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Acerca de Adrián Ravier

Adrian Ravier es Doctor en Economía Aplicada por la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid y Profesor en la Escuela de Negocios de la Universidad Francisco Marroquín.

DONALD TRUMP Y LA LIBERTAD DE PRENSA – Por Alberto Benegas Lynch (h)

En un sistema republicano nada hay más importante al efecto de preservar las libertades individuales que la libertad de prensa. Después de un gran debate en medios estadounidenses por parte de quienes sostenían en el siglo xviii que no debería insertarse en la Carta Magna lo que el gobierno no puede hacer puesto que se afirmaba  que en un sistema libre como el proclamado en la Constitución va de suyo que el abuso queda excluido. Sin embargo, la posición contraria prevaleció y así se aprobaron las primeras diez enmiendas constitucionales,  de las cuales la primera -la prioritaria- resguarda la libertad de prensa de toda intromisión gubernamental. En esta misma línea, Jefferson escribió en 1787 que “si tuviera que decidir entre un gobierno sin periódicos o periódicos sin gobierno, no dudaría en elegir esto último”.

Ahora resulta que acaba de asumir un presidente del otrora baluarte del mundo libre que se pronuncia en contra de la prensa libre. Entre otras trifulcas con los medios -la última antes de asumir cuando en su conferencia de prensa hizo callar a un periodista de CNN- ha dicho en Forth Worth en Texas que cambiará las leyes “para cuando los medios escriban noticias negativas los podamos demandar y así hacer mucho dinero” y con una inusitada agresión ad hominem  en West Palm Beach en Florida afirmó que después de que cambiemos las leyes referidas a la prensa “cuando el New York Times o el Washington Post escriban los podamos demandar” y “los medios se encuentran entre  los grupos de personas más deshonestas que he conocido. Son terribles”, lo cual repitió en su visita a la CIA después de asumir la presidencia, oportunidad en la que agregó “estoy en guerra con los medios” y  otras manifestaciones de desprecio a la libertad de pensamiento.

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LO POLÍTICAMENTE CORRECTO ES RETRÓGADO – Por Alberto Benegas Lynch (h)

El progreso significa cambio para mejor. Como nuestra ignorancia es enorme,  la forma de reducirla consiste en abrir debates en todas direcciones al efecto de poder refutar lo  anterior y avanzar en la buena dirección. En otros términos, la faena del intelectual estriba en convertir lo políticamente imposible en políticamente posible. Esto se lleva a cabo en el plano de las ideas, mostrando las ventajas de dejar atrás lo inconveniente para adoptar lo mejor.

ABL

Todos los buenos descubrimientos siempre comenzaron con un sueño que parecía imposible. Como ha escrito John Stuart Mill “todas las buenas ideas pasan por tres etapas: la ridiculización, la discusión y la adopción”. En otros términos, el progreso está indisolublemente atado a la creatividad y al esfuerzo por correr el eje del debate hacia mejores metas, hacia objetivos de una mayor excelencia, a la curiosidad por explorar lo que aparece como mejor, en definitiva por apartarse de la trampa del status quo, al coraje moral por diferenciarse del espíritu rabiosamente conservador.

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Vinculaciones Políticas en un Régimen de Banca Libre: El Caso de la Crisis Bancaria de 1878 en Chile – Por Ignacio Briones

REVISTA DE HISTORIA ECONOMICA, Volume 34, Issue 3

Abstract: En 1878 un pánico bancario pone fin al periodo de banca libre basado en la convertibilidad metálica e iniciado en Chile en 1860. En este trabajo analizo el periodo apoyándome en los balances mensuales de bancos y otras fuentes primarias. Argumento que una causa importante de la crisis fue la creciente relación entre banca y gobierno a través de préstamos al Estado y privilegios a los bancos de emisión. Muestro que la crisis se asocia con un importante préstamo con los bancos a fines de 1877. Sostengo que éste inducía a la sobreemisión y a expectativas de depreciación cuyo resultado racional era una corrida bancaria. El caso chileno proporciona evidencia valiosa sobre un elemento que ha recibido relativa poca importancia en la literatura de banca libre: los vínculos entre bancos y gobierno.

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DOS COMENTARIOS SOBRE LA INVESTIGACIÓN Y CONICET

La Argentina presenta hoy un sistema educativo superior mixto donde conviven universidades públicas y privadas. Privadas estas últimas que en realidad son públicas, considerando que no pueden decidir sobre su oferta académica sin un previo control o aval del Ministerio de Educación y Coneau. Se suele escuchar entre los especialistas en la materia que lo único sobre lo que deciden las universidades privadas es sobre la infraestructura, esto es, el color de las paredes, si alfombran o no las aulas, o si usan un poco más de tecnología que el que es accesible en las universidades públicas, pero poco pueden hacer frente a los controles administrativos de los reguladores, que muchas veces son injustificados, además de burocráticos.
Se dice a veces que cualquiera puede dictar un curso, pero se prohíbe que esos cursos entreguen títulos oficiales, que en muchos casos luego son exigidos en el mercado laboral. Las restricciones para crear nuevas universidades o institutos universitarios privados pienso que son conocidos por todos. Desafío al lector a que investigue cuántas nuevas universidades privadas se han creado en la última década. Me pregunto: ¿Por qué no nos llama la atención esta realidad?
En mi opinión la Argentina debe relajar estas regulaciones y permitir la competencia. En definitiva, la educación también es un mercado, con su oferta y demanda, con precios, y la competencia puede contribuir a crear incentivos que afecten positivamente a la calidad del servicio educativo. Que las universidades creen programas alternativos, y que sean los clientes o consumidores los que en definitiva elijan cursar esos programas. Lógicamente habría mucho más que decir sobre esta temática.
La investigación es parte del sistema educativo. Son los docentes quienes deben capacitarse, actualizarse e intentar conocer y aprehender las contribuciones que se van incorporando en la frontera del conocimiento de cada campo de estudio. Hoy el sistema público que supimos conseguir tiene pocos incentivos para ello, y la bajísima calidad educativa que presentan nuestras universidades –según cualquier ranking internacional- son una consecuencia lógica del sistema vigente.
Las becas de Conicet, en mi opinión, son un parche de un sistema defectuoso. Es como intentar tapar el sol con la mano. Ayudan, por supuesto, a que ciertos investigadores desarrollen una carrera científica, pero el esfuerzo queda condicionado a los vaivenes del ciclo económico argentino, que siempre impacta en el presupuesto. En etapas de auge, con buena recaudación, se repatrían investigadores y se multiplican las becas, pero en etapas de crisis esos mismos investigadores u otros abandonan el país, buscando la estabilidad económica que cualquier investigador necesita. Que hoy tengamos a los científicos argentinos jugando el rol de piqueteros es una triste realidad que sólo lo explica el defectuoso sistema educativo existente.
Al analizar los recortes al presupuesto se hace evidente la mala información que manejan los críticos. Pero aquí sólo quiero ofrecer dos comentarios, en dos niveles de discusión distintos.
En primer lugar, y sobre la base de lo expresado más arriba, me parece que el gobierno debe buscar una reforma del sistema educativo que multiplique los esfuerzos privados. Hay mucho más que el sector privado puede hacer en esta área, en comparación con lo que hoy se le permite hacer. Abrir el mercado, permitir la apertura de nuevas universidades privadas sólo pueden fortalecer el sistema educativo e incentivar la investigación. La competencia crea incentivos para que el docente se actualice y especialice, de tal manera de acceder a nuevos cargos, o incluso recibir algún incentivo adicional para la investigación.
En este sentido, es cierto que la investigación tiene algo de bien público, pero no puede negarse también su condición de bien privado. Quien se beneficia con la investigación es el propio investigador, que luego accede a cargos de mayor jerarquía y mejores remuneraciones justamente por su esfuerzo en el área. Subsidiar completamente los esfuerzos en investigación me parece un error, incluso para la lógica de la teoría de los bienes públicos.
En segundo lugar, y ahora en otro nivel, da la sensación que el gobierno de Macri no se está planteando una reforma en el sistema educativo. En este sentido, el recorte en cuestión es una mala decisión política. La medida sólo contribuye marginalmente a resolver el problema fiscal, y genera un mar de críticas desde el sector.
Si bien apoyo la baja del gasto público (sin querer negar con esto que la investigación es una inversión), la medida debe fijarse un objetivo (¿quizás 10 % del presupuesto?) y recortar a todos los sectores por igual. Cualquier intento de ser selectivo o parcial tiene la probabilidad de fracasar debido a las posibles manipulaciones de cada repartición por lograr que la reducción presupuestaria afecte a otros.
Resumiendo, tal como fue planteado el recorte, Macri sólo recibirá críticas del sector y ayudará muy poco a resolver la cuestión fiscal.

Vaca Muerta: flexibilización laboral para volver a crecer [Infobae]

No se trata sólo de Vaca Muerta. Hay millones de proyectos de inversión que hoy no se ejecutan por las reglas de juego existentes, por la alta presión tributaria o por la legislación laboral restrictiva.

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Argentina lleva décadas sin crecimiento. No se trata sólo del estancamiento iniciado en 2011 con la llegada de Axel Kicillof al Gobierno kirchnerista, sino que el problema viene de bastante más atrás. El ingreso por habitante de 2016, por ejemplo, es similar al alcanzado en 1996. ¿Qué pasó con el «crecimiento» ocurrido entre 2003-2008? Fue más un proceso de recuperación del ingreso tras la crisis de 2001-2002 que un crecimiento real que expandiera la capacidad productiva del país. El año 2009 fue de recesión global, 2010 simplemente recuperó aquella caída, y luego la Argentina siguió en una fase cíclica donde un año perdía ingreso para recuperarlos al siguiente, sin expandir realmente la frontera de posibilidades de la producción.

Hay un consenso entre economistas, criticado a veces por quienes son ajenos a esta disciplina, de que no es posible crecer sin ahorro e inversión previa. Y Argentina no atrae inversiones locales y externas por la falta de seguridad jurídica, el cambio continuo en reglas de juego, la alta presión tributaria y la legislación laboral restrictiva, entre varios otros aspectos que habría que tratar en otro lugar.

Vaca Muerta presentaba estos mismos problemas. Un enorme potencial de ingresos que requerían, para explotarse, unas reglas de juego diferentes a las existentes. Claro que el sindicalismo pretende mejores ingresos para los trabajadores que representa, pero en las condiciones existentes Vaca Muerta no recibió inversiones ni generó empleo.

Los actores comprendieron este diagnóstico. Se reunieron en Casa de Gobierno el presidente Mauricio Macri, el secretario de Coordinación de Políticas Públicas, Gustavo Lopetegui; los ministros de Trabajo, Jorge Triaca, y de Energía, Juan José Aranguren; el gobernador de Neuquén, Omar Gutiérrez; la Cámara de Exploración y Producción de Hidrocarburos; el secretario general del Sindicato de Petróleo y Gas Privado de Río Negro, Neuquén y La Pampa, Guillermo Pereyra; y su par de los petroleros jerárquicos, Manuel Arévalo. Entendieron que no podían seguir colocando el carro delante de los caballos. Si con estas nuevas reglas de juego, Vaca Muerta empieza a recibir inversiones, ya habrá tiempo más adelante para mejorar los ingresos de los trabajadores y las familias que se acerquen a explotar el potencial del yacimiento.

Vaca Muerta debe tomarse hoy como una lección para recuperar el crecimiento de la Argentina. No se trata sólo de Vaca Muerta. Hay millones de proyectos de inversión que hoy no se ejecutan por las reglas de juego existentes, por la alta presión tributaria o por la legislación laboral restrictiva.

¿Por qué no extendemos estas nuevas reglas de juego a todo el país? Porque hay intereses creados. A diferencia de Vaca Muerta, que era una tierra virgen de privilegios, la Argentina tiene una enorme Unión Industrial compuesta por empresarios que están aferrados a las condiciones existentes. No importa el potencial de ingresos y empleos que podría generarse con otras condiciones más competitivas, si en la situación actual ellos poseen sus ingresos y sus empleos.

La flexibilización laboral es un requisito para el crecimiento y lo ha sido siempre. El concepto ha sido castigado, vapuleado, incomprensiblemente, pero vuelve. Si Argentina quiere volver a crecer, a crecer en serio, debe regresar, primero, el consenso sobre la economía ortodoxa.

Publicado originalmente en Infobae, el 17 de enero de 2017.

LA CONFRONTACIÓN TRUMP-CHINA – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Después de más de trescientos años desde Adam Smith se siguen suscribiendo los anacrónicos postulados del mercantilismo de los siglos XVI y XVII. No se trata de un caso especial sino de una visión generalizada solo que hoy en lugar de mercantilismo se denomina nacionalismo, populismo o proteccionismo.

ABL

Todavía no hemos comprendido que comprar barato y de mejor calidad es preferible a comprar caro y de peor factura. Todo arancel implica mayor erogación por unidad de producto, lo cual, a su turno se traduce en una menor posibilidad de adquirir productos, es decir, en la reducción en el nivel de vida de los consumidores locales puesto que la lista de los bienes disponibles se contrae.

Pero lo increíble del asunto es que se sigue machacando con frases como que si se compra todo del exterior se destruirá la producción dentro de las fronteras sin percatarse que, igual que cada uno de nosotros, si no vendemos no podemos comprar. La importación depende de la exportación y viceversa, para lo cual es indispensable contar con un tipo de cambio libre.

Igual que sucede con nosotros, el objetivo es comprar puesto que las ventas constituyen los costos de las compras. Nosotros no trabajamos por el amor al esfuerzo, es el medio para adquirir lo que necesitamos. Igual ocurre con un país. La ubicación de los distintos capitales dependerá de las condiciones relativas y cambiantes. Si Trump ubica una de sus torres en Punta del Este es porque conjetura que su renta global se maximiza de esa manera.

Lo mismo va para el resto de las inversiones estadounidenses.
Tampoco debe uno concentrarse en China, el próximo presidente de Estados Unidos exhibe rabietas varias cuando sus conciudadanos producen automóviles en México y así sucesivamente.

En esta nota lo que queremos puntualizar es que el caso de la trifulca Trump-China no es un caso especial. Las falacias tras el razonamiento del magnate nacionalista resultan más estruendosas que otros nacionalismos que ahora surgen con fuerza electoral en Europa o los nacionalismos latinoamericanos, porque se trata de un presidente electo de Estados Unidos pero, como decimos, las premisas están en los políticos, en profesionales de muy variada especie e incluso en muchas facultades de economía, lo cual puede confirmarse con solo encender la televisión.

Como ha dicho Milton Friedman, si los extranjeros les regalaran bienes y servicios a los estadounidenses no hay que enojarse sino festejar el hecho que libera factores de producción para asignarlos en nuevas áreas ya que no vivimos en Jauja sino que las necesidades son siempre mayores que los bienes y servicios disponibles. El progreso significa mejorar la productividad que se traduce precisamente en liberar recursos humanos y materiales para atender nuevos requerimientos de la gente.

Y nada de competencia desleal, industria incipiente, dumping y otras pantallas que ya se han refutado en trabajos muy elementales. El economista decimonónico Bastiat se burlaba en su época del verso de los pseudoempresarios explotadores que siempre pretenden endosar sus costos sobre las espaldas de los consumidores a través de aranceles, al sostener que debían tapiarse obligatoriamente todas las ventanas para evitar la competencia desleal del sol para con los productores de velas.

Publicado originalmente en la edición impresa de El Cronista, el 18 de enero de 2017.

Nuevo Libro: Lecturas para una Teoría Económica de la Empresa – Editado por Leonardo Ravier y Adrián Ravier

Es un orgullo para nosotros presentar este nuevo libro. Si bien en las últimas décadas han habido importantes esfuerzos por desarrollar este tipo de teorías, en el mundo hispano la economía y la empresa permanecen como dos cuerpos teóricos bien separados. Este libro busca, entre otras cosas, construir este puente entre el mundo de la economía y el mundo de la empresa, y lo hace compilando los documentos clásicos en la materia. Se destacan los aportes de Ronald Coase, Friedrich Hayek o Israel Kirzner, pero desde luego hay otros autores que merecen ser reconocidos y que pueden observarse más abajo en el índice.

El libro puede adquirirse en Unión Editorial de Argentina, aunque pronto estará disponible también en Unión Editorial de España, y en otros países a través de sus representantes. Ver Distribución aquí.

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Sintéticamente, este libro ofrece transversalmente los diez elementos fundamentales que debe considerar una teoría económica de la empresa, respondiendo a tres preguntas esenciales acerca de su naturaleza, su funcionamiento interno y sus límites. Se compilan aquí documentos que permiten observar:

1) que no habría empresas en un mundo de competencia perfecta, sin conocimiento disperso;

2) que tampoco habría empresas en una economía sin propiedad privada;

3) que el proceso de mercado en el que se enmarca la empresa, está basado en especialización, división del trabajo, una “mano invisible

” que coordina la acción de quienes participan de los procesos de producción y que ello sólo es posible mediante el sistema de precios;

4) que ese proceso de producción está asociado a un concepto de capital heterogéneo, subjetivo y dinámico, y que la estructura productiva se caracteriza por diversas etapas que permiten la transformación de los factores productivos en nuevos bienes de capital o en bienes finales de consumo;

5) que la empresa no son personas, sino una organización o una “ficción legal” que relaciona contractualmente a distintas personas con el objetivo de obtener beneficios empresariales. Estos contratos son de largo plazo, lo que permite reducir la incertidumbre y los costos de transacción;

6) que el origen de la empresa no puede comprenderse sin un estudio de la función empresarial, con su característico “estado de alerta”;

7) que los socios fundadores de una empresa, la crean con un marco de reglas a cuyos miembros deberán adherir, aunque permitiendo que dentro de él surjan órdenes espontáneos que la dan vida a la organización;

8) que precisamente esa “vida” que proviene de los órdenes espontáneos puede transformar la empresa internamente, a medida que sus miembros acumulan nuevas experiencias y generan nuevo conocimiento, lo que puede transformar también las reglas que originalmente se plantearon;

9) que la empresa puede expandir sus fronteras o crecer precisamente sobre la base del conocimiento que logren desarrollar y acumular sus miembros, lo que se plasmará en creatividad e innovación, y lo que nos conducirá a la distinción entre crecimiento endógeno y exógeno;

10) que la expansión o crecimiento de las actividades de la empresa encuentran un límite y que nunca será posible que una única empresa monopolice el proceso de producción de toda la estructura productiva.

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PRÓLOGO
Leonardo RavierESTUDIO PRELIMINAR
Adrián O. Ravier

LA NATURALEZA DE LA EMPRESA
Ronald H. Coase

EL USO DEL CONOCIMIENTO EN LA SOCIEDAD
Friedrich A. Hayek

LA TRAGEDIA DE LOS COMUNES
Garrett Hardin

EL EMPRESARIO
Israel M. Kirzner

COSMOS Y TAXIS
Friedrich A. Hayek

LA TEORÍA DE LA EMPRESA: LOS AUSTRIACOS COMO PRECURSORES Y CRÍTICOS DE LA TEORÍA CONTEMPORÁNEA
Nicolai J. Foss

UNA TEORÍA AUSTRIACA DE LA EMPRESA
Peter Lewin y Steven E. Phelan

¿PLANIFICAN LAS EMPRESAS?
Richard N. Langlois

LAS ORGANIZACIONES COMO SISTEMAS CONSTITUCIONALES
Viktor J. Vanberg

LA EMPRESA Y EL CÁLCULO ECONÓMICO
Peter G. Klein

TEORÍA DE LA EFICIENCIA DINÁMICA
Jesús Huerta (JHS Oficial)

APLICANDO EL MARKET BASED MANAGEMENT. FLEXIBILIDAD Y RÁPIDA
ADAPTACIÓN AL CAMBIO
Adrián Ravier

El liberal uruguayo – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Cada tanto tiempo aparecen en muy diversos lugares personas que dejan una huella profunda en las mentes de sus congéneres. Es como dice en la Biblia -Isaías (1:9)- cuando alude a “un reducto minúsculo” que será la esperanza para mantener valores y principios que las mayorías circunstanciales suelen rechazar. El coraje moral de pocas personas permite mantener viva la llama.

ABL

En el caso que ahora nos ocupa, el de una extraordinaria personalidad: Ramón Díaz, se destaca nítidamente en la historia uruguaya reciente quien acaba de morir, ha dedicado parte importante de su vida a mostrar las ventajas de la sociedad abierta (para recurrir a terminología popperiana). Un gran liberal que trascendió en mucho las fronteras de su país.

Fue presidente de la internacional asociación liberal Mont Pelerin Society fundada en la segunda posguerra por el premio Nobel en economía Fredrich Hayek, secundado por eminentes economistas y cientistas sociales como Milton Friedman, Ludwig von Mises, Leonard Read, Wilhelm Röpke y Frank Knight.

Personalmente lo conocí en una de las reuniones de esa asociación de la que fui miembro del Consejo Directivo. Me invitó varias veces a dictar clases en la Universidad Católica de Uruguay donde mantenía una cátedra regular de economía, período en el cual escribió su obra cumbre sobre la historia económica uruguaya que ha servido como uno de los textos más valiosos del recorrido económico del país hermano. Me honró al sugerir mi nombre para integrar la Academia Nacional de Economía del Uruguay que presidió y de la que soy miembro correspondiente.

Cuando murió mi padre se publicó un libro en su homenaje al que Ramón fue invitado a contribuir. Su emotivo trabajo se tituló “Un pionero de la libertad” en referencia al homenajeado donde lo abre afirmando que Adam Smith inició el debate sistematizado sobre la trascendencia del mercado libre a contracorriente del denominado “mercantilismo” que hoy podemos denominar populismo o simplemente estatismo que contienen todas las falacias que seguimos desafortunadamente discutiendo hoy.

Nuestro mundo sigue empecinado en gastos públicos astronómicos en el contexto de reclamos por “Estados presentes” como si no se percatara de que el Estado es el vecino que financia todo ya que ningún gobernante pone de su peculio (más bien se suele llevar recursos a sus arcas personales que pertenecen al erario público). A esto se agrega un colosal endeudamiento estatal que compromete futuras generaciones que no han participado en el proceso electoral para seleccionar al gobierno que contrajo la deuda. Como si esto fuera poco, la presión tributaria se torna insoportable en vista de la manía gubernamental de entrometerse en los más mínimos recovecos de la vida privada en lugar de concentrarse en la Justicia y la seguridad que son las áreas que generalmente no atiende. Y solo para mencionar algunos desvíos, los aparatos estatales imponen restricciones al comercio exterior como si fuera una gracia obligar a los locales a comprar más caro y de peor calidad bajo presión de pseudoempresarios que pretenden mercados cautivos a expensas de su prójimo. En otros términos, después de más de trescientos años desde Adam Smith y con argumentos muy reforzados desde entonces, resulta que retornamos al mercantilismo del siglo XVII que hoy opera bajo el rótulo del nacionalismo, el socialismo o el Estado Benefactor (esto último una contradicción en los términos puesto que la fuerza no puede hacer beneficencia).

Vivimos la era de los megalómanos que con una arrogancia superlativa imponen lo que debe hacer cada cual con su vida y el fruto de su trabajo. Miran con desconfianza la coordinación del mercado abierto y se entrometen con lo que generan escasez y desperdicio de capital lo cual se traduce en una inexorable reducción de salarios puesto que estos dependen de las tasas de capitalización. Se encaprichan por la llamada “redistribución de ingresos” situación que necesariamente significa que se contradicen las indicaciones que los consumidores llevan a cabo en el supermercado y afines. Como se ha dicho “la primera regla de la economía es que los bienes no son sobreabundantes y la primera regla de la política es desconocer la primera regla de la economía”.

Cuando fui rector de la institución de posgrado Eseade (Escuela Superior de Economía y Administración de Empresas) el primer profesor invitado fue Ramón Díaz, quien pronunció su conferencia inaugural sobre los daños que produjo la Cepal en América Latina al insistir en políticas estatistas especialmente en cuanto al sector externo, pero no solo respecto a la manipulación cambiaria y arancelaria sino también en cuanto a la multiplicación de empresas estatales que están siempre fuera del mercado.

Recuerdo la emoción que todos sentimos con esa presentación inicial en una casa de estudios que recién comenzaba sus maestrías. A raíz de una de las preguntas de uno de los alumnos que se interesó por conocer la diferencia entra el liberalismo político y el económico, Ramón explicó con claridad meridiana el tema. Señaló que el liberalismo es inescindible y que el así llamado “liberalismo político” alude al continente, es decir, a la libertad de expresión del pensamiento, al Estado de Derecho, a la división e independencia de los poderes y equivalentes, mientras que el “liberalismo económico” se dirige a la libertad de los mercados, a saber, que cada uno pueda usar y disponer de lo propio sin que se lesionen derechos de terceros. A continuación Ramón preguntó a la audiencia para que sirve el continente (la libertad política) si no es para proteger el contenido (las acciones diarias de la gente para disponer de su propiedad).

Despedimos al amigo que, fuera de sus dotes profesionales, fue una excelente persona. Ha sido un privilegio conocerlo y aprender de su notable versación.

Publicado originalmente en El País, Montevideo, Edición impresa, del 14 de enero de 2017.