LA AVALANCHA DE LA CONTRACULTURA – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Por cultura se quiere significar valores, principios y virtudes en dos planos, en primer lugar el autoperfeccionamiento en cuanto a la relación intraindividual y, en segundo lugar, el respeto irrestricto a los modos en que se conduce el prójimo siempre y cuando no lesione igual derecho de terceros, es decir lo interindividual. Lo primero es íntimo y solo responde a la conciencia de cada uno, es el ethos, mientras que lo segundo hace a las relaciones sociales, alude a la moral. Por esto ha dicho bien primero Jeremy Bentham y luego Georg Jellinek que el derecho es un “minimum de ética” ya que esta abarca un campo más amplio pero los marcos institucionales se limitan a pronunciarse por aquella parte que nos vincula con otros y no alude a nuestros actos que  hacen referencia a la intimidad de nuestras personas y a las consentidas entre adultos.

Siempre ha habido quejas sobre lo que ocurre en el tiempo presente. Afortunadamente, puesto que es el modo de enderezar las cosas. En modo alguno puede generalizarse y concluir que “todo tiempo anterior fue mejor”, siempre hay mezclas en todas las etapas de bueno, regular y malo. En los tiempos que corren, sin embargo, hay signos que nos deben poner en guardia de posibles decadencias.

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UN SACERDOTE EJEMPLAR: JAMES S. SADOWSKY – Por Alberto Benegas Lynch (h)

De modales sumamente cordiales, de un gran sentido del humor, de una bondad infinita y de una cultura y versación en muy diversas ramas del conocimiento, así se lo puede definir al Padre James Sadowsky (1923-2012). Enseñó filosofía, lógica matemática y ética de los negocios en la Universidad de Fordham en New York durante treinta años y durante quince en la Universidad de Aix-en-Provence hasta que se retiró de la enseñanza y vivió en Loyola Hall que es el edificio que tienen los jesuitas para los sacerdotes retirados en el campus de esa misma universidad estadounidense. Un sacerdote jesuita que había estudiado parte de su colegio y en la universidad de esa orden -precisamente la de Fordham- estudios que luego completó en la Universidad de Lovaina, en Bélgica. Su padre era ruso y su madre de ascendencia inglesa aunque él nació en Estados Unidos.

Sostenía que el apostolado es mucho más trascendente, perdurable y productivo que el entregar bienes materiales a los necesitados por aquello de que “es mejor enseñar a pescar que regalar un pescado”. Insistía en que el ayudar con bienes materiales puede hacer de apoyo logístico circunstancial pero el trasmitir valores y principios consistentes con el cristianismo en cuanto a la importancia de la libertad y la responsabilidad individual contribuye a modificar de base las instituciones en dirección al progreso de todos. Incluso agregaba que muchas veces la entrega material no ayuda a la dignidad del receptor y crea una malsana dependencia.

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El presidente Macri, por la radio, propone cambios en los valores y las ideas. Correcto, pero está sólo.

El presidente Macri dio una entrevista esta mañana por la radio bien extensa, donde se trataron muchos temas. Apenas terminada, los medios periodísticos comenzaron a buscar qué claves o datos políticos podrían sacarse de lo dicho. No niego que pueda haber señales políticas cuando habla un presidente, pero en este caso, como en otros antes, Macri habla más bien de “valores e ideas”, a punto que parece más un monje que un político.

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En definitiva, creo que su actitud refleja una preocupación que ya he comentado antes en este blog: que el destino de una sociedad, en última instancia, depende de los valores e ideas que predominan en ella. En otras palabras, Macri está diciendo que si la gente, si los argentinos, no abandonamos las ideas populistas de las últimas décadas, y en particular, el populismo con esteroides de los últimos años, no hay mucho futuro. Porque no va a mejorar la calidad institucional más allá de haber puesto algo de orden y haber moderado las formas y si eso no cambia no habrá inversiones que lleguen, ni mucho crecimiento económico, ni mejorarán las oportunidades que tenga la gente.

Entiendo ese punto, Macri ha asumido una tarea apostólica, y tal vez titánica, de convencer a los argentinos que abandonen las promesas cortoplacistas del populismo que ya muchas veces nos han dejado en la ruina. Entre otras, esas ideas típicamente son: que los derechos se defienden en la calle, haciendo piquetes, y no en la justicia; que obtener una mayoría circunstancial habilita a ejercer el poder sin ningún tipo de límites; que la política se maneja con dinero y por eso hay que extraer lo máximo posible del estado; que la división de poderes es un invento para eludir a la voluntad popular; que la inflación la genera la avaricia de los comerciantes y empresarios; que es mucho mejor una empresa estatal, con déficit, que varias en competencia que brinden mejores servicios y más baratos; que todos tenemos el derecho a nuestro propio privilegio y que nadie se atreva a tocarlo (ya sea abriendo algún mercado o el comercio internacional o desregulando) porque entonces volvemos al comienzo de esta lista, y así sucesivamente.

Los políticos hacen su propio juego, no es de extrañar. Sus principios se miden por los votos que pueden generarle, no hay que esperar de ellos otra cosa si los votantes están finalmente dispuestos a avalarlos.

Pero si la intención de Macri es la que he esbozado, hay algo que está débil, y es que nadie más en su propio gobierno se preocupa por las ideas y los valores. Se trata de un gobierno de gerentes, tal vez buenos gerentes, que se dedican frenéticamente a su gestión sin sacar a la luz los principios que están en juego. Entonces ninguno de ellos termina contribuyendo a la competencia de ideas en la que se ha involucrado su presidente.

Por ejemplo, en estos días, se discutió en una audiencia pública la posibilidad de abrir el mercado aeronáutico a nuevas empresas aéreas que quieran ingresar o ampliar sus servicios. ¿Alguno de los funcionarios pregonó acaso los beneficios de la competencia para los consumidores, no para las empresas? ¿Alguno mencionó los exitosos procesos de apertura que ocurrieron en Estados Unidos y en Europa? ¿Alguno fue acaso tan osado como para plantear que, como individuos, deberíamos tener el derecho a elegir viajar como se nos dé la gana? ¿No dice el artículo 14 de la Constitución que tenemos derecho a trasladarnos libremente dentro del territorio? Nada de eso, entonces los sindicatos, y la empresa estatal, que viven de los privilegios, presenta esa tibia apertura como un negocio para empresarios. ¿Cuánto cambiaron entonces las ideas populistas? Nada.

En fin, en este campo de los valores y las ideas se juega el destino de esta sociedad.

Reflexión de domingo: “LA DESTRUCCIÓN DE VALORES” – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLEn su célebre discurso sobre Florencia, Giovanni Papini subraya que los habitantes de esa ciudad se han convertido en “porteros de salas mortuorias” porque no han hecho nada por agregar valor artístico a los Giotto, Leonardo, Botichelli, Dante y Miguel Ángel de otros tiempos. Afirma que esos habitantes solo lucran con sus ancestros sin preocuparse por ningún valor agregado, lo cual, sin embargo, ha hecho lo contrario el propio Papini con sus escritos monumentales.

En nuestro mundo de hoy se observa que en su eje central no solo se ha hecho muy poco por conservar los valores esenciales de la civilización sino que se ha hecho bastante por demolerlos. No hay más que mirar a los Stalin y Hitler y sus imitadores de nuestra época para horrorizarse frente a tanta miseria y muerte.

Los modales han  cambiado, el uso de lenguaje soez se hace cada vez más común, empleado por muchos que no se percatan que lo referido a la cloaca convierte a todo en un estercolero. El valor de la palabra empeñada ha decaído significativamente. La institución familiar para formar almas se ha deteriorado en grado superlativo. El homicidio en el seno materno (mal llamado aborto como si se hubiera interrumpido algo que nunca fue) está a la orden del día.

Pero lo más importante (que también abarca lo anterior) es la falta de respeto recíproco y esto se concreta en el avasallamiento paulatino de la propiedad, comenzando por la preservación y decisión respecto al propio cuerpo, a continuación la libre expresión del pensamiento de cada cual y siguiendo con el uso y disposición de lo adquirido por parte de cada uno de manera legítima. Una triada en definitiva indivisible. A algunos distraídos les parece baladí la defensa de la propiedad privada sin comprender que esta institución se encuentra en el centro mismo de la vida civilizada. Es por ello que Marx y Engels sostienen que la abolición de la propiedad privada constituye el aspecto medular de sus propuestas. Y es por ello que pensadores como Ludwig von Mises destacan que la propiedad privada es el meollo de la sociedad libre.

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El principio de no agresión

El último post nos fue llevando hacia un tema sensible y fundamental como son los valores. En este sentido pienso que aun entre los liberales o libertarios no hay un acuerdo básico de cuáles son los principios éticos que defendemos.

En el siguiente video, Fredy Kofman resume lo que él entiende por el principio de no agresión. Me pregunto si los liberales clásicos, al aceptar un estado mínimo, rompen este principio y qué implicancias tiene ello.

El Principio de no agresión