Ya adelantaba Alberdi cómo las leyes pueden alterar la Constitución, y habría que agregar los fallos de la Corte

Con los alumnos de Economía Política y Economía Argentina de Derecho, UBA, vemos El Sistema Económico y Rentístico, de Juan Bautista Alberdi. Al autor le preocupaba que los principios de libertad de la Constitución fueran alterados por las leyes que reglamentaran su ejercicio (lo que efectivamente sucedió). Esto dice al respecto:

Alberdi

“La libertad declarada no es la libertad puesta en obra.

Consignar la libertad económica en la Constitución es apenas escribirla, es declararla como principio y nada más; trasladarla de allí a las leyes orgánicas, a los decretos, reglamentos y ordenanzas de la administración práctica, es ponerla en ejecución: y no hay más medio de convertir la libertad escrita en libertad de hecho.

Ninguna Constitución se basta a sí misma, ninguna se ejecuta por sí sola. Generalmente es un simple código de los principios que deben ser bases de otras leyes destinadas a poner en ejecución esos principios. A este propósito ha dicho Rossi, con su profunda razón habitual, que las disposiciones de una Constitución son otras tantas cabezas de capítulos del derecho administrativo.

Nuestra Constitución misma reconoce esta distinción. Los principios, garantías y derechos reconocidos (dice el art. 28) no podrán ser alterados por leyes que reglamenten su ejercicio. – El artículo 64, inciso 28, da al Congreso el poder de hacer todas las leyes y reglamentos que sean convenientes para poner en ejercicio los poderes concedidos por la Constitución al gobierno de la Confederación Argentina.

Según esto, poseer la libertad económica escrita en la Constitución, es adquisición preciosa sin la menor duda: pero es tener la idea, no el hecho; la semilla, no el árbol de la libertad. La libertad adquiere cuerpo y vida desde que entra en el terreno de las leyes orgánicas, es decir, de las leyes de acción y de ejecución; de las leyes que hacen lo que la Constitución dice o declara solamente.

A los tiranos se imputa de ordinario la causa de que la libertad escrita en la Constitución no descienda a los hechos. Mucha parte tendrán en ello: pero conviene no olvidar que la peor tiranía es la que reside en nuestros hábitos de opresión económica, robustecidos por tres siglos de existencia; en los errores económicos, que nos vienen por herencia de ocho generaciones consecutivas; y, sobre todo en nuestras leyes políticas, administrativas y civiles, anteriores a la revolución de América, que son simples medios orgánicos de poner en ejercicio los principios de nuestro antiguo sistema de gobierno colonial, calificado por la ciencia actual como la expresión más completa del sistema prohibitivo y restrictivo en economía política. Somos la obra de esos antecedentes reales, no de las proclamas escritas de la revolución.

Esas costumbres, esas nociones, esas leyes, son armas de opresión que todavía existen y que harán renacer la tiranía económica porque han sido hechas justamente para consolidarla y sostenerla.

Es necesario destruirlas y reemplazarlas por hábitos, nociones y leyes, que sean otros tantos medios de poner en ejecución la libertad proclamada en materias económicas. Cambiar el derecho de los virreyes, es desarmar a los tiranos, y no hay más medio de acabar con ellos. El tirano es la obra, no la causa de la tiranía; nuestra tiranía económica es obra de nuestra legislación de Carlos V y Felipe II, vigente en nuestros instintos y prácticas, a despecho de nuestras brillantes declaraciones de principios.

Mientras dejéis que nuestros gobernadores y presidentes republicanos administren los intereses económicos de la República según las leyes y ordenanzas que debemos a aquellos furibundos enemigos de la libertad de comercio y de industria, ¿qué resultará en la verdad de los hechos? – Que tendremos el sistema colonial en materias económicas, viviendo de hecho al lado de la libertad escrita en la Constitución republicana.

En efecto, todas las libertades económicas de la Constitución pueden ser anuladas y quedar reducidas a doradas decepciones, con sólo dejar en pie una gran parte de nuestras viejas leyes económicas, y promulgar otras nuevas que en lugar de ser conformes a los nuevos principios, sean conformes a nuestros viejos hábitos rentísticos y fiscales, de ordinario más fuertes que nuestros principios.”

Estados Unidos ha tomado un rumbo preocupante – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Contra los valores que lo hicieron grande, el país que preside Trump parece optar por el nacionalismo y el conflicto.

Para todos los que admiramos la tradición estadounidense como el baluarte de la libertad, resulta triste y preocupante el rumbo que ha tomado de un tiempo a esta parte ese país, a contracorriente de los valores y principios sustentados por los Padres Fundadores.

Donald Trump ha comenzado su gestión insultando a periodistas con los que no coincide y bloqueando la entrada a conferencias de prensa en la Casa Blanca como si fuera el dueño del lugar. En vez de señalar sus desacuerdos opta por decir que son deshonestos; en lugar de velar por la sacrosanta libertad de expresión que es base de una república, se inclina por la agresión.

En dos oportunidades consecutivas, al ser rechazadas por la justicia sendas resoluciones xenófobas respecto a los inmigrantes, enfrentó esos rechazos con exabruptos completamente opuestos a la necesaria actitud responsable del Poder Ejecutivo para con la división de poderes. Actuó del mismo modo intempestivo con representantes del Poder Legislativo al no ser aprobada su propuesta respecto al sistema de salud vigente que, en definitiva, pretendió sustituir por un proyecto con iguales inconvenientes centrales.

Trump inició entonces su administración con reiterados choques contra instituciones básicas, a lo que agregó reducciones de impuestos que contrastaron con anuncios de incrementos siderales en el gasto público, lo cual es lo mejor para provocar una crisis fiscal mayúscula (aún mayor que la ya latente, si se toma en cuenta el significado del nivel colosal de endeudamiento que hoy supera al ciento por ciento del PBI).

 

Con este inicio muy poco favorable, con alta imagen negativa en la opinión pública y en la mayor parte de la prensa de prestigio, de modo inconsulto y sin la aprobación del Congreso, dio la orden de bombardear Siria en un todavía no aclarado hecho con gas venenoso y letal del que -como destaca, entre otros, el tres veces candidato a la presidencia norteamericana Ron Paul- aún no se sabe a ciencia cierta si fue producido por los rebeldes contra el tirano Basha al-Assad o por él mismo. Y luego «la madre de todas las bombas» sobre Afganistán, lo que ha intensificado el revuelo en esas zonas y entre sus aliados, y ha ayudado a resucitar el espíritu nacionalista que ya caracterizaba al nuevo gobierno de Estados Unidos, en línea con los desmadres electorales en Europa: en Francia, el Frente Electoral; en Alemania, el Partido Alternativa para Alemania; en Dinamarca, el Partido del Pueblo Danés; en Suecia, los Demócratas Suecos; en España, Podemos; en Austria, el Partido de la Libertad; en Italia, la Liga del Norte; en Hungría, el Partido por una Hungría Mejor, y en Inglaterra, el costado nacionalista del Brexit.

En cualquier caso, el punto consiste en discutir el rol de Estados Unidos como policía del mundo. Para esto nada mejor que tomar en primer lugar el pensamiento del general Washington y también el de John Quincy Adams. El primero escribió: «Mi ardiente deseo es, y siempre ha sido, cumplir estrictamente con todos nuestros compromisos en el exterior y en lo doméstico, pero mantener a Estados Unidos fuera de toda conexión política con otros países».

Y por su parte -préstese especial atención-, Adams consignó que «América [del Norte] no va al extranjero en busca de monstruos para destruir […] Desea la libertad y la independencia de todos. Recomienda esa causa general por el contenido de su voz y por la simpatía benigna de su ejemplo. Sabe bien que alistándose bajo otras banderas que no son la suya se involucrará más allá de la posibilidad de salir de problemas […] Podrá ser la directriz del mundo pero ya no será más la directriz de su propio espíritu».

Recordemos los fenomenales fiascos estadounidenses en el siglo XX en Vietnam, Somalia, Bosnia, Corea, Serbia-Kosovo, Irán, Nicaragua, Honduras, Guatemala, Haití, Panamá, República Dominicana, la reciente patraña de «las armas de destrucción masiva» en Irak y la consecuente «guerra preventiva» . Ives Eland explica en detalle el caso de Filipinas y concluye que «las fuerzas de Estados Unidos incendiaron pueblos, destrozaron cosechas y ganado, torturaron y ejecutaron prisioneros y liquidaron a civiles inocentes». Recordemos también que el general Eisenhower, en su discurso presidencial de despedida, advirtió que «el peligro mayor para las libertades del pueblo americano [norteamericano] es el complejo militar-industrial».

Niall Ferguson, uno de los pioneros de la historia contrafáctica, pone en tela de juicio incluso la participación de Estados Unidos en la Segunda Guerra debido a que, si bien eliminaron al asesino serial de Hitler, le entregaron en Yalta a Hitler II (Stalin) una parte sustancial de Europa. Claro que mirar el tema con el diario del día después, alejados del momento y del contexto, puede no ser lo más conveniente.

El presidente Truman hizo su mea culpa quince años después de haber creado la CIA, en 1945, como sustituto de la Oficina de Asuntos Estratégicos (creada durante la Segunda Guerra Mundial) al manifestar que nunca pensó que aquella novel repartición «serviría para preparar asesinatos, conspiraciones contra gobiernos, torturas, operaciones paramilitares clandestinas reñidas con la ética más elemental, y espionajes».

Hay sin duda muchos canallas al frente de muy diversos gobiernos, pero el extraordinario esplendor de Estados Unidos -incluidos sus desvíos- fue, entre otras cosas, el resultado de tomar con seriedad los valores que hemos ilustrado con citas de peso en su historia. Por otro lado, no parecen prudentes las acciones bélicas desplegadas por Estados Unidos, especialmente por las consecuencias que estas iniciativas puedan acarrear en el llamado mundo libre. Sobre todo cuando la situación ha cambiado en mucho respecto a las libertades individuales. Con pretextos varios , hoy se interfieren secretos bancarios, se multiplican las escuchas telefónicas, se abandona en repetidos casos el debido proceso, todo en medio de regulaciones asfixiantes, gravámenes crecientes, procedimientos inmorales como los denominados «salvatajes» por los que los que trabajan y no tienen poder de lobby debieron sufragar a empresarios ineptos, irresponsables o las dos cosas al mismo tiempo, y la pretensión de endosar compromisos financieros al futuro en una seguidilla sin término para renovar los techos normativos del endeudamiento.

No debe descartarse que los marcos institucionales de ese país y sus reservas morales finalmente se impongan y puedan poner límites a tanto sobresalto, aunque a juzgar por lo ocurrido en las últimas elecciones ambos partidos tradicionales revelan una llamativa decadencia. Está en juego el futuro de todos los que desean vivir en un clima de paz, por más que el planeta deba convivir con sátrapas de diverso color y se abandonen valores clave en pos de otros que apuntan al renacimiento de los nacionalismos que tanto daño han hecho.

Publicado originalmente en La Nación, martes 2 de mayo de 2017. Alberto Benegas Lynch (h) es Presidente del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso.

POLÍTICA: AHORA O NUNCA

Entre las varias dificultades que tienen los liberales (clásicos) para dedicarse a la política, está el consejo que Hayek dio: no hacerlo y dedicarse a los think tanks y las tareas académicas. Y que luego eso va a llegar, por una especie de efecto “ondas en un estanque” a la opinión pública y, por último, a los políticos.

Creo que nunca nos hemos puesto a analizar el eslabón faltante en esa cadena de ondas. Los thinks tanks realizan una gran labor de formación. Todos los años, miles y miles de jóvenes pasan por sus seminarios y clases, con excelentes profesores las más de las veces. Y eso es así hace varias (muchas) décadas. Y no pasa nada. O las ondas hayekianas son muy lentas o hay algo que no funciona en la teoría. Me inclino por esto último.

¿Dónde van luego todos esos jóvenes? Por algún motivo no van a los partidos. Si, muchos de ellos lo intentan, tienen un período juvenil al respecto, pero luego………… Primero, la mayoría tienen que comenzar a trabajar en lo suyo, quieren formar una familia, y……………. Pero, segundo, aunque algunos de ellos quisieran seguir, la lógica de lealtades en los partidos políticos es muy diferente a la académica. Un intelectual es en general un recién llegado, un paracaidista total, en un partido político tradicional. Sus dirigentes no confían en él y menos aún en un conjunto de jovencitos irreverentes. Para llegar a ser candidato con posibilidades de entrar, hay que pasar por un sistema de lealtades muy largo, hay que ganarse confianzas. No digo que haya que ceder en principios, pero sí ganar una carrera donde todos quieren ser el primero. Y ello obedece a un juego de ajedrez que NO es inmoral pero es MUY diferente a dar una maravillosa clase sobre las externalidades y el teorema de Coase.

Por ende los círculos hayekianos no llegan. Me dirán: ¿y entonces? Pues entonces hay que estar dispuesto a jugar el juego. No es inmoral hacerlo. Los anarco-capitalistas piensan que sí, lo respeto, porque el poder político de un estado, aunque liberal clásico, es intrínsecamente malo para ellos. Pero los que no pensamos así no podemos decir que entrar a un partido político sea inmoral. Es más: hay que hacerlo, porque los cursos de los think tanks liberales no llegan por ósmosis a los dirigentes tradicionales.

¿Pero quiénes? Aquellos que tengan una auténtica vocación por el poder. Claro, en general los liberales no la tenemos, porque para nosotros, cuanta menos política, mejor. Pero ahora son otros tiempos. Las instituciones ya no existen y la ignorancia de los dirigentes tradicionales es absoluta, y ni que hablar de su inmoralidad. Ahora es el tiempo de entrar. Y si es en los partidos tradicionales, mejor. Y estar dispuesto a jugar las fichas que haya que jugar, cosa que NO es necesariamente inmoral. Se necesita tacto, prudencia, piel dura, objetivos claros, ideas claras. Si, deben ser pocos, pero si los pocos que hay no entran, peor. El poder tiene horror al vacío. Sus espacios son llenados por quien fuere. El poder siempre está. Por eso el poder está lleno de locos y psicópatas, que tienen la personalidad ideal para ser un mármol ante las dificultades de la política. Pero la política no es la única profesión que requiere psicologías especiales, aunque no psicopáticas.  Un neurocirujano infantil, por ejemplo, puede ser un santo pero tiene que saber dónde y cómo cortar sin ponerse a llorar. Las circunstancias actuales serán difíciles pero la Europa de la post guerra fue edificada por santos varones que sabían que no podrían darse el lujo de esperar a otra bestia mussoliniana en el poder.

Hay que jugarse, liberales. Hay que entrar. En el pro, en el radicalismo, en el peronismo no kirchnerista, si encuentran alguna forma de soportar la marchita. Pero entren y jueguen el juego. Que yo sea totalmente incapaz de hacerlo no quiere decir que otros no puedan. Es el momento. Aquí y en todo el mundo, es ahora o nunca.

Tópicos de Actualidad – Año 57 – No. 1072 (CEES) – Más que terminar con las instituciones monetarias, Guatemala necesita desarrollar instituciones y reglas fiscales

Tópico de Actualidad:

Año 57. Mayo de 2017. N.o 1,072

Más que terminar con las instituciones monetarias, Guatemala necesita desarrollar instituciones y reglas fiscales

Por: Adrián Ravier

En un artículo titulado “World Hyperinflation”, escrito por Steve Hanke y Nicholas Krus (2012), los autores compilan 56 casos de hiperinflación en la historia económica mundial. Entre los países de nuestro Continente incluidos en el ranking destacan Argentina, Brasil, Chile, Perú, Bolivia o Nicargua, pero también aparecen algunos países desarrollados europeos como Alemania o Francia. Un informe más actualizado (2017) incluye a la Venezuela de Maduro en el ranking mundial de hiperinflación -duplicando sus precios cada 17 días-, mientras la Argentina se salvó por poco de repetir la vergüenza en la administración del dinero, gracias a un cambio de política económica con el gobierno de Mauricio Macri que revirtió un proceso inflacionario que había llegado a más del 40 % anual.

Se sabe que en la política económica hay escasos consensos entre los economistas, pero la causa de este tipo de fenómenos suele tener para los historiadores y analistas un único responsable: el Banco Central como monopolio de emisión y el curso forzoso que le impide a los habitantes del país huir hacia otras monedas.

Existen varios países de los cuales podemos tomar lecciones para evitar el flagelo, pero no hay muchos casos en los cuales existan iniciativas locales que apunten a eliminar las instituciones que mantienen a sus naciones con estabilidad monetaria. Un caso para analizar en otra oportunidad serían aquellas economías dolarizadas que pretenden recuperar sus monedas locales. En nuestra región es el caso de Ecuador y El Salvador. En Europa, son muchos los países que se han planteado abandonar el Euro para evitar ajustar sus déficits, y en su lugar, monetizarlos. Por el momento, estas instituciones resisten, pero todavía resta ver el fin de la historia. Otro caso, al que sí queremos atender aquí, es el de Guatemala, país que ha mostrado una buena performance en materia de estabilidad de precios, con la excepción de un solo año, en 1990, en que la inflación llegó al 60 %.

¿Por qué Guatemala –siendo hoy un país caracterizado con altos niveles de corrupción política- pertenece a la élite económica en la administración de la emisión de dinero? Y si es un país de élite en estabilidad monetaria, ¿por qué entonces están surgiendo iniciativas locales para revertir estas instituciones?

Seguir leyendo en Tópicos de Actualidad, del CEES.

 

DE LOS PUEBLOS ORIGINARIOS AL ORIGEN DE LOS DERECHOS INDIVIDUALES

Desde que varios pensadores absolutamente totalitarios y antiliberales se adueñaron de la sagrada palabra “derechos” (una especie de blasfemia política), uno de los más populares lemas es “los derechos de los pueblos originarios”.

Pero resulta que no son los pueblos los que tienen derechos: son las personas individuales. Y entre esos derechos, su libertad de asociación, reunión, libertad religiosa, propiedad, etc., son los que jurídicamente les permiten vivir y mantener sus diversas tradiciones culturales que, como dije tantas veces, sólo pueden convivir en paz en un estado liberal de derecho (si, es lo mismo que decir “agua húmeda potable”, pero ahora hay que aclarar todo…).

Por lo tanto lo que hay que exigir es que los descendientes de las culturas pre-colombinas sean respetados en sus derechos igual que cualquier otro ser humano, y si viene de Marte (como yo), también.

Lo que nadie puede pretender es violar las libertades de otras personas en nombre de su propia tradición cultural. Si alguien sostiene en conciencia que su tradición no le permite convivir pacíficamente con el Estado de Derecho, tiene varios lugares para emigrar: Cuba, Corea del Norte, Venezuela, en fin, la lista es larga.

Claro, muchas de estas personas sostienen que sus ancestros estaban antes y que fueron injustamente despojados de sus tierras y libertades. ¿Saben qué? Tienen razón. No se puede invadir un territorio habitado por otras personas y por ende todas las colonias que desplazaron por la fuerza a los previos pobladores estuvieron éticamente mal. Pero ahora, ¿qué? Ahora, la solución Hume: en todo poder político o propiedad, si nos vamos para atrás en el tiempo, siempre habrá un latrocinio o un asesinato. Por ende la cuestión es: de este momento presente para adelante. Esa es la regla de la convivencia pacífica. Si no fuera así, cuando Cuba se libere, muchos de los actuales residentes en Miami volverían reclamando sus antiguas propiedades y sería un caos. La cuestión es: de un momento presente para adelante.

Pero, dos cosas más. Lamento si algunos historiadores pintan a los pueblos originarios como santos que no tuvieron pecado original. ¿Saben qué? NO. Obvio que no fue así. Sólo una interesada ideología puede desconocer tanto la naturaleza hunana de seres humanos que tienen derechos no por inmaculados, sino por humanos.

Y finalmente: ¿originarios? ¿Seguros? A ver, antes de los europeos estaban los cuchu-cuchu. ¿Y estos no habían desplazado a nadie? ¿No habrían tal vez esclavizado a los cuchi-cuchi? ¿No? ¿Seguro? ¿De qué revelación divina nos viene semejante certeza de su “originariedad”? Mayor razón para la tesis de Hume.
Lo único “originario” son los derechos individuales. En 1989, en mi libro “El humanismo del futuro”, dije que todos nacemos con un pagaré originario: lo que por el sólo hecho de ser humanos debemos al otro, o sea, el respeto a sus derechos. Eso es lo único originario y lo que sigue siendo tan difícil de entender. El mundo fue y será una porquería ya lo sé. Pero les aseguro que con el respeto a las libertades individuales, lo sería menos. Y en el 3000 también.

«La gestión de Macri es muy floja, tímida» – El País de Uruguay entrevista a Alberto Benegas Lynch (h)

Estuvo en Montevideo para dar una charla invitado por la Cámara de Comercio. Cree que el gobierno argentino no ataca los problemas de fondo que dejó el kirchnerismo y corre el riesgo de dilapidar su capital político.

—¿Cómo evalúa la gestión del presidente Mauricio Macri?

Tiene lo que considero un activo (no debería ser así porque debería ser normal) y es que no hay corrupción. Hemos estado acostumbrados a corrupciones horribles. Por eso lo aplaudimos. Respecto a la gestión, es muy tímida y muy floja. La gente tiene problemas graves para llegar a fin de mes y hay problemas sociales. Esto es consecuencia de que le arrebatan recursos. ¿Quién arrebata recursos? En gran medida, es el aparato estatal. Cuando se dice que el Estado tiene que hacer esto o lo otro…, ningún gobernante pone de su peculio. Es el vecino el que está pagando. Todos nosotros, más cerca o más lejos, venimos de la miseria, venimos de las cuevas, venimos del mono y el esfuerzo para mejorar es respetar la choza que se hizo el otro, es respetar el derecho de propiedad, es respeto recíproco por los proyectos de vida del otro, aunque no nos gusten y no los compartamos. Yo creo que el test máximo de la tolerancia se da cuando no compartimos el estilo de vida de otro, pero lo respetamos siempre y cuando no lesione derechos de otros. El viernes 21 de abril sacamos una carta en el matutino La Nación de Buenos Aires cinco colegas, diciendo una vez más que no se trata de hacer más eficiente el gasto público porque si algo es malo y es eficiente es mucho peor. No se trata de podar el gasto porque, igual que en la jardinería, crece más fuerte. De lo que se trata es de eliminar de cuajo ministerios, secretarías, reparticiones, subsecretarías que no sirven para proteger los derechos de la gente sino para conculcarlos.

—Voceros del gobierno dicen que se esperará a las elecciones legislativas de octubre para comenzar a abatir el déficit fiscal. ¿Qué le parece?

Ahora la nueva receta parece ser esperar a las elecciones. A mí me parece que quizás los liberales no mandamos bien el mensaje de la conexión que hay entre las malas políticas económicas, el derroche, un Leviatán muy adiposo y el salario de la gente.

Me parece que es muy importante abrir las economías, establecer sistemas competitivos y eliminar esos ladrones de guante blanco que son los empresarios que tejen alianzas con el poder. Es el gobierno de los últimos 70 años en la Argentina. Argentina desde la constitución liberal de 1853 hasta el golpe fascista de 1930 era la vanguardia del mundo libre, en los primeros puestos de salarios e ingresos del peón rural y del obrero de la incipiente industria. Toda la debacle comenzó con el golpe nazi-fascista del año 30 y se acentuó muchísimo con el peronismo. No se trata de malos y buenos, se trata de ideas, valores y principios para salir de este marasmo. El tema es el gasto público.

—¿Pero cómo puede conciliar Macri la necesidad de consolidar su poder y tener un buen resultado en octubre con la de reducir el déficit fiscal?

El político si tiene sentido práctico va a tratar de apuntar a lo que la opinión pública puede digerir y no ir más allá porque empieza a perder votos. El político que se sube a la tribuna y dice «yo voy a hacer lo que me da la gana y no me importa lo de la opinión pública» está perdido como político. El profesor que entra a una clase y dice «yo voy a averiguar lo que quieren los alumnos para decirlo», está perdido como profesor. Ahora, (Douglas) MacArthur, en un terreno distinto, en el militar, decía «si uno es comandante, tiene que comandar, y si no mejor que se vaya a su casa». La tarea no es explicar porqué las cosas no anduvieron. El asunto es hacer. El premio Nobel de Economía Milton Friedman decía que si un gobierno quiere rectificar algunos rumbos, lo tiene que hacer entre los primeros seis y diez meses de su gestión, cuando está en la luna de miel. Si se permite sufrir un desgaste y que la oposición se reagrupe, es cada vez más difícil.

—¿Macri ya perdió la oportunidad?

Yo quiero creer que no perdió la oportunidad a raíz de este oxígeno que fue la marcha del 1° de abril. Pero he dicho que no se la debe tomar como que haya sido un apoyo a Macri, sino que debe ser tomada como una defensa de la República y del sistema democrático debido a los comentarios que se han hecho diciendo que el presidente se tiene que ir en helicóptero, como Fernando de la Rúa.

Comparto que hay que tener cuidado y equilibrio, pero en lugar de tener un gasto público a 100, no digo bajarlo a 30, pero al menos a 99, para por lo menos marcar un rumbo para decir «estamos en esa dirección, no nos pueden decir que no trabajamos sobre el gasto público porque hemos hecho tales y tales cosas».

—Hay quienes dicen que el macrismo es «kirchnerismo con buenos modales».

Yo comparto eso. No están en cadena nacional, a los gritos e insultando. Eso no lo tiene este gobierno. Pero cuando se pierden las oportunidades, es una pena enorme. El déficit fiscal es ahora de ocho puntos del producto, más alto que en la época de (Néstor) Kirchner. Cuando Thomas Jefferson era embajador en París y le llevaron la constitución nueva de Estados Unidos dijo que si tuviera que cambiarle algo diría que debería prohibir la deuda pública. Usando términos futboleros, se está pateando la pelota para adelante. Se está comprometiendo el patrimonio de futuras generaciones que ni siquiera habrán elegido a los gobernantes que contrajeron la deuda. La presión fiscal en Argentina es una de las más altas del mundo. La gente tiene que trabajar entre seis y siete meses al año para mantener el aparato estatal. Eso es lo que hay que modificar y cuando antes mejor.

—¿Pero el gobierno no ha tenido algún éxito en mejorar el clima para la inversión, en dar más estabilidad?

Yo no veo ninguna regla estable. Todos los paros que ha habido muestran una cosa muy zigzagueante. Está bien abrirse al mundo, pero uno se tiene que preguntar ¿para qué abrirse al mundo, para mostrar la misma cosa populista, para mostrar kirchnerismo con buenos modales o para mostrar otra cosa? Para mostrar otra cosa hay que arremangarse y mostrar otro rigor. Dejémonos de frases vacías, como «juntos podemos». Mejor como decía (José) Ortega y Gasset, decir «argentinos, a las cosas». Trabajemos para rectificar los temas lo antes posible. Yo creo que Macri está muy consciente de eso.

—¿No cree que hay en la región un retroceso del populismo que puede llevar a políticas más de libre mercado?

Es cierto que hay signos interesantes. Por ejemplo, en el Perú. Hay otros signos que no son tan atractivos como lo que está pasando con el tema de la seguridad social en Chile. Hay que explicar que el sistema de reparto de la seguridad social es una estafa. Es un sistema que actuarialmente no resiste. El sistema de capitalización donde cada uno pone de sus recursos y hay competencia y mercados abiertos me parece lo normal y lo atractivo. Ahora se está por revertir en Chile.

—La aplicación del liberalismo económico quedó asociada en Argentina con la dictadura.

Fíjese que creo que no, porque los mismos representantes y ministros de ese régimen horrible que usted señala, nunca se han declarado liberales. Han salido siempre a decir «yo no tengo nada que ver con el liberalismo». Por ejemplo, José Martínez de Hoz, aumentó brutalmente el gasto público. Lo demás son anécdotas. ¿Cómo fue el aparato estatal? ¿Fue más grande o no? La deuda aumentó, el gasto aumentó, hablaba de privatizaciones periféricas. Nadie sabe qué quiso decir.

—El menemismo privatizó, pero quedó asociado con la corrupción.

Exactamente, no tuvo nada de liberal. Se pasó de monopolios estatales a monopolios privados. Los ferrocarriles tenían un déficit de US$ 365 millones, se privatizaron y acto seguido el gobierno subsidió el monopolio.

—¿Cómo ve a Uruguay que está tan marcado por el batllismo?

Uruguay era la Suiza de América Latina hasta que empezó a imitar un poco a los argentinos. Pero yo creo que mantuvo y mantiene, a pesar de todas las críticas que se puedan hacer, un respeto por las instituciones, esto de la cordialidad y los modales, la educación. Es una cosa que, no sé qué pasará en el futuro, todavía caracteriza al Uruguay. Observamos la relación del fuerte con el débil, del que está manejando el auto con el peatón. Frenan diez metros antes y si alguien agradece es porque es argentino y está sorprendido. Los uruguayos lo toman como una cosa natural y de respeto. Por supuesto que se ha engrosado el gasto público, un tercio son funcionarios públicos, un tercio son jubilados y solamente un tercio trabaja. Además entre los 30 y los 40 años muchos uruguayos están yéndose a otra parte. Ramón Díaz (quien presidió el Banco Central del Uruguay), a quien admiraba mucho, tenía un libro muy atractivo que era la «Historia Económica del Uruguay» que muestra que Uruguay estaba también rumbeado hacia destinos muy atractivos. Hay que imaginarse como serían Argentina y Uruguay si tuvieran marcos institucionales previsibles, si hubiera un respeto irrestricto e independencia de poderes cuáles serían las cosas que produciríamos. ¿Por qué las producciones de automotores son tan extraordinarias en Japón? No tienen recursos naturales, es un cascote, solamente el 20% es habitable. Es un tema de las cejas para arriba. Nos sorprenderíamos, si tuviéramos un país civilizado, de las cosas que podríamos hacer. No es un tema de recursos naturales ni de clima . África es el continente con más recursos naturales y se muere la gente como moscas. Hay que entender la importancia de las inversiones para aumentar salarios e ingresos en términos reales. Las inversiones dependen de los marcos institucionales. Hay una inclinación a sustituir la democracia por la cleptocracia, el gobierno de ladrones que expropian propiedades, que expropian libertades, que expropian sueños de vida. Hay límites que no se pueden sobrepasar. Eso es una cosa que tenemos que trabajar y usar las neuronas, para poner más límites al poder porque este asunto va mal.

ELIMINAR EL ESTADO VATICANO

Supongo que no le gustan para nada las ideas socioeconómicas de su compatriota el papa Francisco.

—Para nada. Yo soy católico. Él se ordenó en 1959 en Córdoba bajo la influencia muy marcada de monseñor Enrique Angelelli que oficiaba misa bajo la insignia de los montoneros (NdeR: murió en 1976 aparentemente asesinado por la dictadura argentina). Si uno lee el segundo capítulo de la exhortación «Evangelii Gaudium» uno ve que no tiene nada que ver con los principios de la propiedad ni de la igualdad. Se dice que quiere una sociedad igualitaria, pero ¿qué diablos quiere decir eso? La igualdad ante la ley la comparto totalmente. Pero la guillotina horizontal… En un mercado libre el que mejora es el que mejor ha servido a sus semejantes y el que yerra tiene quebrantos.

Yo creo que hay que eliminar el Estado Vaticano. Tiene que haber una figura del derecho internacional para darle independencia a la cabeza de la Iglesia. La religión nuestra dice que nuestro reino no es de nuestro mundo. Dejo de lado las buenas intenciones (de Francisco). Pueden ser las mejores, pero el camino del infierno está empedrado de ellas.

Esta entrevista fue publicada originalmente en El País de Uruguay, el domingo 30 de abril de 2017.

Vernon Smith y las dos caras de Adam Smith: antropología, sicología evolutiva y economía experimental

Con los alumnos de Historia del Pensamiento Económico I, de Económicas, UBA, completamos el análisis de las contribuciones de Adam Smith y los escoceses leyendo un artículo de otro Smith, Vernon, premio Nobel de Economía 2002 por sus aportes para el desarrollo de la economía experimental. El artículo se llama “Las dos caras de Adam Smith”:

Vernon Smith - copia

“No es de la benevolencia del carnicero, del cervecero, o del panadero, de quienes debemos esperar nuestra cena, sino de la preocupación de estos por sus propios intereses… Esta división del trabajo no está originada en ninguna sabiduría humana, que anticipa y procura la opulencia a la que da lugar. Lo está en la necesaria, aunque muy lenta y gradual consecuencia, de una cierta propensión que observamos en su naturaleza, que sin buscar esa utilidad generalizada, lo inclina al trueque e intercambio de una cosa por otra”. La riqueza de las naciones, Adam Smith, 1776

“No importa cuán egoísta se suponga al hombre, es evidente que hay ciertos principios en su naturaleza que lo hacen interesarse en la fortuna de los demás, y transforman la felicidad de aquellos en necesaria para él, aunque no obtenga de eso otro placer más que observarla”. La teoría de los sentimientos morales, Adam Smith, 1759

Para Vernon Smith, como para Coase en un post anterior, no hay contradicción y recurre a la antropología y la sicología evolutiva para concluir:

“Sin embargo, estas dos visiones no son inconsistentes si reconocemos como un rasgo distintivo fundamental de los homínidos su propensión universal al intercambio social. Esta propensión se expresa tanto en el intercambio personal en las transacciones sociales en pequeños grupos, como en el comercio impersonal, por medio de extensos mercados de grandes grupos. De esa manera, podemos decir que Smith tenía solo un axioma de comportamiento: “la propensión al trueque e intercambio de una cosa por otra”, donde los objetos de intercambio los interpretaré de tal manera que incluyan no solo bienes, sino también regalos, asistencia y favores, fundados en la simpatía y preocupación por los demás. Esto es, “en la generosidad, humanidad, amabilidad, compasión, amistad y estima” (Smith, 1759).”

“Como se puede observar en los registros etnográficos y en experimentos de laboratorio, ya sea que se intercambien bienes o favores, en ambos casos se producen ganancias, que son las que los seres humanos buscan incesantemente en todas las transacciones sociales. Así, este axioma de Adam Smith, interpretado de manera que incluya el intercambio de bienes y de favores -cuando éste ocurre en distintos instantes del tiempo-, así como el comercio de bienes -cuando éste es efectuado en un instante preciso del tiempo, ya sea por medio del dinero o por medio del trueque por otros bienes-, es suficiente para caracterizar la mayor parte de los emprendimientos sociales y culturales humanos. Esto explica por qué la naturaleza humana parece inducir a las personas a preocuparse simultáneamente de sí misma y de los demás, y permitiría entender el origen y fundamento último de los derechos de propiedad.”

“El derecho de propiedad es una garantía que permite que ciertos actos sean realizados por personas dentro de los marcos definidos por ese derecho. Nosotros automáticamente pensamos en el Estado como el garante contra represalias cuando los titulares del derecho lo ejercen. Pero los derechos de propiedad preceden a los estados-naciones, porque el intercambio social al interior de tribus sin Estado, y el comercio entre estas tribus precede a la revolución agrícola ocurrida hace solo 10.000 años, un mero pestañeo en la escala de tiempo de la emergencia de los humanos. Tanto el intercambio social como el comercio reconocen implícitamente derechos mutuos para actuar que se traducen en lo que normalmente llamamos “derechos de propiedad”. ¿En qué sentido son estos derechos “naturales”? La respuesta, creo, se encuentra en la universalidad, espontaneidad y valor adaptativo evolucionario de la reciprocidad. La reciprocidad en nuestro actuar, que se observa en la conducta humana (y también prominentemente en la de nuestros parientes cercanos, los chimpancés), es el fundamento de nuestro rasgo distintivo como criaturas de intercambio social, intercambio que hemos extendido para incluir el comercio con personas sin parentesco y también con miembros de otras tribus mucho antes que adoptáramos la agricultura y la ganadería como formas de vida.”

LiberAccion 2017 – IJM – Madrid

El Instituto Juan de Mariana te invita a LiberAcción 2017, mucho más que palabras, el viernes, 19 de mayo, de 10.00 a 14.30.

En esta edición de LiberAcción, las principales editoriales que apuestan por la libertad presentarán los lanzamientos más importantes del último año… Pero también tendremos debates, novedades audiovisuales del mundo liberal hispanohablante, un ranking de lecturas imprescindibles, un photocall donde poder fotografiarte con tus autores preferidos y llevarte sus obras firmadas, una mirada más allá del territorio español hacia el resto de Europa, Iberoaméria o Estados Unidos, el anuncio de los premiados en nuestros concursos audiovisuales, ¡además de un anuncio sorpresa en exclusiva!

Entre otras cosas…:

¡Cómo no!, Alberto Benegas Lynch (h), nuestro Premio Juan de Mariana 2017, ocupará un lugar especial en el programa. Carlos Rodríguez Braun será el encargado de entrevistarle y repasar con él su trayectoria y su labor académica, imprescindible para entender la difusión del liberalismo y, en particular, de la Escuela Austríaca de Economía en Argentina y en el mundo hispano.
Editorial Deusto, Unión Editorial, UFM Ediciones y LID Editorial nos presentarán las novedades editoriales del último año.
Luis Torras nos presentará un ranking de lecturas imprescindibles.
Jesús Huerta de Soto nos relatará novedades editoriales y de la Revista Procesos de mercado.
Axel Kaiser y José Luís Cordeiro reflexionarán sobre la realidad populista latinoamericana.
Adrián Ravier y Leonardo Ravier dialogarán sobre empresarialidad.
José Antonio Aguirre y Adrián Ravier expondrán la importancia de la traducción.
Pedro Schwartz, Francisco Cabrillo y José Antonio de Aguirre departirán sobre Friedrich Hayek y Arthur Cecil Pigou.
Juan Ramón Rallo y Francisco García Paramés nos presentarán en exclusiva una noticia sorpresa.
Diego Sánchez de la Cruz, Almudena Negro y Jorge Vilches conversarán sobre la socialdemocracia.
Maria Blanco y Fran Carrillo nos acercarán a las novedades de otros lugares de Europa y el mundo, así como a otras formas de comunicación.
Además, como siempre, podrás llevarte los títulos de las editoriales presentes con importantes descuentos, y ¡participar en el sorteo de un lote de libros del catálogo de Unión Editorial valorado en 100€!

En definitiva, LiberAcción 2017, mucho más que palabras: un lugar de encuentro entre liberales interesados en que las ideas de la libertad se divulguen de forma cada vez más eficaz entre un público crecientemente heterogéneo.

Marca la fecha en tu calendario: viernes, 19 de mayo, de 10.00 a 14.30 en los salones de actos del Hotel Regina, en el número 19 de la calle Alcalá (a pocos metros de la Puerta del Sol y pegado al Casino de Madrid). ¡Te esperamos!

Muy pronto, tendremos disponible el programa.

EL PROBLEMA ES LA SOBERBIA – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Giovanni Papini, mi cuentista favorito, destaca que los siete pecados capitales se subsumen en la soberbia y escribe en una de sus múltiples ficciones (no siempre tan ficciones) que “el soberbio no tolera ser contrariado, el soberbio se siente ofendido por cualquier obstáculo y hasta por la reprensión más justificada, el soberbio siempre quiere vencer y superar a quien considera inferior a él […] El soberbio no concibe que cualquier otro hombre pueda tener cualidades o dotes de las que él carece; el soberbio no puede soportar, creyendo estar por encima de todos, que otros están en lugares más altos que él”.

Por mi parte, aplico esta premisa general de Papini al terreno de la relación entre gobernantes y gobernados. Ya de por si ésta terminología resulta un tanto estrafalaria ya que gobernar significa mandar y dirigir lo cual, en una sociedad libre, debería estar reservado a cada cual. En este sentido recuerdo una vez más que Leonard E. Read nos enseña que, para ser preciso, se debería haber recurrido a otra expresión porque la utilizada es tan inapropiada como sería el denominar al guardián de una empresa “gerente general” ya que la función del monopolio de la fuerza es limitarse a velar por los derechos de las personas siendo funcionarios de la población que los contratan y pagan para que le sirvan.

Pero resulta que los primeros mandatarios han mutado en primeros mandantes y el mandamás, en lugar de proceder como efectivo guardián de los derechos los conculca con lo que se cumple la profecía de Aldous Huxley en su terrorífica antiutopía, en la que muchos piden ser sometidos para desgracia de quienes mantienen su integridad y autoestima (lo cual es infinitamente peor que el Gran Hermano orwelliano).

En todo caso, sea con Orwell o con Huxley estamos frente a una situación en donde peligra la libertad y las autonomías individuales frente a los crecientes zarpazos del Leviatán. Etienne de La Boétie ha escrito que en realidad “son, pues, los propios pueblos los que se dejan o, mejor dicho, se hacen encadenar, ya que con solo dejar de servir, romperían sus cadenas”.

Si observamos cada una de las intervenciones estatales que en esta instancia del proceso evolutivo tienen lugar fuera de la estricta protección a los derechos a la vida, a la libertad y a la propiedad, concluimos que la ridícula y contraproducente soberbia del gobernante desconoce la armonía del orden natural y los consecuentes procesos espontáneos con lo que la descoordinación y los fenomenales desajustes arruinan la concordia y conducen a la miseria moral y material.

Son espectáculos dantescos que para los observadores colocan a los megalómanos en situaciones tragicómicas, mientras las cacareadas “juntas de planificación”, “consejos sociales”, “expertos en desarrollo comunitario” y demás dislates dictaminan sus estropicios con seriedad digna de un pelafustán y sin sonrojarse mientras declaman absurdos justificativos con la idea de mitigar los resultados alarmantes de su gestión en todos los ámbitos donde meten  la nariz de la manera más torpe y grotesca que pueda uno imaginar. Desconocen el orden natural y pretenden sobreimprimir un desorden que ellos conciben en sus calenturientos desvaríos.

De este enjambre nacen las expresiones rimbombantes y cacofónicas con la intención de cubrir sus despropósitos como las citadas “programación funcional equilibrada”, “planificación logística paralela”, “ dirección global balanceada”, expresiones que solo pueden surgir de mentes ofuscadas y de un calado muy menor. Resulta en un teatro de muy mala calidad prestar atención a los discursos de ministros y presidentes frente a las cámaras, habitualmente en cadena nacional y con tonos elevados recurriendo a lenguaje de guerra, supuestamente para vencer a enemigos que ellos mismos crean y que todo quedaría tranquilo en la paz de los arreglos contractuales libres y voluntarios si  desaparecen simplemente de la escena y dejan  de provocar embrollos de diversa naturaleza.

Ah! se suele exclamar, esto quiere decir que hay que dejar las cosas liberadas a su suerte sin que nadie administre la asignación de recursos. Craso error, hay que dejar que cada uno administre lo suyo y no meterse compulsivamente con el fruto del trabajo ajeno. De eso precisamente se trata. Este comentario va especial aunque no únicamente dirigido a muchos colegas economistas que en gran medida de un tiempo a esta parte han sido entrenados para manipular las haciendas del prójimo. De ahí el chiste -en verdad no tan chiste- de una persona que presenciaba un desfile militar y constató que luego de la marcha de soldados, tanques y misiles apareció una agrupación de hombres vestidos de traje gris por lo cual le preguntó a su vecino de que se trataba. Recibió como respuesta “son economistas, no sabe el daño de que son capaces”.

En realidad el espectáculo que ofrecen los burócratas que se autoconsideran omniscientes es digno de una producción de Woody Allen: se dirigen a la audiencia como se estuviera compuesta por infradotados en el contexto de impartir órdenes irracionales a diestra y siniestra, por ejemplo, sobre como deben ser los precios de bienes y servicios sin percatarse que las leyes de mercado operan por cuerda separada y que cada intromisión inexorablemente provoca daños de consideración.

Antes he ilustrado el tema con lo que en su momento ha dicho el periodista John  Stossel respecto a lo que sucede con un trozo de carne envuelto en celofán en una góndola en un supermercado. Stossel nos invita a cerrar los ojos e imaginar en regresión el motivo por el cual se encuentra ese bien disponible. Los agrimensores, los fabricantes de postes junto a las largas faenas de plantaciones, talas, transportes y cartas de crédito y a las muchas empresas que horizontal y verticalmente participan como proveedores de equipos, las tareas de alambrado, los plaguicidas, los fertilizantes, la siembra, las cosechadores, los caballos, monturas y riendas, todo el proceso de la ganadería y el personal. Nadie salvo en la última etapa estaba pensando en el trozo de carne en la góndola. Cada uno estaba considerando su labor específica aplicando el conocimiento del caso que no es compartido por otros que cuentan con informaciones distintas para sus diversos trabajos.

Todo esto es coordinado a través de los precios que actúan como si fuera un tablero de señales que indican a los operadores las siempre cambiantes circunstancias para saber cuando y donde invertir o desinvertir. Pero luego irrumpen los megalómanos gubernamentales en base a que “no puede dejarse que las cosas se desarrollen por la anarquía del mercado”, situación en la que desaparece la carne, el celofán y frecuentemente el propio supermercado. Idéntico fenómeno ocurre en el mercado cambiario, financiero o industrial.

Mucha razón tenía el premio Nobel en economía Friedrich Hayek al titular su célebre libro La arrogancia fatal que precisamente se refiere a los efectos sumamente perjudiciales de los supuestos controles que imponen los aparatos estatales. Volviendo a Woody Allen, éste escribe sobre quienes habitualmente se desenvuelven en esos ámbitos: “Nuestros políticos son ineptos y corruptos y, a veces, las dos cosas en el mismo día”. Esta decadencia solo puede revertirse instalando nuevos y efectivos límites al poder para mantenerlo en brete, y de ningún modo esperar que los problemas se resuelvan con “gente buena” en el gobierno puesto que el tema no es de personas sino de incentivos que marcan las instituciones.

Como bien ha explicado Thomas Sowell, no se trata tampoco de contar con ordenadores con gran capacidad de memoria para que los políticos en funciones coordinen las operaciones mercantiles, puesto que, como queda dicho, no solo des-coordinan sino que sencillamente la información no se encuentra disponible antes de la realización de las operaciones correspondientes.

No es para nada procedente la ilegítima extrapolación del denominado gobierno a una empresa. La administración empresaria apunta a alinear incentivos para lograr objetivos comunes atentos al cuadro de resultados al efecto de conocer si se da en la tecla con las preferencias de la gente, lo cual se traduce en ganancias o si se yerra lo que se refleja en los consecuentes quebrantos. Esto no ocurre en un país donde sus habitantes naturalmente tienen muy diversos proyectos y metas que los gobernantes están supuestos de protegen siempre y cuando no se lesiones derechos de otros.

Si un  gobernante afirma que merced a su gestión se incrementó la producción de, por ejemplo, pollo habrá que indagar acerca de las políticas dirigidas a ese objetivo que significa que favoreció esa producción, lo cual va en detrimento de la producción de otro bien o servicio que, a su vez, genera un efecto negativo ya que el proceso contradice lo que hubiera preferido la gente de no  haber mediado la mencionada intervención. Este es el desbarajuste central de las llamadas empresas estatales: en el momento de su constitución significan derroche de capital puesto que se desvían los siempre escasos recursos hacía áreas distintas de las prioridades que hubiera establecido el consumidor (de hacer lo mismo que hubiera hecho, tampoco tiene sentido la empresa estatal).

De todo este enjambre que provoca la soberbia, se desprenden las declaraciones sorprendentes de gobernantes como “el derecho a la felicidad suprema” en Venezuela o la afortunadamente frustrada propuesta de la Asamblea Constituyente en Ecuador de establecer “el derecho al orgasmo de la mujer”. Es que se ha perdido por completo la noción del derecho que significa que como contrapartida hay la obligación de respetarlo. Entonces, si alguien reclama el derecho a percibir algo que no obtiene en el mercado (es decir, que los congéneres no se lo reconocen) y esto es otorgado por el gobierno quiere decir que el prójimo coactivamente lo debe entregar lo cual significa que se ha lesionado su derecho por lo cual significa un pseudoderecho.

Es que incluso hay un correlato inverso entre los nombres de los ministerios y lo que ocurre (recordemos el Ministerio de la Verdad en plena mentira oficial), por ejemplo, el tragicómico Ministerio de Bienestar Social donde es seguro en malestar y así sucesivamente. El propio Ministerio de Economía constituye un despropósito porque es para manejar la economía que es precisamente lo que generan los desajustes señalados, es mejor recurrir más modestamente a la Secretaría de Finanzas Estatales.

En resumen, la soberbia de los funcionarios es la causa de tanto entuerto. La gente no  debería tolerar tanta arrogancia en el manejo prepotente de sus vidas y propiedades y tener presente que cada vez que se recurre a los ingresos del aparato estatal son los vecinos los que pagan ya que los burócratas nunca recurren a sus patrimonios (en todo caso, muchas veces, se llevan recursos para alimentar sus cuentas personales).

NOL: Minimum wages and the economist as a psychologist

En economía se estudian temas sensibles. Uno de ellos es el de los efectos de los salarios mínimos. Discutir temas sensibles con no economistas a veces requiere de un poco de comprensión psicológica. Reflexiones al respecto que comparto en Notes for Liberty (NOL).

Both Ludwig von Mises and F.A. Hayek are known for arguing that there is no such thing as a good economist who is only an economist. For these two thinkers, a good economist-as-scientist also needs to know history, philosophy of science, ethics, and physics. Mises and Hayek are thinking of what an economist-as-scientist should be familiar with and have some minimum knowledge beyond his discipline.

I would add that the economist as public educator, that is, when the economist talks as an economist to non-economists, also needs some awareness of psychology. I may not be using the term “psychology” in the most proper way, but I mean the awareness to understand what the interlocutor feels and needs and then figure out how to communicate economic insights in a way that will not be automatically (emotionally or psychologically) rejected; how to make someone accept an economics outcome they do not want to be true. How to break the bad news with empathy? This is a challenge I try to get my students to understand as one day they, too, will be economists out of the classroom in the real world.

Seguir leyendo en NOL.