Globalización y Globalización

Últimamente se nota un acuerdo entre nacionalistas católicos, conservadores y libertarios, liberales clásicos y paleo-libertarios y lo que fuere-libertarios 😊 en criticar a un poder unificado, global, de los organizamos internacionales y la imposición forzada de sus políticas a las soberanías nacionales.

Como he dicho ya varias veces, son las nuevas circunstancias históricas las que están produciendo estas alianzas y, también, cierta confusión.

Hay una mentalidad anti-globalista que viene del nacionalismo católico de los años 30. En ese entonces, y luego también en los 70 del lado de cierta derecha, los poderes globales tenían y tienen que ver con cierta conspiración “judeo-masónica-liberal” para dominar al mundo, que estaba en íntima relación por supuesto con el capitalismo liberal y las grandes empresas multinacionales. Los liberales en ese entonces, con nuestra defensa de la inversión extranjera y el capitalismo liberal, que incluía por supuesto al libre comercio internacional (con arancel cero), estábamos del otro lado.

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Mantener las reglas de juego, sí… salvo que sean las reglas incorrectas

Se ha señalado insistentemente que cada gobierno que llega lo hace con su propio libreto, cambiando las reglas de juego e impidiendo que las cosas resulten bien. Se reclama que las reglas de juego deben ser estables. ¿Quién puede oponerse a este principio? Yo personalmente lo acepto, pero con una variante. No debemos sostener siempre las mismas reglas de juego, cualesquiera sean esas reglas. Debemos mantener el marco de reglas estable, siempre que las reglas sean las correctas.

Piense el lector por ejemplo en Cuba, una economía socialista que por más de medio siglo mantuvo las mismas reglas de juego, sin propiedad privada, sin elecciones, aislados del mundo. Esas reglas sólo llevan a la miseria. Cuba debe cambiar.

Argentina inició un camino en 2003 que terminó con la abundante inversión extranjera directa de los años 1990, también con la estabilidad monetaria, retomó el sistema de reparto, volvieron los controles sobre los precios y sobre el tipo de cambio, se expandieron los planes y programas sociales, así como los subsidios a quienes lo necesitan y también a quienes no lo necesitan. Todo esto claramente debe cambiar.

Argentina necesita un marco de reglas con equilibrios macroeconómicos, partiendo por el equilibrio fiscal, lo que requiere de tres reformas fundamentales:

1.       Por el lado de los ingresos, una reforma tributaria, para que se simplifique la estructura tributaria, pero también para que se reduzca la presión tributaria. Más de 170 impuestos en los tres niveles de gobierno evitan que las empresas puedan generar actividad y empleo. Me parece que aplica aquí el concepto de la Curva de Laffer, donde desmantelando más de un centenar de impuestos, la Argentina podría incluso mejorar su recaduación.

2.       Reforma integral del estado, lo que implica revisar los presupuestos y reducir la órbita del estado, en línea con el principio de subsidiariedad. El estado sólo debe hacer aquello que el sector privado no puede hacer. Hay mucho de lo que el estado hoy hace que podría ser administrado parcial o totalmente por el mercado, y con ello tendríamos mejores resultados y a menor costo. El sector privado ha probado ser mucho más eficiente que el sector público. Sólo cuando podamos recuperar el funcionamiento del mercado, podremos visualizar qué rol cabe para el estado en su objetivo de inclusión. El presupuesto base cero ha sido una buena herramienta para reestructurar empresas cuya solvencia estaba comprometida y también para algunos estados fallidos.

3.       Reforma previsional, partiendo de un sistema de reparto quebrado, con la intención de recuperar ingresos dignos para la población pasiva, y al mismo tiempo con la intención de reducir la principal partida de gasto. El principal desafío aquí es definir una transición para un problema estructural que no puede seguir siendo ignorado.

Con estas tres reformas podrá alcanzarse el equilibrio fiscal y sólo mediante ellas la autoridad monetaria podrá abandonar la monetización del déficit público. Eso podrá evitar seguir inflando la economía con nuevas emisiones de dinero, pero aun queda pendiente resolver el enorme desequilibrio monetario hoy existente en las llamadas Leliqs. Aquí viene la cuarta reforma.

4.       Reforma monetaria y bancaria. Argentina necesita plantear una reforma que permita recuperar una moneda sólida, sea a través de la dolarización, o bien a través de reglas monetarias que pueda aplicar el BCRA. Un ejemplo de esto es prohibir a la autoridad monetaria acceder a comprar bonos del gobierno. Numerosos países han alcanzado el equilibrio fiscal bajo esa regla. Algunos economistas pensamos que esas reglas sólo se cumplirían transitoriamente, y por ello sugerimos que la dolarización es una solución más definitiva, en la medida que termina con el BCRA. Con Nicolás Cachanosky hemos propuesto una reforma de dolarización flexible que resuelve el problema del desequilibrio monetario, atendiendo también la dificultad de los pasivos monetarios. La propuesta permitiría alcanzar rápidamente estabilidad monetaria, reducir las tasas de interés nominales y reales, y con ello generando una rápida mejora en la actividad económica y el empleo.

Finalmente, es necesario atender el desequilibrio cambiario, con un cepo muy duro para adquirir divisas, eliminando la discrecionalidad en su manejo, terminando con el atraso cambiario y también con el cuello de botella que hoy enfrentan las empresas que necesitan divisas.

5.       Una reforma cambiaria, debe encarar todos estos frentes, empezando por levantar el cepo y permitir que el mercado descubra cual es el valor del dólar, de acuerdo demanda por un lado, y su escasez por el otro. Una vez definida ese valor, reconociendo el lugar en el que estamos, Argentina podrá encarar la dolarización a una definida tasa de conversión, o bien una nueva convertibilidad (que no lo considero deseable), o bien una política monetaria con metas estrictas. Esa reforma debería resolver el atraso cambiario, a partir de lo cual Argentina podría emprender un nuevo camino de crecimiento.

Por supuesto hay otros frentes, otras reformas urgentes como la reforma laboral para alcanzar una mayor flexibilidad que beneficie a los trabajadores para obtener oportunidades de empleo, además del frente institucional, donde la inseguridad jurídica, la burocracia, la corrupción sean modificadas en favor de la independencia judicial y más transparencia. Pero me parece que sólo entonces, una vez que estas reformas se haya practicado y que hayan resultado en equilibrios simultáneos en el frente fiscal, monetario y cambiario, que entonces sí podemos sugerir que las reglas de juego sean estables.

Adrián Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Director de la Maestría en Economía y Ciencias Políticas de ESEADE.

Publicado originalmente en El Cronista, 26 de julio de 2021.

Liberales en la política

«Circo». Esa es la imagen que no poca gente tiene del liberalismo en la política en Argentina. El que alcanzó la fama como insultador serial. Serias dudas en los fondos de algún que otro partido liberal. Inexplicados cambios a último momento para poner en la lista a los «maridos de» (a cambio de qué, uno se pregunta inocentemente) con pronósticos sobre el tipo de cambio que parecen sacados de un tarot. Candidatos que de golpe aparecen en la lista para, a los pocos días, bajarse de golpe por «problemas de logística». ¿Estos problemas de logística se materializaron de golpe? Todo esto acompañado de peleas y chicanas públicas en las redes. ¿Se parece un poco a la izquierda, no? ¿Se entiende la imagen de «circo»?

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The Austrian school of Madrid – by Cristóbal Matarán López

Abstract

This paper focuses on the current situation and the historical development of Austrian Economics in Madrid. We will analyse the formation of this School as the result of the thesis defended by Joaquín Reig Albiol in the late fifties and the current economic debate surrounding the fractional reserve and other complex issues. In this half-century tour, we will explore three different generations of Austrian economists in Spain, whilst demonstrating that a distinct branch of the Austrian School is today live and well in Madrid. Eventually, we will discover how the Spanish Austrian economists have applied praxeology to contemporary political and economic problems and conclude that a vigorous and growing economic school of thought exists in Madrid.

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El K.O. de Arrow a Samuelson

Si un tema merece ser derrotado, no importa quien lo haga, y, tal vez, tampoco si el golpe no es perfecto.

No podemos decir que Paul Samuelson haya sido socialista o agente de la KGB, pero algunos temas que planteara parecieran llevar a eso. Conocemos su definición de bienes públicos y privados, siendo los primeros aquellos que cumplen con la condición de «no exclusión” y “no rivalidad en el consumo». Esto llevó a Samuelson, y a todos los que siguieron estas ideas, a plantear que esos bienes han de ser provistos por el Estado. Pero vean lo que dice Samuelson respecto a cuántos son «bienes públicos»:

“Así, consideremos lo que he presentado en este trabajo como definición de un bien público, y en la que tendría que haber insistido mejor en mi primer trabajo y subsiguientes: “Un bien público es aquél que entra en las utilidades de una o más personas. ¿Qué es lo que nos queda? En un pequeño extremo el caso del bien privado y todo el resto del mundo en el dominio de los bienes públicos por presentar algún tipo de ‘externalidad de consumo’”. (Samuelson 1969, p. 108).”

Samuelson, P. (1969). «Pure Theory of Public Expenditure and Taxation.» In Public Econoimcs: An Analysis of Public Production and Consumption and Their Relationships to the Private Sector. Proceedings of a Conference Held by the International Economics Associations. J. Margolis and H. Guitton (eds.) London: Macmillan.

¿Entonces? ¿Todos esos bienes y servicios deberían ser provistos por el Estado? ¿»Todo el resto del mundo” provisto por el Estado? ¿No sería ése un mundo socialista?

Otro tema relacionado que planteara Samuelson es el intento de definir una función de bienestar social, una herramienta que permitiría a cualquier gobierno buscar y alcanzar una “re”distribución de ingresos óptima.

No fue necesario que ninguno de los grandes economistas liberales de entonces se ocupara del asunto, porque antes de que tomara suficiente vuelo recibió un golpe de KO que lo sacó del ring. Y este golpe llegó de la mano de Kenneth Arrow, y su «teorema”, que algunos llaman «paradoja”, pero no veo porqué tenga que serlo. Lo interesante es que se lo conoce como «Teorema de la Imposibilidad de Arrow».

Con un interés pedagógico (esto es, para presentar el tema en las clases), quisiera encontrar una forma sencilla de explicar el teorema, y apelo aquí a su ayuda. Así lo describe Wikipedia:

“El Teorema de Imposibilidad de Arrow parte de establecer que una sociedad necesita acordar un orden de preferencia entre diferentes opciones o situaciones sociales. Cada individuo en la sociedad tiene su propio orden de preferencia personal y el problema es encontrar un mecanismo general (una regla de elección social) que transforme el conjunto de los órdenes de preferencia individuales en un orden de preferencia para toda la sociedad, el cual debe satisfacer varias propiedades deseables:

  • Dominio no restringido o universalidad: la regla de elección social debería crear un orden completo por cada posible conjunto de órdenes de preferencia individuales (el resultado del voto debería poder ordenar entre sí todas las preferencias y el mecanismo de votación debería poder procesar todos los conjuntos posibles de preferencias de los votantes)
  • No imposición o criterio de Pareto débil: si A resulta socialmente preferido a B, debe existir al menos un individuo para el cual A sea preferido a B. Esto implica que la regla no va contra el criterio de unanimidad.
  • Ausencia de dictadura: la regla de elección social no debería limitarse a seguir el orden de preferencia de un único individuo ignorando a los demás.
  • Asociación positiva de los valores individuales y sociales o monotonía: si un individuo modifica su orden de preferencia al promover una cierta opción, el orden de preferencia de la sociedad debe responder promoviendo esa misma opción o, a lo sumo, sin cambiarla, pero nunca degradándola.
  • Independencia de las alternativas irrelevantes: si restringimos nuestra atención a un subconjunto de opciones y les aplicamos la regla de elección social a ellas solas, entonces el resultado debiera ser compatible con el correspondiente para el conjunto de opciones completo. Los cambios en la forma que un individuo ordene las alternativas «irrelevantes» (es decir, las que no pertenecen al subconjunto) no debieran tener impacto en el ordenamiento que haga la sociedad del subconjunto «relevante».

El teorema de Arrow dice que si el cuerpo que toma las decisiones tiene al menos dos integrantes y al menos tres opciones entre las que debe decidir, entonces es imposible diseñar una regla de elección social que satisfaga simultáneamente todas estas condiciones. Formalmente, el conjunto de reglas de decisión que satisfacen los criterios requeridos resulta vacío.”

En términos más simples todavía, diría que, por ejemplo, si tres individuos tienen este orden de preferencias:

  • X: A > B > C
  • Y: B > C > A
  • Z: C > A > B

… no hay forma de agregar esas preferencias sin violar el orden de alguno de esos individuos, es decir, forzándolo a un orden que no es el que hubiera elegido.

No obstante, el gran servicio que Arrow ha brindado con su Teorema, planteó que algo similar ocurre en el mercado. James Buchanan ha sido muy crítico de este punto, señalando que las transacciones voluntarias que se realizan en el mercado cumplen con el principio de unanimidad y de optimización en un mundo de valoraciones subjetivas. Es decir, no podría haber ninguna redistribución que cumpla con el principio de Pareto, el que sólo se verifica cuando las transacciones son voluntarias.

En fin, el de Arrow fue un golpe imperfecto, pero llevó al KO a la función de bienestar social, y eso es un aporte suficiente.

¿Cada cuánto se duplican los precios en Argentina?

A veces es difícil capturar de manera precisa qué implica una alta tasa de inflación. Especialmente cuando, como en Argentina, hace una década que la población está acostumbrada a vivir con alta inflación.

Una transformación pedagógica de altas tasas de inflación es convertir las mismas a medidas de tiempo Más precisamente, expresar la inflación en el tiempo que tarda en duplicarse el nivel de precios.

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El Estructuralismo Latinoamericano vs la Escuela Austriaca

En su trabajo introductorio sobre la escuela austriaca de economía, el Dr. Peter Boettke resume 10 puntos que hacen de ella una tradición particular y distinta dentro de las corrientes en la historia del pensamiento económico.

El objetivo en este posteo es contrastar al menos tres de estos puntos con la visión de otra escuela, de un alcance tal vez mayor (a juzgar por la implementación práctica de sus puntos de vista), aunque tal vez menor (a juzgar por el consenso académico que hoy retienen), que es la escuela estructuralista latinoamericana, centrándome particularmente en algunos economistas argentinos.

El breve cuadro comparativo que presento aquí abajo forma parte de una idea de trabajo más amplia, que busca entender y responder a las ideas fundamentales del estructuralismo, tanto desde la economía austriaca como desde puntos más “mainstream”.

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Qué es una moneda sana para los austriacos?

Qué es una moneda sana?
En la mayoría, sino todas, las presentaciones de la teoría del proceso de mercado (no intervenido) se asume que las señales que están emitiendo los precios no están polucionadas por problemas monetarios, fruto de interferencias políticas en el mercado de dinero. De esa manera la información generada, transmitida, descubierta e interpretada a través de los precios no es una información distorsionada por ningún problema monetario.
Sin embargo un punto que los austriacos raramente enfatizan (aunque ciertamente aceptan y reconocen) es que la provisión de moneda tanto a través de mecanismos de mercado (sistema de free banking, patrón mercancía con reservas de 100% o competencia de monedas nominales estilo Hayek) como a través de un monopolio emisor también sufre de un problema de conocimiento y por lo tanto la cantidad de moneda ofrecida dentro del sistema nunca esta en equilibrio con relación a la demanda tanto de moneda base como de moneda secundaria o bancaria.
No vale la pena reiterar aquí las limitaciones inherentes a la provisión política de moneda y todos los problemas que trae aparejados, pero incluso asumiendo la existencia de un déspota benevolente a cargo de un Banco Central que intente hacer buena letra, este no logrará nunca que el mercado monetario tienda a un equilibrio dada la ausencia de mecanismos de mercado que actúen como un sistema de feedback eficiente y oportuno. De hecho, ex post, los mercados monetarios siempre se equilibran una vez que el nivel de precios sube o baja. El error en el desajuste entre oferta y demanda de dinero se manifiesta necesariamente como una presión inflacionaria (si el banquero central se equivocó por exceso) o deflacionaria (si se equivocó por defecto).
En cuanto a la provisión de moneda a través de un mercado libre, no es momento aquí de analizar los méritos relativos de las propuestas que aún dividen a los austriacos en cuanto a la concepción de qué es lo que entendemos por un sistema de moneda sana: si un free banking a la White/Selgin o si un patrón mercancía con reserva 100% a la Rothbard o un sistema donde no se produzcan desajustes de plazos como sugiere Rallo. Pero sí podemos decir que, independientemente de cuál sea el sistema de oferta de moneda por parte del mercado, los banqueros, que en forma descentralizada están a cargo de su provisión, sufren la misma limitación de conocimiento que cualquier otro empresario que se dedica a la producción de cualquier otro tipo de bienes. Como consecuencia, el mecanismo de adecuación de la cantidad total de moneda a su demanda, tanto a nivel base como a nivel bancario, es también un proceso de descubrimiento donde la oferta va adaptándose gradualmente a la demanda y en la medida que la demanda cambie, ese equilibrio nunca llegará a plasmarse completamente, por lo que concluimos que la moneda también está en desequilibrio (no de origen político) de manera permanente. No un desequilibrio orquestado por un monopolio emisor de los típicamente analizados en la literatura de inflación y deflación, sino un desequilibrio natural, inherente a todo proceso de mercado, consecuencia de las inevitables limitaciones que nos imponen la ignorancia del presente y/o la incertidumbre del futuro. Pero este desequilibrio natural que hemos identificado inevitablemente también afectará de alguna manera a la calidad de los precios de desequilibrio de los demás bienes que estarán expresados «sí» en una moneda sana pero « no » en una moneda necesariamente en equilibrio.
Steve Horwitz en su interesante intento de darle microfundamentos austriacos a una macro que combine los aportes de Mises, Hayek, Yeager y Leijonhufvud llega a decir que «el aporte clave de este estudio es que el desequilibrio monetario se manifiesta como una distorsión de las propiedades informacionales de los precios». Cómo puede ser posible que luego de una brillante presentación del rol de los precios de los bienes en desequilibrio se descuide el aspecto de que la moneda no aparece en equilibrio de la nada y que no se aplique el análisis de procesos también a la industria bancaria? George Selgin en su «The Theory of Free Banking» nos dice que “cualquier desvío del equilibrio monetario tiene consecuencias distorsivas” mientras discute el problema del conocimiento solo en el capitulo de oferta monetaria centralizada.
La teoría del equilibrio monetario de Yeager es tan ajena al enfoque de procesos que no me sorprende que su análisis sea también muy negativo sobre el efecto del desequilibrio monetario sobre los demás precios, ya que él, como teórico del equilibrio, solo lo concibe como efecto del desmanejo político de la oferta de dinero.
¿Por qué ese descuido, entonces, por parte de tantos teóricos austriacos modernos acerca del rol del desequilibrio monetario como consecuencia de un análisis de procesos de mercado en el mecanismo de provisión de moneda? ¿Y por qué esos efectos tan nefastos del desequilibrio monetario de origen político se transforman en virtudes cuando el desequilibrio es inherente o natural al sistema?
Qué virtudes informativas tienen los precios de desequilibrio si la vara que los mide cambia de largo y no sabemos bien cuánto mide? Existen diferentes tipos de procesos de mercado dependiendo de cual es el sistema monetario vigente?
He discutido este tema con varios de estos autores y quiero aquí compartir los comentarios que he recibido.
Roger Garrison dice que el acepta que como consecuencia de ese desequilibrio monetario natural o inherente (para diferenciarlo del de origen político) existe una
dimensión de proceso adicional y que entonces el mercado del tiempo representado por la tasa de interés está también condenado a emitir una señal que no es perfecta y que, como consecuencia, existe un determinado grado de discoordinación temporal inevitable, aunque esa distorsión no sea de naturaleza cíclica como las distorsiones típicas provocadas por los bancos centrales.
Steve Horwitz se entusiasmó con la crítica y dijo que teníamos que hablar de «desequilibrios duales» por el lado de los bienes y del lado de la moneda, y que seria útil estudiar si esos procesos de mercado tienen características diferentes que los procesos de mercado que se analizan asumiendo una moneda en equilibrio.
Larry White y George Selgin aceptan que he identificado un problema a nivel teórico pero consideran que es empíricamente irrelevante y que por ende no vale la pena preocuparse por el mismo.
Israel Kirzner se manifestó de la siguiente manera en una carta que cito a continuación: «Ud. está en lo correcto interpretando mi trabajo como si el mercado monetario no poluciona los precios. Ud. también está en lo correcto señalando que el mercado monetario es como cualquier otro mercado y por lo tanto esta siempre en desequilibrio. Y Ud. también esta en lo correcto cuando señala que estos factores provocan un desafió a mi trabajo y a la microeconomía austriaca en general dado que parece ignorar los problemas provenientes del lado del dinero. Sin embargo, quiero aclarar que en general yo he seguido lo que creo es la posición de Mises: que el desequilibrio en el mercado monetario, a menos que sea provocado por los gobiernos de manera fundamentalmente inconsistente con las realidades subyacentes, puede asumirse como un factor que no distorsiona las tendencias equilibradoras generadas por la actividad empresarial en todas las áreas del mercado, incluyendo el área monetaria».
El problema está en que hasta hoy no queda claro qué era exactamente para Mises un sistema de moneda sana. Los desequilibrios monetarios naturales que pueden generarse en un sistema de free banking o en uno de reserva 100% son muy diferentes y por eso el proceso de mercado, dados los particulares mecanismos de ajuste monetario de cada uno, será de características muy distintas.
Resulta un poco paradojico que una corriente de pensamiento que tiene como pilar la existencia de una moneda sana que posibilite la coordinacion de actividades a traves del sistema de precios, no parezca encontrar un acuerdo acerca de las caracteristicas basicas del sistema monetario adecuado, sea privado o el menos malo entre los de origen estatal.

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¿Qué lugar tiene la matemática en la economía austriaca moderna?

Durante mucho tiempo los autores de la Escuela Austriaca han cuestionado los excesos de la matemática que utilizaban sus pares neoclásicos. Vale mencionar aquí aquel trabajo original de Juan Carlos Cachanosky, disponible abajo en dos partes y en español, y que referencia una larga literatura austriaca sobre la materia. A aquel trabajo agregaron nuevos aportes más tarde -con Nicolás en 2016- , a los cuales siguieron las respuestas de Rafael Beltramino y María Blanco, con una respuesta de Nicolás (abajo todos los artículos y sus accesos).

Pero sobre esta base, la pregunta es la siguiente: ¿Puede decirse que los austriacos han retrocedido parcialmente respecto de aquellas críticas iniciales? Y es que los programas de doctorado austriaco -como el de Peter Boettke en GMU o el de Benjamin Powell en Suffolk University- enseñan a sus alumnos las herramientas matemáticas como parte de su formación. Incluso se le exige a un doctorando el dominio de esas herramientas (álgebra, análisis matemático, matemática para economistas, estadística y econometría) e incluso la elaboración de trabajo empírico, para aprobar su tesis. ¿Es esto aceptar su utilidad, o acaso nunca se rechazaron realmente estas herramientas?

Y en línea con el post de Martin de hace unas pocas semanas sobre la macroeconomía de Garrison al que muchos definen como un puente entre economía austriaca y neoclásica: ¿es ese puente de esa macroeconomía del capital con herramientas neoclásicas -como la frontera de posibilidades de la producción y el mercado de fondos prestables- una nueva aceptación de que la tradición austriaca debe retomar el lenguaje neoclásico para expresar sus ideas? Hay quienes afirman que no hacerlo sería un suicidio metodológico.

Referencias bibliográficas

Trabajo original en Libertas, ESEADE, en dos partes.

La ciencia económica vs la economía matemática (I)

La ciencia económica vs la economía matemática (II)

En 2016 Juan Carlos y Nicolás Cachanosky agregaron elementos al debate:

[3] Problemas Matemáticos en la Teoría de Precios
Juan C. Cachanosky y Nicolás Cachanosky

En la misma revista Libertas, Segunda Epoca, hubo tres nuevos aportes.

[7] Las Matemáticas y la Tradición Autriaca: A Propósito del Artícuo de Juan Carlos y Nicolás Cachanosky
Rafael E. Beltramino

[8] La Matemática y la Tradición Austriaca: Respuesta a Rafael Beltramino
Nicolás Cachanosky

[9] Nota Sobre la Herramienta Matemática en Economía… Y más allá
María Blanco