Bitcoin y “el fin justifica los medios”

En las últimas semanas El Salvador estuvo en las noticias por la decisión del presidente Bukele de obligar que se acepten bitcoin como medio de pago en dicho país. El Salvador dolarizó su economía en el 2001. La dolarización le permitió a El Salvador reducir sus tasas de interés (por ejemplo por menor prima de riesgo de devaluación) y lograr una mayor integración financiera con Estados Unidos.

El 5 de julio, Buekele anunció una lay que haría de Bitcoin no una moneda de curso legal, sino una moneda de curso forzoso. Una moneda de curso legal es aquella que no puede ser rechazada para cancelar deuda (por ejemplo, para que el acreedor no pueda tener de rehén al deudor y seguir acumulando intereses). Una moneda de curso legal no impide que las transacciones spot puedan ser en cualquier moneda (o incluso trueque). Distinta es una moneda de curso forzoso, donde dicha moneda no puede ser rechazada en un contrato spot (no hay deuda). Si bien las leyes de curso legal son comunes, ese no es el caso de las leyes de curso forzoso.

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¿Qué países son los peores deudores de la historia?

En estos días, cuando se habla de crisis de deuda, surge inmediatamente el nombre de Argentina.

El país sudamericano parece estar nuevamente al borde de la cesación de pagos (o default) luego de que en EE.UU. el juez Thomas Griesa fallara en favor de grupos de acreedores privados que tienen bonos del Estado argentino.

Los llamados holdouts, a los que la presidenta Cristina Fernández califica de ‘fondos buitre’, rechazaron la reestructuración de la deuda que emprendió el gobierno de Buenos Aires en 2005 y 2010, y ahora reclaman el pago de la totalidad de sus préstamos: US$1.330 millones más intereses.

En menos de una semana vence el plazo de gracia para que Argentina desembolse el dinero y, si no logra renegociar los términos en EE.UU., es posible que caiga en default.

El gobierno de Fernández ya depositó en un banco de EE.UU. más de US$500 millones correspondientes al vencimiento de uno de los bonos en disputa, por lo que insiste en que no puede hablarse de default. Sin embargo, el juez Griesa rechazó esta transacción afirmando que se debe cumplir con todos los bonistas al mismo tiempo.

Pero hay más razones para que se hable de Argentina.

Pocos olvidan que el país –una de las mayores economías de América Latina- se declaró en cesación de pagos en 2001, en medio de su mayor crisis política, social y financiera de los últimos tiempos.

Desde entonces los inversionistas y la prensa internacionales han mirado con desconfianza a la nación sudamericana, mientras el gobierno ha intentado sin mucho éxito regresar a los mercados de capitales, que consideran al país una suerte de paria.

Ahora bien, desde una mirada más amplia y retrospectiva, ¿es merecida la mala fama de Argentina en los círculos financieros?

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