En nombre de los pobres, se los explota de la peor manera – Alberto Benegas Lynch (h) y Martín E. Krause

EL PROBLEMA DE LAS VILLAS Una solución sería dar a sus habitantes derecho de propiedad de la tierra en la que viven

PARA LA NACION

Muchos son los problemas que debe enfrentar el actual gobierno. En el nivel macro resulta medular disminuir el astronómico gasto público, lo cual significa terminar con funciones incompatibles con el sistema republicano. Para no remontarnos más allá de principios de los setenta, Perón recurrió a la inflación para financiar el gasto; los militares echaron mano al endeudamiento público; Alfonsín, a la inflación; Menem, al endeudamiento; los Kirchner, a la inflación, y ahora resulta que otra vez se pretende el endeudamiento para no enfrentar el problema de fondo de un Leviatán alarmante y sobredimensionado.

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Consideramos que éste es el eje central de lo macro. Respecto de lo micro, son muchos los temas que deben encararse a la brevedad al efecto de no repetir recetas fallidas que indefectiblemente conducirán a idénticos fracasos del pasado. Como no puede tratarse todo al mismo tiempo, en esta nota nos concentramos en el problema de las villas y concretamente en la ciudad de Buenos Aires.

La solución que proponemos para los habitantes de las villas de emergencia, que también lo será para la ciudad, consiste en asignarles derechos de propiedad de la tierra sobre la que han fabricado viviendas precarias y, en su caso, la propiedad horizontal.

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LOS POBRES Y LA MEDICINA SOCIALIZADA – Por Alberto Benegas Lynch (h)

Es de gran importancia percatarse que cada vez que se dice que el aparato estatal debe hacerse cargo de dolencias varias de la población más necesitada esto debe reemplazarse por la precisión que dichos recursos son los del vecino puesto que ningún gobernante financia de su peculio nada (más bien, en gran medida, se los lleva).

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Como bien escribe John Chamberlin en el ensayo titulado “La enfermedad de la medicina socializada”,  quienes sostienen que no debe sustraerse compulsivamente el fruto del trabajo ajeno son “monstruos morales” sin percatarse -prosigue el autor- de los altos costos y servicios que se producen cuando los incentivos no están alineados con la eficiencia, cuando el bien es “de todos” con lo que se genera “la tragedia de los comunes” y que no hay tal cosa como un servicio “gratuito” (además, como queda dicho, de los cuantiosos recursos robados que es lo que le hace decir a Milton Friedman en su trabajo sobre seguridad social de 1972 junto a Wilbur J. Cohen que “Los programas estatales de asistencia a los pobres son un fracaso, a los que se agrega el fraude y la corrupción”).

En este clima, son muchísimos los médicos, las enfermeras, los enfermeros,  personal administrativo y de limpieza que se desviven por proporcionar buenos servicios, pero finalmente prevalecen los fuertes incentivos perversos que ocurren en sistemas politizados y ajenos a la excelencia que terminan en que en los emprendimientos estatales que pueden llevarse a cabo por privados la atención es de mala calidad en el contexto de faltantes de insumos elementales y descoordinaciones esenciales, del mismo modo que ocurre en cualquier empresa estatal propiamente dicha.

La alimentación tiene prelación al cuidado de la salud puesto que sin alimentación no hay vida ni sentido a la atención médica pero nadie en su sano juicio propondrá que el aparato estatal se ocupe de la agricultura y la ganadería puesto que es segura la hambruna. Lo mismo ocurre cuando el Leviatán se ocupa de la salud, situación que en general brinda espectáculos bochornosos. Sin llegar al espanto de la Unión Soviética y equivalentes, los países nórdicos tuvieron que ir abandonando experimentos estatales en el campo de la salud porque los pacientes se mudaban a otros países para atender sus dolencias, tal como lo atestiguan numerosos  trabajos (por ejemplo, Sweden´s Paradise Lost: The Decline of Swedish Welfare State de Eric Brodin).

En una misma línea argumental, debe tenerse muy presente que las cargas tributarias de los contribuyentes de jure en definitiva recaen sobre los más necesitados puesto que la correspondiente merma en la inversión se traduce en menores salarios e ingresos en términos reales. En otras palabras, el espejismo que “pagan los ricos” no deja ver que el costo mayor recae sobre los relativamente más pobres vía la referida reducción en sus salarios.

Y no se diga la torpeza de que el camino  fiscal para financiar la salud es una manifestación de solidaridad porque ello implica denigrar la idea de caridad ya que implica entregar recursos propios, de modo voluntario y, si fuera posible, de manera anónima.

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Entrevista en Radio Nacional – Coyuntura Económica Global y Argentina

Copio al acceso a una entrevista que me hizo esta tarde Carlos Mateu, en Radio Nacional. Hablamos de varias cosas, desde la forma en que se enseña la economía en la actualidad hasta el significado de la economía ortodoxa; o desde el modelo económico argentino a partir de Macri, en comparación con el kirchnerismo. Tocamos otros temas como desigualdad y pobreza, o la importancia de la apertura económica, lo que incluye algunas palabras sobre sobre la Alianza del Pacífico, Venezuela, Estados Unidos y Trump.

Acceda aquí a la entrevista completa.radionacional

EL GASTO PÚBLICO COMO CAUSANTE DE POBREZA

PobrezaLa mayoría de los argentinos se indignan cuando ven espantosas fotos de niños desnutridos en nuestro país. Pero, al mismo tiempo, la mayoría de los argentinos pide un aumento del gasto público para solucionar la tragedia. La tragedia es que ese aumento del gasto es lo que produce la pobreza.

Lamento cansar al lector si repito que, para aumentar el gasto, el estado no tiene sino tres recursos: impuestos, inflación o deuda externa.

Los impuestos siempre implican una menor producción de bienes y servicios, porque son una exacción de lo que podría haber sido destinado al ahorro, pero mucho más los impuestos a la renta y sobre todo los progresivos, porque desalientan la inversión y eliminan recursos que se podrían haber destinado al ahorro. Todo lo cual implica menor capitalización, lo cual implica menor demanda de trabajo, menor salario real, y mayor pobreza.

Por ende, cuanto menos impuestos, mejor.

La inflación tiene como consecuencia directa la fuga de capitales y la falta de ahorro en el mercado local de capitales, todo lo cual implica descapitalización y, por lo mismo, mayor pobreza.

Y la deuda, en algún momento se paga. Con default, con hiperinflación, con mayores impuestos. Todo lo cual implica mayor descapitalización y, por ende, mayor pobreza.

No es una casualidad, por ende, que desde que la Argentina comenzó a aumentar el gasto público, sus niveles de pobreza hayan ido aumentando proporcionalmente. La tragedia cultural es que pocos relacionan una cosa con la otra, y se acusa de ser insensibles al tema de la pobreza a quienes advertimos permanentemente por el aumento del gasto público.

Ese es el drama cultural de la Argentina. El mundo social no es fruto de tornados o tsunamis. Es fruto de las ideas y creencias de quienes conforman el mundo social. No es la corrupción el drama de la Argentina, sino estas ideas estatistas de la mayor parte de la gente de buena voluntad.

Cuando el asistencialismo puede hacer daño – Entrevista a Gustavo Hasperue

Abajo los lectores del blog pueden encontrar una entrevista a Gustavo Hasperué, Secretario Académico del Instituto Acton y Secretario Académico de la Facultad de Filosofía de la UCA, sobre una temática difícil, como lo es la pobreza y la indigencia. Recomiendo dedicar algunos minutos a escuchar el análisis de Gustavo, y reflexionar acerca de sus respuestas a este serio problema social.

A la vez, aprovechamos la oportunidad, para compartir información acerca de un nuevo ciclo de conferencias, que organiza el Instituto Acton de Argentina titulado «El mercado libre, condición para un desarrollo humano integral«. El ciclo empieza hoy y lo dicta justamente el Profesor Gustavo Hasperué.

Título de la primera conferencia: «De la pobreza al desarrollo. Cultura e instituciones»

Día y horario: jueves 28 de abril a las 19:00 hs.

Lugar: Universidad Austral (Cerrito 1250, Ciudad de Buenos Aires).

Pueden inscribirse completando ESTE FORMULARIO.

Para quienes no puedan asistir personalmente, se transmitirá la conferencia vía livestreaming AQUÍ.

CONCENTRACIÓN DE RIQUEZA – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLAntes he escrito a raíz del libro de Thomas Piketty sobre las estructuras de capital en este siglo que corre y también sobre otro de sus libros que alude a las desigualdades. Dejo de lado las enormes y acaloradas controversias estadísticas que suscitaron las expuestas en el primer libro mencionado, principalmente desarrolladas, explicadas y severamente criticadas por Jean-Philipe Delsol, Hunter Lewis, Rachel Black, Anthony de Jasay, Robert T. Murphy, Daniel Bier y Louis Woodhill. En esta nota preriodística circunscribo mi atención en torno a dos aspectos cruciales.

En primer lugar, es importante subrayar que en un mercado abierto las desigualdades de ingresos corresponden a las preferencias de los consumidores. Si el oferente da en la tecla respecto a los gustos y necesidades de sus congéneres, obtendrá ganancias y si yerra incurrirá en quebrantos.

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TU PUEDES…… TU PUEDES………….. NO PUEDO. ¿Y ENTONCES?

La famosa frase “no hay que dar pescado sino enseñar a pescar” es totalmente sensata. Obvio que es así. La educación, en un niño, es precisamente convertirlo en adulto. Frente a los proteccionismos y paternalismos de todo tipo, hay mucho para decir, pero ya se ha dicho, ya lo he dicho y es obvio.

Lo que me preocupa es que de esa frase han surgido ciertas interpretaciones que me preocupan.

La primera es convertir a lo que es un tema macro en un tema micro. Y eso afecta a algunos partidarios del mercado. Claro que el libre mercado implica desarrollar el espíritu empresarial que permite la acumulación de capital y el mayor nivel de vida para todos, lo cual implica que de algún modo todos están pescando y no recibiendo pescado. Claro que a medida que aumentan los bienes de capital, los salarios tienden al alza y, con ello, hay mayores bienes y servicios disponibles. Claro que Marx estaba totalmente equivocado en su teoría (aún hoy aceptada por casi todos) de la pauperización creciente bajo el capitalismo……. Claro que…….. ¿Pero tengo YO que ponerme a dar examen de economía de mercado? Lo que ocurre es que esto no es suficiente para el problema que planteo.

Para colmo, el avance de los estados providencia ha debilitado los lazos familiares y las sociedades intermedias, con lo cual “el que no puede pescar” es provisto por el estado de su pescado necesario, se acostumbra a ello y mientras el sistema funciona administrativamente……… Todo bien, hasta que la pirámide poblacional se invierte y entonces ¡oh!!!!, se descubre que el estado no era (precisamente) Jesús multiplicando los peces. La gente queda abandonada por su supuesto padre y se “indigna” de que ya no recibe todos los bienes y servicios que “tenían derecho a recibir gratis”.

Lo que quiero decir es: hay personas que no pueden pescar. A ellas no llegan las relaciones contractuales del mercado y menos aún el engaño del estado.

No es que no quieran. No pueden. La crueldad y la poca sensibilidad psicológica de muchos los lleva a creer que todo es una cuestión de voluntad, como un pelagianismo secular rigorista. No, no pueden. Son los discapacitados, los que padecen depresión u otras dolencias mentales difíciles de diagnosticar y de tratar, son los golpeados por la vida, los que ya no dan más, los que han perdido la esperanza; son los genios incomprendidos y solitarios, son los locos lindos, son los idealistas enternecedores, son los que no pueden adaptarse, relativamente, al malestar de la cultura. No pueden, o pueden otras cosas que sin embargo no impiden que así queden, tirados por la calle, a veces literalmente, o tirados por la vida, en un ostracismo gris, en una soledad dramática e invisible.

Algunos liberales y algunos estatistas cometen frente a ellos el mismo error que son las dos caras de la misma moneda: una racionalidad instrumental relativamente insensible a los misterios de la psiquis. De un lado se les insiste con el espíritu empresarial. No, no pueden, no fundarán empresas, no tendrán proyectos, porque es precisamente el pro-yecto, el lanzarse hacia adelante desde un yo constituido, lo que falla. Es inútil que pululen en internet esas inmisericordes historias de triunfadores, desde el que le faltan los cuatro miembros y la cabeza y sin embargo es medalla olímpica, hasta el que nació en la pobreza más terrible y sin embargo es CEO de YOPUEDO Inc. en Wall Street. No, como ya dije una vez, por cada historia de esas, cuyos méritos no negamos, hay millones de fracasos, invisibles, inaudibles, casi muertos, ya, aunque aparentemente caminen por la vida, porque tienen incluso la increíble caridad de ponerse una máscara para no molestar a los demás.

Del otro lado, se les propone un estado que los va a rescatar del ostracismo existencial, cuando en el fondo los va a confirmar en su ser casi nada al lado del funcionario que es casi todo. La ilusión puede durar hasta que el casi-todo revele su imposibilidad práctica, sencillamente porque la escasez es un no ser que se abre paso como los virus; y su impotencia humana, porque el casi todo ni lo sabe todo ni lo puede todo y su creída omnipotencia lo lleva a una corrupción y crueldad más profunda que el averno.

La pura verdad es que los tirados por la vida necesitan misericordia y comprensión. Necesitan amigos, lazos familiares fuertes, verdaderas religiones y comunidades de donación que presuponen la propiedad, claro, pero que van más allá del “yo te doy si tú me das” y del “yo te doy pero eres mío” (estado). El estado, sobre todo el estado nación del s. XVIII, es un permanente culpable hasta que demuestre lo contrario, es el ogro que todo lo devora en su racionalidad instrumental manifiesta. Y el mercado, en cambio, es bueno, es defendible, precisamente porque es algo muy humilde. Minimiza la escasez, aumenta la oferta de bienes y servicios, es la solución macro para la pobreza material. Por un lado es mucho, pero, por el otro, es poco. El mercado no es la solución para los problemas humanos más profundos, no es el remedio para las dolencias y misterios de la psiquis y no puede arreglar la alienación denunciada por Freud, Frankl y Fromm, aunque (error de muchos, también de Fromm) no es la causa de esa alienación, sino que sencillamente no es el remedio. Si no le pedimos peras al olmo dejaremos al olmo en paz. Dejad al mercado en paz, dejen de pedirle que sea el paraíso en la Tierra. A los olvidados de este mundo no llega el ogro estado pero tampoco el mercado. A ellos llega sólo la misericordia, la comprensión, la escucha, la amistad, la familia, la Fe, el don, la mirada al fondo del alma. Y ello es responsabilidad de cada uno de nosotros. No reneguemos de esa responsabilidad con propuestas estructurales. Los reinos de este mundo pueden muy poco. No llegan al que no puede. Al aban-donado sólo llega el don. Y el don sólo llega desde el milagro de la misericordia.

POBRES LOS POBRES – Por Alberto Benegas Lynch (h)

ABLEl Cardenal Oscar Rodríguez Maradiaga -designado por el Papa Francisco para presidir la Comisión de Cardenales para la reforma de la Curia en el Vaticano- ha pronunciado un discurso en Forum Nueva Economía en el Hotel Ritz de Madrid, pieza oratoria destinada a criticar al capitalismo y al mercado; en sus extensas reflexiones sobre el tema queda en evidencia que lamentablemente no entiende el significado de lo uno ni de lo otro. Por más que intente hacer salvedades, sus “pero” revelan su desconocimiento más palmario en esta materia, en ese sentido concluye en su exposición que “El pilar, la piedra basilar más débil del gran constructor del capitalismo ideológico es la pobreza”.

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Infobae: Argentina y Alemania, Una Comparación Incómoda

Nota en Infobae sobre los dichos de la Presidente, y defendidos por el Jefe de Gabinete, que en Argentina hay menos pobreza que en Alemania.

Según Cristina Kirchner, Argentina tiene uno de los menores indicadores de pobreza e indigencia del mundo. Esta declaración fue confirmada por el Jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, al aseverar que en Argentina hay menos pobreza que en Alemania. Las afirmaciones del Gobierno no merecen mayor refutación. Diversas estimaciones confirman lo que los Argentinos ven en la calle todos los días, ubicando a la pobreza en torno al 20-25%. En otra ocasión ofrecí un sencilla aproximación a un índice de pobreza con similares resultados.

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