The Most Important Graph in the World – by Marian L. Tupy

Jonathan Haidt, the well-known psychologist from New York University, started as a “typical” liberal intellectual, but came to appreciate the awesome ability of free markets to improve the lives of the poor. Earlier this year, he penned an essay in which he pointed to what he called “the most important graph in the world.” The graph reflected Angus Maddison’s data showing a massive increase in wealth throughout the world over the last two centuries and which is reproduced, courtesy of Human Progress, below.

See complete post by Marian L. Tupy.

Phelps y la economía moderna – Por Carlos Rodríguez Braun

Carlos Rodríguez Braun reseña el último libro del Premio Nobel de Economía Edmund Phelps, Mass flourishing. How grassroots innovation created jobs, challenge, and change.

En su reciente libro Mass flourishing. How grassroots innovation created jobs, challenge, and changeEdmund Phelps, premio Nobel de Economía en 2006, sostiene que la clave del crecimiento no estriba en las cifras de productividad sino en lo que llama “dinamismo económico”, a saber, las fuerzas que subyacen a la innovación, el impulso a cambiar, la receptividad ante los cambios, los valores y las instituciones: todos ellos confluyen en “la disposición y capacidad para innovar”.

Y lo tiene claro: “la tasa de crecimiento de la economía de un país no es una medida útil de su dinamismo”. El PIB por hora trabajada fue el mismo en Italia y EE.UU. entre 1890 y 1913: no puede ser que su dinamismo coincidiera.

La importancia de las ideas en la innovación guarda, como es sabido, una relación con la ciencia menos directa de lo que sugeriría el sentido común mal informado. La innovación depende de las ideas que descubren los empresarios en el mundo real. El genio de Henry Ford no fue haber inventado el coche, que por supuesto ya estaba inventado. El propio empresario norteamericano insistía: “Yo no he inventado nada: simplemente ensamblé en un coche los descubrimientos de otros”. Su genio fue el igualitarismo, como dice Harold Evans: tuvo la insólita idea de que todo el mundo debería poder tener un coche, algo hasta entonces reservado a una acaudalada minoría.

Tal como subrayan el papel de los empresarios en la economía moderna, las páginas de Phelps evocan inevitablemente a la Escuela Austríaca de Economía, y a su noción anti-neoclásica de que la disciplina no versa sobre la mera asignación de recursos dados sino sobre procesos de descubrimiento, donde los empresarios alertas desempeñan un papel crucial. Y, efectivamente, cita pronto a Hayek, “el primero que analizó la economía desde esta perspectiva”.

Su reconocimiento del éxito del demonizado capitalismo decimonónico es patente, y recuerda que los salarios reales se duplicaron entre 1820 y 1850. Como afirmó Gladstone en 1863: “los ricos se han vuelto más ricos, y los pobres, menos pobres”. Marx y los socialistas no fueron capaces de ver que el capitalismo moderno contra el que despotricaban fue en realidad un caso notable deinclusión económica y social que hizo que desde entonces la economía y el bienestar se parecieran poco a lo que habían sido antes del año 1800.

El retrato de lo que sucedió desde entonces es pintado por Phelps con destreza, y analiza desde los datos hasta las instituciones, la cultura y la vida cotidiana de las personas corrientes.

Sin embargo, no es un liberal al uso. De hecho, quiere reunir a Hayek con Keynes, pasando por Rawls. La suya es una posición centrista, entre el socialismo y el corporativismo, que aboga por un Estado limitado y que propicie la innovación. Un Estado que no tenemos.

Este artículo fue publicado originalmente en Expansión (España) el 14 de marzo de 2017.

El autor es doctor en Ciencias Económicas por la Universidad Complutense de Madrid y catedrático de Historia del Pensamiento Económico en la misma universidad. Su blog se encuentra en www.carlosrodriguezbraun.com y su cuenta de Twitter es @rodriguezbraun.

Vaca Muerta: flexibilización laboral para volver a crecer [Infobae]

No se trata sólo de Vaca Muerta. Hay millones de proyectos de inversión que hoy no se ejecutan por las reglas de juego existentes, por la alta presión tributaria o por la legislación laboral restrictiva.

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Argentina lleva décadas sin crecimiento. No se trata sólo del estancamiento iniciado en 2011 con la llegada de Axel Kicillof al Gobierno kirchnerista, sino que el problema viene de bastante más atrás. El ingreso por habitante de 2016, por ejemplo, es similar al alcanzado en 1996. ¿Qué pasó con el “crecimiento” ocurrido entre 2003-2008? Fue más un proceso de recuperación del ingreso tras la crisis de 2001-2002 que un crecimiento real que expandiera la capacidad productiva del país. El año 2009 fue de recesión global, 2010 simplemente recuperó aquella caída, y luego la Argentina siguió en una fase cíclica donde un año perdía ingreso para recuperarlos al siguiente, sin expandir realmente la frontera de posibilidades de la producción.

Hay un consenso entre economistas, criticado a veces por quienes son ajenos a esta disciplina, de que no es posible crecer sin ahorro e inversión previa. Y Argentina no atrae inversiones locales y externas por la falta de seguridad jurídica, el cambio continuo en reglas de juego, la alta presión tributaria y la legislación laboral restrictiva, entre varios otros aspectos que habría que tratar en otro lugar.

Vaca Muerta presentaba estos mismos problemas. Un enorme potencial de ingresos que requerían, para explotarse, unas reglas de juego diferentes a las existentes. Claro que el sindicalismo pretende mejores ingresos para los trabajadores que representa, pero en las condiciones existentes Vaca Muerta no recibió inversiones ni generó empleo.

Los actores comprendieron este diagnóstico. Se reunieron en Casa de Gobierno el presidente Mauricio Macri, el secretario de Coordinación de Políticas Públicas, Gustavo Lopetegui; los ministros de Trabajo, Jorge Triaca, y de Energía, Juan José Aranguren; el gobernador de Neuquén, Omar Gutiérrez; la Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos; el secretario general del Sindicato de Petróleo y Gas Privado de Río Negro, Neuquén y La Pampa, Guillermo Pereyra; y su par de los petroleros jerárquicos, Manuel Arévalo. Entendieron que no podían seguir colocando el carro delante de los caballos. Si con estas nuevas reglas de juego, Vaca Muerta empieza a recibir inversiones, ya habrá tiempo más adelante para mejorar los ingresos de los trabajadores y las familias que se acerquen a explotar el potencial del yacimiento.

Vaca Muerta debe tomarse hoy como una lección para recuperar el crecimiento de la Argentina. No se trata sólo de Vaca Muerta. Hay millones de proyectos de inversión que hoy no se ejecutan por las reglas de juego existentes, por la alta presión tributaria o por la legislación laboral restrictiva.

¿Por qué no extendemos estas nuevas reglas de juego a todo el país? Porque hay intereses creados. A diferencia de Vaca Muerta, que era una tierra virgen de privilegios, la Argentina tiene una enorme Unión Industrial compuesta por empresarios que están aferrados a las condiciones existentes. No importa el potencial de ingresos y empleos que podría generarse con otras condiciones más competitivas, si en la situación actual ellos poseen sus ingresos y sus empleos.

La flexibilización laboral es un requisito para el crecimiento y lo ha sido siempre. El concepto ha sido castigado, vapuleado, incomprensiblemente, pero vuelve. Si Argentina quiere volver a crecer, a crecer en serio, debe regresar, primero, el consenso sobre la economía ortodoxa.

Publicado originalmente en Infobae, el 17 de enero de 2017.

Subsidios, investigación científica, y el CONICET

Hace ya creo que un par de semanas, el anuncio de recorte de subsidios a las becas a investigadores vía el CONICET generó unos cuantos intercambios y discusiones en las redes. Si los números reportados en los medios son correctos, en términos per cápita Argentina posee una de las mayores tasas de investigadores por ciudadano de la región, sin embargo Argentina no sobre sale en el mundo por su producción científica.

Las objeciones al CONICET se basaron tanto en sí debe o no haber subsidios a la investigación científica y si temas de investigación elegidos son o no serios. Por mencionar dos ejemplos, se ha cuestionado si es “serio” investigar Star Wars y estereotipos feminos en los dibujos animados de Walt Disney. Si bien estos y otros temas elegidos pueden parecer poco serios, lo cierto es que lo mismo puede hacerse con cualquier disciplina. No debe ser difícil encontrar ejemplos de investigación de física, química, economía, o filosofía que parezcan no tener ninguna aplicación práctica y sólo importen a un pequeño número de académicos. El punto es cómo garantizar que se eligen los temas más prioritarios para ser financiados con fondos públicos.

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Una crítica liberal a las políticas económicas de los años 90: el caso de Costa Rica

Las políticas económicas de los años 90 han sido condenadas con epíteto de “neoliberales”, pero resulta que los “liberales” han sido críticos de muchos aspectos de esas políticas. He aquí un ejemplo. Juan Carlos Hidalgo, Analista de Políticas Públicas para América Latina del Cato Institute analiza el caso de Costa Rica, donde estuvimos en estos días en un seminario organizado por ese instituto.

El Informe se titula “Crecimiento económico sin reducción de pobreza: el caso de Costa Rica”:
“A principios de los años ochenta, Costa Rica, al igual que gran parte de América Latina, sufrió su peor crisis económica en décadas. Entre 1980 y 1982 la economía se contrajo en un 9,4%, y en 1982 la inflación promedio alcanzó un 90,1%. En solo dos años la proporción de la población viviendo debajo de la línea de pobreza se disparó en más de 20 puntos porcentuales a un 54%. Múltiples factores causaron esta crisis, incluyendo el agotamiento del modelo de sustitución de importaciones — un modelo proteccionista que buscaba reemplazar las importaciones industriales con productos domésticos. A través de los años, este modelo incentivó la creación de numerosas e ineficientes empresas estatales, cuya creciente carga financiera colapsó al Estado. Para 1980, el gasto público ascendía al 54% del producto interno bruto (PIB).

El país también se enfrentaba a un grave deterioro de los términos de intercambio, al dispararse el precio del petróleo al mismo tiempo que se desplomaba el precio de los pocos productos de exportación (principalmente café, azúcar, carne y banano). Al tiempo que la inversión extranjera directa dejó de llegar, el déficit de cuenta corriente se disparó en 1980 hasta un 12,6% del PIB. El entonces presidente Rodrigo Carazo (1978-1982) decidió recurrir al financiamiento externo para mantener el tipo de cambio fijo. La deuda externa de Costa Rica se cuadruplicó durante su mandato. Sin embargo, un aumento en las tasas de interés internacionales agravó la situación al subir el costo de financiamiento del Estado. En lugar de reducir el gasto público y deshacerse de empresas estatales onerosas, Carazo eligió hacerle frente a las deterioradas finanzas estatales mediante la impresión de dinero. Eventualmente, el gobierno se vio obligado a devaluar la moneda. La inflación aumentó vertiginosamente, enviando a cientos de miles de costarricenses a la pobreza.

Gobiernos subsiguientes implementaron reformas orientadas a la transición del sistema de sustitución de importaciones, que había estado en vigor desde la década de los sesenta, hacia un modelo orientado a la exportación. Una de esas reformas políticas clave fue la introducción de un régimen cambiario basado en minidevaluaciones diarias del colón, la moneda nacional. La meta original era proporcionar mayor seguridad a los exportadores para sus inversiones mediante la estabilización del tipo de cambio real. Sin embargo, a partir de 1999 el sistema de minidevaluaciones sirvió para aumentar cada vez más la competitividad del sector exportador mediante la subvaluación de la moneda nacional, reduciendo el precio de los bienes de exportación. Este sistema de minidevaluaciones también impulsó el sector turístico, que se ha convertido en la industria más importante de Costa Rica.

En la década de los noventa, Costa Rica implementó reformas adicionales: estableció zonas francas en las cuales las empresas gozan de un régimen libre de impuestos, siempre y cuando su producción fuera con fines de exportación únicamente. Gracias a estos y otros incentivos, en 1997 Intel eligió a Costa Rica como sede de una de sus plantas de microchips. Poco después, los semiconductores y accesorios informáticos reemplazarían al banano y al café como los principales productos de exportación del país. En la década de los 2000 otras compañías tecnológicas, farmacéuticas y de servicios siguieron su ejemplo invirtiendo en zonas francas costarricenses.

A mediados de la década de los noventa, Costa Rica también comenzó a negociar acuerdos de libre comercio, cuyo objetivo principal era abrir nuevos mercados para sus exportaciones. El país ahora cuenta con acuerdos de libre comercio con México, Chile, Perú, Panamá, el Mercado Común Centroamericano (Guatemala, Honduras, El Salvador y Nicaragua), la Comunidad del Caribe, la República Dominicana, EE.UU., Canadá, China, Singapur y la Unión Europea. Pronto entrarán en vigencia acuerdos con Colombia y la Asociación Europea de Libre Comercio (Noruega, Islandia, Liechtenstein y Suiza). Como resultado de estas reformas, el valor de las exportaciones como porcentaje del PIB pasó de 27% en 1985 a 49% en 2007 — el año anterior a la crisis global financiera. (La cifra se redujo notablemente después de la crisis y equivalía al 37% del PIB en 2012).1

A finales de los ochenta y durante la década de los noventa la economía costarricense también acometió reformas estructurales importantes: la mayoría de las empresas estatales fueron privatizadas, aunque el Estado mantuvo sus monopolios en electricidad, telecomunicaciones, refinamiento y distribución de petróleo, seguros y producción de alcohol.2 A los bancos privados se les permitió operar cuentas corrientes, pero el Estado mantuvo la propiedad de los cuatro bancos más grandes. Los aranceles sobre muchos bienes de consumo fueron eliminados o recortados significativamente: mientras que en 1985 la tasa promedio arancelaria era del 55%, en el 2000 fue sólo del 5,4%— donde permanece hasta el día de hoy.3

Estas reformas contribuyeron a una mejora significativa de Costa Rica en cuanto a libertad económica. El país pasó del puesto 62 en 1985 (entre 109 países) en el índice de Libertad Económica en el Mundo del Fraser Institute, al puesto 23 en 2005 (entre 123 países).4 La economía creció en promedio 4,7% anual desde 1987, una de los tasas más rápidas de América Latina.

El déficit social del modelo

A pesar de la liberalización económica y las robustas tasas de crecimiento, Costa Rica no ha sido capaz de reducir significativamente el nivel de pobreza en los últimos 20 años. La proporción de familias viviendo por debajo de la línea de pobreza cayó, a principios de los noventa, a un 20%, pero desde entonces se ha mantenido relativamente estable con algunos altos y bajos. En 2013 la tasa de pobreza era de 20,7%5 (ver Figura 1). De forma preocupante, la desigualdad aumentó en la última década; Costa Rica fue uno de tres países de América Latina donde esto ocurrió desde el año 2000. Según la Comisión Económica de las Naciones Unidas para América Latina y el Caribe (CEPAL), el Índice de Gini de Costa Rica, una medición de desigualdad, subió de 0,47 en el 2000 a 0,50 en el 2011.6

El pobre desempeño de Costa Rica en los indicadores sociales se da a pesar de tener una gran cantidad de programas destinados a la lucha contra la pobreza. Por ejemplo, en 2010 el gobierno gastó 2,2% del PIB en 44 programas antipobreza,7 y esta cifra no incluye otros programas sociales de gran tamaño como la seguridad social y el seguro médico. Según la CEPAL, el gasto social de Costa Rica se encuentra entre los más altos de América Latina como porcentaje del PIB.8 Hay algo definitivamente mal en un modelo económico que genera buen crecimiento pero es incapaz de disminuir la pobreza.

En realidad, el modelo económico de Costa Rica se encuentra en gran medida basado en un sistema mercantilista que está sesgado en favor de ciertos sectores de la economía. Una mirada a tres políticas económicas importantes hace esto evidente.

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Mirando el Presupuesto 2015

Nota en Infobae donde analizo el Presupuesto 2015.

El lunes 15 el Poder Ejecutivo presentó el proyecto de presupuesto para el año próximo. Como ya es costumbre, las críticas a las estimaciones del gobierno no tardaron en aparecer. Como ya es también costumbre, los datos muestran que estas críticas han estado bien fundadas; no hay motivos para creer que el presupuesto del 2015 sea una excepción. La gravedad institucional de lo que el kirchnerismo hace con el presupuesto es difícil de exagerar. La Ley de Presupuesto no es una mera ley más, es la “Ley de Leyes” justamente porque le especifica al Poder Ejecutivo qué es lo que debe ejecutar. Si bien el presupuesto es inicialmente preparado por el Ejectutivo, es al Legislativo al que le corresponde modificar y aprobar el presupuesto final. El rol del Poder Ejecutivo no es ni manejarle la vida al ciudadano ni comandar al Poder Legislativo. Como su nombre indica, el Poder Ejecutivo debe “ejecutar” el mandato que el pueblo le hace a llegar a través de sus representantes. Ese “mandato” es justamente el presupuesto a través del cual se le indica al Gobierno en qué debe gastar los recursos públicos (que pertenecen al pueblo, no al gobierno) y cómo es que esos gastos serán financiados.

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II Congreso de Economía y Libertad: ¿Sostenibilidad del sistema público de pensiones?

relojArenaMonedasRemito una invitación que recibí para participar del II Congreso de Economía y Libertad de la Universidad Católica de Ávila en España. Este es un tema central tanto en España como en casi todos los países de América Latina.

El hundimiento de la tasa de natalidad y el notable aumento en la esperanza de vida han despertado una creciente preocupación en la ciudadanía sobre las garantías que ofrece el actual sistema público de pensiones a los jubilados. De hecho, son muchos los que consideran que la sostenibilidad del actual modelo es uno de los mayores desafíos a los que se enfrentan las sociedades occidentales y, muy especialmente, la española.

Por este motivo, la Universidad Católica de Ávila, en colaboración con el Instituto Juan de Mariana y el Centro Diego de Covarrubias, queremos organizar un Congreso de Economía sobre el futuro de las pensiones. En él reuniremos durante tres días a los mejores expertos y analizaremos si el actual sistema de reparto es viable y qué alternativas privadas existen.

El propósito de este II Congreso de Economía y Libertad es doble, ya que, en primer lugar, queremos ofrecer a nuestros alumnos y demás asistentes una formación integral sobre problemas económicos y sociales de actualidad y, en segundo lugar, reivindicar la Universidad como entidad catalizadora y transmisora conocimiento a la sociedad.

Estos son los ejes temáticos sobre los que versarán las comunicaciones que serán presentadas en las “sesiones paralelas”:

  1. Historia de los sistemas de pensiones
  2. Tendencias demográficas y sostenibilidad de las pensiones
  3. Transición entre sistemas
  4. Fiscalidad y pensiones privadas
  5. Pensiones, crecimiento económico y crisis económicas
  6. Ética, sociedad y pensiones

6, 7 y 8 de noviembre de 2014

Normas y plantilla abstract

Normas y plantilla comunicaciones

PRIMER PLAZO: ENVÍO DE ABSTRACT

Fecha límite: 16 de junio de 2014

SEGUNDO PLAZO: NOTIFICACIÓN DE ACEPTACIÓN DE TRABAJOS

Fecha límite: 30 de junio de 2014

TERCER PLAZO: ENVÍO DE COMUNICACIONES

Fecha límite: 1 de septiembre de 2014

Más información aquí.

EPT: Argentina, Australia, Canada y la Falta de Perspectiva

Comparto mi última nota en Economía Para Todos, “Argentina, Australia, Canadá y la Falta de Perspectiva.”

Cierta curiosidad cuasaron los recientes dichos de Cristina F. de Kirchner dando a entender que Argentina se encuentra mejor que Australia Y Canadá. No hace un análisis muy profundo para ver lo errado de dicha afirmación. No obstante, los dichos de Kirchner ofrecen una buena oportunidad para poner un poco de perspectiva, que tanto falta no sólo en el Kirchnerismos, sino también en una gran parte de la oposición.

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