Vista Económico)

4ta nota: «Exceso de respuestas: una industriosa respuesta a la respuesta de la respuesta«, por Andrés Asiaín (Cátedra Nacional de Economía: «Arturo Jauretche»)

Dos interesantes citas encabezan la respuesta de Andrés Asiain a mi réplica. La primera de Marcelo Diamand, quien cuestiona la formación de los economistas del mainstream, y las premisas en que se basan. La segunda de Juan Domingo Perón, quien viene a resumir en tres líneas todo lo que se plantea después acerca del poder malicioso de las corporaciones.

Respecto de lo primero, está claro que a ambos nos separan dos cuerpos teóricos diferentes. Partimos de axiomas distintos, y entonces las deducciones lógicas de nuestra comprensión de la economía difiere.  Más allá de que Asiaín y yo acordaríamos en partir de modelos de desequilibrio e incertidumbre (el interesado puede ver más aquí), lo cierto es que si insistiéramos en prolongar esta discusión intuyo que terminaríamos discutiendo la teoría del valor trabajo, la teoría de la explotación y la plusvalía, premisas que han sido desbastadas por numerosos autores y que han sido recolectadas en la historia del pensamiento económico. De repetir ese recorrido no podemos ocuparnos aquí, aunque sería un diálogo fascinante (los interesados pueden leer este documento sobre la historia de las teorías del valor y del precio, Parte I y Parte II).

Lo que sí me interesa más cuestionar es la visión “infantil” peronista –y a la que Asiaín parece adherir- de que el mercado es malo, y el Estado bueno. En palabras de Perón: “La economía nunca es libre, o la controla el Estado en beneficio del pueblo, o la controlan las grandes corporaciones en perjuicio de éste.” (la cursiva es mía) La realidad –que Asiaín dice conocer muy bien- muestra otra cosa. En términos de Buchanan y el Public Choice, ¿por qué creemos que el gobierno está compuesto por ángeles? ¿Podemos confiar realmente en que los gobiernos buscarán el bien común? ¿Podemos creer que el gobierno opera «en beneficio del pueblo»? Desde nuestro punto de vista, el gobierno no tiene «incentivos» para seguir el bien común (el interesado puede ver más aquí), pero además, no tiene el conocimiento para poder hacerlo. De ninguna manera el Estado podrá reemplazar el eficiente sistema de mercado en lo que refiere a la asignación de recursos. Es en este sentido, es decir «a lo Buchanan», que quise -en mi réplica anterior- distinguir al político del resto de las personas.

Lo cierto es que el lobby del poder económico que le preocupa a Asiaín -y nos preocupa a todos- no tiene lugar en una economía libre con gobierno limitado, y sí tiene un enorme espacio para operar en una economía proteccionista, intervenida, donde el Estado garantiza a ciertas empresas mercados cautivos con patentes, con aranceles, y con todo tipo de intervenciones. Estaremos de acuerdo, me parece, con  Asiaín en criticar esa lamentable sociedad que Estado y pseudo-empresarios han conformado desde siempre en contra del consumidor. ¿Cómo terminamos con esta sociedad? ¿Dando más poder aun al Estado? ¿Por qué insiste Asiaín en mantener un sistema que ha favorecido a los Macri y a los Fortabat?

Desde que tengo memoria, al leer documentos escritos desde la izquierda, hay un enorme e intencionado esfuerzo por hacer una caricatura del pensamiento liberal. Se construye un muñeco de paja y se lo ridiculiza para fortalecer ideas contrarias.

Dice Asiaín que “como sabe cualquier persona exceptos los economistas adoctrinados bajo la escuela liberal, en el mercado el que tiene plata manda, el que no obedece y hay quien tiene mucha plata y mucho manda.” Desde nuestro enfoque, sin embargo, en una economía libre (como la que queremos, no como la que tenemos) el que tiene plata la consiguió trabajando, creando, innovando. Y no sólo eso, ya que aquel que quiere multiplicar su capital deberá asignarlo para satisfacer la soberanía del consumidor. Aquí no hay un Estado que otorgue prebendas y mercados cautivos. El Estado de Derecho, de hecho, tiene que garantizar igualdad ante la ley. Todos deberíamos ser realmente iguales ante la ley.

Pero volviendo a la nota original, de lo que se trata aquí es de definir quién ordena la economía. ¿Quién define cuántos diarios, restaurantes, peluquerías, estaciones de servicios, escuelas, hospitales, etc etc etc necesitamos? ¿Le vamos a confiar al Estado esta decisión? Pues no, esto lo debería definir el mercado. Quien desee abrir un comercio debe tener libertad de hacerlo, con medios propios o de terceros, y será el mercado, la gente, la que defina si se mantiene o no, si se multiplica o se cierra. Aclaro que cuando califiqué a Asiaín de arrogante, no quise descalificarlo, sino señalar que este orden se define espontáneamente. La estructura económica la debe definir el orden espontáneo, la interacción de las personas, y no Perón, ni Néstor, ni Cristina, ni Asiaín. Y es que al intentar hacerlo enfrentarán dos problemas clásicos: «incentivos» y «conocimiento». Es por los incentivos perversos del Estado en favorecer a «nuestros industriales» que hoy tenemos un «exceso de industria»; subsidios, aranceles, políticas para-arancelarias, patentes, etc etc etc han creado una industria privilegiada que me pregunto por qué Asiaín quiere seguir protegiendo.

Al respecto, cabe mencionar que si sugerí la lectura de mi libro “la globalización como un orden espontáneo” fue por dos razones. Por un lado, porque precisamente muestra con mayor espacio esta línea de pensamiento; por otro lado, porque en la primera réplica Asiaín señaló que no había reflexionado sobre globalización. Lamento que esto le haya parecido un acto de arrogancia.

Volviendo entonces sobre la necesidad de “des-industrializar la Argentina”, dice Asiaín que tomando mis datos “hay países con menos peso de la industria en el PBI, otros con un peso similar y otros que tienen un peso superior. De ahí que yo afirme que esos datos que él mismo presenta, no son suficientes como para afirmar que Argentina está excesivamente industrializada.” Mi punto, sin embargo, fue otro. Lo que señalé es que países de características similares como Australia, Canadá, Estados Unidos o Nueva Zelanda, tienen “todos” una industria manufacturera menor en relación al PIB. Por otro lado, si Asiaín analizara realmente los datos, notaría que prácticamente todos los países tienen un menor peso de manufacturas industriales sobre el PIB que Argentina, con escasísimas excepciones, y en países con geografías muy opuestas a las nuestras.

Y volviendo al menemismo, y después de admitir que siempre hay matices y grises, Asiaín insiste que “el menemismo fue liberal por haber encarado un histórico proceso de privatización de grandes empresas del Estado, de desregulación de múltiples mercados, de reducción de aranceles, impuestos a la exportación y trabas a los movimientos de capitales.” Cada uno ve lo que quiere ver, pero el menemismo, como buen gobierno peronista, aumentó el gasto público en términos reales todos los años, si bien se encontró más limitado que el kichnerismo por la existencia de la convertibilidad y el “cepo” a la emisión. Los aranceles dentro del Mercosur bajaron, pero extra Mercosur subieron. La privatización de servicios públicos se dio en el marco de un estado quebrado, que ya no ofrecía ni luz, ni teléfono, ni ningún servicio básico, es decir, se privatizó más por necesidad que por convencimiento. Se habló de desregular mercados o del “déficit cero” en 1998 y 1999, pero en diez años de gobierno nada de eso ocurrió realmente. Ni un solo año tuvo Argentina, entre 1989 y 1999, equilibrio fiscal.

Para cerrar, no vaticino un mundo feliz, pero sí con menos hambre del que habría en un mundo socialista («recuerden que el socialismo es imposible«), o del que hubo en el mundo pre-capitalista. Vale quizás recomendar el libro de Angus Deaton “El Gran Escape”, justamente para visualizar abundante evidencia empírica en este sentido.

En corto, en 1800 había 1000 millones de habitantes, y un 80 % de pobreza. En el año 2000, pasamos a 7000 millones de habitantes y un 20 % de pobreza. El Banco Mundial dice que la pobreza ya es de sólo un dígito. Claro que puede ser exagerado. Quizás es del 30 %, pero negar la reducción dramática de la pobreza en estos dos siglos de capitalismo es una tarea difícil. No sólo ello. En estos 200 años de capitalismo global el mundo ha mostrado mejores ingresos, pero además una mayor esperanza de vida, una menor mortalidad infantil, y una mejora en todos los indicadores sociales que se quieran tomar.

Mi pregunta a Asiaín es entonces en qué mundo quiere vivir. ¿Desea un super-estado? ¿Hasta dónde confía en los políticos? ¿Hasta dónde se desea suprimir a las corporaciones? ¿por qué odia a los empresarios? Decía la cita del inicio que las teorías económicas no son para nuestros países. ¿Acaso podemos seguir creyendo en esa división de clases en las que pensó Marx? Hoy el empresario no es el que tiene capital, sino el emprendedor que crea valor a partir de sus ideas. El capital está ahí para cualquier que desee emprender. Son incontables los casos de empresarios exitosos que surgieron desde un garage o desde la calle.

Ningún programa estatal logró reducir la pobreza del modo que lo hizo el capitalismo global. China e India son ahora mismo países que muestran caídas dramáticas en los niveles de pobreza, por sólo haberse integrado al capitalismo global. Se podrá denunciar la dramática desigualdad vigente en China e India, pero esto es un proceso natural después de que millones de personas le escaparon a la pobreza.

No hay fórmulas mágicas para crear “crecimiento con equidad”. No necesitamos un Estado gigantezco creando empleo. Necesitamos empresas, que ofrezcan bienes manufacturados, servicios, en un marco de competencia, y la última palabra acerca de quiénes sobreviven y quienes no, la tendrá el mercado, la gente, el consumidor.

ESTADOS, NACIONES, FRONTERAS E INMIGRACIÓN

Cuando L. von Mises vio disolverse su amado Imperio Austro-Húngaro (sí, lo amaba, detalle interesante para los anarco-capitalistasJ) escribió una de sus más monumentales y menos leídas obras: Nation, State, and Economy. Allí sistematizó una de sus grandes ideas: la diferencia entre estado y nación, tema que aparecería de vuelta en Liberalismo y en Teoría e Historia. La nación es una unidad cultural unida por el lenguaje (adelantándose a Wittgenstein, describió perfectamente el papel performativo del lenguaje respecto a las formas de vida culturales). Un estado, en cambio, es una unidad administrativa, cuya función es ser el aparato social de coerción que para Mises estaba destinado a la protección de los derechos individuales que, a su vez, debían ser universales a las diversas culturas.

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Por lo tanto, él soñó no con una separación, sino con una unión, bajo un mismo estado federal, de las diversas naciones. Estas últimas no debían estar unidas ni por la educación, ni por el lenguaje, sino sólo por el respeto a las libertades individuales de todos, y a la libre entrada y salida, de capitales y de personas, entre las diversas naciones. Por eso para Mises la libertad educativa y de lenguaje eran tan importantes. En realidad Mises soñó con un mundo cuyas diversidades culturales no fueran impedimento para una unidad que pasara –nada más ni nada menos- por las libertades indivuduales y la libre entrada y salida de capitales y de personas.

¿Demasiado para la naturaleza humana? Puede ser. Hubo, sin embargo, acercamientos. Tal vez los “Estados unidos” fueron, al inicio, eso. Tal vez la Argentina de fines del s. XIX, donde todo el mundo, literalmente, entró, fue eso. Pero esas ocasiones históricas tienen mucho de casual. Coinciden con momentos donde hay cierto consenso cultural sobre “la llegada del otro”, donde el otro no es tan otro. Para cierto norteamericano promedio había otros, esto es, negros y latinos, y para ciertos argentinos promedios, a fines del s. XIX, los otros eran realmente los negros –que no había- y los indígenas –casi totalmente eliminados-. El europeo no era otro. Se parecía al criollo. Los españoles “volvieron” y los “tanos” eran simpáticos. Y listo. Y otras comunidades eran caucásicas.

El problema, para la convivencia de las naciones, es el otro, el verdaderamente otro. El otro, el que tiene rasgos y color verdaderamente distintos, el que tiene costumbres e idioma verdaderamente distintos, es un problema para la naturaleza humana. O sea, luego del pecado original, el hombre es un problema para el hombre, porque todos somos otros en relación a otros. Todos somos extranjeros cuando nos toca serlo.

¿Tuvo razón Hobbes, entonces? No sé. Tal vez hubo un momento “lockiano” en la historia. Tal vez EEUU fue eso: la única nación cuya unidad no pasaba por una raza, religión, sino por la adhesión a la Constitución Federal. Tal vez no fue así. Pero, ¿debe ser así?

Sí, en cuanto ideal regulativo de la historia. La única unidad deseable es un sistema constitucional donde la igualdad sea la igualdad de derechos individuales por los cuales nuestra diversidad se manifiesta. A partir de allí, las diversidades se integran. El comercio, el libre contrato, implica que marcianos, italianos, venusinos, japoneses, puedan intercambiar sus bienes y servicios, y por ende, sus lenguas, culturas, usos y costumbres que se unen, no heroicamente, sino bajo el único incentivo que ha probado ser más fuerte que las guerras para millones y millones de gentes con conocimiento disperso y prejuicios diversos. La emergencia del liberalismo político y económico en la historia no fue el surgimiento del reino de los cielos, sino del único reino posible luego del pecado original. Lo demás tiene otros nombres: esclavitud, servidumbre, guerra, sumisión, crueldad.

Claro que los economistas clásicos y los austríacos tienen razón cuando prueban que la libre movilidad de capitales y de personas aumenta la productividad conjunta y el nivel de vida para todos. Es la solución de la pobreza y del subdesarrollo. Pero lo difícil es el corazón humano que no quiere ver al otro, aunque el otro sea el famoso plomero en Domingo de Woody Allen. Si es el hijo del tano de la vuelta, todo bien. Si es negro y habla francés, mm….

¿Y qué pasa si hay guerras potenciales? ¿Qué pasa si sospechamos que “el otro” es terrorista? Para eso las visas, que son sistemas de fiscalización, pueden ser admisibles. Pero deben ser la excepción, no la regla. Pero no, parecen ser la regla. Entonces la guerra es la regla y la paz es la excepción. Entonces Hobbes es la regla y Locke la excepción. Entonces, ¿el liberalismo fue verdaderamente excepcional?

Claro que Trump está equivocado en sus políticas proteccionistas. Pero repentinamente parece ser el único equivocado. Los fascistas, los comunistas, los intervencionistas, los socialdemócratas, o sea todos excepto nosotros, los pérfidos liberales, están todos de acuerdo con naciones cerradas, con aranceles, visas, pasaportes y todo tipo de control “al extranjero”. Ah si, pero ellos no son Trump. Trump es el nacionalista malo. Ellos son los nacionalistas buenos. Es así de fácil.

Las naciones son en sí mismas buenas. Asi somos los humanos. Nos sentimos bien con unidades culturales linguísticas (yo no, pero yo soy marciano J). El problema está en las naciones cerradas, pero parece que no podemos desprendernos de elllo. Sí, el EEUU originario, la Argentina del s. XIX, con todos sus desastres e imperfecciones, abrieron las fronteras, pero fue algo verdaderamente excepcional. La guerra parece ser lo normal.

Pero si la guerra es lo normal, pongámonos del lado de la excepción. El liberalismo es un mandato moral. Es el contrapeso de la historia de la guerra. Es contraintuitivo. Es vivir con el otro. Ya no hay extranjero o de aquí, ya no hay documentado o indocumentado, ya no hay nacional o inmigrante, porque todos son uno en la igualdad ante la ley.

Leo Messi confirma el Teorema de Coase: gracias Leo por los goles y por ayudarnos a presentar la teoría

Hace unos días publiqué aquí parte del libro donde se analiza el famoso “Teorema de Coase” y la solución propuesta para resolver problemas de externalidades negativas a través de la definición precisa del derecho de propiedad y luego la negociación entre las partes, en tanto los costos de transacción sean menores que los beneficios de ‘internalizar’ las externalidades.

No podía sospechar entonces que apareciera un ejemplo del teorema nada menos que de la mano de Leonel Messi. Así es, la noticia cuenta que Leo compró una casa en Castelldefels, un lugar a 30 km de Barcelona al que decidió mudarse para poder vivir tranquilo (no ha de ser fácil hacerlo en el medio de una ciudad como Barcelona, donde no podría salir a la calle sin verse acosado). Aquí la nota: http://www.lanacion.com.ar/1982799-la-confesion-de-un-companero-de-lionel-messi-leo-compro-la-casa-de-su-vecino-porque-hacia-mucho-ruido

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Parece que tenía un vecino ruidoso y que la externalidad era negativa (molesta). Nótese que eso es algo subjetivo, tal como lo es el valor, ya que también podría haber sido una externalidad positiva si, por ejemplo, el vecino hubiera puesto una música que fuera del agrado de los Messi y en los momentos y con el volumen que ellos disfruten.

Pero está claro que era negativa. El teorema de Coase dice que en cuestiones de externalidades la solución proviene de definir claramente el derecho de propiedad. En este caso, se ve que el vecino tenía el derecho a emitir esos ruidos, o que, lo que también se posible, no lo tenía pero el estado no actuaba para resolver el problema.

En la práctica, al no obtener una solución, Leo ha asumido (consciente o inconscientemente) que el vecino actuaba como si tuviera un derecho, y en la práctica lo tenía. Entonces, la solución del teorema de Coase es clara: negociar y comprar ese derecho.

Esa negociación podría haber adquirido muchas formas:

  1. Podría haberle pedido que, por favor, no hagan ruido (y tal vez lo hicieron).
  2. Podría haber ofrecido un pago a cambio del valorado silencio
  3. Los lectores seguramente podrán imaginar otras alternativas, pero siempre han de ser no violentas, fruto de un acuerdo entre las partes.
  4. O lo que finalmente ocurrió, Leo compró el derecho del vecino directamente comprando la casa

Probablemente sea ésta última la solución más cara, pero no por eso este tipo de soluciones estarían fuera del alcance de cualquiera. Hace un tiempo hicimos una investigación con marcos Hidding Ohlson en La Cava, San Isidro, para averiguar cómo resolvían los habitantes de ese barrio marginal los problemas de externalidades negativas, y en un 90% lo hacían conversando con el vecino (el otro diez era algo violento).

En fin, gracias Leo por los goles y por este ejemplo para presentar la teoría.

¿DONDE ESTÁ EL PRIMER MUNDO? – Por Alberto Benegas Lynch (h)

No hace tanto tiempo que podía ponerse como ejemplo lo que se denominaba “primer mundo”, el cual esencialmente se basaba en el respeto recíproco. Sus marcos institucionales respetuosos del derecho de cada cual, su economía floreciente sustentada en reglas claras y permanentes, su cultura arraigada en valores y principios compatibles con una sociedad abierta eran un mojón de referencia para los desordenados y patéticos sistemas tercermundistas que, como los definió Cantinflas, eran “un mundo de tercera”. Lo siguen siendo ahora solo que en lugar de tomar como referencia a las naciones civilizadas, resulta que éstas dejaron de ser civilizadas para convertirse en sociedades que han renunciado a sus conductas tradicionales para imitar en una medida creciente a las tribales.

ABL

Recuerdo del desagrado de muchos cuando hace años escribí que Estados Unidos se estaba “latinoamericanizando” en el peor sentido de la expresión. Pues bien, vean hoy el patoterismo del primer mandatario y su xenofobia que se monta sobre un gasto público gigantesco que anuncia que incrementará exponencialmente, el  tamaño del déficit fiscal que se inflará por las nuevas políticas, la deuda gubernamental astronómica que excede el cien por ciento del producto, el militarismo que el novel presidente pregona que intensificará, sus improperios contra la prensa y sus enfados contra la Justicia, su forma prepotente en el que piensa manejar el comercio internacional en el contexto de las trifulcas que provoca con otros países, al tiempo que promueve enfáticamente su buena relación con en régimen mafioso ruso.

En Europa aparecen partidos políticos que por el momento son electoralmente minoritarios pero preocupa en grado sumo su influencia en las ideas que prevalecen, cuyos exponentes de mayor significado son en Francia el Frente Nacional, en Inglaterra el Partido Independiente del Reino Unido (que ha influido en gran medida en la opinión nacionalista que condujo al Brexit), en Alemania el Partido Alternativa para Alemania, en Dinamarca el Partido del Pueblo Danés, en Suecia los Demócratas Suecos, en España Podemos, en Austria el Partido de la Libertad, en Grecia el Amanecer Dorado, en Italia la Liga del Norte y en Hungría el Movimiento por una Hungría Mejor. Por su parte, las burocracias y las consiguientes regulaciones de la Unión Europea van a contracorriente de lo inicialmente  ideado.

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Las dos Coreas, Grafico 1950-2008

El caso de «Las dos Coreas» ilustra el fuerte impacto que pueden tener las instituciones en el desarrollo de un país. Lo interesante de las dos Coreas es que ambos países comparten historia, cultura, lenguaje, geografía. De hecho eran un sólo país hasta su división.

El siguiente gráfico muestra la evoluciń del PBI per cápita (PPP) [Agnus Maddison] de «Las dos Coreas» con algunos hitos históricos marcados [en negro Corea del Sur y en rojo Corea del Norte.]

the-two-koreasAlgunos puntos que me parece interesantes:

  1. La crisis del petróleo de 1973 afectó a Corea del Norte pero no a Corea del Sur. Corea del Norte, antes su desaceleración económico incrementó el gasto en obra pública y militar tomando deuda a pagar con las reservas obtenidas por la exportaciones de recursos naturales. La crisis del petróleo afecto negativamente las finanzas de Corea del Norte.
  2. La caída de la Unión Soviética Implicó otro golpe para Corea del Norte dado que se corto el financiamiento que el bloque comunista le enviaba.
  3. En 1960 el «Che’ Guevara sustovo que Corea del Norte era un modelo que Cuba debía seguir. No pudo haber estado más equivocado. Debería mirado al sur del paralelo 37.
  4. Se percibe la crisis financiera de fines de la década del 90. A pesar de la crisis, se ve que la creación de riqueza de Corea del Sur sigue siendo muy superior a la de Corea del Norte. No es que Corea del Norte no tenga crisis, es que Corea del Norte vive en crisis permanente.
  5. Si bien Corea del Sur entra en democracia directa en 1986, las «repúblicas» anteriores era más amigables con el mercado que el gobierno de Corea del Norte.