Una reseña crítica de Las Venas Abiertas de América Latina, de Eduardo Galeano

Ravier_SalinasComparto a continuación el documento que presenté al 8vo concurso de ensayos “Caminos de la Libertad”. El trabajo se tituló “Caminos Abiertos para América Latina” y recibió una mención por parte del jurado. Se trata básicamente de una respuesta crítica al libro de Eduardo Galeano “Las Venas Abiertas de América Latina“, el que transmite una tesis muy clara que podemos resumir en los siguientes cinco puntos:

1. Ha existido una continua política de saqueo desde la época de la Colonia hasta nuestros días.
2. Fue precisamente ese saqueo el que impulsó el mayor desarrollo relativo europeo respecto de Latinoamérica.
3. El orden económico vigente no es la consecuencia de un orden espontáneo, sino un orden generado a través de la planificación central americana, primero con el cuerpo de políticas gubernamentales, y luego con los tentáculos de las empresas multinacionales que saquean a todos los países en los que se introducen.
4. La culpa de nuestros males (pobreza, indigencia, desocupación extendida) es del mundo desarrollado. Nuestra pobreza es la contrapartida de la riqueza de los países centrales.
5. La única forma de interrumpir este proceso y darle esperanza a los pueblos latinoamericanos, es a través de la violencia, expropiando la propiedad privada de los medios de producción a quienes han abusado de él.

Acceda aquí al borrador del documento completo.

Acceda aquí a los otros ensayos premiados.

En defensa del capitalismo global

CapitalismoGlobalCompartimos una reseña del libro de Johan Norberg, “En defensa del capitalismo global”.

«Cuando hablo de defensa del capitalismo, entiendo por éste la libertad capitalista de actuar y de experimentar distintas soluciones sin necesidad de encomendarse a mandatarios ni controladores fronterizos. Se trata básicamente del mismo tipo de libertad que en el pasado pensé que podría proporcionar el anarquismo, pero bajo el arbitrio de leyes que aseguren que la libertad de un individuo no atente contra la de los demás. Yo quiero este tipo de libertad en abundancia… y para todo el mundo. Si los detractores del capitalismo argumentan que ya, hoy en día, tenemos muchísima, yo quiero aún más, hipermuchísima, si es posible. En especial para los más desfavorecidos del planeta, cuya capacidad de decisión sobre su trabajo y nivel de consumo en la actualidad es bastante reducida. Por todo ello no dudo en tildar este libro de “defensa del capitalismo global”, aunque dicho capitalismo global sea más una posibilidad futura que un sistema real ya existente.»

El actual debate sobre la globalización presupone que el mundo se está deteriorando rápidamente. Se afirma, en especial, que el mundo se ha vuelto crecientemente injusto. El coro repite insistentemente lo siguiente sobre la economía de mercado: “los ricos se vuelven más ricos y los pobres más pobres”.

Tal afirmación es vista como una ley natural no sujeta a discusión. En realidad, la primera parte es verdad; no todos ni en todas partes, pero los ricos en general se han enriquecido más. Pero la segunda parte es incierta. Los pobres, lejos de empobrecerse más, en las últimas décadas han mejorado. La pobreza extrema ha disminuido y donde era cuantitativamente peor, en Asia, varios cientos de millones de personas han comenzado a alcanzar una existencia segura y hasta un modesto grado de prosperidad.

Entre 1965 y 1998 casi se dobló el ingreso promedio mundial per cápita, de 2.497 dólares a 4.839 dólares al año. Para la quinta parte de la población más pobre del mundo el aumento ha sido mayor, al aumentar su promedio de ingresos de 561 dólares a 1.137 dólares. Según el Banco Mundial, en China ha ocurrido “la más grande y rápida reducción de la pobreza en la historia”.

En los años 90, cuando el autor sueco Lasse Berg y el productor de cine Stig Karlson regresaron a los países asiáticos que habían visitado 30 años antes, no podían creer lo equivocados que habían estado al considerar que la revolución socialista era la única manera de salir de la miseria que habían visto en su viaje anterior. En la India y China, más y más gente estaba saliendo por esfuerzo propio de la pobreza, dejando atrás el hambre y la insalubridad.

El mayor cambio ha ocurrido en la manera de pensar y de soñar de la gente. La televisión y los periódicos aportan ideas e impresiones del otro lado del mundo, ampliando la noción de la gente sobre lo que es posible. Este desarrollo no ha ocurrido a través de una revolución socialista sino, por el contrario, del movimiento durante las últimas décadas hacia una mayor libertad individual. El intercambio internacional y la libertad de elegir han crecido paralelamente; las inversiones y la ayuda al desarrollo han transmitido ideas y recursos, derivándose beneficios de los conocimientos, la riqueza y las invenciones de otros países.

La importación de medicinas y novedosos sistemas de sanidad han mejorado las condiciones de vida. La tecnología moderna y novedosos métodos de producción han mejorado la alimentación. Los individuos tienen más libertad en escoger su ocupación y en vender lo que producen. La discriminación es menor que antes, ya que al capitalismo global no le interesa si el productor es hombre o mujer. La discriminación resulta costosa al rechazar los productos y el trabajo de ciertas personas. Y las estadísticas comprueban que todo esto ha mejorado la prosperidad y reducido la pobreza. Pero lo más importante de todo es la libertad misma, la independencia y la dignidad que la autonomía confiere a gente que ha vivido oprimida.

Lasse Berg llega a la siguiente conclusión: “no es solamente en China que se está derrumbando el muro. Algo similar está sucediendo por todo el mundo. La gente está descubriendo su derecho a la individualidad. Esto no estaba claro antes. Y tal descubrimiento engendra no sólo el deseo de ser libre, sino también el deseo por tener cosas buenas en la vida, por lograr la prosperidad”.

Esa mentalidad inspira optimismo. No hemos logrado todo lo que queremos; la coerción y la pobreza todavía opacan grandes territorios del mundo. Confrontaremos retrocesos. Pero gente que ahora sabe que vivir en un estado de ignorancia y de opresión no es una necesidad natural, ya no lo aceptarán como un hecho. Exigirán libertad y democracia. El objetivo de nuestros sistemas tanto político como económico debe ser darles esa libertad.

Referencia: Norberg, Johan. En defensa del capitalismo global, Unión Editorial, Madrid, 2013. ISBN: 978-84-7209-511-3

Fuente: Fundación Progreso y Libertad.

Increible disminución de la pobreza en los últimos 40 años

En AEI-ideas, el blog del American Enterprise Institute, Mark J. Perry muestra un gráfico con la disminución de la pobreza en los últimos 40 años. El gráfico lo toma de un trabajo de Martin Pinkovskiy y Xavier Xala-i-Martin en el NBER. Si la disminución de la pobreza es un fenómeno tan claro, ¿por qué se sigue insistiendo con que la pobreza es un problema cada vez más serio?

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Reseña: La ética de la redistribución, de Bertrand de Jouvenel

JouvenelCompartimos a continuación una reseña de Jorge Martínez acerca del libro de Bertrand de Jouvenel “La ética de la redistribución”, publicada en el sitio web de la Fundación Progreso y Libertad, de Chile, en septiembre de 2013. 

A mediados del siglo XX ya se tenía certeza de la superioridad del capitalismo y la libertad por sobre el socialismo, pero, de los aspectos filosóficos, era el ético el flanco más débil de aquél y el objeto de la crítica más acerba de parte de los socialistas de todos los partidos, como diría Hayek en su “Camino de Servidumbre”. El lucro, la primacía de lo individual, el hecho de que en una economía de mercado es el dinero la medida y llave hacia los bienes y la satisfacción material, siempre ha sido difícil de asimilar por las masas ignorantes del funcionamiento de una sociedad capitalista. Entonces, era la brutalidad del régimen totalitario soviético lo que mantenía a la opinión pública reticente ante su implacable avance luego de la Segunda Guerra Mundial; en contraste, sus fundamentos morales aparentaban ser altruistas y solidarios, lo que atraía a los más ingenuos, especialmente, en los países subdesarrollados que menos habían conocido las ventajas de una economía libre. Se pensaba que, en el fondo, el socialismo era más humano y moral, sólo que aún no había tenido tiempo de demostrar sus bondades.

Este es el contexto en que Bertrand De Jouvenel, filósofo y economista francés, escribió las dos conferencias dictadas en 1951 en el Colegio Corpus Christy de Cambridge, y que forman del librito que reseñamos. En él aborda, con singular claridad, dos cuestiones fundamentales: el ideal socialista y el gasto fiscal.

El afán de redistribuir, según el autor, no es una noción que provenga del socialismo, al menos no en su concepción moderna. Históricamente, lo primero que se puso como objeto de redistribución fueron las tierras, lo que se conoce como agrarismo, y en esto se tuvo buen cuidado de no incluir las herramientas que hacen producir la tierra e igualarían los ingresos (que éste no era el fin de redistribuir la tierra) sino repartir entre los hombres los bienes que Dios proveía, pero no lo que los hombres producían.

Diferente del igualitarismo agrario, que buscaba justa distribución, es el socialismo. Para nuestro autor, el sentimiento esencial que origina al socialismo no es la indignación moral por la injusta distribución de la tierra o el ingreso, sino la intención de implantar un nuevo orden de “amor fraternal” entre los hombres: “más bien, es una rebelión emocional contra los antagonismos dentro de la sociedad, contra la fealdad del comportamiento de los hombres unos con otros”, desde ya podemos ver como De Jouvenel en su diagnóstico del socialismo coincide con el que unos años antes dio Ludwig von Mises, en su obra “Liberalismo”, el austríaco sobre el particular decía lo siguiente: “[la resistencia al liberalismo no proviene de la razón] sino de una actitud psicológica que tiene aspectos patológicos: de un resentimiento y de un complejo que podemos llamar ‘complejo de Fourier’, del nombre del célebre socialista francés”; entonces, de lo que se trata no es de reducir los contactos entre los hombres y de renunciar a la división del trabajo, y así acabar con la fealdad del mundo, tampoco de dejar su parcela individual a cada cual para que en ella haga lo que estime conveniente, al estilo del agrarismo. El socialismo tiene su propia propuesta que es a la vez su contradicción vital.

El socialismo propone un nuevo espíritu de aceptación gozosa de la interdependencia que existe entre los hombres, que la división del trabajo y los intercambios entre los hombres no estén ya orientados por el propio interés, en otras palabras, que llamados por el progreso económico los hombres se sirvan mutuamente entre sí, pero, con un “espíritu nuevo”, no como el “viejo” hombre que a regañadientes medía su servicio contra su compensación, sino como el “nuevo” hombre que halla su felicidad en el bienestar de sus hermanos.

Identificado el fin sentimental del socialismo es necesario conocer cuáles son sus medios. Respecto de esto, el socialismo ha identificado a la propiedad privada como la fuente de los antagonismos que repulsa en la vida social, ya sea entre los que son propietarios y los que no, como entre los mismos propietarios. El bálsamo de Fierabrás socialista es, por tanto, eliminar la propiedad privada y así exterminar las contradicciones y jerarquías que tensan las relaciones entre los individuos. Hecho esto, será innecesaria toda coacción porque los hombres serán hermanos unos con otros, toda policía o uso de la fuerza institucional ya no será necesaria, y la siguiente promesa del evangelio socialista, consecuentemente, es la disolución del Estado por resultar innecesaria su existencia.

Pero, esa sociedad fraterna a la que aspira el socialismo ya existe y funciona desde hace siglos, es una comunidad monástica. Aunque sus fundamentos son muy otros de los acariciados por el ideal socialista. Los monjes se han unido no por interés propio sino por amor al “Padre”, y su relación altruista respecto de los bienes materiales se debe a que a no los valoran, los desprecian: “Sus deseos no se dirigen a objetos materiales escasos, lo que los haría competitivos, sino que se dirigen a Dios, que es infinito”.

A fin de cuentas, el socialismo pretende fundar una sociedad monástica pero sin la fe que es su causa. Se inserta en el mundo con total apego a lo material y al progreso que la humanidad ha conocido con el capitalismo. No acepta la visión de que el consumo es algo trivial sino que lo venera y anhela, siempre que se dé con las características del “nuevo” hombre. Sin embargo, si para la sociedad está bien que aumente la riqueza y los bienes disponibles, por qué razón tal cosa es repudiada cuando se predica del individuo. Por qué si se desea el triunfo del hombre sobre la naturaleza y disfrutar del botín que ello provea, se rechaza la actitud necesaria para alcanzar ese objetivo. No será acaso que muchos de los rasgos de la sociedad que el socialismo rechaza, provengan justamente del propósito que él también anhela.

Las dos conclusiones finales que podemos obtener de De Jouvenel: que todo el tinglado redistributivo tiene una letal consecuencia para la libertad de quienes no forman parte del aparato estatal, esto es, traslada el poder desde los ciudadanos hacia los gobiernos que terminan decidiendo en nombre de ellos cómo gastar sus ingresos; y su fundamento moral no es un genuino altruismo o preocupación por el bienestar ajeno, sino la envidia por los bienes que no se puede disponer.

Aclarando el Termino “Capitalismo”

El 9 de octubre salió en Infobae una nota titulada “Tres décadas y un problema llamado déficit fiscal.” En aquella nota decía que desde la vuelta a la democracia, Argentina tuvo el mismo problema de déficit fiscal, lo que de hecho cambió de década a década fue el método de financiamiento, no el problema de fondo.

EL 25 de octubre Mauro Cristeche (UNLP y UNLaM) comparte una nota crítica a mi comentario en Infobae titulada “Dos siglos de economía Argentina y un problema llamado capitalismo.” Cristeche coincide que el déficit fiscal fue un serio problema, pero sostiene que la nota no es lo suficientemente profunda. El déficit fiscal se debe, argumenta, a la lógica del capitalismo imperante en Argentina en los últimos 200 años.

Si bien envié mis comentarios de respuesta a Infobae pocos días después de la nota de Cristeche, el fallo de la Corte Suprema respecto a la Ley de Medios y otros eventos de la agenda política versus lo puntual de mi respuesta hicieron que, obviamente, mi comentario perdiese relevancia.

No quería dejar de compartir mis reflexiones sobre la nota de Cristeche que copio a continuación.

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Nuevo aniversario de la Caída del Muro de Berlín

Berlin

Hoy, 9 de noviembre de 2013, se cumplen 24 años desde la caída del muro de Berlín. Hace 9 años, escribía el artículo de abajo, que quizás resulte de interés para nuestros lectores. Los invitamos a ofrecer sus reflexiones y actualizar la información que allí se expone.
A 15 años de la caída del Muro de Berlín
La historia económica nos ha provisto de varios ejemplos interesantes como prueba empírica de los diferentes resultados que genera el capitalismo y el socialismo. Tal es el caso de Alemania Occidental y Oriental; Hong Kong y China; Corea del Sur y del Norte. En esta oportunidad nos inclinaremos por profundizar, aunque ea un poco, en el caso alemán.
Un poco de historia
Alemania es la tercer potencia económica mundial después de Estados Unidos y Japón. Francia es su principal socio comercial y juntos son considerados como el motor económico de la Unión Europea.
El actual poder de la economía alemana se cimentó desde el siglo XVIII, pero sólo fue a partir de 1871 con el triunfo de Prusia en la Guerra franco-prusiana que dicho poder se consolidó haciendo del Segundo Reich uno de los actores predominantes de la economía mundial. Posteriormente con el fin de la Primera Guerra Mundial, Alemania conoció un período de grave crisis económica que fue en alguna medida superado durante el Tercer Reich sólo para volver a sumirse en una crisis tras la Segunda Guerra Mundial. Fue justamente el desenlace de dicha Guerra el que desembocó primero en la división del país y quince años más tarde en la construcción del Muro de Berlín. Un 15 de junio de 1961 cientos de guardias coartaban el acceso de calles y avenidas principales prohibiendo el cruce de un lado a otro de la ciudad. Estaban construyendo el infame Muro de Berlín: un muro de cemento de 5 metros de alto y 120 kilómetros de largo, coronado con alambre de púa y vigilado por guardias, ametralladoras, vallas electrificadas y minas; una muralla que, al revés de sus antecesoras, no tenía como objetivo repeler invasiones foráneas sino impedir la fuga de sus propios ciudadanos.
A lo largo de su historia (1961-1989), aproximadamente 5000 personas consiguieron cruzar arriesgando sus vidas. Un número similar de alemanes orientales fueron capturados mientras lo intentaban y 191 murieron en su intento de acceder a Berlín Occidental.
Mientras Alemania Occidental iniciaba una sostenida recuperación conocida como el “milagro alemán”, Alemania Oriental se hundía en la pobreza. Mientras el libre proceso de mercado, la libertad individual, el gobierno limitado y el capitalismo en su conjunto desarrollaban a una de las potencias mundiales, el sistema comunista demostraba toda su incapacidad para desarrollar la economía de Alemania Oriental.
Dos sistemas diferentes para un mismo territorio, con idéntica cultura y recursos demostraban en la práctica los resultados que varios teóricos demostraron en los libros. Marx por un lado, Mises por otro. El “Manifiesto Comunista” o “El Capital” por un lado, el Tratado de Economía “Acción Humana” por otro. Fue justamente Ludwig von Mises quien a través de su teoría de la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo (o en este caso en el Comunismo) la que predecía los resultados de las políticas aplicadas en ambos lados de la Cortina de hierro.

Los resultados de la Reunificación

Hace 15 años, el 9 de noviembre de 1989, se derribó aquel Muro de Berlín, barriendo así al sistema comunista de Europa en su conjunto. Alemania se está enfrentando desde entonces al enorme problema de levantar la economía devastada de su parte oriental después de 45 años de gobierno comunista. Por supuesto 15 años no alcanzan para igualar la calidad de vida de ambos estados, pero sí se evidencian mejoras sustentables. Desde 1991 los estados de la ex Alemania Oriental han experimentado un crecimiento económico del 8% anual, mientras que el total de la economía alemana creció sólo un 2%.
Según comenta un periodista Alemán “En el territorio en el que gobernaba un régimen comunista, hoy reina la democracia, la economía de mercado y se han establecido nuevas infraestructuras que se cuentan entre las más modernas de Europa. En lo que a principios de los 90 era una región ampliamente subdesarrollada en comparación con la media europea, ciudades como Leipzig o Dresde han conseguido atraer multimillonarias inversiones por parte de grandes empresas del sector del automóvil, como BMW, Porsche o Volkswagen, o de fabricantes de chips como AMD. El mismo Berlín parece recuperado de décadas de división a causa del Muro y se cuenta ya entre las capitales más atractivas de Europa.
Por otro lado, debemos remarcar las consecuencias negativas de la unificación. Los costos operativos (salarios, alquileres, etc.) relativamente bajos, llevan a los capitalistas a reinvertir su capital desde el occidente hacia el oriente alemán. Esto ha desembocado en quejas de los alcaldes locales de la ex Alemania Occidental respecto de la unificación dado que resienten su economía local. En algunos pueblos aquellas empresas eran la única fuente de trabajo.
Por su parte, la ex Alemania Oriental aun tiene mucho por mejorar. De hecho, un 17,4% de la población está desempleada y más de 171.000 personas reciben ayuda social.

El “impuesto solidario” no es el mejor camino

Por supuesto debemos remarcar que aquel “liberalismo económico y político” que se cristalizaba en las políticas económicas del “milagro alemán” ya no están presentes incluso en la Alemania Occidental o en toda Europa. Sólo con mencionar que más del 70 % de la renta nacional es absorbida por el aparato estatal demuestran que el Socialismo está presente. La recuperación de Alemania Oriental podría ser mucho más acelerada con simplemente recurrir a los mismos principios del “milagro alemán”, esto es, libertad individual, economía de mercado y gobierno limitado. No obstante, los hacedores de políticas públicas han privilegiado aplicar una redistribución desde la región más pudiente hacia la menos pudiente. No menos de 1.5 billones de euros de fondos públicos fueron invertidos en el este, en particular vía un “impuesto de solidaridad”. De aquí a 2019, otro monto semejante de euros están previstos en el marco del “Pacto de solidaridad”.
También se ha desarrollado “un operativo financiero que apunta a la privatización masiva de las empresas estatales del este”. La privatización de las empresas estatales fue subsidiada masivamente por el estado alemán que se hizo cargo de la deuda externa de la RDA y de las deudas internas y externas de sus empresas, lo que provocó una descomunal emisión monetaria y un crecimiento espectacular del déficit fiscal.

La lección

El caso alemán ha resultado en un inmejorable ejemplo de los resultados que provoca la planificación de la producción descentralizadamente desde los empresarios vs. la planificación de la producción centralizadamente desde el estado. Alemania Occidental ha sido una potencia mundial que ha alcanzado un nivel de vida de los más altos del mundo para toda su población. Alemania Oriental ha sido todo lo opuesto.
Ludwig von Mises, un economista austriaco que ha tenido que abandonar su país natal por el ataque nazi y que ha dedicado gran parte de su vida profesional a destruir intelectualmente el intervencionismo, concluye: “Lo único que el gobierno puede hacer para mejorar el bienestar material de las masas es establecer y preservar un orden institucional en el cual no existan obstáculos para la acumulación progresiva de nuevos capitales, ni para su utilización en el mejoramiento de las técnicas de producción.” Este orden institucional ya ha sido provisto a la ex Alemania Oriental con sólo integrarse a la ex Alemania Occidental. No hay nada más que el gobierno federal alemán deba hacer para recuperar la economía. Debemos dejar en manos del libre proceso de mercado, la libertad individual y el gobierno limitado la reconstrucción de la economía alemana en su conjunto.
El Comunismo le ha impedido a los alemanes disfrutar de un nivel de vida muy superior durante casi medio siglo. No dejemos que el Socialismo de Mercado les niegue el bienestar por otro medio siglo más.
  • Artículo publicado en el sitio de la Fundación Atlas para una Sociedad Libre, 15 de noviembre de 2004

Reflexión de domingo: ¿Puede sobrevivir el capitalismo?

ABLJoseph Schumpeter en su Capitalismo, socialismo y democracia contesta a la pregunta formulada en el título de esa nota con un rotundo “no, no creo que pueda”. Por su parte, Benjamin Rogge en Can Capitalism Survive? también es pesimista respecto al futuro de este sistema y Ludwig von Mises, en La mentalidad anticapitalista, detalla los motivos de los generalizados perjuicios contra ese orden social y, por último, para aludir a la bibliografía más relevante en la materia, dos ensayos largos, uno de Robert Nozick titulado “Why Do Intellectuals Oppose Capitalism?” y otro de Friedrich Hayek titulado “The Intellectuals and Socialism”, que desde ángulos distintos centran su atención en la aversión al capitalismo por parte de muchos de los intelectuales.

Es por cierto un tema complejo pero antes de encararlo telegráficamente, señalo que me parece más preciso y ajustado a lo que se intenta describir, destacar que la expresión “liberalismo” es más apropiada que la de “capitalismo”. Esto nos parece así porque el primer término abarca múltiples aspectos de la condición humana, mientras que el segundo aparece como circunscripto a lo crematístico (además de ser una palabra acuñada por Marx). Esta objeción es en cierto sentido refutada por Michael Novak quien deriva la expresión de caput, es decir, de mente, de creatividad.

De cualquier manera, el hilo argumental por el que surge el pesimismo no significa derrotismo puesto que como escribe Schumpeter en la obra citada, “la información de que un barco se está hundiendo no es derrotista. Tan solo puede ser derrotista el espíritu con que se reciba esta información: la tripulación puede cruzarse de brazos y dejarse ahogar […] Si los hombres se limitan a negar sin más la información, aunque esté escrupulosamente comprobada, entonces es que son evasionistas […] La prognosis no implica nada acerca de la deseabilidad del curso de los acontecimientos que se predicen. Si un médico predice que su paciente morirá en breve, ello no quiere decir que lo desee”.

Pero ¿en que se basa buena parte de los estudios más o menos pesimistas respecto al futuro de la sociedad abierta? En una combinación de factores que tomados en conjunto pueden resumirse con algunos retoques en los siguientes ocho puntos cruciales.

Primero, en las faenas de intelectuales que no conciben que la sociedad abierta descansa en ordenes espontáneos en los que el conocimiento disperso y fraccionado es coordinado y sustentado en procesos en los que los respectivos intereses particulares confluyen en sumas positivas, en un contexto donde son respetados marcos institucionales a su vez basados en el derecho de cada cual. Rechazan procedimientos en los que los planificadores no participen activamente en la manipulación de recursos de terceros.

Segundo, ese tipo de intelectuales muchas veces también sustentados en la pura envidia y el desprecio por la competencia en el mercado laboral,  no aceptan que empresarios que consideran incultos “solo capaces de producir hamburguesas y similares”, obtengan ingresos mayores que los que ellos perciben.

Tercero, estos intelectuales encuentran apoyo firme en los burócratas puesto que la aceptación de sus ideas les conferirá mayor poder y facultades para intervenir en vidas y haciendas ajenas, a contracorriente de la eficiente asignación de los siempre escasos factores productivos.

Cuarto, esos intelectuales proceden a incursionar en colegios y universidades privadas y estatales y en instituciones internacionales financiadas por gobiernos donde difunden sus ideas estatistas, lo cual expande la aversión contra el capitalismo que sostienen se basa en “la explotación”, en “prácticas monopólicas” o en la mera “suerte”.

Quinto, paradójicamente los barquinazos producidos por el estatismo son endosados por los referidos intelectuales al  capitalismo.

Sexto, los empresarios tienden a seguir el conocido dicho de “mind your own business” con lo que no se ocupan de defender sus empresas frente a los mencionados embates, a lo que se agrega que las más de las veces no sabrían como hacerlo puesto que sus talentos no abarcan esas actividades a pesar de que son el soporte de su misma existencia (no solo eso sino que muchas veces demuestran no tener la menor idea de cómo funciona el sistema en el que operan, para no decir nada de los prebendarios o antiempresarios que, aliados al poder, abiertamente rematan todo vestigio de competencia). Más aún, es frecuente que el común de los empresarios procedan con complejo de culpa por lo que inventan figuras como la llamada “responsabilidad social del empresario” (la mejor crítica que he leído sobre este invento es la de Milton Friedman) al efecto de “devolver a la comunidad” lo que el medio estima “les han quitado”. También sucede en ámbitos intervencionistas que a medida que las fauces estatales avanzan, las llamadas empresas privadas en la práctica dejan de serlo debido a las numerosas regulaciones, con lo que la gente termina por sostener que los servicios comerciales privados son tan deficientes como los gubernamentales, lo cual es cierto puesto que resulta que el personal se convierte de hecho en burócrata con los consecuentes cambios drásticos de incentivos, conclusiones aquellas sobre la mala atención que aceleran el desgraciado proceso que comentamos. Por ejemplo, banqueros que se convierten en dependientes de la banca central (y cuando se llega al extremo de la confiscación de depósitos no asumen su responsabilidad sino que se escudan tras el aparato estatal).

Como una nota al pie a este sexto punto, es pertinente recordar que Juan Bautista Alberdi dedica treinta y siete capítulos del octavo tomo de sus obras completas al formidable empresario William Wheelwright, donde consigna sus coincidencias con Herbert Spencer (de su obra Exceso de legislación) en la tarea bienhechora y grandiosa de los empresarios en un clima de libertad donde naturalmente queda excluido el fraude, la fuerza y la cópula hedionda con el poder. En este sentido, destaca que en las calles y plazas públicas, en lugar de colocar nombres de reyes, gobernantes y guerreros que habitualmente ponen palos en la rueda, deberían instalarse los de empresarios ya que a ellos se debe la luz, la calefacción, la telefonía, las comunicaciones aéreas, terrestres y marítimas, la prensa, las maquinarias agrícolas, los fertilizantes, la medicina, la alimentación y, en una interminable lista, buena parte de lo que dispone la civilización.

Séptimo, la degradación de la democracia en una máquina infame convertida —a través de alianzas y coaliciones— en un apoyo logístico de proporciones mayúsculas para atropellar derechos individuales, en dirección radicalmente opuesta a la concepción de los Giovanni Sartori de nuestros tiempos.

Y octavo, dentro del grupo de intelectuales a los que aludimos no solo se destacan profesores universitarios, ensayistas y profesionales varios sino que sobresalen muchos pintores, sacerdotes, escultores, cineastas, poetas, escritores de ficción y equivalentes que como no han abordado el significado ético, económico y jurídico más elemental del liberalismo se pronuncian enfáticamente por principios socialistas que dañan severamente a los mismos que dicen proteger.

Sin embargo, el apuntado pesimismo puede contrarrestarse por la perspectiva de que los referidos intelectuales sean más que compensados por otros de fuste que —aun enfrentados a los gobiernos, a empresarios irresponsables y a gente indolente y anestesiada— sean capaces de explicar las ventajas de una sociedad abierta, especialmente para los que menos tienen. Incluso capaces de mostrar a empresarios la conveniencia de financiar tareas que no solo preservarán sus emprendimientos sino que resguardará la cooperación social sobre los pilares del respeto recíproco.

Si la antedicha tendencia no se corta se estará en medio de una tenebrosa operación pinza: por un lado, intelectuales resentidos que apuntan a la demolición del capitalismo y, por otro, frente a empresarios con una complacencia suicida en un contexto donde hay demasiadas personas distraídas que miran para otro lado como si fueran ajenas al problema. Por mi parte, como he dicho antes, en esta materia no soy ni pesimista ni optimista, soy escéptico porque tengo mis dudas de que en general se perciba el problema antes que sea tarde, en lugar de percatarse que todos los que queremos vivir en libertad debemos dedicar diariamente algún tiempo a estudiar y difundir sus fundamentos. De todos modos, me infunden renovadas esperanzas cuando constato nuevos grupos —especialmente de jóvenes-— que se instalan para trabajar en distintos campos en pos de la libertad.

Este es el llamado de muchos intelectuales de valía tales como Hayek en el ensayo antes citado, al escribir que “Necesitamos líderes intelectuales que están preparados para resistir los halagos del poder y su influencia, que estén dispuestos a trabajar por un ideal no importa lo alejado que puedan ser las perspectivas de su realización. Tiene que haber hombres que estén dispuestos a mantener principios y pelear por su completa ejecución aunque ésta sea remota”.

Este reclamo urgente de Hayek, desde luego incluye la necesidad de trabajar las neuronas para ponerle bridas al Leviatán e imaginar límites adicionales al poder y no esperar que pueda revertirse la situación con mecanismos institucionales que han demostrado su palmaria ineficiencia para garantizar los derechos de todos. Si el intelectual la juega de político en busca de componendas, nunca se logrará el objetivo puesto que él mismo habrá contribuido a bloquear el camino al ocultar las metas de la sociedad abierta. El político negocia según sea el espacio que generan los intelectuales en una u otra dirección. En otro orden de cosas, cualquiera sea la tradición de pensamiento a la que adhiera un intelectual, si no traiciona su rol y es una persona íntegra será motivo de respeto por su coherencia. En cambio, el oportunista es en última instancia repudiado desde todos los flancos.

Este artículo de Alberto Benegas Lynch (h) fue publicado originalmente en El Diario de América (EE.UU.) el 22 de agosto de 2013.

¿Venezuela capitalista?: Una nueva discusión con el Profesor Astarita

VenezuelaEn octubre de 2011 iniciamos una primera discusión con el profesor Rolando Astarita acerca de la enseñanza de la economía. Un mes más tarde, la discusión giró en torno a la crisis de la macroeconomía. Derivado de estas discusiones, el profesor Astarita respondió críticamente el análisis que Juan Carlos Cachanosky desarrolló sobre las teorías del valor y del precio, y en particular la sección dedicada a Marx.

Esta semana, junto a Nicolás y Martín nos introdujimos en un nuevo debate, ahora en torno al Capitalismo en Venezuela (?), que más tarde se extendió a otras discusiones en torno a las diferencias entre propiedad privada y propiedad comunal.

Imagino que los lectores estarán interesados en este intercambio de ideas, con quien puede ser hoy el máximo experto en el pensamiento de Marx en nuestro país.

Resumen 2012 No. 5: Derecho y Economía

índiceComo estudiante de economía, siempre quedé sorprendido por la ausencia del tratamiento de los derechos de propiedad que recibe en general la literatura económica. En mi formación en la Universidad de Buenos Aires, de hecho, no tuve una sola materia sobre derecho, dado que el plan 1997 integró ciencias políticas con instituciones de derecho público, y el programa de estudios carecía de elementos mínimos sobre la segunda.
Personalmente, debo decir que leo los aportes de Martín Krause con suma atención, y pienso que los lectores del blog hemos sido afortunados de contar con varios disparadores de Martín sobre diversos temas relacionados con este tema de estudio. Como ejemplo, podemos citar aquel diálogo entre Martín y Eduardo Stordeur acerca de la esencia del Law and Economics, o el repaso que Martín hizo este año de un clásico como John Locke, con referencias a la apropiación original, abriendo nuevos interrogantes.
Martín también abrió preguntas sobre economía aplicada, como el tema de los servicios ambientales o el tratamiento de un tema delicado como la resistencia al cambio. E incluso debemos destacar su aporte en el Indice de Calidad Institucional, que él mismo elabora cada año.
Relacionado con la historia del pensamiento económico, pueden resultar útiles las referencias de Aristóteles en relación con la defensa de la propiedad privada, e incluso su énfasis en los incentivos, un tema de radical interés entre los economistas modernos.
Uno de los posts que más atención generó sobre el tema de parte de los lectores fue la pregunta acerca de si la propiedad es o no un derecho natural, tema sobre el que posiblemente volvamos en 2013.
Difundimos también aquella conferencia de Eduardo Stordeur sobre eficiencia y justicia en la UFM, y hasta conectamos todo esto con la nacionalización de la televisación del fútbol en Argentina, en respuesta a algunos argumentos de Lucas Llach.
En el plano de lo introductorio, volvimos sobre el concepto de igualdad ante la ley versus igualdad por resultados, pero también llegamos a plantear la posibilidad de un Law and Economics austriaco, o su relación con una ética del capitalismo.

Liberalismo y Mercantilismo: Entrevista al Dr. Enrique Ghersi

En esta entrevista el Dr. Enrique Ghersi distingue dos tipos de capitalismo. En ambos hay propiedad privada, pero mientras en uno sólo hay competencia económica, en el otro sólo hay competencia política. Mientras en el primero se busca el favor del consumidor, en el segundo se busca el privilegio del Estado para reducir la competencia.