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Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

¿Qué tan lejos deben situarse los académicos de la política?

Alberto Benegas Lynch (h) suele diferenciar en sus clases el rol del académico, del rol del político. Asegura que el rol del académico es correr el eje de debate, imaginar nuevos mundos posibles, y no atender a si una propuesta de política pública es viable o no en el presente. El rol del político es diferente. Inspirado en el trabajo académico, debe atender necesariamente a aquello que la opinión pública puede digerir en el presente y trabajar a su vez para intentar que una propuesta que no es viable hoy, lo sea en el futuro. Es sabido que la posición de Alberto Benegas Lynch (h), no difiere mucho de aquello que recomendaba Hayek.

Alberto Mansueti (2006), sin embargo, es uno de los tantos liberales clásicos que se presentan críticos de esta posición. Encontramos a continuación un resumen de su crítica:

«Aspirar al éxito político para el liberalismo clásico sólo en base a la Economía Austriaca es irrealista. Sin embargo, y con pocas excepciones, con mucho de ese irrealismo viven las Fundaciones e instituciones asociadas al liberalismo clásico, comenzando por la más célebre de todas, la Sociedad Mont Pelerin… ¿Por qué? En buena parte porque muchas de ellas … siguen el desafortunado consejo de Hayek, un genio sin duda, pero equivocado entonces al recomendar esfuerzos intelectuales y académicos y desalentar emprendimientos políticos… Pero, ¿imagina Ud. cómo hubiera sido el mundo en los últimos 100 años, si Lenin en 1913 hayekianamente hubiese aconsejado a sus seguidores no dedicarse a la política sino sólo a especulaciones filosóficas, investigaciones científicas, históricas y bibliográficas? En tal caso probablemente marxistas y socialistas de otras observancias hubiesen quedado reducidos a pequeños círculos de disconformes, hurgando bibliotecas y documentos, y escribiendo artículos, ensayos monográficos y libros… ¿E imagina Ud. cómo hubiera sido el mundo en los últimos 50 años, si Hayek en 1947 hubiese considerado que las cátedras universitarias y los centros de producción y transmisión de ideas y conocimientos estaban ya en poder de los socialistas o a punto de caer? ¿Y si en consecuencia, leninianamente Hayek hubiera aconsejado a los liberales fieles dedicarse a la política tanto o más que a los estudios y reflexiones académicas…? En tal caso probablemente los liberales clásicos hubieran organizados partidos, ganado elecciones en muchos países, abolido el estatismo -con sus inflaciones, guerras, desempleos y miserias- mediante revoluciones de libre mercado, y cambiado la historia del mundo. Y obligado así a los cientistas sociales, periodistas, políticos y curiosos en general, a correr a las bibliotecas (y ahora a Internet) a descubrir cuáles autores, obras y principios inspiraron a los políticos liberales cambios tan benéficos para la humanidad…»

Con esta cita creo que podemos abrir el debate.

Conferencia virtual, abierta y gratuita del Dr. Peter Boettke

El próximo 15 de marzo a las 19.30 hs de Argentina, el Dr. Peter Boettke ofrecerá una conferencia virtual, abierta y gratuita, titulada «Contemporary Austrian Economics in the Landscape of Economic Opinion». La misma se desarrollará a través del Aula Virtual de Corporate Training y dará comienzo al Programa de Cursos por E-Learning que la Fundación Bases está coorganizando junto a Corporate Training.

Para inscribirse, los interesados deberán escribir a bases@fundacionbases.org

Organizan: Fundación Bases y Corporate Training

Auspicia: Fundación Friedrich Naumann

Una lectura neoclásica de Hayek

Fransico Rosende es un economista chileno que hace tiempo vengo leyendo y que entiendo puede ser de sumo interés para los austríacos. En esta oportunidad lo que desearía compartir es un artículo suyo publicado en 1993, un año después del fallecimiento de Hayek, donde sintetiza «su» lectura de los aportes de Hayek a la teoría del ciclo económico.

El trabajo se titula «Hayek y el ciclo económico: una revisión a la luz de la macroeconomía moderna«, y ha sido elaborado con la coautoría de Karin Jürguensen.

Me llamaron la atención varios puntos:

1. hablan de una contrarrevolución neoclásica, y no de una contrarrevolución monetarista.

2. encuentran aportes fundamentales de Hayek a la microfundamentación de la macro, un punto que hoy representa una deuda pendiente para la macro mainstream.

3. abren el debate sobre si la teoría austríaca del ciclo es endógena (Hayek) o exógena (Mises).

4. remarcan la relevancia que Hayek le otorgó al análisis dinámico.

5. también ofrecen el vínculo que Hayek desarrolla entre las expectativas y la teoría del ciclo, un punto que no he visto tan claro hasta la lectura de este trabajo.

6. muestran ciertas similitudes entre Hayek y el trabajo de Simons donde defiende el 100 por cien.

7. desde luego no se quedan con esta defensa de Hayek del 100 por cien, sino que trata también los aportes de «La desnacionalización de la moneda».

8. y pienso, el punto más importante, y que merecerá un trabajo para el futuro cercano, es el alto grado de coincidencia que los autores encuentran entre la teoría del ciclo de Hayek, y las teorías modernas de los ciclos económicos.

En particular, los autores encuentran que lo que Hayek dice no es muy distinto de lo que expone la teoría del ciclo económico real, punto que merecería un estudio detallado.

Con esta síntesis, y desde luego la lectura del trabajo, proponemos abrir el debate.

La Metodología Positiva de Milton Friedman

En este artículo titulado «La Metodología de Friedman y una consecuencia importante para la Escuela Austriaca de Economía«, presentado en el XIV Jornada de Epistemología de la Universidad de Buenos Aires, Gabriel Zanotti sintetiza la crítica austríaca al positivismo metodológico de Milton Friedman, repasa los argumentos y contra-argumentos respecto de la “realidad” o “irrealidad” de los supuestos y cuestiona hasta dónde la Escuela Austríaca trabaja con supuestos “reales”, recordándonos a los propios austríacos el debate entre Kirzner y Lachman y el importante rol que juega la hipótesis auxiliar “muy fuerte” del alertness empresarial.

El enfoque austríaco y el enfoque neoclásico, ¿son sustitutos o complementarios?

Podríamos decir que existen dos grupos de pensadores dentro de la Escuela Austríaca. Aquellos que intentan dialogar con pensadores que siguen otros programas de investigación o paradigmas, y aquellos que intentan avanzar,  progresar, dentro del propio programa de investigación o paradigma. Pero la pregunta de fondo que podemos hacernos es la siguiente: el enfoque neoclásico y el austríaco, ¿pueden ser complementarios? ¿O aceptar la tesis austríaca implica necesariamente abandonar el enfoque neoclásico que se ha desarrollado desde 1871 en adelante?

¿Qué ocurrirá tras el fin de la economía neoclásica?

La “Metodología de la economía positiva” de Milton Friedman (1958) se ha constituido en un clásico de la literatura por disociar el irrealismo de los supuestos de una teoría, de su validez o relevancia, señalando que aquello que debemos pedir a una teoría es que permita predecir, no describir correctamente el mundo.

El trabajo fue el origen de generaciones de economistas que han intentado desarrollar teorías económicas que describían poco y nada el mundo en el que vivimos, pero intentaban predecir sucesos futuros.

Tras la crisis financiera internacional, y tras la incapacidad de dichas generaciones de economistas por predecirla, se han alzado cientos de voces de los más prestigiosos economistas del mundo, reclamando el fin de la economía neoclásica, alegando que para predecir los sucesos futuros que sobrevendrán en la economía real es necesario primero comprenderlo, y que los supuestos irreales son sólo un “juego de niños” que distraen el intelecto de los economistas en un sentido opuesto al que se requiere.

Estos economistas señalan el abuso de la matemática en economía y abogan por el fin de los modelos de equilibrio general o parcial, con información plena o relevante, pidiendo el retorno de la filosofía de la incertidumbre y los desequilibrios.

Lo cierto es que más allá de este reclamo, la mayoría de los economistas siguen haciendo su ciencia como si nada hubiera ocurrido. Si el reclamo tendrá o no algún tipo de respuesta, aun no lo sabemos.

Es por ello que propongo un ejercicio. Imaginemos que los economistas deciden abandonar la síntesis neoclásica. ¿Qué escenario enfrentaría la profesión?

Qué engloba la economía neoclásica

Tratemos de dar respuesta primero a qué escuelas de pensamiento engloba la economía neoclásica. Qué es lo que en definitiva se pierde con tal hipotético suceso.

Desaparecería la economía monetarista o Escuela de Chicago, aquella iniciada en los trabajos de Irving Fisher, Frank Knight y Jacob Viner, que alcanzaran su máxima expresión en los escritos de Milton Friedman, y que ha dado lugar a numerosos premios Nobel, como Gary Becker o Edmund Phelps.

También desaparecería la Nueva Macroeconomía Clásica, en la que contribuyeron John Muth, Robert Lucas, Thomas Sargent y Robert Barro, con sus modelos de expectativas racionales e “información relevante”. Esta escuela en cierta medida reemplazó al monetarismo de Chicago, absorbiendo a sus principales figuras y ocupando la escena en la vieja Escuela de Chicago.

En el mismo entorno, aparece el Public Choice o Escuela de la Elección Pública de James M. Buchanan o la Nueva Economía Institucional de Douglass North. Es cierto que James  M. Buchanan aboga por estudiar la cataláctica de Mises y Hayek, y rescata la economía política, no matemática, pero por desgracia, gran parte de la teoría contemporánea de la Elección Pública ha sido moldeada por la corriente dominante. También es cierto que Douglass North o Ronald Coase han destacado el rol de las instituciones en el análisis económico, tan necesario como importante, pero los modernos desarrollos de la tradición, siguen también la corriente y el método mainstream.

No podemos olvidarnos de la síntesis neoclásica del keynesianismo. Aquella que John Hicks y Paul Samuelson, entre tantos otros, contribuyeron a formular, y que dominaron por unas tres décadas entre 1940 y 1970, hasta que la contrarrevolución monetarista entró en escena. Es importante señalar que los macroeconomistas hoy exigen abandonar el anticuado modelo IS-LM.

¿Qué autores y Escuela de pensamiento no han sido absorbidas por la síntesis neoclásica?

Quedan los autores previos a la revolución marginal, lo que de algún modo lleva a retornar hacia los griegos, la escolástica o los clásicos. Seguramente en la tradición clásica hay teorías que sería necesario recuperar.

También queda la Escuela Austríaca de Economía, que más allá de que su fundador, Carl Menger, participó de la revolución marginal, nunca adhirió a la economía matemática y a los modelos de equilibrio (aunque la macroeconomía de Hayek sí se adhirió en los años 1930). Ludwig von Mises, sobre las bases de los trabajos de Weber, Menger y Böhm Bawerk reconstruyó la teoría económica en su tratado “La Acción Humana”, donde justamente abogaba por estudiar la economía partiendo del hombre de carne y hueso, y fijando todo el interés en el realismo de las implicaciones lógicas que se obtienen de la acción, la que es necesariamente individual, subjetiva y dinámica, además de estar enmarcada en la incertidumbre.

En el otro extremo, vuelve Karl Marx, aunque limitado a las preguntas que todavía no encuentran respuesta tras el debate sobre la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo de 1920, y que se reprodujera en los años 1930, entre Lange y Hayek. En su ya clásico libro titulado “Socialismo, Cálculo Económico y Función Empresarial”, donde justamente repasa dicho debate, el propio Jesús Huerta de Soto señala que Marx, tiene “curiosas coincidencias con el análisis del proceso de mercado de los teóricos austriacos”.

También retorna John Maynard Keynes, como ha reclamado su biógrafo Robert Skydelsky. “Debemos distinguir al Keynes hombre, del Keynes mito”, señalaba Ricardo Crespo, quien agrega que Keynes en 1946 declaró no ser keynesiano” Esto por supuesto da lugar también a los trabajos de Axel Leijonhufvud, quien intenta recuperar a Keynes de la síntesis neoclásica que se había construido sobre él.

Tampoco podemos olvidarnos de la Economía Social de Mercado, en la que han contribuido Wilhelm Röpke, Ludwig Erhard y Walter Eucken y donde hoy se destacan algunos defensores modernos como Marcelo Resico.

Para terminar, existen numerosos movimientos heterodoxos que son menos conocidos, que han criticado el enfoque neoclásico y que reclamarían su lugar.

Reflexión final

Un suceso hipotético como el mencionado, llevará a la profesión a retroceder, quitar aquello que no sirve, tomar aquello que queda, y ver dónde estamos.

Por supuesto que el debate entre Estado y Mercado continuará independientemente del lenguaje y los métodos que los economistas elijan para debatir. Pero lo dicho nos deja un escenario renovado y diferente.

Nos deja con algunos marxistas en defensa de un socialismo golpeado, tras la caída de todos los régimenes en el este de Europa y la imposibilidad de dar respuesta al planteo original de Ludwig von Mises en 1920. De hecho, la hipotética respuesta de equilibrio desarrollada por Oskar Lange y otros socialistas, considerada como un desvío indebido al debate, caería junto con la crisis del paradigma neoclásico.

Keynes resurge, pero su intervencionismo también está limitado a los procesos inflacionarios que supo generar en los años 1970 y que dieron lugar a la contrarrevolución monetarista y el resurgimiento austríaco. Difícilmente este keynesianismo vuelva a plantear la política monetaria y fiscal activa que reclamaba en los años 1930, o el mercantilismo proteccionista exacerbado que Keynes promovió en vida. Más bien, parecieran moderarse a que tales políticas sólo pueden ser útiles en circunstancias puntuales como la de aquella gran depresión de los años 1930, o los sucesos que hoy mismo estamos enfrentando tras la gran depresión global.

La Economía Social de Mercado es todavía un movimiento demasiado chico, y no tiene hoy centros de investigación, más allá de las contribuciones de la Fundación Konrad Adenauer. Tampoco  parece representar todavía una escuela de pensamiento independiente, ajena al keynesianismo y a la Escuela Austriaca de la cual se nutrieron originalmente, aunque sí puede permitir un diálogo fructífero entre éstos, y ofrecer un punto intermedio de política económica

Y tenemos a la Escuela Austriaca, que resurge y crece, tomando un destacado lugar en algunos centros académicos como el de la George Mason University, el Cato Institute y el Ludwig von Mises Institute (Estados Unidos), el de la Universidad Rey Juan Carlos (España), el de la Universidad Francisco Marroquín (Guatemala), o el de ESEADE (Argentina), además de participar activamente en las revistas científicas más renombradas.

Demás está decir que un suceso hipotético como el imaginado dará lugar a ciertos replanteos dentro de las escuelas de pensamiento caídas, como el monetarismo, el public Choice o la nueva economía institucional, que posiblemente se reconstruyan y den lugar a nuevos movimientos.

El Hombre Olvidado, por William Graham Sumner

“Yo, el lápiz” de Leonard Read o “El uso del conocimiento en la sociedad” de Friedrich Hayek, se han constituido en clásicos de la literatura económica por su claridad conceptual y su validez universal. “El hombre olvidado” de  William Graham Sumner también es un clásico, pero para los lectores de habla hispana es menos conocido. El artículo fue escrito en 1883 y luego publicado por Yale University Press en 1925. Libertas, la revista académica de ESEADE con base en Argentina, lo publicó por primera vez en español en 1997.

Este artículo no intenta ser original en ningún sentido. Sólo intentamos tentar al lector a leer un artículo que entendemos debiera ser parte de la formación económica y política de todos los jóvenes profesionales y de los hacedores de políticas públicas.

¿Quién es el hombre olvidado?

Dice el autor: “La mayoría de los proyectos filantrópicos o humanitarios se ajustan al siguiente esquema: A y B se reúnen para decidir lo que C debe hacer por el bien de D. Todos los esquemas de este tipo están viciados radicalmente, desde el punto de vista sociológico, por el hecho de que a C no se le permite opinar acerca del asunto, y de que su posición, su carácter y sus intereses, así como los efectos que se producirán sobre la sociedad por su conducto, se pasan totalmente por alto. C es lo que yo llamo el Hombre Olvidado”.

El ejemplo del salario mínimo

Consideremos el caso del salario mínimo. Los sindicatos (A) presionan para elevar el salario. El gobierno (B) accede. Los beneficiarios (D), son algunos trabajadores que verán aumentar sus salarios. Sin embargo, un análisis simple de oferta y demanda del mercado laboral nos permite comprender que algunos trabajadores que en ausencia de la legislación hubieran logrado establecer contratos voluntarios de trabajo con los empresarios, por salarios inferior al mínimo establecido, quedan ahora desempleados. Los hombres olvidados (C) son aquellos empresarios y fundamentalmente aquellos trabajadores que en estas circunstancias quedan al margen del trabajo formal.

El ejemplo del rescate durante la crisis estadounidense de 2008

Veamos otro ejemplo. A es el gobierno estadounidense. B es la Reserva Federal de EE.UU. D son las decenas de empresas estadounidenses que durante la crisis de 2008 eran “demasiado grandes para caer”. ¿Quién es C? Si tomamos en cuenta que A decidió ayudar a D con los planes de estímulo financiados con los impuestos, C son los contribuyentes estadounidenses. Si tomamos en cuenta que B para ayudar a D decidió duplicar la cantidad de dólares que circulaba en el mundo, y tomamos en cuenta que tal decisión reduce el poder adquisitivo de sus tenedores, C son las millones de personas que creían en el dólar como reserva de valor.

El reclamo de William

No será difícil para el lector extrapolar el análisis a los cientos de casos que día a día publican los diarios en todo el mundo. Cada nueva legislación que se aprueba, tiene un alto porcentaje de posibilidades de haber olvidado a estos hombres.

“Por una vez, siquiera, pensemos en él [el hombre olvidado] y consideremos su caso, ya que todos los médicos sociales tienen la característica de concentrarse sobre algún hombre, o grupo de hombres, cuya situación despierta simpatía y estimula la imaginación, y planifican sus remedios para tratar ese problema en particular. […] [I]gnoran totalmente cuál es la fuente de la que deben extraer la energía que emplean en sus remedios y pasan por alto todos los efectos que éstos producirán sobre los demás miembros de la sociedad, ya que sólo tienen en cuenta los que les interesan. Están dominados por la superstición del gobierno y, olvidando que éste no produce nada en absoluto, pierden de vista lo primero que deberían recordar al hacer cualquier análisis social: que el estado no puede obtener un céntimo de ningún hombre sin quitárselo a otro, y este último es quien lo ha producido y ahorrado: el Hombre Olvidado”.

La literatura moderna

El mensaje de William está comprendido en la literatura, e incluso se han logrado importantes avances sobre la cuestión. La Teoría de la Elección Pública por ejemplo, ha logrado desarrollar modelos que explican que aun cuando los beneficiarios de las políticas gubernamentales sean pocos, éstos pueden lograr que una legislación sea sancionada porque sus intereses están concentrados, mientras que los hombres olvidados, aun cuando sean muchos, están dispersos. Esto lleva a que los grupos de presión (A), convenzan a los legisladores (B) a sancionar leyes a favor de cierto grupos (D), pero nunca consultan a quienes en definitiva pagan por aquellos gastos y que en definitiva representan la mayoría.

La democracia de las mayorías también se ve vulnerada con el logrolling o intercambio de votos, en el sentido que un legislador puede apoyar el proyecto de otro a cambio de que éste último apoye el del primero. Es así como pequeños grupos de presión van logrando aprovecharse de aquel hombre olvidado, el que “pasa de largo y nadie repara en él, porque se ha comportado bien, ha cumplido sus promesas y no ha pedido nada”.

Un nuevo desafío de Krugman

Siempre tuve la sensación de que el crecimiento o reconocimiento académico que un pensador obtiene con publicaciones científicas o premios, debieran redundar en una mayor responsabilidad al escribir y fundamentalmente en la crítica que se desarrolla a los oponentes teóricos. Básicamente pienso que la experiencia debiera llevar a los personajes más renombrados de la academia a moderar el discurso, a conservar ciertos modos y a tratar de ponerse en el lugar del otro, no en búsqueda de un debate ideológico, sino en búsqueda de entender el discurso ajeno.

Paul Krugman obtuvo el Premio Nobel en 2008, y desde entonces, al igual que Paul Samuelson, ha hecho todo lo opuesto a aquello. En lugar de ser más responsable y cuidadoso en cada artículo, sea en las revistas científicas o en los diarios, Krugman decide atacar superficialmente a aquellos que le critican, con pasión y con un vacío de argumentos asombroso. No sólo ello, además –como han señalado Anna Schwartz y Edward Nelson– ha abandonado su campo de especialización que es la economía internacional, por la que ha recibido el galardón más importante en la disciplina, y trata temas monetarios, campo sobre el que no se le conocen contribuciones.

Críticas a la teoría austríaca del ciclo económico

A lo largo de la historia del pensamiento económico del siglo pasado, se han desarrollado importantes críticas a la teoría austríaca del ciclo económico, como las de Gottfried Haberler, Tyler Cowen, Bryan Caplan, Gordon Tullock o Leland Yeager.

La crítica de Krugman a la Teoría Austríaca del Ciclo Económico de Mises y Hayek data de 1998, en su corto artículo “The hangover theory. Are recessions the inevitable payback for good times?”, la que recibiera respuesta de Roger W.Garrison y Gene Callahan, entre tantos otros, señalando que constituye un error concebir tal teoría como una de “sobreinversión”, y que sería más atinado calificarla de “mala-inversión”, como de hecho quedaba claro ya, en el tratado de economía de Ludwig von Mises.

La nueva crítica de Krugman

Esta vez, y aclarando que no cambió de opinión respecto de aquel artículo de 1998, la crítica de Krugman apunta a un artículo de poco más de 3500 palabras de Bob Murphy sobre la Teoría Austriaca del Capital, publicado como Daily Article en el Ludwig von Mises Institute, al que califica como “la mejor exposición que he visto de la perspectiva austriaca”.

Independientemente de la brillantez del artículo de nuestro amigo Bob Murphy, uno espera que un calificado economista como Paul Krugman, concentre sus críticas a trabajos científicos de mayor envergadura, entre los que se pueden citar a aquellos de Ludwig von Mises, Friedrich Hayek, Roger W. Garrison, Jesús Huerta de Soto, Lawrence H. White o Steven Horwitz, los que a su vez posiblemente inspiraron la breve presentación de Murphy.

Lo dicho no significa, sin embargo, que debamos ignorar la nueva crítica de Krugman, y pedirle que lea más, a ver si entiende. Todo lo contrario. Debemos enfrentar el desafío de Krugman, pero seriamente. En este artículo Krugman demanda respuestas:

1.      Si definimos a la inflación como un caso de exceso de dinero en relación con los bienes disponibles, ¿por qué las depresiones no son asociadas a la aceleración en lugar de la desaceleración de la inflación, mientras la oferta de bienes cae?

2.      ¿Por qué existe una fuerte correlación entre el PIB nominal y el real?

3.      ¿Por qué encontramos una evidencia empírica abrumadora de que cuando los bancos centrales deciden desacelerar la economía, esto efectivamente ocurre?

4.      ¿Qué pruebas hay de que la capacidad de la economía se daña durante el auge?

5.      ¿Dónde está la evidencia positiva de lo que los austriacos dicen?

Krugman agrega que no encuentra razones para dejar de lado los últimos 75 años del pensamiento económico, dado que el mundo real parece ser más consistente con las lecturas de Keynes y Friedman, sobre los factores del lado de la demanda que conducen al ciclo económico.

La respuesta austriaca

El propio Bob Murphy ofreció “su” respuesta al desafío, señalando que Krugman “no entiende” la posición austriaca.

En mi caso particular, tiendo a coincidir con Peter Boettke en que la respuesta debe ser tomada por los macroeconomistas austriacos como un desafío. No requiere esto de más respuestas en blogs, sino de engrosar las publicaciones científicas en los puntos que a este Premio Nobel llamaron la atención.

El énfasis en los precios relativos, en los micro-fundamentos a la macroeconomía, en la teoría del capital heterogénea, en los efectos no neutrales de largo plazo, en la evidencia empírica que prueba la teoría es necesario para que la academia comprenda finalmente que la macroeconomía austriaca en general y la teoría austriaca del ciclo económico en particular ofrecen respuestas comparativamente superiores a los fenómenos que están ocurriendo con mayor frecuencia desde el abandono del patrón oro.

Publicado en El Cato Institute, bajo el título «Krugman ataca de nuevo«, el 28 de enero de 2011.

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