MODELOS DE DESEQUILIBRIO EN LA TEORÍA DE LOS PRECIOS: CONSIDERACIONES CRÍTICAS – Esteban F. Thomsen (Libertas No. 2 – ESEADE – Mayo de 1985

Tradicionalmente, la teoría de los precios ha sido, casi de manera exclusiva, una teoría sobre precios en equilibrio. La principal preocupación ha sido el establecimiento de las condiciones que deben satisfacerse cuando se ha alcanzado la situación de equilibrio. Pero, al mismo tiempo, también se ha intentado obtener explicaciones más dinámicas de la formación de los precios, es decir, acerca del proceso por el cual puede alcanzarse un precio de equilibrio. Aproximadamente en los últimos quince años, algunos economistas han realizado trabajos sobre este tema que parecen acercar el enfoque tradicional al tipo de análisis efectuado por economistas pertenecientes a la tradición austríaca.

En este trabajo consideraremos algunos de estos intentos y las críticas a que han dado lugar; también señalaremos ciertas dificultades teóricas que se han encontrado, muchas de las cuales no fueron aún resueltas satisfactoriamente. Señalaremos entonces cómo algunas de ellas pueden relacionarse con temas que han interesado a economistas austríacos y consideraremos en qué medida el análisis de estos últimos parece tratar algunos de los problemas teóricos de una manera más satisfactoria1. Esto puede sugerir la posibilidad de una futura convergencia de intereses entre austríacos y otros economistas en torno de esta área, posibilidad que consideraremos brevemente.

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PROMEDIOS Y AGREGADOS EN ECONOMIA – Louis M. Spadaro (Libertas No. 4 – ESEADE – mayo de 1986)

En una digresión interesante, aunque aparentemente desatendida, el profesor Hayek ha observado que «ni los agregados ni los promedios actúan uno sobre otro y resultará imposible establecer entre ellos las mismas conexiones de causa y efecto que podemos establecer entre los fenómenos individuales, los precios individuales, etc. Incluso hasta me animaría a afirmar que, desde la naturaleza misma de la teoría económica, los promedios no constituyeron nunca un eslabón de su razonamiento […]».1

Ahora bien, toda duda seria con respecto a la validez de agregados y promedios es una daga que apunta al corazón de una buena parte de la investigación empírica y el análisis estadístico actuales de la economía. Por lo tanto, requiere que se la siga de manera atenta y sistemática, aun cuando ello implique, según algunos empíricos dedicados, una molesta interrupción de la actividad de «primera línea» de la medición con el mero propósito de un debate «teórico» sobre temas metodológicos.2 Sin embargo, es tal nuestra animosa marcha contemporánea sobre datos objetivos que cuando alguien comienza a sospechar que se puede haber hecho un giro equivocado en algún punto anterior casi naturalmente se siente culpable por abrigar este pensamiento traidor y, si en verdad lo pone de manifiesto, debe esperar que se lo considere como un obstruccionista meditativo rodeado de hombres de acción.

Pero la metodología no debería necesitar disculpa alguna. En primer lugar, toda persona comprometida con las políticas y la «economía planificada» debería ser la menos capaz de negar la necesidad de una «ciencia económica planificada». En segundo lugar, tal como lo demostrará una pequeña reflexión, es tan grande la proporción de datos que se acumulan, en la actualidad, en forma de agregados y promedios3 que sería, evidentemente, antieconómico ignorar una posibilidad que, de ser cierta, viciaría ampliamente su utilidad.4 Tampoco puede la economía sortear esta dificultad apoyándose metodológicamente en las ciencias físicas. Por un lado, en modo alguno se ha establecido que éstas puedan hacer otra cosa que un uso tentativo e hipotético de la deducción estadística y del razonamiento probabilístico; por el otro, y aunque pudieran hacerlo, no se deduciría necesariamente que el tipo de problema que plantea la economía puede estar sujeto al mismo tratamiento.5 El hecho de que las implicancias del concepto de «ley» en las ciencias naturales excluyen la aplicabilidad a las ciencias sociales ha sido puntualizado por muchos 6 como para necesitar aquí un debate adicional del tema. Nuestra tarea actual no consiste en discutir los amplios aspectos metodológicos e, incluso, filosóficos de la ciencia económica, pese a lo importantes e interesantes que, sin lugar a dudas, son sino en concentrarnos en la tarea relativamente modesta de averiguar algunas de las características de los promedios y de los agregados que los investigadores de nuestro campo pueden haber omitido considerar, y de intentar clarificar algunas de las implicancias de su uso, teniendo en cuenta que este uso constituye una parte tan integral de la investigación empírica.

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BANCOS OFICIALES Y EMISIONISMO – Leandro N. Alem (Libertas No. 3 – ESEADE – octubre de 1985)

Tan alarmante situación impone a los ciudadanos serios deberes, y preocupado de ellos es que el Comité Nacional de la Unión Cívica ha resuelto dirigir este Manifiesto a la República, para exponer con franqueza los peligros que la envuelven, a fin de que todos los hombres patriotas y de buena intención concurran a la obra. de salvación común. El Comité Nacional ha expresado ya en otros Manifiestos la bandera de principios y el impersonalísimo de su causa, y procede ahora a establecer de un modo más positivo estos nobles ideales, consignando en fórmulas concretas las bases de las reformas que inicia. y procurará que prevalezcan en el gobierno.

Es un axioma ante la conciencia Argentina que el mal se ha producido por exceso de oficialismo y de que los Bancos oficiales han sido el agente activo de la ruina de la fortuna pública y privada y de la depresión del carácter nacional. El Banco oficial constituye un peligro permanente, porque siempre será un medio político sujeto a la influencia de las pasiones partidistas. Trabajar, entonces, contra este género de establecimientos es hacer obra de cordura y de patriotismo. Los ciudadanos necesitan desenvolverse libremente en la vida del Estado, pero para ello es menester que éste no se apodere de todos los resortes de su acción individual. Si, el Estado, tomado en el sentido restrictivo del Gobierno, que maneja el tesoro, el ejército, la escuadra, los empleados públicos, constituyendo ya una fuerza enorme, se encuentra además dotado del poder de manejar el crédito particular de los ciudadanos, éstos en realidad no existen como hombres libres, pues se hallan aprisionados en el único terreno que debía ser su baluarte de defensa, en su hogar. La historia humana enseña que los hombres tienen heroísmos contra la prepotencia de la fuerza, pero que son débiles contra la influencia en sus sentimientos: esto es perfectamente lógico: ellos se agrupan en pueblo o nación para garantir su acción individual y la felicidad de sus hogares. El Banco oficial, entonces, es un elemento perturbador del orden social y será sabia la política que tienda a suprimirlo.

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TEORÍAS ANTIGUAS Y MODERNAS SOBRE EL INTERÉS – Frank A. Fetter (Libertas No. 3 – ESEADE – octubre de 1985)

La teoría abstracta, siempre de fundamental importancia, tiene, al igual que las polÌticas prácticas, sus propios temas del día, y en la actualidad el debate sobre el problema del interés ha cobrado especial vigencia. Entre los artÌculos recientes podemos destacar los de los profesores H. R. Seager, Irving Fisher y H. G. Brown.1

Las simples diferencias de opinión no nos preocupan demasiado, pero hay determinadas imparcialidades impersonales de algunos otros estudiantes de economía con respecto al problema del interés, que si se encuentran implicadas, pues en los recientes debates se introducen de manera equitativa la antigua y la nueva concepción del problema del interés.2 Y, sin embargo, la opinión más actualizada parecería estar a punto de perderse frente al jurado de la opinión económica. Entonces, constituye un deber intentar una mejor afirmación de las verdades olvidadas. Las opiniones rivales podrían caracterizarse como la teoría del interés tecnológico3 y la psicológica. Durante más de una década la teoría psicológica ha ido ganando adherentes en Estados Unidos de Norteamérica. Pero también ha habido una crítica adversa en algunos pocos analistas de libros y en ocasionales notas de pie de página; no obstante, en general, la oposición ha sido de carácter simplemente negativo, ya que la mayoría de los economistas ha dejado de tomarla en cuenta y ha decidido apoyar la antigua teoría.

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SMP: Gunther Schnabl on Exit Strategies from Unconventional Monetary Policy

In a recent paper, Gunther Schnabl discusses the environment that ultra-low interest rates have produced and the challenges of exiting such an environment. Schnabl brings up a number of interesting issues, including how low interest rate policies keep zombie banks alive and distort labor markets. The policies come at the expense of investment in capital goods and research and development, which fuels growth in rich countries.

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LIBERTAD POLITICA Y LIBERTAD ECONOMICA – Alberto Benegas Lynch (h) y Ezequiel L. Gallo (Libertas No. 1 – ESEADE – octubre de 1984)

El prestigio creciente de las ideas liberales en círculos académicos e intelectuales ha estimulado, como es lógico, tentativas por mejorar y hacer más consistentes sus principios básicos. Paralelamente a este encomiable esfuerzo, muchos autores han intentado ajustarlo a lo que a veces se denominan “las exigencias de los tiempos que corren”. Este segundo aspecto, en nuestra opinión, ha llevado a conclusiones que resultan incompatibles con los principios centrales de aquel cuerpo de ideas. Pocos de esos ajustes han tenido tanta influencia como el que intenta una separación tajante entre la llamada “libertad política” y lo que habitualmente se denomina “libertad económica”. Los que corrientemente hacen esta distinción señalan, también, la supremacía de la primera sobre la segunda.(4)

Este ensayo intenta ser una primera aproximación al problema, que estimule un amplio debate de un tema que consideramos crucial. En él se intentará señalar la invalidez de la distinción señalada y que, con las correcciones menores del caso, el viejo principio liberal de la “indivisibilidad de la libertad” sigue manteniendo toda su vigencia.(5) Se procura precisar, asimismo, los aspectos más relevantes del funcionamiento del mercado, puesto que pensamos que su conocimiento imperfecto es una de las causas principales de la subestimación de las llamadas libertades económicas. Finalmente, se tratará de demostrar que la fundamentación de la tesis en discusión ha descansado en un uso ambiguo, y a veces desacertado, de alguno de los conceptos centrales en discusión. Antes de iniciar el análisis del tema resulta conveniente esbozar algunos conceptos básicos del pensamiento liberal clásico.

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¿QUÉ DEBERÍAN HACER LOS ECONOMISTAS? – James M. Buchanan (Libertas No. 1 – ESEADE – octubre de 1984)

Propongo examinar “el deambular de la mente de los hombres que ocupan el sil1ón de Adam Smith”, aquellos que tratan de mantenerse dentro del “estricto campo de la ciencia” y formulan las siguientes preguntas: ¿qué están haciendo los economistas? ¿qué “deberían” estar haciendo? En mi empeño por seguir el consejo de Lord Acton, me opongo firmemente a la opinión de un economista moderno cuyas ideas considero con respeto, George Stigler. Nos dice que es insensato preocuparse por la metodología antes de los sesenta y cinco años. Como juicio de valor, la advertencia de Stigler es difícilmente discutible, pero como hipótesis podría ser refutada, al menos por analogía con un mapa de rutas corriente. Uno de mis defectos conocidos es no mirar a tiempo los mapas de rutas, esperando siempre que algún instinto intuitivo del sentido de la dirección me impida alejarme del esquema planificado de mi viaje. Hace muchos años aprendí que el comportamiento “óptimo” consiste en detenerse inmediatamente después de que uno se ha “perdido”, cuando se llega a la duda más allá de un límite razonable, y consultar un mapa correctamente trazado. Parece haber una gran analogía con la metodología científica. A menos que, por alguna razón, podamos aceptar las actividades siempre cambiantes de los economistas como parte de la necesaria evolución de la disciplina a través del tiempo, tal como ocurre “en la ruta”, es esencial que, en ocasiones, miremos el mapa o modelo de progreso científico que cada uno de nosotros lleva en su mente, consciente o inconscientemente.

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Anarquismo como un programa de investigación progresivo en la economía política – Por Peter Boettke (Libertas No. 42 – Mayo 2005)

La teoría económica, desde su primer tratamiento sistémico con La Riqueza de las Naciones de Adam Smith, ha enfatizado claramente los beneficios mutuos que se obtienen a través del intercambio voluntario. Especializándose en la producción y ofreciendo los bienes y servicios a intercambio con otros, tanto los individuos como la sociedad mejoran su condición. La fuente de riqueza no son los recursos naturales que se encuentran en la tierra, o la conquista de tierras extranjeras, sino una creciente división del trabajo motorizada por el intercambio voluntario. Smith había establecido una presunción hacia el voluntarismo en la interacción humana sobre bases consecuencialitas. La libertad individual no solamente era buena desde una perspectiva moral, también brindaría mayores beneficios sociales. Sin embargo, desde el inicio de la economía se sostuvo que estos beneficios del intercambio voluntario solamente podían obtenerse si la presunción hacia el voluntarismo era suspendida para crear las instituciones gubernamentales requeridas para proveer el marco dentro del cual los intercambios voluntarios podían realizarse.1

Precisamente cuánto debía suspenderse esa presunción hacia el voluntarismo para proveer el marco para los intercambios voluntarios ha sido uno de los temas más discutidos en la economía desde fines del siglo XIX. La teoría de los bienes públicos, el monopolio y el fracaso del mercado, todas contribuyeron a expandir la aceptación de la coerción y a cuestionar la presunción hacia el voluntarismo entre los economistas de la corriente principal. Es importante recordar que cada uno de estos argumentos para cuestionar la presunción ya se ha enfrentado con contra argumentos por parte de economistas que han demostrado que los así llamados bienes públicos pueden ser en verdad provistos privadamente, que el monopolio no es un resultado natural del intercambio voluntario sino el resultado de la intervención gubernamental, y que los fracasos de mercado son en su misma raíz causado por fallas legales y no la consecuencia del intercambio irrestricto. En síntesis, si bien ha habido una línea de investigación dominante que ha argumentado en contra de la presunción del voluntarismo, también ha habido otra línea de investigación que sugiere que la presunción debe mantenerse más consistentemente si se espera alcanzar un orden social pacífico y próspero.

Es esta línea alternativa de investigación que quiero enfatizar en estos comentarios. Como explicaré, mi énfasis estará en lo que voy a llamar “anarquismo analítico positivo” y el potencial evolutivo de estas ideas, como un programa de investigación progresivo en la economía política dentro del marco contemporáneo de las ciencias sociales.

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LA IMPORTANCIA DE LOS CONTRATOS – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Uno de los pilares de mayor peso en la sociedad abierta consiste en las relaciones contractuales. Desde que nos levantamos a la mañana se hacen patentes los contratos: abrimos la heladera, usamos el microondas, engullimos mermelada, tostadas y queso que son todos fruto de contratos de compra-venta. Tomamos un colectivo (contrato de transporte), llevamos a nuestros hijos al colegio (contrato de educación), si voy en el automóvil al trabajo cargo nafta (contrato de compra-venta de energía), lo dejo en una playa de estacionamiento (contrato de locación), llego al trabajo (contrato laboral), voy al banco (contrato de depósito) o solicito un crédito (contrato de mutuo), concedo una garantía (contrato de fianza), entrego una suma de dinero a una Fundación (contrato de donación), encargo aun funcionario que gestione un trámite (mandato) etc.

El contrato presupone la propiedad ya que significa intercambio de valores entre las partes para lo cual usan y disponen de lo propio o por encargo de terceros. Depende del valor de que se trate, el contrato puede ser escrito o tácito (de adhesión como, por ejemplo, cuando se adquiere un boleto en el subterráneo o una entrada al cine se presupone que la contrapartida del contrato es prestar el servicio correspondiente.

Como la característica medular de los bienes económicos es su escasez, es decir, no hay para todos, de lo contrario no serían bienes económicos y, como el aire, en este planeta en este momento simplemente se usa sin que se pague precio alguno. La propiedad y el precio son términos correlativos. No hay lo uno sin lo otro. Donde se ha abolido la propiedad no hay precios y, por ende, no hay posibilidad alguna de contabilidad ni evaluación de proyectos, situación que consecuentemente no permite saber cual es el estado de la economía: cuanto se consume de capital.

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