El mensaje liberal – Por Alberto Benegas Lynch (h)

De entrada decimos que la mejor definición del liberalismo es el respeto irrestricto por los proyectos de vida de otros.

Es una tradición de pensamiento basada principalmente en la moral que además permite el mayor progreso material, especialmente para lo que menos tienen.

Frente a esta posición están quienes sostienen que deben dejarse de lado las autonomías de las personas en pos de un supuesto bien común que en verdad es inexistente debido principal aunque no exclusivamente al ataque a la institución de la propiedad. Comenzando por el propio cuerpo, luego por la libertad para expresar el pensamiento y, finalmente, por el uso y disposición de lo adquirido lícitamente.

Es del caso detenerse en esto último. Cuando los aparatos estatales intervienen en los precios están, de hecho, interviniendo en la propiedad puesto que son el resultado de arreglos contractuales libres y voluntarios. En el extremo, al abolir la propiedad como aconseja el Manifiesto Comunista de Marx y Engels, el sistema económico se queda sin las únicas señales para operar, es decir, los precios. En este caso no se sabe si conviene construir los caminos de oro o de asfalto y si alguien levanta la mano y dice que con el metal aurífero sería un derroche es porque recordó los precios relativos antes de eliminar la propiedad privada.

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Discurso de recepción del Premio Juan de Mariana 2017 – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Muchas gracias por ese recibimiento tan generoso. A veces uno no puede controlar los sentimientos. Me enseñaron que los actos de esta naturaleza se pueden encarar de distintas maneras, pero lo que nunca hay que hacer es llorar.

Estoy emocionado y honrado por recibir este premio y por los dichos de quienes me precedieron en el uso de la palabra.

La primera vez que tuve referencias del padre Juan de Mariana fue con el libro que todos ustedes conocen, de Marjorie Grice-Hutchinson, The School of Salamanca. Luego me fui interiorizando más con esta persona, Juan de Mariana, principalmente a raíz de los escritos de Gabriel Calzada, que es, como se sabe, el fundador y el presidente del Instituto Juan de Mariana, que tanto bien ha hecho y tanto bien hace por la causa de la sociedad abierta. El último trabajo que leí de Gabriel sobre Juan de Mariana fue en un libro que escribimos en honor a Manuel Ayau, que coeditamos con Giancarlo Ibargüen, y que, si la memoria no me falla, versaba sobre sus contribuciones monetarias.

Como se sabe, la tradición liberal y, especialmente, la tradición de la Escuela Austriaca, constituye un punto de inflexión en las corrientes de pensamiento que han ocupado una parte muy importante de la historia. Pero  creo que la posición liberal o el espíritu liberal recuerda a un cuento de Borges en el que aparecen dos amigos, Macedonio Fernández y Leopoldo Lugones. Macedonio Fernández siempre terminaba la conversación con puntos suspensivos para que pudiera seguir el debate, mientras que lo que decía Leopoldo Lugones era asertivo, pues significaba un punto final, y si se quería seguir conversando había que cambiar de tema. Bueno, el espíritu del liberal es el de Macedonio Fernández, con sus puntos suspensivos. Siempre estamos atentos a nuevas conversaciones, nuevas contribuciones, en un contexto evolutivo.

Y en este contexto, quiero presentarles lo que dijo Hayek en la primera edición de 1973 de su libro Law, Legislation and Liberty, en las primeras doce líneas de su primer tomo, donde señala que los esfuerzos de los liberales a través del tiempo han sido muy fértiles y muy meritorios, pero tenemos que reconocer, puntualiza el austriaco, que para contener al Leviatán han sido un completo fracaso. Entonces, en ese contexto, en el tercer tomo de Law, Legilation and Liberty, Hayek sugiere límites para el poder legislativo. Como ustedes saben, Bruno Leoni ha propuesto límites para el poder judicial. Les invito a que pensemos ahora en los límites al poder ejecutivo. Me baso en un pasaje de Montesquieu que es poco conocido y que consigna que el sufragio por sorteo está en la índole de la democracia. ¿Esto qué quiere decir? ¿Cómo por sorteo? Sí, todos aquellos mayores de edad que quieren ser funcionarios gubernamentales, que sepan leer y escribir -aunque eso no es tan importante como estamos viendo con los políticos- deben acceder a los cargos por sorteo. Entonces, ¿quiere decir que cualquiera puede ser gobernante? Exactamente, cualquiera. Por tanto, tengo que proteger mi propiedad y mi vida. Y eso es lo que se necesita, volcarse en instituciones, como decía Popper en La sociedad abierta y sus enemigos, al contrario de la sandez del filósofo rey de Platón, para que los Gobiernos hagan “el menor daño posible”.

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Reflexión de domingo: “NUEVOS LÍMITES AL PODER POLÍTICO” – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLEstamos observando una marcada decadencia en el mundo. No se trata de sostener que “todo tiempo anterior fue mejor”, para un análisis de esa naturaleza siempre deben estudiarse períodos y temas específicos en los que efectivamente encontraremos momentos mejores pero también mucho peores. En todo caso, lo que hoy vemos es que en la enorme mayoría de los países europeos el nacionalismo ha escalado a posiciones electorales sumamente amenazantes. En Estados Unidos, independientemente de los resultados en las urnas, se comprueba un avance notable de populismo y un apartamiento manifiesto de los valores de los Padres Fundadores . Y en Latinoamérica las situaciones de Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador son patéticas (para no decir nada de Cuba, la reversión parcial en Chile y los zigzagueantes y por momentos pastosos acontecimientos argentinos después de los extremos estatistas del gobierno anterior al actual), además, salvando las distancias, de las compadradas y barrabasadas del tirano de Corea del Norte.

En el centro de casi todas estas situaciones se encuentra una manifiesta degradación de la noción de la democracia que, en la práctica, se ha desviado por completo de los ideales de los Giovanni Sartori de nuestra época para mutar en cleptocracia. Es curioso pero la mayoría de las personas opera como si la insistencia en una receta fallida producirá en el futuro resultados distintos de los que ocurren una y otra vez. Es imperioso dar la voz de alarma porque, como decía Einstein, una política que da malos resultados no será distinta por el hecho de que se insista en sus recetas.

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Reflexión de domingo: “LA DESTRUCCIÓN DE VALORES” – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLEn su célebre discurso sobre Florencia, Giovanni Papini subraya que los habitantes de esa ciudad se han convertido en “porteros de salas mortuorias” porque no han hecho nada por agregar valor artístico a los Giotto, Leonardo, Botichelli, Dante y Miguel Ángel de otros tiempos. Afirma que esos habitantes solo lucran con sus ancestros sin preocuparse por ningún valor agregado, lo cual, sin embargo, ha hecho lo contrario el propio Papini con sus escritos monumentales.

En nuestro mundo de hoy se observa que en su eje central no solo se ha hecho muy poco por conservar los valores esenciales de la civilización sino que se ha hecho bastante por demolerlos. No hay más que mirar a los Stalin y Hitler y sus imitadores de nuestra época para horrorizarse frente a tanta miseria y muerte.

Los modales han  cambiado, el uso de lenguaje soez se hace cada vez más común, empleado por muchos que no se percatan que lo referido a la cloaca convierte a todo en un estercolero. El valor de la palabra empeñada ha decaído significativamente. La institución familiar para formar almas se ha deteriorado en grado superlativo. El homicidio en el seno materno (mal llamado aborto como si se hubiera interrumpido algo que nunca fue) está a la orden del día.

Pero lo más importante (que también abarca lo anterior) es la falta de respeto recíproco y esto se concreta en el avasallamiento paulatino de la propiedad, comenzando por la preservación y decisión respecto al propio cuerpo, a continuación la libre expresión del pensamiento de cada cual y siguiendo con el uso y disposición de lo adquirido por parte de cada uno de manera legítima. Una triada en definitiva indivisible. A algunos distraídos les parece baladí la defensa de la propiedad privada sin comprender que esta institución se encuentra en el centro mismo de la vida civilizada. Es por ello que Marx y Engels sostienen que la abolición de la propiedad privada constituye el aspecto medular de sus propuestas. Y es por ello que pensadores como Ludwig von Mises destacan que la propiedad privada es el meollo de la sociedad libre.

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¿Sobreviven la Pymes a un plan liberal? [Infobae]

Pymes“Si se aplica un plan liberal, ninguna pyme va a sobrevivir”, dijo el ministro de Economía Axel Kicillof mientras anunciaba la creación de un consejo de defensa a las pequeñas y medianas empresas. Luego sentenció: “En el mercado, si no está el Estado, rige la ley de la selva”.

La frase del ministro deja mucha tela para cortar, como cada una de sus reflexiones. ¿Qué parte es cierta y qué parte no lo es?

Lo cierto es que liberales y socialistas llegan a pocos consensos en la política económica, pero en la medida en que haya buenas intenciones, coincidirán en terminar con la corrupción y también con el favor político que el Estado ofrece a algunos empresarios. En este sentido, el pensamiento del ministro de Economía no encaja en ninguna escuela económica de pensamiento. Su política económica consiste en reemplazar al mercado y ofrecer privilegios o sanciones arbitrarias a quienes él cree que lo merecen. La igualdad ante la ley lógicamente brilla por su ausencia.

Siempre insisto en dejar de llamar Unión “Industrial” Argentina a ese grupo de seudoempresarios y seudoindustriales que se reúnen tras la Presidente para las fotos de sus discursos. ¿Qué empresario puede estar a favor de este modelo? Solo aquellos que reciben la “protección” del Estado. Pero ha sido tan gigantesco el entramado de regulaciones, favores, autorizaciones para compra de divisas, permisos de importación o exportación, subsidios, aranceles y protecciones que se extendieron en los últimos doce años, que engloba a una importante proporción de la estructura productiva.

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Continúa el intercambio con el Dr Cavallo II

El Dr. Cavallo responde a dos de los puntos señalados en mi anterior post. A continuación copio sus comentarios. Luego respondo.

Hola Adrián. Me encanta este intercambio contigo. Vamos por parte. Primero sobre las cifras de déficit fiscal. Acabo de subir a mi blog los datos completos que también figuran en el trabajo de Orlando Ferreres: http://www.cavallo.com.ar/wp-content/uploads/2014/11/Cuentas-fiscales.-Fuente-Orlando-Ferrrere.xlsx
Los datos que vos transcribis en tu último comentario no coinciden exactamente con ninguno de los cálculos que aparecen en este cuadro, pero se parecen a los del déficit consolidado del Gobierno Central, el Sistema de Seguridad Social y de las provincias y municipios. Yo me referí al déficit del Gobierno Central, que es el que puede manejar directamente el Ministro de Economía de la Nación. Esa medida no fue déficit sino superávit en todos los años de mi gestión, incluído 1995. Si se agrega el déficit de la Seguridad Social, todavía quedan superávits para 1992 y 1993. El año 1991 indica un déficit, pero por incidencia del primer trimestre, mientras no rigió la convertibilidad. Si se agregan provincias y municipios pero se mantienen como ingresos los originados en privatizaciones, todavía sigue habiendo superávits en 1992 y 1993. Sólo si se excluyen los ingresos por privatizaciones se genera el signo de los datos que vos trasmitís. Sólo el año 1993 es superavitario. Ahora bien, si analizás el orden de magnitud de estos déficits, los midas como los midas, no podés argumentar que fuimos fiscalmente dispendiosos. Todos los años hubo superávit primario, incluído el año de la crisis Tequila. Y , para poner estos datos en perspectiva histórica, te invito a ver el gráfico sobre la evolución del Gasto Público y el déficit fiscal entre 1913 y 2012, que también subí a mi blog:http://www.cavallo.com.ar/wp-content/uploads/2014/11/Gasto-Públoc-y-Déficit-Fiscal-en-perspectiva-histórica.xlsx
Creo que en esta materia, sobran las palabras y los datos.

Con respecto a si soy liberal o Keynesiano, la discusión que planteó Grondona en abril de 1991es engañosa. Plantear al liberalismo como antagónico del Keynesianismo es equivocado. ¿O Keynes no era liberal? En todo caso se podría discutir si soy liberal de la escuela económica austríaca o liberal de la escuela económica Keynesiana. En ese caso yo respondería que tiendo a pensar más como la escuela económica austríaca cuando la economía viene de sufrir alta inflación, estanflación e hiperinflación. Y tiendo a pensar más como la escuela Keyneciana cuando el problema de la economía es la deflación. Si se utiliza el concepto de liberalismo que magistralmente presenta Mario Vargas Llosas en su último artículo en La Nación, creo que no puede decirs que yo no sea liberal.
ranscribo parte del artículo de Vargas llosas: “Como el liberalismo no es una ideología, vale decir, no es una religión dogmática laica, sino más bien una doctrina abierta y en evolución, que en vez de forzar la realidad para que ceda, se acomoda a la realidad, existen entre los liberales profundas discrepancias y las más diversas tendencias. …Esas diferencias de opinión son saludables y útiles, ya que no violan los preceptos básicos del liberalismo, a saber, democracia política, economía de mercado y ladefensa de los intereses individuales por sobre los intereses del Estado. Hay por ejemplo liberales que creen que la economía es el campo donde deben resolverse todos los problemas, y que el libre mercado es la panacea para los problemas, desde la pobreza hasta el desempleo, desde la discriminación hasta la exclusión social”.También he subido a mi blog el artículo completo de Vargas Llosas:http://www.cavallo.com.ar/wp-content/uploads/2014/11/Confesiones-de-un-liberal-latinoamericano-lanacion.com_.pdf

Entre paréntesis, si consideramos que los principios del liberalismo son los que menciona Vargas Llosas, no se entiende que Mariano Grondona haya dicho en abril de 2001, primero, algo que es correcto “Al revés que López Murphy, Cavallo no adhiere a un sistema de pensamiento. No es sistemático, sino pragmático” para luego concluir, equivocadamente: “No se fija principios, sino metas”.

A menos que vos sostengas que los principios del liberalismo son los expuestos por los autores de la escuela austríaca, tal como pareces hacerlo en el párrafo que transcribo: “Mi crítica al Dr. Cavallo es precisamente el no adherir a estos principios que tan claramente han sido expuestos por los autores de la tradición austriaca, y en particular Mises y Hayek. Cuando afirmé en mi primer post que fue desafortunada la imagen del Dr. Cavallo al lado de estos dos autores en la presentación de Iván Carrino, me refería precisamente a esto.”

Invertiré el orden de mi respuesta, para intentar ser más claro. Comenzaré por Vargas Llosa, el liberalismo y Keynes y sólo después retomaré la cuestión fiscal en los 90.

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“Vivir y dejar vivir” – Nuevo Libro de Alberto Benegas Lynch (h)

VivirABLEsta nueva obra de Alberto Benegas Lynch (h) es una colección de columnas publicadas semanalmente en Diario de América desde mediados de septiembre de 2011 hasta diciembre de 2012 y artículos aparecidos en La Nación (Argentina), trabajos que refieren a los excesos del poder y la manera en que debieran mitigarse (el Leviatán como teatro, la arremetida contra la libertad de expresión, la estrategia gramsciana y la situación argentina). En un post-scriptum se agrega un ensayo sobre el chispazo liberal ocurrido en España.

Aquí puede ver el índice, los primeros artículos y comprar el libro.

Reflexión de domingo: “Liberales, dejen de pelearse!!”

En Argentina hay buena calidad –no cantidad- de liberales clásicos y libertarios bien formados académicamente, en las diversas variantes de autores –y no hago una lista para que no se arme un primer problema-. En general son muy buenos especialistas y-o divulgadores. Algunos de ellos, sin embargo, tiene la costumbre de competir por “el liberal del mes”: espejito espejito, ¿quién es “el más liberal” de todos? Error académico en primer lugar: no hay un autor llamado “liberal” ni debe haber un séquito de seguidores que compitan por la recta interpretación del pontífice en cuestión. Y si yo, por ejemplo, estoy convencido de que Mises es un buen autor, no es correcto andar descalificando a los que no piensen lo mismo: en todo caso, si así lo pienso, debo dar argumentos sobre mi posición, y al mismo tiempo estar abierto a que otros pueden darme buenos argumentos, sobre otros autores, que no he tenido en cuenta.

Cuando los liberales pasan al ámbito político, la cosa es peor. Allí será imposible la existencia de un “partido liberal” que trate de implantar una “ortodoxia” que ni siquiera existe en el ámbito académico. Yo mismo participé en su momento en el partido liberal libertario, como modo de “instalar” temas, pero sabía que, si el partido crecía, los debates internos iban a ser inevitables y NO porque hubiera “traidores a la doctrina revelada” sino porque sencillamente hay visiones distintas dentro del liberalismo clásico y-o libertarianismo y está bien que así sea.

Pero, en segundo lugar, lo que habitualmente sucede y está sucediendo, es que algunos liberales se ubican dentro de partidos políticos ya existentes y entonces otros liberales les dicen sencillamente de todo, por una especie de “pecado” de “juntarse con los impuros”: comienzan peleas e insultos, con la insólita pretensión, además, de conocer las intenciones últimas de todos; se pierden amistades, y cada liberal termina haciendo de sí “la única alternativa” que evitará el desastre……………

Se han intentado alianzas entre diversos liberales, con vistas a una elección futura. Tampoco es viable. Cada uno tiene su circunstancia personal, sus razonables lealtades, sus razonables ambiciones, sus obvios desacuerdos prácticos, etc., y la cosa no funciona. Pero aún en el utópico caso de que fuera posible, el insólito optimismo de que una alianza así se pudiera presentar en el 2015 y ganar las elecciones o un espacio político importante es, por decir lo mínimo, enternecedor. Yo también tengo mis anhelos, por ejemplo, que alguna vez habrá tele-transportación y cosas por el estilo, y les aseguro que ello es mucho más realista.

Me asombra además la facilidad y el ímpetu cuasi-religioso con los cuales los liberales juzgan a los demás. Digo pseudo-religioso porque el religioso auténtico no juzga las conciencias. ¿Quiénes se creen que son? Cada uno tiene su circunstancia, su propio juicio prudencial, y aún en el caso de que pensemos que alguien ha cometido un error “político”, hay que decirlo con respeto y sin presuponer la supuesta “maldad” del otro. Me acuerdo bien cómo lo defendí, tantas veces, al santo de Pedrito Benegas, ANTES de que muriera, de tener derecho a su opción personal a formal el ala liberal del Pro. NO porque yo considerara que la opción iba a tener resultado, sino por el respeto al camino de cada uno.

Liberales, déjense de… pelear. Si alguien quiere meterse en el Pro, en el radicalismo, con Carrió, con corrí, en el unen o separen, cada uno sabrá por qué: respetemos esas decisiones. Y si alguien quiere meterse en el kirchnerismo y jugar al infiltrado, que se divierta y que sobreviva 🙂 La cuestión es llegar al Congreso. ESA es le cuestión. Y no pianten votos, please, con un candidato a presidente. La cuestión es el Congreso. Una vez allí, entonces es el lugar para la verdadera alianza. Allí todos, sea de donde fuere que hayan venido, harán un bloque, instalarán temas, votarán como corresponde, etc.: ESA es la alianza.

La circunstancia es delicada. Pies en La Tierra, please.

¿Es el liberalismo una ideología?

Stefany Bolaños, una alumna de la Licenciatura en Economía de la UFM, me consulta si el liberalismo es una ideología. Me parece interesante abrir la discusión con los lectores, haciendo mención a su propia respuesta sobre el tema.

Yo no creo que el liberalismo sea una ideología, aunque puedo estar equivocada. Si la palabra “ideología” automáticamente supone la existencia de un sistema social perfecto, o bien, de un esquema que expresa un conjunto de teorías y afirmaciones como bases de un sistema socioeconómico, entonces el término es enormemente peligroso. Primero porque presentaría un esquema cerrado que supone establecer desde el poder un conjunto determinado de fines y metas; y segundo, porque sería una definición de carácter constructivista. Es claro que el sistema social perfecto no existe, porque el conocimiento humano es limitado y susceptible a equivocarse, pero además me parece que la palabra “ideología” pretende encasillar una propuesta global que tal vez deje al margen toda la pluralidad característica del liberalismo.

Si el liberalismo permite que cada quien incorpore sus valores en línea con sus proyectos personales, las opciones y posibilidades se mantienen en constante crecimiento. Es decir que no sólo existe evolución y descubrimiento permanente, sino que además este crecimiento no puede reducirse a un marco limitado. Esto es lo que no logro hacer coincidir con la definición de una “ideología”, que pretende englobarlo todo en un sistema predeterminado que, por definición, se jacta de ser el mejor.

En la Acción Humana, Mises escribió que el principal objetivo de la economía y a praxeología es sustituir las ideologías consistentes por los principios contradictorios del eclecticismo cultural (Cap. de World View and Ideology). Luego dice que las ideologías van más allá de los límites que impone un estudio académico puro y neutral sobre las cosas como son, y que incluye doctrinas sobre lo que debe ser y sobre los fines últimos que se deberían perseguir… Pero, si la ideología se trata sobre lo que “debería ser”, ese “debería” no puede ser impuesto, porque por definición sería contradictorio con los principios liberales; por el contrario, debería ser un conjunto de preceptos que se adquieren voluntariamente… Pero si la ideología supone que el liberalismo es un sistema mejor, también sería natural (aunque incoherente) que alguien sucumba ante la práctica de imponerle esta ideología tan acertada a los demás… Sobre todo si se tiene la convicción de que es la mejor. Creo que alguna vez leí algo de Zanotti relacionado con esto…

Yo no sé si al final es una discusión sobre fines y medios; porque al final la esencia práctica de las que se llaman ideologías es diferente tanto en medios como en fines, pero al tratarse de fines las diferencias no son necesariamente irreconciliables. La controversia reside en los medios.

Además, tal vez es la connotación que con el tiempo se le da a las palabras, pero últimamente “ideología” me suena más parecido a una religión que a una ciencia.

También puede ser que el liberalismo sea una ideología, más abierta a la razón y al cambio que otras, pero una ideología al fin y al cabo. Después de todo, intenta evitar imperfecciones que de otra forma surgirían sin ton ni son. Pero de nuevo, no estoy segura.

Mi inclino porque no es ideología, porque pienso que eso iría en línea opuesta con lo que representan precisamente los principios liberales. Pero creo que el tema da para mucho más!

Dejo también un post que Stefany Bolaños escribió en su propio blog sobre este tema.