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Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

El sueño de la Sociedad Mont Pèlerin – Por Robert Higgs

[The Independent Review, Primavera de 1997]

Inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial, el liberalismo clásico estaba en su peor momento. Europa estaba en ruinas, una mitad aherrojada bajo la dominación soviética, la otra ahogándose en el dirigismo. En Gran Bretaña, el gobierno laborista se hizo con el poder, nacionalizando industrias básicas y creando un completo estado de bienestar. En Francia e Italia, los comunistas y sus aliados políticos amenazaban con hacerse con el poder. En Escandinavia y los Países Bajos, florecían los estados del bienestar mientras se marchitaban los mercados libres. España y Portugal soportaban dictaduras fascistas.

Alemania languidecía bajo la ocupación aliada, con controles que ahogaban la recuperación de su economía y la población luchando por evitar el hambre. En Estados Unidos, la mayoría de la gente había perdido su vieja fe en el libre mercado y abrazado la nueva fe en la capacidad del gobierno de resolver los problemas económicos y garantizar una seguridad social. En todos los lugares de occidente tanto las masas como las élites, especialmente los intelectuales, se embarcaban inesperadamente en lo que Friedrich A. Hayek acababa de calificar como “el camino de servidumbre”.

Viendo el abismo que tenía delante, Hayek decidió crear una sociedad dedicada a persuadir a los intelectuales, y por tanto a las masas y sus líderes políticos, de que cambiaran el rumbo. Esta sociedad aunaría para conocimiento y ánimo a las principales figuras del liberalismo clásico. Incluiría a ingleses como Lionel Robbins, John Jewkes, y Michael Polanyi; emigrados austriacos como Ludwig von Mises, Fritz Machlup, Karl Popper y por supuesto el propio Hayek; estadounidenses como Henry Hazlitt, Frank Knight, Milton Friedman, Aaron Director y George Stigler; alemanes como Wilhelm Röpke y Walter Eucken; franceses como Maurice Allais y Bertrand de Jouvenel y otros europeos occidentales.

En abril de 1947, los hombres anteriormente mencionados y otros (39 personas en total, de 17 países) se reunieron en Suiza y crearon la Sociedad Mont Pèlerin. Adoptaron una declaración de objetivos que describía brevemente su opinión de la crisis reinante:

En grandes áreas de la superficie de la tierra ya han desaparecido las condiciones esenciales de la dignidad y libertad humanas. En otras están bajo una constante amenaza por el desarrollo de las actuales tendencias políticas. La posición del individuo y el grupo voluntario se ven socavadas progresivamente por extensiones del poder arbitrario.

La declaración confesaba que “lo que es esencialmente un movimiento ideológico debe afrontarse con argumentos intelectuales y una reafirmación de ideas válidas” e identificaba seis amplias áreas en las que merecería la pena más estudio y debate para combatir las tendencias intelectuales que prevalecían. La declaración concluía:

El grupo aspira a realizar propaganda. No busca establecer una ortodoxia meticulosa y obstaculizadora. No se alinea con ningún partido concreto. Su objetivo es solamente, al facilitar el intercambio de opiniones entre mentes inspiradas por ciertos ideales y concepciones generales sostenidas en común, contribuir a la preservación y mejora de la sociedad libre.

Cincuenta años después parece que, a pesar de desacuerdos individuales y rivalidades, choques de personalidades y dificultades administrativas, la sociedad ha prosperado y se mantiene firme en seguir su declaración inicial de principios. Ha servido esencialmente como un club internacional en cuyas reuniones los principales liberales clásicos pueden intercambiar y debatir ideas en la comodidad de un entorno solidario.

Desde su reunión de fundación en 1947, la sociedad ha tenido 30 reuniones plenarias y más de 20 reuniones regionales, la mayoría en Europa, pero algunas en Estados Unidos y otras tan lejos como en Hong Kong, Tokyo, Caracas, Sydney y Rio de Janeiro. De los 37 participantes originales, los miembros han crecido hasta más de 500, principalmente europeos y estadounidenses, pero incluyendo ahora también a muchos asiáticos y latinoamericanos. Para incorporarse, los nuevos miembros han de ser elegidos por la sociedad y el ser miembro se ha convertido en una insignia de honor entre los liberales clásicos.

De 1948 a 1960, Hayek ejerció como presidente. Los siguientes presidentes tuvieron periodos más cortos en el cargo; a finales de la década de 1960, estar dos años en el cargo se había convertido en regla. Los presidentes han incluido a luminarias como Röpke, Jewkes, Friedman, Stigler, James Buchanan, Gary Becker, Max Hartwell y Pascal Salin. La mayoría de los miembros han sido profesores universitarios, abrumadoramente economistas, incluyendo a siete receptores del Premio Nobel de Economía, pero también se han incluido periodistas, empresarios, juristas, funcionarios y otros. Los hombres de negocios que han pertenecido a éste incluyen a Luigi Einaudi, presidente de Italia, Ludwig Erhard, canciller de Alemania Occidental y Vaclav Klaus, primer ministro de la República Checa.

¿Tuvo éxito la sociedad Mont Pèlerin en atajar la marea de estatismo en occidente? Indudablemente la posición intelectual de las ideas liberales clásicas ha mejorado, especialmente durante los últimos 20 años. El socialismo, la bête noire de Hayek, ha sido más o menos desacreditado, excepto en los enclaves alojados en la universidad. Los políticos occidentales hablan hoy abiertamente de privatizaciones y desregulaciones y de vez en cuando actúan consecuentemente. En el momento más oscuro del liberalismo clásico, la sociedad Mont Pèlerin buscaba, en apropiada metáfora militar de Max Hartwell, “salvar la bandera” y “renovar el ataque”.

Su influencia fue probablemente más significativa en la época oscura que va de su fundación a mediados de la década de 1970, cuando las ideas liberales clásicas empezaron a verse sofocadas por la dominación del colectivismo entre los intelectuales occidentales. Hartwell, miembro veterano de la sociedad, presidente de la misma de 1992 a 1994 y más recientemente su historiador, concluye que “la Sociedad fue importante para cambiar la agenda política, primero, sosteniendo ideas liberales cuando eran ignorada e impopulares, y segundo, circulándolas y aumentando su influencia”. El si los miembros de la sociedad habrían sido igualmente eficaces en ausencia de éste es algo imposible de decir, pero sin duda la sociedad les ayudó aplacar la desesperación y mantener su espíritu combativo cuando todo parecía estar contra su causa.

La información aquí ofrecida, así como muchos detalles de la fundación, actividades y miembros de la sociedad, pueden encontrarse en la History of the Mont Pèlerin Society (Indianapolis: Liberty Fund, 1995), de R.M. Hartwell, un relato juicioso y bien escrito de 250 páginas. (Los pasajes antes citados aparecen en las pp. 41-42, 203 y 215-216). A los lectores a quienes no les importe conocer todos los entresijos de la administración de la sociedad (parte 2), encontrarán que las partes 1 y 3 contienen excelentes análisis de los acontecimientos políticos y económicos que llevaron a la formación de la sociedad y de la relación entre la sociedad y el curso de los acontecimientos durante el pasado medio siglo. Dieciséis páginas de fotografías y un excelente índice complementan el libro.


Publicado el 31 de mayo de 2011. Traducido del inglés por Mariano Bas Uribe. El artículo original se encuentra aquí.

Disminuye la matrícula pero aumenta el plantel docente [Informe IDESA]

Como todos los años, el inicio del ciclo lectivo aparece condicionado por la amenaza de paros docentes. Si bien la situación es diversa según la provincia, es altamente probable que para la mayoría de los alumnos el comienzo de las clases no sea dentro de las fechas previstas. En el caso de la provincia de Buenos Aires, el distrito que por su tamaño tiene incidencia en el resto del país, la oferta del gobierno se integra por una recomposición salarial en línea con la meta de inflación del año 2018 más un adicional por presentismo.

El presentismo es una herramienta rudimentaria y polémica. Se justifica cuando hay un uso abusivo de licencias por enfermedad debido a la permisividad de las normas y de los sistemas de control. Pero si las tasas de ausentismo docente fueran similares al resto de los trabajadores el pago por cumplir con la obligación de ir a trabajar no es necesario.

Resulta muy sugerente que ninguna provincia publique información sobre presentismo en educación. De todas formas, con datos del Ministerio de Educación de la Nación se puede hacer una aproximación. Según esta fuente, tomando a todas las escuelas primarias del Estado del país entre el 2004 y el 2015 se observa que:

  • La cantidad de alumnos matriculados bajó desde 3,66 a 3,31 millones de niños, es decir, hay 350 mil niños matriculados menos.
  • La cantidad de cargos docentes frente a alumnos subió desde 244 mil a 285 mil cargos, es decir, hay 41 mil cargos docentes más.
  •  Esto significa que la cantidad de alumnos por cargo docente bajó de 15,0 a 11,6.

Estos datos muestran que las escuelas primarias del Estado tienen cada vez más docentes y menos alumnos. La reducción de la matrícula en las escuelas estatales no es fruto de la deserción escolar (que en primaria es baja), sino de la fuga de los padres hacia las escuelas privadas. Prueba de ello es que en el mismo período la matricula en escuelas privadas subió de 982 mil a 1,24 millones de niños. Estas tendencias sugieren que el ausentismo en las escuelas del Estado es alto y que esto es percibido por las familias que optan por migrar hacia las escuelas privadas. En tanto, se siguen creando cargos en el Estado hasta llegar a la irracionalidad de crearse un nuevo cargo docente por cada 8 niños que dejan las escuelas estatales.

Que las provincias no publiquen información confiable y sistemática sobre el ausentismo demuestra hasta qué punto prevalecen en el sistema educativo los intereses sectoriales por sobre el interés general. En este contexto, incorporar dentro de la estructura de remuneraciones un premio por presentismo va en el sentido de comenzar a priorizar los alumnos. Se trata de un paso modesto pero importante, frente al desafío de reducir el derroche de recursos midiendo el desempeño de los docentes. Así se podrá reconocer y premiar a los educadores que buscan su superación profesional y el desarrollo de sus alumnos y penalizar a los que no demuestran esfuerzo ni compromiso y se especializan en usufructuar los vericuetos legales que ofrecen los estatutos docentes y las debilidades de los sistemas de control para ausentarse.

Para mejorar los servicios al ciudadano no hacen falta más recursos sino mejorar la gestión, especialmente, la de los recursos humanos del Estado. Lamentablemente, el problema se extiende a otros servicios de alta importancia, como por ejemplo la salud pública. Argentina invierte casi 7% del PBI en educación estatal y otros 7% del PBI en salud pública, sin embargo, en la medida que los presupuestos familiares lo permiten, los ciudadanos buscan –muchas veces en vano– en el sector privado lo que no encuentran en el Estado duplicando esfuerzos para financiar un colegio o una empresa de salud privada.

Para bajar la muy elevada presión impositiva sin profundizar el deterioro en la calidad de los servicios del Estado es fundamental inducir un mayor compromiso de los empleados públicos. El pago por presentismo es una herramienta rudimentaria pero pertinente para empezar a avanzar hacia un Estado más sensible con el interés general y menos permeable a las presiones corporativas.

Acceda aquí al informe completo.

Consecuencias del gasto elefantiásico – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Antes de la Primera Guerra Mundial la guerra civil al decir de Stefan Zweig el gasto público sobre el producto rondaba entre el 3% y el 5% tal como estima A.J.P. Taylor en su historia de Inglaterra. Hoy esta ratio en los países llamados del mundo libre se ubica entre el 35% y el 60%.

Este fenómeno creciente se debe a las mayores tareas que han ido absorbiendo los aparatos estatales en detrimento de los bolsillos de la gente puesto que los gobiernos nada tienen que previamente no haya sido arrancado del fruto del trabajo ajeno. Al abarcar faenas que no le competen en una sociedad libre, tienden a abandonar sus misiones específicas como la seguridad y la justicia.

El cuadro de situación no es muy lejano al descripto por el decimonónico Frédéric Bastiat en cuanto a que el Gobierno se ha convertido en «una gran ficción por la que cada uno pretende vivir a costa de los demás». Esto así se torna insoportable y crea conflictos permanentes. Como se ha dicho, lo curioso es que muchos se percatan y critican la enfermedad pero son muy pocos los que aceptan los remedios.

Es indispensable comprender que al reducir el gasto público, de inmediato se liberan recursos al efecto de asignarlos a emprendimientos productivos lo cual beneficia especialmente a los más necesitados. Desde luego que, como señalé en otra oportunidad, mucho peor es si se aplica un gradualismo al revés incrementando el déficit fiscal conjunto y el endeudamiento externo e interno para alimentar nuevos gastos netos.

En el caso argentino la situación se complica puesto que, como la presión impositiva ya es una de las más altas del mundo, el gasto elefantiásico se financia con deuda externa lo cual, a su turno, redunda en deuda interna ya que la banca central recoge pesos emitidos contra las correspondientes divisas extranjeras al efecto de no aumentar aun más la inflación. Este procedimiento no solo repercute en la tasa de interés sino que provoca un atraso artificial en la cotización del dólar. A su vez, lo dicho contrae artificialmente las exportaciones con lo que se trastoca la balanza comercial debido a las antedichas intromisiones estatales.

Ya las vivimos estas experiencias una y otra vez los argentinos. Para recordar solo los barquinazos recientes tengamos presente los desastres de Gelbard, la tablita de los militares, el final del Plan Austral, la confiscación de depósitos por las derivaciones de la mal llamada convertibilidad (mal llamada porque en la literatura económica significa canje de papel por dinero-mercancía y no un papel por otro papel, lo cual es más bien tipo de cambio fijo con intención de mantener política monetaria pasiva), la crisis del 2001 y el desbarranque monetario y fiscal del kirchnerismo.

Cuando un Gobierno asume la responsabilidad es para resolver problemas, no para dar explicaciones por qué no pudo resolverlos. Estos ejes centrales pueden llevarse puesto a todo lo demás.

Artículo publicado originalmente en El Cronista, edición impresa del 27 de febrero de 2018.

 

La negociación colectiva está sometida a reglas arcaicas [IDESA]

La huelga bancaria, las paritarias docentes, las movilizaciones y fractura de la CGT marcan un nuevo ciclo de agudización de la conflictividad sindical. En los países avanzados la intensidad de los conflictos se morigera con un uso más activo e integral de la negociación colectiva. De manera casi permanente se discuten no sólo salarios sino también acciones para mejorar la productividad, para incorporar avances tecnológicos y para adaptar las relaciones laborales a los cambios de la vida moderna. En la Argentina, salvo excepciones a nivel de grandes firmas, la negociación es sólo por aumento salarial.

Si bien la inflación es la causa inmediata que gatilla las demandas salariales, la degradación de la negociación colectiva responde fundamentalmente al diseño de las instituciones laborales. Un factor clave en este sentido es la ultra-actividad de los convenios colectivos, es decir, la vigencia indefinida de los convenios una vez que están vencidos. Esta regla es la que explica que en la Argentina la mayoría de los convenios colectivos daten de la década de los ’70 y ’80.

Un reciente estudio de la OECD, el Employment Outlook 2017, muestra cómo se regula este tema de la ultra-actividad en el mundo moderno. Según esta fuente, sobre una muestra de 24 países desarrollados y de ingresos medio-altos se observa que:

  • El 70% no tiene ultra-actividad regulada por ley.
  • El 17% tiene la ultra-actividad regulada por ley pero coloca un plazo máximo de vigencia que generalmente no excede los 12 meses del plazo fijado en el convenio.
  • El 13% tiene ultra-actividad por ley pero se la puede eliminar en la negociación.

Estos datos muestran que la ultra-actividad establecida con la rigidez que establece la legislación argentina no está contemplada en ningún país avanzado. En estos países, la mayoría de los convenios vencen en el plazo acordado por las partes, es decir, no se impone por ley la ultra-actividad. En otros se la contempla en la ley, pero acotada con un plazo o permitiendo eliminarla en la misma negociación colectiva. Se trata de una diferencia de diseño de normativa laboral fundamental que impone una dinámica muy diferente a la negociación. Por eso, en los países desarrollados los convenios colectivos de trabajo se renuevan en promedio cada 21 meses, mientas que en la Argentina se aplican convenios cuyos aspectos medulares fueron definidos hace más de 40 años.

La degradación se potencia por la obligatoriedad de que los convenios colectivos sean aplicados por todos los empleadores del sector, aun cuando no pertenezcan a la organización empresaria firmante. En los países avanzados, la extensión de los convenios colectivos sectoriales a los empleadores no afiliados se produce de manera excepcional, a petición de las partes y debiendo demostrar representatividad generalmente superior al 50% de los trabajadores cubiertos por el convenio firmado. Hay tres casos solamente donde la extensión es automática y sin demostración de representatividad como ocurre en la Argentina, que son Francia, Italia y España. No por casualidad son los países con problemas laborales más severos en Europa.

Una negociación colectiva dinámica es la herramienta que permitirá reducir los traumáticos impactos de la cuarta revolución industrial sobre el mercado laboral. En los países desarrollados es la vía para innovar en las formas de regular el trabajo propendiendo a abordar de la manera más justa y eficiente posible los impactos que generan la robotización, la digitalización y la inteligencia artificial. La determinación de los salarios es sólo uno de los muchos y posiblemente no el más importante aspecto que quedan sujetos a diálogo y negociación.

En la Argentina, con regulaciones petrificadas en el tiempo y fuerte centralización se tiende a negociar sólo salarios. La consecuencia son altos niveles de conflictividad y la silenciosa destrucción de empleos que provoca la tecnología cuyo correlato es más trabajadores desplazados a la informalidad. Para revertir estas tendencias es necesario avanzar en la modernización de las instituciones laborales, en especial, acotar la ultra-actividad y elevar la representatividad de las partes negociantes.

Acceda aquí al informe completo.

Reflexiones después de la visita papal a Chile y a Perú – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Dado que el conocimiento tiene la característica de la provisionalidad sujeto a refutaciones en un contexto evolutivo, el debate, la crítica y la autocrítica resultan indispensables para progresar. Esta nota no es para fanáticos que, muchas veces con la mejor buena voluntad, son incapaces de seguir un hilo argumental; si fuera por ellos aún estaríamos con los Borgia en la Iglesia. En su respuesta a Gladstone el cardenal Newman propuso un brindis: «Primero por la conciencia y luego por el Papa».

El Papa ha visitado Chile y Perú. Entre otros aspectos surgen dos que comentamos, uno secundario en Chile y otro principal en Perú. El primero alude a su mensaje a los denominados «pueblos originarios», algunos de cuyos miembros han incurrido en delitos de diversa índole a ambos lados de la cordillera, pero lo que aquí señalo se circunscribe a un error genealógico. No son originarios puesto que todos los humanos procedemos del continente africano; son en todo caso los primeros inmigrantes en aquellas zonas, que merecen todo el respeto, que debe ser recíproco. Si hay conflictos sobre propiedades deben resolverse en la Justicia (aunque no todos parecen suscribir la idea de los derechos de propiedad).

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Entrevista sobre el pensamiento de Friedrich Hayek

George Durand Cori, del Círculo Académico de Economistas Bicentenario, me entrevistó acerca del pensamiento de Friedrich Hayek. La misma es la primera de una serie de entregas sobre «ECONOMISTAS HETERODOXOS». 

Acceda aquí a la entrevista completa.

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1) GDC: Profesor, muchas gracias por concederme la entrevista. Usted entenderá, que en economía, se han olvidado a economistas muy destacados, como fue Friedrich von Hayek. Cuenténos, profesor, ¿quién fue Friedrich von Hayek para la economía?

AR: Antes que nada, te agradezco George por esta oportunidad de compartir mis reflexiones con los lectores.

Se conoce a Friedrich von Hayek por su premio Nobel en Economía en 1974, por sus contribuciones a la teoría económica y su originalidad en varios frentes. Pero Hayek fue más que eso. Trabajó la economía en un sentido amplio, como lo hacían los clásicos, sin olvidarse de la filosofía, la antropología, la ética, el derecho, las ciencias políticas y la historia. Además era experto en historia del pensamiento económico, y en metodologías de las ciencas, aspectos que lamentablemente hoy son poco valorados en la economía moderna.

2) GDC: ¿Cuáles fueron los principales influencias intelectuales que le permitieron desarrollar su obra e ideas?

AR: Su mayor padre intelectual fue Ludwig von Mises. De hecho, al regresar de la Primera Guerra Mundial, y deseoso de ver una revolución socialista, chocó con el tratado de Mises «El Socialismo», que revolucionó todo su herramental teórico. Desde ahí en adelante avanzó en las contribuciones originales de Mises sobre el debate con el socialismo, pero también sobre la teoría austríaca del ciclo económico, a la que le agregó valor, especialmente con su teoría pura del capital.

Pero volviendo a la pregunta, diría que Hayek es un continuador del pensamiento de Richard Cantillon, del Laissez Faire de los fisiócratas, de la tradición del orden espontáneo escocés en la que participaron Adam Smith, David Hume y Adam Ferguson, del pensamiento clásico, con Adam Smith a la cabeza, y del marginalismo que nace con Carl Menger en 1871 y continúa con Eugen Böhm-Bawerk y el mencionado Mises.

3) GDC: ¿Cuáles fueron sus aportes a la ciencia económica y cuál fue la implosión que desencadenó en contra de la economía convencional? 

AR: Hayek es de los autores que valorando el pensamiento clásico, siempre se opuso a la economía neoclásica. Valoraba, desde luego, la teoría de la utilidad marginal, pero no aceptaba los modelos neoclásicos mecanicistas, que abandonan el tiempo y la incertidumbre como puntos de partida. Hayek contribuyó a elaborar una teoría económica que Gerald O´Driscoll y Mario Rizo llamaron «del tiempo y de la ignorancia». De hecho su lectura en 1974, en ocasión de ganar el premio Nobel, se tituló «la pretensión del conocimiento«. Hayek pensaba que debía demostrar a los economistas «lo poco que saben» y las dificultades que tendrán para diseñar un orden social.

4) GDC: Con respecto a la crítica que Hayek hace a la economía convencional, ¿cree que actualmente tiene vigencia?, ¿cree necesario re-estudiar sus teorías? 

AR: Claro que tiene vigencia. Hayek se adelantó a muchos premios Nobel, como Ronald Coase al conectar la economía con el derecho, James M. Buchanan al conectar la economía con la política y también a Douglass North, al conectar la economía con las instituciones. Todos ellos reconocen su deuda intelectual con Hayek. Hasta Angus Deaton y William Easterly reconocen en Hayek adelantos en la disciplina del desarrollo económico, o el estudio de la desigualdad y la pobreza.

La obra de Hayek empezó siendo estrictamente económica entre 1931 y 1945, con la publicación de varios libros. Eso lo llevó a enfrentarse con Frank Knigth y John Clark sobre teoría del capital, con John Maynard Keynes y varios economistas de Cambridge en macroeconomía y teoría monetaria, y con Oskar Lange y Abba Lerner en materia de socialismo. En todos los casos partía de la base desarrollada por los austriacos (Menger, Böhm-Bawerk y Mises), pero llegaba más lejos.

Cuando vio que la profesión tomaba un rumbo equivocado, decidió abandonar lo estrictamente económico, y empezó a trabajar otras áreas. Camino de Servidumbre es un libro de ciencias políticas; El Orden Sensorial, es un libro de psicología social; Los Fundamentos de la Libertad o los tres tomos de Derecho, Legislación y Libertad son trabajos que profundizan en cuestiones de derecho y de ciencias políticas; en sus Estudios y Nuevos Estudios toca tema de economía, ciencias políticas, antropología, metodología de las ciencias e historia del pensamiento económico.

En los años 1970 vuelve sobre temas estrictamente económicos, porque nota que las respuestas a los procesos inflacionarios no tenían fundamentos correctos. Pero ya Hayek era un autor muy completo. En mi opinión, el economista más completo del siglo XX.

4) GDC: ¿Qué obras del autor considera indispensables en el estudio de la Economía? 

AR: Mi área de especialización es la macroeconomía y la teoría monetaria. Hayek todavía tiene mucho para enseñarle a los especialistas modernos en esta disciplina. «Precios y Producción» de 1931 es la obra central, pero su libro sobre ciclos económicos de 1933 o «Profits, Interest and Investment» de 1939 son también trabajos importantes.

«La Teoría Pura del Capital» de 1941 es el cierre de aquella primera fase de su pensamiento.

Sus aportes a la tradición del orden espontáneo están dispersos a lo largo de toda su vida. «Individualismo y Orden Económico» de 1948 es una obra brillante, pero 40 años más tarde, en «La Fatal Arrogancia» de 1988 vuelve sobre estos temas. Creo que allí está el corazón de su pensamiento.

Pero me cuesta recomendar un libro. Los recomiendo todos, de acuerdo al área de interés de cada lector.

5) GDC: ¿Qué trabajos o manuales recomienda a los estudiantes y docentes para introducirse al pensamiento de Hayek? 

AR: Me gustaría escribir un libro sobre «el pensamiento económico de Hayek». Ninguno me conforma, aunque la tarea no es fácil. Quizás algún día lo haga. Pero mientras tanto les puedo recomendar dos cosas. En primer lugar, el libro editado por Bruce Caldwell «Contra Keynes y Cambridge«, que resume los ensayos del debate entre Hayek y Keynes, además  de la correspondencia que intercambiaron, y un extraordinario capítulo introductor del editor que resume aquella batalla intelectual. Por otro, la tesis doctoral de David Sanz, economista que completó su doctorado en la Universidad Rey Juan Carlos, que trabajó esta misma disputa entre Hayek y Keynes pero lo hizo de manera muy completa, analizando cada libro de cada uno de estos dos autores. Lamentablemente este libro aun no lo vi editado, pero quizás el autor esté dispuesto a compartir su tesis si alguien se la pide.

Unión Editorial tiene publicada en español la obra completa de Hayek. Cuesta encontrar algo que no haya sido traducido aun.

6) GDC: Y para culminar, profesor, se conoce por historia que Hayek sostuvo un debate acalorado con Keynes en el siglo pasado, en ese contexto, ¿cuáles son las bases de los debates actuales entre los economistas «hayekianos» y «keynesianos», a sabiendas de una teoría económica más compleja? 

AR: Como decía antes, Hayek recibió una fuerte influencia de los clásicos, a quienes sumaba los aportes marginalistas, especialmente de la Escuela Austriaca. Keynes llegó para revolucionarlo todo, «creando» la Macroeconomía. Coloco comillas porque pienso que es un mito esto de que Keynes creó la macroeconomía. Si macroeconomía es el estudio del consumo, el ahorro, la inversión, el empleo, la producción, el crecimiento económico, los ciclos económicos, la inflación, el desempleo, todos estos temas ya habían sido tratados por autores previos a Keynes. Ocurre que Keynes y Cambridge desconocían toda esta literatura. Keynes es el padre de la macroeconomía sin microfundamentos. Ese fue el punto que hizo Hayek. Demostró que Keynes no comprendía las cuestiones esenciales sobre el proceso de mercado.

De ahí en más, me parece que ya no podemos hablar de macroeconomía a secas. Debemos enseñar «macroeconomía comparada». Mi tesis doctoral compilada en mi libro «En busca del pleno empleo» trata de hacer precisamente eso. Debemos enseñar las ideas de Keynes, desde luego, pero también las ideas de la Escuela de Chicago, de la Nueva Macroeconomía Clásica, y las de la Macroeconomía del Capital, que en definitiva es la Macroeconomía de Hayek y de la Escuela Austriaca.

Muchos de sus aportes ya son aceptados por la profesión, pero no todos. Es por eso que me parece que tenemos que volver a Hayek, porque aun tiene mucho por enseñarnos.

Una entrevista sobre liberalismo y corrupción

Bertha María Carrillo me entrevistó acerca de la corrupción y la propuesta que podemos hacer los liberales para combatirla. Aquí el acceso al sitio Visión Liberal, con la entrevista completa.

La corrupción parecería ser un mal endémico en Latinoamérica. En momentos en que uno de los mayores escándalos de corrupción de Brasil ha salpicado a la región, la investigación conocida como Operación Lava Jato reveló una trama de sobornos que alcanzó a decenas de políticos y ejecutivos privados.

Una de las empresas involucradas es la constructora Odebrecht, que admitió haber efectuado pagos irregulares en diez países de la región. Nada más y nada menos, parece ser que solo pocos se salvan, por ahora, de caer en el más grande contubernio corrupto generado en esta parte del mundo.

Lamentablemente, esta descomposición del sistema es un fenómeno global, que podemos definir como el abuso de una posición de autoridad en el gobierno, la política, la economía u otras instituciones socialmente relevantes, por intereses personales violando reglas establecidas. Para el economista Adrián Ravier «en nuestra región el extremo se observa en Cuba y Venezuela. Argentina tuvo una expansión del Estado con el kirchnerismo que contribuyó a altos niveles de corrupción, pero ahora el proceso se revierte. Chile posiblemente sea el país con mayor calidad institucional, lo que no resuelve, pero limita y reduce el problema».

Consultado por Visión Liberal sobre el tema, Ravier expresó que lo importante para acabar con la corrupción es poner límites al poder. «Tanto el Premio Nobel James M. Buchanan, especialista en esta materia, junto con Gordon Tullock y la Escuela de la Elección Pública, sostienen que debemos dejar a un lado la ilusión de creer que los políticos se interesan por el bien común. Como cualquier persona siempre buscan maximizar su propio beneficio y el de aquellos a quienes representan, como empresarios que los acompañaron en campaña o el partido político sobre el que se sostienen. Lo que estos autores piden son límites al poder, el control de los custodios, lo que requiere de instituciones como la democracia y la división de poderes, pero también reglas fiscales y monetarias, y un federalismo real que descentralice el poder».

La ecuación es sencilla: a más Estado, mayor es la corrupción.

En Latinoamérica, y todos los países corruptos, es una característica tener vigorosos Estados, que con sus largos y octópodos brazos lo alcanzan todo. Sin embargo, los límites del poder están fallando en las sociedades contemporáneas. La falta de instituciones independientes, la creciente decepción de la ciudadanía en sus líderes corruptos, facilitan el crecimiento de esta infección.

«Me parece que el problema es el avance del estado sobre el sector privado. Más Estado es siempre menos mercado, y esto se presta a los excesos de burocracia y corrupción. Los autores que referencié antes estudiaron en profundidad las causas de la expansión del Estado moderno y detectaron varias razones históricas, económicas e ideológicas. Lo cierto es que la única forma de limitar la burocracia y la corrupción es deteniendo el avance del Estado e incluso, en gran parte, desmantelarlo. Es necesario atacar la raíz del problema, trabajando sobre las causas», manifiesta Ravier.

Otra de las características de las sociedades corruptas es el sinfín de regulaciones estatales. Es sabido que mientras menos permisos haya que pedirle al Estado, habrá menos políticos que puedan vender favores, por tanto, tendremos menos ciudadanos defraudados no sólo de su gobierno, sino también de la clase política y del sector privado.

Para Ravier, «detrás de las regulaciones están precisamente los obstáculos a la competencia. Los pseudo-empresarios quieren sostener el entramado de regulaciones para evitar la competencia.

Los políticos son sus socios ideales. Cuando el liberal exige eliminar esas regulaciones está lejos de apoyar a estos mal llamados empresarios, y en su lugar pide por más competencia, que a su turno beneficia a los consumidores que pagarán precios inferiores por bienes y servicios de mejor calidad».

En una sociedad libre, los límites al poder son necesarios y la lucha contra la corrupción es parte integral de la política de desarrollo que involucra a todos: gobierno, ciudadanía e instituciones. «La tradición liberal clásica busca justamente desarrollar estas instituciones, limitando en su momento el poder del Rey y en la actualidad a los gobiernos. Lamentablemente en la educación universitaria se ignora a esta tradición por razones equivocadas, y es nuestro trabajo recuperar estas ideas por el bien de nuestros pueblos», finaliza el economista Adrián Ravier.

LA AVALANCHA DE LA CONTRACULTURA – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Por cultura se quiere significar valores, principios y virtudes en dos planos, en primer lugar el autoperfeccionamiento en cuanto a la relación intraindividual y, en segundo lugar, el respeto irrestricto a los modos en que se conduce el prójimo siempre y cuando no lesione igual derecho de terceros, es decir lo interindividual. Lo primero es íntimo y solo responde a la conciencia de cada uno, es el ethos, mientras que lo segundo hace a las relaciones sociales, alude a la moral. Por esto ha dicho bien primero Jeremy Bentham y luego Georg Jellinek que el derecho es un “minimum de ética” ya que esta abarca un campo más amplio pero los marcos institucionales se limitan a pronunciarse por aquella parte que nos vincula con otros y no alude a nuestros actos que  hacen referencia a la intimidad de nuestras personas y a las consentidas entre adultos.

Siempre ha habido quejas sobre lo que ocurre en el tiempo presente. Afortunadamente, puesto que es el modo de enderezar las cosas. En modo alguno puede generalizarse y concluir que “todo tiempo anterior fue mejor”, siempre hay mezclas en todas las etapas de bueno, regular y malo. En los tiempos que corren, sin embargo, hay signos que nos deben poner en guardia de posibles decadencias.

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La Curva de Phillips y la tasa de interés

La autoridad monetaria se debate desde hace meses si subir o bajar la tasa de interés. El debate está en el premio que le vamos a dar a los agentes por mantener sus activos pesificados. Subir la tasa, contribuye a pesificar la economía; Bajar la tasa, contribuye a dolarizarla. La demanda de dinero en pesos resultante es una de las claves para contener la inflación.

Otro modo de ver la cuestión es si privilegiar la lucha contra la inflación o la actividad económica, lo que nos conduce, en definitiva, a la lógica de la Curva de Phillips. Phillips planteó un trabajo empírico en 1958 donde mostraba la relación inversa que existe entre inflación y desempleo. En términos prácticos, si Argentina decide acelerar su lucha contra la inflación, por ejemplo subiendo las tasas, tendrá que aceptar en el corto plazo un nivel de actividad menor, con impacto negativo sobre el empleo. Si decide postergar esta lucha para otro momento bajando las tasas, entonces puede recalentar la economía, pero el costo será una mayor inflación.

Desde mi punto de vista la autoridad monetaria debería privilegiar el objetivo de tener una moneda sana, lo que sólo se puede conseguir limitando la asistencia que el BCRA le ofrece al Tesoro. Esto, a su vez, tiene dos soluciones, o se eleva la tasa de interés lo suficiente, o bien, se controla los agregados monetarios (una propuesta que viene ganando adherentes).

Probados hechos hay en la historia económica que sólo una moneda sana fomenta el ahorro, la inversión, la formación de capital, la generación de empleo, el aumento de productividad, los mejores salarios reales y el aumento en el bienestar. Sólo de ese modo se soluciona el problema de la inflación, y se fomenta actividad económica y empleo.

El gobierno, sin embargo, decide priorizar recurrentemente el nivel de actividad y empleo, poniendo el carro delante del caballo. Lo más grave es que el margen de acción se acorta porque las elecciones se acercan, y entonces ya no hay opción para bajar a tiempo la inflación y que en 2019 la actividad económica y el empleo despeguen fortalecidos. Son los costos del gradualismo, y nadie puede decir que los economistas no lo hemos advertido.

Publicado originalmente en La Gaceta, el 16 de febrero de 2018.