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Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

EL PROCESO ECONÓMICO DE UN PEDAZO DE PAN, DE EMILIO A. CONI. por Henry Vizcaino (RIIM No. 66, octubre de 2017)

Resumen: En este articulo se intenta rescatar un escrito que data de 1933 de la autoría de Emilio A. Coni- Ingeniero Agrónomo que dejo trabajos y libros con respecto a la economía de Argentina. Normalmente se suele citar autores más conocidos dentro de la tradición económica y liberal anglosajona, dejando un poco de lado a aquellos que escribieron en suelo argentino o la región latinoamericana y que pueden presentar visiones interesantes para reflexionar sobre el desenvolvimiento y entendimiento de la economía con bastante originalidad. En este ámbito que la presente reseña se enfoca en una valoración e interpretación de una obra muy poco conocida pero que vale la pena conocer y aplaudir, sobre todo teniendo en cuenta que se puede mezclar con el pensamiento e ideas establecidas por otros economistas que gozan de repetidas menciones.

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A PESAR DEL GOBIERNO. Historia del Agro Argentino, desde la Conquista hasta comienzos del siglo XXI (RIIM, No. 66, octubre de 2017)

Resumen: Osvaldo Barsky y Jorge Gelman (2009) se han propuesto una tarea ambiciosa al intentar relatar la historia del agro argentino en un solo volumen de 579 páginas. A favor, el libro logra clasificar, ordenar y describir numerosos hechos en diversas etapas de la historia del país; en contra, el libro falla en advertir que la evolución del agro argentino ha sido exitosa a pesar de la política económica que los sucesivos gobiernos han implementado desde siempre.

Para ser más precisos, este trabajo se inscribe en una tradición liberal clásica, donde la experiencia del agro argentino puede mostrar que cada vez que el Estado sobre expande sus funciones por encima de aquellas de un “gobierno limitado”, sobrevienen consecuencias indeseables.

El alcance de este documento debe comprenderse tan solo como un esquema de las etapas de la historia del agro argentino. Desde luego, en tan corto espacio, no se pretende agotar los eventos que en otro lugar se han ocupado de investigar los especialistas en la materia.

Nuestra intención aquí es reseñar el libro respetando las etapas descritas por estos autores, pero complementando el trabajo desarrollado con algunas referencias sobre los cambios institucionales que hubo precisamente en estas etapas, de tal modo de enriquecer el mensaje del libro en cuestión.

El libro se publicó en 2009. Aquí extendemos el análisis al año 2017, año en que se escribe el presente documento, pues el agro argentino parece presentar una importante transformación en los últimos dos años con un nuevo cambio de gobierno y de política económica.

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UNA OBRA FORMIDABLE SOBRE MORAL – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Se trata de un trabajo realizado por un agnóstico lo cual facilita una visión más generalizada, lo cual no quita que religiones avalen los valores y principios morales. En este caso es equivalente a la física, la economía o el derecho, no se trata de sostener que para que sus preceptos sean válidos se debe ser religioso, claro que, como queda dicho, no es óbice que tradiciones religiosas suscriban el orden natural que se atribuye a la Primera Causa (que algunos denominan Dios, otros Alá y otros Yahvéh) ya que si los nexos causales fueran para atrás ad infinitum, entre muchas otras cosas, no estaría escribiendo estas líneas puesto que las causas que me generaron en una cadena causal nunca hubieran comenzado (lo cual, claro está nada tiene que ver con distintos dogmas). Pero, como decimos, en el caso que nos ocupa, es de una mayor fertilidad analizar los fundamentos de la moral de una manera separada de la religión lo cual abarca un terreno muy amplio.

El libro en cuestión fue escrito por Henry Hazlitt. En esta nota periodística me referiré solo a algunos pocos puntos que trata el autor para lo que me baso en la primera edición inglesa realizada por la editora Van Nostrand Co. de Princeton, en 1964, luego de lo cual se han publicado cinco ediciones adicionales, obra titulada The Foundations of Morality. Describiré los temas seleccionados sin la multitud de citas y las sustanciales referencias bibliográficas que contiene el volumen de marras, al efecto de simplificar la lectura. Como sucede con todos los escritos, pueden encontrarse reflexiones con las que el  lector puede no coincidir, pero en este caso los argumentos esgrimidos invitan a pensar y a mirar temas desde diversos ángulos.

Abre la obra con un estudio sobre lo que otros autores han tratado en reiteradas ocasiones respecto a la relación entre lo que es y lo que debe ser. Así, el eje central de la moral alude a conductas que permiten la cooperación social pacífica, es decir, la que apunta al respeto recíproco y, por otra parte, en el fuero interno, hacen bien a la persona que practica la moral. Son dos planos distintos, uno se refiere a las relaciones interindividuales y otro al campo intraindividual. El autor se detiene en los treinta y tres capítulos al análisis del primer plano, es decir a las relaciones sociales que pueden resumirse en la definición que Jellinek hace del derecho que ilustra magníficamente el punto: “un mínimo de ética”, precisamente porque abarca una parte de la moral, aquella que se refiere a las relaciones interindividuales sin inmiscuirse en las antes mencionadas relaciones intraindividuales.

En este sentido Hazlitt señala que dado que todos los seres humanos en definitiva buscan su felicidad, la acción humana, que inexorablemente se traduce en un tránsito desde posiciones menos apreciadas a posiciones más valoradas, debe estar rodeada de normas que permitan este tránsito, esto es, de reglas morales. Es otra la discusión si lo que estima el sujeto actuante en definitiva le reportará felicidad o no, solo en esta instancia se marca como objetivo esa búsqueda. Y subraya que la moral alude a lo normativo a diferencia de otros campos de estudio que se refieren al lo descriptivo. La moral es prescriptiva, no se circunscribe a lo descriptivo. No es un estudio que se limita a lo que es sino que se refiere principalmente a lo que deber ser.

Hemos subrayado en otras ocasiones y es pertinente destacarlo en el contexto de la moral que el positivismo sostiene que solo puede considerarse como verdad lo que es empíricamente verificable, lo cual constituye un error que dejaría afuera del análisis riguroso a la moral. Morris Cohen en su tratado de lógica señala que, por lo pronto, aquella conclusión queda contradicha puesto que ella misma no es verificable y Karl Popper ha mostrado que en la ciencia nada es verificable, es solo sujeta a corroboraciones provisorias sujetas a refutaciones.

Se reitera en varios pasajes del libro que el tema moral, igual que el derecho, la física y otras disciplinas, no son el resultado de la invención del hombre, de su diseño ni de ingeniería alguna sino que son el resultado de un proceso de descubrimiento en un largo e intrincado camino de prueba y error en un contexto evolutivo.

Hazlitt se detiene en explicar que, a diferencia de lo que se suele sostener, todos actuamos en nuestro interés personal cualquiera sean los fines que persigamos, incluso si son ruines o nobles. En realidad esta afirmación constituye una tautología puesto que si la acción no estuviera en interés de quien actúa ¿en interés de quien será? En este sentido, estaba en interés de la Madre Teresa el bienestar de los leprosos que con tanto esmero cuidaba. La buena o la mala persona no se diferencian por actuar en su interne personal sino por la calidad de los medios que emplea y los fines que persigue.

En este contexto, el autor considera que el interés personal no debe asimilarse al egoísmo puesto que esta expresión, si bien también se refiere al interés personal, excluye del interés el bienestar de terceros para centrar la atención en la propia satisfacción. En otros términos, el egoísta qua egoísta excluye de sus satisfacciones personales el bienestar de otros, es decir queda fuera de su radio (de su interés) la situación favorable de su prójimo. Recordemos en esta línea argumental, y dejando ahora de lado asuntos terminológicos, que Adam Smith abre su Teoría de los sentimientos morales con la afirmación que en los hombres aparecen “principios en su naturaleza que lo hacen interesarse en la fortuna de otros lo cual le reporta felicidad aunque no derive en nada para él excepto el placer de constatarla”.

 

Respecto al debate si los fines justifican los medios, invita a dos respuestas según el significado que se le atribuya a lo dicho. Una primera respuesta es por la afirmativa puesto que si los fines no los justifican no hay otra justificación ya que los medios responden al fin. El sentido de recurrir a ciertos medios es para lograr determinados propósitos, esto es, los fines justifican, explican el motivo de los medios.

 

Pero lo que en realidad se quiere inquirir es si son moralmente susceptibles de escindirse los medios y los fines del juicio moral, es decir,  si pueden  utilizarse medios inmorales para el logro de fines morales. Esto es un imposible puesto que los medios se subsumen en el fin, no puede asesinarse para evitar el hacinamiento de un pueblo, pero si puede moralmente matarse en defensa propia.  Los medios preexisten en el fin. Los medios empleados establecen la naturaleza del fin. Medios inmorales no conducen a fines morales puesto que la secuencia o los pasos de la  acción son inseparables, constituyen un todo. No tiene sentido tomar medios y fines por separado puesto que son parte de un mismo acto. Los medios tiñen a los fines y viceversa. Hay aquí también una cuestión de grados no en una escala moral sino en el análisis del acto en si mismo: una mentira piadosa la convierte en un medio moral, por ende no es condenable.

 

En relación con los juicios de valor del científico en la descripción de los nexos causales no debe introducir de contrabando sus juicios personales de valor (wertfieri) puesto que estaría torciendo lo observado, lo cual no significa que deba necesariamente abstenerse de juzgar lo que ocurre independientemente de su descripción de los sucesos. Las proposiciones éticas no son verdaderas o falsas como lo son las proposiciones existenciales,  como queda dicho, las reglas de la ética no son descriptivas sino prescriptivas o sea, “son válidas o inválidas, consistentes o inconsistentes, lógicas o ilógicas, racionales o irracionales, inteligentes o  faltas de inteligencia, justificadas o injustificadas, expeditivas o no expeditivas, acertadas o desacertadas. Los juicios éticos o proposiciones, si bien tienen que tomar los hechos en consideración, no son en si mismos factuales sino valorativos”.

 

Finalmente en esta presentación telegráfica de la obra donde naturalmente nos hemos salteado muchas discusiones de gran interés, es pertinente mencionar a vuelapluma dos de los capítulos finales que se titulan respectivamente “La ética del capitalismo” y “La ética del socialismo”. Son muy a propósito del objeto del trabajo puesto que, en el primer caso, elabora sobre la imposibilidad de hacer alusión a la moral allí donde no hay libertad puesto que un acto solamente puede juzgarse como moral o inmoral si  el sujeto es libre de actuar o abstenerse de hacerlo. Solo pueda aludirse al acto moral o inmoral si la persona puede elegir libremente entre cursos de acción. A punta de pistola no hay la moralidad del acto correspondiente. “La libertad no es éticamente indiferente pero una condición necesaria de la moralidad”. La división del trabajo y la consiguiente cooperación social requieren de libertad, en el caso del proceso de mercado competitivo al efecto de que los precios coordinen información y conocimiento disperso y fraccionado entre millones de arreglos contractuales, todo lo cual implica el respeto a los derechos de propiedad.

 

Por su parte, los socialismos implican coerción, esto es, el uso de la fuerza para torcer los deseos y preferencias de la gente en direcciones necesariamente distintas de las que hubiera elegido en libertad. En el contexto socialista no puede haber justicia puesto que no hay el “dar a cada uno lo suyo” ya que lo suyo significa la propiedad  que se ha abolido en el extremo y se la afecta en otras vertiente, lo cual conduce al tan difundido tema de la imposibilidad técnica-económica del socialismo que al eliminar o distorsionar los precios no permite la evaluación de proyectos y la contabilidad.

 

Como hemos puntualizado más arriba pueden haber discrepancias con el autor aquí y allá pero el libro es un formidable incentivo para escudriñar, indagar y cuestionar, al tiempo que incorpora valiosos conocimientos y perspectivas sumamente fértiles.

 

Henry Hazlitt (1894-1993) es autor de numerosos libros, ensayos y artículos, buena parte de estos últimos han sido recopilados por la Foundation for Economic Education de New York en un volumen titulado The Wisdom of Henry Hazlitt. En una de esas columnas escribe sobre la importancia del lenguaje que es primordialmente para pensar y luego para trasmitir el pensamiento, en ese sentido atribuye una gran relevancia al enriquecimiento del vocabulario y como el escribir regularmente estimula la concentración y clarifica el pensamiento.

Martín Krause, economista argentino: “Controlar el poder y limitarlo es clave para esclarecer los casos de corrupción en nuestros países” [El Libero]

El académico destaca la actuación de la justicia en Brasil y de la prensa argentina en los procesos Lava Jato y los «cuadernos de la corrupción». Invitado a Chile por la Fundación para el Progreso, el defensor del liberalismo comenta, además, cómo la opción bolivariana debiera ir en retirada en la región.

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MODELOS DE DESEQUILIBRIO EN LA TEORÍA DE LOS PRECIOS: CONSIDERACIONES CRÍTICAS – Esteban F. Thomsen (Libertas No. 2 – ESEADE – Mayo de 1985

Tradicionalmente, la teoría de los precios ha sido, casi de manera exclusiva, una teoría sobre precios en equilibrio. La principal preocupación ha sido el establecimiento de las condiciones que deben satisfacerse cuando se ha alcanzado la situación de equilibrio. Pero, al mismo tiempo, también se ha intentado obtener explicaciones más dinámicas de la formación de los precios, es decir, acerca del proceso por el cual puede alcanzarse un precio de equilibrio. Aproximadamente en los últimos quince años, algunos economistas han realizado trabajos sobre este tema que parecen acercar el enfoque tradicional al tipo de análisis efectuado por economistas pertenecientes a la tradición austríaca.

En este trabajo consideraremos algunos de estos intentos y las críticas a que han dado lugar; también señalaremos ciertas dificultades teóricas que se han encontrado, muchas de las cuales no fueron aún resueltas satisfactoriamente. Señalaremos entonces cómo algunas de ellas pueden relacionarse con temas que han interesado a economistas austríacos y consideraremos en qué medida el análisis de estos últimos parece tratar algunos de los problemas teóricos de una manera más satisfactoria1. Esto puede sugerir la posibilidad de una futura convergencia de intereses entre austríacos y otros economistas en torno de esta área, posibilidad que consideraremos brevemente.

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PROMEDIOS Y AGREGADOS EN ECONOMIA – Louis M. Spadaro (Libertas No. 4 – ESEADE – mayo de 1986)

En una digresión interesante, aunque aparentemente desatendida, el profesor Hayek ha observado que «ni los agregados ni los promedios actúan uno sobre otro y resultará imposible establecer entre ellos las mismas conexiones de causa y efecto que podemos establecer entre los fenómenos individuales, los precios individuales, etc. Incluso hasta me animaría a afirmar que, desde la naturaleza misma de la teoría económica, los promedios no constituyeron nunca un eslabón de su razonamiento […]».1

Ahora bien, toda duda seria con respecto a la validez de agregados y promedios es una daga que apunta al corazón de una buena parte de la investigación empírica y el análisis estadístico actuales de la economía. Por lo tanto, requiere que se la siga de manera atenta y sistemática, aun cuando ello implique, según algunos empíricos dedicados, una molesta interrupción de la actividad de «primera línea» de la medición con el mero propósito de un debate «teórico» sobre temas metodológicos.2 Sin embargo, es tal nuestra animosa marcha contemporánea sobre datos objetivos que cuando alguien comienza a sospechar que se puede haber hecho un giro equivocado en algún punto anterior casi naturalmente se siente culpable por abrigar este pensamiento traidor y, si en verdad lo pone de manifiesto, debe esperar que se lo considere como un obstruccionista meditativo rodeado de hombres de acción.

Pero la metodología no debería necesitar disculpa alguna. En primer lugar, toda persona comprometida con las políticas y la «economía planificada» debería ser la menos capaz de negar la necesidad de una «ciencia económica planificada». En segundo lugar, tal como lo demostrará una pequeña reflexión, es tan grande la proporción de datos que se acumulan, en la actualidad, en forma de agregados y promedios3 que sería, evidentemente, antieconómico ignorar una posibilidad que, de ser cierta, viciaría ampliamente su utilidad.4 Tampoco puede la economía sortear esta dificultad apoyándose metodológicamente en las ciencias físicas. Por un lado, en modo alguno se ha establecido que éstas puedan hacer otra cosa que un uso tentativo e hipotético de la deducción estadística y del razonamiento probabilístico; por el otro, y aunque pudieran hacerlo, no se deduciría necesariamente que el tipo de problema que plantea la economía puede estar sujeto al mismo tratamiento.5 El hecho de que las implicancias del concepto de «ley» en las ciencias naturales excluyen la aplicabilidad a las ciencias sociales ha sido puntualizado por muchos 6 como para necesitar aquí un debate adicional del tema. Nuestra tarea actual no consiste en discutir los amplios aspectos metodológicos e, incluso, filosóficos de la ciencia económica, pese a lo importantes e interesantes que, sin lugar a dudas, son sino en concentrarnos en la tarea relativamente modesta de averiguar algunas de las características de los promedios y de los agregados que los investigadores de nuestro campo pueden haber omitido considerar, y de intentar clarificar algunas de las implicancias de su uso, teniendo en cuenta que este uso constituye una parte tan integral de la investigación empírica.

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BANCOS OFICIALES Y EMISIONISMO – Leandro N. Alem (Libertas No. 3 – ESEADE – octubre de 1985)

Tan alarmante situación impone a los ciudadanos serios deberes, y preocupado de ellos es que el Comité Nacional de la Unión Cívica ha resuelto dirigir este Manifiesto a la República, para exponer con franqueza los peligros que la envuelven, a fin de que todos los hombres patriotas y de buena intención concurran a la obra. de salvación común. El Comité Nacional ha expresado ya en otros Manifiestos la bandera de principios y el impersonalísimo de su causa, y procede ahora a establecer de un modo más positivo estos nobles ideales, consignando en fórmulas concretas las bases de las reformas que inicia. y procurará que prevalezcan en el gobierno.

Es un axioma ante la conciencia Argentina que el mal se ha producido por exceso de oficialismo y de que los Bancos oficiales han sido el agente activo de la ruina de la fortuna pública y privada y de la depresión del carácter nacional. El Banco oficial constituye un peligro permanente, porque siempre será un medio político sujeto a la influencia de las pasiones partidistas. Trabajar, entonces, contra este género de establecimientos es hacer obra de cordura y de patriotismo. Los ciudadanos necesitan desenvolverse libremente en la vida del Estado, pero para ello es menester que éste no se apodere de todos los resortes de su acción individual. Si, el Estado, tomado en el sentido restrictivo del Gobierno, que maneja el tesoro, el ejército, la escuadra, los empleados públicos, constituyendo ya una fuerza enorme, se encuentra además dotado del poder de manejar el crédito particular de los ciudadanos, éstos en realidad no existen como hombres libres, pues se hallan aprisionados en el único terreno que debía ser su baluarte de defensa, en su hogar. La historia humana enseña que los hombres tienen heroísmos contra la prepotencia de la fuerza, pero que son débiles contra la influencia en sus sentimientos: esto es perfectamente lógico: ellos se agrupan en pueblo o nación para garantir su acción individual y la felicidad de sus hogares. El Banco oficial, entonces, es un elemento perturbador del orden social y será sabia la política que tienda a suprimirlo.

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TEORÍAS ANTIGUAS Y MODERNAS SOBRE EL INTERÉS – Frank A. Fetter (Libertas No. 3 – ESEADE – octubre de 1985)

La teoría abstracta, siempre de fundamental importancia, tiene, al igual que las polÌticas prácticas, sus propios temas del día, y en la actualidad el debate sobre el problema del interés ha cobrado especial vigencia. Entre los artÌculos recientes podemos destacar los de los profesores H. R. Seager, Irving Fisher y H. G. Brown.1

Las simples diferencias de opinión no nos preocupan demasiado, pero hay determinadas imparcialidades impersonales de algunos otros estudiantes de economía con respecto al problema del interés, que si se encuentran implicadas, pues en los recientes debates se introducen de manera equitativa la antigua y la nueva concepción del problema del interés.2 Y, sin embargo, la opinión más actualizada parecería estar a punto de perderse frente al jurado de la opinión económica. Entonces, constituye un deber intentar una mejor afirmación de las verdades olvidadas. Las opiniones rivales podrían caracterizarse como la teoría del interés tecnológico3 y la psicológica. Durante más de una década la teoría psicológica ha ido ganando adherentes en Estados Unidos de Norteamérica. Pero también ha habido una crítica adversa en algunos pocos analistas de libros y en ocasionales notas de pie de página; no obstante, en general, la oposición ha sido de carácter simplemente negativo, ya que la mayoría de los economistas ha dejado de tomarla en cuenta y ha decidido apoyar la antigua teoría.

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