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Adrián Ravier y Juan Ramón Rallo – ¿Desaparecerían los ciclos económicos con un sistema de banca libre?
LAS BASES MORALES DE LAS GANANCIAS – Por Alberto Benegas Lynch (h)
Lo primero nos parece señalar que en el contexto de el tema que ahora trataremos es que la moral alude a valores y principios que permiten la convivencia y la cooperación social. Primero se sustentó en intuiciones morales mucho antes de hacerse explícitas las normas de conducta moral y en medio de una bruma y ciertas contradicciones aunque en muchos casos resultaba claro que no conducía a la armonía el asesinato, el robo y el incumplimiento de la palabra empeñada. Luego, en no pocos casos esas intuiciones se endosaban a la voluntad de los dioses frente a lo cual había quienes se revelaban por considerar esas disposiciones arbitrarias y sin fundamento, hasta que finalmente se percibió que esos valores y principios no surgían de caprichos sino que eran el resultado de un largo proceso evolutivo de descubrimiento como lo era, por ejemplo, el derecho, en ambos casos derivados del orden natural, de propiedades y características que no aparecen como consecuencia de la ingeniería social y el diseño sino de procesos y nexos causales anteriores a la voluntad del hombre. Sin duda que los gobernantes megalómanos continúan con la manía de imponer sus voluntades sobre las cosas, con los resultados por todos vistos.
Dicho esto es menester aclarar que la moral tiene dos vertientes: una se refiere a las relaciones interpersonales que son las relevantes en materia social y que se concretan en el respeto irrestricto a los proyectos de otros y la otra se refiere a las relaciones intrapersonales que aluden al fuero interno de cada cual al efecto de maximizar las potencialidades pero que en esta nota vamos a dejar de lado porque no hace al tema que pretendemos analizar.

Desde muy chicos escuchamos hablar de lo que está bien y lo que está mal. El relativismo epistemológico es contradictorio puesto que el relativismo convierte en relativo a esa postura y, por otro lado, quien manifiesta que no hay tal cosa como lo bueno y lo malo se molesta cuando lo violan, golpean o asaltan.
Discurso de recepción del Premio Juan de Mariana 2017 – Por Alberto Benegas Lynch (h)
Muchas gracias por ese recibimiento tan generoso. A veces uno no puede controlar los sentimientos. Me enseñaron que los actos de esta naturaleza se pueden encarar de distintas maneras, pero lo que nunca hay que hacer es llorar.
Estoy emocionado y honrado por recibir este premio y por los dichos de quienes me precedieron en el uso de la palabra.

La primera vez que tuve referencias del padre Juan de Mariana fue con el libro que todos ustedes conocen, de Marjorie Grice-Hutchinson, The School of Salamanca. Luego me fui interiorizando más con esta persona, Juan de Mariana, principalmente a raíz de los escritos de Gabriel Calzada, que es, como se sabe, el fundador y el presidente del Instituto Juan de Mariana, que tanto bien ha hecho y tanto bien hace por la causa de la sociedad abierta. El último trabajo que leí de Gabriel sobre Juan de Mariana fue en un libro que escribimos en honor a Manuel Ayau, que coeditamos con Giancarlo Ibargüen, y que, si la memoria no me falla, versaba sobre sus contribuciones monetarias.
Como se sabe, la tradición liberal y, especialmente, la tradición de la Escuela Austriaca, constituye un punto de inflexión en las corrientes de pensamiento que han ocupado una parte muy importante de la historia. Pero creo que la posición liberal o el espíritu liberal recuerda a un cuento de Borges en el que aparecen dos amigos, Macedonio Fernández y Leopoldo Lugones. Macedonio Fernández siempre terminaba la conversación con puntos suspensivos para que pudiera seguir el debate, mientras que lo que decía Leopoldo Lugones era asertivo, pues significaba un punto final, y si se quería seguir conversando había que cambiar de tema. Bueno, el espíritu del liberal es el de Macedonio Fernández, con sus puntos suspensivos. Siempre estamos atentos a nuevas conversaciones, nuevas contribuciones, en un contexto evolutivo.
Y en este contexto, quiero presentarles lo que dijo Hayek en la primera edición de 1973 de su libro Law, Legislation and Liberty, en las primeras doce líneas de su primer tomo, donde señala que los esfuerzos de los liberales a través del tiempo han sido muy fértiles y muy meritorios, pero tenemos que reconocer, puntualiza el austriaco, que para contener al Leviatán han sido un completo fracaso. Entonces, en ese contexto, en el tercer tomo de Law, Legilation and Liberty, Hayek sugiere límites para el poder legislativo. Como ustedes saben, Bruno Leoni ha propuesto límites para el poder judicial. Les invito a que pensemos ahora en los límites al poder ejecutivo. Me baso en un pasaje de Montesquieu que es poco conocido y que consigna que el sufragio por sorteo está en la índole de la democracia. ¿Esto qué quiere decir? ¿Cómo por sorteo? Sí, todos aquellos mayores de edad que quieren ser funcionarios gubernamentales, que sepan leer y escribir -aunque eso no es tan importante como estamos viendo con los políticos- deben acceder a los cargos por sorteo. Entonces, ¿quiere decir que cualquiera puede ser gobernante? Exactamente, cualquiera. Por tanto, tengo que proteger mi propiedad y mi vida. Y eso es lo que se necesita, volcarse en instituciones, como decía Popper en La sociedad abierta y sus enemigos, al contrario de la sandez del filósofo rey de Platón, para que los Gobiernos hagan “el menor daño posible”.
¿GIRO PARCIAL EN EL RUMBO DISCURSIVO DE TRUMP? – Por Alberto Benegas Lynch (h)
He escrito en repetidas ocasiones sobre las medidas contraproducentes y peligrosas del nuevo presidente estadounidense, lo cual mantengo pero ahora señalo un eventual cambio parcial en el giro que se ha notado en su discurso en Arabia Saudita respecto a su marcada islamofobia anterior. En toda su campaña y en sus primeros días de gobierno reveló una xenofobía extrema entre la cual se destacó su aversión a los musulmanes al promover su propuesta de no permitir el ingreso a Estados Unidos de personas pertenecientes a esa religión, a la propuesta de vigilar y limitar las actividades de musulmanes norteamericanos y sostener que el Islam “nos odia” y otras afirmaciones de esa envergadura.

Ahora, en su primer viaje presidencial al exterior, si bien mencionó una vez el calificativo aberrante de “islamismo terrorista” que fue inmediatamente criticado por plumas de sus conciudadanos y en medios musulmanes, cambió su visión al ponderar la cultura musulmana y en un plano metareligioso: colocó sus consideraciones en el contexto de una lucha del bien contra el mal en el sentido del combate contra el terrorismo siempre criminal independiente de la religión a la que eventual y circunstancialmente adhieren y malinterpretan los asesinos que cometen sus crímenes ya sea “en sus tierras santas” o en otros lugares e invitó a sus anfitriones del momento a tomar la iniciativa de “barrerlos sin contemplación alguna”. Salvando las distancias, sorpresivamente sus disquisiciones estuvieron más cerca del ecumenismo de Juan Pablo II.
Cada vez con más furor en buena parte del mundo se está creando un clima desagradable contra los musulmanes como, por ejemplo, revelan las declaraciones de la antisemita y antimusulmana, afortunadamente perdidosa del Partido de Derecha Nacional en Francia.
Desde el cambio de gobierno, Argentina recuperó 4 puestos en el Indice de Calidad Institucional de Libertad y Progreso
El Indice 2017, que se elabora con apoyo de la Fundación Naumann y la Red Liberal de América Latina (Relial), indica que 6 de los 8 indicadores internacionales que lo componen han mejorado para el caso argentino. Los 2 indicadores que dan negativo o igual son los de Libertad Económica, que tardan más en recolectar sus datos y, en el caso del del Fraser Institute, se refiere a 2014. Así, Argentina escaló 8 posiciones en Rule of Law, 12 en Percepción de Corrupción (lo que significa que Argentina es percibido como un país menos corrupto desde el cambio de gobierno) , 5 en el Doing Business, 3 puestos en los de Libertad de Prensa y en Competitividad y 1 en Voz y Rendición de Cuentas.
Seguidamente, cabe destacar que entre 1996 y 2016 hubo retrocesos muy notables en la Calidad Institucional de los países de “espíritu bolivariano” o populista. En ese período hubo caídas de 105 posiciones en el caso de Bolivia, 94 posiciones para Argentina, 78 para Ecuador, 75 para Venezuela, 42 para Haití y 29 para Cuba. De este club, sólo Haití y Argentina mejoraron respecto al año anterior.
“Pareciera que Argentina comienza a revertir una tendencia a la caída, y que esta mejora no sería circunstancial, sino un primer paso en una tendencia de mejora que podría afirmarse en el futuro. De hecho, la mejora de este año no captura todavía todos los cambios que han ocurrido en el país durante 2016, los que comenzarán seguramente a notarse más el próximo año, dada la demora con que los datos básicos del ICI se producen”, explicó Krause.Los peores y los mejores
En tanto, los mejores alumnos de la Calidad Institucional son, y no por casualidad, países con alto desarrollo económico y humano y mucho atractivo para las inversiones externas. Por ejemplo, los 4 primeros en el ranking son los mismos hace 20 años, aunque van rotando de puesto. Son Nueva Zelanda, Suiza, Dinamarca y Finlandia. Les siguen en la tabla Holanda, Noruega, Canadá, Inglaterra, Irlanda, Australia, Alemania, EEUU, Luxemburgo, Estonia, Austria, Hong Kong, Bélgica, Islandia y Taiwán. En el lugar 24 está el país que lidera Latinoamérica en Calidad Institucional desde hace décadas, Chile.
En tanto la lista negra de la Calidad Institucional tampoco tiene grandes variaciones. El club de los 20 peores está conformado por Cuba, Myanmar, Iraq, República de Congo, Zimbabwe, Angola, Yemen, Afganistán, Sudán, República Democrática del Congo, Chad, República Centroafricana, República Arabe Siria, Venezuela, Sudán del Sur, Guinea Ecuatorial, Libia, Turkmenistán, Eritrea, Somalia, Corea del Norte. Corea del Norte tiene el lamentable privilegio de ocupar la última posición desde el inicio del ICI.
El ICI comenzó a ser producido en 2007, pero sus resultados se extendieron posteriormente a 1996, por lo cual ya cuenta con 22 años de análisis comparativo.
«El panorama institucional en América Latina y en los países de mayor calidad muestra una situación de alguna forma contrapuesta. América Latina parece abrir las puertas a una mejora en su calidad luego del agotamiento de modelos populistas. Por otro lado, el marco institucional de los países de mayor calidad se ve amenazada por el avance del populismo que América Latina busca dejar. Curiosamente, Chile, el país de mejor Calidad Institucional en América Latina, muestra señales similares a la de los países con los que comparte la tabla; las presiones populistas son fuertes y luego de años de estabilidad ha comenzado a caer, aunque poco por el momento. Es de esperar que no exista un movimiento de confluencia por el cual los países que están ahora más abajo suban, y los que están arriba caigan, acercándose todos en el medio, ya que beneficia a todos que la mejora sea general», destacó Krause.
Bajo el título «Cómo te beneficia que nos insertemos en el mundo», el Indice de Calidad Institucional 2017 será presentado hoy en vivo a las 17, para toda Latinoamérica, por Agrositio.com por el secretario de Comercio, Miguel Braun; el director de la Fundación Libertad y Progreso, Aldo Abram; el académico y autor del índice, Martín Krause; y el periodista y presidente de Agrositio, Ricardo Bindi.Link al Indice de Calidad Institucional en Español:
http://relial.org/biblioteca/libro/indice-de-calidad-institucional-2017-espanol
Link al Indice de Calidad Institucional en Inglés:
http://relial.org/biblioteca/libro/indice-de-calidad-institucional-2017-institutional-quality-index-2017

www.libertadyprogresonline.org
@liberyprogre
Economic Policy of a Free Society – Peter J. Boettke (GMU)
Liberalism correctly understood is little more than the persistent and consistent applications of the principles of economics of the affairs of men be they domestic or international. These include mutually beneficial exchange, the absence of political privilege, and toleration. The institutional precondition of these principles is the rule of law, private property, and freedom of contract. Since the collapse of communism, however, the gains in human progress that have followed from economic and political liberalization are being increasingly questioned and critiqued. To counter these criticisms of liberalism, I contend, requires tireless and varied iterations of the basic principles. In order to prevent the invisible hand of the market process from being captured by the visible hand of political privilege, political economists must stress how the creative powers of a free civilization erode poverty, inequality, and monopoly privilege through the spontaneous order of market process.
Aquí puede descargar el artículo completo.
WP: The Grecian Horse: Does Immigration Lead to the Deterioration of American Institutions?
Paper con Alexandre Padilla donde estudiamos cuál es el impacto (si es que lo hay) de los extranjeros en Estados Unidos. Sucede, como sostiene Borjas, que los inmigrantes traen consigo «malas» institutiones que pueden dañar el desempeño económico y social del país anfitrion?
Concerns about the institutional impact of immigration, particularly, in the United States, are not new. We can trace them all the way back to Thomas Jefferson and Alexander Hamilton. More recently, in response to a literature that questions the efficiency of current immigration restrictions, Borjas (2015) expresses similar concerns about the institutional impact of immigrants coming from countries with poor institutions. Using economic freedom as proxy for institutional quality of the American states since 1980, using several estimation techniques and control variables, our results show that concerns about the institutional impact of immigrants are so far not supported.
Bruno Leoni: en la política hay ganadores y perdedores; el mercado es diferente, pueden ganar todos
Con los alumnos de la materia Public Choice, analizamos las similitudes y las diferencias entre las decisiones que tomamos en el mercado y en la política. Si bien, los autores fundacionales de esta escuela enfatizaron la existencia de “intercambios” tanto en un caso como en el otro, también comprendieron sus diferencias. Éstas las señala aquí Bruno Leoni, en un artículo titulado “El Proceso Electoral y el Proceso de Mercado”, (Libertas 27, Octubre 1997) publicado originalmente en Il Político, vol. XXV, N° 4 (1960). Reproducido como apéndice en Freedorn and The Law, Liberty Fund Inc., Indianapolis 1991:
“Si bien pueden existir muchas similitudes entre los votantes y los operadores de mercado, las acciones de ambos distan mucho de ser semejantes. Los votantes no parecen tener normas de procedimiento que les permitan actuar con la flexibilidad, independencia, coherencia y eficiencia que demuestran los operadores del mercado, que hacen elecciones individuales. Por cierto, en ambos casos las acciones que se llevan a cabo son individuales, pero se impone la conclusión de que el voto es un tipo de acción individual que, casi de modo inevitable, sufre cierto grado de distorsión al ser ejercida.
La legislación, considerada como resultado de la decisión colectiva de un grupo -sea la de todos los ciudadanos, como en las democracias directas de la antigüedad, o la de algunas pequeñas unidades democráticas en la edad media o en los tiempos modernos-, parece ser un proceso de creación de leyes que casi no puede ser identificado con el proceso de mercado. Únicamente los votantes que pertenecen a las mayorías triunfadoras (si, por ejemplo, se vota por la regla de la mayoría) son comparables a los operadores del mercado.
En cuanto a aquellos que integran las minorías perdedoras, ni siquiera pueden compararse con los que operan en el mercado en pequeña escala, porque debido a la divisibilidad de los bienes (que constituye el caso más frecuente) éstos al menos pueden encontrar algo que elegir y obtenerlo, siempre que paguen el precio correspondiente. La legislación es el resultado de una decisión de todo o nada. O se gana, y entonces se consigue exactamente lo que se desea, o se pierde y no se consigue nada en absoluto. Lo que es aun peor, se obtiene algo que no se quiere y se paga por ello lo mismo que si se lo hubiera deseado. En este sentido, los que ganan y los que pierden en una votación son como los vencedores y los vencidos en un campo de batalla. En efecto, la votación es más bien el símbolo de un combate que la reproducción de una operación de mercado.
Bien mirado, no hay nada de “racional” en el acto de votar que pueda compararse con la racionalidad imperante en el mercado. Obviamente, la votación puede estar precedida por argumentaciones y negociaciones, y en este sentido sería tan racional como una operación en el mercado; pero cuando llega el momento de emitir el voto, ya no se puede argumentar o negociar más. El individuo se encuentra en otro plano. Las boletas se acumulan como si se acumularan piedras o conchillas, lo que implica que uno no gana porque tenga más razón que otros, sino sólo porque cuenta con más boletas. En esta operación no se tienen socios ni interlocutores, sólo aliados o enemigos. Por supuesto que la acción de un individuo puede ser considerada tan racional como las de sus aliados y las de sus enemigos, pero el resultado final no es algo que pueda explicarse sencillamente como un escrutinio o una combinación de sus razones y las de aquellos que votaron en su contra. Este aspecto de la votación se refleja naturalmente en el lenguaje que emplean los políticos: éstos hablan de muy buena gana de campañas que se deben emprender, de batallas que es preciso ganar, de enemigos contra los cuales hay que luchar.
Ése no es el lenguaje del mercado, y la razón es obvia: en el mercado la oferta y la demanda no sólo son compatibles sino complementarias; en la arena política, a la que pertenece la legislación, la elección de los ganadores por un lado y la de los perdedores por otro no son complementarias, ni siquiera compatibles. Es sorprendente comprobar cómo los teóricos y el ciudadano común pasan por alto esta consideración tan simple -más bien diría tan evidente- sobre la naturaleza de las decisiones grupales (y en particular sobre la votación, que es el procedimiento usual para tomarlas).
Zanotti no lo sabe, pero aquí le explica a nutricionistas y médicos, los errores de las teorías objetivas del valor
Con los alumnos de la materia Proceso Económico de la UFM, todos ellos nutricionistas o médicos, vemos ahora la teoría del valor. Para eso leen a Murray Rothbard, en el primer capítulo de El Hombre, el Estado y la Economía; y a Gabriel Zanotti en unas clases que brindara en la escuela del Almirante Sánchez Sañudo, donde dice sobre las teorías “objetivas” del valor:
Cuando digo valor, no me estoy refiriendo a los valores éticos ni estéticos. Me estoy refiriendo a la teoría del valor que explica el valor de los bienes en el mercado.
Todos sabemos intuitivamente que no es lo mismo una cosa que otra. La honestidad es un valor moral irrenunciable pero a veces no es rentable. Y puede ser que el primer cuadro que pintó Picasso no valiera nada en el mercado.
¿Cómo vamos a encarar, pues, la teoría del valor en el mercado? Vamos a hacer una primera y típica subdivisión: valor objetivo y valor subjetivo. Hablar de un valor objetivo no es un error, porque los valores éticos son objetivos. Pero la teoría del valor objetivo en economía es otra cosa. Esa teoría trata de encontrar un elemento que esté en las cosas de manera independiente de las valoraciones de las personas en el momento de comprar y vender. Ese elemento puede ser la escasez, el costo, el trabajo, la utilidad, etc.
O sea que las teorías objetivas del valor afirman que el valor está en las cosas y no en las personas que valoran. Estas teorías se encuentran con algunos problemas. Por ejemplo, vamos a suponer que, basándonos en lo que ya vimos, afirmamos que la escasez es el origen del valor. Parece razonable. Sin embargo, cuando decimos que algo es escaso, ¿lo es en relación a qué? Por ejemplo, los sombreros como los que usa el Almirante (perdón!!) son muy escasos hoy en día en la ciudad de Buenos Aires, pero a la vez son muy poco demandados. O sea que si algo es escaso (en relación a lo que fuere) pero su demanda es cero, no vale nada. Con el tema del costo pasa lo mismo. Es muy comprensible que si a uno le ha “costado” mucho hacer o fabricar tal o cual cosa (en tiempo, en capital, en trabajo, en recursos naturales, etc.) entonces uno mismo lo valora mucho. Pero, de vuelta, si el producto no es demandado en el mercado, no vale nada. Todo el que haya sido empresario y haya trabajado sin protecciones sabe que por más altos que sean sus costos, puede ser que su precio de venta esté por debajo del costo o que no valga nada.
Lo mismo sucede con respecto al trabajo. Si yo quisiera fabricar un avión, el trabajo que eso me puede tomar puede demandar toda una vida, pero el resultado va a ser un completo desastre. No va a ser valorado en el mercado de ningún modo.
Con respecto al tema de la utilidad, pasa lo mismo que con la escasez. Es razonable que se piense que si un bien es útil va a tener valor, pero en ese caso se confunde su utilidad técnica con la demanda.
Por ejemplo, se puede decir que este grabador es objetivamente útil para grabar la conferencia. Pero si hacemos un túnel del tiempo y vamos a la antigua Grecia a vender grabadores, nadie lo va a comprar. Por más que sea objetivamente útil para grabar las charlas de los grandes filósofos. Algo puede ser objetivamente útil pero eso no quiere decir que sea demandado en el mercado.

