SMP: Cryptocurrencies and the Denationalisation of Money

In Denationalisation of Money (1976), Hayek put forward the idea of currency competition. The money supply should be determined through a competitive market process rather than by experts in charge of central banks. Hayek’s proposal would have private banks issue their own fiat currencies, competing to provide the currency with the most stable purchasing power. This, Hayek argued, would provide a more stable money supply than experts at central banks can.

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El plan de Hayek para un dinero privado – Por Robert P. Murphy

HayekEl economista austriaco más famoso es el premio Nobel de 1974, Friedrich Hayek. Debido a sus opiniones moderadas excusando las intervenciones estatales en diversas circunstancias, los rothbardianos radicales tienden a considerar a Hayek como poco puro en muchos aspectos.

Sin embargo, un área en la que Hayek es ciertamente más radical (¡aunque quizá no tenga razón!) que incluso Murray Rothbard, es en instituciones monetarias, como detalla en su fascinante panfleto (1978), La desnacionalización del dinero.

En lo que se refiere al manejo del dinero de los mercados libres, la discusión austriaca habitual trata de la banca de reserva fraccionaria (BRF). Algunos piensan que la BRF es perfectamente legítima (mientras los bancos no reciban privilegios especiales del gobierno), mientras que otros la consideran de por sí fraudulenta. Pero ambos grupos están de acuerdo en que el dinero fiduciario es una creación horrible del Estado y en que el mercado libre siempre establecería un producto (como el oro) como dinero base subyacente.

Ya que muchos de los participantes en el debate de la BRF son mucho más radicales que Hayek en la mayoría de los asuntos políticos, es bastante sorprendente que la propuesta de Hayek reclame monedas fiduciarias en competencia y emitidas privadamente. Esto es, Hayek propone que empresas individuales emitan pedazos de papel que no están respaldados por ningún producto o bien de consumo. En cierto modo, Hayek quiere privatizar la banca central.

Como puede imaginar el lector, esta propuesta sorprende a casi todos (incluso a austriacos modernos) como algo absurdo; nos ocuparemos luego de algunas de las objeciones principales. Pero en parte debido a este rechazo casi unánime y en parte porque el análisis es en todo caso instructivo, intentaremos en este artículo dar al alegato de Hayek la mejor defensa posible.

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Comparto entrevista en el programa radial Cafe y Economía

CafeyEconomiaComparto una entrevista que me hicieron el martes 17 de noviembre en el programa Cafe y Economía, AM 1050, con la conducción los Doctores Eduardo Corrado y Jose Dapena , acompañados por Facundo Sammartino y en la locución Ana Heredia.

En la entrevista se tocaron varios temas, desde los desequilibrios económicos que presenta hoy la Argentina hasta cuestiones más teóricas como la desnacionalización del dinero o el bitcoin.

Acceda aquí al programa completo, la entrevista comienza en el minuto -36.23

 

De la certificación del peso y la ley de las monedas, al monopolio estatal: camino de servidumbre

En su libro “Desnacionalización del dinero” Hayek considera cómo es que los estados pasaron de una mera certificación del peso y la ley de las monedas, a tener el monopolio legal de la emisión. El libro fue publicado en inglés por el Institute of Economic Affairs de Londres.

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Garantías estatales del peso y pureza del metal

“En un principio, se entendía que la tarea asumida por el Estado era no ya la de emitir moneda, sino la de certificar el peso y la ley de los materiales que se utilizaban universalmente como dinero4, que después de los primeros tiempos fueron sólo dos: el oro y la plata; una tarea similar a la de establecer pesos y medidas uniformes. Las piezas de metal sólo se consideraban dinero auténtico si llevaban el sello de la autoridad correspondiente, cuyo deber era asegurar que las monedas tuvieran el peso y la ley adecuados a su valor.

Durante la Edad Media, sin embargo, se extendió una superstición: que era el acto del gobierno lo que confería valor al dinero. A pesar de que la experiencia siempre demostrara lo contrario, la doctrina del valor impositus fue recogida por la doctrina legal y sirvió para justificar los constantes y vanos intentos del príncipe de imponer el mismo valor a monedas que contenían menor cantidad del precioso metal. (A principios de este siglo, la doctrina medieval fue resucitada por el profesor alemán G. F. Knapp; su libro: Teoría estatal del dinero todavía parece ejercer alguna influencia sobre la doctrina jurídica contemporánea.)

No hay motivo para dudar de que la empresa privada habría sido capaz, si se le hubiera permitido, de ofrecer monedas tan buenas o por lo menos tan fidedignas. De hecho, lo hizo ocasionalmente y algunas veces los propios gobernantes se lo encargaron. Sin embargo, mientras la labor técnica de proporcionar monedas uniformes y reconocibles presentara importantes dificultades, la tarea que realizaba el poder público era al menos útil. Desgraciadamente, los gobernantes pronto descubrieron que no era solamente útil, sino que también podía ser muy rentable, por lo menos mientras la gente no tuviera otra alternativa que utilizar el dinero que ellos facilitaban.

El canon que se pagaba para cubrir el coste de la acuñación se convirtió en atractiva fuente de ingresos, aumentándolo hasta llegar a sobrepasar ampliamente dicho costo. De retener una parte excesiva del metal llevado a las cecas para fabricar las monedas ya sólo faltaba un paso para la práctica, tan corriente en la Edad Media, de reclamar las monedas circulantes al objeto de fundirlas y volver a acuñarlas con menor contenido de oro y plata. Estudiaremos el efecto de estas alteraciones en la siguiente sección. Pero dado que la función del gobierno al emitir moneda no consiste ya en certificar el peso y la ley de ciertos pedazos de metal, sino que implica la expresa determinación de la cantidad de dinero que se debe emitir, los gobiernos resultan ahora totalmente inadecuados para la tarea, y puede decirse sin exageración que han abusado incesantemente y en todos los países de la confianza en ellos depositada por el pueblo, defraudándolo.”

Los economistas no discuten la competencia entre monedas, cuando, en verdad, está entre nosotros

En casi todos los países latinoamericanos circulan al menos dos monedas: la local y el dólar. Esto quiere decir que la competencia entre monedas no es un fenómeno tan extraño. Hayek discute esto en “Desnacionalización del Dinero”: Los economistas no han discutido la competencia entre monedas:

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“Increíblemente, la competencia entre distintas monedas no ha sido examinada en serio hasta hace muy poco. En las publicaciones relativas al tema no se cuestiona la creencia universal de que el monopolio del gobierno en orden a la emisión monetaria es indispensable, ni tampoco se explica si esta creencia se deriva simplemente del postulado según el cual en un territorio dado sólo puede haber un tipo de moneda en circulación —lo que podía parecer una ventaja cuando se trataba de elegir entre el oro y la plata como posibles tipos de dinero—. Tampoco encontramos respuesta a la pregunta de qué sucedería si se suprimiera el monopolio y si el suministro de dinero se realizara mediante la competencia entre entidades privadas que proporcionaran distintas divisas. La mayoría de la gente piensa que la propuesta de que el dinero lo emitan empresas privadas significa que todas deben emitir el mismo (en dinero fiduciario, token money, esto equivaldría simplemente a una falsificación) en lugar de distintos tipos de dinero claramente diferenciabas por diversas denominaciones y entre los cuales el púbico pudiera elegir libremente.

Aunque yo había llegado por mi cuenta a comprender las ventajas de que monedas independientes compitan entre sí, debo reconocer que, ignorado por mí hasta hace poco, el profesor Klein, en un folleto escrito en 1970 y publicado en 1975, exponía con claridad las principales ventajas de la competencia entre monedas.

Ventajas iniciales del monopolio estatal del dinero

Quizás cuando la economía monetaria se extendía lentamente a todas las regiones y uno de los principales problemas era enseñar a la gente a calcular en dinero (y de esto no hace tanto tiempo) se pudiera considerar conveniente tener un solo tipo de moneda fácilmente reconocible. Se puede argüir que dicho tipo uniforme y su uso exclusivo fue de gran utilidad para la comparación de precios y por tanto al objeto de ampliar la competencia y el mercado. Asimismo, cuando para determinar la autenticidad del dinero metálico era necesario emplear un difícil proceso de aquilatamiento y los particulares no tenían ni los medios ni la capacidad para hacerlo, pudo haber sido de utilidad (al objeto de garantizar la ley de las monedas) el sello de una autoridad generalmente reconocida que, fuera de los grandes centros comerciales, sólo podía ser el Estado.

Pero hoy en día estas ventajas iniciales, que pudieron servir de excusa para la apropiación por el Estado del derecho exclusivo de emitir dinero en metálico, no compensan las desventajas del sistema. Tiene los mismos defectos que todos los monopolios: es forzoso utilizar su producto aunque no sea satisfactorio, y, sobre todo, impiden el descubrimiento de métodos mejores de satisfacer necesidades, métodos que el monopolista no tiene ningún interés en buscar.

Si el público comprendiera el precio que paga en inflación periódica e inestabilidad por la conveniencia de utilizar un solo tipo de moneda en las transacciones normales y contemplara las ventajas de emplear varios, seguramente encontraría el precio excesivo. Tal comodidad es mucho menos importante que la de utilizar una moneda fidedigna que no trastorne periódicamente el flujo normal de la economía —oportunidad de la que el público ha sido privado por el monopolio gubernamental. Ahora bien, la gente nunca ha tenido ocasión de descubrir la alternativa. Los gobiernos siempre han alegado poderosos motivos para convencer a las gentes que el derecho de emitir moneda debía pertenecerles en exclusiva. A todos los efectos, mientras se trataba de la emisión de monedas de oro, cobre o plata, no importaba tanto como hoy en día, cuando conocemos la existencia de todo tipo de posibles monedas, incluido el papel, que el gobernante cada vez suministra peor y de las que puede abusar más que del dinero metálico.”