Teoría del Derrame y Pobreza

Para reducir la pobreza en Argentina (que ronda un 30-35%) es necesario, sostiene Ivan Petrella en una columna en el diario La Nación, adoptar posturas más complejas y completas que la «teoría del derrame» y el asistencialismo. Entiendo que por «teoría del derrame» Petrella se refiere al supuesto «neoliberalismo» de los 90 y por asistencialismo a las políticas de transferencia de ingresos del kirchnerismo.

Hacia el final de la nota Petrella comparte algunas ideas de qué sería esta tercera vía. No me queda del todo claro qué es lo que se propone en concreto para eliminar la pobreza. Salvo principios muy generales como transparencia, se habla de expandir planes sociales de diverso tipo. Esto no es una política de pobreza cero, es un conjunto de parches. Una política de pobreza cero lleva a que estos planes sean eventualmente innecesarios, no a que deban incrementar su alcance. Si la pobreza fuese cero, no habría necesidad de planes sociales.

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ESCASEZ: POR FIN ME LA SAQUÉ DE ENCIMA

En el tiempo de vida de un alumno, algunas o casi todas las materias son algo a través de lo cual hay que pasar. Un mal, algo espantoso, que no queda más remedio pero…………. Pasará. Finalmente no veremos más ese tema, nos olvidaremos de su insoportable profesor, dejaremos tirados los apuntes por los pasillos, venderemos los libros, en fin, como decía una gran pensadora argentina, te vas, te vas y te vas. Esto dice mucho de la falsedad del “aprendizaje” en el sistema educativo formal pero de eso HOY no voy a hablar.

Yendo del tiempo de vida de un alumno al tiempo de vida de la humanidad, la escasez corre igual destino. Grandes pensadores, como Karl Polanyi o Marx, han denunciado a la escasez como un estadio del capitalismo, pasado el cual, nos liberaremos de la alienación del trabajo y volveremos, cual paraíso resucitado, a poner nombres a los animalitos mientras Dios baja a conversar con nosotros al atardecer.

De manera comprensible, ambos autores citan a Aristóteles. El cual no se destacó precisamente por saber algo de economía, a pesar de que hablaba de ella o algo parecido (como casi todos hoy, entre paréntesis). El varón, terrateniente y ciudadano de una Atenas autárquica y esclavista, no tenía que preocuparse de cómo llegar a fin de mes. Y sí, así cualquiera.

La escasez siguió totalmente presente en la historia de la humanidad pero ignorada y negada como las bacterias hasta 1870. Curiosamente, en 1871 nace –NO sin antecedentes- la Escuela Austríaca y, oh malos capitalistas, recuerdan a todo el mundo que porque hay escasez hay precios, propiedad, y que el mercado es la compensación de la inevitable escasez mediante la mayor coordinación de conocimiento disperso en el mercado (Hayek 1936, Mises 1949, Kirzner 1973).

Por supuesto, hubo quienes no quisieron saber nada con esta “defensa ideológica de los intereses del capital”. Desde toooooooooooooooooodos los marxistas habidos y por haber –no, Gabriel, Marx no es eso, no entendés nada- pasando por los keynesianos, los corporativistas y hasta los neoclásicos que parten de un modelo donde no hay escasez, todos se encargaron de negarla de algún modo, de sacarla por la puerta, aunque siempre entra por la ventana como desocupación, crisis cíclicas, faltantes, hambrunas, pobreza, etc. Ah, pero qué tonto soy, cierto que todo eso es el capitalismo. Me olvidaba.

Pero últimamente la negación de la escasez ha tenido un curioso revival tecnológico. Comenzó con páginas webs de aficionados que mostraban al replicador de Viaje a las Estrellas como la superabundancia total y la solución de todos los problemas. Pero ahora muchos entusiasmados con la robótica, las neurociencias y al transhumanismo, nos dicen que en pocos años los robots trabajarán por nosotros y que, otra vez, la escasez será cosa del pasado, excepto que, por supuesto, los pérfidos capitalistas se apropien del paraíso, con lo cual el tema de la riqueza seguirá siendo, como en casi todos los paradigmas, una cuestión de distribución pero no de producción de riqueza.

Es impresionante la enorme esperanza depositada en los robots. Yo no soy tan optimista, será que no me anda el koynor J. Pero desde Cherry 2000, pasando por Inteligencia Artificial y llegando a Her, la cosa es que los robots serán capaces de amar. Los que no entendemos nada decimos que no, que ello implica la presencia de un yo espiritual irreductible a la materia –que ridículo neocartesianismo- y los que aún estamos en el oscurantismo medieval pensamos que uno de los grandes errores de Antony Kenny fue no haber endendido la demostración de Santo Tomás sobre la subsistencia de la forma sustancial humana después de la muerte.

Pero ahora hay algo más. Ahora, como decíamos antes, los robots nos salvarán de la escasez.

Los economistas austríacos (o sea, como diría Mises, los economistas) preguntan de dónde saldrá el capital y el trabajo necesarios para producir los robots, pero parece que también resulta que los robots se producirán a sí mismos.

Lo que se olvida habitualmente es que la escasez es un tema fenomenológico. Esto es, la cuestión es la naturaleza física ante el mundo de vida del cual nos enseñó Husserl. El mundo de la vida humano, esto es, la cultura y su historia, son lo que implica que la naturaleza física sea irremisiblemente insuficiente ante “lo humano”. Porque las necesidades humanas no son ni naturales ni artificiales. Son, sencillamente, manifestaciones de lo simbólico que nace de esa inteligencia humana irreductible a un plato de neuronas o de silicio. El arco, la flecha, la lanza, los adornos, son arte-factos del un mundo de la vida, igual que las naves espaciales y las computadoras son artefactos de otro mundo de la vida. Todo en ese sentido es “arti-ficial” en tanto simbólico de lo que una cultura considera necesario. En todo caso habrá virtudes morales –como la frugalidad, la austeridad- ante las cuales determinados consumos no se consideran éticamente adecuados, pero la comida, el vestido y la reproducción, en lo humano, están humanizados y para ello requieren de instrumentos culturales que re-significan a lo simbólico, mediante ritos y tradiciones para los cuales la naturaleza solamente física es totalmente insuficiente.

Por lo tanto la escasez, como la insuficiencia de lo físico ante las demandas inter-subjetivas de lo humano, no es una etapa de la historia, no es una defensa del capitalismo: es una condición de la humanidad, como lo histórico, lo artístico, lo político, lo sexual, etc. Creer que va a desaparecer porque haya robots es como pensar que la política va a desaparecer porque haya robots.

¿Y qué sucedería si los robots se hicieran a sí mismos –cosa dudosa, pero manejémosla como hipótesis de trabajo- y nos cayeran encima como rayos de sol en una fría mañana de invierno? ¿No serían bienes “libres” a nuestra disposición que nos librarían de “producir”? Bueno, esa era la Atenas con la que soñaba Aristóteles. Ahora la cosa es más humana porque no habría esclavos sino robots. Pero cuidado, porque si es verdad los que piensan que los robots tendrán autoconciencia, entonces ellos se rebelarán de su esclavitud –como ya sucede en algunos capítulos de Viaje a las Estrellas con los androides y los hologramas con autoconciencia-. Y, entonces, Skynet está cerca. Entonces claro que no habrá escasez, porque ya no habrá humanidad.

Pero los dinosaurios que no entendemos nada seguimos pensando que seguirá habiendo escasez y que los robots son sólo un cambio tecnológico más que, como todos, implicarán como mucho una re-ubicación friccional del factor trabajo no-específico.

 

Es curioso esto de los robots. De alguna manera, ante tanto post-modernismo, es como un revival del ideal iluminista de progreso ilimitado. La esperanza no está en lo trascendente, sino en un futuro inmanente a lo humano donde los robots serán el paraíso. No como Terminator, sino como Star Trek. Pero sea una o la otra, son todas inmanentistas: en una, todo mal, en otra, todo bien, pero el junco que piensa, de Pascal, ha desaparecido. Pero no. El yo de la interioridad agustinista, la forma sustancial subsistente de Santo Tomás, el yo pienso cartesiano, la intersubjetividad husserliana, el mundo 3 de Popper, no han sido refutados, ni por los filósofos ni por los robots. Y no es un tema empíricamente falsable, porque cuando en el siglo 25 la cosa siga igual, los entusiastas de los robots nos dirán que “ya veremos en el s. 30”. La pura verdad es que en el s. 30, si llegamos, todo lo humano será igual. Habrá escasez, habrá política, habrá neurosis, y las esperanzas inmanentes serán la misma ilusión que hoy. Lo que sí puede pasar es que no lleguemos. De lo cual ni siquiera Gort, otro robot, nos podrá salvar.

The Most Important Graph in the World – by Marian L. Tupy

Jonathan Haidt, the well-known psychologist from New York University, started as a «typical» liberal intellectual, but came to appreciate the awesome ability of free markets to improve the lives of the poor. Earlier this year, he penned an essay in which he pointed to what he called «the most important graph in the world.» The graph reflected Angus Maddison’s data showing a massive increase in wealth throughout the world over the last two centuries and which is reproduced, courtesy of Human Progress, below.

See complete post by Marian L. Tupy.

EN TORNO A LA VIOLENCIA – Por Alberto Benegas Lynch (h)

No se necesita estar muy atento para comprobar el alto grado de violencia que existe en muchas comunidades. Pienso que hay varios factores que contribuyen a ello.

Los escabrosos juegos a que están acostumbrados los jóvenes desde su más tierna infancia, incluso los dibujitos animados que han cambiado respecto de antaño precisamente en cuanto a los actos de violencia y la constante aparición de monstruos que reiteradamente devoran a varios personajes. A esto se agregan los regalos que muchas veces les hacen los padres que incluyen armas de juguete y más videos cuyo cometido consiste en matar y, por más que parezca una chanza, juegos en los que se describe como deben realizarse los robos. Tampoco ayudan en toda ocasión los colegios donde se enseña la historia como un inventario de pertrechos de guerra y se cantan loas al “águila guerrera” e  incitaciones a las luchas armadas que son habitualmente apoyadas por clases “cívicas” que contienen invitaciones a demoler los pilares de la sociedad abierta de forma sutil y otras veces de manera explícita. Todo esto en no pocas ocasiones es acompañado por violencia verbal en sus hogares y el uso de expresiones soeces.

Por supuesto que afortunadamente no todo es así. Hay muchos padres que se ocupan y preocupan de la formación de sus hijos, pero aparecen oportunidades para presenciar producciones cinematográficas en donde reina la violencia descarnada con lo que la sensibilidad se va degradando, lo cual tiene lugar debido a las exigencias crecientes de mayor dosis de sadismo para satisfacer emociones y vivencias en aumento. Esto, a la larga o a la corta, se traduce en problemas de convivencia en muy distintos ámbitos y en un estado de permanente agresión y crispación.

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Una Pregunta para Pro/Cambiemos

El eslogan político «Cambiemos» es muy eficiente. Al no definir de manera precisa en qué consiste el «Cambio», cada votante puede verse atraído a este proyecto político esperando que sea su cambio el que va a tener lugar. Votantes que distintos deseos de cambio apoyan al mismo gobierno que sigue prometiendo que el cambio esperado ya va a llegar; paciencia se nos pide una y otra vez. Este eslogan permite mantener en el tiempo la sensación de que el cambio esperado ya va a llegar.

Algunos indicios se han dejado ver. El mismo Mauricio Macri sostuvo en su campaña electoral que no había que esperar grandes cambios por parte de su gobierno. Al menos tres representantes importantes del Pro/Cambiemos han descripto a este movimiento como un grupo que es o debe ser de izquierda (Ivan Petrella, Federico Pinedo, y Durán Barba.) Estas tres expresiones se dieron en los medios, es decir, dirigidos al público en general.

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Venezuela entró en el ranking mundial de hiperinflación: los precios se duplican cada 17 días

La economía del gobierno de Nicolás Maduro está en su momento de mayor crisis. Los autores del estudio global que releva los procesos inflacionarios más profundos de la historia han enmendado su lista para incluir el caso venezolano, cuyo régimen cambiario “sólo produce inestabilidad y pobreza”.

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SMP: Against the War on Cash

Los últimos tiempos han mostrado un movimientos en contra del uso de efecto por parte de funcionarios públicos y de diversos economistas y banqueros centrales. Si bien hay varios argumentos, uno de ellos reside en que al eliminar las transacciones ne efectivo y llevar a una economía 100% bancarizada se combate tanto la evasión impositiva como mercados ilegales (drogas, armas, etc.) que se manejan por fuera del circuito bancario.

Estos y otros beneficios no son discutidos, pero parece ser que se obvian ciertos costos, en especial el costo institucional de invertir la carga de la prueba donde se toma la postura de que quien realizar una transacción en efectivo es culpable de algún delito hasta que demuestre lo contrario. A continuación mi comentario para Sound Money Project.

In recent years, economists and central bankers have been advocating moving away from cash transactions towards an economy relying fully on financial transactions. At prima facie, this seems to be a good idea. Using checks and financial transfers can be more secure; the fact that every transaction is recorded makes illegal transactions (drug deals, etc.) harder. Additionally, it makes tax evasion harder, which is a key selling point for government officials. Will Luther (here, here, and here) and Larry White (here) have already covered much of the ground.

No one denies that financial transactions come with these benefits. However, individuals still willingly choose to perform legal transactions in cash. Therefore, it follows benefits of using cash or costs of banks cash are being overlooked. Indeed, using cash can often be pragmatic. For instance, a low-income individual may prefer to withdrawal the amount of money he can use to buy, say, a beer after work every month. This person might find that it’s easier to control and monitor his spending this way than by checking his bank account to keep track of his transactions each month. His reasoning might also be that he prefers handling cash because he worries about having his credit card number stolen for second (or third) time.

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