Peter Leeson, uno de los nombres más importantes en la literatura de self-governance contemporánea hablando sobre anarco-capitalismo en FEE.
Peter Leeson, uno de los nombres más importantes en la literatura de self-governance contemporánea hablando sobre anarco-capitalismo en FEE.
Compartimos una columna de Miguel Anxo Bastos Boubeta acerca del pensamiento político de Murray N. Rothbard. Invitamos a los lectores a compartir reflexiones acerca de su pensamiento.
So what should we call ourselves? I haven’t got an easy answer, but perhaps we could call ourselves “radical reactionaries”, or “radical rightists “, the label that was given to us for our enemies in the 1950s. Or , if there is too much objection to the dread term “radical” , we an follow the suggestion of some of our group to call ourselves “ the Hard Right”. Any of these terms is preferible to “conservative”, and it also serves to the function of separating ourselves out from the official conservative movement which, as I shall note in a minute, has been largerly taken over by our enemies. – Murray N. Rothbard. “A Strategy for the Right!”
1. INTRODUCCIÓN
El pensamiento político de Murray N. Rothbard ya comienza a ser bien conocido entre nosotros gracias al resurgir reciente de la escuela austríaca de economía (Huerta de Soto, 2000), de la que Rothbard fue uno de sus más destacados miembros, y a la traducción al español de algunas de sus obras principales, como su monumental obra póstuma Historia del pensamiento económico (Rothbard,1999a)[2]. No así su pensamiento político y social, injustamente relegado entre nosotros a notas a pie de página en los manuales de teoría política [3] a pesar de que contribuye a inaugurar una de las tradiciones más fértiles de la derecha norteamericana el anarcocapitalismo o libertarianismo radical (Zoll, 1971; Gottfried, 1993), sintetizando en una obra de profunda originalidad elementos extraídos de la economía austríaca, la teoría política lockeana y la filosofía iusnaturalista (Barry, 1983; 1986). Rothbard fue un científico social interdisciplinar que abordó de forma interrelacionada el estudio de la economía, la política, la historia y la filosofía de las ciencias sociales como ciencias de la acción humana rechazando por sistema en todo momento la pretensión de estudiarlas desde paradigmas metodológicos formales provenientes de las ciencias naturales (Rothbard 1997a; 1997b; 1997c). Su pensamiento político es de una gran coherencia a lo largo del tiempo, centrado siempre su crítica en la naturaleza esencialmente predatoria y coercitiva del estado, su aislacionismo en política exterior, su visión elitista de las relaciones entre estado y sociedad y su libertarianismo radical, que lo llevó a idear un orden político libertario. No así su práctica política, que osciló de derecha a izquierda, pasando por su decisiva participación en la fundación del Libertarian Party norteamericano, volviendo a apoyar al fin de su vida plataformas de derecha dura, pero siempre defendiendo las mismas ideas y siendo, en sus propias palabras, más radical cada día en su defensa (Raimondo, 2000).
En este trabajo pretendemos realizar una aproximación a los aspectos más originales de su pensamiento político, sin pretender abordar aquí, por las características de este trabajo, el estudio ni de sus aportaciones a la ciencia económica ni de las raíces filosóficas de su pensamiento, que ya fueron tratadas, con matizada animosidad [4] en la obra de Sciabarra (Sciabarra, 2000) o con más simpatía en el trabajo de Powell y Stringham (Powell and Stingham , 2004). Rothbard no precisa de introducciones para ser leído (él mismo dijo en una entrevista, que ahora no logro localizar, que la diferencia entre Mises y Keynes era que el segundo precisa de libros introductorios para ser entendido mientras que Mises puede ser leido direc- tamente por una persona culta lo que probaría su superior claridad de ideas) pues su prosa es asombrosamente clara, incluso para un lego en estas materias , por lo que este trabajo lo único que pretende es llamar la atención sobre uno de los pensadores políticos, a mi entender, más importantes del siglo XX y procurar que sus ideas entren en el debate académico hispano.
Mientras trabajaba en la Fundación Hayek como investigador full time, fui editor de la revista «La Escuela Austriaca en el Siglo XXI» [los 15 ejemplares publicados están disponibles en la biblioteca bajo el nombre de la Fundación Hayek]. Cada ejemplar de esta revista tenía la misma estructura, con una entrevista primero, una breve biografía después, y cerraba con tres breves artículos. El ejemplar No. 9, fue abierto con una entrevista a Hans Hermann Hoppe, disponible en inglés en Mises.org, y la que Nicolás Cachanosky tradujo al español.
Las respuestas que Hoppe brinda en esta entrevista son sin duda polémicas, y muchos de los puntos los hemos discutido en este blog. Pero quería aquí prestar atención especial a su desafortunada afirmación de que Mises estaría muy cerca del anarcocapitalismo.
En cierto sentido se podría decir que Mises era cercano al anarquismo. Si se frenó antes de afirmar el derecho a la secesión individual, fue sólo por lo que consideraba una cuestión técnica. [Hans Hermann Hoppe]
Hace unos días, Gabriel, Nicolás y yo venimos posteando comentarios acerca del debate entre anarcocapitalismo y el liberalismo clásico, que hoy divide a la Escuela Austriaca. Al respecto, me interesa postear una conferencia que Martín Krause ofreció hace algunos años acerca de la relación que existe entre la teoría económica y la filosofía política.
La misma tuvo lugar en el II Congreso Internacional «La Escuela Austriaca en el Siglo XXI», organizado por la Fundación Bases en 2010, y se tituló «Estado y Utopía en la Escuela Austriaca».
Me parece que estos comentarios de Martín son muy relevantes para las discusiones que tenemos hoy.
La pregunta no es mía, se la escuché a Ezequiel Gallo creo que en el 85 u 86 en el Departamento de Investigaciones de Eseade, que él dirigía. (Yo era muy joven y era tan tonto que pensaba que me iba a jubilar en ese Departamento…..)En los pasados días hemos visto un interesante intercambio sobre los límites del anarcocapitalismo tanto en Facebook como aquí en el blog. Viendo los intercambios, me parece oportuno un post para aclarar un punto que me parece importante quede claro. Uno de los motivos por el cual la postura anarcocapitalista (a la Rothbard/Hoppe) no termina de convencer al liberalismo clásico es el de la potencial inestabilidad producida por «heterogeneidad moral.»
En los últimos días, se han generado en el blog discusiones aquí y aquí en torno al liberalismo clásico de Hayek -representado también en el orden espontáneo-, y el anarcocapitalismo de Rothbard -representado en el principio de no agresión-. Si bien ambas posiciones se presentan como antagónicas, algunos autores han intentado mostrar su consistencia. Al respecto, sugiero la lectura del post de Pablo Pozzoni escrito en su blog en 2007 titulado «La propiedad privada como libertad y liberación. Hacia una síntesis entre el liberalismo clásico y el anarquismo de derecha.»
Al menos dos referencias me parece importante tomar de este texto, y someterlas a discusión. En la primera dice Pablo Pozzoni:
Las postura liberal clásica hayekiana y la anarcocapitalista rothbardiana no deberían ser entonces mutuamente excluyentes, aunque postuladas como están es inevitable. Pero esto es así, creo, por algunos errores en las premisas que, como se ve, no están en sus postulados básicos, sino que por el contrario entran en contradicción con estos.
Y sobre el final concluye:
La síntesis liberal, creo, está en la naturaleza de la propiedad privada. Por eso no se trata de buscar la abolición del Estado, sino su absorción ordenada por parte de la sociedad civil, mediante las mismas fuerzas del mercado. Si su naturaleza era contradictoria con el mercado o no lo era, se probará evolutivamente. No hay por qué desesperarse en un sentido o en el otro. La solución se hace en función de la propiedad privada, y por eso la postura debe ser antes que nada privatista. Si este principio se perjudica, se retrocede y se busca una solución mejor, y se sigue adelante. El principio de no-agresión y el orden espontáneo son aquello «social» que no cambia en el cambio, pero que hacen el cambio creativo «interpersonal» posible, esto es, la fórmula que hace posible la sociedad abierta como la percibieron Henri Bergson y Karl Popper. En pocas palabras: evitar el dominio del poder en las relaciones humanas, mediante una legislación general contra la violencia.
Veníamos discutiendo aquí y aquí las posiciones de Hayek y Rothbard en relación con el anarquismo.
Dejo un link (que contiene un cuadro) que puede interesar a los lectores con una clasificación de los distintos tipos de libertarios.
¿Es correcta y/o completa esta clasificación?
Hace unos días, subimos al blog un post con el debate abierto por H. H. Hoppe acerca de si Hayek es o no un mito. Decía entre los comentarios, que falta una sistematización de la filosofía política de Hayek para comprender mejor su obra, tal como la que Gabriel Zanotti hizo con Mises. Pero el mismo Gabriel se ocupó de mostrarme distintos pasajes en los que trabajó la filosofía política de Hayek, con lo cual se puede concluir que este trabajo está hecho. Se que es largo, pero el comentario de Gabriel vale la pena, y esclarece muchas de las cosas que estamos discutiendo.
Por mi parte, sólo quiero agregar dos comentarios:
1) Hayek y Rothbard tienen dos formas distintas de trabajar. Mi impresión -y se que esto va a dar lugar a otro enorme debate- es que Rothbard es constructivista (algo que debatimos hace un tiempo en otro post). Planifica un ideal de sociedad anarcocapitalista, y luego trabaja en desmantelar al Estado para alcanzar ese ideal. Esto queda claro también en la defensa anarcocapitalista de Jesús Huerta de Soto, que Nicolás Cachanosky critica en un artículo publicado en este post. Este no es el modo de trabajar de Hayek. La obra de Hayek, enfatizando el estudio del cosmos y el taxis, y también de los ordenes espontáneos, sirve para ver cómo llegamos a donde estamos. Por eso mientras Hayek considera central el estudio de la tradición del orden espontáneo, Rothbard prácticamente no le da lugar. A Rothbard le incomoda el orden espontáneo. Hayek analiza el proceso que nos trajo a donde estamos, y sólo a partir de esa comprensión, piensa que se puede analizar la posibilidad real del anarcocapitalismo. Hayek no puede en su modo de ver y entender el mundo, sugerir que el anarcocapitalismo es el ideal. Más bien, analiza hacia dónde irán los órdenes espontáneos, y deja la puerta abierta a que el estado final sea ese anarcocapitalismo que Rothbard promueve.
2) Dicho esto, me parece que a este debate hay que agregarle el condimento de Buchanan. El punto que merece discusión es si el anarcocapitalismo es posible, o si más bien, encuentra un límite. Al respecto, Buchanan publicó en 1975 «The Limits of Liberty: Between Anarchy and Leviathan», que también está traducido al español bajo el título «Los límites de la libertad» (Tapa, prólogo y prefacio aquí: http://www.katzeditores.com/images/fragmentos/Buchanan.pdf).
Al comienzo de este libro, Buchanan cita un pasaje de F. Knight que debería estar en el corazón de este debate:
Y el problema principal, más serio, del orden social y el progreso es […] el problema de hacer que se obedezcan las reglas, o de evitar que se haga trampa. Hasta donde puedo ver, no hay una solución intelectual a ese problema. Ninguna maquinaria social de “sanciones” evitará que el juego se desintegre y se convierta en una discusión, o en una pelea (¡el juego de ser una sociedad rara vez puede tan sólo disolverse!), a menos que los participantes tengan una preferencia irracional por que siga, incluso cuando, a nivel individual, parecen llevarse la peor parte de él. De lo contrario, se deberá mantener la sociedad por la fuerza, desde fuera (porque un dictador no es miembro de la sociedad en la que manda) y entonces será cuestionable que se la pueda llamar sociedad en el sentido moral.»
Frank H. Knight – “Intellectual confusion on morals and economics