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CapitalismoGlobalCompartimos una reseña del libro de Johan Norberg, “En defensa del capitalismo global”.

«Cuando hablo de defensa del capitalismo, entiendo por éste la libertad capitalista de actuar y de experimentar distintas soluciones sin necesidad de encomendarse a mandatarios ni controladores fronterizos. Se trata básicamente del mismo tipo de libertad que en el pasado pensé que podría proporcionar el anarquismo, pero bajo el arbitrio de leyes que aseguren que la libertad de un individuo no atente contra la de los demás. Yo quiero este tipo de libertad en abundancia… y para todo el mundo. Si los detractores del capitalismo argumentan que ya, hoy en día, tenemos muchísima, yo quiero aún más, hipermuchísima, si es posible. En especial para los más desfavorecidos del planeta, cuya capacidad de decisión sobre su trabajo y nivel de consumo en la actualidad es bastante reducida. Por todo ello no dudo en tildar este libro de “defensa del capitalismo global”, aunque dicho capitalismo global sea más una posibilidad futura que un sistema real ya existente.»

El actual debate sobre la globalización presupone que el mundo se está deteriorando rápidamente. Se afirma, en especial, que el mundo se ha vuelto crecientemente injusto. El coro repite insistentemente lo siguiente sobre la economía de mercado: “los ricos se vuelven más ricos y los pobres más pobres”.

Tal afirmación es vista como una ley natural no sujeta a discusión. En realidad, la primera parte es verdad; no todos ni en todas partes, pero los ricos en general se han enriquecido más. Pero la segunda parte es incierta. Los pobres, lejos de empobrecerse más, en las últimas décadas han mejorado. La pobreza extrema ha disminuido y donde era cuantitativamente peor, en Asia, varios cientos de millones de personas han comenzado a alcanzar una existencia segura y hasta un modesto grado de prosperidad.

Entre 1965 y 1998 casi se dobló el ingreso promedio mundial per cápita, de 2.497 dólares a 4.839 dólares al año. Para la quinta parte de la población más pobre del mundo el aumento ha sido mayor, al aumentar su promedio de ingresos de 561 dólares a 1.137 dólares. Según el Banco Mundial, en China ha ocurrido “la más grande y rápida reducción de la pobreza en la historia”.

En los años 90, cuando el autor sueco Lasse Berg y el productor de cine Stig Karlson regresaron a los países asiáticos que habían visitado 30 años antes, no podían creer lo equivocados que habían estado al considerar que la revolución socialista era la única manera de salir de la miseria que habían visto en su viaje anterior. En la India y China, más y más gente estaba saliendo por esfuerzo propio de la pobreza, dejando atrás el hambre y la insalubridad.

El mayor cambio ha ocurrido en la manera de pensar y de soñar de la gente. La televisión y los periódicos aportan ideas e impresiones del otro lado del mundo, ampliando la noción de la gente sobre lo que es posible. Este desarrollo no ha ocurrido a través de una revolución socialista sino, por el contrario, del movimiento durante las últimas décadas hacia una mayor libertad individual. El intercambio internacional y la libertad de elegir han crecido paralelamente; las inversiones y la ayuda al desarrollo han transmitido ideas y recursos, derivándose beneficios de los conocimientos, la riqueza y las invenciones de otros países.

La importación de medicinas y novedosos sistemas de sanidad han mejorado las condiciones de vida. La tecnología moderna y novedosos métodos de producción han mejorado la alimentación. Los individuos tienen más libertad en escoger su ocupación y en vender lo que producen. La discriminación es menor que antes, ya que al capitalismo global no le interesa si el productor es hombre o mujer. La discriminación resulta costosa al rechazar los productos y el trabajo de ciertas personas. Y las estadísticas comprueban que todo esto ha mejorado la prosperidad y reducido la pobreza. Pero lo más importante de todo es la libertad misma, la independencia y la dignidad que la autonomía confiere a gente que ha vivido oprimida.

Lasse Berg llega a la siguiente conclusión: “no es solamente en China que se está derrumbando el muro. Algo similar está sucediendo por todo el mundo. La gente está descubriendo su derecho a la individualidad. Esto no estaba claro antes. Y tal descubrimiento engendra no sólo el deseo de ser libre, sino también el deseo por tener cosas buenas en la vida, por lograr la prosperidad”.

Esa mentalidad inspira optimismo. No hemos logrado todo lo que queremos; la coerción y la pobreza todavía opacan grandes territorios del mundo. Confrontaremos retrocesos. Pero gente que ahora sabe que vivir en un estado de ignorancia y de opresión no es una necesidad natural, ya no lo aceptarán como un hecho. Exigirán libertad y democracia. El objetivo de nuestros sistemas tanto político como económico debe ser darles esa libertad.

Referencia: Norberg, Johan. En defensa del capitalismo global, Unión Editorial, Madrid, 2013. ISBN: 978-84-7209-511-3

Fuente: Fundación Progreso y Libertad.