Hay diputados que no presentan proyectos de ley: ¿es eso algo malo o mejor que no lo hagan?

El diario La Nación publica una noticia con el título “Medio centenar de diputados no presentó ningún proyecto de ley”.

La noticia es presentada con un cierto tinte negativo, como si no trabajaran o no cumplieran con las promesas realizada. Esto último no sería de extrañar, pero es mucho más discutible que la falta de esa actividad sea algo negativo. Esto, además, trae a colación el tema más difícil de cómo evaluar las actividades de representantes electos.

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“LLegaron a sus bancas de la Cámara de Diputados con una ristra de promesas y el compromiso de ser dignos representantes del pueblo que los votó. Sin embargo, transcurridos ya siete meses de tarea parlamentaria desde la renovación de ambas cámaras del Congreso, 51 diputados nacionales, tanto oficialistas como de la oposición -el 20% de un cuerpo de 257 integrantes-, no presentaron hasta ahora ningún proyecto de ley.”

En el Estado hiper-regulador actual, presentar más proyectos de ley no es ninguna contribución, todo lo contrario, estaría acumulando más normas y costos de transacción en la economía, a menos, por supuesto, que fueran proyectos de ley para derogar normas existentes. Pero esto ya lleva a una evaluación cualitativa, y no cuantitativa, de la labor de los legisladores. Un diputado podría presentar un solo proyecto de ley pero éste derogar cientos de normas que traban hoy nuestras acciones o les imponen costos y eso ser mucho más importante que cien proyectos de regular esto o aquello.

El artículo toma como ejemplo, nada menos que a Máximo Kirchner: “Al tope de la lista con cero proyectos de ley presentados aparece el diputado Máximo Kirchner, hijo de la ex presidenta Cristina Kirchner y cabeza de la lista de candidatos por Santa Cruz el año pasado. Kirchner no sólo no propuso ninguna ley hasta ahora; tampoco presentó proyecto de resolución o de declaración alguno, que son iniciativas de tipo declamativo y de redacción más sencilla que una ley.”

Pero, ¿no es mucho mejor que esto sea así? Imaginemos qué hubieran sido sus proyectos: uno para dar marcha atrás con la eliminación del cepo cambiario porque quita al estado de una importante herramienta de política económica, una declaración contra la persecución judicial a su madre y a funcionarios de su gobierno, y así. Mucho mejor es que se quede todo el día jugando a la Play-Station.

Esto plantea el tema más general de cómo evaluar a los representantes electos, tema que ha sido desarrollado en la economía bajo el ámbito de la teoría del agente y el principal, es decir, uno que contrata y otro que es contratado. El contenido central de esta teoría es analizar esas relaciones y cómo alinear los incentivos para que el agente (el contratado, el representante), persiga los objetivo que se planteara el principal (el contratante).

La economía, la administración de empresas y la gestión de recursos humanos ha avanzado mucho en esto, y seguramente hay algo que se puede aprender de eso. En general, los sistemas de incentivos en las organizaciones apuntan a evaluar más los resultados que el esfuerzo. Este artículo busca algún indicador y sugiere que la presentación de proyectos muestra cierto grado de “esfuerzo”, pero como se manifestara antes, lo que importa son los resultados, que son mucho más cualitativos que cuantitativos.

Y hay un punto adicional: ¿quién debería realizar esa evaluación? En las empresas los accionistas son los ‘principales’ y tienen que evaluar a los agentes ‘miembros de los directorios’ que los representan. Luego éstos, a su vez, deben evaluar a los ejecutivos, empleados, etc.

En el caso de la política es fundamental el sistema electoral, ya que son los votantes los que finalmente evalúan a los representantes, pero admitamos que el sistema de representación proporcional con listas no facilita la tarea ya que el votante elige una lista completa y no un representante en particular. En fin, el tema da para mucho y no es éste el ámbito para desarrollarlo. Tan sólo para plantear su importancia.

Larry White sobre banca libre [video traducido al español]

Lawrence H. White comenta sobre las propiedades reguladoras de la banca libre, descritas en las obras: The Rationale of Central Banking, de Vera Smith y Free Banking in Britain, de su propia autoría, en donde se plantean los beneficios de este sistema que permite alcanzar una mayor eficiencia dado que se basa en las regulaciones de libre mercado, en contraposición a las políticas de la banca central, las que generalmente por responder a intereses particulares, no mantienen un equilibrio entre las reservas y los depósitos; además de provocar aumento de la masa monetaria entre otros. Asimismo, debate los argumentos que generalmente se hacen en contra de la banca libre los cuales son: insolvencia, pánicos y corridas bancarias.

Por qué un jean se paga en el exterior a u$s 20 y en Argentina a u$s 100. ¿Es un problema de costos?

El diario La Nación trae un interesante artículo sobre el precio de los pantalones jeans en Argentina con el título “Por qué un jean en el exterior se consigue a u$s 20 y en la Argentina cuesta $ (pesos) 1500”:

Para aclarar el título a los lectores de otros países, el precio local en dólares sería de u$s 100.

jeans

Y el comentario final que quiero hacer al respecto es una visión inversa del problema a cómo lo trata el informe de la UADE que el artículo comenta: el precio local es así de alto porque la importación está cerrada.

Si ésta estuviera abierta el precio local no sería diferente del precio internacional, y los costos tenderían también a igualarse, o los recursos que se utilizan ahora para producirlos se dedicarían a otra cosa.

El informe, y el artículo, dan a entender que son los costos los que determinan los precios, por eso buscan estudiar cuánto corresponde a cada ítem. Por ejemplo, “el costo de producción de una prenda, que comprende la materia prima, la fabricación y el margen del confeccionista, suele representar entre el 20 y el 25% del precio final del producto”. Supuestamente esto incluye el costo de la mano de obra.

El ‘costo comercial’ incluiría el “costo del alquiler, la comisión inmobiliaria y las expensas, junto con cuestiones financieras (aranceles por utilización de tarjetas o los costos de las promociones bancarias) representan entre el 20 y el 25% del precio de venta al público. A su vez, otro 20% corresponde a los costos operativos y el desarrollo de la marca, con ítems como el diseño y desarrollo de producto, la publicidad y la implementación de acciones de marketing.”

Por último, “el esquema impositivo es otro rubro de peso. Según estimaciones de la UADE, un 27% del monto que paga el consumidor final por su prenda corresponde a impuestos, entre los que se incluye el 21% de alícuota del IVA (Impuesto al Valor Agregado)”.

Sin embargo es al revés, es porque el precio de un jean importado es superior a u$s 100, o infinito si es que está prohibido su ingreso, que el empresario hace su cálculo económico y contrata esos otros recursos ‘no transables’ que se benefician también de la protección, de estos productos y de todos los demás (o sea que son caros para todos los productos), a precios que son también diferentes a los precios internacionales. La competencia interna no logra reducir los precios porque todos se enfrentan a costos de servicios e impuestos similares. Y eso no va a cambiar con el arancel o la prohibición de por medio. Es decir, que la prohibición protege no solo a los fabricantes de jeans sino también, indirectamente, a todos los demás en la ‘cadena de valor’.

Todo, por supuesto, a costa del consumidor, quien paga todo eso. Y más a costas del consumidor pobre, quien podría comprar otras cosas si gastara tan solo $20 en un jean (le quedarían $80 disponibles).

La salida no llegará porque alguna vez se reducirán los costos y así bajará el precio de los jeans. Vendrá del otro lado, por la presión que ejerza la mayor competencia, que obligará a todos a ser más eficientes.

Tómese nota que no necesariamente estoy proponiendo la eutanasia de la producción y los servicios locales. Como bien propone Adam Smith en La Riqueza de las Naciones, esa apertura puede ser gradual para permitirles acomodarse. Pero tiene que estar claro desde el principio que esquilmar a los consumidores dejará de ser una alternativa posible.

Reflexión de domingo: «PENSAMIENTOS SOBRE LA SUERTE» – Alberto Benegas Lynch (h)

ABLDe entrada consigno que no hay tal cosa como suerte propiamente dicha ya que los sucesos son consecuencia de nexos causales o razones que los provocaron. Incluso el resultado de tirar los dados no es debido a la suerte sino que deriva del peso de los mismos, la fuerza con que fueron arrojados, el roce del paño y demás elementos físicos presentes.

Cuando alguien dice que tuvo suerte de encontrarse con fulano o mengano, en verdad es porque el sujeto en cuestión no previó los procesos anteriores al encuentro que inevitablemente lo produjeron.

En esta misma línea argumental, en rigor no es pertinente aludir a la casualidad puesto que se trata de causalidad en el campo de la física o la biología y las razones o motivos en el campo de las ciencias sociales.

Es en un sentido coloquial que se afirma que uno tuvo suerte de haber nacido en el seno de la familia que lo hizo, la salud que tiene, el trabajo que obtuvo, el cónyuge con quien convive, los hijos que tuvo y así sucesivamente, pero como queda dicho, no es suerte en el sentido estricto del vocablo que no tiene lugar nunca bajo ninguna circunstancia, tampoco se trata del azar o la fortuna como equivalentes de la suerte.

A continuación dedicaremos algún espacio a una obra especialmente pertinente para el tema que aquí abordamos, pero antes es conveniente siquiera mencionar el aspecto central de lo que se conoce como nuestro destino. Si hemos comprendido que los seres humanos no somos solo kilos de protoplasma, no somos loros determinados, sino que contamos con estados de conciencia, mente o psique y, por ende, de libre albedrío para que tenga sentido el razonamiento, las ideas autogeneradas, la responsabilidad individual, la moral y la propia libertad, si hemos comprendido esto decimos, concluimos que cada uno de nosotros forjamos nuestro propio destino en el ámbito de lo que hace a nuestras decisiones, lo cual, claro está, no quiere decir que seamos adivinos respecto a sucesos futuros que desconocemos por completo. La incertidumbre constituye un rasgo que nos envuelve.

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SOBRE EL DISCURSO DE TRUMP

Publicado originalmente en Filosofía para mí, el 22 de julio de 2016.

Ni una palabra sobre los Founding Fathers, ni la Declaración de Independencia. Nada sobre cómo va a solucionar el deficit y la deuda infinita de los EEUU, excepto unas vagas referencias a algunos controles de gastos de organizamos gubernamentales. Nada sobre los controles inconstitucionales de la CIA y de la inconstitucional Patriot Act: obvio. Nada sobre la Reserva Federal y su incontinencia emisora o su sola existencia. Nada sobre cómo desmantelar los poderes del Estado Federal sobre salud, educación o seguridad social, más que la crítica de siempre a Obama y una referencia a un «choice» en educación, sin mayores aclaraciones.

Sus críticas a Hilary Clinton, correctas. Su referencia a Israel, correcta. Su promesa de combatir al islanismo radical y a ISIS, esperable, bienvenida, aunque queda la sospecha de que no dice «cómo» si por la obviedad de que no puede decirlo o porque realmente no sabe cómo lo hará.

Pero un candidado que quiera volver al EEUU originario no es el candidato de esta época. 1776, 1789 en las colonias británicas fue una época lockiana, una época de liberación de tiranos europeos y británicos pero con un common law británico que dio vida a los EEUU, a su Constitución, a su milagrosa Declaración de Independencia. Pero fueron otras épocas. Los liberales clásicos y libertarios queremos volver, pero el túnel del tiempo se nos hace difícil. Nuestro mundo actual es un mundo hobbesiano, de gente asustada, que precisamente lo que quiere ver es a un Donald Trump diciendo «yo los voy a proteger», con toda la actitud gestual, corporal y juegos de lenguaje que afirman «y a la míercoles con todo y con todos», y listo. Y del otro lado, tenemos a los hobbesianos que también te quieren proteger, con un estado también omnipresente pero con otra agenda de prioridades. Ellos también tienen miedo. Miedo de qué pasa si Hilary no está. Miedo de que Trump -la personificación de todo lo que odian- sea presidente. Miedo y quién me protege. That´s all. Constitución, instituciones, etc, ya parecen no existir.

Tal vez ese miedo sea constitutivo de las sociedades humanas; tal vez Fromm, en El miedo a la libertad, tal vez Freud, en Psicología de las masas y análisis del yo, tal vez Ortega, en La rebelión de las masas, nos han dado la clave de cómo funcionan las sociedades humanas. En cuyo caso el liberalismo clásico quedará siempre como un ideal regulativo, como un contrapeso de la historia, historia humana que varía de Alejandro Magno a Trump, Putin, Hilary: la misma musica con diferentes letras.

Trump tiene una espontaneidad también atrayente, aunque su discurso de ayer no fue improvisado. Aunque a él no le guste escucharlo, él es un político como todos: dice lo que la gente quiere oír. Hilary también, lo que ocurre es que le habla al otro 50% de una sociedad dividida entre dos estatismos. Ninguno es estadista, esto es, un terapeura social que educa, que cura con su discurso. Si, hay que combatir a ISIS, pero sin convertir a EEUU en la Unión Soviética. ¿O ya se hizo?

Y como ya dije una vez: si NO se puede hacer de otra manera, entonces…. Entonces nuestro reino no es de este mundo. O, tal vez, la Declaración de Independencia de los EEUU fue precisamente un eco temporal de lo que NO era de este mundo. Un contrapeso de la historia hobbesiana. Un sueño. Una poesía, tal vez. Una nostalgia. Una enternecedora nostalgia.

EL MOTOR DE LA INNOVACIÓN ES EL LIBRE MERCADO – Informe del IJM

El-Estado-emprendedor1El Instituto Juan de Mariana publica el informe Mitos y Realidades del Estado emprendedor: ¿realmente es el Estado el impulsor de la investigación básica y la innovación?, en el que se pone en tela de juicio las tesis de la economista italiana Mariana Mazzucato, quien otorga al Estado un papel capital en la innovación y el emprendimiento y aboga, en consecuencia, por una planificación estatal en este capítulo.

Acceda aquí a más información sobre el libro.

Acceda aquí al informe completo del IJM.

Acceda aquí a la nota de prensa que sintetiza el informe.

 

El plan de Hayek para un dinero privado – Por Robert P. Murphy

HayekEl economista austriaco más famoso es el premio Nobel de 1974, Friedrich Hayek. Debido a sus opiniones moderadas excusando las intervenciones estatales en diversas circunstancias, los rothbardianos radicales tienden a considerar a Hayek como poco puro en muchos aspectos.

Sin embargo, un área en la que Hayek es ciertamente más radical (¡aunque quizá no tenga razón!) que incluso Murray Rothbard, es en instituciones monetarias, como detalla en su fascinante panfleto (1978), La desnacionalización del dinero.

En lo que se refiere al manejo del dinero de los mercados libres, la discusión austriaca habitual trata de la banca de reserva fraccionaria (BRF). Algunos piensan que la BRF es perfectamente legítima (mientras los bancos no reciban privilegios especiales del gobierno), mientras que otros la consideran de por sí fraudulenta. Pero ambos grupos están de acuerdo en que el dinero fiduciario es una creación horrible del Estado y en que el mercado libre siempre establecería un producto (como el oro) como dinero base subyacente.

Ya que muchos de los participantes en el debate de la BRF son mucho más radicales que Hayek en la mayoría de los asuntos políticos, es bastante sorprendente que la propuesta de Hayek reclame monedas fiduciarias en competencia y emitidas privadamente. Esto es, Hayek propone que empresas individuales emitan pedazos de papel que no están respaldados por ningún producto o bien de consumo. En cierto modo, Hayek quiere privatizar la banca central.

Como puede imaginar el lector, esta propuesta sorprende a casi todos (incluso a austriacos modernos) como algo absurdo; nos ocuparemos luego de algunas de las objeciones principales. Pero en parte debido a este rechazo casi unánime y en parte porque el análisis es en todo caso instructivo, intentaremos en este artículo dar al alegato de Hayek la mejor defensa posible.

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Pérdidas y ganancias – Ludwig von Mises

Mises[Este trabajo se preparó para la reunión de la Sociedad Mont Pèlerin en Beauvallon, Francia, del 9 al 16 de septiembre de 1951. Está incluido en Planning for Freedom (South Holland, Ill.: Libertarian Press, 1952)]

En el sistema capitalista de organización económica de la sociedad, los empresarios determinan el curso de la producción. En la ejecución de esta función están incondicional y totalmente sujetos a la soberanía del público comprador, los consumidores. Si no producen de la forma más barata y mejor posible esos pro-ductos que los consumidores están reclamando más urgentemente, sufren pérdidas y finalmente son eliminados de su posición empresarial. Otros hombres que sepan cómo atender mejor a los con-sumidores los reemplazan.

En este pequeño libro, Mises repasa los fundamentos del capitalismo, y las ventajes de este sistema por sobre otros que prevalecieron en el pasado.

GANANCIAS Y PÉRDIDAS. Acceda a pdf.

¿Era Keynes un liberal? – Por Ralph Raico

Mises-Keynes[Publicado originalmente en The Independent Review, vol. 13, nº 2, Otoño de 2008, pp. 165-188]

Keynes y el neomercantilismo

Es hoy práctica común clasificar a John Maynard Keynes como uno de los principales liberales de la historia moderna, tal vez el “grande” más reciente en la tradición de John Locke, Adam Smith y Thomas Jefferson.[1]

Como estos hombres, se sostiene por lo general, Keynes era un creyente sincero (de hecho, ejemplar) en la sociedad libre. Si difería de los liberales “clásicos” en unas pocas cosas evidentes e importantes, era simplemente porque trataba de actualizar la idea liberal esencial para ajustarla a las condiciones económicas de una nueva era.

No cabe duda de que a lo largo de su vida Keynes apoyó distintos valores culturales genéricos, como la tolerancia y la racionalidad, que a menudo se consideran como “liberales” y, por supuesto, siempre se calificó a sí mismo como liberal (así como liberal, en el sentido de simpatizante del Partido Liberal Británico). Pero nada de esto tiene mucho peso cuando se trata de clasificar el pensamiento político de Keynes.[2]

Prima facie, Keynes como liberal modelo es ya paradójico debido a su adopción de la doctrina mercantilista. Cuando apareció en 1936 La teoría general del empleo, el interés y el dinero (Keynes 1973b), W.H. Hutt estaba a punto de enviar a la imprenta su El economista y la política (1936). En años posteriores, Hutt sometería al sistema de Keynes a una crítica detallada y devastadora (Hutt 1963, 1979), pero en ese momento solo pudo insertar apresuradamente algunas observaciones iniciales. Lo que le chocó más fue que el renombrado economista “nos quiera hacer creer que los mercantilistas tenían razón y que sus críticos clásicos estaban equivocados” (una postura expuesta en el capítulo 23 de la Teoría General) (Hutt 1936, p. 245).

Hutt estaba escribiendo desde el punto de vista de la ciencia económica. Aquí nos estamos ocupando de la totalidad del liberalismo como filosofía social. Si, como he argumentos en otros lugares (Raico 1989, 1992, 1999, pp. 1–22), la doctrina liberal se caracteriza históricamente por un rechazo del paternalismo del estado absolutista del bienestar, se caracteriza aún más por su rechazo al componente mercantilista en el absolutismo del siglo XVIII. ¿Cómo es posible entonces que un escritor que trate de rehabilitar el mercantilismo puede contarse entre los grandes liberales?[3]

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